Nota: nuevos personajes iran apareciendo a medida que la historia avance.
.
La Guardiana
-Más allá del deber-
.
.
Los días corrieron rápido como la corriente de un río o al menos así lo sentí con Zelos a mi lado, El Placidium lucia más grande y hermoso paseando tomada de su brazo, los arboles más gruesos y frondosos cuando descansábamos juntos bajo su sombra, hasta las flores parecían más perfumadas y coloridas cuando era él quien me las regalaba, pero no era correcto, podía notar las miradas inquisitivas de algunos Ionianos y aunque solo se limitaban a miradas era solo cuestión de tiempo antes de que alguien fuera a intervenir…
Una importante reunión estaba a punto de tomar lugar y todos en el corazón de Ionia debían asistir, la villa donde se encuentra el Templo de Pallas elegiría a su nuevo Guardián y todas las personas importantes de Ionia debían acudir al llamado, pero los pensamientos de la Oráculo se encontraban divididos en 2 predicamentos, ya había decidido no renunciar a sus sentimientos por el Ioniano aun cuando significara ir en contra de todo lo que debía respetar, por otra parte desde que había llegado a la isla no había tenido ni una sola premonición y con el pasar de los días su angustia por esta situación no hacía más que aumentar, nunca pasaban más de dos días sin que viera algo y aunque no tenía planeado hablarle de sus inquietudes a Zelos pronto seria evidente para cualquiera.
Iban juntos en un sencillo carruaje, ella como acompañante del nuevo capitán no como Oráculo, aun cuando su presencia y la de muchos más era requerida.
La carcomía su conciencia, sabía que en cuanto pusiera un pie en Pallas solicitarían su presencia para hablar de sus premoniciones, no había forma de engañar a los Ionianos es como su pudieran ver a través de todos y ella era un libro abierto, se darían cuenta de que no habían visiones y no tardarían en culpar a Zelos, no necesitaba ver el futuro para saber eso…
-Ze-Zelos… dime ¿Cómo es Pallas?- Preguntó distraída sin dejar de mirar por la ventana.
-Es un pueblo pequeño pero muy hermoso, hay un pozo de corrupción que debe ser vigilado por un guardián, bueno es por esa razón que nos dirigimos allí, el pozo a través de los años ha atraído a magos y hechiceras que han intentado contener esa energía, al día de hoy toda la magia usada lo ha convertido en un lugar único en el continente.-
El muchacho de cabello oscuro dormía con los brazos cruzados, si no fuera porque sus ojos estaban cerrados se pensaría que estaba de guardia, mientras que ella se preparaba para hacer su movimiento, una pequeña nota que dejó junto a él explicando breve y vagamente sus motivos fue todo lo que quedó antes de sobornar al cochero y abandonar su transporte.
No le temía a la tierra salvaje de Ionia, era una nación pura y gentil, como una madre.
-Bien... Según las indicaciones del cochero un par de horas al oeste conducían a un Templo… ¿Por qué no me sorprende? Aquí solo hay Templos o villas encantadas.-
Después de 3 horas de caminata pudo ver un pequeño Templo, en comparación a los otros que había visitado, se escondía entre las hojas caídas de los árboles que lo rodeaban, antes de que estuviera lo suficientemente cerca como para que alguien la viera se detuvo en seco.
-¿Qué voy a decirles? No puedo simplemente llegar diciendo "Hola estoy huyendo de mis deberes ¿Puedo esconderme aquí hasta mañana? Probablemente me echarían a patadas, tampoco puedo decirles que me extravié, no tengo intenciones de que me manden de vuelta a Pallas a pie…- Mientras meditaba un sonido llamó su atención, era el sonido que hace el viento cuando lo cortan, había oído algo similar antes, como cuando lanzas una flecha, se acercó silenciosa, una cazadora siguiendo a su presa.
Cuando finalmente encontró el origen del sonido pudo verlo, un hombre de largo cabello castaño entrenaba observado con gran interés por un joven un par de años menor. En cuanto ella se acomodó, el menor de los hombres se marchó en dirección al Templo.
-¿Sabes que es de mala educación espiar a las personas?- El fuerte tono de voz del espadachín le dio un escalofrió generalizado por la espalda.
-Lo siento… no era mi intención.- Con voz igual de firme salió de su escondite para presentarse ante el extraño.
Ella continuó acercándose al hombre hasta que cuando estuvo solo a unos pasos él sacó ligeramente su espada de la funda, ella se detuvo, sin miedo y sin dejar de mirarlo a los ojos.
