Nota de Autora: Espero hayan disfrutado el capítulo anterior y no se les haya hecho muy pesado! Me he olvidado de comentarles pero no soy muy buena escribiendo en tercera persona pero hice mi mejor esfuerzo porque no quisiera hacer a la vez este capítulo tan largo (en especial con una escena en especial que… ay, siento que me quedó mejor la escena DaiHikari relatada desde el punto de vista de ella que en esta urghjf) !


Capítulo 25: Chico Valiente


Con tan solo saber que en unos minutos vendría aquél hombre que odia mucho más que a Yamato, Taichi observaba desanimado la puerta de la habitación de su hermana menor. Por más que su madre tratase de establecer conversación con él, los bufidos que soltaba por la frustración e inutilidad de poder tomar rienda en el asunto opacaban la voz de la razón. Además, si deseaba poner algún plan en acción, este fallaría debido a la presencia de su mejor amiga, Chise. Seguía sin comprender el inusual comportamiento de esa chica, quien insistió una y otra vez en que tuviera esa cita hace dos meses con su ex – novia, Mariya Shinozaki, lo cual terminó en él tomando noción de la existencia de aquella preciada segunda oportunidad que tanto buscó. No obstante, el camino que había elegido se encontraba lleno de espinas, incapaz de poder evitarlas al clavarse en su cuerpo, llegando hasta su corazón. Suspiró una vez más ignorando a su madre, recordando que al salir de la pastelería le dio una llamada a su rubio favorito, sacándole una sonrisa por el pensamiento sarcástico, preguntando si Sora andaba disponible. Desafortunadamente la llamada se vio interrumpida por aquella mujer que impide que su corazón pueda avanzar, seguir adelante. Con tan solo escuchar su voz al otro lado del auricular, como un eco quejándose sobre algo tan absurdo como las arrugas de su blusa preferida, colgó de manera instantánea. Es por esa razón que odiaba recordar ese día y la próxima presencia de Tk era lo que le faltaba para incrementar su irritante carácter de esta noche.

En eso, sus ojos canela dieron con aquellos miel de Chise, quien acababa de salir de la habitación algo sorprendida para al final darle una gran sonrisa al notar su presencia. Taichi se ruborizó, revelando una pizca de vergüenza en su tez bronceada mientras se jalaba un poco el flequillo en ademán del evento. Él no sabía que la chica había sido retirada de la habitación por la reacción del Digihuevo que él mismo acababa de descubrir hace pocas semanas. Aun así, le prestaba poca atención a un asunto de gran importancia para el primer líder de los niños elegidos. Su sentido de responsabilidad le urgía reunir a todos los demás para hablar seriamente sobre el tema pero su voluntad se hallaba fuera de su cuerpo, dirigida hacia un solo objetivo: una segunda oportunidad.

—Ya se acerca la hora, ¿no es emocionante?—a ojo cerrado, Chise sonríe una vez más al sentarse a su lado. Por algún motivo, el moreno se alejó al sentir algo de incomodidad por tenerla tan cerca—Procura comportante como una persona decente, Taichi.

—No eres mi mamá para estarme diciendo esas cosas—replica resignado él, evadiendo su mirada.

—Taichi, si vas a hablar mal de mí que no sea en mi presencia—suelta Yuuko mientras se colocaba un delantal para empezar a preparar la cena—Chise, ¿te quedas a cenar? Ahora que HiHikari va a salir a su fiesta estoy segura que mi hijo se sentirá algo solo en la mesa.

—¡Mamá!—refunfuñó el muchacho, cansado de que su madre siempre insinúe algo más entre ellos mientras su rostro se tornaba de un brillante escarlata, —Lo siento, ya sabes cómo es ella.

Cuando Taichi le habló a su mejor amiga, logró observar que aquella piel tan blanca como la nieve se encontraba ligeramente sonrojada, jugando con sus dedos mientras miraba a ningún lugar en particular tan solo moviendo los ojos de aquí para allá.

—No hay problema, Taichi. Además, estaría encantada de poder cenar aquí, señora Yagami. Gracias por la invitación.

—Perfecto, es hora de empezar a preparar la comida entonces— levantándose un poco la manga de su suéter y haciendo un puño al aire, Yuuko Yagami empieza los preparativos para intentar una nueva receta recién sacada de internet.

—Oh, no. Ese espíritu al cocinar tan solo significa que va a hacer un experimento de comida misteriosa X—susurrando, Taichi agrega.

—Vamos, no creo que sea tan malo—se ríe la muchacha de cabello tan negro como la noche.

—¿No me crees? Anda pregúntale a Koushiro, es una prueba viviente luego de ese jugo de carne que tomo ahí en el 2000…

—¿A Izumi? No es necesario, creo todo lo que dices, Taichi—dice mientras se acerca más a él, recuperando la distancia perdida—Ah, cierto casi lo olvidaba… tuve una brillante idea allá adentro para que no enfrentaras a la pareja de HiHikari.

