Nota de Autora: Lamento la demora, acabo de regresar de un viaje. Espero que este capítulo cumpla sus expectativas! Se me ha hecho muy complicado de escribir… es por eso que en partes está muy simple o apresurado además quedó corto…. Espero se entienda uguu.
Capítulo 24: Fiesta
2 Meses Después: Diciembre
Hospital
—Vaya, no creí verte tan seguido por aquí.
Aquella lúgubre habitación, en la cual solo un selecto número de personas están destinadas a entrar, se iluminaba bajo la luz de la luna sin ningún rastro de imitaciones artificiales. El farol del exterior, que se podía observar tras las ventanas, extinguía su vida al prenderse en ocasiones, cubriendo el parque colindante a la cafetería del hospital en plena oscuridad. El ligero viento mecía las cortinas, inclusive jugando con el cabello de aquella persona que pasaba sus días encadenada a la barata cama. Además, osó en despeinar su cabellera lo cual hizo que soltara un gesto de fastidio.
—No es como si quisiera hacerlo…
La voz de Anzu Hagiwara se hizo paso en las tinieblas, intentando divisar el rostro de la persona pero fue en vano. Colocó su dedo índice en los labios para expresar su inseguridad tras sus palabras. Antes de que pudiese proseguir, la sombra retoma la conversación ignorándola.
—Supongo que la charla que tuvimos hace poco sigue inquietándote. En fin, eso no viene al caso. He tomado noción que desde ese día has contribuido con tus reportes.
La muchacha de cabello color amarillo intenso. Esta noche llevaba dos pequeñas coletas en ambos lados, haciéndola lucir mucho más joven de lo que es gracias a su diminuta estatura. El suéter largo de un tono menta se movía por su cuerpo en ademán de haber sido agarrada desprevenida con dicha aserción. De manera delicada, el dedo se deslizó dentro de su labio, sintiendo la aspereza, para que sus dientes dieran con la uña.
—Vamos, Anzu Hagiwara. Es de mala educación lo que haces—agrega con una ligera risa generando escalofríos en ella por más risueña que sonara—Por lo que veo el Mar Oscuro ha vuelto a recuperar su estabilidad. Sin embargo, eso me preocupa. Siendo su porta voz puedo sentir su dolor… sigue llamando… cómo decirlo, sigue llamando a más víctimas.
—¿V-víctimas? Pero yo pensé que...
—¡Silencio!
Anzu tuvo que morderse la lengua, tragando saliva para sí, retorciéndose cuando utilizaba su nombre completo para referirse a ella, como es de costumbre. Retiró el dedo de sus labios para terminar colocando ambas manos tras su espalda. Un ligero tambaleo ocasionó que sus zapatillas provocaran el irritante sonido asemejado a pasar uñas contra un pizarrón. Aquello, también hizo que ella entrara en un estado de pánico temiendo lo peor.
No me gusta venir aquí. No me gusta. Desafortunadamente no tengo de otra… yo nunca quise esto, nunca lo quise. Se supone que el Mar Oscuro… se supone que no debería hacer esto. Aun así, siempre sabe de lo que habla, es incapaz de mentir al respecto… tan solo quiero volver a aquellos días… Yumi… Tomoko…
—Como decía, el Mar Oscuro sigue llamando a más víctimas. Siendo precisos, siempre llama a la misma víctima… a las mismas víctimas. Eso es un dato interesante que he podido notar en tus reportes. Tú ves, yo escucho. Tú presientes, yo transmito. Es así como funciona esto. El lazo que nos une a ese lugar es inquebrantable. Es por eso la conversación del otro día.
Una sonrisa macabra se apoderó del rostro sumido en la oscuridad. Los ojos de la niña brillaron en terror, recordando.
—Yo nunca quise esto... nunca lo quise… no entiendo cómo fue que entré a ese lugar… Shamanmon y yo solo… no lo sé…
—Querida, estás diciendo cosas sin sentido—contesta, jugando con su dedo meñique en un cabello cercano a su nuca—El Mar Oscuro no llama a las personas por un simple capricho. De todas formas, ahora que no estas asistiendo a la escuela es imposible seguir monitoreando a la Luz y la Esperanza que desea.
—Yagami… Takaishi… ¿por qué los desea tanto ese lugar?—preguntó, formando ligeros puños, preparándose para la respuesta.
—No eres el Emperador para irte diciendo tanto detalle. Solo reportas. Ese es tu trabajo—replica de manera cortante, como si su corazón estuviese hecho de hielo—Por ahora solo me divierte tu sufrimiento.
De manera desafiante, Anzu apretó sus dientes, haciendo un sonido de fastidio.
—¿Mi sufrimiento?
—Ver la cara patética de Ichijouji me aburre. Ahora que viene a visitarme más seguido me enferma. Ah, si Osamu estuviese entre nosotros…—suelta un suspiro a nadie en particular—Por más que tu ausencia en la escuela perjudique el monitoreo, el dolor que te causa el estar separada de tus dos preciadas amigas es mi diversión del día a día.
—¿Es cierto lo que me dijiste hace un tiempo?—musitó la pequeña—¡Dime!
—No, no no… desafiarme no trae nada bueno, querida Anzu Hagiwara. Además, sabes muy bien que no tengo motivos para mentirte. Tu mera existencia fue la causante de los incidentes. Las votaciones, el abuso… el tan solo estar cerca a tus preciadas amigas, de las tales Yumi Sakuraba y Tomoko Mizuhara, las llenaba de malicia. Es correcto decir que dentro de ellas abundaba la envidia hacia el trato de la Esperanza ante la Luz, en especial tras encontrarse en una supuesta relación con el portador tanto del Valor y la Amistad. No obstante, la oscuridad que emanas tras estar vinculada al Mar Oscuro tan solo corrompía más sus corazones. Es por eso que tú sola optaste por alejarte de ellas, para ver si de esa manera podían volver a ser como eran antes. Ahora, con tu asistencia aleatoria y temor de provocar más problemas quizás nunca puedas disfrutar del fruto de tu sacrificio. Sin embargo yo me encuentro disfrutando de él. Es una delicia.
—Yo solo quiero lo mejor para ellas. Si alejarme de ellas les hará bien… estoy dispuesta a todo. Si puedo alejar la oscuridad de sus corazones… sé que eso no cambia las cosas, de haberle hecho daño tanto a todos. A Yagami, Takaishi, Motomiya, a Hinanawi y su hermanita… no tengo perdón alguno de esas cosas. Aun así estoy dispuesta a dejar todo para alejar más peligros que se puedan avecinar. Con el apoyo de Shamanmon es suficiente.
—Querida, ¿has pensado alguna vez que por qué tu Digimon es del tipo virus?
—¡Sea Virus, Vacuna o Data, eso no define la naturaleza del Digimon!—exclama como si fuese un capricho.
—Vaya, pero que pensamientos tan nobles— dice de manera sarcástica—Repito que eso no es de mi incumbencia. Ese tipo de pensamientos me aburren. Solo tengo interés en la desesperanza. Volviendo al tema inicial, es muy preocupante que el Mar Oscuro haya cesado con sus dos víctimas preferidas.
El silencio fue la respuesta de Anzu. Se encontraba a punto de retirarse, hasta que se sintió amilanada. Una sensación de pavor, una presencia que se abría paso en el hospital. Una presencia que conocía muy bien. Su rostro palideció con el pensamiento.
Muerte.
—Al parecer las cosas se están tornando interesantes…
La conversación finalizó tras la venenosa, fría, congelada risa de la persona que se bañaba en la oscuridad de la luz de luna, extinguiendo la vida del farol, impidiendo la perfecta vista a uno de los asientos de la cafetería.
Esa misma noche
Me encontraba en una posición patética, estoy segura que si fuese una espectadora sentiría lástima por mí misma. Cubría mi delicado llanto en contra de una almohada, abrazándola sobre mis rodillas, mi rostro hundiéndose en la suavidad que poco a poco se humedecía. Seguía sin creer lo sucedido, creyendo que este acto de debilidad haría que mis problemas desaparecieran, la situación en la que me encuentro en estos momentos se me hace imposible de creer. Mañana es el día que muchos en la escuela esperan con ansias; sin embargo, yo anhelo que un meteoro caiga en el sitio y destruyese el lugar en donde tendré que enfrentar mi peor pesadilla.
Un sollozo más se escapó de mis labios. Una vez más era una traicionera, el ardor en mis ojos solo empeoraba las cosas. Sin recordar cómo había sucedido, el fin de semana luego de los exámenes finales, me había dedicado a esta rutina nocturna de deprimirme creyendo que la almohada fuese la solución para aguantar el dolor. El olor que la caracterizaba desaparecía cada noche debido al llanto silencioso, las lágrimas frustradas que corrían por mis mejillas. Por lo menos servía como protección, no quisiera que mi hermano me escuchase de esta forma. Él ya tenía suficientes problemas últimamente que no deseo molestarlo con los míos. Hace mucho tiempo que no pensaba en desaparecer. Una vez más mis sentimientos ocasionaban un sabotaje interno. Tan solo me queda intentar dormir para el temible día que me espera mañana, un amanecer que deseo que nunca llegue. Pretendí dormir, realmente lo intenté. Aun así, la angustia que me carcomía era evidente, tanto así que mi sollozo incrementó para tan solo sentir como una ligera cola daba contra mi rostro. Quizás ese fue un intento de bofetada ligera, no lo sé.
—Kari… se me hace imposible ignorarte en ese estado. Me duele verte así, escucharte de esta manera… me siento inútil por no poder proteger a la persona por la que tanto esperé, la persona a quien más quiero… solo quiero que seas feliz.
Pude escuchar cómo la voz de Gatomon se quebraba de a pocos, para al final colocarse encima de mi almohada y abrazarme, dejando al Digihuevo atrás en la canasta que se encontraba al lado de mi cama. Sé que ella tiene razón, que lo que estoy haciendo no es lo mejor pero…
¿Qué otra solución hay?
—Gatomon… si no te hubiese conocido no sería la persona que soy ahora. Conocerte me cambió, ese viaje al Digimundo me cambió… nos cambió a todos y tras todos estos años no me arrepiento en lo absoluto…—musité intentando aguantar las lágrimas—Es por eso que quisiera regresar a esos días felices con todos nosotros… salir de esta pesadilla… ¡¿por qué Tk tuvo que insistir tanto?!
Quise contener mi grito en la almohada pero no fue suficiente. Mi hermano sufre de sueño ligero así que es imposible que no me haya escuchado. No obstante, la puerta nunca se abrió. Los latidos de mi corazón se detuvieron al no tener que enfrentar alguna amenaza familiar. Mi mamá y mi papá también se encontraban durmiendo por la hora que es, y sinceramente agradecí que no escucharan mi voz.
—Kari, escúchame—Gatomon colocó ambas patas en mi rostro, logrando que la mirara directamente en aquellos ojos tan celestes que carga—Puede ser que Tk haya sido muy persistente en decirte una y otra vez que vayas a esa tal fiesta con él, a la que ibas a ir con Daisuke pero al final fuiste tú quien aceptó, no olvides eso.
Ella tiene razón. Para huir sus palabras, volví a hundir mi rostro.
—No entiendo por qué acepté… no lo entiendo… ¡sé que estoy enamorada de Daisuke, estoy segurísima de ello! Incluso me decepciono de mi misma al no haberlo notado antes tras todo ese amor que me mostraba… pero ahora con esto no lo merezco… no entiendo por qué…
—Daisuke no es rencoroso.
Una diminuta voz se hizo camino en mi habitación. Gatomon y yo nos detuvimos para dirigir la mirada hacia la canasta con el Digihuevo. DemiVeemon se había despertado tras tanto alboroto en vez de mi familia. De a pocos, tambaleándose por el sueño, logró subir a mi cama para continuar luego de dar un diminuto bostezo.
—Daisuke no es de guardar rencores. Estoy seguro que el comprenderá, después de todo, logro sentir que tus sentimientos son genuinos—logra esbozar una sonrisa—No estás traicionando a nadie.
