N/A: A partir de éste capitulo haremos un salto en el tiempo, para explicar como fue que Apple llegó, es por eso que está en cursiva. Espero que les guste.


Capitulo 8

Dos años después en Storybrooke...

Emma y Regina ingresaron a la tienda de Gold. Habían conversado mucho al respecto. Y viendo que Henry estaba entrando en la adolescencia se vieron en la ilusión de agrandar la familia. No sabían cómo. Pero deseaban tener un hijo de ambas, a quien pudieran criar juntas. Esta vez, sería Regina quien diera a luz a su próximo hijo, si es que podía ser posible. Una tarde, luego de muchas idas y venidas, Regina por fin se atrevió a comentarle a Emma lo que había estado pensando hacía unos días. Pedirle ayuda a Rumplestislkin. La rubia la rechazó de inmediato. Gold era la última persona con la que quería relacionar a su siguiente hijo. Pero a pesar de las negativas y viendo que Regina no había sido capaz de encontrar una solución por si misma terminó por acceder.

Ingresaron con semblante decidido. A pesar de haber notado su presencia, Gold no levantó la mirada hasta que Regina carraspeó forzosamente, las vio de pie un tanto nerviosas.

-¿Que trae a la reina y a la salvadora a mi humilde tienda? - preguntó con una sonrisa.

-Sin bromas Gold, necesitamos tu ayuda.- El hombre alzó las cejas y las miró intrigado. -

-Iré al grano. - dijo Regina un tanto temblorosa. - Necesitamos tu ayuda. Porque Emma y yo queremos tener un hijo.

-Lo siento querida, yo estoy casado con Belle. - respondió guardando unas baratijas en un estante. -

-No te hagas ilusiones. No hay forma de que queramos que tu seas el padre. - se quejó la reina. - Pero si hay algo que mi magia no puede hacer es autoconcebirme un hijo. O hacerselo a Emma. - Gold tomó un objeto del mostrador y lo quitó para limpiarlo con un paño. -Pero sabemos perfectamente que tú eres la única persona que puede concedernos este deseo.

-¿Y qué ganaría yo con eso? -

-Lo que tu quisieras. - respondió Emma con seguridad. Gold dejó el pequeño florero que sostenía y las miró fijamente un poco más interesado. -

-Quizás si pueda ayudarlas. Pero, no se si les gusten las condiciones. - Las dos se miraron. Regina tomó la mano de Emma con fuerza. -

-Sólo dinos Gold. Y sabremos si estamos dispuestas o no. - La seguridad en los ojos de la rubia provocó una sonrisa en él, se llevó una mano hacia el mentón. Agitó el dedo indice en el aire y se dio la vuelta para buscar algo en un cajón trasero.-

-Pues, aquí lo tienen. - dijo el colocando una cajita celeste en el mostrador. Al ver la mirada confundida de ambas continuó. - Quizás fuera más fácil que consultaran en alguna clínica de fertilidad pero... -

-Eso es imposible. - Regina interrumpió con rudeza. - No puedo. No podría por más que quisiera. -

-Podría llevarlo Emma. -

-No, quiero que sea Regina. - ésta vez fue la rubia quien lo cortó. -

-No será fácil. -

-Sólo dinos que es por favor. - pidió Regina con voz más calmada. -

-Pues, hay un hechizo, que funciona con ésta semilla que contengo aquí. - dijo señalando la cajita. - Sólo se puede intentar una vez. Y no hay forma de que puedan hacerlo en Storybrooke.

