Nota de Autora: ¡Me encuentro sumamente feliz al ver que ya van tres personas que envían sus OC's! Tienen una creatividad espléndida, salvo que me faltó aclarar una cosa. Eviten poner que están muy enamorados de Tk o de Daisuke o de Hikari o de Fūka, o que odian a estas dos hermosas damas por favor. Se me pasó ese detalle súper importante ya que no quisiera hacer más grandes los —pentágonos— amorosos (dado a que va a entrar un personaje nuevo a él eventualmente, al igual que los antagonistas). Me anima ver sus respuestas positivas ante el comportamiento de Hikari ya que eso era lo que quería exactamente, que la —odien— (?).
Capítulo 28: El Estado del Mundo de Daisuke I
—¿Quién eres?
No creí que la reacción de esa persona sería tan brusca luego de mis palabras. Observar cómo la luz se opacaba de su rostro tan blanco como la nieve no me hizo sentir remordimiento alguno. Siendo honesto, no estoy completamente seguro de lo que debería estar sintiendo en este momento. Su cálido abrazo desapareció de mi cuerpo, siendo invadido por la fría brisa invernal. Aparentemente, me habían encontrado desmayado horas atrás. Cuando volví a mis sentidos, el chico de cabello azabache que se encuentra a mi derecha se la había pasado sentado en la habitación, esperando a que abriera los ojos. Ahora, al ver dos caras conocidas, no pude evitar comportarme como suelo hacerlo, o eso es lo que creo. Me pareció que esa persona estaba llorando cuando se alejó de mí. Retrocediendo torpemente, el vestido que llevaba puesto se mecía al ritmo de su cuerpo, brillando bajo la luz de la luna. Se sujetó a sí misma, nadie se atrevía a hacer algo. Mi mirada ahora se dirigió al peculiar rubio que andaba en un elegante terno. Aquél azul que guía sus días tan solo observaba de manera pasmada a esa persona, haciendo evidente su impotencia. Sus tacos resonaron de manera silenciosa en mi fría habitación, complementando el blanco con el rosa pastel del vestido. Al no poder aguantar más, su retirada fue el motor para que la vida retornara a todos nosotros. El primero en actuar fue esa otra persona que aflige mi corazón.
—Tengo que ir por ella…—parecía como si su alma escapase cada vez que exhalaba algo de aire—Esto no está bien… nada bien…
—Tk, no hagas algo que provoque que quiera darte un golpe mucho más grande de lo que ya deseo hacer—la voz de mi ídolo de la infancia intentó ser la conciencia del lugar—Además, tengo algo muy importante que hablar contigo.
—¿Justo ahora? ¿¡En qué estás pensando, Taichi!? ¡Tengo que… tenemos que ir por Kari!—antes de que él pudiese escapar, ahora mis ojos se posaron en el primer líder, quien se aferró a su muñeca—¡Déjame ir!
—¡No alces la voz! Daisuke acaba de despertar, no creo que quiera más alboroto del que ya hay…
En cierta parte, tiene razón. Me duele mucho la cabeza.
Dejándolo libre, mis ojos volvieron a posarse en Tk, examinando sus acciones. Al no haber respuesta de su parte, me encontraba a punto de echar un suspiro de aburrimiento, hasta que Taichi prosiguió.
—Hikari es fuerte, cree en ella. Además, siento que esta charla va a ser importante.
—Creer en Kari… de acuerdo, Taichi. Tú ganas.
Casi a regañadientes, observé cómo Tk aguantaba una protesta más, no sin antes clavar sus ojos en mí. Nos quedamos sumidos en un trance infinito, tratando de analizar la situación en el alma del otro con el motivo de encontrar alguna respuesta a la situación y mi posible condición de chico amnésico.
Dándose por vencido, ambos salen de mi habitación, dejándome a solas con el otro muchacho que seguía de pie a mi derecha. El silencio por el que tanto imploré desde que salió esa persona relajaba mi cuerpo. Sin embargo, su presencia me ponía un tanto incómodo. Los googles que se encontraban en la mesa de noche se encontraban relucientes, como si nada les hubiese sucedido todo este tiempo, en especial aquella vez. El contraste de la fortaleza versus el sacrificio. Cerré los ojos, pensando que de esa manera podría retomar mi descanso. Luego de haber estado sumido en un largo sueño me sorprende el hecho de encontrarme agotado. Debe haber sido por salir. Es lo único que se me ocurre. Me encontraron encima de esa persona, cubierto de nieve. La bata del hospital no es lo suficiente para protegerme de este frío. No me sorprendería que terminase más días aquí por pescar un resfrío. La oscuridad que me proporcionaba el alejarme de la luz tan solo revivía la misma pesadilla que abunda en mi corazón. Incapaz de estar tranquilo, opté por observar a ese adolescente de cabello fino. Su mirada lucía perdida, como si algo terrible le acabase de suceder. No obstante, había un diminuto brillar de esperanza en sus ojos.
