Nota de Autora: Primero que nada, quisiera agradecer a aquellas personitas que toman un poco de su tiempo en darme ánimos por medio de los reviews para poder continuar con esta enredada y no tan original historia (siento que uso muchos clichés). A anaiza18, quien si mal no recuerdo comentaba desde antes de tener una cuenta aquí en FF, miles de gracias por el fiel apoyo tras tantos años que llevo escribiendo esto. A UranosDian por dar recomendaciones que inclusive me hacen considerar el rumbo del Fic! A ForeverYoshi por escucharme incontables veces contarle toda esta historia de pies a cabeza, no sabes lo agradecida que estoy. A TKMagnaAngemon por sus expectativas del Fic y el optimismo que me transmiten sus reviews. A Lucero de la Noche por tener tantas incógnitas en mente, me encanta formar esa sensación de duda y en especial si el lector empieza a plantear sus propias teorías! (por cierto, me encantó Amnesia) A Lord Pata por llegar a sentir la tristeza de Patamon, además de los sentimientos PataGato que se avecinan. La lista ya se hace muy larga, pero también les agradezco a todos ustedes lectores silenciosos! Si no fuese por tooooodos ustedes, quizás no hubiera llegado tan lejos con esto.


Capítulo 23: Reunión & Unión


Tras dejar a Kari sola en el hospital, ya que nos separamos caminos al irnos del lugar de Daisuke, finalmente pude observar el atardecer que nos había rodeado por fuera mientras nos encontrábamos encerrados en la edificación dedicada a salvar vidas humanas. Sacudí mi cabeza, en un intento de eliminar de mi mente aquella escena que presencié minutos atrás. Unos bellos labios color cereza, tan resplandeciente en el cuarto, hicieron contacto con aquella piel que aún se encontraba sumida en cicatrices que no desaparecían. La evidencia de mi descuido, atormentándome por siempre. He sido un iluso con pensar que sus sentimientos pudiesen cambiar en tan solo un mes. Un iluso por querer robarle a mi mejor amigo su chica, su enamorada, la mujer de su vida. Tan solo actúo como un traicionero, deleitándome, aprovechando la situación por la conveniencia que me proporciona. Si Daisuke continúa en ese estado para cuando sea la fiesta de pre-promoción de fin de año, quizás yo… quizás se me pueda brindar esa oportunidad que tanto he estado buscando. Tras mi confesión de amor fallida ese día en el cuál ambos nos quedamos dormidos, en el cual tuve la bendición de sentir su fresco aroma, una mezcla de vainilla y durazno que emanaba su perfecto cuerpo, la ironía que nos envolvía fue evidente. Cada vez que tuviera una oportunidad esta fallaría por más perfecta que sea la ocasión. Sigo sin comprender por qué mi corazón se demoró tanto tiempo en tomar noción de lo importante que ella es para mí. Tampoco comprendo por qué siento tanto alivio al tener a Daisuke fuera de mi camino. Menos comprendo la razón de tener estos pensamientos tan malignos en mi interior. Solo quiero lo mejor para ambos mas no es suficiente para satisfacer esta angustia. Siempre he protegido a Kari, no hubo ni un solo día desde nuestra discusión que dejara de hacerlo. Por más que Fūka hiciera una aparición en mi vida, por más que también esté traicionando mi lealtad hacia ella tras todos estos años, aquél encuentro no cambia los hechos, sino más bien me hizo percatar de aquella dependencia. He por ello mi plan, el plan que se vino cuesta abajo tal y como lo hizo Daisuke.

Aquél pensamiento irónico tan solo me envolvió más en mis propios demonios que se alimentaban de toda esperanza restante en mi corazón. Levanté el rostro, retirando mi sombrero malgastado, para dirigir una última mirada a la sábana casi dorada que le abría paso al índigo nocturno. Un color que me hizo recordar a cierta persona con quien me crucé al salir de la habitación de nuestro líder. Su hostilidad podía ser percibida desde lejos, inclusive el día en casa de Miyako aquella sensación no había desaparecido. Esa mirada llena de resentimiento, si esa mirada diera con Fūka… ahora es cuando empiezo a anhelar que Daisuke despierte. Daisuke, quien siempre lograba resolver los problemas de todos, sea equivocándose o de la manera más improvisada posible. Quiero que Daisuke solucione mis problemas. Me he vuelto en un cobarde, incapaz de actuar por mí mismo, a no ser que sea para mi conveniencia. Todo lo que hacía antes era, pensaba cándidamente, por el bien de Kari para que madure. Luego aparece Fūka y mis prioridades cambian, prioridades que se vieron alteradas cuando la vida de ambas se vio involucrada tras cierto incidente en primero de secundaria. Fue en ese momento en el que sentí que debía protegerlas a ambas. No sé en qué momento empecé a actuar como un patán hacia la niña con quien solía tener aventuras en cada vacación de verano, mezclando las voces que salían de mi corazón.