-¿Qué quieres decir con eso? - preguntó la reina. -

-Que si quieren intentarlo, deberán regresar al bosque encantado. - Gold tomó con delicadeza la caja y volvió a guardarla. - Deben concebir allí, pasar el embarazo, nacimiento y vivir tres años como mínimo en el lugar hasta poder viajar a algún otro sitio. Sólo en ese momento, cuando cumpla los tres años el hechizo se volvería inquebrantable. El niño estaría seguro y podrían volver a Storybrooke. Este pueblo tiene magia, pero como sabrás mi querida Regina, no en todo su esplendor, nosotros somos mínimo cien veces más fuertes en el bosque encantado, y eso es debido al gran caudal de magia que hay allí. - explicó – Deben viajar allí. -

-¿Pero como podríamos hacerlo? No hay forma de regresar. - Gold se encogió de hombros. -

-Se los dije. No será fácil. Cuando tengan la forma de viajar vuelvan. Les daré la semilla sólo si nos llevan a Belle y a mi con ustedes. -

-¿Qué sucedería entonces con Storybrooke y sus habitantes? - preguntó Emma preocupada. -

-Quedaría como ahora. Sólo que ustedes no estarían. Tampoco Belle ni yo. Todo sería normal. Piénsenlo. Si encuentran una forma pueden hacer que otros habitantes que también desean volver regresen a sus hogares. Queda en ustedes. -

Salieron del local y viajaron en silencio hacia la casona Mills. Henry había llegado y estaba encerrado en su cuarto. Regina pasó directamente al estudio y buscó un poco de sidra para servirse.

Emma la siguió sin decir nada. Sabía lo atormentada que se sentía su mujer por haberse lanzado aquella maldición. Una vez más, una decisión que había tomado provocada por Snow le jugaba una mala pasada. Lo intentaba, realmente intentaba no odiar a esa mujer. Pero a veces se le hacía imposible. Lo único que agradecía era que gracias a ella Emma estaba allí, abrazándola por la espalda y besando suavemente su cuello, para luego descansar su mentón en su hombro.

-¿Qué piensas? - preguntó suavemente. Regina dejó al copa en la mesita y bajó la mirada.

-Creo que mi sueño jamás se hará realidad. - una triste sonrisa enmarcó en sus labios. - Si tan sólo no hubiera... -

-Ya no te culpes más por eso. - se dio la vuelta poniéndose de pie frente a ella. - Hiciste lo que creíste correcto en aquel momento.

-Pero arruiné algo que podría haber sido hermoso. -

-No has arruinado nada. - Emma la tomó por el mentón. - ¿Estarías dispuesta a dejar Storybrooke?

-¿Lo estarías tu?-

-Por ti sería capaz de ir a donde sea, cuando sea y como sea. No necesito nada más. - Por aquella razón se había enamorado de ella. Siempre que dudaba, siempre que estaba a punto de flaquear o dar el brazo a torcer, Emma le daba para bien o para mal una razón de seguir adelante. -

-Eres fantástica. - susurró antes de depositar en sus labios un delicado beso. -

-Hagamoslo. - murmuró Emma al cortar el contacto.- Si hay alguien que puede encontrar una forma de entrar y salir de Storybrooke, esa eres tu. Sólo tenemos que ponernos a trabajar. - Regina sonrió feliz. Aquella ilusión se mantenía viva gracias a las esperanzas que su compañera le daba. - Sólo cuando tengamos todo listo se lo diremos a Henry. - Regina asintió volviendo a besar aquellos labios que se habían vuelto tan adictivos para ella.-


Había pasado casi un año de la visita a Gold. Regina se encontraba en el sótano. Tomó la poción que acababa de fabricar y la arrojó fuertemente contra la pared. El estruendo se escuchó en toda la casa.

-¿Crees que sea prudente que continúe haciendo esto?- preguntó Mary Margaret que se encontraba en la cocina desayunando con su hija y nieto. -

-Estoy comenzando a dudarlo. - respondió preocupada al escuchar mas vidrios rotos. - me ha dicho que por favor no la molestara. Esto está tomando más de lo que yo pensaba. Y está obsesionandola. -