—Él tiene razón—lo apoya mi compañera—Siento que tan solo estás buscando una excusa para evadir todo esto… lo siento, Kari. Suena desagradable pero es lo que logro entender. Quieres huir de la realidad con pensar que Daisuke despertará odiándote por más que sepas que no es así.
Evadí su mirada, confirmando sus sospechas.
—Kari…
—Lo siento, Gatomon… lo siento, DemiVeemon… es solo… ¡Tk insistió tanto para ir conmigo, no tuve el valor para decirle que no! Inclusive sabiendo que estoy dándole la espalda a Fūka… tanto me dijo que sentí como si fuese una necesidad suya. Como si fuese extremadamente necesario que se cumpliera su petición… no quería causar más dolor pero al parecer me lo causo a mí misma y a ustedes dos…encima con ese supuesto acuerdo al que llegamos, todo porque yo no deseo que vuelvan las cosas a ese estado que él desea.
Más lágrimas empezaron a caer, no pude evitar sumergirme en la almohada una vez más. Lo único que se hacer es llorar, a eso me he dedicado todas las noches desde ese día.
Habíamos terminado los exámenes finales. Había sido una semana alocada pero al final todos salimos relativamente bien. De vez en cuando Fūka salía algo deprimida, quejándose de algunas preguntas diciendo en voz alta que en qué momento nos habían enseñado tal cosa. Tk, como siempre, trataba de tranquilizarla mientras reía y yo no podía evitar hacer lo mismo. Aun así, había un pensamiento que no escapaba de mi mente: Daisuke no había dado los exámenes finales como nosotros. Temía que se viera obligado a repetir de año tras despertar, cosa que me parecía injusta. Nosotros avanzando, como si lo dejáramos atrás, olvidado. Definitivamente no quisiera hacer eso.
¿Por qué no se me ocurrió fallar en todos mis exámenes?
—Me alegra verlos tan animados—recuerdo que Hibiki apareció de manera repentina rompiendo nuestra burbuja—Takaishi, si pudieses acompañarme un momento al consejo…
—¿Es urgente, Hibiki?—una vez más, Tk le habló de manera casual, cosa que ya sabíamos irritaba a la presidenta.
—¡Takaishi! Por enésima vez… ya, no tiene caso. Se podría decir que sí… ¿acaso tienes planes?
—Podría decirse…
En ese momento me percaté que nos observaba a las dos, tanto a Fūka como a mí. Ella, que estaba a mi lado, observé cómo se ruborizó un poco al sentir aquellos ojos azules en su persona. Desde que volvió a atender a clases de manera regular, su relación con Tk había mejorado, al igual que con la mía. Se podría decir que los tres parecíamos…
Amigos.
Como una tonta en ese momento, sacudí mi rostro al no querer sucumbir ante tales ideales de mi imaginación. Me gustaría creer, hasta ahora, que es cierto pero nunca puedo evitar no sentirme culpable de llevarme bien con la culpable de toda esta situación, por más convencida que estuviese que Daisuke la perdonaría. Además, recuerdo que no pude evitar sentir curiosidad sobre esos planes que Tk había mencionado por más que no fuese de mi incumbencia. Al notar la expresión de Fūka es muy probable que se tratase de algo entre pareja. Ah, que ilusa fui al pensar eso. Sintiendo la calidez de Gatomon y DemiVeemon a mi lado, seguí recordando mientras me hundía una vez más en la almohada no sin antes esbozar una sonrisa por dicha ingenuidad.
Ambas dejamos que la presidenta se llevara a Tk, lo cual nos dejó completamente solas. Podía escuchar la gentil brisa del interminable verano sobre nosotras, evocando la última vez que estuvimos en una situación similar. Aquella visita al hospital en donde me comentó que escuchaba voces cuando íbamos a visitar al hospital a mi falso amor. El silencio era abrumador, podía sentir cómo la atmósfera entre ambas se volvía pesada. Ella recostada en una pared del pasadizo, yo mirando la ventana a su lado.
—Oye, Hikari…—en ese momento no me percaté de la inseguridad que transmitía su voz, tan solo me asusté al ser ella la primera en hablar—Gracias por ser mi amiga todo este tiempo.
Aquella declaración me agarró por sorpresa, debo admitir que hasta me hizo retroceder de la ventana, mirándola llena de asombro sin creer sus palabras. En ese instante, no sabía cómo responder, cosa que me arrepiento hasta ahora al no saber los eventos que se desencadenarían luego.
—Lo siento si fue muy repentino. Creo que no he tenido la oportunidad para decirlo y ahora que no hay nadie me pareció ideal. Además…—noté como agregó una débil sonrisa para luego colocar dos dedos de manera gentil en sus labios, casi rozándolos—Quisiera agradecerte, también, por salvarme ese día.
Mientras ella desviaba la mirada, me encontraba perdida sin saber que palabras emplear. Recuerdos empezaron a fluir por mi mente, convencida de que hablaba del incidente del Mar Oscuro. Sin embargo aquello era imposible ya que parecía no recordar el hecho de haber estado ahí. Por lo tanto algo debe haber sucedido a la misma vez que su cuerpo se encontraba en ese lugar. A no ser que haya sido su consciencia… tal y como vi a Daisuke.
—Fūka, no tienes que agradecer. Yo… yo siempre… yo siempre te he considerado como mi amiga.
Lo que dije me salió del corazón. Por más conflictos, por más malentendidos, por más incidentes, siempre he querido creer que ella es una buena chica con circunstancias que no desea decirle a todo el mundo salvo a Tk. Me gustaría que algún día pudiese abrirse así conmigo, aunque ¿quién soy yo para pedir imposibles al tampoco ser honesta con ella?
—Hikari…—de un segundo a otro, sentí su cálido abrazo—Gracias, no sabes cuánto significa esto para mí
Tras separarse de mí, me da un ligero beso en la mejilla que me deja pasmada, sin comprender el significado.
—Pase lo que pase, recuerda que eres importante para mí. Te quiero, Kari. Eres una de las mejores personas con las que me he podido cruzar en mi vida.
Kari. Me dijo Kari.
Seguía sin comprender de dónde provenía tanto sentimentalismo, me sentía agobiada por todo al no entender el significado. Me quedé callada sin saber qué contestar al no ser propio de nuestra cultura demostrar ese tipo de afecto.
—Por eso te pido un favor.
Lo que me temía. Estaba segura que llegaría a esto. Es cierto todo lo que pensé sobre Fūka sin embargo siempre le temo a ese lado oscuro que carga.
—D-Dime y um… v-veré si p-puedo hacer algo al respecto...—me vi interrumpida.
—No vas a ver si puedes hacer algo al respecto, lo vas a hacer—dijo, recalcando la última parte—Verás… me gustaría que aceptases la petición de Takeru. No hay peros. Hazlo por mí… no, hazlo por él.
Ahora que recuerdo todo, en ese momento me pareció muy extraño pero ahora todo tiene sentido. Una vez más me quedé callada, tan solo para ser salvada por el regreso de Tk y Hibiki, quienes parecían estar hablando de manera muy amical, él algo sonrojado, con un rostro que parecía no creer lo que acababa de pasar. Debe haber sido una charla muy importante para dejarlo de ese modo, pensé ahí. Fūka se acercó a él para mencionar que debía regresar a casa temprano por su hermana menor, que debía ir a unas clases extra para prepararse para su examen de ingreso a secundaria. A la misma vez, Hibiki empezó a caminar diciendo que aún tenía asuntos inconclusos en el consejo, en especial con las hermanas Kanzaki. Aparentemente el hecho de que ya estuviese por dejar la escuela no significaba una disminución en deberes. Antes de retirarse, le dio una ligera palmada en la espalda a Tk, cosa que fue algo gracioso de ver al ser ella tan pequeña, como felicitándolo por un buen trabajo. Ahora, ambos solos, no me percaté cuándo fue que me sostuvo de la mano aquél rubio que lo único que hace es plantar dudas en mi corazón.
—¿Vamos? Es hora de visitar a Daisuke. Además, quisiera hablar contigo de algo importante.
Avanzando como si fuese un vídeo o película que ya he visto una y otra vez, tan solo para dirigirme a la escena que me importa, hice lo mismo con estos recuerdos, sin separarme de ambos Digimon que intentaban apoyarme de la mejor manera posible. Una vez más, éramos los únicos en el lugar, observando a Daisuke tras la vitrina que lo separa del mundo real. Mis ojos no se separaban del monitor que indicaba su pulso, tampoco de sus labios que parecían morados por los meses. Los cables intravenosos que lo mantenían entre los vivos era su única conexión con este plano. La luz artificial que iluminaba su habitación lo hacía parecer mucho más irreal, como sacado de un pigmento de mi imaginación para evadir la realidad que me rodea. Tk ya se había separado de mi mano, cosa que me tranquilizó. Temía que Daisuke abriera los ojos y, lo primero que viera, fuera eso.
Es lo que menos deseo.
Suspiré, sin comprender la razón por la cual Tk, últimamente, se empeñaba a venir conmigo al hospital. Una vez más, sonreí para mis adentros, por lo ilusa que estaba siendo al no percatarme de la situación. El silencio era infinito, interminable. Era como si se hubiese planeado un complot para que ambos habláramos.
—Creo que hasta ahora no te he contado sobre esa visita que hice al Digimundo hace un mes.
Su voz me tomó desapercibida.
—Ya sabes, no es necesario que nos contemos todo porque...
—Porque no somos amigos, ¿no?—terminó echando un suspiro lleno de tristeza—Sabes, en estos últimos días… no, mejor dicho, en estos últimos meses he estado pensando seriamente en el concepto de amistad. Pensé que Yamato podía darme un significado pero aparentemente es un sentimiento muy ambiguo que se dificulta explicarlo en simples palabras.
Seguía perpleja, sin comprender a dónde estaba yendo esta conversación. Que ilusa que estaba siendo, recalco una vez más.
—A lo que quiero ir con esto es…—se separó de la ventana que nos separaba de Daisuke para dar cara a cara conmigo. La diferencia en nuestras estaturas se hizo evidente, —Caray, en mi cabeza todo estaba ordenado y ahora… vaya, esto es más complicado de lo que pensé.
Me sorprendió verlo así de nervioso, soltando aquellas expresiones que revelaban la debilidad humana, frente a mí, la supuesta persona que detesta a morir.
—Tk…
—No digas nada, por favor—cerró sus ojos para inhalar aire y luego soltarlo. Repitió el proceso unas tres veces—Listo, creo que ahora estoy mejor. A lo que iba… Kari. Al ver tu amistad con Hinanawi… tu amistad con Fūka… me hizo dar cuenta de algo. Me hizo recordar lo que es la verdadera amistad. Si logro restaurar esa luz en ella, estoy seguro… estoy seguro que aún existe salvación.
—Estoy algo perdida…
Y lo estaba.
—Verás, en el Digimundo logré comprender muchas cosas que había pasado por desapercibido. Al observar ese Digihuevo… al relacionar ciertos hechos… tomé noción de las cosas que estaban sucediendo entre nosotros cuatro.
—¿Con cuatro te refieres a…
—Daisuke.
Me quedé congelada, ¿qué tanto sucedió en ese otro mundo?
—Por eso… Kari… ¡ven a la fiesta conmigo!
¿Qué?
—E-Espera un minuto…—retrocedí para alejarme de él, como si fuese mi peor pesadilla—No entiendo a qué quieres llegar con todo esto… además, ¿pedírmelo frente a Daisuke? ¿Estás demente? ¡Es esa la forma de destruir el supuesto concepto de amistad que tratas de comprender!
No me importó que las reglas del hospital prohibieran los gritos, que reinase el silencio.
—¡No me importa qué hayas pensado en el Digimundo! Esta no es forma… no es forma… ¿¡Por qué aplastas mis sentimientos!? ¿¡Acaso tanto te gusta destruir relaciones!?
—¡Kari, tranquilízate!—sentí como colocaba ambas manos en mis hombros—Si tan solo terminaras de escucharme.
