Nota de Autora: Disculpen por no actualizar la semana pasada. No tuve tiempo debido a que debía entregar trabajos más exámenes de la universidad. No hay forma que vaya a dejar la historia hasta aquí, habiendo llegado tan lejos y estar tan cerca de casi acabarla! Por cierto, no recuerdo exactamente quién fue la personita que comentó que Fuka se parecía a Ukyo de Amnesia… entonces empecé a ver el anime hace poco… uno simplemente NO deja de ver Amnesia. No creo que la redacción en este capítulo sea espectacular por falta de tiempo pero una vez más, espero que disfruten, el cual no será tan largo ya que los anteriores han sido una exageración! Por cierto, ya tengo una solución para finalmente poderles mostrar los diseños de los personajes e inclusive las canciones! Solo se debe esperar un poquitín mas!


Capítulo 22: Digimon


1 Mes Después


—¿Te encuentras listo, Veemon?

Por más que sea inicio de semana, me levanté a altas horas de la mañana para venir al Digimundo. El pequeño dragón de color azulino me observaba con suma curiosidad, haciendo resaltar sus grandes ojos color escarlata que reflejaban el resplandeciente sol digital. Algo inseguro, se acerca hacia mí, apegándose a mis rodillas, las cuales se encontraban descubiertas debido a la falda del uniforme escolar. Al frente nuestro, Gatomon y Patamon se hallaban de la misma manera salvo que sus miradas gritaban tristeza al estar sumidos en sus pensamientos. Tal cual llegué al Digimundo, me sorprendió encontrar a los tres con aquella inusual actitud. El misterioso digihuevo que están encargados de cuidar y nutrir hasta su nacimiento, yacía entre ambos. El primero en romper el silencio fue el compañero digital de aventuras de Tk.

—¿No puedo ir con ustedes al mundo real? Quiero ver a Tk…—suelta con un suspiro de derrota, ocultando sus inquietudes—Estoy preocupado… antes lo veía más seguido pero ahora no sé nada de él, ¿sucedió algo?

Las palabras se quedaron en mi boca. Hace un tiempo Patamon nos había comentado que Tk le contaba sus problemas e inquietudes, cosa que me irritó en cierta forma al pensar que lo estaba atormentando y desahogándose en él por más que tuviera a Fūka. No obstante, al verlo decaído, con sus diminutas alas cargando un peso invisible reflejado en cada suspiro que escapaba de su cuerpo, no pude evitar sentir lástima. Me encantaría llevarlo conmigo, llevarlo a los brazos de la persona más importante para él, su compañero, su camarada, su amigo. Con delicadeza, me agaché para estar a su altura, sosteniendo mi falda con ambas manos al cruzarlas con mis piernas.

—Patamon… yo...

—Kari no puede hacer eso por ti—colocando su pata felina en la cabeza de Patamon, Gatomon interrumpe—Yo también quiero ir y estar al lado de ella. Sé que Kari está pasando por tiempos difíciles, tanto como Tk pero, quien lo está teniendo más duro en estos momentos es Veemon. Estoy segura que, al menos, Kari puede transmitir tu mensaje, ¿no es así?

Aquellos zafiros cayeron directo hacia los míos canela, un intercambio telepático entre ambas. La madurez de su respuesta fue lo que más me impactó. Muchas veces me gustaría ser como Gatomon, pensar en frío y meditar las cosas con calma, actuar sin impulsos. Puede sonar ridículo pero en cierta forma la envidio. Si tan solo fuese así, nada de esto estaría sucediendo y no vería a Veemon sufrir todas las semanas.

—¿Harías eso por mí, Hikari?—tan frágil como un papel de seda, la voz del animalito digital escapa de sus labios.

—Claro que sí, Patamon—intenté responder con falsos ánimos.

Puede ser cierto que mi amistad con Tk ha mejorado en grandes cantidades a comparación de meses atrás, mas aún así hay una pared invisible entre nosotros. Finamente he llegado a estar en paz con mis sentimientos, a darme cuenta que lo que siento hacia él no es más que una profunda amistad que deseo recuperar. Lo que no logro comprender es esa pared que se forma alrededor suyo, una barrera protectora aislándolo, haciéndolo inalcanzable ante todos.

—No puedo negar que los dos también queremos ir al mundo real… lo que me preocupa es dejar a mi bebé solo—expresa con suma preocupación junto a un tono maternal mi compañera.

—Voy a preguntarle a Koushiro si es que ambos pueden venir junto al Digihuevo. No quisiera arriesgar al bebé al viajar de un lado hacia el otro—murmuré pensativa, todavía con la gran interrogante del origen del huevo color blanco y corazones pasteles.

