N/A Bueno, si ustedes cumplen con sus hermosos reviews, ¿Cómo no voy a cumplir con las actualizaciones? Espero que este capi les guste. Y no desesperen aún está empezando la historia, ya tendrán de lo que quieren ;)
Capitulo 3
Regina estacionó el auto en la entrada de la casa. Bajó y dio la vuelta para buscar a la niña. Abrió la puerta y se agachó para quedar a su altura. Aún tenía la respiración entrecortada por el llanto. Regina pasó con suavidad su dedo pulgar sus mejillas sonrosadas y le sonrió con dulzura.
-¿Quieres entrar? - ella asintió. La alcaldesa le extendió la mano ayudándola a descender. Con un movimiento envolvió en una nube las bolsas que estaban en el asiento trasero haciéndolas aparecer en el recibidor de la casa. En silencio ingresaron dirigiéndose hacia el living. Regina se sentó en uno de los sillones y estiró sus brazos, ella se acercó, se sentó en sus rodillas y abrazó con fuerza a la alcaldesa, que aún no lograba comprender que era lo que había sucedido.
-Cariño- susurró con dulzura. Pero seguía refugiada en su pecho -¿Quieres contarme que pasó?- Ella negó con la cabeza. Regina suspiró y continuó acariciando su cabello hasta que se calmó.
Momentos después, Apple levantó la mirada y se quedó observándola en silencio.
-Lo siento. - murmuró volviendo a bajar la mirada. - arruiné nuestro almuerzo. - Regina sonrió levemente y acarició su mejilla, bajando en una caricia hacia su mentón y levantó su rostro hacia ella.
-Eso no importa ahora- le sonrió acomodando un poco su pelo - Lo que me preocupa es tu reacción. Gold es un gran amigo mío. El sería incapaz de hacerle daño a alguien que yo quiera. - la niña bajó la mirada frunciendo el ceño. - Necesito que me expliques, como es que tú conoces a éstas personas y ellos no te conocen a ti. -
-No sé si sea el momento para decirlo. - dijo mientras jugaba nerviosamente con los dedos en su regazo. -
-Por favor. Para ayudarte, necesito entenderte. Y saber por lo menos un poco del por qué estás aquí. - la niña siguió entretejiendo sus dedos sin decir una palabra. Regina suspiró. Estaba por insistir cuando la puerta de la casa sonó. Sabía de quien podía tratarse. - ¿Puedes venir conmigo? - pidió. Ella asintió y dio un salto hacia el suelo tomando su mano con fuerza.
La puerta se abrió y efectivamente Emma y Henry se encontraban de pie en la entrada. Emma la saludó con una sonrisa y un gesto de su mano. Henry solo la miró.
-¿Estás mejor pequeña? - preguntó la rubia. Apple asintió con una leve sonrisa. Emma se agachó y le terminó despeinando el pelo con la mano. -Yo soy Emma, o, como me llaman algunos Sheriff Swan.
-¿Cómo debo de llamarle yo?- preguntó tímidamente.
-Creo que con Sheriff Swan es suficiente- intervino Regina. La rubia frunció el ceño y se levantó para volver a ver a los ojos a la alcaldesa. Apple las miró varias veces pasando de una a otra.
-El es Henry- habló Regina señalando al niño que no le quitaba los ojos de encima a la recién llegada. - Es mi hijo Apple. -Su tono se suavizó pero en seguida su semblante se endureció al oír la aclaración.
-Es mi hijo también-
-Eso ya lo sabemos Swan- dijo llevándose una mano a la cintura. -¿Han venido aquí a presentarse? ¿O qué los trae luego de dos semanas de ausencia?
-Quería verte Ma- dijo Henry con una sonrisa. Regina le correspondió y acarició su mejilla.
-Tú sabes que es tu casa y puedes venir cuando gustes-
-¿Regina podemos hablar un momento? - Luego de un suspiro, asintió y se hizo a un lado para que ambos ingresaran -Henry, cuídala un momento ¿si? - pidió cortésmente. Regina le hizo un gesto a Emma para que ingresara al estudio. Apple por mientras se debatía en una batalla de miradas asesinas contra Henry.
-No me engañas. - murmuró viendo que sus madres se alejaban. - Se que te traes algo entre manos. -
-Si quisiera engañarte lo haría sin siquiera tener que esforzarme. - se cruzó de brazos arqueando una ceja.