Una vez más, Taichi no comprendía la razón de su incomodidad. Desde que terminó su relación con Mariya, Chise parecía querer acercarse un poco más a él a diferencia de otras veces. Quería preguntarle, deseaba hacerlo, inclusive tragó algo de saliva tanto por temor a la idea y su nerviosismo al percatarse del lunar que carga en el pecho por el escote que formaba su blusa.

Es muy inusual en ella. Siempre andamos juntos pero siento que esta vez hay algo diferente… no sé cómo explicarlo. Me incomoda el simple hecho de tenerla tan cerca. Quiero preguntarle aunque sería algo injusto al no haberle contado sobre mi final con Mari. Ese día me llamó en la noche y preguntó si todo bien. Tan solo comenté que terminamos pero no de qué manera.

—Taichi, ¿me estás escuchando?—infla sus cachetes de manera infantil para darle diminutos golpes en el pecho con los nudillos de sus delicadas manos—Decía que tuve una brillante idea.

—Ilumíname—suelta en un suspiro al finalizar sus pensamientos.

—¿Qué onda con esa actitud?—bufó ella—En fin, como iba diciendo… creo que lo mejor sería que no puedas ver el preciso momento tanto a HiHikari salir de su recámara y su encuentro con el pretendiente.

—¡Ese rubio con cara de bebé no es su pretendiente!—soltó con ira contenida—Tan solo… me fastidia mucho e hecho que vaya con alguien tan cruel como él.

—No tengo idea de lo que haya pasado entre ustedes pero, esto puede sonar algo fuera de lugar, creo que ese sentimiento es lo que piensan muchas personas con respecto a ti.

—No me pongas en su mismo nivel.

—A lo que voy es… has terminado con tantas chicas que estoy segura que las que tienen hermanos deben pensar igual que tú, que solo te dedicas a salir con ellas por diversión y romper sus corazones al final, como acaba de pasar con Mariya.

—Tan solo me dedico a romper corazones… ¿no?

Tal y como Sora lo hizo conmigo luego de una larga relación.

—Me duele mucho ver que terminaras con ella. Te he visto muy desubicado estos días que siento que quizás mi idea fue una mala. Deben haber roto de una terrible manera…—mientras hablaba, una sonrisa quiso aparecer siendo delatada por la comisura de sus labios—Bueno, lo pasado pasado. Antes de que me olvide, ¿señora Yagami, dónde guardan vendas?

Retirando su cabeza de una humeante olla que hervía algo de agua, la cabeza del hogar de los Yagami responde, —Detrás del espejo del baño, ¿alguien se lastimó?—

—No se preocupe, todos se encuentran bien. Es para otra cosa.

Tras levantarse del sofá, Taichi sintió que pudo al fin respirar tras desaparecer su presencia. Todavía sin poder creer la situación en la que se encontraba, quiso distraerse con algo de televisión para que se viese interrumpido por el esbelto cuerpo de Chise que tapaba su vista. De manera veloz había conseguido el implemento necesario para su plan y no dudó en empezar. Él, desconcertado, deseó luchar para escapar, mas la peor arma conocida para el hombre se apoyó en su torso.

Nunca creí sentir… el pecho de Chise tan cerca al mío. Mi corazón no deja de latir y por algún motivo siento que si no se separa de mí pronto mi libido me perjudicará… necesito aclarar este malentendido. Ella cree que terminé con Mari de la misma manera que con todas esas otras chicas. Desde que terminé con Ai Sorami, la causante de que perdiera la paciencia con… las Soras… piensa que todas acaban de la misma manera. Además, debo contarle sobre mi segunda oportunidad pronto…

—Vamos, no te resistas, tan solo déjame terminar esto—apoyándose mucho más, la chica forzaba su cuerpo en el de él, para acabar con los brazos extendidos en su cara. Con un poco más de persistencia, finalmente logró cubrir sus ojos con la venda—Y ya está. Perfecto.

No veo nada. Me pregunto, ¿si mi mano termina en uno de sus pechos contaría como accidente? No, Taichi. No pienses así de tu amiga, no te dejes controlar por tus frustrados deseos sexuales al no ser satisfechos por Mariy- ¡A quien quiero engañar, ella era demasiado pura y linda e inocente y bella y linda y argh necesito eso con una mujer urgente! ¡Tanto así que estoy viendo a Chise por lo que es, cosa que nunca en mi vida he hecho! Serénate, Taichi.

De manera repentina, su monólogo interno se vio interrumpido por el fuerte sonido del timbre. Era la hora prometida. Su madre apagó la hornilla, nerviosa, mientras se retiraba el delantal para abrir la puerta.

—¡Qué nervios!

—¡Vamos, Taichi! ¿Qué estás esperando?—Chise se levanta, sujetando las manos del moreno. Sus ojos brillaban como si estuviese a punto de cometer una travesura—Siento que esto no va a funcionar así que tengo una mejor idea.

—¡Tan solo quítame esto! Quiero ver a Hikari y darle una paliza a ese hombre—se seguía engañando para así quitarse el deseo que resguardaba lo mejor posible bajo llave—Y unas estúpidas vendas no me lo van a impedir.