—No quiero… ¡no quiero seguir escuchando!—exclamé, tratando de separarme. Sentía como si se estuviese repitiendo ese día que nos encontramos solos en el salón de clases, ese día en el que mostró que yo sería su pareja para la fiesta.
En eso, pude sentir cómo me jaló hacia su cuerpo, un cuerpo esbelto pero a la vez musculoso por las prácticas de baloncesto. Escuchaba el latir de su corazón, acelerado. Sentí tantas cosas que me cuesta precisarlas inclusive ahora, siento patética sobre una almohada pero, el detalle que no puedo olvidar es el sentir de la palma de su mano dar con mi cabello, formando un abrazo que demostraba necesidad.
—Kari, necesito saber… necesito aclarar… no, tengo que saber. Por favor, es lo único que te pido. Si quieres, luego de esto podemos volver a ser como antes.
—¿Cómo… antes?—mi voz siendo cubierta por su uniforme casi ni la logro escuchar.
—Sí…—sentí como asintió—Puedes volver a odiarme, ignorarme, no volver a dirigirme la palabra. Que las cosas vuelvan a su estado natural. Volveré a observar desde la distancia.
No… ese no es su estado natural.
En eso, recordé la conversación con Fūka. Ella ya sabía que algo así iba a suceder. Me estaba cediendo la oportunidad de ir a la fiesta con su enamorado, ir con la persona a la que ama a dicha reunión adolescente, ¿por qué eres así, Fūka? Sabes muy bien que ahora estoy dispuesta a aceptar. Sabías que lo iba a hacer, por eso dijiste de manera segura que lo haría. Podía sentir su cuerpo temblar, como si esperase una respuesta inmediata que no aparecía.
—Tengo tan solo una petición—logré decir mientras me separaba, aguantando las lágrimas—Que las cosas no acabarán de esa manera.
—¿Estas… aceptando?—de manera incrédula, me pregunta—¿Es... en serio?
—Tan solo prométeme eso—logré decir.
Asintió, sin cuestionar mi lado del trato.
—Espero que me digas la verdad… cuando eso suceda… espero que me digas todo con la verdad—murmuró para sí.
Luego de todos esos sucesos me encuentro en donde estoy ahora, llorando, apoyando mis rostro contra la almohada, evitando ver el vestido rosa pastel, tan hermoso, que se encuentra colgado en mi armario. Llorando porque Daisuke no será quien me vea en él. Llorando porque una vez más estaba dudando. Llorando por mi debilidad. Llorando por el pasado. Llorando por un futuro pasado que anhelaba su regreso. Llorando por mi amor hacia Daisuke. Llorando por el hecho de evadir la realidad, la cruel realidad de mañana.
Al día siguiente
—¡Te ves divina!
—¡Te ves preciosa!
Tras encontrarme con el vestido puesto, Miyako y Chise no dejaban de comentar mi apariencia frente al espejo. Ambas se conocieron el día de hoy y congeniaron perfectamente. Dado a que soy un caso perdido en este estilo de situaciones, solicité la ayuda de mi mejor amiga de cabello lavanda. Sin embargo, no conté que mi hermano llamara a aquella chica que conoce toda su vida de pies a cabeza. Por buena voluntad decidió, también pedirle ayuda sin saber que ya había solicitado una. Ambas se encontraban sonriendo, admirando su obra maestra: yo.
Ya se hacían casi las seis de la tarde. En un par de minutos, Tk debía aparecer en la puerta de mi apartamento a recogerme. Siendo honesta, nunca quedamos en eso, no sé si va a venir o nos encontramos allá. Es muy probable que sea lo segundo al conocer el temperamento de mi hermano. Él, quien no reaccionó de la mejor manera posible al enterarse. Al final, forzado por Chise, no le quedó otra opción que permanecer callado dado a que era decisión mía, y que si cometía un error lograría darme cuenta de ello e inclusive aprender de él. Una vez más, dirigí mi mirada hacia el espejo.
Ahí me encontraba yo, pasmada por lo que observaba. Me sentía como otra persona, una nueva Hikari. El vestido, de un color casi durazno, un rosa tan pálido que casi se mezclaba con mi piel, llegaba hasta mis rodillas. En mi cintura se encontraba un listón del mismo color que caía más abajo del final del vestido, dándole un toque inocente e infantil. Al ser strapless me costaba un poco moverme y respirar, pero cada esfuerzo valía la pena. Ambas chicas habían decorado mi cabello que casi parecía una princesa, o por lo menos Mimi me describiría de esa manera. Con una extensión, habían formado una especie de pequeña trenza que caía por mi cuello, acabando en la nunca. Parpadeé un poco por el rímel que hacía sentir que mis pestañas pesaban pero aun así seguía sin creer lo que veía. Era, definitivamente, otra persona. Me sentía como una princesa de un cuento de hadas. Mis tacos blancos tan solo le agregaban un tono más de fantasía de lo necesario.
—Te ves divina—repitió una vez más Miyako, acercando su rostro para apoyarlo en mi hombro—Todos los consejos de Mimi dieron resultado.
—No hay que olvidar que este trabajo en equipo lo hizo posible—agrega Chise, para sonreír junto a su nueva amiga—Tenemos que conmemorar este momento.
—Nuestra pequeña Hikari es toda una señorita, ¡creo que voy a llorar!—se expresa la muchacha que tan solo tiene un año más que yo.
—Vamos, Miyako. No seas exagerada—logré decir—Pero debo admitir que… um, se ve muy lindo.
Me sonrojé al darme cuenta que acababa de halagar mi apariencia—Digo, su trabajo quedó muy pero muy lindo.
—Estoy segura que si Taichi te viera en este momento te encerraría por siempre en tu habitación para que ningún hombre se te acercase—comenta la chica de cabello tan negro como el carbón—No, definitivamente lo haría.
Eché un suspiro.
—De todas maneras me va a ver cuando salga por la puerta.
—Podemos evitarlo con algo de vendaje sobre sus ojos—agrega ella.
—No creo que eso detenga a Taichi. Dejando eso de lado, Kari…—Gatomon se me acerca para darle un abrazo a mi pierna, sabiendo que me costaba un poco agacharme, —Nunca te había visto brillar tanto. Iluminas… no, eres como la misma luz.
—Gatomon…—junté ambas manos en mi pecho, enternecida por sus palabras—Gracias.
—¡Ay, Daisuke! Deberías estar viendo esto, ¡me va a matar cuando se entere que fui yo y no él!—soltaba DemiVeemon con cierto grado de humor para animarme, cosa que lo logró.
—Dejando la hermosura de Hikari por unos instantes…—se acerca Chise hacia mí para también darme un abrazo—¡Nunca creí conocer a más Digimons!
Su alegría era genuina. Con tan solo conocer a Agumon por accidente nunca dejó de preguntar si todos eran iguales o diferentes, con el sentido de ser gigantes o como dinosaurios. Sin embargo, tras ver a Gatomon y DemiVeemon sus expectativas fueron más que cumplidas. Cada vez que puede se acerca al compañero de Daisuke para darle un abrazo o jugar con sus mejillas, siempre exclamando que son adorables. El brillo en sus ojos nos hacía sonreír al mí y a Miyako ya que casi nunca habíamos visto a una persona reaccionar de esa manera al ver a estos monstruos digitales.
—¡No puedo creer que nazcan de huevos, me parece increíble!—vuelve a exclamar, sentada en el suelo, todavía con DemiVeemon en brazos, mientras se acercaba al objeto que mencionó—Todo es tan curioso. Tampoco puedo evitar pensar que todos los Digimon son adorables.
—Si conocieras a Hawkmon te sorprenderías de lo lindo que es—noté como Miyako levantaba el pecho y mentón, en señal de orgullo—Además su digievolución a Shurimon es divina. Es el más apuesto del grupo.
¿Por dónde?
—¡Vaya! No puedo esperar. Algún día de estos tengo que conocerlo.
Me da miedo destrozar la ilusión de Chise así que preferí quedarme callada mientras ella se recostaba al lado del huevo. Lo que sucedió en esos instantes fue algo que nunca creímos posible. El Digihuevo reaccionó de manera sutil, un salto que no hubiese sido notorio si la palma de Chise no se hubiese encontrado sobre el cascarón.
—¿Pero qué…?—me quedé sin palabras.
—¿Significa esto?—Miyako completó mi oración. Con tan solo haberse enterado horas atrás sobre la existencia del Digihuevo aquello le chocó más de lo esperado—Hikari, no se supone que tú y Tk piensan qué es de...
—Miyako… últimamente están sucediendo cosas muy extrañas. En parte me alegro que no sea cierto pero por otra… definitivamente ya no sé qué pensar…
Por el otro lado, Chise volvió a colocar su mano. Esta vez no hubo reacción. Quizás fue cosa de casualidad, se alinearon las estrellas para que eso sucediese. Sacudí mi cabeza, para pedirle a ella que se retirara por un momento. Con un ligero puchero se retiró, diciendo que irá a buscar vendajes para así impedir que mi hermano observe mi belleza. De alguna manera, logré sentarme en la cama, procurando no arruinar el vestido. La primera en hablar fue mi mejor amiga.
—Hikari, todo esto está muy extraño. Sí es cierto que es inusual que aparezca un Digihuevo, encima que reaccionase de esta manera en el Mundo Real… no quiero creer que se avecina otra crisis. Quiero creer que todo es casualidad… aunque lo dudo mucho—logra decirme, con sus ojos algo llorosos tras sus redondas gafas.
La observé tomando noción del atuendo que llevaba puesto. Zapatillas, una blusa y pantalón. Una prenda sencilla que anhelaba tener en mi cuerpo ahora mismo. Meditando sus palabras, me quedé pensativa, está claro que reaccionó de cierta manera con Chise, sin embargo quiero creer en lo que me contaron Gatomon y DemiVeemon. Que cierto día emitió un destello de luz, estoy convencida que fue el mismo día en el que salvamos a Fūka del Mar Oscuro. Aun así, ¿por qué? ¿Por qué reaccionar con alguien ajeno a esto? Ahora tengo una razón más para dirigirle la palabra a Tk, cosa que no deseaba hacer. Por más que me haya pasado toda la noche lamentándome, quería huir una vez más sin afrontar mi destino. Tampoco quiero admitir la actitud que tuve al decir mi propuesta pero no queda de otra, voy a tener que revelar este pequeño acontecimiento, quiera o no.
—Quiero pensar lo mismo, Miyako. Es solo que han sucedido tantas cosas que ya no sé qué creer. Como dije, queremos pensar que es de Fūka, de la novia de Tk… pero a la misma vez no. Queremos alejarla de ese mundo y ahora que pasó esto siento alivio mas a la misma vez algo de decepción. Realmente no deseo que ella forme parte de nuestro mundo… aunque si fuese parte de, significaría un motivo más para conocerla mejor… tener algo más en común… entenderla. Aun así, ¿por qué Chise? ¿Será porque ha tenido contacto directo con un Digimon?
Esas y muchas más preguntas se formaban en mi mente. Podía sentir como levantaba mi diminuto pecho una y otra vez debido a lo apretado que estaba el vestido. Sin notarlo, DemiVeemon se había hecho paso a mis piernas, colocándose encima de la vasta.
—No creo que sea una niña elegida—dijo él en su dulce voz como es de costumbre—No podía sentirlo, cómo decirlo…
—Esa chica no transmitía la energía que ustedes tienen—como siempre, la madura del grupo llegó a hablar. Gatomon se colocó a mi lado, apoyando su cabeza en mi brazo—No sé si recuerdan que, hace años, comentaron que uno de los requisitos para ser parte de este equipo e inclusive entrar al Digimundo es tener inocencia. Tras pasar tanto tiempo con ustedes… se podría decir que nosotros, los Digimon, hemos aprendido a detectar sus presencias, sentir lo que ustedes sienten y viceversa… es por eso que no nos da la impresión de serlo.
—¿Quieres decir que Himawari no tiene… um, inocencia?