Suspiré, percatándome que el tránsito de personas afluentes al hospital empezaba a incrementar. Es el horario de las últimas visitas. Si me quedo más tiempo pensando en mis problemas es muy probable que me cruce una vez más con Kari. Además, me encuentro preocupado por Patamon. Por lo que ella llegó a contarme, se encuentra sumamente deprimido… y es por mi culpa. Todo es mi culpa. Debo de hallar una forma de solucionar esto; no obstante, hay algo que nunca podré enmendar. Siendo eso el coma de Daisuke. Mi descuido, mi descuido con Fūka. La culpa debería recaer en mí, todo el odio, no en ella.

Empecé a caminar, observando de vez en cuando el camino de arbustos florales que decoraban la entrada. Azaleas, buganvilias, lirios, estoy seguro que es de aquí de dónde sacan las flores para hacer los arreglos en la tienda que se encuentra dentro. La ligera brisa de este interminable verano cargó consigo el aroma que las rodea evocando a que recuerde la primavera. Una primavera que parece no venir pronto. El pasado agosto tuvo un clima altamente inusual, todavía haciéndose presente ante nosotros. La bruma de este interminable verano, vuelvo a recalcar hacia mí mismo, sin darle paso al otoño, se volvía cada vez más sofocante. Uno ya no sabía cómo salir a las calles vestido, incluyéndome, tal y como ese día en casa de Miyako. Si el otoño no aparece, es muy probable que el invierno tarde mucho más, siendo imposible apreciar una blanca navidad.

—Hermana, ¿me estás escuchando? ¡Fū-nee!

Una voz carismática, llena de inocencia, se hizo paso a mis oídos. Ese timbre tan melódico que me transmitía alegría sea de manera presencial o por teléfono provocó todo lo contrario. Mi corazón se detuvo por un instante, seguro así se siente pasar por un mini paro cardíaco. Sin tomar noción de mis acciones, de un segundo a otro me encontré entre los arbustos que admiraba, escondido. El temor que sentía minutos atrás incrementó. Por más que Ken no sepa su apariencia estoy seguro que con tan solo un choque e intercambio podrá notarlo. Siempre ha sido así de perceptivo, de tener una mirada que sientes que te desnuda el alma.

¿Cómo lograste que esos ojos retornaran a la normalidad, Daisuke?

—Ah… ¿dijiste algo, Mihara?—escuché como Fūka respondía algo derrotada, como si cargase con un peso invisible—Lo siento… estoy un poco distraída.

—Fū-nee…—la hermana menor se adelantó un poco para luego tomarla de las manos—No te pongas así, no quise desconcertarte… además, supongo que la información fue algo difícil de asimilar

Mis oídos no podían creer lo que estaban escuchando. Mi cabeza. todavía meditando la razón del por qué me escondí como un fugitivo, analiza el contenido de la oración. Mihara se encontraba hablando con cierto tono de madurez, finalmente platicando como alguien de doce años de edad, dejando la dulzura y aniñamiento fuera. Debe tratarse de algo muy importante, algo que quizás no debería estar presenciando. Tragué algo de saliva para proseguir.

—No es solo lo que dijiste antes… sino el hecho que recién me entere que ya conocías a Daisuke—por poco y no lograba entender sus palabras al salir camufladas en un murmuro mezclado junto a un suspiro imperceptible—El día en el que el grupo de Yumi te lastimó… el día que te encontré en la enfermería, llorando por un tal hermano, creí que pedías por Akira. En realidad fue Daisuke quien te encontró y ayudó con tus heridas. Por eso me decías que tu hermano te ayudó.

—Dai-nii es una muy buena persona. Me alegra que tengas tan buenos amigos, hermana—su sonrisa brilló como los mil soles. Espero que nunca pierdas esa inocencia inquebrantable, Mihara—Me alegra mucho.

