Las caídas y ardientes choques del granate.

-¡Pero antes de dar lo resultados, disfruten un poco más de la juventud con las últimas piezas musicales! –Gritó enérgica la heroína Midnight, agitando en el aire su tan peculiar látigo. Apenas habían muerto las palabras de la profesora, comenzaron a inundar el lugar unas notas un tanto más sonoras y potentes, alejando el antiguo ambiente que hacía recordar a los bailes de siglos pasados. Ahora el violín y el piano habían sido barridos por acordes de una guitarra eléctrica, lo que hizo que varias parejas de la pista regresaran a su asiento y unas cuantas más, entraran en ella. Kyouka y Denki fueron una pareja que pertenecía al primer grupo, quienes regresaron riendo divertidos, separándose al tomar asiento nuevamente en sus respectivas mesas.

-¡Hey! ¿Esa no es la canción favorita de Uraraka? –Preguntó Jirou abanicándose con la mano derecha intentando atraer hacia su rostro sonrojado una corriente más fluida de viento para mitigar el calor que la inundaba… al igual que la vergüenza que ahora le cobijaba. El baile con Kaminari se había extendido más de lo que había previsto, pero daba igual. Sonrío recordando las expresiones del chico y se cubrió las mejillas intentando disimular su emoción. Acto seguido, buscó en las miradas de sus compañeros de mesa que alguien confirmara lo que acababa de decir, pero nadie respondió. Cada uno estaba en su asunto, como Mina con Kirishima o Yaoyorozu con Todoroki quienes hablaban de cosas bastante entretenidas al parecer, pues las fugaces sonrisas afloraban en los rostros de todos ellos como si de un festival de fuegos artificiales se tratase. –Oh, da igual. –Se respondió a sí misma, derrotada. –Supongo que mientras sea así, estoy segura de que Uraraka disfrutará esta canción. –Dio un sorbo al frío ponche de frutas que tenía frente a sí y entonces estiró los brazos hacia arriba intentando relajarse, cuando sintió que alguien sujetaba su mano, haciéndola sobresaltarse. Viró la mirada hacia arriba hasta encontrarse con un par de dorados orbes.

-No creerás que esto ha terminado, ¿O sí Jirou?

-No me hagas reír. El último que quede en pie, tendrá que comprarle el almuerzo al otro por un mes, idiota. –La chica tomó la mano masculina y se adentraron de nuevo a la pista, donde la imagen de Tsuyu intentando mostrarle pasos de baile a Midoriya e Iida le hizo soltar una carcajada, en especial por los movimientos robóticos que hacía el delegado de la clase. Y entonces descubrió que esa noche sería una de las memorias que más atesoraría en su vida por un sinfín de elementos que temía no poder enlistar.

-¿Qué te pasa? –Preguntó intrigado Kaminari.

-Mira eso. –Contestó con esfuerzo la chica, ahogando una risa que rápidamente fue liberada, al igual que la risa de Kaminari al ver los peculiares movimientos de Iida.

Sí, era una noche maravillosa sin lugar a dudas.

••••••••••

La chica se mantuvo en completo silencio por un momento, identificando completamente la canción que sonaba dentro del salón y sonrió. Efectivamente, esa era su canción favorita. La canción que le había acompañado en tantas noches llenas de frustración al enfrentar su primera derrota, la que le había alentado a no perder de vista sus sueños, a quienes amaba; a seguir adelante. No había mejor aliento en ese momento para ella que ese débil pero claro rumor musical que le acompañaría hasta el final (o eso esperaba) de aquella extraña charla con el rubio.

-¿Te arrepentiste, cara de ángel? No veo que te muevas.

-Nada de eso. Solo quería decirte que no quiero que te contengas. –Uraraka dio el primer movimiento al acercarse con la intensión de iniciar un combate cuerpo a cuerpo. Corrió decidida con una completa expresión de concentración y decisión, posando sus brillantes y enormes ojos en los rojizos de su contrincante. Ya no era la niña débil que se había enfrentado temblorosa llena de temor a Bakugou Katsuki en el festival deportivo. Ya no dependía de las estrategias de Deku ni del cuidado de Iida como si fuera un pequeño animalito desamparado. Ya no. Ahora era ella misma quien se impulsaba a cambiar, a superarse y a buscar ser mejor, y para lograr eso, había dedicado verdadero esfuerzo y horas de entrenamiento por su cuenta. Y ese cambio radical era (irónicamente) gracias a ese rubio que le recibía con una cara llena de emoción haciendo estallar una gran explosión frente a la chica, quien reaccionó rápidamente para flotar y escapar de ese violento ataque. Uraraka abrió sorprendida los ojos sin poder dar explicación a lo que vivía en ese instante. Recordaba que en el antiguo combate con el chico, ese mismo ataque le había dejado instantáneamente a un 80% de su potencial total, pero ahora después de tanto tiempo, podía ver con mayor claridad los movimientos de pelea del chico, como si la velocidad hubiese disminuido. Se repuso rápidamente y continúo con la charla. –Tampoco me contendré… así que solo escucha.