Sonó fuera de lo ordinario escuchar a alguien llamar a Chise por su apellido pero era de esperarse, Miyako la acaba de conocer y, al ser mayor que nosotras, muestra algo de decencia y respeto. Pude observar que tras finalizar, se ruborizó de una manera tan escandalosa que creí que iba a necesitar salir corriendo del cuarto a traer algo de agua o llamar a los bomberos para apagar el incendio que mostraba.
—Y-Miyako… no creo que se refiera a ese… tipo de inocencia.
—¡Perfecto!—una vez más su nerviosismo se hizo evidente para tan solo ignorarlo ella misma al gritar de manera exagerada—¡Volvamos a lo nuestro!
Si estás tratando de ser desapercibida tiraste tu oportunidad por el balcón…
—Ya casi es hora…—murmuré sin querer, hundiéndome en mi propia miseria—¿No puedes decir que me enfermé? ¿Qué me dio fiebre? Estoy segura que lo creería.
—¡No, no y no!—chilló, acercándose a mí y tomándome de los hombros, todavía yo en la cama, —Eres fuerte, Kari. Demuestra de qué estás hecha. Quizás esta sea tu gran oportunidad para quedar en claro con él.
Me quedé sin aliento.
—¿A qué te refieres con eso?
—Hikari… no soy tonta. Puede ser que piensen que soy tonta pero no lo soy—logra decir agregando una risa—Desde un inicio supe que lo tuyo con Daisuke era una farsa por la declaración de Tk a inicios de año.
—¿Cómo así?—sentí como se me helaba el cuerpo, como bajaba mi temperatura. Una traición más se abría paso en mi vida, la de no contar con mi amiga en el peor momento de mi vida—Yo… yo no quise ocultártelo.
—Me duele un poco pero estoy segura que tuviste tus razones. Me enteré por Ken… ya sabes, Daisuke llamó, contándole las noticias. Él feliz por su amigo, creyendo que le habías dado una oportunidad luego de tantos años. Inclusive yo me alegré un poco por él. Viendo la relación que ustedes dos llevaban, me sorprendía que Daisuke no dejara de sentir algo por ti o que inclusive tú empezaras a enamorarte de él. Después de todo siempre andaban juntos, saliendo, a donde sea que fueran siempre estaban juntos.
Debí habérmelo imaginado, Ken. Miyako es tan curiosa con respecto a esos temas que estoy segura que no dejó a su novio en paz hasta que le contara los detalles de la llamada. Sin embargo, su voz se volvía cada vez más seria.
—Un día llegué a casa… a mi apartamento. Me sorprendió ver a Ken dentro con Daisuke. Es cierto que él tiene una llave extra pero estoy segura que tuvo una razón para entrar por más que yo no estuviese. Las cosas parecían muy agitadas ahí dentro. Es muy probable que Ken haya preferido llevar las cosas a un lugar cerrado en vez de discutir en plena calle. Después de todo, se supone que ese día yo iba a llegar tarde mis clases extra para la Universidad…
Ensimismada en su relato, tan solo tragué saliva, sin querer escuchar lo siguiente.
—Al parecer Daisuke estaba siendo honesto. No pudo ocultarle más a Ken la mentira. Le contó todo sobre la relación. Inclusive unas sospechas que él tenía con respecto a Tk y la chica… um, ¿cómo se llamaba? Fuuuuu… Fuuu… ok, sea como sea, me entiendes. Sin ahondar más en el tema, se acaloraron las cosas, inclusive recuerdo que Ken lo sujetó de la camisa, tratando de hacerlo entrar en razón. Diciendo que por qué accedió a una… petición… a una petición tan egoísta como la tuya. Es ahí donde me sorprendieron las palabras de Daisuke. Esas fueron las palabras que… las palabras que terminaron la discusión, las palabras que dejaron un sabor agrio en su relación…. Y las palabras que arruinaron la mía.
—E-Espera… no… no es posible que… ¿cómo?—no sabía cómo expresarme—¿Cómo es posible que lo que dijo Daisuke afectara de esa manera todo?
¿Exactamente qué dijiste, Daisuke Motomiya?
Gatomon, casi habiendo leído mis pensamientos, me ofreció su apoyo al pegarse más hacia mí. Inclusive DemiVeemon me tomó de la mano con la diminuta suya, tembloroso, por las palabras que iban a ser reveladas a continuación.
—Él dijo… porque la amo. Porque amo a Kari estoy dispuesto a hacer todo por ella. Es cierto que de niño era idiota y forzaba mis sentimientos hacia ella pero ahora es lo contrario. Tuve la suerte de estar con ella todo este tiempo y percatarme que no era algo simple, estoy perdidamente enamorado de ella. Soy capaz de dar mi propia vida por ella. Cosa que tú, Ichijouji, no entiendes hasta ahora. Es por eso que tienes problemas con Miyako, ¡admítelo! Fue en ese momento que solté mi bolso lleno de libros, los sorprendí a ambos y me lancé hacia ellos, separándolos, gritando que es inaceptable teniéndolos discutiendo en mi sala, en casa ajena, y encima hacer acusaciones falsas… en pocas palabras boté a porrazos a Daisuke. No lo culpo que mi relación haya empeorado luego de eso, más bien, me hizo dar cuenta que las cosas no estaban yendo bien últimamente… luego hubo un momento de paz conmigo y Ken, inclusive pensé que las cosas se arreglaron pero no… la tonta e ilusa Miyako volvió a engañarse… ¡en fin! Esto se trata de ti, no de mí.
Sabía que lo de Miyako era algo problemático pero no creí que tanto… inclusive que Daisuke estuviese involucrado. He por ello la actitud de Ken conmigo. Él y Daisuke no iban bien y fue por mí… petición egoísta como dice ella. Es la mejor forma de describirlo. Con tan solo pensar que él ha alterado todas nuestras relaciones, que yo he alterado las relaciones de todos, ¿cómo se supone que le voy a dar la cara a Daisuke cuando despierte? Además, ¿si Tk me viera con la cara que tengo ahora, que me imagino que es un desastre, qué respuesta le doy? Ah, problema con mi hermano eso es todo. No hay forma que me crea. Además, ¿qué ha notado Daisuke en la relación de mi enemigo y Fūka que no haya notado yo?
—Kari, escúchame… a lo que quiero llegar con todo esto es que Daisuke realmente te ama. Desde lo más profundo de su corazón, es totalmente envidiable pero es cierto. Lo envidio tanto pero es cierto. Tan… tenebrosamente cierto también ya que literalmente llegó a dar su vida por ti. La cosa es que por más que supiese que era falso, a la misma vez era real. En verdad parecían una pareja. Se notaba que tu… que te estabas enamorando de verdad, dejando atrás los sentimientos que sentías hacia Tk años atrás.
—Miyako, yo nunca...
La mirada fulminante de mi mejor amiga fue lo suficiente para callarme.
—Era obvio que sentías algo por Tk cuando éramos chicos pero ahora las cosas han cambiado. Esta es tu oportunidad para aclarar tus sentimientos. Por lo que me contaste horas atrás estoy segura que la tal chica que empieza su nombre con Fu también se ha dado cuenta de eso y por esa razón te ha dado esta oportunidad. Digo yo, ¿quién en su sano juicio ofrece a su novio a una posible enemiga?
—¿Enemiga?
—Enemiga del corazón de Tk... espera, la mejor forma es rival. Sí, ¿quién en su sano juicio ofrece a su novio a una posible rival? Yo la mataría sin pensarlo, de una manera cruel y dolorosa… nadie se acerca a mi Ken, nadie. Sobre mi cadáver.
Logré soltar una risa nerviosa, intentando borrar aquella imagen de mi mente al ser altamente probable que sucediese si se diera la situación.
—Calma, Miyako.
—Cierto, cierto, esto es sobre ti, ¡no sobre mí!—soltó una vez más una carcajada para cubrir su error—Estoy segura que ella te ha dado esta oportunidad para que aclares tus sentimientos. Haz encontrado a una buena amiga, Kari. No la dejes ir. Por más cosas que hayan sucedido, estoy ahora, cien por ciento segura que es una buena chica. Digo, darte esto es… servirte a Tk en bandeja de plata. Ella sabe, sabe que hay inseguridad entre ustedes dos… es por eso que en pocas palabras te forzó a aceptar el llanto de Tk.
—¿El llanto de Tk? ¿Y cómo es eso de inseguridad entre nosotros dos? Es imposible que Tk...
Una vez más, una mirada fulminante que me dejó callada. Ninguno de los dos Digimon se atrevía a decir algo para apoyarme. Miyako da miedo, mucho miedo. Una vez más, antes de proseguir, afina su garganta.
—Como decía, esta noche se te ha sido otorgada. Tk tiene una razón muy importante para implorar de dicha manera tu aceptación en ir a la fiesta con él. Es tan pero tan importante que incluso sacrificó la supuesta amistad que están recuperando. La tiró a la basura, adiós. Todo, todo se esfumaría tal y como a las doce de la madrugada en un cuento de hadas. Ahora solo tienes que decidir tú. Decidir qué hacer al respecto, entender tus sentimientos. Estar segura de ti misma.
—Miyako, ¿por qué estás tan persistente en que aclare todo esto? ¿Por qué tan segura de que Fūka no me está tendiendo otra trampa? ¿Por qué? ¿¡Por qué decidir contarme en este momento lo sucedido entre Ken y Daisuke!? Ahora cómo se supone que salga de aquí…
—Ya te dije… lo de FuFu es pura intuición femenina—hundió su rostro para ayudar a levantarme de la cama y abrazarme fuertemente—Te conté porque necesitabas saber los verdaderos sentimientos de Daisuke. Por más que quizás lo escuchases todos los días salir de su boca como un CD o casette malogrado no significaba algo superficial como cuando estábamos en primaria, sino que cargaba algo mucho más maduro. Es por eso que debes dejar en claro todo esta noche. Además estás divina. Estoy segura que Tk caerá a tus pies y podrás tenerlo a tu merced por lo menos un par de horas como sirviente.
—Siempre sabes que decir para animarme, ¿no?—dejando mi enojo atrás, devolví el abrazo, aguantando mi llanto por sus palabras—¿Y qué es eso de FuFu? Sonaba a una risa fingida. Su nombre es Fūka.
—Me da lo mismo si es Fūka o puta.
—¡Miyako!—logré exclamar, separándome del abrazo y colocando ambas manos en mi boca mientras me daba un ataque de risa. Muy mal momento debido al vestido que aplastaba mi abdomen.
—¿Qué dije?—aparentemente no se había percatado de la palabra que dijo debido a la similitud. Inclusive Gatomon y DemiVeemon parecían reír como nunca por la confusión de ella al no comprender—¡Dejen de reírse de mí!
Tras el estallido, decidimos tomar la idea de Chise prestada, aquella de tener que conmemorar este momento. Estoy segura que Daisuke jamás se perdonaría el hecho de no verme de esta manera. Si es necesario, estoy dispuesta a… querer recrear esta mágica noche con él, por más que esto significase volver a ponerse a dieta y aguantar el apretado vestido que me impide respirar. Tomando mi cámara fotográfica, Miyako prosiguió a tomar la fotografía en modo automática al yo no desear que jugara con el ISO, el foco y demás. A su pedido, tomé las flores artificiales del florero de mi escritorio, sosteniéndolas entre mis dedos, sintiendo su falsedad en mis yemas. Esbocé una sonrisa, anhelando a que cuando Daisuke me mirase… piense que me veo hermosa.
—¡Bingo! Quedó de maravilla—exclamó para dejar la cámara una vez más en su lugar—Con tan solo escuchar el tick tack del reloj no puedo evitar ponerme nerviosa, me encuentro con los nervios de punta. Tú debes estar peor.
—Siendo honesta sigo sin saber que pensar. Tengo en mente todo lo que me has contado, hay muchas cosas que había tomado por desapercibida todo este tiempo—sentía un ardor con cada palabra que salía de mis labios. Dejando las flores en el florero, proseguí—Por más que hayan cosas que no quiero aceptar, voy a tener que hacerlo tarde o temprano.
