Mil disculpas por haber desaparecido. No tengo excusas lo sé. Si no fuera por sus reviews, que me recordaban que había alguien queriendo leer mi historia no la hubiese continuado... Muchas gracias.

Último capítulo y volvemos al presente.

Espero que les guste-


Al fin luego de tanto tiempo deseandolo. Luego de tanto trabajo y esfuerzo había llegado el momento. La pequeña envuelta en sedas blancas descansaba sobre el pecho de la reina. Emma la beso con ternura, feliz sin saber muy bien como expresarse.

-Es hermosa. - dijo la rubia acariciando a su hija. - ¿Cómo la llamaremos al final? - Por alguna extraña razón habían pensado solo nombres de niño. Por lo cual los nombres de niña no habían sido repasados. - Me gustaría llamarla Regina, como tu.

-No, pobrecita. - rio agotada la reina. - Luego llevaría la cruz de mi nombre. - ¿Que tal Victoria? -

-No lo creo - respondió la rubia. La pequeña abrió sus ojos, eran azules. Tan profundos como el cielo nocturno-

-¿Sabes? Hay un nombre que me ha gustado mucho desde pequeña. Mi madre me dijo las pocas veces que habló de ella que así se llamaba mi abuela. Es un nombre fuerte, como estoy segura que será ella. No se si te guste... -

-¿Qué nombre es ese? - preguntó intrigada la rubia. -

-Morgana. -Respondió sonriendo sin dejar de ver a su pequeña. Ambas se detuvieron a comtemplar el maravilloso rostro de su recien nacida.

-Morgana. - repitió Emma. Acarició su mejillita rosada. - Si, ¿Cora Morgana?

-Si asi lo quieres cariño. Para mi sería un honor. - Emma sonrió. Besó a sus dos mujeres y salió brevemente del cuarto para anunciar a Henry y al vocero del reino el nacimiento de la nueva princesa. Su nombre sería Cora, como su abuela quien llegó a ser reina, pero todos la conocerían de ahora en adelante, como la Princesa Morgana.


Un año después...

El bosque encantado estaba ardiente de júbilo. Pues las reinas habían dado bonos especiales y auspiciado banquetes a lo largo y ancho de todo el reino. La princesa Morgana cumplía su primer año de vida como una niña fuerte y saludable. Dotada de una belleza y simpatía incomparables en todo el territorio conocido.

Aquella mañana la reina Emma llevaba en brazos a su hija hacia el jardín. Quería enseñarle las nuevas manzanas que habían salido en el árbol predilecto de su madre. Los ojos celestes de la niña miraban con atención la fruta color carmín. Estiró su pequeña mano hacia ella con una sonrisa.

-Aun no Apple. - la reina tomó su manito entre la suya. - A tu madre no le gusta que tomemos frutas de éste árbol sin su consentimiento. - la pequeña se quitó de la mano de su mamá y volvió a estirarla con un gesto más molesto. - pequeña caprichosita. - rió la reina. La niña estiró aún más su mano y una manzana voló hacia ella golpeándola en su frente y provocando su llanto. - Emma se quedó mirando incrédula lo que acababa de suceder mientras buscaba con la mirada a Regina. - Ya mi niña, sólo fue el susto.- Emma la mecía suavemente mientras emprendía marcha hacia la sala principal donde generalmente estaba Regina encargándose de los asuntos del reino.

La reina, que estaba en compañía de una parte de la corte sintió el llanto de su hija a lo lejos. Levantó su mano en señal de que todo se detuviera y poniéndose de pie se dirigió a la puerta por la que segundos después la pequeña Morgana en brazos de su mamá ingresaba un poco más tranquila.