—¡Es por eso que debes de venir conmigo! ¿Acaso quieres arruinarle la noche a Hikari?

Taichi se detuvo en seco en vez de seguir la dirección de los pasos de la chica, todavía siendo retenido por sus manos en ambas muñecas.

—Eso es lo que menos quiero…

Chise tiene razón… no deseo arruinarle la noche a Hikari. Después de todo por lo que ha pasado merece algo de felicidad y no quisiera malograr las cosas.

—Entonces…—una vez más una sonrisa diferente se hizo paso en los labios de la chica para susurrar en el oído de su mejor amigo—Sígueme.

Cuando le quitaron el vendaje, a Taichi le costó acostumbrarse a la tenue luz artificial que provenía de la lámpara que se encontraba en su mesa de noche. Definitivamente se encontraba en su habitación. Un poco más decente que de costumbre pero todavía con sus restos de basura en ciertos lugares. Echando un suspiro, se sienta en la cama para escuchar como Chise ponía pestillo en la puerta.

—¡Oye! ¡¿Me estás encerrando!?—exclama sin importarle si pueden escucharlo del otro lado.

—Si eso impide que salgas como un dóberman con rabia, pues sí—replica cruzando sus brazos para también suspirar, imitándolo—No será eterno, créeme.

—Sí, claro…—rendido, tira el resto de su cuerpo en la cama al no saber qué más hacer.

Escuchar su voz tan cerca de mi oreja hizo que me pusiera los pelos de punta, ¿acaso tan desesperado estoy?

Para su sorpresa, Chise se sentó al otro extremo, imitando su posición. Ahora, ambos extendidos, ella entrelazó sus manos con las suyas, soltando una risa inocente.

—Sabes, Taichi… me alegra mucho que seamos amigos.

—¿A qué viene esto?—la sorpresa en su voz era evidente—A mí también me alegra mucho… aunque a veces pienso que eres un demonio.

Deja de sonar inseguro, ¡idiota!

Ella tan solo rió por lo último que dijo.

—Verás… hay algo que me gustaría decirte—su tono de voz baja un poco, mezclándose con el ambiente pesado.

Mi corazón no deja de latir, este palpitar… Sora… Sora… Mari… Mari… ¡Mariya, ayúdame!

Como si aquella hermosa joven de cabello rosa pastel que todavía se encuentra en un lugar de su corazón escuchase la plegaria, una conversación se abrió paso en el exterior que causó que se pusiera de pie de manera cautelosa soltándose de la unión con su mejor amiga.

—En fin, ¡Tk ya está en la puerta! Hija, escúchame con atención.

¡Entonces el que tocó el timbre si era ese bastardo!

De manera estrepitosa, Taichi logró lanzarse hacia la puerta de manera salvaje, traspasando su frustración de un lado al otro. Mientras que su madre le daba una charla a Hikari sobre la fiesta y Davis, sin ignorar el piropo de lo guapo que estaba Tk procedente de Yolei, no aguantó más su furia contenida ocasionada por dos frustraciones: la furia de ver a su preciada hermana salir con el hombre que más lo ha lastimado, desde su punto de vista, y deseos sexuales.

—¡Ábranme la puerta! No puedo dejar que Hikari vaya con esa basura con cara de muñeca de porcelana—sin importarle el control de su volumen, prosiguió—¡Estoy dispuesto a limpiar mi habitación… a limpiar todo el apartamento! Tan solo déjenme salir, ¡por favor!

La desesperación se apoderaba de su cuerpo. Decepcionada de lo que veía, Chise optó por la mejor solución. Amarrar un par de vendas y lanzarse a él, acorralándolo en sus brazos.

—¡Taichi, basta! ¡Silencio y vuelve a la cama!

Por algún motivo eso sonó algo… ¡Dios mío, Taichi compórtate! Piensa en ese bastardo y tu hermana juntos.

—¡Chise, eres un demonio!—exclamó entre dientes, todavía luchando para zafarse de ella.

—Gracias—contesta de manera alegre sin borrarse la sonrisa de su rostro.

—¡No era un halago!—suelta desesperado para al final ceder y desplomarse una vez más en su desatendida cama llena de papeles y restos de golosinas.

—Pareces una bestia—con un suspiro, la joven se sienta en el mismo lugar, observándolo de reojo.

—Quiero mucho a Hikari… y lo que menos deseo es verla llorar una vez más—admite, sumiéndose en melancolía—Sabes… estas últimas semanas la he escuchado llorar todas las noches. Estoy convencido que es por ese tipejo… ¡y no hice nada al respecto! Tan solo escuchaba… mortificado, incapaz de ayudarla al no saber qué decirle… quería llamar a Mari por consejos… ella siempre sabía que decirme…

—Mariya… ¡Suficiente!—algo irritada, logra ponerse de pie delante de él, con una mirada que jamás había visto—¿Y yo? Tú sabes que también quiero a Hikari y deseo ayudarte, ¿por qué no me consultaste?