—Con que… Hachikouji… ¿no?—balbuceé formando la mejor sonrisa que pude. Mis articulaciones se encuentran oxidadas, estoy seguro que lo que salió jamás debió haber sido visto.
Él tan solo retomó su asiento al lado de mi cama, mezclándose con la silla al estar de un color muy similar, evadiendo mi mirada. De seguro debe haber quedado espantado con mi intento de aligerar las cosas.
—Ah… perdón... um… ¡Ichiyama!
—Daisuke… por favor—su voz salió casi como un suspiro, resignado. Definitivamente mi intento fue un rotundo fracaso, ya me ingeniaré algo luego.
—Ok, ok, no te molestes—resoplé mientras trataba de colocar mis brazos tras la nuca, enredándome con las sábanas y la almohada.
Por alguna razón, las multitudes me causan mucha tristeza. Quizás por eso amo el silencio que inunda mis sentidos. Aun así, esa pequeña multitud sigue en mi mente, incapaz de ser opacada por la tranquilidad. Todo lo que puedo hacer es mantenerme al límite, reposando en una cama mientras una hermosa enfermera trata mis heridas, además de darme de desayunar, almorzar y cenar.
¡Creo que este estilo de vida no es tan malo después de todo!
Debo haber estado sonriendo como un estúpido dado que el chico que brillaba por su ausente presencia me clavó la mirada para al final soltar un suspiro contenido. Aparentemente le costaba leer mis verdaderas intenciones. No lo culpo, ni yo mismo las comprendo. Solo hay una cosa que me queda clara.
—Al parecer… el mundo ha vuelto a su estado original durante mi ausencia.
Para darle algo más de melancolía a mis palabras, lo imité soltando un largo suspiro, parpadeando en el proceso mientras tomaba una posición más cómoda en la cama en vez de estar recostado. El dolor de espalda estaba incrementando debido a lo que escondía bajo la almohada, o por lo menos me parece que hay algo ahí. Eso es lo de menos, necesito recobrar mi protagonismo ¡vamos, Daisuke Motomiya!
—O eso es lo que presiento al no recordar, tee-hee—traté de agregar el clásico pretexto de una niña escolar torpe. Mi intento de hacerlo hablar fue en vano, por ello opté en seguir la mímica al golpear ligeramente mi cabeza mientras sacaba un poco la lengua, guiñando el ojo.
—Daisuke… no tienes que hacer esto…
Por alguna razón, las multitudes me causan mucha tristeza. Por eso amo el silencio, ¿por qué pienso en esto de nuevo?
—¿Por qué te sacrificas tanto?—prosiguió él.
Ah, ya recuerdo por qué.
—¿Sabes lo que es la lealtad, Ichijouji?—esta vez la sonrisa débil que le dirigí era real. No tengo muchas fuerzas para entrar en una discusión. Tal y como lo esperaba de Ken, me conoce perfectamente, tanto así que incluso me asusta un poco, soy tan apuesto que ni los hombres pueden conmigo. Pensar en esas cosas es la única vía de escape que tengo. Ser gracioso hasta conmigo mismo para escapar mi terrible realidad.
Efectivamente, mi mejor amigo sabía que no era el mejor momento de empezar una discusión. Sus ojeras relucían en la oscuridad, al igual que las mías. Esta noche no había sido la suya, al igual que la mía. Despertar y ver esa fecha en el calendario, nada bueno podría traer haber visto eso. Encima mi perfecto plan de escape resultó en un fiasco. Coloqué delicadamente las puntas de mis dedos en mis labios, tratando de evocar aquél delicioso sabor a vainilla mezclado con salado debido a sus lágrimas. Para desviar mis egoístas pensamientos sumidos en un placer prohibido, tanto así que excitaba mi alma, tomé los googles que solían pertenecerle a aquella figura que en mi interior anhelaba tener como hermano en un imposible futuro.
Con que la marca de un líder… ¿no? No lo merezco.
—Respóndeme, Daisuke… ¿por qué te sacrificas tanto?—pude escuchar cómo sus manos se sujetaban fuertemente del pantalón que llevaba puesto. Es un hecho que el destino hizo una buena elección en emparejarme con Ken. Él puede presentir mis emociones y yo las suyas. Es tanto una buena como mala elección.
Dulce ironía.
—Levantarme y lo primero que ven mis ojos es… ambos mano en mano… lo mejor sería trasladar el juego de pretender a otro nivel, ¿no lo crees? … o eso es lo que presiento al no recordar.
Y tres… dos… uno…
Creí que la reacción de Ken sería inmediata. Movía sus labios como si intentase saborear el peso de mis vacías palabras. Sus ojos retomaron algo más de vida, brillando bajo la sombra de los míos. En vez de levantarse, optó por girar un poco, colocando su asiento exactamente frente al lado derecho de la cama. Me acomodé un poco más, volviéndome a estirar, para estar en una posición recta al igual que él. El intercambio de miradas fue corto. La pesada atmósfera corriendo en nuestros cuerpos. Sentir el peso del mundo bajo mis hombros.