La conmovedora escena provocó un nudo aparecer en mi garganta, haciéndose imposible poder decir frase alguna. Si pensaba salir de mi escondite este no era momento. El atardecer murió tras su abrazo, un abrazo lleno de emociones y sentimientos transmitidos de hermana a hermana. Mi temor a que se encontrara con Ken disminuyó, suspirando con alivio cuando ambas desaparecieron sin dejar rastro atrás al dirigirse a casa. Mi plan de ir al Digimundo antes de que acabase la tarde había resultado en un rotundo fracaso. Espero que a Patamon no le moleste una visita nocturna.


Digimundo


Tras dejarle una nota en la cocina a mi madre, me dirigí hacia la aldea del inicio con optimismo, esperando poder finalmente dar cara a cara con el famoso Digihuevo. El cielo estrellado nocturno digital era una vista indescriptible ante mis ojos, que reflejaban las estrellas con su brillar. Extendí mi mano derecha, dejando que la luz de luna atravesara mis dedos para terminar en mi rostro. Aquella maravillosa vista me hizo recordar a la unión que tuve con Kari durante nuestra estadía en el Mar Oscuro. Sentir su piel con la mía, compartir un intercambio cercano pero a la vez lejano, un pecado tan hermoso que sería capaz de volver a cometer por más que impida el ingreso al paraíso. Un paraíso que cerrará sus puertas hacía mí, alejándome de mi ángel cuando Daisuke despierte. Detesto estos sentimientos conflictivos.

El escenario que me rodeaba no ha cambiado mucho. Los adornos infantiles, hechos para los Digimon bebé. Esbocé una pequeña sonrisa al recordar mi primera visita, aquella en la que conocimos a Elecmon y nos sumimos a una agitada situación. En aquél entonces era un niño, un hijo de mamá que tan solo quería regresar a casa, no quería pelear. Sin haber experimentado jamás algo tan cercano como una pérdida. Con tener a Yamato una vez más conmigo en este mundo, en cierta parte no quería volver a la realidad que nos volvería a separar y quitarme la oportunidad de volver a unirme con él. Pero la otra parte mía solo quería volver a brazos de mi madre. Tampoco quería separarme de Patamon. Me encontraba en una dicotomía interna, sin saber que era lo que deseaba. No obstante, aquellas inseguridades me ayudaron a mejorar, madurar y dejar de llorar por todo. Me enseñaron a ser más independiente. Quizás quería transmitir esa sensación a Kari. Aun así, tuvo que suceder esa terrible pelea con el maldito de Devimon, extirpando lo que valoraba más que mi propia vida. El sacrificio de Patamon me hizo abrir los ojos gracias a Ken. Por más que siga pensando en querer comprender lo que siente, en cierta parte agradezco su estallido emocional ese día tan significativo para mí, el día en el que sentí que me uní a Kari una vez más.

Sin percatarme había arribado a mi destino, la pequeña casa colorida, asemejando un arcoíris, en donde vivían los tres Digimon: Veemon, Gatomon y Patamon. Hesité un poco en tocar la puerta. Me pregunto si Patamon se alegrará en verme. Luego de tenerlo tanto tiempo lejos, de aislarme de él con cierta barrera invisible que he formado alrededor mío, no me sorprendería ver algo de hostilidad, sin incluir una mirada llena de tristeza. Con tan solo imaginarlo mi pecho empezaba a punzar. Antes de nuestra partida, él dijo que crea que nos volveríamos a ver. Si creo en esas palabras ahora mismo, ¿se encontrará pensando en eso, que nos veríamos de nuevo por más distancia que yo haya formado?

—Tk…

Una voz me hizo pegar un susto, para dar media vuelta y recostarme en la diminuta puerta de caoba que me separaba con el otro lado. Bajé la mirada para darme con aquél Digimon que reflejaba un gato blanco egipcio, Gatomon, quien se encontraba con un par de frutas en mano.

—H-Hola…

—Verte aquí me da a entender que Kari logró transmitir el mensaje de Patamon—empezó a asentir para sí misma, colocando una de sus garras bajo el mentón—¿Qué haces ahí de pie? ¿No piensas pasar? Patamon se encuentra dentro cuidando a mi bebé.

