El brillante Topacio de chocolate.

Midoriya dejó de respirar por un instante que se escapo de su noción de tiempo. ¿Habían sido unos segundos o toda una vida? No lo sabía, pero por un rato no supo cómo respirar, pues el nerviosismo se lo impedía. Miró directamente a los ojos chocolate de Uraraka en busca de algún tinte de broma, topándose con la mirada más sincera que recordaba haber visto en su corta vida, adornada de una tierna sonrisa que solo Uraraka podía poner y que calzaba a la perfección en su adorable rostro.

-Uraraka… -Las letras comenzaron a perder volumen, ahogadas en la garganta del chico que no supo qué más agregar a la prematura línea que se había escapado de sus labios, intentando contener los sentimientos de ambos. –Uraraka… yo…

-Shh… no tienes que esforzarte en darme una respuesta, Deku… perdona mi egoísmo… y por ponerte en esta situación… Solo quería hacerte saber mis sentimientos.

-¡P-pero! Son tus sentimientos… algo tan valioso… y yo… yo nunca… yo… -Deku se llevó una mano a la cabeza con el afán de detener el torbellino dentro de sí que le hacía perder la dirección.

"Seguramente está tratando de ser gentil conmigo… Tan típico de Deku." pensó Uraraka, lo que le hizo ampliar su sonrisa.

-Tú jamás me viste de esa forma… ¿Cierto? –Dijo por fin.

Izuku volteó a verla asustado. ¿Qué debía contestar a esa sorpresiva revelación? Bajó la mirada por un momento tomándose su tiempo para pensar lo suficiente hasta que regresó a ver los redondos ojos femeninos.

-Eres una persona increíble, Uraraka… Gracias a ti, he podido llegar hasta este punto… siempre has sido un gran pilar para mi, desde el momento en el que te conocí… -Deku comenzó a sonreír al recordar tantos momentos con ella; desde el examen de admisión que creyó haber suspendido y que aprobó en gran medida gracias a la chica ahí presente, la ceremonia de entrada, el primer contacto con alguien, la primera amistad… todo eso y muchos recuerdos más donde Uraraka era la primera persona que le había obsequiado su atención, su apoyo, su cariño. –Y por eso mismo es que no puedo permitirme no ser sincero contigo… Cuando te conocí, me enseñaste que debía seguir mis sueños sin importar qué tan lejanos de alcanzar pudieran parecer… y en esos días donde creí que no podía seguir, ahí estabas tú arrastrándome a las clases, a los entrenamientos… te interesaste por escuchar mis estrategias y jamás me menospreciaste… Esa fue la primera vez que supe lo que era un verdadero amigo… Y eso… eso me hizo muy feliz. –Deku sonrió de forma afable, adelantándose a tomar la mano de su amiga, envolviéndola en la calidez de las manos masculinas. Ella por su lado, solo le observaba fijamente sin interrumpir el flujo de las palabras, sin embargo, la mirada chocolate gritaba un incontable número de emociones. –Por eso… Por eso mereces saber que en este momento, no hay nada más en mi cabeza que el convertirme en un héroe… y por ello tengo que rechazar tus sentimientos… -Deku guardó silencio de súbito, aclarando un nudo en su garganta que pasó inadvertido por Ochako. –N-no pienses que me incomodan… en verdad me hacen sentir halagado… -un tenue sonrojo de vergüenza apareció en sus mejillas bajo las traviesas pecas que adornaban su rostro- no puedo creer que alguien como yo sea lo suficientemente interesante como para llamar tu atención… pero… yo…

Uraraka rodeo los hombros del chico y lo aprisionó en un cálido y fuerte abrazo, dando unas cuantas palmadas sobre su espalda, susurrando con suavidad.

-No hace falta que digas más… lo entiendo bien Deku… –Se separó lentamente regalándole una nueva sonrisa. –Sabía que esa sería tu respuesta. Así que no te preocupes… ¿Vale? Estoy bien… ¡Pero no creas que saldré después contigo! –Se atrevió a bromear para aligerarla tensión del ambiente, sin embargo no funcionó.

