Capitulo 4
Emma se puso de pie y volvió a husmear discretamente por la ventana esperando verla nuevamente, para su sorpresa el delantal de Regina estaba sobre la mesa y la habitación se encontraba vacía. Se apresuró a darse la vuelta par a huir de allí antes de que la descubrieran pero fue demasiado tarde. Al girar chocó de frente con el rostro ceñudo de la alcaldesa y la pequeña Apple escondida detrás.
-¿Se puede saber que está haciendo aquí?- Emma abrió la boca sorprendida y balbuceó un par de sonidos antes de poder hablar.
-Sólo pasaba- Regina se cruzó de brazos y arqueó ambas cejas sin creerle una palabra.- Quiero decir, me quedé preocupada y Henry estaba odioso por lo de Apple, así que quise venir a ver si ustedes estaban bien... y... eso- dijo colocando ambas manos en los bolsillos traseros de su pantalón. A pesar de la poca credibilidad de sus palabras Regina suspiró.
-¿Quieres acompañarnos a almorzar?- Emma, qué esperaba como mínimo una recriminación abrió grandes los ojos sin saber qué decir - Aunque creo que ya lo hiciste en Granny's- continuó Regina dando media vuelta y caminando de nuevo a la casa. Apple sonrió emocionada ante la idea y dio pequeños saltitos en su sitio.
-Por favor Sheriff Swan- suplicó la niña. Emma miró a Regina dubitativa, Apple al ver que no se movía la tomó del brazo y la jaló al interior de la casona. Al entrar se mantuvo de pie en el recibidor y la pequeña corrió hacia su tutora para ver si podía ayudar en algo.
-¡Swan!- la llamó Regina desde la cocina. Ella salió de su ensimismamiento y se acercó al umbral. -No se haga la tímida a estas alturas, pase y ayude por favor a terminar de preparar la mesa, no me gusta la idea de que Apple ande por aquí.
-Yo puedo sola- se quejó ella queriendo tomar algunas cosas.
-Ya oíste enana, nada de eso- dijo pasando a su lado y tomando lo que tenía en la mano. Regina miró de reojo la escena y sintió algo similar a la ternura, no sabría describirlo bien, dejó pasar ese sentimiento aprisionando una leve sonrisa en sus labios. Sonrisa que se esfumó al ver como Emma tomó las copas de agua en uno de sus brazos, y las de vino en otro, llevando a su vez las servilletas y el servicio, Regina se sintió al borde del infarto.
-Por favor Swan intente que lleguen enteros a la mesa- No quiso mirar y prefirió colocar la bandeja caliente sobre la base.
-Wow, creo que es la primera vez que como algo tuyo que no sea lasagna- comentó emocionada cuando la morena llegó con el almuerzo a la mesa.
-¿Es eso un reproche?- Emma sonrió.
-Claro que no, sé que cocinas muy bien. Pero nunca me invitas y siempre que venimos con Henry le preparas lasagna. Por eso lo decía.- Regina no quiso sonreír a pesar de estar haciéndolo enormemente por dentro.
-¿Por qué no vino?- preguntó la alcaldesa sirviendo una pequeña porción de caneloni en su plato -
-¿Quien?- Regina la miró de reojo como si fuera una obviedad -¿Henry? Está molesto. En realidad se siente celoso. Porque cree que te olvidarás de el ahora que adoptaste a alguien más. -Regina se detuvo y se volvió a verla con gesto serio.
-Por favor Swan eso es ridículo, nadie jamás podría reemplazarlo.-
-Lo sé, y se lo dije, tranquila- Regina volvió a lo que estaba ésta vez para el plato correspondiente a Apple.
-¿Donde me siento?- preguntó Apple. En ese momento Regina miró a su derecha y luego a su izquierda y cayó en cuenta que las dos estaban de pie en la misma posición, con la cabeza levemente inclinada y mirándola con atención. Intentó no reírse a pesar de encontrar hilarante que la sheriff se comportara algunas veces como una niña de seis años.