—Sobre eso…—nunca me había encontrado tan nervioso al hablar con ella, ni siquiera cuando solía ser parte de los sirvientes de Myotismon—Verás… yo…

—No me digas que estás teniendo arrepentimientos—al notar que dio en el blanco, no me quedó más opción que despistar mi vista hacia el oscuro césped incapaz de enfrentar los celestes suyos—Sabes muy bien que Patamon se alegrará al verte. No te voy a negar que se encuentra muy deprimido pero estoy convencida que si te ve aquello se le irá tan rápido como vino.

—Ustedes sí que se entienden el uno al otro… siento que he perdido esa habilidad con él—echo un suspiro a nadie en particular, hundiéndome en mi pesar—Tengo tantas cosas en mente que temo… temo que si Patamon me rechaza… mi mundo caiga.

Con un ligero gruñido provenir de su hocico, exclamó.

—¡Ya estoy cansada de verlos así, ahora entra!

Sin esperar a alguna reacción mía, me taqueó dejando que todas las frutas se esparcieran en el jardín, para revelar que la puerta se encontraba abierta sin seguro alguno. Cayendo mi espalda contra la perilla de metal no pude evitar soltar un alarido por el dolor. Con Gatomon encima de mí no podía moverme mucho, incrementando el golpe. Mi gorra se encontraba tirada algo lejos, lo cual hizo que mi línea de vista chocara con mi camarada, el mejor amigo que pude pedir en aquellos días de mi infancia. Se encontraba al lado del famoso Digihuevo que Kari me había mencionado horas atrás. Tras observar su figura del color naranja pastel que carga, característica suya, sus diminutas alas se habían abierto por la sorpresa que se pegó debido a que la fuerza de la felina los había dejado a la intemperie al romper la puerta. Tras levantarse de mi cuerpo, lo cual hizo que lograra finalmente rodar hacia el suelo separando mi espalda de la perilla, empieza a hablar.

—Sí, lamento lo de la puerta pero es por una buena causa—justifica sus acciones—Ahora, si me disculpan, ustedes dos tienen mucho de qué hablar así que váyanse. Es hora de que el bebé duerma un poco y debo recoger toda la fruta.

¿Quiere que el Digihuevo tome una siesta? Pero si…

—Pero si es solo un hue...

Sin ningún intercambio de palabras, Patamon, de manera apresurada, me cubrió la boca con sus patitas para luego colocarse, como siempre, encima de mi cabeza tras ponerme mi gorra.

—¡Sí, está bien!

Replica de manera nerviosa, gritando casi como queriendo ocultar que mis palabras escaparon de mis labios. Tras recibir una mirada aprobatoria, la dejamos acurrucando el Digihuevo con su cola, para terminar recostada a su lado como si fuese una madre sobreprotectora, antes de ir por los alimentos que dejamos esparcidos afuera.

—Te salvé de una, Tk. No menciones nunca cerca de ella que es tan solo un huevo, ¿sí?—su voz casi no delataba pena alguna, es como si la imagen que tenía de él instantes antes se desvaneciera en mi corazón lleno de inseguridades—El golpe que recibió Veemon hace un tiempo al comentar lo mismo es algo que no quisiera volver a ver.

—Al parecer le ha tomado bastante cariño—agregué sonriendo un poco, intentando observar a mi compañero levantando la mirada, la cual solo llegaba hasta mi flequillo.

—Sí, dice que es su madre y debe cuidarlo mucho—me pareció escuchar una pequeña risa provenir de él, muy risueña dicho sea de paso.

—Entonces eso los volvería a ustedes dos los padres—agregué, contagiándome de su carisma. Sin embargo, sentí como se detuvo tras ese comentario—¿Patamon?

—Veemon dijo lo mismo hace poco…—escuché como se sumía en la melancolía—Siendo honesto, creo que él haría un mejor rol como padre que yo. Por más que tengan sus discusiones, últimamente Veemon y Gatomon pasan mucho tiempo juntos, conversando. Algunas veces los veo discutir, ella se sonroja un poco siempre… por eso pienso que sería mejor que yo. Además no me atrevo a mencionar nada debido a lo de Daisuke… Veemon debe de estar sufriendo mucho. No quisiera atormentarlo con esta duda insignificante tras verlo siempre tan decaído.

Sentí como se sacudió, quizás para disipar su mente.