—¿Harías eso? ¿En verdad?—la alegría quería salir de ella pero algo se lo impedía.

—¿Alguna vez te he mentido?—repliqué, plantando una sonrisa en mi rostro.

Veemon se encontraba en silencio durante nuestra conversación, cosa que me pareció extraña. Normalmente es muy hablador, a veces teniendo que pedirle que se calle al divagar tanto como Daisuke. En eso siento como una de sus uñas da con fuerza en mi falda de algodón, dándome un pequeño susto por la sorpresa.

—¿Tengo que ir?

Sentí como mi temperatura corporal bajaba, congelando mi ser por completo. Helada, me quedé helada sin poder comprender sus palabras. Gatomon y Patamon no lucían tan sorprendidos, todavía sumidos en su pequeño mundo lleno de lamentaciones. Se me hace imposible escuchar dichas frases venir del Digimon, ¿no querer ver a su camarada?

—Veemon… ¿es por eso que pides regresar los fines de semana?—inquirí con la voz temblorosa, recordando ese pequeño detalle.

—No sé cómo explicarlo… pero me siento mucho más cerca a Daisuke estando en el Digimundo que en ese lugar que llaman hospital—agrega, todavía con aquella derrotada actitud—Además, cuando estoy a su lado ahí siento… es muy complicado de explicar que hasta ni yo lo entiendo.

—Veemon…

No sabía qué más decir.


Escuela


Recurriendo al viejo truco de nuestra infancia, oculté a Demiveemon en mi bolso. Opté por llevarlo conmigo a clases ya que sería mucho más sencillo al no tener que regresar a casa por él. El problema ahora era dónde dejarlo durante todas estas horas de estudio. Tras llegar a mi aula hesité en entrar. Una gran duda empezó a comerme por dentro, que si acaso había tomado la decisión correcta en traerlo conmigo. Podía sentir su respiración cerca de mi brazo, inclusive quería empezar a correr para evitar esta sensación de alguna forma. Di un paso hacia atrás, sin dar media vuelta. Mi espalda chocó contra otro cuerpo, el cual colocó sus manos en mis hombros, sujetándome para evitar que caiga al suelo. Tras dar media vuelta en sorpresa, me choco con el muchacho más popular de la escuela.

—Kari, ten un poco más de cuidado. Te pudiste haber lastimado.

Su voz sonaba llena de genuina preocupación. Tras el breve intercambio de miradas, me alejé para dejarlo pasar. No fui capaz de responder al tener tantas cosas en mente. Inclusive me empecé a sentir algo culpable tras escucharlo de esa forma.

Daisuke… despierta pronto, por favor…

—Hoy también está ausente…—lo escuché soltar mientras dirigía la mirada a una carpeta en particular, situada al lado derecho de la clase, dando con la pared paralela al pasadizo de afuera. Lo imito, sin saber una vez más qué decir. Desde que Veemon me hizo aquella pregunta en el Digimundo no he dejado de dar vueltas en el asunto, ¿por qué desistió en ir a ver a su camarada?

—Fūka… Fūka está atendiendo a clase de manera irregular—hablé sin darme cuenta. Noté que aquello le generó algo de interés al rubio.

—Tienes razón… he estado hablando con ella casi todos los días pero no desea explicarme la razón de este inusual comportamiento…— coloca su mano derecho bajo su mentón, pensativo—He estado muy preocupado desde ese incidente…

—Te refieres a…—las palabras no querían salir, con tan solo pensar en ese lugar, en ese lugar en el cuál vi a Daisuke, me genera escalofríos. Además, era un secreto. No le había comentado a absolutamente nadie al respecto, una razón más para sentir esta crecente angustia.

—Sí. Ella parece encontrarse bien… pero como te dije, solo lo sé por llamadas telefónicas. No me ha dejado ir a verla. Ahora que Mihara está ocupada con los exámenes de ingreso a secundaria temo que Hinanawi… olvídalo, no dije nada.

Melancolía se apoderó de aquél bello azul que se complementa con su rostro, para abrirse paso en la clase y recostarse al lado de la ventana. La vista que daba a la hermosa mañana merecía ser fotografiada por mi cámara. Sin embargo, su presencia le agregaba dolor y sufrimiento. Rompía la alegría que lo rodeaba. La barrera que ha colocado alrededor suyo va creciendo de acorde pasan los días. Me imagino que Mihara debe ser la hermana menor de Fūka, la que vi desde el escenario en la obra del Festival Cultural. Ahora que lo menciona, es como si ambos estuvieran rechazándose, ella creando un muro al igual que él. Quizás sea por eso que se rehúsa a verlo, por más que estén juntos en su relación. Debe encontrarse adolorido… si eso me sucediera con Daisuke… qué cosas estoy pensando… ya ha pasado un mes y no muestra reacción alguna. Si empiezo a creer que si despierta sucederá algo como lo que estoy viendo frente a mis ojos siento que no podría seguir de pie. Mi mirada dio con la carpeta que le pertenece, aquella en la segunda fila que da hacia el lado en el que Tk se encuentra de pie, al final de la fila. Una carpeta que si no fuese por mi cuidado se encontraría cubierta de polvo, tal y como un camino abandonado. También, me percato que una de las carpetas que da hacia el frente, cerca al pizarrón, ha estado vacía desde hace varios días.

