Nota de Autora: No hay mucho que decir esta vez. Tan solo admito no haber sabido cómo empezar esto por días y me van a odiar al no ser la continuación que deseaban, pero les recomiendo prestar atención por más desviada que sea esta entrega. Tuve un sueño muy inusual que me inspiró para este capítulo así que todo es gracias a ello (?) –luego les diré exactamente qué parte fue- (El título del capítulo fue lo único malo, y va a ser corto ahora sí lo prometo) Acabo de percatarme que en el Cap anterior Daisuke dijo tres meses de coma, cuando en realidad son dos. Mi error.


Capítulo 29: La Importancia de Iori


El reloj en forma de una pequeña flor de cerezo no dejaba de seguir marcando la hora, una hora que se hacía infinita para la muchacha de cabello lavanda. Siendo ya casi las tres de la mañana, Miyako había olvidado todo. Tan solo se dejaba mecer con la ligera briza nocturna mientras seguía en la misma posición, boca arriba con ambas manos colocadas de manera gentil sobre su vientre. Su llanto había cesado de manera inmediata una vez que empezó. Tan solo un par de lágrimas aparecieron bajo sus ojos, como una mala hierba persistente en no abandonar el jardín. Asemejando el nacimiento de una flor, con las pocas fuerzas que le quedaban, su mente nublada por suma oscuridad, tuvo la osadía de ponerse de pie. Apoyándose entre las paredes, casi escabulléndose en su solitario hogar, imitando a un cobarde ladrón sin experiencia. Arrastrando sus medias, cubriéndolas de polvo, intentaba hacerse paso hacia una determinada habitación. Sus gafas opacadas por su inconsistente agitada respiración no tomaron noción del brillar que provenía del D-Terminal, indicando un nuevo mensaje. Al igual que al resto del mundo, nada era de importancia para la heredera del Amor y la Pureza que llegar a esa especial alacena en el tocador que empleaba para guardar los productos de limpieza. Líquidos inflamables, aquellos que pueden hacer cesar la melodía de nuestra existencia en este plano tan solo yacían de manera indefensa, incapaces de lastimar a un ser viviente dependiendo de las manos que abusen de su poder.

Sus tobillos cedieron ante una toalla que se encontraba fuera de su lugar, provocando a que cayera de rodillas al frío suelo de loza. No obstante, ella no se dio por vencida. Sus manos que se hallaban rojas por amortiguar su caída, fueron hacia la perilla del mueble inferior, colocado estratégicamente bajo el caño. Jalando las perillas de madera plastificada, sus ojos que se asemejaban a un pez fallecido, se iluminaron de manera tenebrosa al dar con la siguiente palabra: bencina. Se encontraba algo abierta la botella, el líquido transparente como es de costumbre, tan solo esperando a que alguien lo utilizara para su supuesto propósito de eliminar manchas de ropa. Cruel truco que estuviese ahí en ese instante, debido a que Miyako siempre guarda aquellos implementos en otro lugar cerca de la cocina. Quizás por esa razón optó por ir al diminuto baño primero con la poca razón que quedaba en su cabeza, sabiendo que era muy probable encontrar algo peligroso en el lugar. Si ella pudiese sonreír tan solo sería algo patético esperando el peor de los momentos. Insistiendo sin razón alguna, se adentra más estirando el brazo si es que algo se escondía para darle más potencia al resultado final. Al no encontrar nada relevante, cerró con fuerza para levantarse de manera segura, llena de convicción.