-¡DEJA QUE TUS MOVIMIENTOS HABLEN, CARA DE ÁNGEL! –Gritó colérico Katsuki al haber fallado el primer contraataque que le habría hecho tomar ventaja del combate, siguiendo ahora la vía que había sido tomada por Uraraka al dirigir una patada al costado de la chica una vez había aterrizado de nuevo en el suelo. Uraraka nuevamente comenzó a flotar, haciendo saltar una vena llena de ira en la frente del rubio, acto que fue notado por la chica, haciéndola reír.

-Bakugou, eres muy gracioso.

-¡MALDITA SEA! ¡VEN Y PELEA, MALDITA CARA REDONDA!

-Si peleamos, no me escucharás. Así que te tendí lo que llaman… ¿Una trampa? –Dijo con inocencia la chica haciéndose más notorio su habitual sonrojo en sus grandes mejillas, provocando que el chico pusiera los ojos en blanco y comenzara a dirigirle explosión tras explosión a su compañera.

-¡ERES UNA MALDITA MOCOSA IDIOTA! ¡MUÉRETE!

-Quiero agradecerte por tratarme como a un verdadero contrincante.

-¡¿AH?! ¿ESTÁS JUGANDO CONMIGO?

-¡NO! –Uraraka frunció el ceño completamente seria, viendo la sinceridad pura reflejada en esos orbes topacio que centelleaban bajo la nívea luz lunar, apaciguando el estallido de enojo que estaba por salir del rubio. –Jamás jugaría contigo. Jamás.

-Tch, solo suelta lo que tengas que decir. Aunque acabas de arruinarme la noche, soy un hombre que mantiene sus estúpidas promesas.

-Aunque… aunque quizá sean muchas palabras y te tenga un buen rato aquí y…

-¡YA CÁLLATE Y VE AL GRANO! –Gritó impaciente el rubio con el cabello erizado, como si fuera un gato arisco. Uraraka no se movió ni un centímetro de su lugar. Jugueteó con sus dedos y comenzó con su discurso.

-Le he dicho a Deku… que lo quería.

-No me interesa tu pésimo gusto en hombres, idiota. –Contestó de forma automática el rubio. Uraraka frunció el ceño inflando un poco sus mejillas, como si de una ardilla guardado provisiones para el invierno se tratase.

-Y me rechazó.

Mierda. Según lo que su madre le había dicho, ese era uno de los peores escenarios al que una chica podría enfrentarse. Entonces, de manera inconsciente bajó apenado la mirada acariciando su cuello al sentir que la culpa lo arrastraba, bajando con desgano sus manos que hasta ese momento, se habían mantenido en pose de batalla. Por una parte, él solo había dicho esa tontería del querer que ella regresara a la normalidad porque odiaba que el imbécil de Deku la distrajera con ¿Cosas sin sentido? Sí, eso debía ser, o de otra forma no se explicaba cómo es que mientras ellos dos se la pasaban riendo estúpidamente cuando estaban juntos lograban sacarlo de sus casillas.

Eso le llenaba de nauseas. Y también porque creía que de nada servía ocultar las palabras si terminabas arrepintiéndote de guardarlas, justo como ella había hecho por tantos meses. Con un demonio, hasta ÉL lo sabía. Pero creyó que el imbécil de Deku sería capaz de notar lo que él había notado desde hace ya mucho tiempo atrás: que la cara redonda que tenía frente a sí, no miraba a nadie más que al idiota pupilo de All Might. Pero efectivamente, Deku era tan condenadamente imbécil como para notarlo.

