Una ilusión de turmalina.
-¿También quieres hablar conmigo? –Preguntó extrañada Uraraka inclinando su cabeza a la derecha sin perder de vista la silueta masculina bordeada por las luces. Bakugou chasqueó la lengua y dejó la copa ya vacía sobre la mesa. Kirishima había dicho la verdad sobre la sidra, pues más que un trago para adultos, parecía un jugo de manzana que cualquier mocoso podía tomar.
-Tsk, ¿Eres sorda, idiota? Es lo que dije –se acercó de forma intimidante hacia la chica con las manos dentro los bolsillos mientras se aprovechaba de aquellos centímetros que le llevaba de ventaja a la altura de Uraraka. –así que date prisa que no pienso esperarte.
Y siguió de largo, como si ese pequeño encuentro jamás hubiese ocurrido. Uraraka siguió vacilante los pasos del chico con cierto tinte de angustia y curiosidad. Hurgó dentro baúl de sus recuerdos y se dio cuenta que el primer y único contacto que había mantenido con Bakugou Katsuki había sido durante ese ya lejano festival deportivo, donde habían luchado a muerte. El recuerdo no hizo más que aumentar la ansiedad de la chica, quien comenzó a juguetear nerviosa con su cabello y a su vez, con la falda del vestido que centelleaba bajo las luces como si de polvos de hada estuviera espolvoreado. Bakugou atravesó el salón ante las muchas miradas de los alumnos que apenas le prestaron atención, hasta toparse de frente con una enorme puerta de madera que daba a un balcón, mismo donde era posible verse un gran número de arbustos de diferentes tipos, tamaños y formas que adornaban el inmenso jardín en medio de esa noche estrellada de invierno. Salió al exterior y con expresión seria, se dio media vuelta y apoyó su cuerpo en el aludido balcón de piedra para enfrentar a la chica que se encontraba frente a él, dibujando una sonrisa amarga de acuerdo a lo que pudo interpretar Uraraka. Ese escenario se le antojaba ridículamente imposible a la chica. Ella, junto a Bakugou. A solas… Sin que una pelea de entrenamiento estuviera próxima. Confundida, se encontró a sí misma cerrando tras de sí la puerta que los dejaba aislados de la fiesta de forma automática.
-Deberías morirte, maldita cara redonda.
Uraraka dio un respingo sin mover sus pies de donde estaba. ¿Había escuchado bien?
-Ba…Baku…
-Dije que deberías morirte.
Las palabras asestaron un golpe certero que dispersó un dolor intenso en el pecho de la chica. Abrió los ojos intentando entender lo que había escuchado. Sabía que el chico frente a ella no tenía ni una pizca de delicadeza, pero esto había pasado la raya de lo que podía soportarse. Abrió vacilante la boca intentando decir algunas palabras, sin ningún éxito. Bakugou frunció el ceño, y sorprendentemente sin alzar la voz, continuó con la charla.
-¿Sabes por qué te estoy diciendo esto, tonta cara de ángel?
-No… -Contestó con sinceridad Ochako.
-Deku. –El chico saboreó las palabras con desprecio y las masticó hasta transformar la calma en euforia al dar un puñetazo en el balcón de piedra que se resquebrajó al entrar en contacto no solo con el puño del rubio, sino también con una explosión escandalosa. Ochako volvió a sobresaltarse.
-Mi vida amorosa no tiene que importarte, Bakugou. –Dijo Uraraka armándose de valor para no huir corriendo de ese sitio.
-Tsk… No seas ridícula, no me interesa eso, idiota. –Dio unos cuantos pasos hacia la chica y le sonrió irritado, creando nuevas explosiones en su palma derecha. –Me cabrea lo estúpida que te ves al solo verlo.