La flor de cerezo artificial colgada en la pared seguía indicando el pasar del tiempo cuando regresó a la sala para hacerse paso a la cocina. La D-Terminal no dejaba de parpadear, inclusive tuvo la osadía de vibrar, nueva función implementada hace poco para facilitar el envío y recibo de mensajes. Uno, dos, tres. El objeto digital se fue cuesta abajo, girando en el aire para caer de manera abierta en la barata imitación de bambú, siendo ignorado para siempre. Si un médico viese a la muchacha pensaría que está pasando por algún tipo de enfermedad desconocida, denominándola como simple y llana desesperanza. De manera metódica, retira la tapa de color carmesí de la botella, dejando caer el líquido al ritmo de sus desequilibrados pasos. Al llegar a la repisa más cercana, se dejó desplomar de a pocos sobre esta. Cierta parte de su interior trataba de evocar al sentido común, que se detuviera. Quizás ese pequeño fragmento de vida lleno de esperanza en su interior, compartiendo por el momento su mismo corazón. La fuerza de las tinieblas era más fuerte, retomando su cuerpo. Pensando en el amargo sabor por el fuerte olor del veneno, abre la nevera para sacar algo de jugo de naranja. En el escurridor se encontraban las tazas de té de hace unas horas, listas para ser utilizadas una vez más. Vertiendo el jugo en una, observando con aburrimiento el caer del color naranja, sostiene la botella con el líquido capaz de acabar el latir de ambos corazones. Al mezclarse no hubo reacción alguna, tan solo un olor que, efectivamente, era más potente que el anterior, invadiendo el apartamento. Su piel se erizo, esperando con ansias el momento en el que tocara sus labios, adentrándose a su sistema para apagar su alma, que insiste sin razón alguna el aferrarse a la vida luego de lo sucedido. Ahora en sus manos, había llegado el momento.

—¡Miyako!

De manera brusca, la heredera del Amor y la Pureza volvió a su cuerpo. Una sensación eléctrica recorrió su ser, imitando de manera redundante, como una electrocución. La corriente fluía en ella, su mirada volviendo a su tonalidad original. Incapaz de procesar sus alrededores, tan solo tuvo un pensamiento instantáneo.

¡Ken! ¡Ken ha vuelto!

Dando media vuelta, su ropa la acompaña al mismo ritmo. Tal y como una película romántica, levantó el rostro todavía ignorando el vaso que sostenía en ambas manos, el jugo goteando al piso por la velocidad. Entusiasmada de ver a la pareja con la que estuvo años de años en una relación para que tan solo con un intercambio de palabras todo acabara, inclusive sin ser capaz de decirle el secreto que con cada día que pasaba presentía que era real, exclama con alegría lo siguiente.

—¡Ken! ¡Eres un tonto por irte así! No sabes… ¡No sabes lo preocupada que estaba!

Sin embargo, la persona que tenía en frente no era el hombre de su vida, sino más bien era un muchacho esbelto de contextura delgada de ojos verdes y cabello castaño. Su vestimenta color beige se mezclaba con su piel, inclusive podía pasar como un mueble más al asemejarse tanto con el decorado del apartamento. Un par de maletas grises se encontraban en sus dos manos. Observándola algo perplejo no pudo evitar él en volver a hablar.

—Miyako, ¿qué estabas haciendo? ¿Estas medio dormida que no me reconoces? He estado escribiéndote y escribiéndote a tu D-Terminal desde horas atrás—su mirada dio con la alfombra, en donde se encontraba el famoso objeto electrónico—Ah, cómo se nota que no has cambiado en lo absoluto cuando se trata de orden. Es una suerte que la puerta se encontraba sin seguro… ¿qué es eso que tienes en la mano?

La muchacha seguía congelada en el tiempo.

—¿Miyako? ¿Me estás escuchando?

—¿Io...ri? musitó silenciosamente—¿Qué haces… aquí?

—Sí, ese es mi nombre Miyako—echando un suspiro, el heredero del Conocimiento y la Sinceridad se sostiene la frente—Lo sabrías si para variar leyeras mis mensajes al menos una vez.

—Yo… ¿yo que estaba… haciendo?—al recuperar el sentido, su mirada dio de manera directa hacia el vaso. Los eventos fueron apareciendo en su cabeza, provocando que retrocediera de manera temerosa hacia la repisa, chocando. Su espalda hizo ceder a la botella de bencina confirmando sus sospechas—¿En qué estaba… pensando?

Sin soportarlo más tiempo, Miyako se colocó de rodillas en la cocina, casi a punto de desmallarse por la cadena de imágenes que fluían en su mente. Arrojando el vaso contra la pared, este al hacer contacto tan solo se abrió en pedazos de frágil cerámica refregándose en la cocina, pretendiendo ser la nevada del exterior de su hogar con la capacidad de cortar hasta la muerte. Para detener el frenesí, ingenuamente colocó las palmas de su mano en su cabeza, aferrándose a su cabello bruscamente. Soltando el grito contenido, tan solo continuó inflamando sus cuerdas vocales. Aturdido por lo sucedido, Iori no dudó en acudir a ella dejando las maletas. Arrodillándose para estar a su nivel, colocó sus manos en los hombros de la muchacha. Al sentir la calidez humana, Miyako cedió a su cuerpo, desplomándose en él sin dejar de llorar.