—Eso no viene al caso. Me alegra mucho que hayas venido, Tk. Te extrañaba mucho. Tengo que agradecerle a Hikari. Por lo visto no te sorprendió ver el Digihuevo así que supongo que ya lo sabías.

Con eso dicho, se separó de mí para acurrucarse en mis brazos como lo hacía años atrás. Esbocé una sonrisa al verlo tan cerca, apreciándolo. Lentamente empecé a acariciarlo detrás de sus alas, para sentir cómo se le erizaba la piel por lo placentero que se sentía. Sus ojos dieron contra los míos, esta vez percatándome de las penas que cargaba. Aparentemente lo que me contó hace unos instantes también era algo que rondaba en su pequeña cabeza, además de aquellos que tienen que ver conmigo. No merezco ser su compañero por fallar en notar su angustia y agonía.

—Tk, ¿te parece si nos ponemos al día aquí?

Su sugerencia fue la colina en la que nos encontrábamos, en donde podía admirar la fantástica aldea del inicio. Se podía observar a todos los bebés durmiendo pacíficamente, siendo bañados por la luz de luna digital. La vista me quitaba el aliento, parecía sacado de una película, casi un sueño, surreal o irreal. Por poco puedo sentir los destellos celestiales hundirse en mis ojos cristalinos casi como una piscina. Esta sensación me recordó a un evento de la mañana, el momento en el que Kari recalcó el hecho de no ser amigos para que me ande contando sus cosas. En ese momento la jalé hacia mí. Deseaba abrazarla, negar toda esa acotación que también utilicé yo. Enmendar uno de los miles de errores que he cometido en mis dieciséis años de existencia. Por algún motivo, caí rendido ante mis rodillas, apoyando mis manos como puños ante el césped, dejándome llevar por mi furia y rabia intensa, los incentivos del gran odio que siento hacia mí mismo. Me dejé hundir por la belleza nocturna, para luego erguirme y tener a mi compañero al lado.

—Patamon… yo… yo quisiera disculparme contigo, amigo mío—murmuré, como si no quisiera que el lejano bosque escuchara mi confesión—Desde hace muchos años he contado contigo en todo momento, sea bueno o sea malo. Tu apoyo incondicional ha sido una bendición para mí.

—Tú sabes que siempre te apoyaré, Tk—tras decir aquello, tomó asiento a mi lado—Por más que nos separe un televisor o pantalla de computadora, sabes muy bien que estaré a tu lado.

Esa misma lealtad, esa misma amistad que demuestra, siento que he traicionado sus sentimientos.

—Lo siento… lo lamento, no sabes cuánto lo lamento el no haberme percatado de tus emociones, de tus inseguridades. También tienes tus problemas aquí en el Digimundo y yo solía cargarte con los míos…

—Tk…—su diminuta pata se hizo camino hacia la palma de mi mano—No es ninguna molestia para mí escucharte. Me siento muy feliz cuando lo haces, porque siento que confías en mí. Esta distancia me hizo pensar que quizás sucedía lo contrario…

Al observar aquellas alas descender en derrota, una vez más apareció el peor enemigo de la humanidad en mi garganta, impidiéndome pasar saliva.

—Patamon… yo… esa no fue mi intención, nunca lo fue. Yo solo deseaba protegerlas, tanto así que aislé a todos. Inclusive a quienes deseaba proteger. No sé qué curso de acción tomar. Es mi culpa que te encuentres así… todo es mi culpa...

Una gentil bofetada se abrió paso a mi rostro, dañándolo con lo que parecía ser una de sus alas que segundos atrás se encontraban resignadas. Sentir aquella suavidad dar contra mí, no sé si verlo como una bendición. Volví a tener mis ojos cristalinos, para ver a través de aquél difícil espejismo, a mi compañero en el mismo estado. Ambos hundidos en un mar invisible.

—¡No seas un tonto!—exclamó, dejando fluir las lágrimas que tanto tiempo guardó—No puedes cargar con toda esa culpa tu solo, no puedes. Abre los ojos, date cuenta de lo que te rodea, Tk. No estás solo, nunca lo has estado. Tienes a Daisuke, tienes a Kari, tienes a Fūka… ¡me tienes a mí!