Chasqueó la lengua enfadado con Deku por su estupidez… y consigo mismo. Sin haberlo pretendido, había empujado a la chica a ese punto de hablar cuando ella no lo quería. Sin embargo, el sentimiento de culpa pronto fue resuelto por algo que había pasado por alto el mismo rubio: había sido ella misma quien había decidido dar ese paso, aceptando todas las respuestas que existían (y que seguramente, ella ya sabía cuál elegiría Deku) y no pudo hacer más que sonreír. Esa maldita niñata no solo le había mostrado en un solo movimiento en su corta pelea que efectivamente había mejorado su técnica, sino también le había demostrado que era mucho más madura de lo que él mismo había llegado a creer que era. Ahora era el turno de Bakugou de guardar silencio, mismo que fue aceptado tranquilamente por la chica, mientras el rumor de la canción acariciaba con una extrema suavidad los oídos femeninos. Ella suspiró, tocando con ese soplo de forma delicada aquella burbuja que los envolvía como si el aleteo de una mariposa se tratase.

Todas estas noches me están alcanzando.

Simplemente no puedo poner el insomnio a dormir.

Cierro los ojos pero lo único que veo es a alguien que nunca podré ser.

Espero que me hagas retroceder, ¡Lo tengo que hacer bien!

¿Y si caigo? ¿Y me estrello y me quemo?

Al menos ambos sabemos que lo intenté.

Y mientras me arrastro, hay lecciones aprendidas.

El silencio seguía inundando el ambiente como las olas saladas al acariciar las costas arenosas de las playas, siendo solo roto por la melodía que parecía gustarle a Uraraka, (o eso creyó Bakugou) pues ella no dejaba de tararear los compases. Él sabía que debía disculparse o algo así. Pero lo cierto es que en el fondo, no lo sentía ni se arrepentía por ese desafortunado final donde Deku rechazaba a la chica. Definitivamente ahora dejaría de estar tanto tiempo cerca del malnacido de Deku.

Aún así, el silencio comenzaba a incomodarle, así que lanzó un gruñido terminando con este.

-Tch… Te dije que los chicos que te hacen llorar no van contigo, idiota.

Uraraka solo sonrió sentándose sobre el pasto, recogiendo la tela de su vestido antes de hacerlo.

-Quizá tengas razón, jajaja. –Bakugou frunció el ceño irritado. Ahí estaba esa escandalosa risa que odiaba. La odiaba con todas su fuerzas porque una vez que la escuchaba, no salía de su cabeza por más que lo intentara. ¿Era por la forma graciosa que ella arrugaba la nariz al hacerlo? ¿O porque sonaba como el chillido de un roedor? No lo sabía, pero aún con lo mucho que la detestaba, podría escucharla mil veces, solo porque se trataba de ella.

-Si aprendiste la lección, entonces está bien.

-Durante mucho tiempo… -irrumpió Uraraka, mirando al cielo. –siempre estuve a un lado de Deku… ¿Recuerdas que peleamos contra robots en el examen de admisión? Fue toda una sorpresa… me esforcé tanto que terminé vomitando… -rió de nueva cuenta antes de continuar con su historia. –Desde entonces conozco a Deku… y supe que sería una persona importante en mi vida.

Bakugou por su lado, decidió sentarse a un lado de la chica, hecho que le llevó a arrepentirse cuando la escuchó hablar de Deku, lanzando un bufido.

-Oh, lo siento. –Se disculpó la chica. –Seré breve… Deku siempre se ha esforzado con su quirk aunque sea difícil para el manejarlo, además es un buen estratega… así que comencé a verlo cada vez más… y más.

-Lo sé.

-¿Eh? –Preguntó sorprendida Uraraka. ¿Había sido imaginación suya, o el chico le había dicho que lo sabía? Pensó en darle vida con su voz a esa pregunta, pero el rubio retomó el hilo de la conversación con rapidez.

-Tch, continúa cara redonda.

-Así que comencé a pensar en que quería ser una heroína como él... así de increíble. –Ochako dibujó una sonrisa en sus labios al recordar la conversación sobre amor y admiración que había mantenido con Deku, y utilizando de forma más clara las palabras para reflejar sus sentimientos, continuó. –Realmente deseaba ser como él… yo en verdad lo admiraba, bueno… aún lo admiro.

-Suficiente, me voy.

-¡Espera! ¡Aún no termino! –Se levantó Uraraka con urgencia al ver cómo Bakugou hacía lo mismo, completamente dispuesto a regresar al interior del salón.

-¡NO ME INTERESA SABER NADA DEL MALDITO DE DEKU!

-¡SOLO UN POCO MÁS!

-¡¿QUIERES MORIR?!