—Anzu también…

Sin notarlo, DemiVeemon había estado moviéndose en mi bolso, lo cual hizo que volviera a la realidad. Tengo que hacer algo al respecto. Dudo que llevarlo al salón de cómputo sea una buena solución, ya no estamos en primaria. No me queda más opción que pedirle ayuda. Me acerqué a Tk, sujetándola las muñecas. Sorprendido, noté un ligero rubor proceder de sus mejillas.

—Ven conmigo, es importante—murmuré bajo mi aliento, acercándolo hacia mí para llevarlo fuera de la clase.

Al ser todavía temprano, el pasadizo se encontraba concurrido por alumnos que se encontraban platicando antes de dividirse hacia sus respectivas aulas. Sería imposible sacarlo ahora mismo en frente de una multitud. Mi expresión debe haberle llamado la atención ya que no hizo pregunta alguna. Tragué saliva, al abrir un poco mi bolso. Entre un almuerzo mal empacado, separatas y un cuaderno, se encontraba el Digimon de mi falso amor, todavía sin desaparecer ese semblante de desconsuelo.

—DemiVeemon…—tras decir su nombre, vuelve a mirarme—Me imagino la razón por la que lo trajiste, ¿siempre lo haces?

—Normalmente luego de clases va conmigo al hospital pero… por como verás, quise traerlo hoy para ir de manera directa… creo que fue un error—la creciente inseguridad que sentía era notoria, mi voz empezó a temblar.

—Se me ocurre un lugar en el que podrá estar seguro hasta que acaben las clases.

Su sonrisa me transmitió ánimos. No sé si este cambio en nuestra relación sea para bien o para mal. Pero sin lugar a dudas debo admitir que ver aquél resplandor todos los días me salva de hundirme en mi propio abismo.

Empezamos a caminar, lado a lado, yo siguiéndolo sin saber a dónde nos estábamos dirigiendo. Subimos las escaleras un piso más, hacia el quinto, en donde se encontraban las aulas de aquellos alumnos que andan emocionados al ya acabarse las clases y poder retirarse de la escuela por fin, entusiasmados por comenzar su vida universitaria el año entrante. Ignoramos a todos, siguiendo nuestro camino, hasta que tomé noción de mis alrededores. Nos encontrábamos frente al consejo estudiantil. Sé que Tk forma parte de él pero lo que más me preocupa es…

—¡Hibiki!

Tras abrir la puerta del lugar que todo estudiante teme, Hibiki Inoue se encontraba leyendo unos documentos con suma atención, acomodando sus lentes cuando fuese necesario. La exclamación de Tk le hizo pegar un salto al ser tan de improviso. Dejando a un lado los papeles, afinó su garganta.

—Takaishi, cuántas veces debo decirte que bajo este techo debes referirte a mí como…

—Presidenta Inoue, buenos días—la salude como de costumbre, reconociendo su puesto.

—¿Ves? Yagami entiende—asiente para sí—¿Qué los trae por aquí? Las Kanzaki todavía no han llegado, así que asumo que las clases deben de empezar en unos diez minutos.

—Era de esperarse, Ai y Mai son algo tardonas—suelta agregando una risa—En realidad queríamos pedirte un pequeño favor.

—Tk, espera…—me aferré a su brazo, temerosa. No es posible que vaya a pedirle que cuide de DemiVeemon. Ella es ajena a nuestro mundo, si dice que es un muñeco sonará muy sospechoso—No creo que sea una buena idea…

—Kari, tranquila. No va a pasar nada, confía en mi.

Aquellas palabras, aquél gesto. No pude evitar imaginar tener a Daisuke a mi lado, inclusive reemplacé lo que tenía frente a mis ojos por él. Mi corazón duele, duele mucho.

—¿Qué tanto hablan entre ustedes? Takaishi, no creas que porque eres parte del consejo puedes ir haciendo lo que quieras y pedirme favores tan repentinos. Sin embargo, trataré de ayudar si es que está a mi alcance—con eso dicho, Hibiki cambia de actitud a una mucho más casual—¿Qué es lo que necesitan?