—Patamon…—sin percatarme, fue mi turno de formar parte de esta función emocional que creí haber perdido hace mucho. El sabor salado podía sentirlo en mis labios, inclusive saboreándolo por la melancolía y los eventos que me hacía recordar. Me lancé hacia él, cargándolo en lo que podía ser el abrazo más cálido que he recibido en mi vida, un abrazo que siento que es capaz de salvarme de estos demonios que me comen—Eres tan importante para mí, no soportaría perderte por mis acciones inmaduras.

—No digas esas cosas, tampoco quiero perderte. Siempre voy a estar ahí para ti, me necesites en donde me necesites. No lo olvides. Es cierto que cada uno tiene sus propios problemas pero estamos para ayudarnos, para eso son los amigos, ¡tienes que creer!—

—Ya no sé qué es tener un amigo… ¡no sé qué es!—las lágrimas que comía al hablar me atragantaban, ahogándome en desconsuelo—Me deleita ver a Daisuke en coma, a Kari sufrir, a Fūka desconcertada… es como… ¡como si disfrutara de su sufrimiento! Si Daisuke sigue en coma puedo estar siempre al lado de Kari. Si Kari sufre puedo protegerla, si Fūka se encuentra perdida, puedo guiarla. Trato de aprovecharme de estas situaciones para mi propio beneficio... no sé qué camino tomar… ¿cuál dirección crees que sea la correcta?

—No importa, yo solamente te seguiré, Tk. Vayas a donde vayas, te equivoques o no… ¡siempre estaré de tu lado!

—Patamon… ¡Patamon!—lo abracé mucho más, siendo como sus latidos se mezclaban con los míos—Ese día, tres años atrás… cuando ingresamos a la secundaria, me alegró ver a Fūka en mi salón de clases. Luego de insistirle tanto que ingresara a mi secundaria lo hizo. Quería tenerla cerca para que no vuelva a recaer… nunca creí que sería yo el causante de otro incidente…

Patamon se separó de mí, observándome con sus ojos celestes casi rojizos por el llanto. Su nariz sonó un poco al respirar, al igual que la mía.

—Te refieres a ese incidente con el tabaco… el que me contaste… en ese que casi te rompes por completo cuando me viste.

—Fūka se percató de mi atención hacia Kari. Que siempre la observaba a lo lejos, asegurándome que se encontrara bien. Me preocupaba verla sola siempre, aislada. Fūka todavía no se encontraba del todo recuperada y plantó los cigarrillos en el bolso de Kari. La hizo pasar por culpable de traer dicha cosa a la escuela. En ese momento decidí entrar al consejo estudiantil para protegerla… a como dé lugar. Nunca hubiera imaginado que ahora ellas dos sean muy buenas amigas… es por eso que me duele. Siento que las estoy traicionando a la misma vez.

—Tk… lo recuerdo muy bien. Tu expresión ese día, tan demacrado… nunca te había visto de esa manera… no desde que me contaste cuando la conociste. Ese día jamás lo voy a olvidar—sumido en los recuerdos, sentí como su respiración incrementaba, aguantando otro tsunami de emociones—No me digas que Fūka… tiene algo que ver en todo esto.

El silencio que proporcioné provocó que soltara una expresión de sorpresa, aturdido por los hechos.

—Ay no… Tk…

—No tiene caso… me siento como un traicionero apuñalando espaldas… ¿crees que si logro disculparme con Kari y decirle lo que siento merezco un perdón de parte de Daisuke?—balbuceé, aguantando las lágrimas que querían volver a salir.

—Todos tenemos derecho a dudar nuestros propios sentimientos… estoy seguro, no… positivo que Daisuke comprenderá. Después de todo es Daisuke. Son amigos. Es terrible tener ese tipo de pensamientos, sobre todo creer que estás traicionando aquello que tanto aprecias… ¿recuerdas lo que le pasó a Yamato? ¿Qué dudaba con respecto a la amistad? Date cuenta, Tk… la amistad va mucho más allá. Esos sentimientos que tienes son generados por algo tan bello y noble como la amistad—

Me quedé atónito, sin nada que decir. Escuché como proseguía.

