El amor tiene un color rubí.
Deku se encontraba en las penumbras de la oscuridad, de pie y aislado al lado de una de las mesas que sostenía los diversos manjares que todos los presentes había degustado con agrado durante toda la velada. Tomó un bocadillo de chocolate y no pudo evitar soltar un suspiro de preocupación ante lo que acababa de vivir con Uraraka. Saboreó el chocolate que poco a poco fue derritiéndose en su boca, percibiendo un sabor ligeramente amargo que aunque bien sabía no venía del chocolate, no pudo evitar hacer una mueca de desgano.
-No luces nada bien, Midoriya. –Comentó sin tapujos su compañera de clases y por esa noche, compañera de baile también.
-A-Asui… Yo…
-Llámame Tsuyu. –Puntualizó la chica mientras servía un poco de ponche de frutas en su copa. La idea de Kirishima y los otros chicos de tomar la famosa sidra no le parecía lo más apropiado… teniendo en cuenta que dicha bebida era exclusiva para los profesores.- ¿Por qué luces tan decaído?
-As…Tsuyu… Necesito un consejo… -Dijo el peliverde ignorando en cierta forma la pregunta de su amiga. –Tengo un amigo al que su mejor amiga le ha declarado su amor… Y bueno, él la ha rechazado… Pero él no deja pensar en eso y está muy preocupado y… no sé qué decirle… ¿Tú qué le dirías?
Asui le miró atenta, llevó unos cuantos de sus dedos a su barbilla y en medio de una expresión pensativa, sopesó sus ideas antes de dejarlas salir de sus labios.
-Diría que si él ha sido sincero con su amiga, entonces todo estará bien. Tus amigos son fuertes, Midoriya, deberías confiar más en ellos.
-L-lo sé pero él…él de verdad está preocupado y…
-Todo estará bien. Seguro que ella sabrá comprenderlo. –Asui le regaló una sonrisa y colocó su mano sobre el hombro del chico en señal de apoyo. –Seguro que esa chica podrá reponerse pronto.
Deku asintió apenas convencido, cerrando los puños al igual que sus ojos por un segundo. Abrió entonces la boca con la intensión de protestar algo, cuando vio al otro lado del salón a una resplandeciente Uraraka, con una sonrisa encantadora en su adorable rostro, haciendo que todo rastro de duda quedara en el olvido.
-Tienes razón… ella es una persona muy fuerte.
-Ochako siempre lo ha sido, Midoriya.
Deku suspiró satisfecho y orgulloso no solo de lo que Tsuyu decía, pues no había más que verdad en sus palabras. Él lo había descubierto desde el primer momento que la vio. Sin embargo, ahora que repasaba las palabras que le había ofrecido su compañera, volteó a verla nervioso.
-N-no hablaba de U-Uraraka… Quiero decir… mi amigo… y… -Deku intentó reparar la confesión que había hecho sin siquiera saberlo mientras dibujaba con extraños ademanes en el aire y contruía una historia repleta de incoherencias. Tsuyu rió suavemente, regalándole una mirada de comprensión. Deku detuvo sus palabras y suspiró algo aturdido: Había sido descubierto, no había marcha atrás.
-Ella está bien. Mira. –Tsuyu dio un sorbo a su copa mientras señalaba con su dedo hacia la pista donde aún concurrida, el explosivo rubio era arrastrado por la mejor amiga de Deku, llamando completamente la atención de todos. –Está lo suficientemente bien como para sacar a bailar a una bestia como Bakugou.
Deku miró hacia la dirección que la chica le señalaba, y abrió los ojos tanto como si de platos se tratara. Sus orbes verdes se toparon con una imagen que jamás hubiera podido imaginar: Uraraka estaba tomada de la mano con Bakugou, mismo que estaba siendo arrastrado (sin poner mucha resistencia a decir verdad) a la pista de baile, entre un montón de gritos del chico que denotaban un completo fastidio. Deku dio un paso al frente con la intensión de salvar a la chica del temperamento irritable de su amigo de la infancia, pero entonces la expresión de diversión genuina en la cara femenina y algo así como una sonrisa fugaz en el rostro del rubio le hicieron retroceder. Entonces, las sabias palabras que Asui le había dicho, resonaron en su cabeza.
-Tienes razón Tsuyu… ella es fuerte.
-Es lo que dije.
Ambos voltearon a verse, regalándose una sonrisa más.