—¿Sabes lo que significa eso?—escuchar su voz de ese modo era algo anormal, él siempre intentaba mantener sus emociones selladas, en el sentido de aquellas que son extremamente personales.
Algo le debe haber sucedido para que esté así de vulnerable, y no piensa decírmelo. Aparte de saberlo y sentir su dolor en mi corazón tan solo aceleraban sus sospechas de que a mí me ocurría algo similar. Tomó algo de aire para apaciguar una molestia contenida y exclamar en voz baja, tomando en consideración mi condición.
—¡Eso ya no sería pretender! Alejarte de su vida de esa manera… ¿tanto significa para ti?
—Solo quiero que Hikari sea feliz. Si mi ausencia hizo eso posible, que volviesen a ese estado… si mi amnesia ayuda a mantenerlo, continuaré con ello. Después de todo, ¿qué otra opción me queda? Dudé, ¿sabes? Nunca creí que sería capaz de escaparme de aquí tal cual vi la fecha en el calendario. No comprendo cómo fue que llegué a ese jardín sin siquiera saber el lugar en donde sería la fiesta. Es como si una voz me hubiese guiado, un impulso. Tal cual la vi a ella, tan hermosa, tan perfecta… tal cual los vi al otro lado… no pude contenerme más. Nunca dejaré de ser un idiota. Es por eso que cuando entraron de esa manera lo comprendí. Mi egoísmo llevó a más egoísmo para que al final sea devuelto con esta forma. Su abrazo… ese abrazo me hizo dudar una vez más pero… si deseo enmendar mi más grande y egoísta error, debo de hacer un nuevo sacrificio. Un nuevo sacrificio por el anterior sacrificio.
No comprendo la razón por la cual suelto todo ante Ken. Él, tan analítico, va a poder comprender de manera inmediata mis intenciones. Tanto futuras como pasadas. Es solo cuestión de tiempo. No, inclusive tan solo cuestión de minutos o segundos. La primera señal fue observar, en primera fila, cómo su rostro palidecía como si hubiese visto a un fantasma. La forma en la que toda la vida desaparecía me pareció fascinante, un momento efímero simplista, minucioso. Que inusual pensamiento retorcido. La segunda fue la manera en que olvidó que se encontraba sentado al querer retroceder, casi cayendo al suelo. La última tan solo fue observarlo retomar la compostura luego de que enlazara el invisible mensaje que transmitía.
—¿Vas a estar así toda la vida? ¿No crees que en cierto punto sería sospechoso que recuerdes a todos menos a ella? Recuerda que Jyou está estudiando medicina, Koushiro tampoco caerá tan fácilmente… y es imposible que Tk no note que estás así o inclusive Hikari o...
Me alegra que preguntaras, mi querido Watson.
—… Ah, espera… no era Ichijouji… ¡Sawada!
—Espero que tengas una buena explicación para esto luego.
—No te preocupes, Dakimakura.
—Eso ya ni es un apellido…
Valor y amistad. Virtudes que dejé de lado por ella. Ella, mucho más importante que el amor que siento hacia Hikari. Valor y amistad que deseché por protección, por necesidad. Por querer mantener en este mundo a una persona capaz de amarme al no ser alguien deseado. Rechazado, abandonado, un ser humano indeseable. Uno que no debió nacer en este mundo. Pero que pensamientos para más retorcidos, una retorcida verdad que había olvidado. Yo no soy así. Es hora de volverlos a sellar, ignorarlos como siempre lo he hecho.
—Daisuke… ese día, en tu casa… el día de tu fantástica idea…tú...
—No lo niegues, fue una fantástica idea—aclaré, —Si no fuese por mí nunca te hubieras percatado de lo que Miyako sentía.
—Como decía…—su respuesta fue inmediata mientras afinaba un poco su garganta.
Bingo. Te descubrí, Ken.
—Creo que hasta ahí es suficiente—lo corté de la manera más sutil posible, volviendo a jugar con los músculos faciales que estuvieron inmóviles por tres meses. Inclusive me sorprende el simple hecho de poder hablar. Fascinante—Esa historia vendrá después. Todavía tienes que responder mi pregunta.
—¿Te refieres al significado de la lealtad?—desvió sus perspicaces ojos de mi persona.
Es evidente que ha percibido el cambio de mis emociones, sabe que no hay razón para presionar más sobre ese tema. Por más que logre sentir su reciente ansiedad, como si ya se hiciese una idea del tema, no insistió. Nunca le he mentido. Sabe que cumplo mi palabra, siempre lo haré. Vivo o muerto, siempre la cumpliré. De una u otra manera, la charla que tuvimos con respecto a su significado fue instructiva. Aprendí nuevas perspectivas y definiciones, asombrado de la diversidad de maneras y opiniones que hay con respecto a esa virtud humana. Quién se lo hubiera imaginado. Estoy asombrado del poder que carga esa palabra. La charla pudo haber continuado toda la noche, hasta que la alarma del reloj digital que yacía en la mesa al lado de los googles hizo un peculiar sonido, indicando que eran las tres de la mañana. Las horas pasan volando cuando te diviertes, en cierta forma.