Uraraka se sonrojó ligeramente y llevó inconscientemente sus manos a su rostro, ocultando sus mejillas entre estas. ¿Era tan obvios sus sentimientos que todos podían ver lo mismo que el rubio acababa de decirle? Y entonces recordó la sonrisa llena de cariño que sus amigas le dedicaban cuando Deku aparecía en su campo de visión, en sus conversaciones, en sus recuerdos. Se reprochó a sí misma y mordió su labio, abrumada. Después de todo, parecía ser que en efecto, sí era muy obvia. ¿Deku sabía entonces que lo amaba? Sacudió la cabeza y se dio nuevamente unas cuantas palmadas en sus redondas mejillas, dejándolas enrojecidas y dirigió una mirada dura al rubio. Ya era momento de tener la respuesta concisa a esa pregunta.
-N-no te metas en esto, Bakugou. –Uraraka levantó desafiante su mirada hasta posarla en los ojos carmín de Bakugou. –Es mi problema. –La chica se dio media vuelta y giró la perilla dorada para entrar de nuevo a la fiesta, sin embargo fue detenida por un fuerte acarre de su brazo contrario.
-Tienes cojones para dejarme hablando solo, maldita mocosa. –La voz masculina se alzó enronquecida hasta los oídos de la chica, quien voleó molesta. Cada vez que estaba con ese chico, su tranquilidad se alteraba y era algo que detestaba. Detestaba convertirse en alguien que no era capaz de reconocer como Uraraka Ochako.
-No entenderías estas cosas… -murmuró la chica cansina y ambos guardaron silencio. Por un momento, el único sonido que se hizo presente fueron los compases pegadizos de una canción de moda que había sonado incontables veces en la radio y el tenue soplo de viento nocturno que meció los castaños cabellos de Uraraka.
-Tienes razón, no puedo entender cómo la única rival que he reconocido se convierta en una idiota por alguien como Deku.
-¡No tienes derecho de decirme nada! Tú… ¡TÚ! ¡N-nunca me hablaste más después del festival deportivo! –Uraraka ahogó sus palabras en su garganta y cubrió su boca casi de forma inmediata. ¿Eso había sonado como un reclamo? Y más importante aún… ¿Le había llamado rival? Aunque había perdido el encuentro, estaba al nivel de un rival para el chico. No lo entendía ni a él ni a lo que pasaba por su cabeza, y por eso detestaba a Bakugou Katsuki. Lo odiaba.
-No pensaba volver a hablarte… -Uraraka abrió la boca para reclamar de nuevo, sin embargo las palabras fueron cortadas de tajo por el rubio. –No hasta mejorar y retarte de nuevo para una pelea justa con una revancha como premio, Uraraka. –La chica abrió su boca y ojos de forma descomunal en respuesta a la sorpresa que acababa de llevarse. ¿Bakugou Katsuki le había reconocido como rival y ahora le llamaba por su nombre? Eso era una completa locura. Mientras la información vagaba por la cabeza femenina en busca de una respuesta para el chico, él continuó con la conversación bombardeándola de cosas que le hacían perder el rumbo a la chica. –Pero no puedo quedarme quieto viendo cómo te vuelves estúpida mientras solo soy yo quien se esfuerza, así que ve con el maldito de Deku y haz esas malditas cosas que hacen las chicas y vuelve a ser tú misma.
Bakugou soltó a la chica sin lastimarla y pasó de largo abriendo el gran portal de madera para entrar de nuevo a la fiesta, cuando el tirón que sintió en su saco le hizo volver la mirada hacia atrás donde se encontró con una desconcertada Uraraka.
-Yo… yo aún no te he dicho lo que quería decirte.
-Te escucharé cuando soluciones tus asuntos, cara redonda. –Y se liberó del contacto dejando atrás a la chica sumida en un montón de preguntas que le robaron el aliento por no pocos segundos.
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Bakugou Katsuki entró más que cabreado al salón, chasqueaba la lengua y fulminaba a todo aquel se osara cruzar miradas con él con un aura sumamente sombría y tensa. Odiaba a Deku, estaba seguro de eso. Pero esta vez había algo que le calaba con mayor fuerza. Ya le había robado el maldito reconocimiento de All Might, había sido superado en batalla por ese maldito nerd no solo en técnica sino también en estrategia… Y si esto no fuera suficiente, ahora se atrevía a tomar a su rival: Uraraka. Porque Katsuki jamás había visto a Deku como un rival, sino como una molesta piedra en el camino que existía para erizarle la piel y encolerizarlo solo por el mero hecho de existir.