Me pregunto lo mismo. Caray… nunca la vi tan enfadada… ¿por qué se exalta tanto cuando hablo de Mari? Nunca lo había hecho con otras mujeres, ¡inclusive ella me alentó a volver con la mejor chica con la que he estado y eché ese chance por el drenaje! Estoy actuando como un cobarde… valor… se supone que mi cualidad es el valor… ser valiente… soy una deshonra para mí mismo.

—Lo sé pero… pensé que estarías cansada de escucharme ser tan patético— logró decir mientras se enderezaba en la cama, colocando sus manos rendidas en sus rodillas—Inclusive temo llegar a ser una carga para ti.

—¿Perdón?— sus ojos brillaban con algo que Taichi jamás había presenciado estando a su lado, lágrimas, —Siempre pero siempre he estado en tus mejores y peores momentos, ¿y ahora te pones a pensar si eres una carga? Cuando te conocí parecías más seguro de ti mismo y ahora mírate… te ves… patético. Suena fatal pero así luces en estos momentos, ¡todo por culpa de Mariya Shinozaki!

¿Mari? Ella no tiene nada que ver en esto. No entiendo cuál es su problema, no me gusta que hable así de ella. Por más que sea Chise no tiene razón para hablar así de ella, ¡no la conoce para juzgarla! Chise está actuando muy extraño.

—¡Un segundo Mari no tiene nada que ver en-!—pero su argumento fue interceptado por una veloz bala que provino del otro lado de la puerta.

—Vaya, Tk. Muy buenas noches. Te ves muy bien.

—G-Gracias señora Yagami.

—Pero que guapo…

—Um, Kari Buenas noches… te um, te ves muy bien.

—G-Gracias… i-igual tú.

Y fue en ese momento en que la bestia conocida como Taichi Yagami fue desatada al perder la paciencia con aquél hombre que atormentaba a su más querida hermanita todos los días, tanto en sus sueños como en la vida real. Sin embargo, antes de que pudiese saltar de la cama a la puerta, un cuerpo cayó encima del suyo.

—No puedo seguir mirando esto…—soltó con el último suspiro de la noche aquella chica que observaba de manera fría la reacción del muchacho.

Sentir el calor humano, un frágil cuerpo que por primera vez acababa de sentir minutos atrás, reposaba sobre su torso. Sin creer lo sucedido, los ruidos que Hikari escuchaba del otro lado no era la furia de su hermano, sino los sonidos ocasionados por un momento de pasión. Chise había colocado sus pálidos labios, en aquellos partidos de Taichi de una manera prohibida. Por más que la mente del muchacho desease salir, escapar, su cuerpo rogaba, imploraba aquél pecado. Cambiando de posición, ahora era él el que tenía rienda de la situación, abusando de su lugar como hombre. La adrenalina corría por sus venas, bombeando el corazón que lo mantenía con vida. Sin separarse de ella, empezó a colocar las manos tras su blusa, sintiendo esa frágil espalda que lo apoyaba todos los días en clase. La primera en romper la unión fue ella, con tan solo un camino de saliva creado por el momento que los mantenía conectados, para respirar de manera agitada, preparada para las consecuencias de sus actos. Por un breve instante, el cerebro de Taichi empezó a actuar, notando un brillar de picardía en aquellos ojos color miel que instantes atrás parecían a punto de llorar. Aun así, su libido tomó control al empezar a besarla alrededor de su rostro, descendiendo de a pocos por su nuca. Como si ella pudiese leerle la mente, soltaba de a pocos aquellos ruidos que excitaban su alma, erizaban su piel. Sin poder aguantarlo más, sus manos vuelven a la blusa mientras siente como la yema de los dedos de la mujer recorren su espalda, como un cariño inocente, retirando su polo. Al lograr ingresar tras la vestimenta, suelta la prenda que impide que pueda gozar del fruto prohibido que carga en su cuerpo, tentado por el lunar que se le fue revelado con anterioridad. Desabotonándola, se separan de aquél beso lleno de deseo carnal. Tras tenerla en sus ojos, el brassiere celeste, resaltando sus grandes pechos que pasaban desapercibidos por la vestimenta que siempre utiliza, lo excitaban más. Al ver su rostro, uno que dejaba de lado la inocencia del ayer, aquella que observaba todos los días en ella, su mente logró tomar control trayendo recuerdos de su primer y único encuentro sexual con Mariya.

Chise… nunca la había visto de esta forma… ¿acaso es este su verdadero yo? En estos momentos solo tengo a Mari en mi cabeza. Ese día, ella tan asustada, temerosa… pero aun así entregándose para satisfacer mi egoísmo. Fue en ese instante en el que me detuve, incapaz de ser el hombre que la haga llorar. Nunca quiero hacer llorar a una mujer. Es por eso que hago que me odien, salvo que Ai Sorami rompió esa tradición, por ende incrementando mi trauma con las Soras. No puedo dejar que esto se arruine solo para complacerme. Tiene que acabar. Y ahora. No puedo más. Tengo que irme, irme de aquí, ¡tengo que verla, quiero verla!