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Las miradas sorprendidas de los presentes atravesaban sin descaro a la peculiar pareja de baile formada por Uraraka y Bakugou, misma que se movía de forma escandalosa por toda la pista gracias a los constantes gimoteos de rabia del rubio y la ruidosa risa de la chica. Todos murmuraban aturdidos cosas irreconocibles, pero completamente percibidas por el rubio quien lanzó una mirada de fastidio a los pobres que cruzaron miradas con él. Lanzó un quejido de molestia y volteó a ver a enojado a quien tenía frente a sí y no pudo evitar arrugar con desdén la nariz intentando ocultar algo que solo aparecía cuando disfrutaba de una buena pelea: una sonrisa. Esa maldita cara de ángel lo estaba cansando… ¿Desde cuándo Bakugou Katsuki sonreía fuera del campo de batalla? Uraraka volteó hacia su rostro, haciendo que el chico chocara con el par de brillantes ópalos que la chica tenía por ojos, y algo dentro de sí le hizo tensarse de forma inconsciente.
-Si sigues mirándome así, me voy a enojar Bakugou.
-¡ME IMPORTA UN CARAJO QUE TE ENOJES, MALDITA NIÑATA! ¡YA SUÉLTAME!
-Acaso… ¿Estás apenado? –Preguntó animada Ochako sin dejar de mostrar una sonrisa en sus labios. Bakugou detuvo sus pies y dio por terminado el efímero baile de cuál había sido protagonista por apenas unos cuantos segundos, y se dirigió hacia la segunda planta del salón con una mueca tan aterradora que todos optaban por dar un paso al lado con el único fin de ni siquiera tocarle con la mirada. Uraraka salió tras él sin titubear.
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-¿Q-Q-Q-Q-Q-Qué…ha…?
-¿QUE MIERDAS HA SIDO ESO? –Irrumpió en el ambiente un estrepitoso grito de Mineta, sorprendiendo a todos los presentes, incluyendo a una atolondrada Momo Yaoyorozu que aún en la pista, había detenido sus pasos (obligando a Shouto a hacer lo mismo) por la sorpresa que le había causado ver a su explosivo compañero junto a una de las chicas más dulces que había tenido la dicha de conocer. Mineta por su lado, se encontraba masticando con cólera el mantel carmesí de la mesa donde estaba sentado, recitando algo como un conjuro de magia negra contra Katsuki, acompañándolo con repetidos refunfuños de ira. –¡EL MALDITO DE BAKUGOU LOGRÓ BAILAR CON UNA CHICA! ¡SIN ESFORZARSE! ¡ES UN MALDITO MALNACIDO!
-Phew~ -Silbó asombrado Kaminari aún con Jirou entre sus brazos ante la asombrosa escena de su amigo bajo lo que creyó, era un poderoso hechizo. De otra forma, no había explicación terrenal que diera una respuesta creíble al por qué es que Bakugou bailaba no solo junto a Uraraka, sino también bajo la dirección de la castaña. –Esto sí que me ha sorprendido, ¿Quién lo hubiera imaginado?
-Solo es un aburrido baile Kaminari, no es la gran cosa. –Respondió Kyouka, restándole importancia aparentemente a lo que el chico decía.
-Hmm… No eres nada divertida, Jirou. –Denki le miró con cierta decepción en sus dorados ojos.
-¿Quién dijo que lo soy? –Contestó la pelinegra, a la vez que obligaba a su pareja a acercarse más a ella, aprovechando el movimiento para apoyar su frente en el hombro del rubio. –Pero este aburrido baile ha sido el mejor de mi vida. –Susurró con tal delicadeza que el ruido del ambiente terminó por llevarse casi por completo sus palabras.
-¿Dijiste algo?
-Solo pensaba en lo que pediré en la cafetería mañana… Así que lleva dinero suficiente, me lo debes. –Sonrió divertida. Kaminari solo suspiró, regresándole la misma sonrisa llena de complicidad.
-Claro, lo que digas.
Más allá, Mina Ashido parecía disfrutar de la cadencia lenta con la que Kirishima envolvía su cuerpo, dedicando su completa atención a los ojos rojizos que sostenían su mirada; atención correspondida por el chico, quien dedicaba las miradas más tiernas que alguien podía poner. Y nada ni nadie podían atravesar esa burbuja mágica que los protegía. Ni siquiera los alaridos terribles de un Bakugou lleno de enfado.
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-B-Bakugou, solo bromeaba… ¿Podemos hablar ahora?
-HAZ LO QUE TE DE LA MALDITA GANA, CARA REDONDA. –Contestó el chico sin detener la velocidad de sus pies, lanzando bufidos al aire aún con esa expresión que aterraba a todos… menos a Uraraka. Se detuvo en seco apoyando su espalda en una columna y encaró fastidiado a la chica que tenía frente a sí. Ella le imitó, y por primera vez en la noche, mantuvo con orgullo la mirada en alto, como si de un héroe regresando de una feroz batalla contra el peor enemigo se tratase.
-Es lo que intento hacer, así que escúchame. .
Bakugou suavizó por un momento el ceño y sonrió triunfante ante la renovada expresión de la chica.
-¿Regresaste viva del abismo de la derrota?
-Aún tenemos una revancha pendiente. –Contestó Uraraka llena de confianza, dando un puñetazo al aire. –Así que no pienses que te lo dejaré fácil solo porque acaban de rechazarme.