-Uraraka… ¡L-LO SIENTO MUCHO! ¡De verdad me siento muy agradecido por todo lo que me has brindado!

-Siempre te menosprecias, Deku. –La chica dio una palmada más fuerte sobre el hombro de su amigo y rió de forma un poco estrepitosa. –Me has dado una respuesta clara… Una respuesta digna que solo el verdadero Deku a quien he observado por tanto tiempo podía darme… Gracias. Eso ha sido suficiente.

El chico asintió automáticamente, retomando ese abrazo que había ignorado ante el temor de no ser apto para tocar a su amiga. La estrechó con sumo cuidado, como si de un tesoro precioso se tratase, y conteniendo un nuevo y travieso quiebre en su voz, susurró sobre el oído de Ochako.

-Gracias a ti, Uraraka.

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-Esto de los eventos sociales te hace perder de vista muchas cosas, ¿no lo crees?

-Y que lo digas… veo a tantas personas, pero casi a nadie de la clase… -Contestó Hagakure a Ojiro, quien observaba como el vestido se movía en el aire con movimientos extraños, ante lo que sonrió. Tomó un poco de aire, y dejó que las palabras que se habían callado por toda la noche cobraran vida por fin.

-¿Q-qué dices si bailamos? E-es un b-baile después de todo…

-¡CLARO! –Hagakure tomó la mano del chico y lo arrastró con ella a la pista de baile, donde las manos invisibles (pero rodeadas de guantes celestes) rodeaban el cuello del chico. El resto de las chicas de la clase 1-A que aún permanecían en el salón, compartieron una risa cómplice al ver a la pareja con los movimientos torpes que Ojiro marcaba a la chica invisible en ese vals.

-Chicas, deberíamos aprovechar esta oportunidad como Hagakure y Ojiro y crear memorias valiosas. –Propuso Momo.

-¡Yo apuesto toda mi mesada a que nadie sacará a bailar a Bakugou! –Dijo en un susurro Ashido.

-Chicas, no pueden estar haciendo esto, va contra las reglas y es…

-¡Me uno a la apuesta! –Dijeron el resto de las chicas, salvo Yaoyorozu. Todas rieron divertidas. Era una apuesta ganada.

-Aunque si alguien saca a bailar a Bakugou, debemos cumplir y hacer valer nuestra palabra. Somos heroínas después de todo y no podemos jugar con nuestro honor.

Todas asintieron ante el comentario de Tsuyu.

-Que envidia… -Se aventuró a cambiar el tema Mina Ashido.- Hagakure cumplió su sueño de bailar con Ojiro… -Refunfuñó algo decepcionada mientras observaba a la pareja moverse con torpeza.

-¿Por qué no vas a pedirle bailar a Kirishima, Mina? –Tsuyu preguntó directamente.

-¿Ah? ¿Alguien quiere bailar conmigo? –Se escuchó la voz de Eijiro detrás del grupo de chicas, quien traía consigo a Kaminari y más atrás, a Bakugou.

-Mina –Señaló Tsuyu, quien empujó con suavidad a su amiga a los brazos del pelirojo, misma que se encontraba completamente sonrojada y hablaba entre tartamudeos. –Las chicas creemos que no podrás llevar el mismo ritmo que ella.

-¿Un reto? Les demostraré que están equivocadas. –Y sin dejar espacio a las palabras que se encontraban atrapadas en la boca de Mina, Kirishima se adentró a la pista de baile, bastante cerca de la pareja de Oujiro y Hagakure. De nueva cuenta, el resto de la clase 1-A (o casi toda) sonrió satisfecha, especialmente las chicas.

-No tenías que bailar conmigo por eso que dijo Tsuyu… -susurró decaída Mina colocando sus brazos sobre los hombros del chico.

-¿Hmm? ¿Por lo que dijo Asui? ¡Ah! Hablas del reto… no es nada de eso. -Kirishima sonrió de forma encantadora, adornando un tenue sonrojo que le hacía lucir aún más adorable. –Lo cierto es que quería invitarte a bailar desde hace rato… pero pensé que sería agotador para ti, ya que estuviste enseñándole varios pasos a Midoriya… así que pensé en dejarte descansar. –Red Riot rodeo la cintura de la chica y la acercó a su cuerpo, sosteniendo su mirada. –Solo aproveché lo que dijo Asui y lo utilicé como una excusa para sacarte a bailar por fin… Además, quería decirte que luces muy linda… Pero si lo hacía frente a todos, sería un dolor de cabeza soportar las bromas.