—¿¡Por qué estaba a punto de hacer eso!? ¡¿Por qué!?—gritaba de manera seca, soltando pequeños gallos al faltarle la voz—¡Yo no soy así!

—Todo está bien, Miyako. No pasó nada, al final no pasó nada—sobándole la espalda tal y como un padre consolando a su indefenso hijo, Iori observa la botella vacía en la repisa, las gotas cayendo de manera delicada en la loseta. Al leer la etiqueta lo único que pudo decir fue lo siguiente—Salgamos de aquí, vayamos más adentro. Tranquila, respira…

Si Iori no hubiese llegado a tiempo yo… me habría suicidado… hubiera acabado con mi vida y la de él… o ella… o él. No entiendo nada… no comprendo…

.—No te estoy consolando para esto—sonándose de imprevisto la nariz con el suéter del muchacho, él tan solo puso un rostro de disgusto

—L-Lo siento…—soltó ella enredándose por la congestión—Me cuesta respirar.

—Tengo que sacarte de aquí, luego te pasaré una servilleta o algo así—colocando medio cuerpo de Miyako sobre su hombro, el niño que antes se caracterizaba por su pequeña estatura, ahora se igualaba con tan solo quince años con el tamaño de Daisuke o inclusive de Tk—Para ser tan delgada estás que pesas bastante.

Iori esperó algún comentario de Miyako, renegando por la acusación. Aquello confirmó sus sospechas de que la chica no se encontraba bien en lo absoluto. Sí, es cierto que había atentado contra su vida, pero en cierto rincón de su mente quería creer que ese no había sido el caso y tan solo sus ojos le habían provocado una mala jugada al leer la palabra bencina en la botella. El inusual silencio de Miyako le provocaba escalofríos. Jamás se le hubiera imaginado toparse con una escena de ese tipo tal cual regresara a Japón, en especial en parte de ella, la chica que nunca mantenía la boca cerrada, siendo en ocasiones algo insoportable. Al llegar a la sala la acomoda en uno de los cojines del piso, dando lo mejor de sí para sentarla. Tras tenerla algo enderezada, ella seguía con su cabeza colgando incapaz de mirar hacia delante, su mente sobrecargada de pensamientos pesimistas. Con miedo de dejarla sola por mucho tiempo, en vez de buscar servilletas tan solo va al baño por algo de papel. Al ver la alacena inferior abierta lo primero que hace es cerrar la puerta del tocador con pestillo por si la situación se sale de control. Algo más tranquilo toma asiento frente a ella, extendiéndole el papel. Por necesidad, ella tuvo que levantar el rostro, sus ojos hinchados, rojos, al igual que su piel. Retirándose las gafas, se soba un poco para luego respirar y sonarse de manera fuerte. Haciendo una bolita el papel, ella le extiende la mano por más.

—No soy un árbol o contenedor de papeles—comenta él.

—Si no te vuelves en uno de esos dos de inmediato usaré tu suéter—amenaza todavía congestionada, con un par de mocos chorreando de su irritada nariz.

—Está bien, está bien—responde levantando sus manos en ademán de defensa. Tras volver a ir al tocador y cerrarlo, esta vez regresa con un rollo completo—Aquí tienes.

—Daciasd—agradece antes de soplar para que cuatro grandes cantidades de papel luego pudiese hablar con normalidad—Ah, ¡qué bien se siente poder respirar algo de aire!

—Tan solo no te acostumbres—sonriendo, Iori trata de seguir la conversación para mantener los ánimos de Miyako en alto.

—¿A qué te refieres?

—Cierto, había olvidado que no habías leído mis mensajes—una vez más, el muchacho de cabello castaño claro sacude su cabeza en rendición.