-Regina. - Emma miró a los hombres que la veían un tanto molestos. Siempre que la reina Swan, como muchos la llamaban, llegaba, la reina Regina era capaz de suspender todo lo que estaba planificado. - Cariño, tenemos que hablar. - dijo un tanto nerviosa ante la mirada de los caballeros. Regina miró a los ojos vidriosos de su hija y luego a los de Emma asintiendo de inmediato. Tomó en sus brazos a la niña y besó su frente. Sintió algo extraño, como si una corriente eléctrica la recorriera de pies a cabeza, sabía lo que era, pero no estaba segura de si la fuente era la que ella pensaba. Miró a Emma intentando que ella le explicase. - Estábamos viendo tu manzano y Apple hizo volar una de ellas hasta su mano. - Los ojos de la reina se abrieron enormes. ¿Acaso era posible que su hija de apenas un año comenzara a demostrar dotes mágicas? -

-Terminaré con los señores y hablaremos con Rumple. - Emma asintió volvió a tomar a la princesa en sus brazos y se despidió de ella con una sonrisa. -

-Te esperaré en el cuarto de Apple. - Regina asintió alejandose hacia la mesa. Durante el resto de la reunion estuvo muy dispersa. Cuando todos se retiraron, rumple como de costumbre aun estaba junto a ella.

-Tenemos que hablar. - le dijo - ¿Hay algo que debas decirme sobre mi hija? - el oscuro la miro confundido. Podía decirle muchas cosas de la princesa. Pero no estaba seguro de a qué se refería. -

-¿Podrías ser más especifica querida? -

-¿Qué probabilidades hay de que Morgana pueda controlar la magia? - Rumple sonrió inclinando la cabeza. Se llevó un dedo indice al mentón y miró fijamente a la reina que lo veía con el rostro firme.

-Probabilidades hay muchas querida. - Regina abrió grandes los ojos. - ¿prefieres que se lo explique a Emma tambien? Regina asintió y ambos aparecieron bruscamente en el cuarto de la princesa. Emma estaba sentada con ella semi dormida en una mecedora.

-Te escuchamos. - dijo Regina sabiendo que no le iba a gustar.

-Pues resulta, que como muchas tantas profecías. De las que todos somos parte hay una que les tocará vivir a ustedes. No siempre se cumplen. Y por lo general no son graves. Quizás ni siquiera cambie en algo las cosas.

-Ve al grano. - exigió Emma. El oscuro hizo una leve inclinación de la cabeza asintiendo. -

-"Cuando el bien y el mal conciban con magia. Un hada blanca nacerá. Será quien destruirá al gran mago de Camelot y a sus reyes junto con el" - Emma y Regina se miraron confundidas. - "Su destino no está escrito, pues siempre puede cambiar, si se convierte en hada negra la desgracia a su reino traerá" -

-¿Qué quieres decir con eso? ¿Es posible que Apple sea esa hada blanca? -

-Es posible que la princesa esté destinada a destruir un reino. Sea el suyo o el de Camelot. -

-¿Pero que tenemos nosotros que ver con Camelot? - Preguntó Regina molesta. - Nos hemos mantenido en paz con todos nuestros vecinos durante años. ¿Por qué cambiaríamos las cosas? - Rumple movió su dedo negando. -

-Aún nada. Su historia apenas comienza. Pero el príncipe Henry será quien cruce el destino de su pequeña hermana con aquel reino.- Regina se quedó en silencio moviendo las manos nerviosa. -

-Rumple, ¿Es posible que mi hija se convierta en un hada negra? ¿Es posible que se llene de maldad como sucedió conmigo? - la voz quebrada de Regina conmovió a la reina Swan que colocó a la niña en la cuna y se acercó a ella para tomarle la mano. - No quiero que mi hija tenga mi mismo destino. No quiero que sufra-

-Me temo que eso es imposible de evitar mi reina. - dijo con pena el oscuro. - Pues en su sangre corre la misma de su madre. Sus corazones suelen llenarse de odio, envidia, maldad, codicia nunca se sabe. Son corazones suceptibles al lado oscuro. Y su hija lleva la sangre de la reina de corazones, la reina malvada y la bruja malvada del oeste. Con ese linaje no puedo garantizarles que la niña no llenará su corazón de oscuridad. -

-¿Y que hay de mi? - preguntó Emma. - ¿Acaso no soy fruto del amor verdadero? ¿Ella lleva mi sangre tambien o no? - apretó con fuerza la mano de Regina. - Rumple asintió. Así es. Pero no podremos saber a quien se parece más hasta que crezca un poco.