Una vez más, tomé asiento para colocarme los tacones. Al tener un tobillo pequeño, sentía cómo se escapaba de mis manos la cinta para amarrarlos. Al notar mi torpeza, Miyako se arrodilla para ayudarme, como si fuese el príncipe azul del cuento de Cenicienta, colocándome la zapatilla de cristal.
—Descuida, yo me encargo.
—Gracias…—dije bajo mi aliento—A lo que quiero llegar. Quizás tienes razón. Quizás esta es la noche para dejar en claro todo, para quizás… decirle a Tk lo que he querido todo este tiempo.
—Entonces procura no echarlo a perder. Ya sabes que la magia de las princesas acaba al sonar la campanilla a la media noche—contesta con una risa—Pero tú eres una reina, así que esa regla no se te aplica.
—Miyako, basta. Estoy lo suficientemente apenada, no hagas esto peor—repliqué cubriendo mi rostro con ambas manos—Si sigues con eso voy a terminar creyéndote.
—No hay falsedad en lo que dice—la apoya Gatomon—Si fuese un humano estoy convencida que me enamoraría de ti. Vas a brillar esta noche, Kari. No dejes que nadie se interponga en tu camino, demuéstrales de qué estás hecha.
—Gracias—le agradecí desde el fondo de mi corazón.
—Entonces… supongo que… nos vemos—dice sonrojada aún más.
—¿Nos vemos?—pregunté inocentemente, recordando de manera infantil esta situación que recreábamos para despedirnos en ocasiones especiales.
—Sí, nos vemos—me lanza una sonrisa que iluminaba mi espíritu.
—¿Pero por qué tanto apuro?—lanza Miyako la pregunta al aire—¿No quieres despedirte mejor cuando esté con Tk?
—Prefiero que sea aquí, me da algo de vergüenza verla con ese atuendo al lado de él. No quisiera atacar en defensa si es que la ve con esos ojos.
—Oh, ya entiendo—observé cómo asentía mi amiga, cruzando los brazos.
—Además que no puedo dejar la aldea del inicio abandonada tantos días y por más que Koushiro haya dado el visto bueno temo por mi bebé...
—¿Quieres que les abra la puerta?—ofrece Miyako su ayuda—Por mí no hay problema.
—Sería de gran ayuda, muchas gracias—agradecen ambos Digimon.
Tras decir sus palabras insignia, ambos monstruos digitales desaparecen de nuestro mundo hacia el suyo, llevándose al inusual huevo que los une y pone dudas en nuestro cerebro. Definitivamente voy a tener que comentarle a Tk lo sucedido. No quiero seguirle ocultando más cosas. No cabe duda que lo de Daisuke es un no, pero de a pocos voy a poder ser honesta con él. Después de todo es muy probable que esta noche volvamos a ser como antes.
Volver a ser amigos.
Con una sonrisa dibujada en mi rostro, miré a Miyako llena de vigor, preparada a salir de mi habitación en cualquier momento. Para sorpresa nuestra el timbre resonó de manera inmediata tras terminar mi pensamiento. Fue en ese instante en el que sentí mi corazón latir a mil, como queriendo escapar por mi garganta para así buscar refugio en el exterior en donde reina lo intangible y los sentimientos son incapaces de entrar. Mi mejor amiga me dirigió una mirada de ánimos, extendiéndome la palma de su mano como forma de transmitirme seguridad.
Daisuke, espero no me odies por esto. Cuando todo acabe, cuando despiertes, habrá un mejor mundo esperándote… y en ese mundo podré ser honesta.
—Que empiece el show—fueron las últimas frases de Miyako al abrir la puerta de mi habitación. Verla abrir la perilla, sentí como si mi vida pasase en cámara lenta, queriendo vomitar. Me empecé a poner nerviosa por el inevitable encuentro de mi hermano con Takeru Takaishi.
Tras la puerta de caoba que separa mi habitación de la sala y la cocina, aparece mi madre para sumirme en uno de sus más profundos y cariñosos abrazos.
—Kari… hija… te ves divina.
—Me robó una vez más las palabras de mi boca, señora Yagami—dice Miyako con orgullo.
—Es la única forma en la que te has dedicado a presumir de tu obra—comenté riendo un poco.
—No es solo mía, también es de Chise—en eso noto como ella empieza a examinar la sala—¿En dónde están Taichi y Chise?
—Hace unos instantes Chise se llevó a Taichi a su habitación. Fue algo extraño verlos de ese modo. Taichi no podía ver nada por el vendaje en sus ojos—suelta con un suspiro mi madre—A veces no puedo con ese niño. Miyako, nos conocemos de años, puedes decirme solo Yuuko.
—Lástima que me perdí el espectáculo—comenté a nadie en particular.
—Señora Yagami, no hay forma. Uno siempre debe de mostrar respecto ante sus mayores—replica risueña.
—Si tan solo Taichi mostrara algo de madurez como ustedes…—dice en derrota—En fin, ¡Tk está esperando en la puerta! Hija, escúchame con atención.
Tragué algo de saliva, agradeciendo que mi padre no estuviese en este momento. Miyako se alejó, acomodándose en el sofá—Mamá… si esto es un sermón sobre tomar alcohol o...
—Hikari, ya estás grande para seguirte dando ese tipo de conversaciones—su tono cambió a uno de seriedad—A lo que voy es… no tienes por qué sentirte culpable. Sé que lo de Daisuke es doloroso, lo entiendo. Tan solo… intenta disfrutar de esta noche. Piensa que cuando despierte vas a poder sacarle celos.
—Mamá…— no pude evitar abrazarla una vez más, —Gracias, haré tantas memorias para que Daisuke se muera de la envidia.
—Tú sabes que él te ama, tal y como nosotros. Tan solo deseamos lo mejor para ti. Ten mucho cuidado, ¿de acuerdo?
—Sí, mamá. Muchas gracias.
A la distancia escuché un pequeño lloriqueo que provenía de Miyako. Como siempre, emotiva. También me pareció escuchar a mi hermano gritar.
—¡Ábranme la puerta! No puedo dejar que Hikari vaya con esa basura con cara de muñeca de porcelana—al parecer no le importaba el control del volumen—¡Estoy dispuesto a limpiar mi habitación… a limpiar todo el apartamento! Tan solo déjenme salir, ¡por favor!
—¡Taichi, básta!—la voz de Chise sonaba tras la puerta—¡Silencio y vuelve a la cama!
—¡Chise, eres un demonio!
—Gracias.
—¡No era un halago!
Podía dedicarme a escuchar la divertida discusión toda la noche para evadir la realidad pero, cuando mi madre abrió la puerta, me quedé sin aliento.
—Buenas noches, señora Yagami—su voz me sonaba ajena a mi mundo.
—Vaya, Takeru. Muy buenas noches—inclusive mi madre se trabó al hablar—Te ves muy bien.
Tras escuchar esas palabras, sentí cómo un huracán se formaba tras la puerta de la habitación de mi hermano. Sus frases inentendibles estaban siendo prisioneras de Chise. Admiro cómo logra controlarlo. Tiene un brillante futuro como domadora de animales. A la misma vez, una nube de polvo apareció a mi lado, revelando ser Miyako.
—Pero que guapo…—suelta en voz alta para luego cubrirse la boca—¡No, Miyako! ¡Mala, Miyako! ¡Muy mala Miyako! Tienes a Ken, ¡no seas avara!
Sin embargo, no podía estar más alejada de la verdad. Es por esa misma razón que tras abrir la puerta perdí toda capacidad de respirar. Me sentía envuelta, transportada a otra dimensión. Sus cabellos rebeldes en lugar, sus relucientes ojos azules como los de un mágico príncipe, su figura complementada por el terno tan negro como la noche. Tan ordenado, tan irreal, la flor que llevaba en manos para mí como brazalete fue suficiente para casi aguarme los ojos. Felicidad y traición se abrían camino en mí. Fūka debería estar viviendo este momento. Yo se lo quité, arrebaté. Mi mente volvió a su lugar tras observar y sentir, que ambos, estábamos ruborizados por nuestras apariencias.
—Um, Kari. Buenas noches… te, um, te ves muy bien.
—G-Gracias… i-igual tú.
El silencio se apoderó del lugar, cosa que duró unos pocos segundos para ser roto por la más escandalosa del apartamento.
—¡Vamos! ¿Qué es esto? ¿Una reunión de niños? ¡Ponle el brazalete y váyanse de aquí!—exclama mi amiga, botándonos del edificio—¡Si la haces llorar te verás conmigo! … Kari, ¿cuídate, sí? … ¡¿Me escuchaste, Tk!?
Escucharla cambiar de tonos de voz tan seguido mientras nos dirigía miradas fue algo gracioso de ver, creo que su objetivo de romper el hielo fue exitoso al causar risas tanto en nosotros dos como en mi mamá. Dejando atrás las quejas inentendibles de mi hermano y los interminables abrazos de mi madre, empezamos a bajar por el elevador hacia el primer piso.
—¿Cómo vamos a ir?—pregunté sabiendo que ni él ni Yamato contaban con licencia de conducir.
—En un taxi—me responde de manera veloz.
Nuevamente silencio.
—Oye, ¿en verdad tengo cara de muñeca de porcelana?—aquella pregunta me agarró desprevenida.
—Así que lo escuchaste…—murmuré por la vergüenza ajena para al final reír.
—¡De qué te ríes? ¿Entonces es cierto?
Podía notar su creciente inseguridad.
—¡Vamos, Kari dime!
Seguí riendo hasta que el ascensor llegó a parar.
Al llegar me sentí abrumada por tantas personas. Rostros conocidos, rostros desconocidos, personas en un estado decente, personas en un estado etílico, rostros llenos de envidia, rostros llenos de felicidad, corazones alegres, corazones rotos. Este era como un baile de amores y horrores, aludiendo a una historia que Sora escribió una vez en primaria. Con tan solo entrar mano a mano con Tk pude sentir como todas las miradas femeninas de la escuela se clavaban en mí como dagas filudas, destrozando mi vestido dejando mi alma expuesta, desnuda, ante todos. Como si fuese una tradición, tras demostrar el más mínimo gramo de inseguridad, Tk me daba un ligero apretón transmitiendo seguridad. Asentí, intentando demostrar que me encontraba bien. Una vez más, volví a admirar la casa en la que estábamos. A tan solo pocas cuadras de la escuela, la mansión de la familia Hagiwara se encontraba decorada como si fuese un cuento de hadas. Tras la persistencia de toda la promoción, lograron convencer a Anzu antes de que empezara a faltar a clases, que le pidiera permiso a sus padres para utilizar su casa como lugar para la fiesta en vez de hacerla en la escuela al ser muy aburrido, según ellos. La araña de cristal que nos recibía en la sala principal era una belleza, el brillo de cada una iluminando el lugar. Podía sentir su luz ingresando a mi cuerpo, animándome a sobrevivir esta perfecta pesadilla. Todo el lugar amueblado al estilo rococó, parecía el castillo de una princesa. Escaleras que parecían, más bien son, de mármol hacían resonar los tacones de todas las mujeres presentes en sus llamativos vestidos cortos y largos, reluciendo piernas y barriendo el piso. Tragué saliva, intimidada por la belleza, y perdida al haber tantos pasillos.
—Creo que el salón principal es por aquí—la segura mano de Tk me guiaba por el lugar, mientras admiraba los cuadros pintados en óleo, —Quién se hubiera imaginado que Hagiwara provenía de una afluente familia.
Al notar su intento de empezar una conversación, intenté seguir la mecánica ignorando el eco de mis tacos, observaba el lirio que llevaba en la muñeca, lleno de vida a diferencia de las otras flores de las demás chicas.
—Nunca creí que en verdad fuese una mansión, en especial de esta magnitud
—Es irreal—era como si el decorado se llevase su aliento.
—Lo sé, siento como si estuviese dentro de un sueño—agregué sumida en la fantasía—Temo que si suenan las doce todo esto desaparezca, como si fuese un acto de magia.
—¿Cómo en la Cenicienta?—me preguntó, todavía dándome la espalda mientras me guiaba hacia el lugar más concurrido de la mansión—Es cierto, parece sacado de un cuento de hadas.
