Nota de Autora: Les agradezco por sus reviews y palabras de apoyo. Tienen mucha razón, debo de dejar de martirizarme con esas cosas. Un arco ya ha sido casi resuelto, abriendo uno nuevo. Para ya casi cerrar la noche del hospital, aquí va la el preámbulo a la charla de Tk y Taichi (¿Por qué cada vez que hablo desde el POV de Tk me explayo TANTO tomando eventos súper pasados? Este empieza exactamente hace NUEVE capítulos atrás)
—Dix: Un placer leerte. Gracias por decir que te encanta el Fic hasta ahora, espero eso no cambie, jaja. Sí, nos pasamos horas pero me han hecho dar cuenta que es un gaje del hobby que tenemos todos aquí en FanFiction. Suena muy recomendable lo de hacer borradores, lastimosamente por más que ande de vacaciones no me da el suficiente tiempo al, ya te habrás dado cuenta, a veces explayarme mucho en los capítulos. Agradezco el Review.
—Sta. Mai: ¡Hay varias charlas pendientes! Gracias por decir que escribo bien en tercera persona pero siento que todavía tengo mucho por mejorar. Quisiera aprender de mis errores y así llevarles una lectura que les agrade. Agradezco el Review.
—Elie: Un placer leerte. Tu Review justo me llegó cuando andaba en la mitad del capítulo. Me alegra saber que he causado una mezcla de emociones en ti y hacia los personajes. No te preocupes que este capítulo será justo desde su perspectiva. Agradezco el Review.
Retoma eventos desde el Capítulo 23 en adelante. Lamento que no sea la charla, corté el capítulo ya que sino sería muy pesado al ser varias conversaciones. Cuando acaben de leer ya se harán una idea de qué se tratará el capítulo que sigue. Feliz San Valentín *traga chocolates en soledad*
Capítulo 32: Cadenas de Sumisión & Amor
—¡Lo sabía!—grité al levantarme del jardín—Veemon se siente agotado por el estado de Daisuke. Si tomamos que los Digimon y los humanos están conectados por un lazo más profundo que el del Digivice eso lo explica. Si Veemon se está quedando sin energías, eso significa que Daisuke está perdiendo lo mismo… no quiero pensar lo peor pero… si es así… si Daisuke se está quedando sin energías… ¡no, no quiero creerlo! Tengo que avisarle a Kari y los demás.
—… oh no… no… no…
Aparentemente Patamon había comprendido mi conclusión. Solo para un par de segundos después soltar una pregunta mientras corría cuesta abajo regresando al hogar que compartían.
—Pero si es así entonces… ¿por qué Veemon se siente mucho más cercano a Daisuke cuando está en el Digimundo?
—¿Qué?
Me quedé desconcertado, sin comprender.
Kari nunca mencionó nada de eso. Es muy inusual que Veemon pueda sentirse de esa manera. Daisuke se encuentra en coma en el mundo real, es imposible que su consciencia…¿qué tanto me estás ocultando, Hikari Yagami?
Fue en ese instante que los dioses del Digimundo hicieron un complot para que llegara un mensaje a mi D-Terminal con su nombre.
«Koushiro ya me dio el visto bueno. Si sigues en el Digimundo sería fantástico si pudieses darle la buena noticia a Gatomon. Vi a Ken en el hospital pero parecía estar yendo a otro lugar, no me llegué a cruzar con él. Espero que no note el estado de DemiVeemon… me encuentro muy preocupada. Espero no haber interrumpido tu noche. Hasta mañana.»
Mi inseguridad durante la tarde fue confirmada. Ken sí llegó a hacer una aparición, por suerte luego de que mi falso amor se retirara.
—Como te estoy diciendo, Veemon no sabe cómo explicarlo. También nos pareció muy extraño…—recalca una vez más, desagradado de mi respuesta.
—Solo hay una forma de averiguarlo—logré decir, todavía corriendo.
—¿Qué vas a hacer?
—Si el trabajo de la esperanza es guiar hacia la luz… ya sé a quién debo de guiar primero.
—Tk… ¿estás seguro de lo que vas a hacer?—sentí como se aferraba a mi gorra.
El coma de Daisuke, este misterioso Digihuevo, el estado de Veemon en el Digimundo tanto como en el mundo real… la aparición de Fūka en el mundo de las tinieblas… la llamada del Mar Oscuro… hay algo que me estas ocultando. Tu viste o sentiste algo ese día, algo que guardas como un secreto, tal y como un diario bajo llave y candado. Debo guiarte de regreso a tu propia luz, cuando lo haga la verdad saldrá. Se te va a hacer imposible escaparte de mí. Irás a esa fiesta conmigo quieras o no, Kari.