Debo de admitir que al igual que nosotros, ella ha cambiado mucho, antes demostrando una actitud hostil hacia mí y Fūka, a quien llamaba la sombra de Takaishi. Por más que Fūka también fuera parte del consejo, casi nunca hacía acto de presencia que hasta lo había olvidado por completo. En eso, Tk me da un pequeño empujón al frente. Dudosa, lo miré esperando algún tipo de aprobación de su parte. Asintió como respuesta. Temerosa, coloqué mi bolso en uno de los pupitres para sacar a Demiveemon, quien todavía parecía seguir deprimido. Cuando se percató que lo saqué, empezó a observar sus alrededores, hasta que sus ojos dieron con Hibiki.

—Un Digimon…—perpleja empieza a examinar al pequeño.

Me quedé en mi lugar congelada, sin poder analizar lo que acababa de suceder. Tk se encontraba sonriendo a mi lado de manera divertida, como si le causara gracias mi reacción. Por la vergüenza del asunto, no pude evitar ponerme roja. Es por eso que me dijo que confiara en él. Definitivamente sí sabe lo que hace.

—Hola, ¿eres amiga de Daisuke?—inquiere el Digimon en entrenamiento—Soy DemiVeemon, su compañero. Es la primera vez que veo a un humano que no se sorprende al verme y sabe lo que soy.

—Su compañero… ¿Daisuke es un elegido como Tk y mi prima?—sus ojos reflejaban inmensa curiosidad.

Un minuto… ¿qué?

—Tk, ¿qué significa todo est..?—antes de poder terminar mi pregunta, él la contesta.

—Digamos que fue por casualidad. Un día dejé mi Digivice en el consejo y Hibiki lo encontró. Fue en ese momento en el que ella me preguntó si eso efectivamente era lo que pensaba—parece estarse sumiendo en una historia del pasado.

—Quería confirmar mis dudas. La primera vez que tuve contacto con ese mundo fue por Miyako. Descubrí a Poromon un día que fui a su casa, años atrás cuando aún vivía con sus padres. Justo lo vi hablar en ese momento. Ella intentó usar el truco de ventriloquia pero no soy tonta, se hizo imposible. Al final me contó todo, es por eso que me sorprendí cuando vi el Digivice de Takaishi. Tras todo esto asumo que tú también formas parte de ese equipo.

Tk tiene razón, DemiVeemon se encuentra en buenas manos.

—Sí, es cierto. Espero no sea molestia que se pueda quedar aquí hasta que acabe el día.

—Me imagino que luego van a ir a ver a Motomiya. De acuerdo, no tengo problema alguno—con eso dicho, se acerca mucho más al Digimon—¡Además eres tan lindo!

—¡Gracias!—sonrojado, DemiVeemon saltó a los brazos de Hibiki, olvidando por un momento sus penurias. Sentí un gran alivio al ver el cambio de ánimo—Es un placer conocerte, Hibiki. Espero podamos ser amigos.

—… ¡definitivamente eres adorable para ser el compañero de Motomiya! Son como dos polos opuestos, ¡por supuesto que podemos ser amigos! ¿Quieres algo de comer? Sé que a los Digimon les gusta mucho los dulces, veré si logro comprar algunos antes de que empiecen las clases…

Este lado de Hibiki es completamente nuevo para nosotros, inclusive el rubio parecía desconcertado al ver tal acto. No puedo ni imaginar cómo se volverá el consejo cuando entren las Kanzaki. Todavía sumidos en el espectáculo, ella nos hizo recordar que debíamos regresar a clase, cosa que hicimos de inmediato, dejando al pequeño atrás. Se encuentra en buenas manos, definitivamente. Hablando de Digimons, debo enviarle ese mensaje a Koushiro.

Mientras nos hacíamos camino al aula, saqué mi D-Terminal para escribir mi inquietud. Tk parecía interesado en mis acciones, razón por la que decidió romper el silencio.

—¿Qué estás haciendo

Estar de esta forma con él me hace olvidar todo lo negativo que me rodea.

—Le escribo a Koushiro para preguntarle sobre una cosa.

—¿De qué trata?

Una pregunta que no esperaba. No tenía idea por dónde empezar. Por la promesa que le hice a Patamon es muy probable que Tk ni se encuentre enterado sobre el Digihuevo. Además, tengo que transmitir la inquietud de su compañero. Me empecé a llenar de dudas, podía sentir como temblaba el D-Terminal en mi mano, ocasionando que casi escape de mis manos. Él pareció percatarse de mi repentino cambio de actitud.

