AT THE BEGINNING
Kuroko caminaba hacia la escuela, miró al pelirrojo delante suya y recordó como empezó todo, simplemente eran unos extraños en la nueva universidad, con algo en común, el baloncesto. El peliceleste se había fijado en esa luz, había algo en él que le llamaba la atención, y así fue... Era un jugador espléndido, y junto a él, pudieron derrotar a toda la Generación de los Milagros. Ninguno imaginaba que eso pasaría, como que tampoco Kuroko imaginaba que iba a acabar sintiendo algo por su compañero. El peliceleste le estaba siguiendo tal como lo había hecho ese día, el día que se habían conocido.
Kagami, por su parte, nunca pensó que conocería a alguien como su sombra, alguien que le quitara el aliento y le sorprendiera todos los días. Incluso, cuando el grupo perdía las esperanzas en un partido, ahí estaba él para animarlos y que siguieran luchando por su sueño.
Solo eran extraños jugando al baloncesto, sin imaginarse lo que terminarían logrando. Ser los mejores de Japón, y encontrar al amor de sus vidas.
‒Kuroko-kun, apúrate, llegaremos tarde ‒ Kagami le dijo mirando por encima de su hombro a su sombra.
‒S-sí... ‒ el peliceleste salió de sus pensamientos y se acercó hacia el pelirrojo, agarrando su mano, entrelazando sus dedos. Kagami le sonrió mientras retomaban el camino.
Siempre se imaginaron que alguien estaría esperándolos, una luz para la sombra, y una sombra para su luz... Llevaban tanto tiempo esperando que nadie los separaría.
Una vez que finalizaron las clases y el entrenamiento, los dos chicos se fueron a casa del pelirrojo, ya que Kuroko pasaría el fin de semana en su casa.
‒Puedes ir a dejar las cosas a la habitación, yo prepararé la cena ‒ habló Kagami.
‒Vale, dejaré todo rápido y te vendré a ayudar.
‒Estoy bien con tal de que me quites a esta pulga de la cocina ‒ el pelirrojo estaba quieto mirando como Nigou estaba tumbado en el suelo de la cocina, y no tenía la intención de moverse. Kuroko tuvo que ir y cargar con el perrito en sus brazos medio dormido. Kagami dejó un espacio entre Nigou y él, aunque ayer se hubiese quedado en el piso de éste, aún no se acostumbraba y le seguía dando miedo.
‒Tendrás que empezar a estar más cerca de Nigou, es un perro adorable, no te hará nada ‒ dijo el peliceleste acercando al animal hacia la cara del otro.
‒¡Nyaaa! ¡Quítame ese saco de pulgas!
Estuvieron corriendo por todo el piso de Kagami, el pelirrojo escapando de Kuroko que tenía al perro en sus brazos.
‒¡Te mataré cuando lo sueltes!
‒Es adorable, Kagami-kun, vamos, acariciale ‒ dijo Kuroko con su típica cara de póker.
‒Kuroko, no, aún no estoy preparado ‒ dijo el pelirrojo mientras se subía a la alacena de un salto.
El peliceleste lo miró durante unos segundos antes de soltar al animal de sus brazos ‒ De acuerdo, luego lo seguiré intentando.
Kagami bajó de la encimera mirando como Kuroko se alejaba a la habitación, mientras que Nigou iba ladrando detrás suya.
Y es que a pesar de momentos como éstes, no Kagami no podía odiar a su sombra.
Ya que ellos estuvieron juntos desde el principio.