Lealtad. Traición, ¿por qué siempre me toca lo peor? ¿Por qué siempre lo que no comprendo? Esto me recuerda cuando no podía hacer reaccionar el Digiegg de la Amistad.
—¿Satisfecho?—me llega a preguntar, agotado de la charla al tener que repetir conceptos infinidades de veces debido a mi torpeza intelectual.
—Digamos que sí… ok, te estoy mintiendo. No lo comprendo en lo absoluto, ¡¿por qué debe de ser tan ambiguo!?— al exclamar mi frustración rascándome la cabeza, tuve que presionar mis manos en la frente al no soportar mi propia voz. Mis cuerdas vocales dolieron, finalmente ya salen las desventajas de hacer un intento de hibernación por tres meses. El coma de tres meses—Eso me hizo doler la cabeza. Ah, consecuencias del coma… en fin. Supongo que si lo resumimos podría ser la fusión del valor con la amistad.
—En pocas palabras. La lealtad depende mucho de los sentimientos de amistad de la persona devota a la otra. El valor de estar a su lado sin importar las consecuencias… es una forma sencilla para que lo comprendas. La lealtad es una unión del valor con la amistad en una sola cualidad.
—Ya veo. Al parecer no estoy del todo mal entonces.
Por algún motivo, mi sonrisa le sacó una sonrisa. Una sonrisa que yacía dormida en su interior, siendo opacada por la oscuridad que abunda en su corazón. Pude notar cierta tranquilidad provenir de él, causando que bajara la guardia. Tras descubrir la razón de su dolor, es lógico que ya sea mi turno. Si no le digo a alguien voy a terminar traicionando a todos nuevo. Las sonrisas se volvieron unas diminutas risas. Me recuerda a aquellas noches en la que lo convencía de quedarse en casa pasar la noche. Hablando sobre cosas triviales, de la escuela, inclusive de ir todos juntos a comer en la nueva pastelería o panadería o cualquier otra tienda que acabe con ría. Con cuidado, empecé a buscar en mi cuello algo en particular. La yema de mis dedos dio con el objetivo que destruiría este coro de felicidad.
Y es lo que menos deseo. Sea líder, protagonista o simple relleno, no quiero traicionarlos una vez más tras hallar la respuesta que confirma mis sospechas.
—Ken.
Cuando escuchó que lo llamé por su nombre en vez de mi clásico Ichijouji, detuvo su risueña voz. Sentir los latidos de su corazón al mismo ritmo que los míos tan solo hizo que mi pulso acelerara.
—Daisuke.
Esta hermosa ficticia realidad se rompe ahora.
—Ken, te presento al señor Etiqueta. Señor Etiqueta, te presento a Ken Ichijoujji.
La delicada cuerda colgaba de unas falanges, mientras era mecida de manera sutil por el viento. Su superficie metálica, casi dorada, tan solo incrementaba el frío que sentía en la mano. Me imagino que Ken debe sentirse en el polo norte tras la reacción que mostró. Es lo más lógico. Después de todo lo que hemos pasado quién se hubiera imaginado que era hora que alguno de la segunda generación de niños elegidos obtuviera una Etiqueta vacía. Él se salvaba al ser indirectamente de la primera, salvo que su emblema se perdió tras la explosión de la base del Emperador.
—¿De dónde… sacaste eso?—su voz temblaba, incapaz de comprender los eventos que presenciaba—No me digas que Tokino… no, es imposible…
—¡Lo saqué de un mágico lugar!—cerré los ojos para darle un aura más ligera a las palabras que diré a continuación—Del Mar Oscuro.
—¡¿Del Mar Oscuro!?—sin poder soportarlo más, Ken se levantó bruscamente de la silla, tirándola al suelo. Incapaz de asimilar la información, me sostiene de los hombros apretándolos en el proceso.
—Eso duele, Ichijouji… no, eso duele… Tanemura.
—¡Daisuke! ¡¿Qué rayos haría una etiqueta ahí!? Cómo… ¿no se supone que…? ¡¿Por qué no entré al Mar Oscuro ese día!?
—¿Te refieres al mismo día en el que Hikari y Tk entraron?
—Pero… cómo…
—Ichijouji… no sé cómo explicarlo pero… cuando retomé la conciencia luego de esa caída de la azotea del colegio para proteger a Hikari… me encontraba en ese lugar. No sé si sea buena o mala suerte. Quiero pensar que fue buena. De esa forma supe que había cumplido mi cometido.
—Daisuke… no sé qué tanto estás diciendo…
—Oye, Ichijouji, ¿quién dice que el Mar Oscuro es realmente el villano, la masa de maldad y tinieblas que todos creen que es?—mi pregunta fue directa, sin considerar su pasado.
—Eso es simple… ¡si no fuera por el Mar Oscuro el Emperador de los Digimon nunca hubiera existido!