-¡PERO ESO CAMBIÓ CUANDO APARECISTE TÚ! –Soltó en un arrebato la chica, ignorando la violenta amenaza del héroe explosivo, palabras que atravesaron los tímpanos masculinos mientras el rubio ponía una mueca de completa confusión en su juvenil rostro.

El silencio me sigue gritando otra vez.

Los que amo están perdidos en memorias,

Y deseo obtener lo que alguna vez tuve.

¡Solo tú puedes cambiar la persona en la que te conviertes!

¡Tengo que intentar y encontrar una forma para dejar todo esto atrás!

-¿AH? ¿DE QUÉ DEMONIOS HABLAS?

-¡Si fueras más paciente lo sabrías! –Le miró desafiante Uraraka. Esa mirada se estaba haciendo una especie de ritual entre ambos, y uno no tan desagradable a decir verdad. Era todo un festín ver los ojos carmín como si fuesen hecho de vibrantes rubíes, así como aquellos brillantes topacios enormes, sin mencionar que la vibra de competitividad hacía de ese insignificante gesto de mirar al otro a los ojos, en todo un deleite para ambos.

-SOLO CÁLLATE Y CONTINÚA, TONTA. –Uraraka suavizó su rostro ante las palabras de Katsuki.

-¿Recuerdas el festival deportivo?

-Hmm, sí… algo así. –Contestó el aludido intentando sonar dubitativo en su voz para restarle importancia a un evento que había pasado ya hace bastante tiempo, pero no pudo evitar sentir una flecha de indignación al recordar aquella falsa y amarga victoria que tuvo ante el tipo mitad hielo y mitad fuego. Y bajo ese incómodo recuerdo, apareció aquel encuentro con la chica, un encuentro que desde ese maldito día hasta esa noche, había esperado repetir con ansias. Y luego, era anulado por capricho de ella. De todas formas, él no tenía por qué decirle eso.

-En una de las rondas, peleamos ambos. En verdad estaba aterrada… todos en clase lo estaban, pensaban que me matarías jajaja.

-¿AH? –Bakugou le miró extrañado, mientras se preguntaba qué demonios le pasaba a esa niña loca por la cabeza. ¿Quién habla de morir mientras se ríe como si de un chiste se tratara? Solo la idiota que tenía frente a él.

-Ya sabes… tu quirk es muy útil para el ataque y la defensa cuando lo quieres… ¡Y yo apenas sabía controlar el mío! ¡Aunque en verdad esas explosiones dolieron mucho! Pero sin ellas, no podría haber sabido que yo también era capaz de hacer estrategias tan buenas como las de Deku. –Amplió su sonrisa ante un nuevo gruñido ahogado por parte del rubio ante la mención del peliverde. –Y también… En esa pelea… Me di cuenta de que los deseos no bastan para alcanzar tus sueños. –Confesó Ochako en un murmuro con las mejillas sonrojadas, recordando cómo es que por un ínfimo momento en su vida, creyó ingenuamente que las cosas serían sencillas para cumplir ese gran sueño donde se veía ayudando a sus padres. –Esa pelea realmente me hizo cambiar… solo quería agradecértelo, Bakugou.

-Tch… ya te he dicho que no necesitas dar explicaciones a nadie, idiota.

-Lo sé… pero hoy de nuevo me has enseñado algo nuevo. Sería una traición a mi misma el ignorarlo. –Dijo con seriedad la chica, adoptando esa expresión seria (pero graciosa) que adoptaba cuando de honor se hablaba. Esa extraña cara que comenzó a poner al regresar de sus prácticas bajo el nombre de Uravity. –Siempre me obligas a

Superar mis límites.

-¡OYE! ¡QUE YO NUNCA TE HE OBLIGADO A HACER NINGUNA MIER…!

-Como hoy con Deku… Tenías razón. Estaba perdiendo de vista mis objetivos de nuevo, me alegro de haberte hecho caso. –Le sonrió.

-Hmm, tú lo decidiste por tu cuenta, el mérito es tuyo, tonta.

-Aunque fue algo doloroso, ¿Sabes? –Ochako abrazó sus piernas y ocultó su mirada entre estas. –Pero siento que esto me ha hecho crecer…

-Hmm… –Bakugou la miró algo alarmado. Más mierda sentimental, como si no hubiese sido suficiente con lo que tenía ya encima. Ahora la cara de ángel se soltaba a llorar como toda chica y por supuesto, él no sabía qué hacer con eso. Acercó temeroso su mano a los cabellos castaños como si con tocarlos, la figura de Uraraka desapareciera, esperando que dicho gesto le transmitiera a la chica que se callara; que no tenía que ser escandalosa como todas las chicas molestas que conocía porque todo estaba bien. Porque había sido lo suficientemente valiente como para intentar lo imposible, y que eso era algo así como lo que todos llamaban "cualidad"… o algo así. Y eso, la hacía diferente a todo ese montón de mujeres histéricas que le colmaban la paciencia.