-¿CÓMO MIERDAS TE ATREVES, IMBECIL? –Se sentó de golpe en la mesa de la clase 1-A y subió los pies sobre esta, envolviéndole llamas de odio que obligaron a todos a alejarse de ahí. Ese estúpido jugo de manzana le había aflojado bastante la lengua, más de lo que tenía previsto. Kirishima se las vería muy negras con él.
-Viejo, no creí que te molestara tanto que me sentara en tu lugar. –Respondió temeroso Kaminari comenzando a levantarse de la silla que minutos atrás había ocupado el rubio.
-¡MUÉRETE MALDITO DEKU! –Extendió los brazos y comenzó a crear explosiones centelleantes en sus manos. Ya nadie se atrevía a mirarle y mucho menos a decirle nada; únicamente se limitaron a compadecer al pobre de Denki Kaminari que contenía las ganas de llorar y murmuraba algo así como plegarias.
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Midoriya, quien observaba al chico rubio desde unas mesas más allá, había notado que el estado alterado de su amigo había comenzado cuando atravesaba la puerta para entrar de nuevo en el salón. Dejó el plato de bocadillos que traía consigo, y se disculpó con Iida y Mei (con quienes conversaba) y con curiosidad, dirigió sus pasos hacia el otro lado del portal, intentando buscar la causa del enojo de Katsuki. Giró la perilla y al dar un paso afuera, se encontró con una pensativa Uraraka. Ella por su lado, se encontraba observando el jardín con una expresión distraída, ocupando el espacio donde hace apenas unos minutos, había estado el explosivo chico rubio. Las palabras de su compañero le habían movido tantas piezas dentro de sí, que ahora mismo se encontraba completamente a la deriva. Sabía que tenía que decirle a Deku sobre sus sentimientos… ¿En verdad tenía que decirle? Es decir… Ya lo había contemplado, pero justo ahora después de haber mantenido esa tosca y breve conversación con el rubio, no sabía si lo hacía por resolución personal… o por impulso para demostrarle a Bakugou que ella podía hacerlo. Se sujetó de la superficie de piedra y echó su cuerpo hacia atrás, tomando una gran cantidad de aire para aclarar su cabeza.
-¡U-Uraraka! ¿Estás bien? –La chica volteó a ver al lugar donde se originaba la voz, topándose con Midoriya Izuku. Con torpeza, ella asintió automáticamente, reincorporándose. Fue entonces que sintió resbalar por su piel una sensación de calidez y humedad, hasta llegar a su barbilla, donde el recorrido se cortó de imprevisto. Ella solo se llevó las manos al rostro, intentando limpiar las lágrimas que se escapaban por sus brillantes y grandes ojos.
-Deku… –Uraraka esbozó una tenue sonrisa y caminó unos cuantos pasos hasta acercarse lo suficiente al joven Midoriya. –Sí… estoy bien.
Deku le miró completamente alarmado, algo extraño había ocurrió dentro de Deku, pues al ver a la chica llorar, sintió quebrarse algo en lo más profundo de su pecho, lo que le hizo fruncir el ceño. Si Kacchan había sido el culpable de que la dulce chica ahí presente estuviese llorando, no importaría que fuera su amigo: tendría que darle una buena lección por haberse metido con una gran amiga como lo era Ochako.
-Uraraka, ¿Kacchan te hizo esto?
-No –susurró la aludida. –No... no fue él… ¿Es culpa mía sabes? –Sonrió de forma encantadora y pasó sus brazos detrás de su espalda. - Él solo me dio el valor de enfrentar algo que me tiene preocupada desde hace mucho tiempo.
-¿Puedo ayudarte en algo, Uraraka? –Preguntó preocupado Deku. Uraraka suspiró notando la genuina preocupación en los ojos de un profundo verde del chico, como si de turmalina bicolor se tratase. –Somos amigos después de todo… y siempre tendrás mi apoyo y consejo.
-Deku… ¿Podría hacerte una pregunta?
-¡CLARO URARAKA!
-Entonces… dime… ¿Qué es el amor?