-Tu siéntate aquí cariño- dijo marcando la silla que estaba a su izquierda- Y tu ahí Swan- apretó los labios intentando que la sonrisa no se escapara -Como si hubiera muchos sitios más disponibles- murmuró. Apple sonrió divertida apoyando sus manos en el borde de la mesa y Emma frunció el ceño fingiéndose ofendida por la pequeña regañada.
-Eres mala conmigo- se quejó tomando una de las servilletas -
-Alguna razón tendré ¿No es así?- Emma frunció el ceño y Apple sonriendo movía los pies en el aire. Estaba emocionada ante la situación.
-Encuentro muy linda esa ropa Sheriff Swan ¿No lo crees Regina?- la morena dejó la fuente a un lado y se dispuso a sentarse en su sitio.-
-Ajá, puede ser- respondió con indiferencia -
-También debe verse muy linda con vestidos ¿Verdad Regina?- la alcaldesa carraspeó y miró de reojo a Emma cuyo rostro estaba siendo víctima de un rubor intenso.
-Puede ser, pero creo que no es su estilo- Apple inclinó la cabeza y la miró fijamente.
-Yo creo que sí. Estoy segura-
-Como tu quieras niña, pero los vestidos no son lo mío-
-A Regina le gustan- a las dos mujeres se les atravesó secamente la pasta en la garganta. -¿O no?
-Si pero no en mi- rio Emma nerviosamente tomando un poco de agua -¿Cierto?- la morena arqueó las cejas y cortó un poco más de su plato. Emma abrió los ojos y miró a Apple que le sonreía pícaramente.
-Toma eso como un sí- dijo la niña y ambas la miraron de repente -¿Qué? Estoy segura que se vería muy bonita en uno de tus vestidos. Y apuesto a que tu piensas lo mismo. -se volvió a ver a Emma -Pero no se preocupe Sheriff Swan, seguramente también le gusta mucho como le queda esa ropa ajustada.
-Apple por favor- rio Regina nerviosa- ¿Qué te ha dado ahora con la ropa?
-Con mi ropa- agregó Emma bebiendo un poco más agua.
-Aún no me ha dicho que hacía espiándonos por la ventana Swan- dijo Regina urgida por cambiar el tema de conversación.
-Ya te dije, sólo quería saber como estaban y si había alguna novedad.-
-Es muy considerado de su parte- comentó sin quitar la mirada de su plato. Emma no quiso decir más nada. Era obvio que Regina no le creería, nunca podía mentirle ni ocultarle nada, siempre terminaba sabiendo lo que había en su cabeza. Hubo un momento de silencio entre las tres, el tiempo que Apple se demoró en comer lo que había en su plato. Había estado observando a las dos mujeres, se le hacía muy extraño el verlas así, pero a la vez era divertido.
-Regina- ambas la miraron con cierto temor de lo que pudiera llegar a decir.
-¿Si cariño? ¿Quieres un poco más?- preguntó viendo su plato vacío.
-No- respondió con soltura -¿Puedo levantarme? Necesito ir en busca de algo. -Regina asintió con una sonrisa y la niña inclinó levemente la cabeza al retirarse de la mesa y caminar hacia la escalera que llevaba a las habitaciones.
-Es demasiado educada para ser una niña de seis años.- comentó la rubia
-Depende para quien, yo la encuentro muy correcta.-
-Considerando que vienes de un reino que se quedó en el pasado supongo que es lógico que digas eso - Al instante en que terminó la frase se dio cuenta de que había cometido un error. Y el semblante de Regina se lo confirmaba. -¿De donde viene?- hizo una pausa con ánimos de cambiar el tema -Quiero decir, ¿Donde la encontraste?-
-Apareció aquí inconsciente-
-¿Sólo así? ¿Apareció y ya?-
-¿Otra vez con lo mismo?- bufó la alcaldesa empezando a levantar las cosas de la mesa. -Si vas a seguir con la idea de que es peligrosa no pienso escucharte.