—Este lugar es increíble—seguía ensimismada con el estilo de la edificación, sorprendida de que una chica tan humilde provenga de una familia de este calibre, destrozando todas las imágenes de muchachas ricas presumidas que invadían mi mente, rompiendo el popular estereotipo—Me siento como una princesa.
—Eres una princesa—dice de manera inmediata, recordándome a los halagos que Daisuke siempre me daba. Una vez más, lo imaginé en su lugar. En segundos, se detiene para morarme de reojo, sonrojado, al igual que yo, —Digo, hoy eres como una princesa. El vestido te hace ver como una princesa, digo… mejor me callo.
Reí un poco para aligerar la tensión.
—Gracias pero, me imagino que el de Fūka debió haber sido hermoso…
Observé cómo se detuvo en seco. No me había percatado del error que acababa de cometer. Cómo unas simples palabras pueden afectar tanto los corazones de las personas, son como púas, espinas que impiden que avancemos hacia delante, un arma letal con la que siempre cargamos que en la mayoría de casos hacen más daño que bien tanto a los demás como a nosotros mismos. Sentí como la calidez que me transmitía fue cortada como un hilo malgastado separado por una filuda tijera. Su rostro, era imposible descifrar lo que estuviese pensando debido a su rostro. Cómo unas palabras pueden afectarnos tanto. Yo, siempre tan insensible hablando lo que se me viene a la mente. En eso, mi corazón volvió a latir, recordé ese día en la escuela, ese día por el cual lloro todas las noches, toda noche sin excepción, siendo como prueba la pasada. Me encontraba tan sumida en mi fantasía que con tan solo mencionar el nombre de Fūka recordé el verdadero objetivo de esta invitación.
—Hinanawi no pensaba venir desde un inicio, así que no es como si me perdiera de algo—noto como intenta responderme con cierta neutralidad, fallando—Supongo que ya debes haberte dado cuenta que por eso vine contigo, ¡ah, pero tampoco es por lástima! Nunca haría eso…
—Sé que por más que tengamos una relación algo extraña nunca harías algo tan bajo—repliqué sin una pizca de duda, después de todo sé el tipo de persona que es Tk—Sabes que yo tampoco haría algo así.
—Lo sé muy bien, Kari—ambos no dejábamos de mirarnos, sin comprender muy bien la situación—Es solo que… no podía desperdiciar… esta oportunidad. Hay tanto que quiero decirte, tanto que quiero preguntarte… hay tanto de qué hablar.
—Tk…—junté ambas manos en mi pecho, insegura—Yo… también tengo mucho que decirte. Cosas que involucran nuestro mundo como el Digimundo. Cosas que involucran todas nuestras relaciones…
—Kari… tengo una idea, ¿me ayudarías?—su voz parecía haber retomado su usual carisma. Inclusive soltó una gran sonrisa por su repentina idea.
—Mientras queno sea algo indecente, Takaishi—repliqué imitando la voz de Hibiki, lo cual lo hizo reír—No, en serio, ¿de qué trata?
—¿Qué te parece si hacemos esto tal y como un cuento de hadas?— me propone, robando mis manos para colocarlas con las suyas al estar frente a frente. Me sonrojé por el prospecto—A lo que voy es, vivamos este momento como si fuéramos parte de un mundo de fantasía. Es imposible no desearlo al estar dentro de esta mansión. Tú eres la princesa y yo el príncipe.
—¿No querrás decir sirviente?—recordé la conversación que tuve con Miyako en mi habitación, estoy segurísima que diría que lo tengo a mis pies—¿A qué va todo esto?
—Ahora que lo pienso eso sonó muy vergonzoso—suelta una risa nerviosa—Lo importante es que te sientas como una princesa. No me importa si soy solo un extra, tengamos una noche mágica y, al dar las doce, como en todo cuento…
—Se acaba la magia—concluí—Me imagino a qué quieres ir con eso.
Asintió confirmando mis sospechas.
—Sé que hay un jardín por aquí con una cúpula, esas simples que parecen miradores en los malecones de playa. Me gustaría que nos encontrásemos ahí.
—La verdad no me sorprendería ver una cúpula real en este lugar, ¿por qué encontrarnos y no ir juntos?—comenté—De acuerdo, te ayudaré. Tengamos una noche mágica. La próxima vez le pediré a mi hada madrina una hora extra.
—Vamos, no seas ambiciosa. Ah, eso porque uno nunca sabe, hay tantas personas que podríamos separarnos en cualquier momento—ambos reímos una vez más, rompiendo la incomodidad—Rápido, que por lo menos debemos bailar una vez antes de que todo acabe.
Con eso dicho, empezamos a correr, mis tacos una vez más haciendo eco en el corredor. Él delante de mí, yo atrás. Sentía como si me encontrara en un juego, era un juego más de pretender. Fue como volver a ser una niña, la misma niña que corría a su lado en el Digimundo.
Siento como si fuésemos amigos de nuevo, ¿Cuándo suenen las doce esto también acabará?
Con aquella duda en mi mente, no me percaté el instante en el que llegamos al lugar prometido. El decorado, los cristales, las esculturas de hielo. Definitivamente esto le debió haber dolido al comité organizador en el bolsillo, a no ser que Anzu haya aportado, que lo creo probable, es capaz de sucumbir a las peticiones más locas cuando se encuentra bajo presión para no decepcionar a nadie. Es ese el tipo de alma bondadosa que es. Una vez más, intenté concentrarme en mis cinco sentidos para apreciar con mayor detalle la fantasía en la que me encontraba. Las personas que se encontraban en la entrada de la mansión eran aquellas que ya había llegado a su límite tras tomar todo lo ofrecido aquí, había absolutamente de todo. Estoy convencida que Daisuke sería el primer en ir e intentar corromperme una vez más. Me pregunto si esto contará como una traición. Es tan solo un juego, no es como si en verdad fuese a ser mi príncipe azul, después de todo, ese lugar lo ocupa Daisuke. Sacudí mi rostro para seguir inspeccionando. Una mistura de olores se abrió paso en mí, detectando todo tipo de comida. Parecía uno de esos lugares en los que puedes comer de todo, mi estómago hizo un pequeño ruido por la falta de alimento. Me sonrojé creyendo que Tk me había escuchado, más eso sería imposible debido al volumen y la música. La electrónica reinaba, de vez en cuando con un toque de bachatas y canciones populares de occidente. En pocas palabras, una mezcla híbrida a la que muchos solo movían el cuerpo y la cabeza de acuerdo al ritmo que cada uno inventaba.
—Supongo que este no es tu tipo de idea de un baile sacado de un cuento, ¿o sí?—le dije, arqueando una ceja al ver la pista de baile.
—Eso se puede hacer después, todavía tenemos un par de horas. No creo que se pasen así toda la noche…—ni hasta él estaba seguro de ello.
—¿Qué te parece si vamos a comer algo? Huele delicioso sea lo sea que haya— propuse, empezando a caminar—O quizás tomar algo.
—¿Estás segura de eso?—su tono cambió a uno más delicado, quizás tomando en cuenta lo sucedido hace cuatro años atrás.
—Tk, estábamos en primaria. Por lo menos estoy segura que tu cuerpo puede aguantar mucho mejor el alcohol.
—Sí… solo estábamos en primaria—pude notar cierta melancolía en sus ojos.
¿Por qué pude decir esto de manera tan natural? Todo este tiempo ha sido un tema de gran importancia para mí y ahora solo digo que estábamos en primaria, ¿qué me está sucediendo?
Antes de que pudiésemos decidir hacia dónde dirigirnos primero, me detuve en seco al escuchar varios pasos acercarse a gran velocidad. Tk, al estar mirando hacia la puerta, logró sujetarme de los hombres y moverme justo a tiempo antes de que todas las personas que lo rodeaban empezaran a empujarse. Era un miembro del equipo de baloncesto que se encontraba en nuestra misma clase, Kyou Yamazaki junto a los demás integrantes. Nunca supe nada más de él desde que Tk lo desafió al defender mi idea del festival cultural.
—¡Takaishi, viniste!—exclamaba de manera alegre, sin creer ver a su amigo—Creímos que no la harías.
—¡Vamos a celebrar a lo grande!—dijo un extra más del círculo—¡Vamos a tomar hasta desfallecer!
—Chicos, no creo que sea una buena ide...—el entusiasmo de los demás lo interrumpían.
—¡Vamos, Takaishi! No te escaparás de nosotros.
Dicho y hecho, entre todos esos hombres, ignorándome como si fuese relleno, lo toman de los brazos, jalándolo en contra de su voluntad, llevándoselo a las profundidades del tumulto escolar.
—¡Kari, la cúpula, no lo olvides!
Y ese fue el último grito que escuché de Takeru Takaishi antes de desaparecer de mi vista. Suspiré, decepcionada de la fantasía que habías creado con ilusión. Al parecer la mágia acabó antes de las doces. Debo mandarle una queja a mi hada madrina, a no ser que la calidad de los hechizos haya bajado. De todas formas, quizás pueda encontrar alguna cara familiar, aunque lo dudo. Nunca establecí mucho contacto con los demás alumnos de nuestra promoción al relegarme yo sola. Tk, el popular, yo, la más detestada de la escuela. Es la ley de la selva, si el popular odia a Chico A, todos odian a Chico A. Esa fue mi relación estos últimos años en secundaria. Con tan solo imaginar que me encontraría en este momento con Tk, hubiese vomitado del asco en ese entonces. Como se nota que cuanto más niega uno, más suceden las cosas. Una vez más miré hacia el techo observando las luces artificiales que reflejaban colores primarios, en especial verde y rojo al acercarse la Navidad. Ahora que lo pienso, buscaré a Anzu. Es la única persona con la que me sentiría a gusto.
Empecé a buscarla, inclusive dejé el salón y me dirigí a los tocadores, sin resultado alguno. Me atreví inclusive al ir al atractivo jardín, que contaba con arbustos podados con figuras geométricas o, una vez más navideñas. Inclusive encontré la supuesta cúpula. Habré perdido una hora buscándola hasta que me rendí, recostándome cerca de una de las mesas con comida. El pavo que tenía a mi lado se ve, y huele, delicioso. Sin percatarme había empezado a salivar como si fuese un perro.
—Oh, es Yagami.
Una vez más, una voz que no escuchaba desde el festival cultural me tomó por sorpresa. Yumi Sakuraba se encontraba radiante, parecía otra persona. Su cabello morado laceado hacia dentro, también con un moño cubriendo una delicada trenza corta. Su vestido de un color lavanda combinaba perfectamente con su piel un poco más bronceada que la mía, pero no tanto como la de mi hermano. A su lado se encontraba Tomoko Mizuhara observándome de reojo.
—Yumi, Tomoko—dije, en forma de saludo. Un silencio nos acompañó, jugué con mis tobillos moviéndolos por el dolor de los tacos. Los ojos de Yumi se dirigieron hacia ese lugar.
—Oye, tenemos espacio en nuestra mesa, si quieres puedes venir.
Su amabilidad me sorprendió mucho más, no era usual en ella tratarme de dicha forma. Además luego del incidente en el que me encerró en el gimnasio con Daisuke, causando que sospechara de Fūka, se habían aislado por completo. Inclusive cuando Anzu charlaba conmigo podía sentir cómo se alejaban de ella por el mero hecho de establecer contacto conmigo. Es por eso que no podía evitar sospechar. Aparentemente, Tomoko fue más perceptiva que Yumi al notar mi inseguridad.
—No tramamos nada, solo queremos hablar contigo.
Desconcertada, Yumi le lanza una mirada perdida, sin comprender.
—¿Por qué dices eso? Lo haces sonar más sospechoso aún… ¡y no quiero hablar con ella! T-Tan solo se veía ahí sola parada c-como un perro muerto de hambre y… bueno, me dio lástima… ¡sí, me dio mucha pena su caso!— la risa exagerada que soltó para ocultar sus nervios me hizo romper los tímpanos.
—¡Siéntete agradecida!
¿Perro muerto de hambre? ¿Acaso salivé demasiado?