Sin previo aviso, Taichi se separó de Chise, dejando atónita a la chica quien decidió cubrirse con la sábana el pecho. Acomodándose en la cama, observó cómo Taichi se colocaba el polo que tiraron al piso durante su encuentro apasionado y amarraba sus zapatillas sin decir palabra. Ella deseaba decir algo, pero nada salía de su boca. Antes de que dijera algo sin sentido, Taichi logra hablar.

—No puedo hacer esto, no me permitiré echar a la basura la oportunidad que Mariya me entregó, solo por un capricho como este—la observó con rabia en los ojos—Cuando regrese espero no estés aquí.

—Taichi, yo...

—Adios, Chise.

Y tras cerrarse la puerta, uno esperaría los clásicos sollozos y llantos incontrolables provenir de ella. Sin embargo, lo primero que hizo fue arrojar su sandalia ante la pared más cercana, con su sangre hirviendo en un máximo nivel.

—¡¿Segunda oportunidad!? Shinozaki… ¡Mariya Shinozaki!


Años Atrás


—Mamá no tenía razón para darme una bofetada tan grande…—un niño de unos ocho años de edad refunfuñaba en un pequeño parque mientras pateaba una diminuta piedra—¡Sé que es mi culpa que Hikari esté en el hospital por la fiebre! ¡No debí sacarla a jugar soccer! ¡Ya sé todo eso! ¡No tiene por qué hacerme sentir peor!

Sin notarlo, el pequeño Taichi había llegado a la ciudad, metiéndose entre callejones para terminar rendido en la pared, hundiendo su rostro en sus piernas.

—Sé que es mi culpa…

En eso, la voz de una niña se hizo paso durante su depresión. Un llanto se hizo paso en sus oídos, haciendo que retomara la compostura. Empezó a correr por la curiosidad, creyendo reconocerla. Finalmente arribó a un pequeño río que recorría el parque colindante para encontrar un grupo de niños alrededor de un cuerpo.

—¡Nunca debiste venir a Japón! Eres rara—decía un niño.

—Y fea. Eres diferente, ¡no perteneces aquí!—uno más se burlaba, jalándole el cabello a la víctima—Además, ¿han visto sus ojos? ¡Son muy extraños! ¿Acaso ves en dos colores? ¡Rarita! ¡Todo en ella es rara. Nombre, cabello, ojos… ¡es un fenómeno!

Los ojos de Taichi revelaban furia al ver un acto de injusticia ante él. Más aún, al reconocer los rostros supo que eran parte de su clase de inicial. Corrió hacia ellos, listo para darles un fuerte golpe con sus pequeños nudillos. Uno cayó al suelo, sin saber lo que ocurría.

—¡Oye! ¿Quién te crees que…?

Su voz se detuvo en seco al ver la figura. Los demás niños se juntaron temblando por el miedo.

—E-Es Taichi… ¡corran!

Tan solo porque desafié a Yamato y le gané no tienen por qué sentir temor al verme—tras ver la patética huida, Taichi echó un suspiro.

Con eso dicho, se acercó a la persona que yacía en el suelo, aguantando el llanto. Sus ojos dieron con una niña de cabello rosa inusual al terminar con una tonalidad rubia casi al llegar a las puntas, con su piel tan pálida cubierta por la tierra. Un par de heridas se veían en su cuerpo siendo revelados por su vestido de verano. Además, el detalle que aumentaba su singularidad era el hecho que su cabello lo llevaba muy corto, igualándose al corte de un hombre. Con tan solo ver sus ojos, supo quién era.

—¡Eres la nueva estudiante!

La niña parecía desconcertada al verlo, cubriendo su rostro con ambas manos. Cuando él parecía acercarse, ella retrocedía sin razón alguna, hasta que decidió justificarse.

—N-No te me acerques… no me mires a los ojos.

—No te entiendo, ¿qué tiene de malo?—se agachó para estar a su nivel—Tu cabello es muy bonito. Me imagino que tus ojos también.

Eso me pasa por nunca prestar atención en clase. Ni recuerdo su nombre ni su apariencia que he tenido que mentir.

Él se acerca más, colocando las palmas de su mano en el rostro de la niña. De a pocos, logra sacar las de la niña, revelando un rostro ovalado. Sin embargo, se alejó un poco al ver la verdad. La niña tenía unos hermosos ojos. Desafortunadamente, en esa edad, los niños desconocen la existencia de la heterocromía. Uno de un color de un perfecto cielo celeste despejado en verano, mientras que el otro de un color completamente inusual, coral.

—¿También vas a reírte de mí?—pregunta asustada—¿Lo harás?

—Nunca haría algo así. Te hace única… um… ah… uh…

—¿Sucede algo?

¡No puedo preguntarle su nombre ahora!

—N-No es nada—replica rascándose la parte trasera de su cabeza. Tras verlo de esa forma, la niña logró sonreír—¿Ves? Así te ves mejor en vez de estar llorando.