-Puedo ver que hay algo extraño en ti. Será mejor que te vayas de la casa de mi madre. -
-Tengo tanto derecho de estar aquí como tú. Y no tengo por qué decirte nada. - la pequeña se dio media vuelta dándole la espalda y se sentó en uno de los sillones del recibidor. Henry se quedó mirándola con el ceño fruncido y sin perderla de vista se sentó a su lado cruzándose de brazos.
-¿Quieres beber algo? - dijo Regina sirviéndose un poco de sidra en una copa. Emma se encogió de hombros, lo que la anfitriona tomó como una afirmación. Caminó hacia ella ofreciéndole el vaso y la invitó a sentarse. -¿Y bien?-
-¿Y bien? ¿Qué está sucediendo aquí? - preguntó suavemente. - Puedo sentir una energía importante en esa niña.
-¿Qué puedo decirte? Es un misterio para mí como lo es para ti. - se acomodó en el sillón y bebió de un sorbo la sidra. - Está sola y asustada. No conozco su origen, no sé quien es. - dijo con marcada frustración en su voz.
-¿Y cómo es posible que puedas tener a una desconocida en tu casa? - Emma se cruzó de sillón sin pensarlo sentándose a su lado. Regina la vio un tanto asombrada y retrocedió instintivamente. - ¿No te das cuenta que hay mucha gente que quiere hacerte daño? -
-No creo que esta ella sea capaz. -
-¿Cómo puedes estar tan segura?- apoyó un codo en el respaldo del sofá para descansar su cabeza en su mano.-
-Porque si hubiera querido, podría haberme matado anoche. -
-¿De qué estás hablando? ¿Pasó la noche aquí? ¿O desde cuando la tienes escondida? - Emma abrió grandes los ojos. -
-Mira, no es necesario que finjas preocupación por mí. No interferiré en nada que tenga que ver con Henry, has hecho un buen trabajo intentando que él me olvide. - sus palabras no estaban cargadas de ira, sino de tristeza.
-Sabes que no he hecho tal cosa. - se defendió. - Henry está intentando superar todo lo que ha pasado. Quiere conocerme mejor, a mí y a mis padres. Estamos viviendo como una familia. -
-Nosotros antes éramos una familia. - respondió con una triste sonrisa. - Pero desde que tú apareciste Swan, todo mi mundo se desmoronó. Rompiste la maldición. Me alejaste de Henry. Y nadie en este pueblo me quiere a pesar de que he demostrado que cambié una y mil veces. - la rubia quiso hablar pero no se lo permitió. - Esta niña - afirmó señalando a la puerta - ha llegado cuando más sola me sentía. Cuando le pedía al cielo, a Dios o quien fuera que me diera una señal, algún motivo por el que seguir. De la nada la pequeña apareció con una nota, de su madre. Pidiéndome que por favor cuidara de ella. Emma arqueó las cejas sorprendida.
Regina movió levemente su mano y la nota apareció entre sus dedos. Pasó el papel a Emma y ella lo abrió.
"Regina:
Apple está sola, no tengo a quien acudir. Sé que cuidarás de ella como lo has hecho con Henry. Sólo necesita un hogar, una familia que la cuide hasta que podamos volver por ella. Muy pronto comprenderás todo. Pero hasta entonces, por favor cuida de nuestra pequeña."
-¿Qué hubieras hecho tu en mi lugar? - Emma se quedó en silencio. Sabía que lo más probable era que también hubiese acogido a la niña. - Sé que piensan que todos desean verme muerta, pero quiero creer que existen algunas personas que no.
-Sabes muy bien que tanto Henry como yo... -
-Lo sé. Pero Henry no está conmigo... Yo soy la que vuelve cada noche a ésta enorme casa y tiene que atravesar la puerta del cuarto vacío de su hijo, para luego acostarse en una enorme cama y esperar que el próximo día al menos pueda cruzarse con él o se acuerde de llamarla. Es muy fácil para ti teniendo a tus padres, a tus tantos amigos rodeándote, pero yo, sólo lo tenía a él y tú me lo has quitado - Regina se quedó viendo a los ojos verdes de la sheriff.