Mina le miró atenta, soltando una carcajada ante la confesión del pelirojo, recuperando la seguridad y vitalidad que le caracterizaba.

-No ocultes que eres un cobarde, Kirishima, tienes miedo de perder.

-Un verdadero héroe no tiene miedo, Ashido.

Ambos rieron y entonces, ella inclinó su cabeza sobre el pecho de Kirishima apoyándose en el, sin agregar más que tranquilidad a la atmosfera que se creaba entre ellos dos.

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-Viejo... verlos me hace sentir que estoy desperdiciando mi juventud.

-¡DEJA DE JODERME CON TUS MALDITAS ESTUPIDECES Y YA CÁLLATE! –Gritó Bakugou a Kaminari, más cabreado de lo normal. Habían pasado ya más de 30 minutos y la maldita cara redonda aún no entraba al estúpido salón. Esa niña lo escucharía cuando regresara. Mientras, la ansiedad contenida no hacía más que tensarlo.

-Hey… -Apareció Kyouka en la escena, levantando su mano en son de saludo. –Voy a llevarme a este chico eléctrico, si escucha un grito más tuyo terminará por llorar... y solo yo quiero ser quien lo humille. –Y sin esperar siquiera a que Bakugou articulara alguna palabra, caminó hacia la pista de baile arrastrando a Kaminari quien se mantenía ajeno de lo que acababa de ocurrir. La chica tomó las manos del chico y las puso sobre su cintura y su hombro, regalándole una sonrisa traviesa al chico. Denki solo tragó saliva, nervioso.

-Ji-jirou… No sabía que sentías esto por m…

-Tendrás que invitarme a comer para pagarme por salvarte de Bakugou.

-¿Ah? –Respondió aturdido el rubio- ¡N-no estaba en peligro! ¡Lo tenía todo bajo control! –Se defendió.

-Claro, lo que digas… ahora solo muévete, que estás haciendo el ridículo por parecer una estatua.

Comenzaron a moverse de forma acompasada. Bakugou suspiró agotado, apoyado sobre una columna del salón observó cómo todos los idiotas de su clase estaban jugando en esa escena como si de una revista para mocosas se tratara. Observó al tipo mitad hielo y mitad fuego con la tipa de cabello negro intentando bailar y a otras parejas extrañas como era la chica que parecía una rana con el tipo de la sombra. Bufó irritado y se dio media vuelta, en busca de algo de comida picante que le mejorara el humor y por qué no, una copa más del jugo de manzana que no era jugo de manzana.

-Estos asquerosos mocosos solo me dan nauseas…

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-Deberías entrar de nuevo, no debería faltar mucho para anunciar a los ganadores del baile… ¿O es que dejarás que Tsuyu enfrente el anuncio sola? –Le reprendió la castaña al chico de alborotado cabello oscuro con destellos verdes, que lucían aún más brillantes bajo la tenue iluminación que les regalaban las estrellas.

-P-pero…

-Estoy bien… -La muchacha leyó en la mirada de chico el arrepentimiento y la pena que aún no era superada. Suspiró más relajada y le miró directo a los ojos, intentando calmarlo.

–Entraré en un momento, solo quiero estar un poco más aquí… Así que hazme un favor y deja una copa en mi asiento, quiero brindar con todos ustedes cuando anuncien nuestra victoria.

-Uraraka… yo… -La chica no apartó la mirada del chico, y entonces lo comprendió. Ella quería estar sola. –E-está bien… me adelantaré entonces… Toma el tiempo que necesites… Si el profesor Aizawa pregunta por ti, me las arreglaré para cubrirte… - Deku abrió la puerta y antes de cerrarla con sigilo, dirigió nuevamente unas palabras a la chica. –N-nos vemos en un rato, Uraraka.