—¡Pero no te hubiera dado un D3 para ser parte de nuestro equipo!—alcé la voz para luego sujetarme la cabeza una vez más por la retumbada—Quizás quiso guiarte hacia nosotros… recuerda que estaban las Semillas de la Oscuridad también… luego, si tú, Hikari y Miyako no entraban para recuperar el falso anillo mágico de Gatomon, es probable que hubiésemos demorado mucho para que apareciera Silphymon.
—Espero que tengas una muy buena explicación para esto y más te vale presentar un argumento más sólido que tan solo coincidencias—si sus ojos lanzaran alguna clase de rayo láser me encontraría desintegrado.
—A ver… ¿qué quieres saber primero? Ah, te recomiendo que tomes asiento, podríamos quedarnos hasta las cinco o seis de la mañana con esto—le advertí sin nada de seriedad, tan solo aconsejando como el amigo que soy.
Si es que después de esto me sigue considerando como tal.
—Detalla tu visita inicial, la forma en la que supiste…—Ken puso haberse sentado una vez más pero su compostura no retornaba—Quiero decir, ¿cuándo fue tu primera visita?
—En primaria.
—Entonces Tokino tenía razón…—una vez más, sus ojos reflejaron puro terror.
—No sé quién será ese tal Tocino pero me da hambre…—aguanté el sonar de mi tripa—Me imaginaba que me ibas a preguntar eso por la forma calmada en la que dije que vi a esos dos allí. Como te dije, esa historia vendrá después.
Lealtad. Traición. Abandono. Amistad. Valor. Las multitudes me causan mucha tristeza.
—De acuerdo—lo escuché murmurar, quizás relacionando alguna cadena de eventos que desconozco—¿Qué hacías ahí una segunda vez?
—Digamos que mi primera visita tiene mucho que ver con la que tuve ahora. En pocas palabras, cuando retomé la conciencia ahí, en vez de sentir terror, una increíble sensación de alegría me invadió. Al parecer el tiempo que estuve inconsciente asimilando la situación me hizo dar cuenta al despertar esta noche que el tiempo en el Mar Oscuro fluye mucho más lento de lo normal. Se supone que debería estar a la par con el Digimundo al ser una contra parte o algo así de complicado, ¿no? Como decía, creo que cuando Hikari y Tk llegaron el flujo del tiempo se normalizó. Pude sentir una presencia más en el Mar aparte de ellos, una conciencia al igual que la mía que andaba perdida. Por eso siento que el Mar los llamó para ayudar a esa persona. Una circunstancia, como dirías tú, que llevó a la salvación. En fin, volviendo a mí historia. Creo que eso explicaría por qué estuve en coma durante tres meses. Tal cual cumplí mi cometido al ingresar al mar, y con eso me refiero al mar del Mar Oscuro, me di con la sorpresa de encontrarme en el mundo real a tiempo para la fiesta.
—¿Ingresaste al mar? ¡¿Estás demente!?—conteniendo su impulso de querer levantarse una vez más, lanzó una aclaración—Gracias a Dios nada te sucedió. Si te convirtieses en una nueva versión mía perdería la cordura.
—Sería un Emperador con mejor sentido de la moda.
De manera pronta, el rostro de Ken pasó de pálido a un intenso rojo por la vergüenza que le provocaron mis palabras para que llegara a balbucear mi nombre.
—¡D-Daisuke!
—Por eso digo que el Mar Oscuro no es tan malo. Nos está pidiendo ayuda, Ichijouji. Creo que no sabe cómo hacerlo, por eso los llama de manera indiscriminada y aleatoria. Digo, es lo único que se me ocurre tras ingresar dos veces, que no me pasara nada, recuperar lo que me pertenece y encima salir con una etiqueta como regalo.
—¿Recuperar lo que te pertenece?—antes de que el silencio volviese, hizo una pregunta más—¿El Mar Oscuro no es tan malo? Daisuke, por más que seas mi mejor amigo… va a costar que cambies mi manera de pensar con respecto a ese lugar.
—No hay problema, tampoco es lo que busco—le sonreí de manera despreocupada—Espero que hayas logrado comprender un poco.
—Necesito un tiempo para pensar en todos estos eventos—agrega colocando un dedo bajo el mentón—Aunque tengo que hacer un par de cosas antes…
—Oye, Ichijouji—ya era hora de lanzar la pregunta que me mataba por dentro—¿Cómo así supiste que había despertado? Entiendo nuestra unión por la fusión DNA pero… hay algo más ahí.
Mis ojos dieron con el premio de la lotería. Inmediatamente, colocó una mano en el bolsillo de su chaqueta oliva. La forma en la que se acomodaba ese bolsillo tan solo significaba una cosa, una D-Terminal. No creo que sea momento de empezar a interrogarlo, ya que necesito todo el apoyo necesario. Además, sé que Ken tiene sus razones. En algún momento me contará y estaré abierto a escucharlo. Es por eso que necesito que me escuche a mí.