—No tienes que contármelo si no quieres. Después de todo no somos amigos para andarnos contando nuestras cosas—desvió su mirada de la mía.

Sus palabras fueron como dagas que atravesaban mi cuerpo sin piedad alguna, desgarrando mi piel, estrujando mis órganos, una sensación desagradable, repugnante. Mis labios temblaron mucho más, quería decir algo pero nada salía. Sé que él tiene razón. Dejamos ese tema en claro hace más de un mes, tanto en el salón de clases como en el hospital. Tras tenerlo de vuelta conmigo de esta manera había olvidado aquella agitada discusión. Tengo que hacer algo, no quiero tener que volver a ver esa mirada, ¿Daisuke, si estuvieras en mi lugar qué harías? ¿Qué harías para evitar que nuestro grupo se rompa una vez más?

—Yo… la verdad yo… cuando fui al Digimundo esta mañana… Patamon habló conmigo— sentía como un nudo se me formaba en la garganta—Se encuentra muy preocupado por ti. No sabe nada hace un tiempo y no deja de pensar que algo malo está sucediendo contigo. Sé que no somos amigos para estarme metiendo en este asunto pero no podía quedarme callada.

Hesité un poco al decir lo último al temer una respuesta negativa. Sin embargo, observé como jalaba su flequillo como ademán de incomodidad para luego contestarme.

—No tomé en consideración los sentimientos de Patamon… solía contarle todas mis cosas y temía involucrarlo mucho. Al parecer me equivoqué y esto lo está haciendo sufrir más. Gracias por decírmelo, Kari.

Ahora era mi turno de estar incómoda.

—N-No hay problema…

—Sigamos, que vamos a llegar tarde a la primera clase— volviendo a su actitud anterior, empezamos a bajar las escaleras.

—Espera…—sin entender mis acciones, lo detuve a mitad de camino, quedando él en el cuarto piso, yo en la mitad de las escaleras. Podía observarlo de pies a cabeza, admirando su estatura debido a las prácticas con el equipo de baloncesto—Hay algo más.

Por más que el bullicio de alumnos opacara mis latidos, podía sentir como el silencio poco a poco empezaba a reinar en nuestro pequeño mundo unido. Entrelazados en aquél intercambio, el suspenso que mis palabras provocaron brindando una atmósfera llena de misterio. Los rayos de sol que ingresaban por medio de la ventana le daban un aura mágica, casi irreal. Titubeando, bajé un escalón más.

—Ha… aparecido un Digihuevo.

—Pero… ¿qué estás diciendo…?—su respuesta fue más pronta de lo que imaginé—T-Tienes que estar bromeando, se supone que el Digimundo se encuentra en paz.

Al notar su inseguridad, coloqué una de mis palmas encima de la suya.

—Quiero creer eso… realmente quiero creerlo.

—¿Desde hace cuánto tiempo…?

—Hace como más de un mes…

—¿¡Por qué no dijiste nada!?

Su grito me tomó desprevenida, tanto así que sentí que la pared, la barrera invisible que lo rodea intentó repelerme mucho más que antes.

—Yo… la verdad no lo sé—desvié la mirada, incapaz de enfrentar mi error.

De manera brusca se separa de mi apretón, dándome la espalda.

—Iré al Digimundo cuando acaben las clases, tengo que verlo por mí mismo.

—¡Voy contigo!—exclamé sin pensar, dándome cuenta muy tarde de mis palabras.

—¿No tienes que ir al hospital?—su voz provino helada, casi sin sentimiento alguno—Sino sería por gusto el hecho que trajiste a DemiVeemon.

Me quedé en silencio, procesando lo que me acababa de decir.

—Entonces ven conmigo.

Su rostro dio media vuelta, para observarme de manera detenida.

—¿Por qué estás tan persistente?

No sabía hacia dónde mirar, empecé a jugar con mis ojos, observando mis alrededores, en especial la escalera. Una vaga memoria vino a mi mente.

—N-No quiero ir sola… no creo poder… enfrentar a Jun de nuevo…

—¿Jun? ¿Qué tiene ella que ver en esto? ¿Acaso sucedió algo entre ustedes dos?—la barrera empezó a disiparse, puedo sentirlo.

—Podría decirse que sí… no sé muy bien cómo explicártelo. Es algo complicado que no quisiera volver a experimentar… me dio… mucho miedo. Tanto así que intento evitar los horarios en los que podría encontrarme con ella.

—Kari…

Sacudí mi cabeza, intentando olvidar dichos recuerdos.

—No importa… después de todo, no es como si fuésemos amigos para que cumplas este capricho y menos interesarte en mi problema.