—G-Gracias por ayudarme, T-Taichi—logra decir mientras él le extendía su mano para levantarla—Cuando te veo clase me das algo de miedo. Nunca creí poder hablar contigo.

—S-Solo porque le gané a Yamato en una pelea no significa que…

Ella volvió a reír de manera risueña. Desafortunadamente, la alegría no sonrío mucho cuando los niños que la fastidiaban volvieron junto a uno más grande que parecía ser de primaria. Sin dudarlo un segundo, al no quererla meter en problemas, la sujetó de la muñeca para que ambos salieran corriendo sin dirección alguna hacia un bosque cercano. Al recuperar el aliento, notaron que se habían perdido.

—Genial, lo que faltaba—suelta recuperando su aliento Taichi—¿Ahora en dónde nos hemos metido?

—L-Lo siento, es mi culpa— antes de que pudiese empezar a llorar, él toma noción de su error.

—No es tu culpa, no pienses así… te voy a sacar de aquí, sea lo último que haga.

—G-Gracias. Eres muy valiente, Taichi—comenta mientras empezaban a caminar.

—¿Por qué lo dices?—pregunta con suma curiosidad.

—Te enfrentaste a esos otros niños sin pensarlo dos veces… y en vez de recurrir a la violencia innecesaria, preferiste retirarnos—

—P-Pensé que eso último me iba a hacer ver como un cobarde.

—Para nada. Un buen líder siempre debe saber cuándo y cómo actuar—dice ella mientras provocaba un ligero sonrojo en el rostro del moreno. En eso, ella se percata del objeto que llevaba en su cabeza, unos relucientes googles—Son muy bonitos. Se ven nuevos y relucientes.

—¿Te refieres a esto? Es que lo son—replica sonriente—Los recibí en el intercambio de regalos de Navidad de la clase. Ese chico que me los regaló tiene buen gusto.

—Te quedan muy bien—le dice como halago—Me alegra.

—¿Qué recibiste tú?

La niña se detuvo en seco, sin decir frase alguna. El sonido de los árboles parecía un fuerte rugido para cuando ella decidió contestar.

—No recibí nada.

¿Qué? ¿Cómo es eso posible…?

—Pero no importa, es solo un regalo. Lo importante de la Navidad es pasarlo en familia. No es solo pensar en juguetes—logra decir sonriendo mientras movía sus manos.

—T-Tienes razón pero igual qué falta de delicadeza…—bufó él con ira contenida.

¿Tanto le temen a algo diferente? Es como todos nosotros, ¡que injusto!

Antes de que Taichi fuese capaz de soltar sus pensamientos, un llanto se hizo paso entre ellos. Una vez más, le pertenecía a una niña. Ambos se observaron para asentir e ir corriendo de la mano hacia el origen de esa voz. Avanzaban y avanzaban hasta que llegaron a una cueva. Al no ver a nadie, Taichi empezó a lanzar preguntas al aire que hacían ecos en las paredes, hasta toparse con un derrumbe. Una pequeña niña se encontraba bajo la tierra, incapaz de salir por su cuenta. Su cabello pelirrojo se encontraba manchado por el lodo y su rostro lleno de marcas por las piedras. La chica de cabello roso con rubio corrió a su lado.

—Tranquila, estamos aquí… deja de llorar, vamos a ayudarte—la alentaba.

Taichi se arregló los googles para colocarlos sobre sus ojos antes de lanzarse hacia la tierra y así liberar el tobillo de la pelirroja.

—Vamos a rescatarte, ¿cómo así llegaste a este lugar?

—E-Este es mi lugar secreto… siempre vengo aquí—logra decir, aguantando sus lágrimas—Siempre vengo aquí porque es un lugar cerrado en donde nadie puede encontrarme y tener altas expectativas sobre mí…

Mientras que Taichi seguía escarbando, clavándose e incrustándose piedras en sus dedos, la niña que le daba palabras de aliento decidió seguir la conversación para distraerla.

—¿Atas expectativas?

—Mi mamá es una diseñadora de arreglos florales, de Ikebana y cuando está con sus amigas siempre le preguntan qué cuándo voy empezar… que si me están enseñando… y veo a mi mamá tan feliz y no me atrevo a decirle que no me gusta hacer eso…

—¿Y por qué?—pregunta de manera normal Taichi—Si no te gusta, ¿por qué no hablas con ella?

—N-No me atrevo… n-no quiero pelearme con ella.

—¡Tienes que ser valiente! Si no dices lo que sientes nunca llegarán a un acuerdo. Mi hermana se encuentra ahora mismo en el hospital por mi culpa. Ella tenía fiebre y yo al pensar que estaba mejor la saqué conmigo a jugar soccer. Tuve que ser valiente y aceptar las consecuencias… por más que eso significase ganarme el odio de mi mamá.

—¡Estoy segura que tu mamá no te odia!—logra decir la niña con un brillo en sus ojos con colores diferentes—¡También estoy segura que la tuya no te odiará si hablas con ella! Tenemos que enfrentar nuestros miedos, ¡también voy a ser valiente ya hablaré con esos chicos para que no se metan conmigo!