—Ahora que lo pienso creo que vi que me habías escrito pero no llegué a abrirlo, me pregunto por qué—el silencio se apoderó de la sala mientras Miyako meditaba, haciendo un par de ruidos como efectos de sonido.

Hm… hm… hm… hmmmmmmm… ¡Ya recuerdo! Estaba aquí sentada comiendo galletas de arroz meditando sobre si era buena idea o no decirle a alguien sobre él… o ella… o él… hasta que el sonido de las llaves me tomó desprevenida, en eso alguien entra y…

—¡Ken!—gritó a todo pulmón para luego abrirse otro espectáculo de llanto, salvo que esta vez la explosión parecía casi cómica sacada de un programa infantil. Tranquilizándose un poco, vuelve a extenderle la mano a Iori, moviendo los dedos—Papel.

—Pero qué caprichosa…—rendido, el muchacho vuelve a darle—¿Mejor?

—Mejor—contesta ella, arrojando la bola de papel a un rincón en donde ya yacía una torre de lo mismo por el llanto anterior—¿De qué estábamos hablando?

—Definitivamente espero que no te acostumbres a esto…—suelta un comentario para sí antes de proseguir—Te escribí para avisarte que había llegado a Japón y que si podía hospedarme aquí un par de días. Como vendimos la casa al irnos a España…

—Por mí no hay problema—replica de manera animada, tratando de engañarse a sí misma—¿Pero cómo así diste con mi apartamento?

—Como no contestabas tuve que ir donde tus padres primero a preguntar. Momoe y Chizuru no me dejaban en paz hasta que Mantaro apareció salvándome. No dejaban de complementar mi apariencia, comparándome a hace cuatro años atrás.

—Definitivamente te has puesto muy apuesto Iori, no hay duda.

—¡Y-Miyako, por favor no tú también!

Ligeras risas se escaparon de los labios de la chica mientras volvía a colocarse sus lentes.

—Vas a ser un guapo sirviente

—Por eso esperaba que no te acostumbraras…—retomando algo de seriedad decide continuar—Además, ahora con menos razón pienso dejarte sola y no vas a poder hacerme cambiar de opinión.

Miyako tan solo bajó el rostro una vez más, analizando las palabras de Iori. Efectivamente, tras haber atentado contra su vida sin razón aparente tan solo la había dejado más confundida, temerosa de ella misma. Ahora que Ken la había dejado, o más bien, ella dejado a él, la soledad iba a reinar en el apartamento. Algo de compañía no le caería mal.

No quiero seguir pensando en esto.

—¿Conseguiste novia por allá en España? Estás tan apuesto que estoy segura que si ella te viera se arrepentiría de dejarte—inquirió de manera chismosa para olvidar lo sucedido, cosa que será imposible para ambos.

—¿Se encuentra bien?—el rostro de Iori se oscureció un poco.

—¡Nunca puede dormir! ¡Siempre piensa en ti, odiándose por lo que te hizo!

—Está enamorada de alguien, ¿no? No me sorprendería inclusive si ya está con alguien más… no puedo creer que me cueste tanto olvidarla.

—¿Es muy obvio?

—Miyako, cuando te exaltas de esa manera es obvio que estás ocultando algo.

—Ahaha… lo siento. De todas maneras, ella es una idiota por haber hecho eso—suelta una risa nerviosa para cambiar de tema una vez más al observar la desdicha de Iori, —¿Cómo así optaste por regresar? ¿Y tu mamá? ¿Tu abuelo?

—Voy a tener que darte un resumen a no leer los mensajes…—con esa queja dicha, tan solo se acomodó una vez más en el cojín para así empezar su relato—Tuve que regresar por que surgió algo muy importante. Si no fuese por mi abuelo mi madre me hubiese impedido venir a como dé lugar. Como me habías contado que estabas viviendo sola pensé que podía preguntar lo de quedarme. Ya que eso está solucionado… supongo que puedo empezar. Un día mientras andaba en la computadora me llegó un mensaje de alguien… inusual. Nunca creí que se contactaría conmigo en primer lugar. Por cierto, ¿cómo está Daisuke?

—Por lo que sé sigue en coma…—responde desconociendo los hechos de esa noche, sin saber que Tk ya había mandado un comunicado general informando que despertó, —¿De qué iba ese mensaje? ¿Quién lo escribió?