-Sí, claro Deku. –Contestó animada mientras agitaba una de sus manos despidiéndose del discípulo de All Might, quien alzó la voz antes de que Deku desapareciera tras esa puerta de madera que le había visto durante toda la noche. –Gracias por seguir siendo mi amigo.

Deku le miró sorprendido, y le regaló una mirada de completo cariño a la castaña antes de regresar al entorno de luces y felicidad.

-Es todo un gusto serlo, Uraraka.

Uraraka llenó sus pulmones con todo el oxígeno que pudo alojar en ellos. Contuvo el mismo por tres tiempos y después lo expulsó hasta agotar todas las reservas de aire. Repitió el mismo proceso un par de veces más y elevó la mirada al cielo estrellado, donde el lienzo oscuro centelleaban incontables veces con pequeños trozos de cuarzos multicolores y sonrió. Se sentía tan ligera… como si flotara, y lo mejor era que no tenía que utilizar su quirk. Se preguntó entonces si lo que sentía por Deku era verdaderamente amor… o solo admiración, como había puntualizado el mismo peliverde. Se había enfrentado al escenario que incontables noches le habían impedido dormir, que le quitaba el apetito y que le mantenía en ensoñaciones tan trágicas como románticas… Y curiosamente, ahora que se había armado de valor, el resultado de ese encuentro le generaba sentimientos encontrados. No había obtenido un final particularmente feliz, pues era innegable el hecho de que había sido rechazada completamente, pero tampoco se encontraba tan mal como lo había imaginado: no lloraba, no había perdido la amistad con el chico y por ende, no sentía resquebrajarse su mundo por ese rechazo; por el contrario: sentía una increíble paz, como si de una carga pesada se hubiese liberado. Entonces, mágicamente la mente comenzó a despejársele. Enlazó sus las puntas de sus dedos y elevó sus manos sobre su cabeza, estirando su cuerpo para liberar los últimos vestigios de tensión que yacían en su cuerpo y por primera vez en la noche, dibujó una fresca sonrisa en su redondo rostro.

-Vaya que soy valiente… -Soltó una risita como si fuese un chillido de una ardilla, y con firmeza entró al salón con un semblante completamente opuesto al que había mostrado apenas hace poco menos de una hora. Se sorprendió de ver a casi todos sus compañeros bailar en la pista, en especial a las parejas, ante lo que no pudo evitar contener un suspiro lleno de ensoñación. -Ojalá pudiera bailar algún día así… con una persona que ame y me ame.

-¡MALDITA CARA REDONDA! ¿CUÁNTO TIEMPO CREES QUE VOY A ESPERARTE? ¡NO TENGO TODA LA MALDITA NOCHE, IDIOTA!

Uraraka se sorprendió por millonésima vez en esa noche al escuchar la estridente voz del rubio Bakugou Katsuki, pero parecía que ese efecto que le atemorizaba comenzaba a disolverse, producto de la costumbre. Incluso le parecía completamente cómica la reacción explosiva que tenía ante pequeñeces como estas. Soltó una pequeña risa y tomó la áspera mano del chico, mientras lo arrastraba con ella al centro de la pista, ante un río de gritos que llamó la atención de todos los presentes. Ahora lo sabía. Sabía que no odiaba a Bakugou Katsuki… De hecho era divertido estar a su lado.

-Perdona la tardanza, ya estoy aquí.

-¡NO ME VENGAS CON TUS MALDITAS PALABRAS Y SUELTAME!

-No. –Contestó tajante Uraraka. –Ahora es mi turno de que me escuches, Bakugou.

-¡NO ERES QUIÉN PARA MANDARME, CARA REDONDA!

Uraraka rió sin poder contenerse y comenzó a bailar, arrastrando al violento y temeroso Bakugou Katsuki, obligándole a seguirle el paso. Él solo frunció el ceño y dibujó una mueca de fastidio en medio de un gruñido, como si de un gato huraño se tratase.

-¿Qué es el amor, Uraraka Ochako? –Suspiró cuando la idea cruzó por su cabeza. No lo sabía, pero estaba dispuesta a encontrar la respuesta.

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