-Nunca me puse a pensar en eso, no es mi culpa - Emma correspondía la mirada apacible. No sabía cómo expresarse con ella sin terminar en una confrontación. En todos estos años no habían hecho más que discutir por lo que fuera. Y en esta época de paz se le hacía muy difícil hablarle, simplemente no sabía bien que decir. -Perdóname, no sabía cómo te sentías-
Regina suspiró, ya no sentía que valiese la pena el hablar con ella o replicarle, al menos en ese momento no sentía deseos de discutir. Lo cierto era que se sentía más relajada ahora. La veía más tranquila. Emma al ver aquellos ojos oscuros cargados de melancolía no pudo evitar pensar en que a pesar de todo Regina era una buena mujer. Ella lo sabía. Desde hacía mucho. Sin darse cuenta una sonrisa se dibujó en sus labios. Sonrisa que fue correspondida inconscientemente por la alcaldesa. Sus ojos conversaron sin palabras por unos instantes antes de que un par de gritos las sacaran de aquella burbuja.
-¡Si no dejas de molestarme te convertiré en un simio!- se escuchó a lo lejos llamando la atención de las dos mujeres. Se miraron mutuamente intrigadas y se levantaron inmediatamente dirigiéndose hacia el comedor. -
-No puedes hacerme nada mi madre no lo permitirá, además, ¿Quien te crees que eres? -
-¡Ay soy un niño de mamá! - se burlaba Apple levantando las manos y moviéndolas. -Mi mamá me defiende de todo. No puedo cuidarme solito, ay pobre de mí. - Henry frunció el ceño, estaba cansado de aquella mocosa odiosa. - ¡No seas llorón! ¡Siempre tienen que andar rescatándote! -
-¡Cállate! - gritó molesto. -
-Hey ¡Hey! - Emma se interpuso delante de Apple y Regina tomó a Henry por los hombros. - ¿Qué sucede aquí?
-Nada. - respondió Henry con la respiración agitada del coraje. Emma le dirigió una mirada a la niña que sólo miraba a su hijo devorándolo con los ojos. Aquella mirada tan fría y asesina le recordaba mucho a alguien. Volvió su vista hacia Regina que hizo una mueca con la boca implorándole ayuda. - Niños, no pueden pelearse así. -
-Lo siento. - Se disculpó la pequeña sin quitar la vista del chico. - Lo siento Henry. -
-Hipócrita. - susurró provocando que la niña volviera a cambiar a su semblante enojado. -
-¿Lo escuchan? ¡No ha parado de molestarme! ¡El me odia y yo no le he hecho nada! - muy lejos del llanto Apple se encontraba furiosa. Lo último que quería era ocasionarle problemas a Emma y Regina, pero el muchacho se empeñaba en detestarla sin siquiera conocerla. No había cesado de decirle cosas, desde aprovechada hasta conspiradora, aunque no entendía muy bien el significado de la palabra.
-Hijo. ¿Qué sucedió? - él la miró a los ojos y cambio su gesto a uno un poco más calmado. -
-No me gusta mamá. - susurró. - Tengo la sensación de que es una pequeña bruja. - Regina intentó disimular la gracia que le causó aquel comentario. Miró a Emma un tanto contrariada.
-Henry no seas así, no es correcto- lo reprendió con gesto firme. -Creo que mejor nos vamos. Lo siento, luego hablamos.- Regina sólo apretó los labios y Emma luego de acariciar la cabeza de Apple tomó suavemente a Henry por el hombro y se dirigieron a la salida. Ambas morenas se quedaron viéndolos salir. Suspiraron profundamente a la vez y se vieron con una sonrisa al notarlo.
-¿Tienes hambre?- Apple se encogió de hombros
-Un poco-
-Ven, cocinaremos algo y almorzaremos aquí. Más tarde podemos pasear si quieres.- La niña aceptó encantada y caminó hacia la cocina velozmente.
Durante los minutos siguientes ambas se dedicaron a cocinar, intentando no hablar acerca de lo que había sucedido esa mañana. Apple no paraba de hacerle preguntas, pidiéndole a la vez que le mostrara todos los artefactos de los que había oído hablar en su vida. Regina intentó cumplirle, en lo que pudo. Pero cuando encendió el horno, la hizo alejarse a una distancia prudencial. Ella obedeció sin chistar y se sentó cerca de la ventana.