-Es identica a Emma, tiene su cabello rubio y los ojos celestes, tan claros como el cielo. - dijo con orgullo la ex reina malvada mirando a su mujer.

-Sin embargo eso puede cambiar. -explicó. - Si sus ojos y su cabello comienzan a volverse más oscuros. Si termina pareciendose a ti Regina. Hay mayor riesgo de que al crecer, termine convirtiendose en una bruja negra. - Las mujeres se miraron para reconfortarse mutuamente.

-Ella tiene un año y está empezando a practicar magia sin quererlo. - dijo preocupada Regina. -

-Pues lo mejor será enseñarle a controlar sus poderes y no a negarlos. Eso sería aún más peligroso. Si me permiten yo mismo puedo educarla. - las reinas se miraron poco convencidas. - No hay nadie mejor que yo para esto. - Ambas asintieron. - No se preocupen. Ustedes la educaran de la forma correcta. No deben temer que vaya por el mal camino.- Ellas se miraron y sosteniendo una la mano de la otra se acercaron a la cuna donde descansaba su princesa. Rumple entendió aquel momento como el ideal para retirarse.

-No tengas miedo. Se que será una buena niña. - la consoló Emma.

-Esto es lo que yo temía. Que mi hija saliera igual a mi, igual a mi madre. - Los ojos de Regina se fijaron en los de su reina. - Debemos alejarla de cualquier mal. Debemos prevenir a Henry. No debe involucrarse en nada. No puede poner en riesgo a Morgana.- sus ojos vidriosos y la voz quebrada no hacían más que estrujar el corazón de Emma que abrazó a su mujer reconfortandola.

-Todo estará bien. Tu ya no eres asi, has cambiado. Y ella no conocerá tu pasado. - acarició el cabello de Regina con suavidad. - Verás que nuestra niña será un hermoso cisne blanco. - Regina rio.

-Estaría orgullosa de ella si así fuera. - Regina acarició suavemente la mejilla de su mujer para luego unirse a ella en un delicado y afectuoso beso. -


Tres años después...

Las reinas disfrutaban de un paseo por el parque del castillo junto a la princesa que caminaba sonriente delante de ellas recogiendo flores en una pequeña canasta. Era una postal de ensueño. La reina Swan ataviada con un delicado vestido celeste caminaba del brazo de la antaño reina malvada que lucía un espectacular traje morado. Todos sabían que Regina había cambiado, pero su estampa aún era tan imponente como en sus años oscuros. Y por si acaso cambiaba de opinion nadie se atrevía a desafiarla.

-Madre. - la pequeña niña de largos cabellos dorados corria hacia Regina enseñandole un pequeño insecto que caminaba sobre una de sus flores. - Mira madre. - con una sonrisa en sus labios la pequeña levantó su mano e hizo que el pequeño bichito explotara. Miró a sus madres orgullosa de su azaña pero ninguna de las dos le sonreía. -

-Hija no debes hacer eso. Ese bichito no tenía por qué acabar así. - la reprendió Regina. La pequeña agachó la cabeza. -

-Sabes que no debes utilizar la magia para ese tipo de cosas. Es un don que tienes y debes utilizarlo para el bien. Por ejemplo ayudando a que vuelvan a volar y no arrancarles las alitas. - Emma miró a Regina preocupada. - o que exploten ¿lo comprendes? - Los ojos celestes de la niña miraron con atención a Emma, asintió inclinando la cabeza. - Un galope lejano llamó la atención de las tres haciendo que olvidaran el pequeño incidente. El actual principe encantador, como lo llamaban sus subditos se acercaba galopando hacia sus madres. Morgana corrió hacia él saltando y estirando sus brazos para que su hermano la alzara.