Midoriya Deku le miró parpadeando repetidas veces. La pregunta le había tomado con la guardia baja, y no encontraba una buena respuesta que le dejara satisfecho. Cruzó los brazos y cerró los ojos mientras buscaba en su memoria algo que pudiera serle de ayuda. Sin embargo, antes de poder contestar a la pregunta, se interesó por la respuesta que tendría Ochako.
-¿Tú qué crees que sea el amor, Uraraka?
-Creo… -tragó saliva pesadamente. Nerviosa, desvió por un momento la mirada al jardín, como si leyera en esos oscuros arbustos la respuesta que estaba dándole a Deku. –Creo que es un sentimiento que te hace buscar ser mejor… sin perder de vista tus objetivos ni quién eres en verdad.
-¿No es eso lo mismo que la admiración?
-¿L-lo es? –Preguntó sorprendida la chica.
-No lo sé –Se excusó el chico mientras acariciaba detrás de su cabeza. –Es solo que… yo siento que lo que dices es lo que yo siento por All Might. –Deku viró la mirada al interior del salón, hasta posarla en quien por muchos años, había sido el símbolo de la paz, quien conversaba de forma animada con Cementoss. –Siempre intenté esforzarme para llegar a ser como él… Entrené, estudié sus técnicas… jamás le perdí la pista –rió nervioso el chico. –Pero esa admiración me hizo olvidarme por momentos de quién era yo en verdad… Aunque gracias a todos, pude darme cuenta de ese error. Por eso creo que lo que describes, no es amor… sino admiración… ¿Aunque sabes? La admiración muchas veces está relacionada con el amor.
-¿De verdad?
-¡Sí! Yo admiro a todos los héroes… sus quirks… y cómo es que arriesgan todo para salvar a las personas… Quiero ser un héroe capaz de sonreír mientras salvo a todos los que pasen por dificultades, como All Might… Los admiro porque ser héroe es algo difícil de lograr, y eso me hace respetarlos. Por eso lucho día con día para lograr ser un gran héroe… porque es algo que amo. Por eso creo que el amor es más que admiración… es un afecto intenso, un afecto que te mueve para cumplir tus deseos mientras haces lo que quieres en compañía de quienes te quieren y apoyan… Y el afecto se vuelve más intenso cuando es una persona que te hace sentir esto.
-¿Como All Might en tu caso?
-¡NO! Me refiero a… -Deku revolvió sus cabellos intentando encontrar una buena respuesta- El amor no solo puede sentirse al hacer cosas que te apasionan… También puedes sentirlo por una persona… Como cuando sientes una fuerte atracción, una persona que te mueve a superar los obstáculos… y que jamás te deja en el olvido. Usualmente es un sentimiento mutuo… supongo.
Uraraka escuchó atentamente cada palabra que salía del chico peliverde.
-D-Deku, eso suena muy difícil de entender. –Rió animadamente Uraraka mientras se llevaba una mano al estómago, intentando contener las fuertes carcajadas ante un Deku sobresaltado.-
-L-lo siento por no ser de ayuda. –Comenzó a inclinarse haciendo reverencias constantes, pidiendo perdón a la chica, lo que aumentó el volumen de las risas en la chica.
-Discúlpame a mi Deku. –Limpió las lagrimas de risa que ahora salían de sus brillantes ojos café. –Suena muy complejo para mi… Pero gracias a ti he podido darme cuenta de muchas cosas.
-¿D-de verdad?
-¡Claro que sí! Me has mostrado que el amor puede ir más allá de las personas y puedes amar lo que haces…
-¿Es tan asombroso lo que acabo de decir?
-¡Sí! Me ha sido de ayuda… -Uraraka guardó silencio por un momento. –Hace rato, Bakugou me dijo que debía enfrentar esto del amor… fue muy difícil para mí, pero no ha sido su culpa que yo llorara, ¿sabes? Así que no pelees con él.
-¿Estás enamorada, U-Uraraka?
Ochako suspiró, cuando de pronto una brillante idea resplandeció en su cabeza. Aunque ya sabía por adelantado la respuesta.
-Lo estoy… Estoy enamorada de ti, Deku.
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