-Ahora nada me detiene para… -Las palabras de Uraraka se ahogaron en su garganta al sentir una calidez en su cabeza, haciéndole levantar la mirada para encontrarse con la mano de Bakugou inmóvil sobre sus cabellos. En medio de la confusión, solo atinó a terminar con su frase. –Intentar dar… lo mejor de mí.

-Ya cállate, cara de ángel… -transformó su expresión en una de fastidio y desvió la mirada. –Ya lo sé… -murmuró tan bajo, que las palabras murieron antes de llegar a los oídos de la chica.

-¿Sabes? Justo ahora está sonando mi canción favorita… ¿Y si volvemos?

-Haz lo que te dé la gana, Uraraka. No tienes que pedirle permiso a nadie para hacer lo que quieras.

Ochako le miró sorprendida al escuchar su apellido y no el usual apodo por el cual el rubio usaba para referirse a ella.

-¿Por qué… me llamas así?

-Porque ese es tu nombre.

-No… no lo es… ¡Es Ochako! Pero no me refiero a eso… Hablo de…

-Pensaré en usarlo cuando me des una revancha decente y no otra mierda como la de hoy. –Dijo de forma contundente el rubio sin darle espacio a la chica para terminar con su frase.

-¡Te lo demostraré en el futuro! ¡Y podrás tomarme en serio!

Bakugou rió descaradamente en medio de una mezcla de diversión y frustración. Esa niña era MUY tonta. No había caído en cuenta que desde aquel tonto festival deportivo, algo en el interior del chico le había empujado a observarla, a tomarla seriamente como un rival decente. Pero esa idiota aún deseaba conseguir ese reconocimiento que desde hace ya mucho tiempo, ya tenía en el bolsillo.

¿Y si caigo? ¿Y me estrello y me quemo?

Al menos ambos sabemos que lo intenté.

Y mientras me arrastro, hay lecciones aprendidas.

Sí, me recuerdan que he sobrevivido.

Y he sido herido, y he cicatrizado…

Y al menos sé que aún sigo vivo.

¿Y si caigo? ¿Y me estrello y me quemo?

Al menos ambos sabemos que lo intenté.

-Claro, lo que digas, idiota cara redonda. Ahora me voy. –Bakugou comenzó a alejarse de la chica, apoyándose de sus explosiones para regresar al balcón donde había dejado su molesto saco y la asfixiante corbata para recogerlos. De nuevo, había aparecido el habitual Bakugou Katsuki que todos conocían. Ella le vio directamente hasta que su figura se perdió, entrando aparentemente al salón de nuevo, acto seguido le imitó al activar su quirk para flotar hasta alcanzar el mismo balcón. Cuando llegó, el rubio ya se había ido, al igual que las prendas masculinas de las cuales él era dueño. Se inclinó a recoger los preciosos (pero incómodos) zapatos que jamás volvería a utilizar. Ahora escuchaba completamente la canción, sin poder ocultar una sonrisa.

-Solo quería preguntar por qué solo en momentos así me llamas por mi nombre… Estúpido Bakugou. –Se quejó la chica con el viento, poniéndose de nuevo los zapatos para entrar y escuchar en todo su esplendor esa bella canción que estaba justo a la mitad para que terminara.

Todas las cosas que intenté decir…

Todas las palabras se quedaron a medio camino…

Estoy aquí, esperándote. Necesito tu ayuda.

No me dejes aquí a solas…

Sí, el gran Bakugou Katsuki había regresado y ahora estaba de nuevo entre ese irritante montón de gente que lo único que sabía hacer bien, era molestarlo. Pasó aburrido la mirada por todos, hasta que fue sorprendido por una voz conocida.

-¿Buscas a alguien? –Preguntó intrigado Kirishima extendiéndole una copa de frio ponche, mismo que fue tomado de un solo trago por el rubio.