A las afueras de la casa, Emma no se quedaría de brazos cruzados esperando que Regina resolviera todo aquello sola, por supuesto que no. Pero tampoco iba a decírselo. Las vigilaría y vería que hacían, de ese modo podría descubrir alguna pista sobre la verdad de todo y protegerla en caso de que fuera necesario. Aunque, honestamente no creía que esa niña fuera capaz de algo. Pero le daba miedo que alguien que quisiera destruir a Regina, utilizara la debilidad que ella sentía por los niños y más aún su extrema soledad para aprovecharse de ella o vengarse. Podía ser muy la reina malvada, pero en el fondo seguía siendo una mujer ingenua. Suspiró y pensó nuevamente en el lío que se metería si la llegaba a ver husmeando desde la ventana. Asomó la cabeza y pudo ver a la niña de espaldas a ella, sentada obedientemente sobre una banqueta. Mientras Regina se movía de un lado para otro de la cocina. Frunció el ceño y se escondió nuevamente detrás del arbusto. ¿Se pasaría toda la tarde cocinando? ¿Acaso no pensaba salir en algún momento? Se moría de ganas de poder entrar tranquila a la mansión y buscar alguna pista. Volvió a asomar la cabeza y ésta vez se sorprendió al ver que la niña ya no estaba.
-Hola de nuevo Sheriff Swan- saludó la pequeña con una sonrisa. Emma dio un salto que la hizo sentar en el suelo del susto. -¿Qué hace aquí? ¿De quién se esconde?- preguntó mirando a los lados.
-¿Como supiste?- Apple sonrió y estiró su manito para ayudarla a levantarse. Emma la tomó y pudo incorporarse un poco.
-Oí ruidos afuera y quise ver que sucedía. Temí que alguien quisiera dañarla- respondió abriendo los ojos enormes.
-¿A Regina?- ella asintió, Emma admitió internamente que esa niña parecía salida de un cuento. Le costaba creer que era tan adorable. -Oye, no debes salir así como así de la casa. -dijo agachándose discretamente, le tomó las manos y la miró seriamente - ¿Qué hubiera pasado si era algún hombre malo? Podrían haberte hecho daño.-
-Puedo defenderme- respondió segura.
-Pero aún así, es peligroso que salgas cuando sientas algún ruido. Más aún si la dejas sola. ¿Cómo crees que se sentiría ella si te sucediese algo? - tomó sus dos manitos entre las suyas. Pudo notar en la mirada de Apple que se sintió mal por haberse equivocado, pero no podía ser flexible en esa situación.
-¿Triste?- murmuró casi inaudiblemente.
-Muy. Así que prométeme que te cuidarás mejor y no saldrás sola a enfrentarte con nadie.- La niña torció la boca muy poco convencida, estaba segura que Storybrooke era un sitio seguro, sacando algunos personajes, estaba segura que no había nadie a quien temer - Sí necesitas algo sólo me llamas.
-¿Cómo?-
-Pídele el teléfono a Regina y dile que quieres hablar conmigo ¿De acuerdo?-
-Está bien- tenía que recordar más tarde el preguntarle a Regina sobre esos teléfonos de los que hablaba- sé que ella siempre recurre a usted cuando necesita de alguien que la cuide- continuó provocando que las mejillas de Emma se encendieran sin saber por qué.
-¿Ah si? Bueno, no creo que sea tan así.- respondió nerviosa soltándole al fin las manos.
-Yo creo que sí, tu y Henry son de las únicas personas que me ha hablado desde que llegué.- miró a los lados cayendo en cuenta de que estaba sola. -¿Y Henry?-
-Lo dejé en casa, estaba un poco de mal humor- Apple no pudo evitar sonreír.
-¿Se quedará aquí afuera o almorzará con nosotras?-
-No, yo ya me iba- Emma se sintió mal al ver la desilusión reflejada en sus ojitos castaños, pero no podía, no debía. - Cualquier cosa me llamas, -la niña asintió con una sonrisa -¿Me das un abrazo?- Emma extendió sus brazos y Apple corrió los dos pasos que la separaban de ella, aferrándose con fuerza a su cuello. La rubia se sorprendió ante tal efusividad, pero correspondió rodeandola y acarciandole la espalda -No dudes en buscarme ¿De acuerdo?- La brujita una vez más asintió. Emma la dio vuelta por los hombros juguetonamente y la empujó con suavidad por la espalda para que comenzara a avanzar hacia la casa. Apple la miró por encima del hombro izquierdo antes de girar lentamente la perilla y atravesar la puerta principal de la 108.
N/A Espero que les haya gustado. No olviden dejar su review! ya me hicieron adicta a ellos.
Nos leemos cuando ustedes quieran ;)
Baci!