-No debes acercarte de esa forma a un extraño armado.-
-Lo dices como si supieras que no podría defenderme… o hacerte daño.- Respondió con una sonrisa inofensiva. El hombre rio sutilmente y le dio la espalda para tomar un trago de lo que fuera que tenía en su cantimplora de bambú.
-Me llamó Yasuo, el de allá es el Templo del viento.- Al parecer el ya no tan desconocido había decidido que ella no era una amenaza. Esperó que la mujer imitara su corta presentación pero no dijo nada, de hecho ni siquiera se movió del lugar en el que se había detenido. -¿No tienes nombre? Porque muda no eres.-
-Sekai, me llamo Sekai.- Debía practicar sus mentiras, le dijo sin cambiar su estoica expresión facial y desde que había salido de su escondite no le quitaba los ojos de encima.
-Bien Sekai que te trae al Templo del vie-
-De donde vengo se acostumbra dar la mano al saludar.- Exclamó con un semblante mucho más suave y amable. El hombre volvió a mofarse y se aproximó rápidamente para cumplir con el saludo de la extranjera.
Puedo verlo, Yasuo y su hermano Yone, el pupilo estrella de su escuela, el único en décadas en dominar la técnica del viento, un corazón rebelde hambriento por probar su valor y con un ego y honor igualmente grandes… Interesante.
-Entonces Sekai, espía extranjera ¿Qué te trae por aquí?-
-Solo estoy de paso… La verdad debo ir a otra parte, pero creo que tomará más tiempo del que había previsto, solo buscaba donde descansar.-
-Claro… Sígueme.- Le dijo mirándola de reojo mientras guardaba sus cosas.
-Maestro, tenemos…-
-Visita, lo sé. Yone me lo dijo.- Un anciano muy sencillo estaba sentado en el suelo frente a una humeante taza de lo que parecía té.
-Es una viajera extranjera, necesita pasar la noche.-
-Oh bueno, no es usual que las personas lleguen hasta aquí por casualidad, por supuesto que es bienvenida.-
Demasiado bueno para ser verdad. –Gracias por su gentileza, pero no quiero ser una carga, por favor asígnenme alguna tarea que consideren pague mi deuda con ustedes.- Sugirió haciendo una reverencia.
-Bueno al parecer será una noche fría, hay que reunir más madera, puedes ayudar a Yasuo con eso.- El hombre aludido la miró con una sonrisa.
El bosque era pacifico, casi inerte como una fotografía, no había viento ni siquiera una brisa, tampoco se oían animales, sus pisadas eran lo único que resonaba en el aire.
De pronto el hombre que la acompañaba se detuvo por completo, el sol había comenzado a descender y el espeso bosque se oscurecía rápidamente, cuando ella volteó para verlo, él ya no estaba allí.
-Escuchaste al maestro, no es común que las personas lleguen aquí "por casualidad".- Su voz se escuchaba fuerte y claro pero por alguna razón ella no podía determinar el origen. Se mantuvo el silencio, ella se movía con cautela entre los gruesos y viejos troncos.
Una intensa ráfaga de viento revolvió la pequeña porción de follaje en el que estaba.
-Dime en seguida cuáles son tus intenciones si no quieres que te rebane la garganta.- El filo de Yasuo se encontraba a milímetros de la yugular de ella, podía sentir el frio del acero.
Ambos mantenían una respiración serena, algo en ella sabía que él no le haría daño.
-Habla ¡Ahora!-
-¡ALTO! BAJA TU ARMA DE INMEDIATO.-
-¿Quién demonios eres tú?-
-Zelos Lito, Capitan de las fuerzas Ionianas… baja tu arma.- El aura de Zelos se sentía diferente, las espadas que cargaba en su espada se veían inquietas, se movían. Yasuo lentamente bajó y enfundó su espada para seguir recogiendo algunos leños que estaban regados por el suelo. -¿¡Qué crees que haces?! No tienes idea lo que me has hecho pasar.- Zelos la sujetaba por los hombros.
-No soy una niña indefensa.-
-¿Por qué huiste? ¿Qué haces aquí?-
-Pensaba pasar la noche, volvería mañana… Te deje una nota.- La mujer no quitaba sus ojos de Yasuo, ni siquiera mientras hablaba con Zelos.
-Nos vamos en seguida.- Zelos la tomó de la mano para llevarla consigo pero ella se resistió, no se marcharía de allí. Yasuo se volteó justo en el momento exacto para ver la escena.
-Al parecer ella no quiere irse, pueden pasar la noche en el Templo.- Les sugirió con un buen montón de leña en sus brazos, listo para volver.