—¿Por qué crees que todos están sufriendo? Todos cargan algo que duele, que los hace sufrir, todo por la amistad y el amor que sienten entre ustedes. Si tan solo vieran el otro lado estoy convencido que serán capaces de escapar. En vez de verlo como una traición, piensa que estas solucionando parte del problema. Que cuando Daisuke despierte se encontrará en un lugar mejor que lo reciba, un lugar lleno de felicidad, que su sacrificio no fue en vano—

—¿Pero cómo?— finalmente algo escapó de mi interior, —Al sentir que es mi culpa… siento que debo de actuar como Daisuke. Es por eso mi nuevo comportamiento hacia Kari es un lado que desconocía de mí mismo. Debo de serlo hasta que despierte…—

—¡Ya te dije que no seas un tonto!—una vez más, lo hice llorar—No actúes como el reemplazo de Daisuke, ¡sé tú mismo, Tk!

Abrí los ojos, asimilando sus palabras. Tiene toda la razón, solo estaba actuando como un reemplazo.

—Patamon…

—Entiendo lo que sientes. Todo este tiempo he sabido que estabas sufriendo, incapaz de hacer algo. Siento que debo recuperar ese tiempo perdido. Ayudarte. Si tú sufres, yo sufro. Si tú lloras, yo lloro. Los sentimientos que cargamos están unidos. Estamos conectados por algo mucho más que un Digivice o una simple amistad. Quiero creer que los Digimon y los humanos están atados por un lazo tal y como el hilo del destino—se lanzó hacia mi cuello, abrazándolo—Tu vida es como mi propia vida… si algo te llegase a suceder… si algo te llegase a suceder por tu inseguridad, por algo que no pude enmendar, jamás me lo perdonaría. Por eso, Tk… confía en mí. Si te digo que las cosas van a salir bien, lo harán. Nosotros cargamos la esperanza, si ella no aparece nosotros la hacemos brillar. Nosotros somos la esperanza de sus corazones.

¿Por qué no me di cuenta de eso antes? Somos la esperanza de sus corazones. Debemos guiarlos hacia la luz. Si Kari es esa luz, si yo los guío, es una manera de salvarlos, inclusive de salvarme a mí mismo.

—Gracias, Patamon…—una vez más, lo sostuve en mis brazos, acariciando su mejilla con la mía—No sabría qué hacer sin ti…

Me pareció escuchar una ligera risa provenir de él.

—Siempre estaré para apoyarte. Te lo dije antes y lo vuelvo a repetir… yo solamente te seguiré, Tk.

Retomando un poco la compostura, lo ayudé a tomar asiento en el césped mientras me secaba las lágrimas restantes. Sentía como ardían mis ojos por la sal, por el estallido que liberé como alaridos hacia la noche, como si fuese un solitario lobo observando la luna llena. Podía percibir como caían algunas estrellas, incapaz de pedirles un deseo al este ya haberse cumplido.

—Quisiera escuchar un poco más sobre ti—me atreví a decir, preocupado por él y también arrepentido de haber tomado el estrellato por un largo tiempo.

—¿Recuerdas que te acabo de comentar que siento como nuestros sentimientos están unidos?

—Creo que esta reunión emotiva lo ha dejado muy en claro—solté con una ligera carcajada mientras Patamon sonríe a ojo cerrado.

—Digamos que siento las mismas emociones que cargas en estos momentos—no comprendía a qué se refería—Tal y como estás enamorado de Hikari… creo que también me estoy enamorando—

—E-Enamorado d-d-e Kari… vamos, Patamon.. no sea ridi...

—¿Ridículo? Vamos, Tk. No puedes engañarme ni engañarte a ti mismo—me quedé con las palabras en mi boca—Es por eso que me duele verla con Veemon. Si lo que estoy pensando es correcto, eso significa que tiene sentimientos hacia él, como Kari y Daisuke.

—Al parecer ambos estamos sufriendo de desamor—me quedé meditando, absorbiendo las palabras de mi amigo—Conexión entre humano y Digimon…

Aquello suena complicado y fascinante a la misma vez. Si llego a ver a Izzy me encantaría comentarle al respecto. Estoy seguro que lo emocionaría y desearía investigarlo, al igual que a los demás chicos.

«Veemon debe de estar sufriendo mucho. No quisiera atormentarlo con esta duda insignificante tras verlo siempre tan decaído.»

«Siento que me quedo sin energías…»

«¿Es esta la sensación que no podías explicarme?»

«Tu vida es como mi propia vida… si algo te llegase a suceder…»

No puede ser. Simplemente no puede ser. Quiero creer que lo que estoy penando no está relacionado pero si sigo la línea de pensar de Patamon todo tiene sentido.