—No importa. Siga preguntando, detective—lo incité de forma amical.
—¿A qué te refieres con recuperar lo que te pertenece?—sentí como el tiempo se detuvo cuando lanzó esa pregunta.
Por algún motivo, revelar esa razón era lo que más temor me provocaba. La razón por la cual deseché a todos. El motivo de mi traición y mi afán con la lealtad. Temor a revivir el pasado que tanto deseo olvidar. Las multitudes me causan mucha tristeza, por eso prefiero el silencio. Con tan solo pensar en la posibilidad, la posibilidad en que mi único amigo me abandone… no sé si sentirme feliz o deprimido. Respiré de manera profunda, preparándome para las consecuencias.
—¿Te conté alguna vez sobre mi aventura en Nueva York con Wallace y Mimi?
En vez de protestar por responder mediante una pregunta, tan solo asintió.
—Sí. Lo del invierno eterno que era un reflejo del rechazo de Hikari, la noticia de saber que Iori consiguió novia antes que tú y esas cosas. Luego que apareció una niña que al final era un Digimon.
—Sí, era muy linda. Me ponía muy nervioso con ella al tenerla cerca—dije mientras recordaba el momento final—Hablando de eso, ¿qué fue de Iori y su novia? ¿Siguen?
—Daisuke, ¿no recuerdas que Iori se encontraba deprimido ese día en tu casa porque la chica terminó con él por su viaje a España? Miyako… Miyako se encontraba furiosa con ella, tanto así que tuve que arrancarle el celular de la mano antes de que la llamara.
—Ah, cierto. No le tomé interés a Iori deprimido pero creo que recuerdo a esa chica.
En eso, mi cerebro enlazó el dolor que sentía en la espalda con los sucesos. Miré detrás de la almohada para sonreír lentamente. Tras sentir la superficie tibia, lo coloqué en mis brazos.
—Es hora de que al fin se conozcan. Ken, ella es Natcchan. Natcchan, él es Ken Ichijouji.
Tras haber aprovechado el cambio de tema de manera brusca, Ken logró tomar la sorpresa con una calma extremadamente sobrenatural. Quizás tantas revelaciones esta noche al fin estaban tranquilizando su agitado corazón que no dejaba de latir cada vez que yo decía algo.
Ya debes de estarte haciendo una idea. Ahora solo queda esperar, ¿estaré solo una vez más?
—No voy a preguntar ya que es muy obvia la respuesta que me vas a dar. Primaria, ¿no?
—Exacto. Primaria—sonreí, colocando de manera delicada el Digihuevo de Natcchan a mi lado, acurrucándolo con las sábanas—Además, no es todo lo que sucedió cuando estuve ahí. Recuperar lo que me pertenece, que es Natcchan versión Digihuevo, sin olvidar la etiqueta que sigo sin comprender qué hacía ahí, no fue todo lo que el Mar Oscuro me otorgó.
—¿Todavía… hay… más?— la compostura retornó a él de manera pronta—¿Qué tanto viste, Daisuke Motomiya?
—Te dije que esta charla duraría casi como hasta las cinco o seis de la mañana. Tengo suerte que puedas quedarte hasta tan tarde, ¿por qué? Deberían haberte botado del hospital.
—… ¿qué fue lo que viste, Daisuke?
Una vez más, algo que no me quiere decir. Oh, bueno.
—Vi un pasado, un pasado de alguien muy cercano.
—¿Pasado?
—Ese día, el día de la muerte de Osamu… había alguien más, ¿cierto?
Antes de Ken pudiese huir por la insensible pregunta que hice, logré lanzarme hacia él, cayendo de cara hacia el suelo. Al hacerlo, una vez más los cables que me proporcionaban hidratación y algo de alimento mediante un suero insignificante se separaron bruscamente de mi cuerpo tal y como sucedió al momento de mi primer beso con Hikari Yagami. El dolor de las agujas fue fuerte, la sangre que empezó a caer fue mínima, pero aun así todos los dolores venían a mí, especialmente la traición hacia dicha lealtad. Algo distraído, Ken tuvo el valor de retroceder para ayudarme a levantarme. Observar mi patética figura, mi rostro lleno de heridas, de cicatrices, la manera en la que mi piel se encontraba pegada a mis huesos a través de sus ojos fue todo lo que necesité para quebrarme una vez más.
No me gusta llorar. Llorar tan solo me recuerda a las multitudes que me crea soledad. No creí que lo volvería a hacer. Creí que ese día con Tk al advertirle sobre mi propósito con Hikari sería la única y última vez que lo haría frente a alguien. Nunca imagine que sería mi turno de hacerlo una vez más, encima frente a Ken. Siempre añoré que la última persona que me vería llorar en el pasado sería Jun. Lo siento, hermana.