-Tiene razones para hacerlo. - opinó Snow. - Es un deseo muy fuerte el que la lleva a hacer lo que hace. - Henry no soportó más. Se puso de pie y se dirigió a donde estaba su madre. Estaba cansado de que todos le ocultaran la verdadera razón por la cual hacia lo que hacía. Entró a la sala sin pedir permiso y la encontró sentada en una banqueta con decenas de fragmentos de cristal a su alrededor. Con la cabeza gacha, las manos estaban tiritaban sobre sus piernas. Se la veía destrozada. Regina volteó para verlo al sentirlo entrar, se enjuago los ojos y se puso de pie abrazando a su hijo. -

-Mamá. ¿Es necesario que sigas con esto?. - Regina sonrió para luego acariciar la mejilla del chico. -

-Ya no lo sé Henry. - dijo dándose la vuelta para ver el desorden de la sala. Movió sus manos por el aire y todo comenzó a quedar en su lugar. - Sé que estoy cerca de lograrlo y eso me frustra aún más. - Henry la abrazo con fuerza. -

-Se que lo lograrás. - dijo alejándose un poco de ella para verla bien. - Encontrarás la forma de hacerlo. - Ella volvió a abrazarlo y besó su mejilla para luego asentir. Quizás fuera bueno tomarse un descanso de todo aquello. Había perdido mucho tiempo con su familia por intentar seguir con aquella tarea. Le indicó a Henry que saliera, ella lo seguiría minutos después. No quería que Emma la viera así.

Momentos más tarde buscó a su mujer por las salas de la casa. Miró su reloj, ya había pasado la hora de la cena. Suspiró lamentándose por haber estado ausente una vez más. No había ni siquiera ido a trabajar. No podía continuar así. Y Emma...

Abrió la puerta de su cuarto, ella estaba acostada en su lado. Su cabellera rubia apenas se veía bajo las mantas. Caminó lentamente hacia ella y se sentó en el borde de la cama. Al sentir un peso a sus espaldas volteó rápidamente y se sorprendió de verla allí.

-¿Sucede algo?- preguntó asustada. Regina sonrió y negó con la cabeza.

-Creo que te debo una disculpa- susurró. Emma frunció el ceño confundida, pensó que el sueño estaba jugandole en contra. Se sentó y restregó sus ojos para poder volver a verla.

-¿De qué estás hablando?- Regina se acercó y besó tiernamente sus labios por unos segundos antes de alejarse para poder acariciar su rostro con ambas manos.

-De que he estado muy ausente, te he dejado a un lado. Me obsesioné tanto por conseguirlo que olvidé completamente lo que tengo aquí.- Emma le sonrió. Tan dulcemente que su corazón se oprimió aún más.

-Quisiera que me dejes ayudarte- Regina asintió.

-Creo que es mejor dejarlo hasta aquí- suspiró- ya no quiero dejar a un lado el presente por perseguir un futuro inalcanzable.- Bajó sus manos hasta su regazo y volvió a fijar su mirada en la de su mujer -Hubiera sido hermoso pero...-

-Hey- Emma tomó sus manos entre las suyas -No te desanimes ahora. Si no puedes crear un método, entonces buscaremos uno que ya se haya inventado. Yo sé que eres capaz de eso y mucho más.

-No estoy segura de ello- Emma sonrió y apretó sus manos.

-Yo si. Confía en mi. ¿Alguna vez te he fallado?- la morena negó con una sonrisa y se acercó a ella para abrazarla. Los poderosos brazos de su salvadora la rodearon, conteniéndola, renovando por completo su energía.


Los días pasaron y la frustración de Regina crecía junto con su desesperanza. Había estado tranquila, pero a medida que el tiempo avanzaba, la ira se iba transformando en tristeza. Emma, no sabía qué era peor, si oir como destrozaba las cosas una y otra vez por el coraje, o ver sus ojos irritados por el llanto, golpeó la puerta de la habitación e ingresó sin esperar a que se lo permitieran.