—Patamon…—me atreví a decir.

—Dime—replica, sobándose sus ojos por el llanto anterior.

—¿Desde hace cuánto tiempo Veemon se siente así de decaído?

Observé como se detuvo a pensar.

—Digamos que más o menos al mismo tiempo que el coma de Daisuke.

—¡Lo sabía!—grité al levantarme del jardín—Veemon se siente agotado por el estado de Daisuke. Si tomamos que los Digimon y los humanos están conectados por un lazo más profundo que el del Digivice eso lo explica. Si Veemon se está quedando sin energías, eso significa que Daisuke está perdiendo lo mismo… no quiero pensar lo peor pero… si es así… si Daisuke se está quedando sin energías… ¡no, no quiero creerlo! Tengo que avisarle a Kari y los demás.

—… oh no… no… no…

Aparentemente Patamon había comprendido mi conclusión. Solo para un par de segundos después soltar una pregunta mientras corría cuesta abajo regresando al hogar que compartían.

—Pero si es así entonces… ¿por qué Veemon se siente mucho más cercano a Daisuke cuando está en el Digimundo?

—¿Qué?

Me quedé desconcertado, sin comprender. Kari nunca mencionó nada de eso. Es muy inusual que Veemon pueda sentirse de esa manera. Daisuke se encuentra en coma en el mundo real, es imposible que su consciencia…. ¿qué tanto me estás ocultando, Hikari Yagami? Fue en ese instante que los dioses del Digimundo hicieron un complot para que llegara un mensaje a mi D-Terminal con su nombre.

«Koushiro ya me dio el visto bueno. Si sigues en el Digimundo sería fantástico si pudieses darle la buena noticia a Gatomon. Vi a Ken en el hospital pero parecía estar yendo a otro lugar, no me llegué a cruzar con él. Espero que no note el estado de DemiVeemon… me encuentro muy preocupada. Espero no haber interrumpido tu noche. Hasta mañana.»

Mi inseguridad durante la tarde fue confirmada. Ken sí llegó a hacer una aparición, por suerte luego de que mi falso amor se retirara.

—Como te estoy diciendo, Veemon no sabe cómo explicarlo. También nos pareció muy extraño…—recalca una vez más, desagradado de mi respuesta.

—Solo hay una forma de averiguarlo—logré decir, todavía corriendo.

—¿Qué vas a hacer?

—Si el trabajo de la esperanza es guiar hacia la luz… ya sé a quién debo de guiar primero.

—Tk… ¿estás seguro de lo que vas a hacer?—sentí como se aferraba a mi gorra.

Asentí, no sin antes detenerme frente a su nuevo hogar, observando a Gatomon dormir plácidamente al lado del misterioso Digihuevo. Me acerqué a ellos, procurando no despertarlos haciéndome el despistado de los evidentes sentidos sensibles de la felina. Reposé mi mano en el huevo, examinando su blanca superficie con corazones pasteles. Tal y como lo sospeché, no hubo reacción alguna.

El coma de Daisuke, este misterioso Digihuevo, el estado de Veemon en el Digimundo tanto como en el mundo real… la aparición de Fūka en el mundo de las tinieblas… la llamada del Mar Oscuro… hay algo que me estas ocultando. Tu viste o sentiste algo ese día, algo que guardas como un secreto, tal y como un diario bajo llave y candado. Debo guiarte de regreso a tu propia luz, cuando lo haga la verdad saldrá. Se te va a hacer imposible escaparte de mí. Irás a esa fiesta conmigo quieras o no, Kari.


Bueno, aquí acaba el capítulo 23! Una actualización bastante rápida debido a los siguientes motivos: quizás no escriba hasta mediados de Diciembre. Son mis exámenes finales de la Universidad y de ahí vacaciones! (lo cual significa mucho más Ironía para todos ustedes… por más que ya vaya a acabar lol)

PD: Ah, cierto! En mi país el verano empieza más o menos en Noviembre y acaba en Abril, es en esas fechas de fin de año cuando varios colegios hacen fiestas tanto de pre-prom como prom. (cuarto y quinto de secundaria respectivamente). Sin embargo, he tomado esa última referencia del lugar en donde vivo aplicándola en invierno dado que en Japón es un periodo diferente en estaciones y no hacen celebraciones de este tipo como escolares. Échenle la culpa a la yo del 2011 por este setting.