-Hijo, ¿A que se debe tanta emoción? - preguntó Emma al verlo con una sonrisa. El joven Henry, de dieciocho años se había convertido en un apuesto príncipe. Gran jinete como si toda su vida hubiera montado, bueno con la espada al igual que su abuelo, experto con el arco y la flecha al igual que su abuela. Sonrió estirando su mano hacia la niña que saltó hacia el, con ayuda de Regina subió al caballo quedándose delante de su hermano.

-Madres. - dijo entusiasmado. Aquella voz gruesa distaba mucho del niño que había aparecido en la puerta del departamento de Emma. - El señor Stark me ha ofrecido viajar con el hacia Winterfell.

-¿Qué harías tu en un sitio como ese Henry? - Emma miró a su mujer preocupada. - No podemos permitir que emprendas un viaje así por simple placer.

-Mamá ya no soy un niño, y si esperan que algún día herede éste reino, debo saber y conocer a quienes nos rodean. - las mujeres se miraron. Era una excusa convincente. Pero no menos aterradora.

-Regina. - suplicó Emma con la mirada. - ¿Winterfell no está en el limite...? tu sabes. - por supuesto que lo sabía. Y era por eso que temía que su hijo partiera. Winterfell limitaba estrechamente con la ciudad principal de Camelot. Y si llegaba a cruzarse con algo que no debía sellaría el destino de la familia. Sabía que Henry ya era capaz de defenderse sólo. Estaba muy lejos de ser aquel niño que huía por la ventana en Storybrooke. Pero no podía negarle su derecho de viajar. -

-Hijo, tu sabes que el destino de tu hermana está en tus manos ¿Cierto? - Henry asintió con un movimiento de su cabeza y bajó la mirada para ver a la pequeña que le sonreía divertida.

-No se preocupen por nosotros, volveremos en un buen rato, llevaré a mi princesita consentida a dar un paseo en Ross. - las mujeres sonrieron intentando disimular su preocupación.

-Todo estará bien. - murmuró Emma intentando autoconvencerse -

-Si. Todo estará bien- repitió Regina intentando que aquellas palabras la reconfortasen.


Tres años después...

Una enorme bola de fuego daba vueltas en círculos sobre la cabeza de Rumple. Se encontraban en los jardines lejanos al palacio entrenando la magia de Apple.

-Muy bien, ahora dividela en seis y que cada una de ellas viaje en direcciones opuestas - Los ojos celestes de la niña se entrecerraron. Levantó la mano apuntando al cielo y el fuego se dividió en seis esferas que desaparecieron en las alturas. Rumple miró intentando encontrarlas. Buscó hacia los lados y decidió protegerse justo a tiempo antes de que las bolas de fuego formasen un círculo a su alrededor. La niña estalló en carcajadas, el oscuro frunció el ceño. Aquella niña era tan engreída y odiosa como en algún momento lo fue su madre charming. Él se había ofrecido con la esperanza de que Morgana fuera buena discípula al igual que lo fue Regina, dócil, dulce y obediente. Por el contrario, la pequeña de seis años, no sólo era demasiado avanzada para su edad. Era realmente insoportable y engreída. -No me parece divertido que intentes incendiarme -