-¿No sabes quién es ella?- Zelos le dijo con tono serio, Yasuo se volteó para verlo. –Es el Oráculo de Valoran.- Esa frase causó en Yasuo un pequeño shock que le hizo soltar los leños.
-Entonces ya no es solo una sugerencia, de verdad creo que deberían pasar la noche en el Templo… a los Vastaya no les agradan mucho los humanos que andan por su territorio, más aun de noche.
Zelos se quitaba la armadura en la diminuta habitación que ambos compartirían esa noche, mientras ella solo miraba el fuego abrazando sus rodillas.
-Lo siento… No quise asustarte o preocuparte.-
-El Oráculo de Valoran desaparece mientras viajaba con el Capitan…- Suspiró, ella podría haberlo metidos en muchos problemas, bueno… más de los que ya tendrían por no haber ido a Pallas. –Solo quiero saber si te ocurre algo…- Se puso junto a ella sin tocarla.
-No he tenido una premonición en días… eso no es normal y estoy algo asustada… no quería llegar a Pallas y tener que dar explicaciones.-
-¿Piensas que podrían culparme?- Ante esa pregunta ella solo asintió. Zelos le tomó la mano y no dijeron nada más.
Zelos despertó de madrugada con la luna en su rostro solo para verla de pie junto a la ventana. La abrazó por la espalda y ella entrelazó sus dedos con los de él sobre su vientre.
-Te quiero…-
Susurró suavemente antes de enterrar su rostro en el cabello de ella. Dejó de darle la espalda y su mirada estaba cargada de dilección, ella recorrió el rostro de él con sus manos, cada detalle, cada rasgo quería grabarlo para siempre, se besaron con la luna de fondo. Él la miró fijamente por largo minutos.
-Vámonos de aquí.- Le sugirió con una sonrisa juguetona, ella solo rio.
Ambos corrían de la mano por el bosque que parecía más vivo que nunca, una cascada cristalina reflejaba la luna iluminando intensamente el claro, Zelos le soltó la mano y entró al agua.
-¡Diablos! Esta helada.- La ligera ropa que les habían prestado se pegó a su entumido cuerpo, ella lo siguió con algo de reticencia.
-No esta helada… era una niñita…- Se burló ella antes de desaparecer bajo el agua. Él la buscaba divertido intentado ver algún movimiento, de pronto sintió unas frías y mojadas manos cubriendo sus ojos, lo había atrapado por la espalda.
-Adivina quién soy.- Su voz ronroneó en su oído.
-La más hermosa de las visiones…- Zelos se volteó para poder besarla, los labios congelados de ella fueron una brisa refrescante. Ella se zambulló en los ojos celestes de Zelos, él comenzó a delinear el cuerpo de ella con sus manos, poco a poco sus temperaturas comenzaban a subir, se miraron con inquietud y algo de excitación.
-Yo… nunca he estado con nadie.- Dijo ella con una extraña mezcla de temor y curiosidad.
-Ni yo.- Respondió con una risa nerviosa.
Zelos acarició la barbilla de ella y volvió a besarla, más profundamente esta vez, las manos de ambos esta vez temblorosas y con lentitud empezaron a deshacerse de las prendas que les parecían obstáculos.
Acariciar la piel desnuda era una experiencia completamente nueva ya con únicamente curiosidad, sin miedo se exploraron libre y calmadamente el uno al otro, hasta que finalmente ella pudo sentirlo dentro. Clavó sus uñas en la espalda de él mientras ambos se fundían en un gemido de excitación, él la miró para asegurarse de que se encontrara bien, ella le respondió con un beso, tímidamente Zelos comenzaba a moverse sin soltar las caderas de ella, la abrazaba con tal anhelo como si de no hacerlo ella fuera a salir volando lejos, los 2 en profundo éxtasis y con completa libertad dieron rienda suelta a sus pasiones llegando al climax en absoluta sincronia y cuando se vieron nuevamente a los ojos pudieron notar que algo había cambiado, de verdad se amaban…
Con la luna nueva como único testigo en un claro, escondidos del mundo consumaron una unión que sentían habían estado esperando todas sus vidas, sus cuerpos desnudos descansaban, agotados en la orilla. Jugaban con sus manos, sobraban las palabras y aunque trataran no podían dejar de sonreír… El mundo había dejado de girar, no había responsabilidades, cargas ni deberes, ellos eran lo único que existía, lo único que importaba… Ella nunca lo dejaría y él jamás se separaría de su lado… no ahora que estaban finalmente juntos...
.
Fin del capítulo 12
Cualquier comentario es siempre bienvenido.