—El señor Gennai.

—¡¿Qué cosa!? ¿¡El señor Gennai!?—exclamó de manera pronta ella, levantándose para expresar su sorpresa—¡¿Gennai de Gennai!? ¡¿Ese señor Gennai!?

—Miyako, solo conocemos a un Gennai.

—¡No puedo creerlo!—resopló antes de sentarse una vez más.

—Tampoco yo. Normalmente se comunica más con Izzy, aunque ya no tanto porque hay paz en el Digimundo. A lo que iba… el mensaje fue corto… tan solo me decía que descargara un archivo… además de prometer no decírselo a Izzy y los demás porque no quiere causar algún tipo de alarma en el grupo. Esto es algo que solamente debemos saber nosotros tres. Prométeme que no le dirás a nadie, ni siquiera a Hikari o a Mimi, ¿entendido?

—¿Tanto así? ¿Ni un poquito?—reprochó de manera infantil.

—¡No eso no! Para que me hagas caso voy a tener que mostrártelo en vez de decirlo.

Tras levantarse, Miyako se quedó perpleja al no comprender del todo bien la situación. Gennai le había mandado un correo a Iori sobre algo muy importante, tanto así que no desea que los demás se enteren a excepción de ellos tres, cosa que ella asumió como Iori, Daisuke y ella al ser los de la nueva generación de elegidos. Algo le daba mala espina, en especial por ser tres y no cuatro personas.

Quizás no mencionó su nombre en temor a que reaccione como hace unos instantes…

Tras llegar a una de las maletas, el muchacho que ahora resaltaba por su altura, sacó un paquete pequeño que abrió encima de la mesa. Antes de sacar los contenidos, tomó asiento para decir una última advertencia.

—Tienes que prometérmelo, Miyako. Absolutamente a nadie—recalca sus palabras.

—L-Lo prometo—ella tan solo asiente, tragando algo de saliva

Colocando una mano dentro del paquete, retiró unas envolturas de manera delicada. A la muchacha de cabello lavanda se le hacía eterna la espera, ansiosa por saber los contenidos. Aparentemente Iori se encontraba de la misma manera por más que ya supiese los hechos. Dando un último respiro por el temor, el heredero del Conocimiento y la Sinceridad revela tres objetos metálicos, con una ranura para colocar una pieza restante. Los colgó en sus dedos, reluciendo mientras se mecían con la ventisca que ingresaba de la ventana. Cada una tenía una especie de calcomanía amarrada en la cadena, con nombres escritos: Daisuke, Iori, Miyako.

—E-E-E-Eti-ti-q-q...—la locuacidad había sido reducida en la chica.

—Son nuestras Etiquetas—confirmando sus sospechas—No entiendo a qué viene todo la verdad, en especial la razón por la que Gennai nos las envió en vez de nosotros ir a buscarlas y el motivo de querer que nadie se entere.

—¿Por qué no son cuatro?— finalmente se atrevió a preguntar.

—No lo sé… le pregunté pero no me ha contestado, ya sabes cómo es de misterioso el señor Gennai—una vez más la mirada de Iori oscureció al evitar mencionar el nombre de Ken—Tan solo tengo una cosa clara, la paz en el Digimundo se va a quebrar y nos va a necesitar, tanto a los demás como a nosotros. Tanto así que finalmente vamos a tener… emblemas.

—O quizás siempre los tuvimos desde un inicio… solo que no fueron necesarios aquellas vez. Así que... emblemas, no me lo esperaba.

—También estuve pensando en esa posibilidad— l silencio volvió a reinar, hasta que Iori recordó un detalle importante, —En el correo me mostró que están descubriendo una profecía antigua que tiene que ver con la Luz y la Esperanza, que siempre deben estar juntas, prevalecer… que sino algo terrible va a suceder si están separadas por un tiempo prolongado… quizás por eso era momento de sacar las etiquetas.

—No me digas que… eso alude a Hikari y Tk… no comprendo del todo su relación hasta el momento—confirmó Miyako.

—Eso temo… como si hubiese estado planeado de antemano.