-A mi si- respondió burlona la pequeña -

-¿Crees que puedes hacer cualquier cosa verdad?- respondió Rumple agotado de paciencia. La pequeña arqueó una ceja y asintió. El oscuro no contuvo su poder y lanzó un ataque dispuesto a derribarla para enseñarle una lección. Apple se sorprendió pero logró esquivarlo. La pequeña frunció el ceño y alcanzó a cubrirse. Sin esperar ni un momento le devolvió el ataque. Rumple lo anuló sin dificultades, respondiendo al ataque casi instantáneamente. Ésta vez la pequeña logró anular el ataque pero la hizo retroceder. El oscuro se sintió insultado. Quería derribar a la pequeña engreída y no lo estaba logrando. Hizo aparecer unas lianas alrededor de sus muñecas y brazos con la intención de inmovilizarla. Apple, sintiéndose expuesta abrió las palmas de sus manos y lanzó un hechizo protector que su madre le había enseñado. Había funcionado. El ataque de Rumple la golpeó con fuerza haciéndola volar a unos metros. La niña intentó levantarse. Fijó su mirada en el oscuro. Sus ojos se oscurecieron y se puso de pie. Sintió como se acumulaba un torrente de energía en todo su cuerpo. Rumple pudo sentirlo y antes de que la niña volviera a atacarlo quiso darle un último golpe para terminar con aquel juego. La niña liberó su energía, el impacto hizo retroceder al oscuro pero no cesó con su afán de dar una lección a la insolente criatura que tenía en frente. El atacó nuevamente derribando a la pequeña justo para ser visto por las reinas que se acercaban. Regina se apareció inmediatamente al lado de Morgana, quien enceguecida por vengarse del golpe quería contraatacar a su maestro.

-¡¿Que demonios crees que estás haciendo?!- gritó Emma enfurecida -¿Acaso estás loco? ¡Es sólo una niña!

-No es sólo una niña Swan- respondió el oscuro molesto. -Esa pequeña traerá la desgracia. Es una insolente, engreída.-La voz del oscuro tiritaba- Estoy harto de ustedes dos. Pretendiendo ser las reinas absolutas de todo. Predicando la bondad y la unión de los reinos. Ya estoy cansado de servirles sin tener nada a cambio. Les deseo mucha suerte. Pues la necesitarán.- Sin decir nada más Desapareció frente a los ojos de la rubia. Hubiera tenido intenciones de seguirlo pero la voz de su mujer llamándola la hizo voltear. -

-Emma...- fue lo único que pudo decir mientras acunaba a la niña entre sus brazos. La pequeña aún agitada y enfurecida miraba fijamente el lugar por donde Rumple había desaparecido. La reina Swan miró a los ojos a Regina. Se podía ver la desesperación que sentía. Y ella también sintió como su corazón pretendía salirse de su cuerpo. Miró a su mujer y luego a su hija, su cabello dorado y sus ojos celestes se habían oscurecido bastante. Ambas reinas compartieron una mirada de preocupación. Aquel miedo les había parecido tan lejano. Deberían tener cuidado. Morgana, era propensa a la oscuridad y su falta de control al enojarse las preocupaba aún más.


Rumple no volvió a aparecer por el castillo. Las reinas habían intentado hallarlo pero fue en vano. Estaban seguras que no podían esperar nada bueno de él. No podían creer que no se dieron cuenta antes de que estuvo intentando despertar la oscuridad en Apple desde hacía tiempo.

Una carta de Henry llegó de emergencia. Él estaría de regreso. Le habían dicho que Merlín y Rumplestilskin se habían aliado para destruir a Morgana. Él intentaría llegar pronto. Debían proteger a la niña. Fue entonces que idearon aquel plan. De seguro las atacarían pronto.

A pesar del dolor de separarse, la pequeña viajaría al pasado para poder estar a salvo, mientras ellas resolvían la situación.


Apple estaba tranquila en su cuarto cuando su madre ingresó. En la mano traía un caballito de peluche idéntico al que montaba Henry. Ella al verlo se puso de pie y caminó hacia su madre.

-¿Te gusta?- La pequeña asintió - Él te protegerá, cada vez que te sientas sola o nos extrañes, abrázalo con fuerza y sabrás que estamos contigo-

-¿Van a irse?- preguntó tomando al caballito con sus manos. -¿Es por lo que hice? - la reina Regina sonrió y la impulso para sentarla en la cama.

-Claro que no cariño, pero no voy a negarte que estamos en una situación delicada.- Regina hizo aparecer un pequeño bolso y un cuaderno -Toma esto y guardalo.

-¿Qué es? - Regina suspiró y decidió explicarle.