—Sí, Yumi. Gracias— su propuesta me salvó de sufrir a merced de mis zapatos.
Las seguí a ambas hacia una de las mesas redondas del salón. Aparentemente esa mesa era solo de ellas dos al tan solo haber dos sets de cubertería que no habían sido usados. Aquello hizo que recordara el pavo de instantes atrás, salvo que esta vez evité salivar. Como nunca, esta vez, no hubo un silencio incomodo ya que fui yo quien lo rompió.
—¿Anzu no está con ustedes?—me atreví a preguntar.
—Nosotras queríamos hacerte la misma pregunta…—me respondió Tomoko alzando sus hombros y manos en además de confusión—No sabemos nada de ella y pensamos que quizás tu sepas algo. No contesta nuestras llamadas telefónicas.
—¡P-Pero no es como si estuviésemos preocupadas o-o-o algo así!—una vez más, Yumi engañándose a sí misma, si realmente fuese un cuento de hadas sería la versión femenina de pinocho —T-Tan solo que no me gustan los números pares y… con ella somos tres.
—De acuerdo…—dije, alejándome un poco de ella moviendo mi silla—¿Acaso no ha venido?
—Bueno, es su casa asi que no creo que no haya venido—sigue conversando Tomoko.
—Tienes razón. Este lugar parece sacado de un sueño que me cuesta creer que es su casa.
—Eso es cierto. Por esa razón creemos que está por aquí pero no desea asistir. Nosotras que pensábamos hablar con ella para… pedir… para pedirle disculpas.
—¡No nos malinterpretes!—una vez más Yumi intenta cubrir sus sentimientos—Tan solo deseo llegar a un acuerdo con ella.
—Como decía—enfatiza Tomoko—Sé que ha habido muy mala sangre entre nosotras, incluyéndote. Por eso pedimos muchas disculpas. No tenemos perdón por lo sucedido. En especial por Yumi.
—Hmph—la muchacha, al escuchar su nombre, me da la espalda cruzando ambos brazos y levantando la cabeza, —Deberías estar agradecida que alguien como yo sea tan condescendiente de entregar mis finas disculpas.
—Chicas…—me encontraba sin palabras al creer la situación. Por más que hayan pasado meses, acaban de alegrar mi noche. En todo este tiempo no creí volver a escuchar una disculpa dirigida hacia mía, no desde el baile de la fogata el día del festival cultural con Tk, —Pregúntenme todo lo que quieran. Las ayudaré en todo lo que sea posible.
—Eres amiga de Anzu, estoy segura que podrás hacerlo—me sonrió Tomoko.
—Sí… ella tiene razón— la actitud de Yumi cambió por completo—Por más que me cueste admitirlo, Anzu estuvo muy distante con nosotras y creemos haberla fastidiado hasta el punto que empezó a evitarnos e inclusive falta a clases para no vernos.
—Vamos… no piensen así. Que alguien falte para evitar...—yo sola me interrumpí.
No, no es cierto. Fūka estuvo haciendo lo mismo. Faltaba… y me dijo que gracias por salvarla… no puedo creer que no notara que su ausencia era por evitarnos tras el incidente del Mar Oscuro.
—Hikari, ¿en algún momento Anzu te mencionó algo?—Tomoko me pregunta sin cuestionar mi línea de pensamiento—Digo, ella siempre hablaba contigo. Quizás hay algo que nos pueda ayudar.
Empecé a pensar, a evocar todos los recuerdos dentro de mi memoria que pudiesen servir para poderlas socorrer. La inseguridad que presiento dentro de sus corazones es genuina, esta no es otra trampa, realmente están preocupadas por ella. Inclusive sus disculpas hacia mí las sentí de la misma manera, —Todavía no se me ocurre nada… Siendo honesta, ella nunca me hablaba sobre ustedes. Parecía como si evitara hablar sobre el tema—
—Me lo imaginaba—suelta Yumi, con ese tono de voz que emplea para ocultar lo que siente, como si quisiera darse la contra a sí misma—Típico de Anzu.
—Hikari, perdona por tomar tu tiempo prestado para preguntas de este tipo—Tomoko evade mi mirada para observar el vacío plato que tenía delante suyo—Me sorprende la fortaleza que tienes para venir tras lo ocurrido.
Me quedé en silencio, comprendiendo. Lo único que hice fue asentir.
—Perdón… debe ser un tema algo delicado—se disculpa ella—Aun así, quisiera hacerte una pregunta más… ¿sabes que es un Shamanmon?
… un segundo, ¿qué?
—¿A qué viene esa pregunta?—intenté poner el rostro más natural posible para no delatar mi conocimiento de aquellas criaturas.
—Un día Anzu andaba escribiendo unas cosas y se le cayeron todos los papeles que cargaba… justo crucé por su asiento, la quise ayudar… al verme sus ojos parecían muertos al verme, evadiendo mi mirada y arrancándome el papel para tan solo seguir—dice de manera derrotada Yumi—Admito que no fuimos muy amable con ella pero esa no es forma de tratarme.
—Yumi…—Tomoko suspira—Sabemos que a Anzu le gustan las cosas ocultas… tipo, magia, hechicería… el tarot, ya sabes. Es por eso que quizás pensamos que en sus conversaciones pudo haber te dicho algo sobre su pasatiempo, porque desconocemos esa palabra… y todos esos papeles… eran demasiados para ser simples escrituras. Era como si ella fuese quien las escribía.
—Chicas yo...
—¡T-T-Tk!
La voz chillona de Yumi interrumpió la respuesta negativa que iba a darles. De una manera mágica, Tk había aparecido a mi lado, tocando mi hombro.
—Te estaba buscando. Al fin logré escapar de Yamazaki y los demás—al percatarse de las otras dos personas que se encontraban en la mesa, frunció el ceño—Sakuraba, Mizuhara…
—¡Tk, todo está bien! Tan solo estábamos platicando—sonreí para tranquilizarlo—¿Ves?
—Sí, eso es todo—contesta Yumi jugando son uno de sus cabellos—N-No es como si quisiéramos dejarte a solas con Yagami ahora mismo.
—Yumi…—una vez más, Tomoko le dirige una mirada de fastidio—Justo habíamos terminado. Muchas gracias, Hikari.
—N-No hay problema—murmuré, sin comprender la situación. La mano de Tk se había relajado, razón por la que logré levantarme de mi asiento a la misma vez que ellas dos. Ambas empezaron a caminar sin mirar atrás—Espero haberlas ayudado…
—¿Dijiste algo? ¿Segura que todo bien?—su reciente preocupación por su cambio de actitud hacia mí siempre me toma desprevenida.
—Sí, no es nada importante—logré contestarle. Preferí cambiar de tema al observar el clásico reloj antiguo colocado en la sala principal entre los demás alumnos que daban las once de la noche—Si mal no recuerdo me debes un baile.
Una risa nerviosa revela sus blancos y relucientes dientes, como si salieran de un comercial de pasta dental, tomándome de la mano, me lleva al centro de la pista.
—Lo prometido es deuda.
En ese momento, sentí la magia del momento, su mano, tibia, me ponía los pelos de punta. Con tan solo sentir cómo la otra tomaba mi cabera, sentir cómo se moldeaba con mi vestido, mi corazón deseaba escapar por mi boca para dejar de latir. Evitando su mirada, quise concentrarme en mis pies, pensando que si lo pisaba con estos tacos podría escapar del calor que me otorgaba. Odio esto, Daisuke, odio todo esto. No obstante, me sentía feliz, querida, como si llenaran ese espacio vacío que estaba inundado de soledad. En eso, empieza una canción. Empecé a implorar que fuese electrónica, darnos una razón para separarnos y huir una vez más pero una vez más todo jugó en mi contra. Balada. Una balada. Finalmente, logré levantar mis ojos para dar con los suyos, una mezcla de chocolate con canela se hundían en un profundo océano. Tras escuchar el cambio de música, todos los alumnos se retiraron de la pista. Solo unos pocos regresaron con sus parejas, sucumbiendo a la maravillosa voz de Jason Wade del grupo Lifehouse. Ciertamente, no sé si describir la canción como una balada al contener algo de pop y rock, aun así esta canción siempre la vi de esa manera, una balada. Everything empezó, sumiéndome una vez más en el cuento que ambos habíamos accedido a crear. Al escuchar la voz sentí como se formaba un nudo en mi garganta. Comenzó a moverme de manera lenta, sonriendo de manera nerviosa al no querer pisarme los pies. Estiró su brazo para que el mío hiciera lo mismo, estirándonos, para girar y caer una vez más en sus brazos. Mi espalda daba con su pecho mientras él apoyaba su mentón en mi hombro. Empezó a mecerme como si fuese una canción de cuna, nuestras manos entrelazadas. El palpitar de su corazón se mezclaba con el mío, formando una sola melodía, unidos como uno solo. Esta unión es hermosa y dolorosa. Sin percatarme la canción ya había llegado al coro, momento en el cual sentí su aliento cerca de mi oído, su respiración en mi nuca. Intenté alejarme, correr, pero sus manos se aferraban con fuerza a las mías.
—Eres todo para mí, por eso te necesito. Tu luz es la única esperanza que queda—quería dar la vuelta, enfrentarlo, pero no podía—Sé que me estás ocultando algo, estoy convencido de ello. Necesitamos de tu luz si deseamos salvarlos… por favor, quiero entenderte porque yo… yo…
Finalmente, logré recuperar el aliento, logré respirar una vez más. Sentí cómo mi pecho se levantaba de arriba hacia abajo, quizás así se siente uno cuando lo salva de ahogarse en el mar, estaba saliendo del océano en cual me sumergí al empezar el baile. Una sensación desconocida empezó a apoderarse de mi cuerpo. Un terrible temor se adueñó de mi sistema nervioso. Con una fuerza sobrehumana, ya que eso sentí al ser descomunal para el débil cuerpo que cargo. Cuando la canción se encontraba en pleno catarsis, logré soltarme de su apretón, deteniendo nuestra fantasía. Los demás integrantes de la pista se detuvieron para observarme al ser algo tan violento.
—¿Kari…?
—¡No estoy ocultando nada!—grité, intentando ocultar mi mentira mientras formaba puños para incrementar mi escándalo—¿De esto se trataba? ¿¡De sacarme información!? ¡Pensé que… pensé que!
Exactamente, ¿qué pensé?
—¡Kari!—asustado por todas las miradas dirigidas hacia mí, se acercó a mí a través del murmullo y cotilleo—No es lo que piensas… yo solo quiero… hablar contigo.
—¡¿Y sobre qué!? ¿Lo único que haces es plantar más dudas en mí!
¿Qué me está pasando? ¿Tanto deseo ocultar la presencia de Daisuke en el Mar Oscuro? ¡No quiero decirle, no quiero decirle! ¡Quiero confirmarlo, quiero confirmarlo! ¡Necesito saber quién es Natcchan!
—¡Te equivocas! Es lo que menos quiero… no quiero… presionar mis sentimientos de esa manera.
—¡Mentiroso!—gordas lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas, manchando mi vestido con agua salada. Observé el lirio de mi muñeca, un par de pétalos habían caído—¡Mentiroso!
Sin mirar atrás, agradecí que mi vasta fuera corta, ya que empecé a correr para salir de ese lugar, ese lugar tan agobiante. Ese lugar que trajo alegría y dolor, un dolor que me atormentaba, que me afligía. La mejor opción que se me ocurrió fue huir, para tan solo escuchar su voz llena de un pedido egoísta.
—¡Te esperaré en la cúpula! ¡Ahí estaré, esperándote!
Apreté mis dientes con fuerza, saboreando las lágrimas que entraban en mi boca, dejando atrás todo ese sueño, a las once y media.