-Te traigo algo. - comentó con una sonrisa acercándose a la alcaldesa para darle un fugaz beso. Ella la miró con una sonrisa triste - Henry lo envía. Lo hizo en el taller de artes plásticas. -

-Que interesante. ¿Qué dijo que es? - preguntó Regina intrigada al verlo-

-Un talismán. - respondió enseñándole el objeto. Era un colgante de larga cadena. Con un centro de vidrio sellado en forma de esfera. Regina sonrió. Su hijo era un gran chico. De repente algo se le ocurrió. Miró a Emma con los ojos enormes. La rubia le correspondió con una sonrisa confundida. Regina movió sus manos y las dos aparecieron en la bóveda de su cripta.

Comenzó a dar vueltas revolviendo distintos cajones y cofres en busca de algo bajo la atenta mirada de Emma, quien no quiso interrumpirla. La vio moverse de un lado a otro hasta que por fin se detuvo. Se dio la vuelta con los ojos brillantes y dos objetos en su mano. Emma sonrió alzando a la vez las cejas en espera de una respuesta.

-Espero que esto funcione- dijo antes de volver al sótano de la mansión donde estaba trabajando. Emma se sentó intentando no interrumpirla en lo que fuese que estaba haciendo. Estaba comenzando a dolerle la espalda había perdido al cuenta de cuanto tiempo llevaba allí. Pero no había querido molestar. Cuando Regina la volvió a ver y se acercó a ella con una sonrisa lo único que pudo hacer fue corresponderle.

-Si esto no tiene éxito. Lo olvidaremos de una vez por todas.- Emma no dijo nada. Se quitó el colgante que Henry le había obsequiado y le quitó la cadena. La pasó entremedio de la rendija y el objeto de forma triangular cayó como si fuera un péndulo. Tomó la mano de Emma con su mano libre y comenzó a susurrar palabras que la rubia fue incapaz de comprender, a pesar de ello apretó con firmeza su mano. Fue entonces que el triángulo dorado comenzó a brillar y a agitarse en sus manos. Ambas mujeres se miraron, sin soltar sus manos se dejaron llevar por un remolino que las envolvió nublandoles la mente. -


Regina despertó con el sol dándole de lleno en los ojos con Emma durmiendo sobre ella. Su mente estaba confusa. Intentó recordar lo que había sucedido hasta que lo recordó. ¿Seria posible que se encontrara en el bosque encantado? Intentó incorporarse para despertar a su mujer. -

-Emma, cariño despierta. - sacudió sus hombros levemente. - ¿Emma? - la rubia comenzó a reaccionar lentamente. Regina acaricio su rostro hasta que logró enfocar la mirada en ella.

-¿Que sucedió? - preguntó sentándose mientras se tomaba la cabeza. - ¿Donde estamos? - Emma miró a su alrededor. - No me digas que...

-Así es. Lo logramos. - Emma abrió grandes los ojos y miró a Regina con la boca abierta. - ¿Pero como? -

-Ponte de pie. - ordenó la reina tomando nuevamente el artefacto. Emma obedeció y nuevamente un remolino las trasladó hacia su casa en la calle Mifflin.

-Me siento mareada- comentó la sheriff buscando un sitio donde sentarse. Regina sonrió y la acompañó hasta la silla. -Se quedaron en silencio las dos. Mirándose. -Entonces... ¿Esto quiere decir que nos vamos?

-¿Aún estas dispuesta?- preguntó la reina con denotado temor por la respuesta.

-¿Puedo decir algo super cursi?- Regina rio suavemente

-¿Desde cuando pides permiso para eso?- ella se encogió de hombros.

-Si es por hacerte feliz, estoy dispuesta a ir a donde tu decidas llevarme.- ¿Cómo podía ser tan adorablemente tierna? La besó con ganas. Con energía y más que todo feliz, de saber que juntas podrían cumplir lo que tanto venían deseando.


N/A: Esto es todo por hoy gente. Faltan unos dos o tres capis más sobre el futuro de ellas y volvemos al tiempo actual. Espero que les haya gustado.

No olviden dejar su review! Es super importante para mi!

Baci!