—Creo que no tiene sentido seguirlo pensando por más tiempo. Debes estar agotado. Un largo viaje, vagar por la calle, verme de ese modo, soportar a mis hermanos… deja que te muestre la habitación.

Con tan solo ver la espalda de Miyako, de una manera segura, serena, con algo más de vitalidad, Iori tan solo sonrió, alegre de haber llegado en el momento preciso. Deseaba preguntarle la razón, sospechaba que algo más había sucedido, que ella era incapaz de actuar de esa forma por más que haya tenido un problema con Ken. Pero ese no era momento. Conociéndola, es muy probable que en algún momento no de más y recurra a él por ayuda, volviéndose a unir a aquella chica con la cuál paso muchos días de su juventud, una vez más juntos, como los buenos amigos que son. Al ir por sus maletas, opta por revisar su D-Terminal. El mensaje que había llegado hace unas horas provenía de Tk. Al ver que era general, con las direcciones de todos creyó que Gennai había roto el silencio, para tan solo darse cara a cara con una increíble noticia.

—Miyako…

—Dime—la muchacha sacó su cabeza por el marco de la puerta

—No vas a creer esto pero… Daisuke ya despertó…


Hospital


Luego de escuchar ambas historias, las dos historias que Daisuke le había contado con tranquilidad sobre las visiones que tuvo en el Mar Oscuro, Ken tan solo meditaba el posible significado de ello. Definitivamente, la primera historia lo había dejado desconcertado al tratarse de su pasado pero la segunda fue mucho más inusual.

Después de todo, yo vi a esas dos personas minutos antes de que Daisuke desapareciera de su habitación, en especial a esa persona en la camilla y la otra sentada en el pasillo. Aunque quizás estoy analizando las cosas demasiado.

Sin embargo, la primera visión no se retiraba de su mente, tanto así que se vio cara a cara una vez más con la puerta que tanto detesta a morir. Nunca creyó que cruzaría por ese lugar dos veces esa misma noche. Por más inestable que haya sido su madrugada; que Miyako terminara su relación, la revelación de Tokino, que Daisuke despertara, la Etiqueta y el Mar Oscuro, lo llevaron a ese lugar. Antes de que se atreviera a ingresar, un fuerte sonido se hizo paso en aquella habitación, el sonido de una bofetada. Tras abrir la puerta, Ken se quedó en silencio observando la esbelta figura de Tokino, quien para variar se encontraba de pie al lado de la ventana a diferencia de todas esas veces que yacía sentada o echada en la camilla, con la mano en alto y una expresión de disgusto hacia una pequeña niña con un cabello color rubio intenso.

—Eres una inútil, Anzu Hagiwara. Eso no debía de pasar, inepta—escupió la muchacha de cabello verde agua—Tu labor es vigilar, eso no debía pasar, ¡no debía pasar!

El énfasis en repetir esa frase tan solo le generó un ligero escalofrío a Ken. Jamás había visto a esa otra niña pero aparentemente su destino y el de ella estaban entrelazados al ambos mantener contacto con la muchacha de apellido Tokino. Tras notar la presencia del niño elegido de la bondad, las chicas se sorprenden, deteniendo su conversación. Con el rostro algo hinchado, Anzu se retira de la habitación, no sin antes hacerle una reverencia a Ken, cosa que el imitó.

—Vaya, Ichijouji. Visitarme dos veces la misma noche… ¿te gustó mi mensaje? Deberías estar agradecido conmigo por más que deba ser al revés. No siento ni la más mínima alegría cuando apareces, cosa que debería ser lo contrario al tener que encargarte de mí, de cuidarme, en lugar de mi querido Osamu. Además el desgraciado de Aki ha regresado y no se ha tomado la molestia de venir a verme… sin olvidar a la incompetente de Anzu Hagiwara…—termina con un suspiro la muchacha, no sin antes volverse a colocar en la cama, arreglando los papeles de horas atrás.

—¿Con mensaje te refieres a lo que Daisuke vio? ¿Eso fue obra tuya?—se atrevió a preguntar, adentrándose más hacia la habitación.

—No sé qué habrá visto ahí pero no, yo no hice eso—su tono de voz revelaba la pura verdad—Me refería a el hecho de avisarte que el heredero del Valor la Amistad había despertado e ido a buscar a su querida Luz.