-No me refiero a eso- dijo empezando a ayudarla -Es sólo que si apareció aquí, es seguro que tiene algún problema ¿No crees? ¿Qué podría hacer a una madre enviar sola a su hija con una desconocida? Algo muy grave seguro.
-Si, en eso es en lo que he estado pensando- emprendió camino a la cocina para dejar las cosas en el fregadero. -Me preocupa la situación de la que pudo haber venido. Quisiera poder ayudarla. -Emma dejó las cosas a un lado de las de Regina y se quedó frente a ella.
-Estás haciendo bastante con tenerla aquí y cuidar de ella.-
-No creo que eso sea suficiente- Regina cruzó los brazos sobre su pecho y perdió su mirada en algún sitio de la sala. Emma no supo exactamente que hacer.
-Permíteme ayudarte- susurró llamando la atención de la morena-
-¿A qué?- preguntó sin entender muy bien.
-A cuidarla- Regina apretó los labios.
-No la necesito Swan-
-No siempre tienes que cargar con todo tu sola. Yo podría...-
-No es necesario. Muchas gracias.- respondió de manera cortante clavando sus ojos en los suyos.
-Pero Regina...-
-Por favor no insistas- suplicó levantando el tono de voz -Por alguna extraña razón, cada vez que intentas ayudarme terminas empeorando todo.
-Eso es porque siempre te empeñas en hacerte la fuerte. La auto suficiente. No está mal tener ayuda de vez en cuando. -Emma dio un paso hacia ella y Regina retrocedió del mismo modo chocándose con el mueble de la cocina.- No tienes que estar sola. Ya no más. Déjame acompañarte y averiguar lo que está sucediendo.-
-Lo único que necesito es que dejes de meterte donde nadie te llama. Eres igual a tu madre. Siempre creyendo que los demás dependerán de su presencia. Para tu información, ni tu, ni tus padres son imprescindibles. El resto de los mortales podremos sobrevivir sin problemas sin ustedes. No quiera ser el centro de mi mundo. - Emma no supo que decir. Sintió una mezcla de sensaciones que le oprimieron el pecho. En parte por la testarudez de la alcaldesa, ella había ido con verdaderas intenciones de ayudarla y acompañarla. En ningún momento pretendió ser egoísta. ¿Por qué Regina no podía ver eso?
-Yo no soy tu enemiga Regina- su voz sonaba grave marcada por la decepción. -Ya va siendo tiempo de que te des cuenta de eso.- La sheriff emprendió camino hacia la salida, al llegar al recibidor, se encontró con la niña en los últimos escalones de la escalera.- Hasta luego pequeña -la saludó acariciándole la cabeza.
-¿Te vas?- Emma asintió y se acercó hacia ella - Quédate otro poco - suplicó justo antes de que la rubia besase su frente.
-Lo siento- susurró con una sonrisa -Ya sabes, si necesitas algo me llamas. Cuídala ¿De acuerdo? -Apple asintió un tanto triste y se quedó viéndola salir sin mirar atrás.
Cuando la puerta se cerró la niña caminó hacia la cocina donde aún estaba la alcaldesa con la mirada fija en la nada.
-¿Estás bien?- preguntó acercándose a ella. Regina reaccionó de inmediato con una sonrisa y asintió.
-Claro- miró el cuadernillo que traía en su mano y continuó -¿Qué traes ahí? -Apple bajó su mirada hacia el objeto y lo abrazó contra su pecho.
-Quería mostrarles algo- respondió -
-¿Qué cosa?- Apple frunció la nariz.
-No, yo quería enseñárselo a las dos-
-Pero Emma ya se fue y no creo que vuelva- Apple la miró fijamente, pero no dijo nada.