-A nadie que te importe. –Dejó la copa vacía en la mesa y se inclinó hacia atrás agotado. ¿Por qué las palabras eran tan jodidamente difíciles de decir? ¿Y más cuando esa idiota estaba cerca? No lo sabía, pero tampoco era un tema que lo pusiera precisamente ansioso por saber la respuesta. Eran idioteces que seguramente el tiempo sumiría en el olvido. –Hey, Kirishima… ¿Sabes cómo se llama esta canción?

-No, no es lo que suelo escuchar… ¿Te gusta este tipo de música? Creo que Jirou sabe, podría preguntarle el nomb…

-No… solo pensaba que es una canción terrible. –Dijo el rubio dibujando una nueva sonrisa en sus labios al recordar el suave tarareo de Uraraka. –Vamos por una copa más de tu jugo para mocosos. Kirishima asintió algo confundido, siguiendo a su mejor amigo. ¿Acaso era una realidad esa sonrisa que estaba en el rostro del chico? Patrañas. Parecía que tantas copas de sidra se le habían subido a la cabeza y ahora veía espejismos. Era momento de ir por solo ponche de frutas.

¿Y si caigo? ¿Y me estrello y me quemo?

Al menos ambos sabemos que lo intenté.

Y mientras me arrastro, hay lecciones aprendidas.

Sí, me recuerdan que he sobrevivido.

Y he sido herido, y he cicatrizado… y al menos sé que aún sigo vivo.

-¡Uraraka! ¿Dónde has estado? ¡No te he visto en toda la noche! –Le interceptó Iida, notándose un tono de preocupación en su voz. – ¿Te sientes mal? Podría avisarle a al profesor Aizawa si es el caso y…

-¡Iida! Estoy bien, solo he estado aquí y allá, haciendo todo y nada, no te preocupes... Acabo de regresar del balcón de la segunda planta, deberías ver la preciosa vista que hay ahí. –Ochako le regaló una brillante sonrisa a su amigo, tranquilizándolo.

-Seguiré tu consejo Uraraka… Iré a darle una vista antes de irnos… Pero no olvides crear nuevas memorias con todos los presentes, aprovecha este evento magnifico.

-¡Claro! Eso haré… Por cierto, ¿Has visto a las chicas? No logro encontrarlas.

-Ah, hace un momento casi todas estaban en la pista…

-Oh, tienes razón, ya vi a Tsuyu, gracias Iida. –Y se alejó del delegado, llamando a su amiga agitando la mano, llamando la atención de la chica de largo cabello negro.

-Ochako, ¿Estás mejor? –Uraraka le miró algo extrañada por la pregunta, pero rápidamente cambió esa expresión por otra fresca sonrisa.

-Estoy mejor que nunca, Tsuyu.

-Me alegra saberlo, Ochako. Aunque creo que alguien más necesita ayuda. –Asui Tsuyu dirigió la mirada hacia la izquierda, hasta posarla en la figura de Izuku Midoriya, quien no dejaba de murmurar cosas extrañas, alejando a quienes por azares del destino, pasaban por su lado, cerca de la penumbra de uno de los rincones del salón. Uraraka no pudo evitar contener una risa al ver a Deku en ese estado.

-Iré a ver qué le ocurre a Deku.

-¿Estás segura? –Uraraka se detuvo ante la pregunta de Tsuyu. Dio media vuelta y respondió calmada a su amiga.

-¡Claro! Es lo que hacen los buenos amigos: preocuparse y ayudarlos con los problemas. –Y retomó el camino hacia donde Midoriya se encontraba. Tal gesto enterneció a Tsuyu, quien le miraba afablemente hasta que Uraraka llegó frente a Midoriya Izuku, sacándolo de su ensoñación.

-Uraraka…

-¡Deku! No puedes hacer eso, asustarás a todos los demás. –Le regaño con cariño como si de una hermana se tratase, haciendo sonrojar de vergüenza al chico. –Si sigues así, le darás problemas al profesor Aizawa o a Iida.

-L-lo siento… Uraraka.

-¡Así está mejor! –La chica aplaudió en son de aprobación ante las palabras de Deku, hablándole de forma completamente natural, justo antes de escuchar la última línea de su canción favorita.

¿Y si caigo? ¿Y me estrello y me quemo?

Al menos ambos sabemos que lo intenté.

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Pd. Mil perdones por las más de 4000 palabras que les hice leer jeje Si quieren saber el nombre de la canción que aparece en este capítulo, pueden buscarla como "Crash and burn" de Lifehouse. Les aseguro que escucharla mientras leen este capítulo será una mejor experiencia n.n

¡Necesito sus comentarios en este capítulo! ¿Qué les ha parecido?