Taichi se detuvo por unos instantes para socorrer a la pelirroja ya que la tierra estaba por caerle en el rostro.

—E-Eso es algo diferente, tú sola no puedes…

—Me has demostrado lo que es el valor. Si no me enfrento a mis miedos nunca podré salir adelante—con eso dicho, le sujeta las muñecas a la pelirroja para empezar a jalarla—Y si no crees nunca podrás salir de tu propio agujero, ¡vamos!

Al comprender, Taichi asiente y la ayuda, para finalmente sacar a la niña, quien logra respirar luego de estar casi sofocada.

—Muchas gracias por su ayuda… por huir de mis problemas terminé en este aprieto… si no fuera por ustedes nunca hubiera salido… y menos hablar con mi mamá al respecto.

—¿Ves? Todo se solucionó. Con un poco de valor todo es posible—le ayuda a levantarse. Al ver a la niña de más cerca, no pudo evitar sentir como su temperatura incrementaba al ver lo linda que era—¿T-Te lastimaste en –a-alguna o-otra parte?

Ella sacudió su rostro, —N-No… de nuevo muchas gracias por ayudarme. Eres un chico muy valiente.

—G-Gracias…—tras recomponerse, decide presentarse—Soy Taichi Yagami. Estoy en el jardín de niños de Odaiba… en la clase Girasol.

—Me llamo Sora Takenouchi. También estoy en el mismo jardín de niños pero en la clase Arcoiris—sonríe.

—Con razón que nunca te había visto— murmura para él. En eso, nota que la niña de cabello inusual se encontraba en silencio, temerosa.

—Ella es… um…

Finalmente, antes de proseguir, deciden salir de la cueva. Cuando los rayos de sol dieron con la niña, Sora no pudo evitar soltar una expresión de asombro.

—Tu cabello y tus ojos…

—L-Lo sé… soy… rara—suelta asustada, queriendo huir.

—¡Son muy bonitos! Nunca había visto a alguien así, que inusual. Me gusta mucho—las palabras de la pelirroja fueron unas que la niña jamás creyó escuchar—Dime, siendo así de linda debes tener un nombre hermoso.

Taichi, en silencio, fue incapaz de continuar al haber admitió en su interior desconocer el nombre de la niña que hace un mes había ingresado a estudiar con él. Ella lo percató, riendo un poco, —¿Cuándo te diste cuenta?—

—Desde un inicio— comenta, —Me llamo… me llamo Kyōya… Kyōya Shino...

La niña se vio interrumpida antes de terminar su apellido.

—¡Un segundo!—Taichi se retiró los googles para mostrárselos a la niña—¿Estás diciendo que tú me regalaste esto? ¡Pensé que había sido un niño!

—Sé que mi nombre parece de niño…—murmura—Sí… te los regalé yo. Me parecieron perfectos para ti. Parecían ideales para un líder.

—¡Taichi, no seas insensible!—comenta Sora—Mi nombre también puede ser de niño, no te sientas mal.

—Un líder… ¿es así como me ves?—dijo Taichi perplejo.

—Eres un chico valiente, lleno de valor. Esa imagen me diste desde el primer día que llegué al jardín.

—Vaya… entonces tienes un muy buen gusto para ser una niña—Taichi empezó a reír por la vergüenza.

—¡Taichi!—exclama Sora—Pero tiene razón. Eres muy valiente. Gracias por salvarme.

—D-De nada, Sora—una vez más, el moreno se torna de color escarlata.

—Además, te hacen ver como un chico popular—Kyōya empujó a Taichi cerca a Sora al notar el intercambio.

—¡Suficiente!—exclama Taichi avergonzado, causando risa en ambas chicas. Sin notarlo, él también empieza a reír.


Presente


—Es hora de volver a ser valiente…

Taichi se encontraba frente a la puerta del departamento de Yamato. Durante su trayecto, había estado recordando su encuentro con Sora, el día en que ambos tuvieron ese mágico encuentro gracias a esa niña.

Ahora que lo pienso, nunca más la volví a ver. A los pocos días se retiró de clase y nunca se despidió. Debe de haber vuelto a su país. Me sorprende que tenga nombre japonés para ser extranjera. Debo ser valiente, por ella y por Mariya. No echaré a perder esta segunda oportunidad, ¡tengo que ver a Sora!

Tragando saliva, logró tocar el timbre. Esperando a que sea su rubio amigo quien le abra la puerta, quien lo recibió fue aquella pelirroja que inundaba sus pensamientos.

—Taichi…—los ojos de Sora no parecían comprender la situación—¿Qué estás haciendo aquí…?

Antes de que pudiese proseguir, el moreno se inclinó, causando que ella se atontara al no comprender la situación.

—Sora, perdóname.

—… E-Espera, T-Taichi… no entiendo… y levántate que me apena verte de esa forma.

—No, no lo haré. Te quiero pedir disculpas. Sé que eso nunca arreglará las palabras que te dije ese día y ya estoy muy tarde para enmendar las cosas pero… no podía seguir huyendo de esto. Sora, te pido disculpas desde lo más profundo de mi corazón.