-Supongo que mi madre tenía razón- murmuró. Regina la miró confundida - Voy a guardarlo -dijo dando media vuelta y volviendo al cuarto. Regina suspiró. Intentó olvidarse por un momento de la sheriff. Intentaría distraerse llevando a la niña a algún sitio para distraerla. No pudo evitar pensar que, a pesar de no proponérselo Emma tenía encanto con los niños. Teniendo en cuenta que Henry la prefirió a ella a pesar de todo y Apple parecía bastante encantada con su presencia.
Aquella tarde, al volver del paseo, Regina terminó agotada, Apple tenía mucha energía, demasiada y había sido un poco difícil seguirle el ritmo. Se había fascinado con cada cosa nueva que veía y corría de un lado para el otro en el parque. Eso, sumado a las veces que la vio estirando la mano a punto de hacer levitar algo o intentando desaparecer objetos de algunas personas que le habían desagradado le dejó como resultado un agotamiento general. Pensó que podría ser más sencillo cuidar de una niña ahora que tenía la experiencia de Henry, pero era definitivamente distinto cuidar a una niña y además que no cometiera equivocaciones mágicas. Después de explicárselo un par de veces, al fin había parecido entender que no debía utilizar la magia frente a nadie. Aquello de seguro traería problemas y sin tener respuestas sobre su origen, era mejor no tentar a la suerte.
En la noche, cuando la niña ya dormía y Regina se disponía a lo mismo, su teléfono sonó. Para su sorpresa era Henry, que sólo deseaba darle las buenas noches. Quedó encantada con la sorpresa, puesto que siempre era ella quien lo llamaba para saludarlo. Indirectamente, le preguntó por Emma, pero Henry sólo se limitó a decirle que estaba bien.
Los días siguientes transcurrieron sin diferencias. Apple seguía siendo un misterio para todos, Regina la llevaba a la alcaldía todas las mañanas y se quedaba con ella hasta terminar su trabajo. Más de una vez le había pedido ir con Emma, pero ella se había negado. Argumentando que aún necesitaba estar segura de que no haría travesuras ni utilizaría magia.
Aquella tarde Emma se anunció en la oficina sorprendiéndolas al llegar junto con Henry poco antes de horario de salida. Supuso que después de un par de días estaban listas para volver a hablar como personas civilizadas.
-¡Henry!- Regina se acercó a el y lo besó en la mejilla. Luego de saludar a su hijo dirigió una mirada sincera colmada de felicidad a la rubia. -Es una agradable sorpresa.-lo acarició una vez más antes de que Apple se interpusiera entre ellos para poder alcanzar a la sheriff. A Regina le hizo gracia su efusividad, pero el muchacho no pensó lo mismo, menos aún al ver como Emma la levantó en sus brazos.
-Quería verte- comentó la rubia -Henry ha insistido en venir.-
-Me alegra mucho que así sea- respondió con total sinceridad.
-Bien, lo pasaré a buscar más tarde si te parece- Regina asintió y ella dejó a Apple en el suelo que caminó hacia la alcaldesa para aferrarse a su camisa bajo la atenta mirada de Henry.
-Espera, Emma- la rubia se detuvo al oír su voz y la miró intrigada. -¿Que tal si vamos a dar una vuelta y comemos algo en el camino? - Henry miró a Regina extrañado. -
-¿Los cuatro? - preguntó incrédulo. Regina miro a Emma que asintió despreocupadamente encogiéndose de hombros.
-Si, los cuatro. Vamos en mi auto. - propuso.
Henry y Apple subieron en el asiento trasero. La niña mucho más tranquila y Henry mirando no muy feliz por la ventanilla. Se sentía un tanto celoso. Sus madres jamás habían salido juntas con el antes, salvo para algo importante en el colegio o algún evento aislado. Y de un día para otro, llegaba esta niña, Emma y Regina hablaban tranquilas en el estudio y salían los cuatro juntos. No entendía nada. Y si bien le gustaba la idea de verlas así, también le dolía no ser él la razón por la cual habían decidido estar en paz.