Residencia Hinanawi
Me encontraba sentada en el frío suelo de madera de mi habitación. Por algún motivo, debería estarme sintiendo deprimida de que Takeru se esté divirtiendo en la fiesta con Kari, es el pensamiento que me ando repitiendo una y otra vez. No siento tristeza de no ir, en realidad siento un gran alivio. Mis ojos dieron con un perchero en donde debería ir un vestido que nunca fui a recoger. Desde un inicio no tenía intención de ir, es por eso que no comprendo esta sensación cambiante de mi corazón. Mi mente prefería pensar en otras cosas. Por ejemplo, el extraño comportamiento de mi hermana menor. Desde ese día en el hospital, desde ese día que escuché esa inusual conversación entre Kari y Takeru no he dejado de formar especulaciones en mi mente, sin saber si son ciertas o falsas sin haber forma de confirmarlas. Mihara ha estado insistiendo en pasar la noche conmigo desde entonces, demasiado diría yo, diciendo que es peligro, que siente oscuridad, que quizás tuviese que ver con algo que yo no parezco comprender, es por eso que le eché la culpa a esos tales Digimon, lo cual ha llevado a constantes discusiones. Faltaba a la escuela por esa razón. Esas peleas involucraban gritos, inclusive rompí algunas cosas de la casa. Con temor de causarle más daño, borré contacto con todos en el exterior. No contestaba las llamadas de Takeru, por más que anhelara escuchar su voz, preguntarle, confesar que los espié, no era capaz de abrir la puerta. La peor discusión que tuve con mi hermana fue aquella que hizo que finalmente decidiera salir de mi cascarón una vez más desde ese incidente en aquél mar tan oscuro como la noche.
«¡Mihara, algún día esa ingenuidad, esa inocencia que tienes va a traerte un severo problema!»
«¡Hermana, tan solo escúchame! ¡Los Digimon no son producto de mi imaginación!»
«¡No hay otra forma de explicarlo, es algo irreal!»
«No… ¡mientes, son reales, yo lo sé!»
Fue ese momento en el que levanté un florero.
«¡Mihara, silencio!»
«Fū-nee… ¿Q-Qué estás haciendo…? ¡No! ¡No! ¡No! ¡No te me acerques, hermana!»
Me abracé a mí misma recordando la peor parte.
«Te dije… ¡silencio!»
«¡Hermana, no! ¡No!»
Con tan solo recordar el abrazo que Mihara me dio en ese momento, llenando mi cuerpo de calor una vez más, quizás le hubiese hecho el peor daño del mundo, ¿qué clase de hermana soy? Debería darle el ejemplo… es por eso que luego charló conmigo y por esa razón decidí ir a la escuela para tan solo encontrarme con Takeru y Kari en la puerta e inventar una patética excusa y actitud para engañar mis ánimos al igual que a ellos.
Todavía sentada en el piso, decidí abrir uno de los cajones de mi armario, lugar en donde se hallaba la daga que tenía ese día del accidente de Daisuke. Dos meses, han pasado dos meses desde ese día que no deja de atormentarme, junto a los fantasmas de mi pasado. Ese día en el que volví a comportarme como solía hacerlo al lado de Tokiko, tomando prestada esa otra faceta suya. Tras colocar mi mano al lado del objeto, hallé la fotografía que me prohíbo ver. Ver el rostro de mi hermano, de Akira, nunca trae nada bueno. Es por eso que mi corazón duda tanto. Takeru… es idéntico a mi hermano. La confusión generada en mi interior, el amor que siento hacia mi hermano, la persona a quien más amo, la persona que desapareció por un capricho de mi vida, encontró un reemplazo. El día que conocí a Takeru, ahí fue el comienzo de nuestra historia. Por más que el color de cabello tan oscuro de mi hermano, de un negro intenso, y ojos esmeralda fuesen remplazados por rubio y azul, parecerían copias exactas. Yo me encontraba al otro extremo de la foto, con un rostro lleno de alegría por reunirme una vez más con mi ídolo, Tokiko, quien se encontraba entre nosotros dos. Tokiko, una estrella famosa tan solo unos años más que yo pero uno menos que mi hermano, había logrado hacerse amiga de nosotras al mudarse al apartamento de a lado en los tiempos que solíamos vivir en Miyagi. Ella, famosa estrella de Odaiba que poco a poco se iba haciendo más grande. De alguna otra forma terminé envuelta en su mundo, una estrella más. Cuando mi familia decidió mudarse también a Odaiba por negocios, decidí ir a buscarla, para tan solo enterarnos que vivía en nuestro mismo complejo una vez más. Sin embargo, había rumores sobre cierto consumo ilegal. Siempre negaba eso, creyéndolo imposible. De una u otra manera terminó saliendo con mi hermano, quién a los pocos meses también cayó en una actitud similar. Los celos, los celos empezaron a comerme en ese momento. No deseo recordar más. No quiero.
Las sonrisas en esa foto, ¿son reales o son falsas?
Suspiré para tan solo sentir mi sangre hervir ante tal pensamiento. Golpeé el suelo con fuerza, frustrada. No quiero seguir recordando pero mi mente lo hace sin mi permiso. Ahora es un día lluvioso. Abandonada, sola en pleno puente, sentada como alguien pidiendo limosna, como un vagabundo, como un drogadicto que perdió su camino. Sin embargo, tú te detuviste por mí. Por más harapos, por más malgastado y evidente rostro lleno de consumo, acudiste hacia mí. Cubriéndome de la lluvia con tu chaqueta, hablándome, desconcertado por lo que veías. Esa noche me llevaste a tu casa, me alimentaste, inclusive me diste un baño al estar yo tan perdida. Lo único que pensé al verte era lo siguiente.
Akira. Akira ha vuelto por mí.
Quiero escapar de esta cadena que me mantiene unida a un pasado del cual deseo escapar. De esta necesidad de confundir el amor que siento hacia mi hermano con Takeru por tan solo su bondadosa actitud y semejanza. Mi cabeza empezó a retumbar llena de pensamientos negativos. He tomado mi medicina, debería estar bien, ese lado encerrado baje llave.
¡¿Por qué justo hoy!? ¡¿Por qué justo ahora!?
Sentía como todo empezaba a girar. Apunto de perder la noción, sentir cómo todo se volvía en nada, en solo oscuridad. Yo debería estar en el lugar de Kari, yo debería estar disfrutando. Yo tengo que ir, tengo que ocupar su lugar, ser la única persona… a la que mi hermano mire y ame. Debo ir con mi hermano, debo ir con Akira. Akira… Akira… puedo sentir la fría superficie de la daga entre la yema de mis dedos. Tan metálica, tan filuda, tan perfecta. La sostuve entre mis manos, trayéndola hacia mí. Con la poca sanidad que queda en mi mente, sé lo que tengo que hacer.
Eché un profundo grito, raspando mi garganta, inflamando mis amígdalas, estrujando lo que quedaba de mi vida. Lo último que sentí fue frialdad ante mi nuca.
Hospital
Una noche más en la que Ken Ichijouji opta por ir a aquella habitación que le causa constante dolor, la habitación que lo aleja de la persona más importante de su vida. Con tan solo recuerdos del pasado, le pide disculpas a nadie en particular antes de ingresar, tienendo en mente a la mujer que ama, al girar la perilla.
—Emperador… quisiera decir que grata sorpresa pero ya no lo son—saluda la voz, de manera mecánica, como es de costumbre—No creo que sea porque me has tomado un cariño especial.
—Jamás—replica cortante. Sus ojos divisan unos papeles en particular sobre las sábanas de la cama, unos papeles que reconoce de manera inmediata—Tokino, ¿por qué?
—¿Hm? Qué extraño que me preguntes algo, ¿acaso tanto te interesa saber, Ichijouji? Osamu solía decir que eras un niño inteligente, ¿a dónde se habrá ido ese niño?
—Sé lo que son—una vez más, repugnado de la manera en la que habla sobre su hermano—Fallaste ese examen a propósito, ¿por qué? ¿Qué estás tramando ahora?
De manera dócil, acomoda los papeles en la sábana, ojeándolos uno por uno.
—No sería tan divertido si fallaba, mi querido Emperador… ah, el Ichijouji de aquellas épocas, ¿por qué desapareciste? En fin, tampoco es problema mío. A lo que iba, tan solo deseo conocer a los famosos elegidos y a su líder… en persona.
—¡Tú! ¡Desgraciada!
—Tsk, tsk , tsk—hizo un extraño gesto moviendo el dedo índice de un lado a otro—Ichijouji. Nuestro querido Osamu no estaría feliz con esa actitud.
Silencio fue la única respuesta. Ken no se atrevía a decir nada más si eso significaba que la figura dejase de jugar con el nombre de su fallecido hermano.
—No puedo esperar al próximo año.
Una macabra risa se apoderó de la habitación, la cual fue opacada por el sonido de una ambulancia. Sin saber lo que ocurría, optó por acercarse a la puerta, sacando el rostro para luego volver a ingresar al ver a enfermeras y médicos corriendo en el corredor, seguidos por una camilla. En ella una joven se encontraba sangrando, con un tubo intravenoso en su nariz que le proporcionaba oxígeno. No logró divisar su apariencia por la falta de luz. Lo que parecían ser vigas, las típicas vigas de construcciones, atravesaban su abdomen. A lo lejos, una silueta se apresuraba en correr, gritando sin importarle la hora o si hay pacientes despiertos.
—¡Hermana! ¡Hermana!
El dolor en su voz era intenso, tal y como si arrancaran su cuerpo en pedazos. Incapaz de seguir mirando más miseria, Ken opta por volver a ingresar por completo a la habitación, para tan solo escuchar una conversación indebida. Los ojos plateados del muchacho que gritaba por su hermana se quedó grabado en su cabeza.
—¡Tenemos que llevarla de emergencia!
—¡Por ahora pónganla en esa habitación cuando salga de la sala de operaciones!
—¡Pero doctor, esa habitación es del paciente Motomiya! Cuando lo encuentren y traigan de vuelta ¿en dónde lo colocaremos?
¿Encontrar? ¿Traer de vuelta?
—¡Por ahora es primordial tratar a esa joven! Cuando regresen con él tendremos que asignarle otra habitación, por ahora hay que darnos prisa si deseamos salvarle la vida a esta niña.
—Como diga, doctor.
—Hermana… hermana… ¿por qué…?
Sin poder contener las emociones que llevaba por dentro, Ken se atrevió a desafiar a esa persona que osa dominarlo con palabras que lo atormentan por su pasado.
—¡¿Qué hiciste!?
Una risa más escapó de sus labios, casi minúscula, para luego cambiar su tono de voz a uno mucho más grave, con un toque lúgubre.
—Solo… ayudé un poco. Estoy echando una mano.
Sin poder más con su curiosidad, agradeció mentalmente que los médicos no se encontraran en el pasillo salvo al muchacho que ingresó junto al cuerpo, inmóvil en una de las sillas del pasillo. Ignorándolo, siguió corriendo hasta llegar a la habitación que tanto buscaba. Sin dudarlo ni un segundo más ingresó, solo para ser recibido por una ventisca. La luz de luna iluminaba la habitación, el fresco viento del interminable otoño mecían las cortinas como al ritmo de una melodía imaginaria. De a pocos se aproximó hacia el lugar en donde debería estar durmiendo, en un profundo coma, su mejor amigo. La cama se encontraba deshecha, un roto calendario encima, varios tubos fuera de lugar. Aparte del cuerpo, lo único que faltaba era esa típica máquina que revelaba los latidos de su corazón, de donde cuelgan los sueros. Sus piernas cedieron por la tensión, cayendo de rodillas al suelo.
—Daisuke…
Y aquí lo tienen! Ahora pueden ver la razón por la cual he demorado TIEMPO en subirlo. (35 páginas oh Dios) Uff, ni hasta yo imaginaba que iba a quedar así de largo. Lamento MUCHO si hay falta sy fallas ortográficas que se me hayan pasado, cosa que es muy probable por la cantidad de palabras que hay. Muchas cosas han sucedido en este capítulo, en especial, ¿qué onda con el Digihuevo? ¿Acaso estuvo de parranda toda la noche o lleva una fiesta en su interior?. Espero haber resuelto algunas cosas, como cabos sueltos, y quizás… bueno, ¿habrá despertado Daisuke? ¿O quizás no? Nos leemos pronto y muy Feliz Navidad, mis queridos lectores