—Yo no quería ver todo eso, Ken, ¡no quería!—insistí, costándome hablar por el temible nudo que empezaba a aparecer. Tragándome los sollozos, intenté proseguir—Estoy seguro que hay una buena explicación para eso… por eso… por eso… respóndeme… por favor… todo tiene una razón…
Mi conexión con Ken llegó a un máximo nivel. Sentir su cuerpo alrededor del mío, sumiéndonos en un abrazo que intercambiaba nuestros pesares, cada uno con la oscuridad que alimenta sus deseos más oscuros, los pensamientos más oscuros y temibles que poseemos, fue capaz de dejar todo de lado por un traicionero como yo. La manera en la que su aliento se hizo paso en mi oreja fue suficiente para quebrarme de una vez por todas. Los sollozos empezaron a salir, la orquesta empezó a sonar sin un director que las controlase. Mis manos, con gotas de sangre al no encontrarse selladas mis heridas luego de la caída que me separó de las agujas, lo que hacían era manchar aquella espalda de la cuál recibía un apoyo incondicional. Supongo que esta vez los papeles se han invertido.
Ahora soy yo quien busca aceptación de los demás, ¿es así como te sentiste siempre, Ichijouji?
—Sí, había alguien más—admitió para al fin separarse, su presencia tan solo incrementaba mis latidos, como una quinceañera enamorada—¿Qué te mostró el Mar Oscuro, Daisuke?
Sonándome la nariz con la esquina más cercana de la sábana, ignoré el ardor de mis ojos por el salado sabor que entraba por mi boca.
—Lo que vi… lo que vi no fue tan placentero que digamos… si agregamos que fueron dos cosas en vez de una.
—¿Hubo algo más aparte de eso?
—El Mar Oscuro me mostró dos historias… empecemos con la primera, ¿te parece?
I
Creí que estas ilusiones encerradas dentro de mí ser estaban hechas para durar, pero no lo harán. Soy igual que una máquina que trae vidas terminadas. Al tan solo meter un pie en aquellas lúgubres y rugientes olas, tomé noción que mi mundo se tornaba blanco. Con esos pensamientos en mente, me dejé sumergir por la oscuridad, abrazando mi cuerpo, observando cómo se extinguía mi efímera vida en burbujas de aire al querer escapar a la superficie, tan solo respondiendo al llamado de ese lugar, con una simple plegaria en mente: ya lo hice, lo hice todo, absolutamente todo, quiero ver a Natcchan.
—Natcchan…
Los rayos de sol fueron el telón de la patética obra de mi vida. Por un minuto creí que había vuelto al mundo real, que había despertado. Al tomar noción de mis alrededores, me percaté que la ciudad parecía hecha de papel. Un papel maché imitando una ficticia realidad. Era obvio desde un inicio que no sería tan fácil. Reincorporándome, me sentí como si fuera el último experimento que el Mar hacía conmigo. El último experimento de esta ciudad de papel que avanza lentamente como fue predicho el día de ayer. Suficiente melodrama, es hora de que pase al punto, Ken.
Esta historia es corta, como ya sabes, sobre un pasado tratará. Las lágrimas caen y su soledad la envolverá: ¿lo volveré a ver? Fue el murmullo que logré escuchar. Guiado por esa plegaria llegué a una terrible escena. La sangre que chorreaba, que goteaba de aquél pequeño y frágil cuerpo había sido reemplazada por una imitación rosa, siendo censurada de hasta mi propia conciencia, o lugar en el que esté. Las sirenas no sonaban, tan solo escuchaba sus sollozos. Fue ahí cuando te vi. Observando, pasmado, incrédulo. Ella te vio. Maldad. Luego todo volvió a brillar. La ciudad seguía hecha de papel. Definitivamente, sentía que experimentaban conmigo.
Bueno, rendirse no es opción… ¿será que podré encontrar la razón de todo esto?
Con esos pensamientos en mente, empecé a caminar en el blanco escenario. Una tabula rasa que se iba formando conforme mi mente insertaba hechos y conocimientos previos. Poco a poco, aparecían árboles de papel maché, saltando de manera aleatoria. Era como abrir uno de esos libros con figuras tridimensionales. El sol invisible ardía, candente, sentía que en cualquier momento esta realidad de papel se quemaría por la bruma. Aquello me recordó el interminable verano del cual venía, evocando una vez más el mundo real: debo de salir de aquí. Natcchan… Hikari me está esperando.
—Ah… sabes, realmente… odio el verano.
Una vez más, el escenario cambió frente a mis ojos. El blanco lienzo se pintaba con pasteles, acuarelas, imitando una típica escena de un parque cualquiera, con dos pequeños niños. El columpio en el que ambos andaban sentados era una vez más de papel maché. Esta realidad sobrenatural hacía que no se rompieran. Seguía sin comprender el significado de esta visión. Me acerqué a ellos para confirmar que, efectivamente, mi presencia era desconocida para ellos. La niña que había hablado se meció de manera lenta. De piel fina, era una jovencita que me daba a entender que tendría una prometedora figura en el futuro. Sus pies daban con la arena mientras le daba más impulso. Su corto cabello verde agua se mecía a su ritmo, su vestido menta puesto encima de un polo negro manga corta confirmaban mis sospechas: esto no tiene nada que ver conmigo.