-Es muy probable que nos ataquen hija, de ser así, te llevaré al pasado, conmigo, para que puedas estar tranquila mientras nosotras resolvemos este conflicto- Apple frunció el ceño.

-¿Al pasado contigo?- Regina asintió y con una sonrisa continuó.

-Un pasado en el que tu mamá y yo aún nos llevábamos bastante mal. Pero fue en aquella época en la que todo comenzó. Estarás bajo mi cuidado, así que no has de temer.-

-Yo no quiero irme. Puedo ayudarlas -Regina abrazó a su hija y besó su cabeza.

-Ni yo espero que te vayas mi niña - dijo con un nudo en la garganta. -Pero nuestra prioridad es mantenerte a salvo. Cuando me veas suplicandote una explicación, en ese momento, me entregarás la carta que he escrito allí. ¿De acuerdo? -Regina sintió como la cabeza de la pequeña se movía en una afirmativa bajo su abrazo. -Cuando nos veas, no digas nada, ¿Está bien?-

-Si- respondió con seguridad -¿Debo irme ya?- La reina sonrió orgullosa de la valentía de su pequeña.

-No mi cielo, espero que nunca haya necesidad de que te vayas- Besó su cabeza y la abrazó en silencio unos minutos.


Aquel día un golpe las hizo saltar de la cama. El castillo estaba siendo atacado por Rumple y su nuevo amigo Merlín. Las reinas se levantaron inmediatamente. Con solo compartir una mirada cada una supo lo que tenía que hacer. Regina corrió hacia la entrada para defender el ala superior donde estaban los cuartos y Emma corrió hacia los aposentos de Morgana para llevársela. Al entrar tomó la niña en brazos, le cambió la ropa con magia y colgó su bolso en su cuello. En sus brazos la pequeña tenía al caballito Ross. Emma salió al corredor para buscar a Regina y despedirse de ellas. Cuando un hombre las interceptó. Empujándolas con una especie de energía mágica las hizo caer a ambas. Apple rodó unos escalones abajo por las escaleras, su mamá la había alcanzado antes de que siguiese cayendo. A pesar de tener un golpe en la cabeza, Emma logró reducir al sujeto y volvió a tomar a la niña en sus brazos. Sintieron un fuerte estruendo y vieron como Rumple atravesaba uno de los muros sujetando por el cuello a su madre. Apple sintió como los brazos de su mamá la sujetaban con más fuerza. Estaba temblando. Emma moría de deseos de ir y ayudarla. Pero los ojos de Regina clavados en los suyos la hicieron recordar cual era su tarea. Con todo el dolor de su alma, activó el artefacto que las llevaría hacia el pasado. Regina, intentando zafarse del agarre miraba a su mujer y a su hija, ella debía ser la distracción para que pudieran huir. Los ojos de Apple se empañaron al ver como su hogar estaba siendo destrozado por personas desconocidas. Pero sobretodo, como su padrino atacaba a su madre y le impedía respirar. Las lágrimas corrían por las mejillas de Emma mientras apretaba los dientes. Estaba a punto de intervenir y abortar el plan cuando una nube las envolvió.

Se encontraban en un remolino apacible, el viaje sería corto. Apple lloraba sin consuelo. Emma con un pase de su mano por el rostro de la niña logró hacerla dormir. Aparecieron en el garage de la casa de Regina. Tirando un par de latas de pintura de unos estantes. La reina Swan dejó a su pequeña apoyada en el piso, colocó el caballito en su bolso, acarició su cabello sin poder evitar que sus lagrimas cayeran sin control. Besó su cabeza. Se puso de pie y volvió hacia el futuro. Su mujer la necesitaba a su lado. Y su niña, quedaría en buenas manos. Una nube la envolvió haciéndola desaparecer, justo al momento en que Regina ingresaba a la cochera con una bola de fuego en su mano.


Espero que les haya gustado. No olviden dejar su review diciendome que les pareció.

Baci!