Esta vez, pude sentir que el silencio fue de incomodidad a uno mucho más profundo. Podía escuchar, estoy completamente segura, cómo aquella barrera se quebraba, el eco del pasillo lo delataba. Este dolor, este pesar.

Si ya aclaré mis sentimientos, ¿por qué siento esta punzada? Daisuke… por favor…

—Vayamos a clase.

Sentí cómo la gravedad me atrajo hacia su cuerpo. De un segundo a otro, él había vuelto a colocar su mano en mi muñeca. Al estar en su nivel fue cuando me percaté. Sus ojos, ese azul tan hermoso como el mismo océano, se encontraban casi cristalinos. Aquella escena, aquello que observaba, formó un nudo en mi garganta, ese terrible bulto, enemigo de todos. Sin lugar a un intercambio, fuimos de la mano hacia el salón.

Al arribar, los alumnos que se encontraban en el pasillo ya estaban en sus respectivos asientos, resaltando los cinco asientos vacíos, de los cuales dos nos pertenecían. Todavía unidos, aquella pequeña conexión me recordó a la que tuvimos en el Mar Oscuro, la sensación de protección. Será que… será que siente… ¿será que siente que no puede protegerme? ¿Qué no puede protegerme de Jun por nuestra situación? No, eso es imposible.

Nadie se había percatado de nuestra presencia. La maestra Meguro tampoco había llegado. Estabas a punto de dividirnos, hasta que escuchamos un estruendo prevenir detrás de nosotros.

—¡Abran paso! ¡Cuidado!

Una nube de polvo se hizo paso entre ambos, rebelando una esbelta figura familiar. Tras verla, no pudimos evitar sumirnos en pleno asombro. De ojos pardo, cabello largo del color de una almendra, su clásico peinado sujetado por un gancho, mientras tenía en boca un delicioso pan como desayuno apareció justo antes de que sonara el timbre de inicio de la tutoría.

—Hinanawi…

—Fūka…

Estupefactos, seguíamos sin creer ver a la chica llegar llena de ánimos, lista para enfrentar su día a día. La Fūka que habíamos estado viendo de manera aleatoria ciertos días, aquella que venía casi sin alma a estudiar e inclusive a veces se iba a mitad del día, se encontraba llega de vitalidad, igualando al resplandeciente sol de esta mañana. Lo que parecía ser pan de teriyaki, a diferencia de su favorito de curry, desaparece tras un gran último bocado.

—¡Hey!—nos dice de manera animada, sonriendo de esquina a esquina—Takeru, Hikari. Muy buenos días. No puedo creer que llegué a tiempo.

—Llegaste de una manera muy… única—logró balbucear Tk, observándola al igual que yo. Nos encontrábamos atónitos por su repentina aparición y cambio drástico de actitud luego de lo que vivimos en el Mar Oscuro.

La muchacha ríe alegremente.

—No me quedaba otra opción luego de que Chise… ah, es la cajera, tanto he ido que aprendí su nombre, se encontrara discutiendo por el celular, ¡fue todo un escándalo! La cola que había para pagar se hizo eterna. Había personas que tenían más cosas por comprar, a diferencia mía que solo era el pan de teriyaki… no había de curry… en fin, creí que nunca llegaría a tiempo, ¡y eso que Mihara estuvo algo fastidiosa en la mañana! Vaya, que manera de empezar el día.

¿Conoce a Chise? Bueno, no es de esperarse. Trabaja en la tienda de conveniencias que queda al lado de aquí. Ahora lo que me llama la atención es la discusión que dice. De seguro mi hermano hizo algo de nuevo para alterarla. A veces pienso que pelean como si fuesen novios.

—Hinanawi, ¿no crees que te estás forzando mucho?

—¿Eh?—sin saber qué decir, empieza a sudar un poco—Pero qué cosas dices, Takeru. Tú sabes que correr largas distancias siempre me levanta los ánimos.

—Es cierto pero…—observé cómo se detuvo a mirarme, como si esperara a que dijese algo.

—¡Estás pensando de más!—vuelve a agregar más una inusual carcajada llena de energía—Tomemos asiento, que la profesora debe estar por llegar.

Se dirige hacia el suyo, para tomar asiento y estirar los brazos. Definitivamente, es como si ella estuviese volviendo a la actitud, a ese actitud con la cual la conocí ese día durante la entrega de los uniformes... el mismo día en el que me la encontré en la parada del bus. El mismo día del problema en los vestidores con Daisuke. El mismo día en el que me enteré que era la enamorada de Tk. Alegre, carismática, algo despistada. Siento que definitivamente el Mar Oscuro nos llamó para salvarla.

—Kari… ¿no crees que hay algo inusual en todo esto?

La voz del rubio irrumpió mi trance.