Hasta que vi al niño.
Su perfil, su apariencia. Era tu hermano, Ichijouji. Osamu tan solo la observaba algo distraído, con una expresión seria que a los segundos se volvió en una tierna sonrisa. Me contaste una vez que solías hacer burbujas de jabón con él. Estoy seguro que esa misma sonrisa te la dirigía a ti. Sus lentes hacían rebotar los rayos del sol, encegueciéndome un poco.
—Entonces, ¿nos vamos a casa?
Ella asintió de manera infantil, saltando en el aire para caer de manera dócil, como una frágil ave blanca, en la arena. Osamu la siguió. De la mano ahí van, el chico y la chica otra vez: ¿se repetirá este cruel y abrumador final?
Debí haberlo notado desde un principio. Solo soy un simple espectador. Recuerdos empezaron a fluir por mi mente, el escenario cambiando de manera eterna. Cuando desperté en este lugar tan solo era como reiniciar un juego. He estado en un bucle. Tal cual ingresé al mar, esta cruel obra teatral llena de tragedia se había repetido una y otra y otra vez, siendo borrada cuando sucedía el accidente. Al dar en el blanco, por algún motivo, no tomé rienda del asunto. Tan solo seguí siendo un patético observador, un espectador que ya sabe cómo va a terminar el juego. Ahora me encontraba en un cruce. Un clásico cruce de una calle a otra. El semáforo brillaba en rojo para los peatones, quienes eran representados por origamis, también de papel maché. Definitivamente es una ciudad de papel que avanza lentamente.
—Toki…
—Sí, ¿Osamu?
—Sabes, hay algo que he querido decirte…
Sus manos se entrelazaron. Ella ruborizada, él también. Cuando ella decía su nombre, enfatizaba cada sílaba. Sus ojos brillaban de felicidad.
—Dime, Osamu.
—Um, verás… Toki… gracias por todo este tiempo… de aconsejarme de cómo llevarme bien con Ken. Solíamos hacer esas burbujas de jabón que a ti también te gustan. Debería volver a hacerlo. Hoy no lo traté del todo bien antes de salir… le dije que no tocara algo y no me hizo caso. Quiero llegar y disculparme con él.
—D-De nada, Osamu… gracias por ser mi amigo. No me quiero mudar de Tamachi… te voy a extrañar.
—Toki… también te voy a extrañar.
—Prométeme que seremos amigos por siempre.
—Te lo prometo.
—No perderemos contacto el uno con el otro, ¡nos escribiremos cartas!
—Perfecto, muy buena idea.
Sin embargo, esta dulce y cándida escena se vio teñida por la tragedia. Observé los sucesos uno tras otro. Tú, Ken, apareciste en escena tal y como los árboles hicieron mientras caminaba. Un auto que no debió haber estado ahí cuando decidiste cruzar por tu hermano, cruzar para ir hacia él. Tú, quien parecía haber estado siguiendo a Osamu. Quizás tendría que ver con esas disculpas. Era evidente en tu rostro. Deseabas acercarte y no lo hacías en temor de que tu hermano te gritase una vez más, por seguirlo en secreto. En momentos tu rostro parecía tener resentimiento: ¿cómo le puede sonreír a ella y a mí no? ¿Por qué me grita a mí y a ella no?
De rojo se pinta el telón de estar tragedia. Un pequeño cuerpo está volando de nuevo. Ojos que solían estar antes llenos de vida en ella mueren. Atrapados en un ciclo eterno de agonía, cegándome el mundo y todo lo que quedaba con él.
—¡Osamu!
El rojo reemplazado por un rosa, censurando la sangre. La voz de la niña mezclada con la tuya hacía interminables ecos, tantos que mi cabeza parecía que iba a explotar en cualquier instante. El frágil cuerpo de Osamu Ichijouji inerte en el cruce. Ken Ichijouji pasmado, sin creer el suceso que respondía a su plegaria: deseo que Osamu se vaya, que se fuera. Su deseo se volvió en una cruda y cruel realidad. La niña no reaccionaba, en vez de ponerse a llorar, de reaccionar como los falsos transeúntes de papel, se acercó a ti, quien estaba de rodillas en el asfalto.
—Ahora te harás cargo de mí.
Al saber que esta realidad se iba a repetir de manera infinita en mi mente, quizás necesito dejar mi rol pasivo. Quise correr hacia a ti, a ver si de esa manera el Mar decidía sacarme de este lugar, sin comprender la razón de mandarme aquí. Mi sangre se congeló, la ciudad de papel empezó a incendiarse. El humo los cubría a los dos. La niña me sonrió de manera cruel al tomar noción de mi invisible presencia.
Este sueño no tiene final.
Me costó mucho escribir todo esto desde el punto de vista de Daisuke. Creo que no me quedó muy bien expresar sus pensamientos, quedando muy OOC pero de todas maneras espero les haya agradado.