Su mensaje llegó segundos después que perdiera el anillo de Miyako.

—¿Por qué fallaste a propósito?— una pregunta más se hizo paso en la oscuridad, mientras observaba dichos papeles—Tienes casi veinte años, Tokino. Es imposible que te equivocaras de casualidad en ese examen de ingreso.

—Creí haberte contestado. Tan solo quiero hacer las cosas un poco más divertidas el próximo año, además de conocer cara a cara a los portadores de la Luz y la Esperanza. Debo de admitir que, estar tanto tiempo en el hospital… aburre. Necesito refrescar mis conocimientos.

—Tú sabes muy bien que eso no es cierto.

—Ah, siempre creyendo que eres tan perspicaz, ¿por qué tuviste que rechazar las Semillas de la Oscuridad, Ichijouji?— e lanza una tétrica sonrisa—Eso no importa. Dado a tu constantes visitas el poder de las tinieblas desea volver a ti, ¿no te has dado cuenta al estar perdiendo tu cualidad?.

Los ojos del muchacho se desorbitaron.

—¿Qué estás… diciendo?

—Vamos, mi querido Emperador. No voy a resolver todos tus problemas, piensa de nuevo por ti mismo—replica ella de manera monótona.

Resignado, Ken tan solo deseaba irse de ese lugar, regresar donde Miyako, ver si podía enmendar las cosas, pero algo lo mantenía anclado, todavía había algo más que preguntar.

—¿Tuviste algo que ver con la Etiqueta?

—¿Etiqueta?—su voz llena de pura inocencia—¿Qué Etiqueta? Mi querido Emperador, siempre haciendo preguntas absurdas y sin sentido. Sinceramente, debo admitir, que no tengo la más mínima idea de lo que estás hablando.

La manera en la que contesta… definitivamente no me está mintiendo, no sabe sobre la Etiquieta. Prefiero no volver a comentarlo si es así.

—Espero que no vuelvas, mi querido Emperador. Ah, mi ídolo, ¿a dónde se fue? No quiero ver a esta imitación de bajo grado en mi habitación por un largo tiempo. Ichijouji, espero que eso suceda. Estoy con un humor no tan agradable en este momento…tú, Anzu Hagiwara, Aki… esta no ha sido la noche más divertida de todas. Lo único que mantiene algo de mis ánimos es el hecho de ingresar a esa secundaria el próximo año… ver a Fūka, a Fūka Hinanawi… a Hina luego de tantos años. Tan solo largo, Emperador. Lárgate.

Por más que sea una petición, Ken tan solo quería irse de ese lugar lo más pronto posible. Tras dejar la habitación, un solo pensamiento no dejaba de martirizar su cabeza.

¿Perdiendo mi cualidad? ¿Por eso estoy tan diferente? ¿Por eso me dejo influenciar? Si Tokino no me hubiese hecho esa pregunta… jamás se la hubiera repetido a Miyako. Si me quiere por la imagen que cargo o por quien soy. Con tan solo creerle que quizás ella estaba enamorada de la imagen que tengo de ese antiguo niño genio… dudar que si realmente me quería como la persona que soy ahora… quizás el hecho de perder mi cualidad causó que sucediera lo de esta noche. Miyakome dejó y debo de vivir con ello. Tengo que centrarme en algo más, tengo que ayudar a Daisuke, a como dé lugar. Luego de esas dos historias no me queda duda. Hikari y Tk se deben de amistar, sea por las buenas o por las malas.


El título del capítulo es un asco lol, no se me ocurrió nada mejor. Ahora hay cuatro Etiquetas (la que encontró Daisuke y las 3 de Iori) pero tres de esas tienen nombre. Este también no era el capítulo que esperaban, siendo ese El Estado del Mundo de Daisuke II que eventualmente vendrá. Por ahora las cosas que no han quedado resueltas de este mismo día (que es el de la Fiesta, el día que Daisuke despertó) son: Lo que llevó a que Hikari se comportase de mala manera en la graduación de Hibiki, la charla entre Tk y Tai y la segunda historia que Daisuke le contó a Ken. No me odien! (Ojalá hayan notado el hint que di con respecto a la ex de Iori)