—¿Inusual? Pero si Fūka se comporta como solía hacerlo a mediados de año.

—No me refiero a eso… aquello es algo que no es de tu interés—suelta de manera casi venenosa. Al percatarse, parecía querer tragarse sus palabras—A lo que voy a es… ¿acaso crees que ese Digihuevo…?

Su línea de pensamiento me tomó desprevenida. No se me había cruzado por la mente, hasta que con su oración recordé. En cierto momento cuando andábamos en el mundo de la oscuridad creí lo mismo, creí que quizás ella era uno de nosotros, que por eso había ingresado a ese lugar… ¿será que el Mar Oscuro quiso decirnos algo con eso?

—¿Crees que deberíamos preguntarle? Si es que… no lo sé… si ha encontrado algo como un Digivice.

—¿Podrías hacerlo en mi lugar?—su pregunta me llama la atención al no comprender la razón—Tengo que asimilar bien todo esto. Estar preparado si es que llega a ser cierto. Si al final lo termina siendo… no quisiera ver a Hinanawi involucrada. Ella ya tiene suficientes problemas para meterse en los nuestros. No creo que podría manejar la responsabilidad de ser un niño elegido si es que hay un nuevo peligro.

—¿Problemas… personales?—murmuré bajo mi aliento.

—Y sobre lo del hospital… iré contigo.

Escuchar aquellas palabras provocó un aleteo en mí. Como si mariposas se encontraran jugando en mi estómago. Ver su espalda mientras se retiraba, sentía como si esa barrera se rompiera de a pocos, hasta que se acercó a Fūka, para conversar con ella. Después de todo, es su pareja. Debe pasar tiempo con ella. Tener a Tk solo para mí, es egoísta. Además, tengo a Daisuke. No soy capaz de traicionarlo. Ya lo he hecho, pero no quiero volver a hacerlo. La conversación con Ken me hizo tomar noción de esos bellos momentos que siempre compartimos. Mi reacción cuando me enteré que me había enamorado. No entiendo por qué me auto saboteo cuando veo a mi… mejor amigo dirigirse hacia ella.


Hospital


Con DemiVeemon en brazos, al lado de Tk, agradecí en silencio la falta de presencia de Jun. Había logrado aprenderme su horario con respecto a las prácticas de rugby, entonces me encontraba más tranquila. Aun así, siempre podría caber la posibilidad de que cancelaran y acudiera a ver a su hermano. Tras estar los dos más el Digimon, observábamos a Daisuke respirar de manera pausada. Los googles que heredó de mi hermano se encontraban colocados en el velador. Las máquinas hacían su clásico sonido. Acerqué a su compañero a su lado, cerca de su rostro. Tenerlo tan cerca, observarlo en un estado vegetal, saber que su consciencia probablemente se encontrara en otro lado, en un lugar como el Mar Oscuro, estrujaba mi interior.

Quisiera dejar de tener corazón para no sufrir.

Acaricié su rostro, moviendo un par de cabellos rebeldes que obstruían sus ojos. En este tiempo que ha transcurrido su característica cabellera había crecido considerablemente. Si quisiese, podría hasta tener una pequeña cola de caballo tras el cuello. Sin notarlo, me había acercado a su frente, para darle un ligero beso. Uno igual al que tantas veces el me dio. Aquellos que nunca aprecié como debí. Uno tan suave que casi no logro sentir su piel contra mis partidos labios. No me importó que Tk se encontrara conmigo.

Despierta pronto, te extraño. No sabes cuánta falta me haces.

—Gracias, Hikari—me agradece DemiVeemon, con la respiración algo entrecortada.

—¿Sucede algo?—pregunté debido a su voz.

Tk se acerca a nosotros, con cierto desagrado en el rostro el cual se esfumó al inquirir el comportamiento del camarada de nuestro líder.

—No luces muy bien…

En eso, recordé la conversación que tuvimos en el Digimundo.

—Demiveemon… ¿es esta la sensación que no podías explicarme?

—¿De qué están hablando?—desconcertado, el rubio no parecía entender la dirección de nuestra conversación.

—Sí…— replicó de manera débil. Observaba como el color desparecía de su rostro. Casi pálido continua, observándome con sus ojos escarlata—Siento que me quedo sin energías…

Confundidos, nos retiramos de la habitación, pensando una posible explicación. Me daba mucha pena dejar a DemiVeemon ahí en esa condición pero no teníamos de otra. Él insistía en quedarse al lado de Daisuke, a diferencia de esta mañana que dudaba en venir. Tras verlo sentía que no podía dejarlo solo, por más que sintiera que se siente más cercano a él en el Digimundo que en el mundo real. Sin aguantarlo más, saco mi D-Terminal del bolso, para seguir escribiéndole el mensaje a Izzy sobre el Digihuevo, agregando el detalle de Demiveemon, salvo que omitiendo el detalle proporcionado por el diminuto dragón.