-Tch, eres muy habladora… ¿Todas las mujeres son así? –Preguntó intrigado Bakugou. Uraraka solo se encogió de hombros y negó con la cabeza el saber la respuesta.
-No lo sé… P-pero solo quiero darte las gracias.
-¿Ah? ¿De qué hablas idiota? Solo te dije que me cabreaba tu estúpida forma de actuar.
-Tienes razón jajaja. –Uraraka llevó una mano a su cabeza revolviendo sus lacios cabellos chocolate ansiosa, provocando un nuevo chasquido en la lengua del rubio. –Pero…tú me hiciste creer que podría ser algo que nunca pensé ser: valiente.
Bakugou le miró confundido, a punto de agregar algo cuando de pronto, las luces del salón comenzaron a hacerse más tenues, haciendo que ambos chicos voltearan hacia donde la mesa de profesores se encontraba, donde Midnight sostenía un micrófono haciendo notar su seductora voz.
-¡Damas y caballeros! ¿Cómo están pasando la velada? ¡Todos esperamos que bien! Dentro de poco anunciaremos a los ganadores de esta entrega del baile de navidad, así que solicitamos que tan las parejas representantes como el resto de los estudiantes estén atentos para la premiación. –Concluyó la heroína profesional, tomando asiento de nueva cuenta. La interrupción había terminado, con lo que Bakugou regresó la atención a Ochako con una mirada que escudriñaba la misma alma, según sentía la chica.
-¿Q-Qué? –Uraraka dio un paso hacia atrás, un poco asustada.
-Nada, eres fastidiosa.
Uraraka hizo una especie de puchero ante el comentario ofensivo del chico. Sacudió la cabeza, haciendo desaparecerlo. Se había prometido a sí misma que no guardaría más aquellos sentimientos que residían dentro de ella.
-Y porque soy muy habladora, tendrás que escucharme.
-Hmm… -Bakugou gruñó dando media vuelta siguiendo con su camino, dejando atrás a la chica que, sin perder tiempo, siguió al rubio.
-¡MALDITA SEA! ¡DEJA DE SEGUIRME! –Estalló el rubio encarando a la dulce joven que, pese a su directa y explosiva demanda, no movió ni un ápice su cuerpo.
-No. Es tu turno de escucharme. Y lo harás aunque no quieras, como yo lo hice contigo. –Contestó Uraraka mientras adoptaba una postura de batalla, a punto de unir las yemas de sus dedos para activar su quirk.
-Las chicas frágiles no deberían amenazar a sus rivales, cara de ángel. –Contestó Bakugou haciendo estallar una explosión en sus manos.
-Mi nombre no es cara de ángel, Bakugou. Soy Uraraka Ochako, y no soy una chica frágil.
Bakugou sonrió complacido quitándose el molesto saco que había cargado toda la noche lanzándolo al suelo junto a esa malnacida corbata que lo había asfixiado todo el día. Caminó entonces hacia uno de los enormes portones de ese segundo piso, mismo que daba a uno de los balcones al exterior del salón, volteando hacia donde la chica se encontraba.
-Nadie te pidió explicaciones, cara de ángel. –Bakugou hizo estallar una nueva (pero pequeña) explosión en su palma derecha, mientras se su rostro se inundaba de orgullo y exitacion. Estaba dispuesto a luchar.
-Y nadie te ha pedido que las escuches, Bakugou. –Sonrió la chica, dejando a un lado del saco masculino esos enormes (e increíblemente incómodos) tacones que sus amigas le habían obligado a comprar.
-Y no lo haré… a menos que me demuestres que en verdad has mejorado, Uraraka. –Dicho esto, el rubio dio un salto que le hizo aterrizar en ese increíble jardín que se encontraba desolado, acción que fue imitada por la chica, misma que antes de saltar, escuchó un tenue rumor dentro del salón de lo que le parecía, era una de sus canciones favoritas.
-Increíble…esto me anima más. –Pensó con entusiasmada Uraraka. Esa noche aún no terminaba, y ya se había convertido en una de las mejores noches de su corta vida, tanto que podría jurar el jamás olvidarla. Y este pensamiento, era uno que compartía con Bakugou Katsuki.
-Perfecto. Porque no tendré piedad.
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Siento mucho la demora por este capítulo, pero he estado muuuuy ocupada últimamente con asuntos de proyectos parciales y presentaciones. De hecho creí que solo me quedaban dos capítulos para terminar la historia, pero resulta que quizá sean 3…o 4… Todo depende de qué salga de mi cabeza. Ya detengan mi ritmo de escritura donde solo pasan 10 minutos en la historia y escribo como tres mil palabras jajaja… Bueno, espero ansiosa sus comentarios, y espero que este nuevo capítulo sea de su agrado. ¡Saludos!