—Taichi…—Sora logró hacer que él levantase el rostro—Sabes que es demasiado tarde y aun así lo hiciste… ¿por qué? ¿Por qué después de tantos años decides…?

—Una persona me enseñó… me hizo creer que las segundas oportunidades existen. No estoy pidiendo una contigo… sino que tenía que ser valiente para poder aferrarme a esa misma segunda oportunidad para poder… pedirte las disculpas que siempre he querido hacer.

—Taichi… yo… ese día… yo… yo no estaba engañán...

—Sora, no es necesario. Eso ya quedó en el pasado. Además, ahora estás una vez más con Yamato. Quisiera pedir una oportunidad más para ver si… podemos volver a ser amigos.

—… verás… yo…

Como si el destino jugase con sus emociones, el celular de Taichi empieza a sonar. Le pide un minuto a Sora para ver quién osaba interrumpir su momento.

¡Perfecto, lo que faltaba! Sora a punto de decirme algo y esto sucede… mientras que no sea Chise… a ver… no… no puede ser… ¿Ai Sorami?

Sus manos empezaron a temblar, sin comprender la razón de la llamada. Ella cortó todo lazo con él y ahora una llamada inesperada. Quiso ignorarla pero a petición de Sora fue visto obligado a contestar.

—No creí tener que marcar este número de nuevo o tener que escuchar tu voz de cretino una vez más.

La voz de la última chica a quien lastimo de manera desconocida, inclusive para él, hablaba de manera autoritaria tras el otro lado de la línea.

—Si estás llamando solo para insultarme no es un buen momento.

—Prefiero morir antes de perder mi aliento para llamar a insultarte.

—Ai, no sé a qué viene todo esto pero ando algo ocupa...

—¡No me digas, Ai!

—¡Como sea! Estoy muy ocupa...

—Shino está en el hospital.

Si el invierno todavía no llegaba, pues en ese instante se apoderó del cuerpo de Taichi Yagami. Sora no parecía comprender su reacción, tanto así que lo sujetó del brazo preocupada.

—¿Que Mariya… qué?

—¡Ya me oíste, Taichi! ¡Está en el hospital! Estaba con ella y antes de que sucediese me pidió que no te dijera nada pero estoy segura que ella hubiese querido eso… por eso te estoy llamando, todo porque quiero a Shino.

El celular se escapó de sus manos, cayendo al suelo. Lo recogió de manera apresurada, mirando a Sora con un rostro perdido y sin vida.

—Tengo que irme…

Y sin decir más palabras, Taichi salió de la forma más apresurada que pudo, dejando a Sora atrás. Sin embargo, una figura apareció detrás de ella cuando el moreno desapareció de la escena.

—¿Te dejó con las palabras en la boca, no? Es como si las estrellas se alinearan para impedir que se reconcilien de una vez—Yamato apoyaba su rostro encima del cabello pelirrojo que tenía al frente.

—Sabías que esto pasaría, ¿no? Sabías que Taichi iba a venir y por eso me hiciste abrir la puerta.

—No sé de qué estás hablando—su voz no lo ayudó a cubrir su mentira.

—¿Por qué?—Sora seguía sin comprender sus intenciones.

Yamato echa un suspiro para abrazarla.

—Porque te amo, Sora y no soporto verlos así más tiempo, sabiendo que tú eres inocente. Taichi llamó hace unos meses… creí que esto sucedería pero no que demoraría tanto.

—Así que por eso siempre me haces abrir la puerta…

—Lamento habértelo ocultado pero quiero que se reconcilien… me duele verlos de esta manera, en especial a ti.

—No entiendo cómo Taichi no puede darse cuenta… ¡no lo entiendo! ¿Cómo no puede tomar noción de que la raíz de este problema sigue a su lado? Tengo miedo que llegue a escalas mayores. Tengo un muy mal presentimiento de esa llamada.

—Tranquila…—Yamato sujeta la mano de Sora, sintiendo la frialdad cuando su anillo de compromiso dio con él—Vas a ver que, algún día… todo volverá a ser como antes.

El rubio le dio un ligero beso en los labios, sacándole una sonrisa antes de cerrar la puerta.

—Gracias, Yamato… eso espero, eso es lo que más espero.

Algún día podre esclarecer si esa faceta que mostraste ante mí, esa amenaza, fue cierta y no un producto de mi imaginación... Chise Himawari.

Sora cerró sus ojos, conteniendo un nudo en su garganta.


No saben CUANTO moría por escribir este capítulo. Lo tengo planeado hace meses pero result[o mediocre ante mis ojos xD Si logran encontrar la referencia en el titulo del capitulo pues um... les debo... les debo un one/shot de su preferencia? haha en las cosas que me meto. Cómo les explico que el que viene es el último? Quiero llorar, Ironía ya va a acabar!? Espero que hayan disfrutado de mi mejor esfuerzo de relatar esto en tercera persona wwww nos leemos!