Bajaron en el parque, Apple tomó una mano de Emma y la otra de Regina quedando en el medio de ambas. Henry las miró y se adelantó un par de pasos de brazos cruzados.
-Hijo. - lo llamó Regina extendiéndole la mano. El se negó haciéndose el que no le interesaba. - Anda. - insistió. Intentó disimular una sonrisa y tomó la mano de su madre. Tan cálida y suave como siempre.
-Allí hay un puesto. - señaló Emma. - ¡Comeremos unos deliciosos hot dogs, con muchas calorías y grasas saturadas!. - dijo drigiendose a Henry. Ambos rieron y vieron a Regina que apretaba los dientes. Apple levantó la vista a la alcaldesa y rió también. -
-¿En verdad puedo? - preguntó ilusionada. Regina sonrió y asintió sin decir una palabra. -
-El último en llegar paga la cuenta. - dijo Emma acelerando el paso seguida por los niños. Regina observaba la escena y sonreía. La rubia había llegado primera y ya estaba ordenando. Detrás de ella Henry la abrazaba por la cintura agitado riéndose, señalando a Apple que llegaba última pese a sus esfuerzos. Dando unas pisadas fuertes con su zapato se quejaba de lo que Henry decía. Era divertido ver a los niños discutiendo, uno a cada lado de la rubia que seguía agregándole cosas a uno de los hot dogs. Cuando al fin llegó al lado de ellos Emma la miró divertida. -
-Bien niños. Pidan lo que quieran la alcaldesa paga. - Regina arrugó la frente pero luego sonrió al ver la cara de ilusión de su hijo. - Y será la primera en probar éste delicioso manjar. - dijo mientras le acercaba lentamente un hot dog que rebalsaba en agregados.
-No Swan, eso es demasiado.- dijo poniendo una mano delante del alimento. -
-Oh si, se que quieres. - decía Emma acercándolo aún más a su boca. - Debes comer aunque sea la mitad. - Regina arrugó la nariz. Odiaba todo tipo de alimento que agregara mas calorías de las que debía o no aportara algún tipo de nutriente. Y por lo que veía en aquello era solo un cumulo de grasa saborizada. - Vamos Regina. Prueba de ésta fruta prohibida. - Emma movía las cejas de arriba hacia abajo divertida. La alcaldesa al oír eso arqueó una ceja. - Anda. - nuevamente sacudía el hot dog haciendo que derramara por los lados. Miró a su hijo, que le alcanzaba amablemente uno a Apple para servirse el suyo propio. La niña se volteó a verla. Sus ojos brillaban de emoción. -
-Jamás he comido uno de estos. - comentó un tanto atemorizada. -
-Te has perdido la mitad de tu vida. - dijo Emma acercando más el que tenía en sus manos a la boca de Regina. - Que son...como 3 años. - Regina sonrió al ver la carita confundida de Apple. - Si no comes la niña tendrá miedo de comer el suyo. Tienes que dar el ejemplo. - Regina tragó en seco, estaba tomando coraje para comer aquel alimento que detestaba tanto. Volvió a fijar su vista en los ojos verdes de la rubia. Tan brillantes y llenos de vida. Siempre sacaba alguna idea loca que la trastornaba. Sin darse cuenta, perdida en la mirada de la sheriff había dado el primer mordisco. - ¡Si! - gritó emma volteando para chocar la mano con la de Henry. - ¿Has visto? ¡Estas milagrosamente viva! - la alcaldesa rió con ganas y tomó la comida que le pasaba Emma.
-Esto es estar en familia. - dijo Apple viendo a las dos mujeres. Ellas se miraron mutuamente y sonrieron. Realmente así lo era. Por primera vez desde la llegada de Swan a Storybrooke, habían compartido junto con Henry los tres un momento lindo en familia. Con una invitada más.
N/A ¡Perdonen la tardanza! Espero que les haya gustado, de a poco se irán sabiendo las cosas.
Espero sus reviews así sé que les pareció éste capi.
Muchas gracias por leer
Baci!