—Demiveemon…

Mi voz salió de manera delicada. No sabía qué hacer. La esencia de Daisuke estaba desapareciendo de este mundo y temo que le suceda lo mismo al pequeño. Alguien, por favor… dígame qué es lo que tengo que hacer.

—Vamos a resolver esto. Creo que lo mejor será que regreses a casa. Tan solo iré al Digimundo a hablar con Patamon y ver el Digihuevo—

Sentí cómo Tk colocó un brazo alrededor de mi cuello, acercándome a él. Asentí débilmente, al ser incapaz de pensar por mí misma.


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A lo lejos, una figura observaba dicha manifestación de inocente amor. Fūka Hinanawi se encontraba escondida tras una pared. Ella no sabía la razón por la que se escondió al verlos. Tenía la intención de ir al hospital, a darle una visita a Daisuke y quizás hablar con él. O más bien, soltar todos sus pensamientos con respecto al incidente, además de pedirle disculpas. Hasta ahora no había tenido una oportunidad de hacerlo sola. Creyó que hoy era el día, mas no imaginó toparse con dicha escena. A su lado, se encontraba su hermana menor, quien había insistido en acompañarla para conocer a su amigo, por más que fuese a lo lejos.

—Fū-nee… ¿por qué nos estamos escondiendo de Take-nii? ¿Quién es esa chica? ¿También es tu amiga?—inquiere la pequeña, con sus ojos color mil brillando con curiosidad.

—Se… podría decir que sí— murmura bajo su aliento, todavía observando.

¿Por qué duele tanto? ¿Por qué anhelo estar en su lugar? Akira…

—Vamos a resolver esto. Creo que lo mejor será que regreses a casa. Tan solo iré al Digimundo a hablar con Patamon y ver el Digihuevo.

¿Digimundo? ¿Patamon…? ¿Digihuevo…? Takeru… ¿De qué están hablando? ¿Acaso… acaso tiene algo que ver con Shamanmon? Todo suena tan similar… tal y como me dijo Anzu esa noche por el teléfono… ¿qué secreto está ocultando? ¿Tendrá que ver con esa pregunta que Kari me hizo hace mucho tiempo cuando nos conocimos?

—Hermana, ya se fueron—la saca del trance Mihara.

Efectivamente, los dos niños elegidos se habían retirado. Sus incógnitas podían esperar. Ella deseaba hablar con Daisuke. Ambas chicas se dirigieron a la habitación, la cual, lastimosamente se encontraba cerrada. Sin embargo, parte de la cortina que da hacia el exterior se encontraba abierta, dando una vista hacia la cabecera de la cama a través de la venta. Ambas podían ver al muchacho de apellido Motomiya respirar de manera pasiva. En eso, la mayor de las Hinanawi presente, notó algo peculiar.

Es el muñeco de felpa que Kari sacó ese día de su habitación.

—Digimon.

Mihara se encontraba hipnotizada, observando los alrededores de Daisuke. Había murmurado aquella palabra que su hermana había escuchado, cosa que la pequeña no había podido. Asustada, no podía creer lo que había escuchado.

—… ¿qué… dijiste?—salió temblorosa su voz.

—Eso… es un Digimon—repitió, sus ojos miel todavía fijos en DemiVeemon.

—¿C-Cómo sabes qué es eso…? ¿Q-Qué es un digimon?

Mihara… ¿cómo puedes saber sobre las conversaciones si nunca las has escuchado?

—Solo tiene forma de Digimon. Por eso es un Digimon— repite, recalcando la palabra. Le dirige una mirada inocente a su hermana mayor.

—Un… Digimon…

Hace mucho tiempo, en Odaiba, sucedió un acontecimiento del cual nunca supe mucho. En ese entonces, andaba sumida en mi mundo. Mi mundo giraba alrededor de Tokiko y Akira. Al vivir en la prefectura de Miyagi con mi familia, nos encontrábamos muy distantes de aquellos eventos. Con las justas logro recordar el cielo aquél agosto en el cuál, se corrieron los rumores, que se podía observar otro mundo. Nada me importaba. Solo mi mundo, aquél mundo que me llevó a una desastrosa, dolorosa y oscura adolescencia No sé si esos sucesos más lo que dice Mihara se encuentren conectados. Si Takeru, Daisuke y Hikari se encuentran involucrados… quizás nuestro encuentro estuvo predestinado.


Urgh. Pésima redacción. Prometo hacerlo mucho mejor la semana que viene!