Con ese pensamiento en mente, seguí descendiendo la colina. Mi corazón corriendo a mil por la adrenalina que sofocaba mis venas. Las diminutas patas de Patamon se aferraban todavía fuertemente a mi sombrero, el viento envolviéndonos en sus suaves caricias al estar en su contra. Mientras miro sosegadamente el estrellado cielo digital, anhelando aquella tranquilidad que yace perdida en mi alma, vuelo hacia ciertos extremos sentimentalistas que me impiden avanzar. Incapaz de retirar aquella reflexión mortificante de mi mente, no dejé de correr. Por un minuto, la imagen de Fūka sesgó mi visión. Su larga cabellera almendra, aquellos ojos pardos que la caracterizan, una sonrisa tierna que oculta un oscuro pasado. Correr fue el pasatiempo que le di para que olvidara sus problemas, me alegra que lo siga haciendo luego de tantos años. Es por eso que estoy convencido de lo que tengo que hacer.
Lo siento, Kari… de tener que usar tu luz para salvarla a ella. Si puedo enmendar ese error, podré enmendar el que cometí contigo. Por eso… lamento ser egoísta una vez más. Si tú caes… mi plan cae. No puedo dejar que caigas, Kari. Si caes, Fūka cae. Si tú brillas, ella brilla. Me lo dejaste claro ese día en el Mar Oscuro. Están conectadas por un lazo invisible, más potente que el hilo rojo del destino. Si logro descifrar lo de Daisuke voy a poder ayudarte y así… rescatar a Fūka. Un plan más que solo gira en torno a mí. Estos pensamientos incrustándose en mi ser tal y como las espinas de una hermosa rosa. Ambas son mis rosas que engañan y consumen mi alma, siendo invitadas constantemente por las tinieblas que nos rodean.
—¡Tk, detente! Te vas a pasar la casa—la voz de Patamon me hace volver a mis sentidos.
Efectivamente, me encontraba frente a la edificación pintada como un arco iris, el lugar que mi camarada Digital denomina 'hogar'. Dada la hora que era, recordando las palabras que Gatomon dijo antes de echarnos a porrazos, me preguntaba si sería una buena idea ingresar y compartir nuestras dudas y descubrimientos con ella. Además, necesito decirle sobre las noticias de Kari con respecto al Digihuevo. Pude sentir cómo Patamon descendía lentamente, sus patas acariciando mi cuello, espalda y demás hasta llegar al césped. Cargando un peso invisible bajo sus diminutos hombros, emprende su camino al sitio, la puerta todavía rota tras mi encuentro con la felina. El sonido de sus pasos rompía mis tímpanos por alguna razón, haciéndose paso hacia la punta de mis dedos generando escalofríos. Esta creciente ansiedad, ¿quién de ellas dos la está formando en mi interior?
—¿Gatomon?—lo escucho preguntar, susurrando en caso que ella se encontrara durmiendo—¿Gatomon?
Tragué saliva sin motivo alguno, los nervios y ansiedad de Patamon siendo transmitidos hacia mí.
—Gatomon…—ligeramente, él la empieza a sacudir.
—Mmnh—haciendo un gesto somnoliento, observo como la felina abre la boca, revelando sus relucientes colmillos para acabar en un bostezo. Sobándose un ojo con aquél guante verde oscuro que la caracteriza, estira su cuerpo, al igual que su cola, el anillo mágico dando con el huevo—¿Patamon…?
—Te tengo buenas noticias—mi compañero junta sus patitas negras, moviendo sus alas con alegría—Hikari llegó a hablar con Koushiro. Dice que el Digihuevo sí puede ir al Mundo Real y regresar sin problema alguno.
—Es… ¿en serio? ¿Voy a poder llevar a mi bebé y ver a Kari…?—el destellar de sus celestes ojos fue suficiente para quererme hacer creer que los sueños y las fantasías pueden volverse en algo palpable, real.
—Sí, ¡en verdad!—Patamon seguía batiendo sus alas.
—¡Qué alegría!
El repentino abrazo de la felina inclusive me desfasó a mí. Coloqué una mano en la frente, sacudiendo el rostro para intentar desligarme de aquellos sentimientos. Aquella unión duró poco, ella separándose sin borrar una sonrisa del rostro, su cola moviéndose con más intensidad. Tomando noción de mi presencia, su mirada cambia. Dejando a Patamon atrás, empecé a sudar al ver que se acercaba cada vez más a mí. Una vez más le tuve miedo a Gatomon, tal y como la primera vez que nos enfrentamos a ella en el castillo de Myotismon.
—Tk… ¿crees que pueda hablar contigo un momento?
—Con… conmigo… ¿conmigo?—tuve que enfatizar al final para poder comprender la inusual situación en la que me encontraba—¿No creo que haya… problema?
—¿Por qué me respondes con una pregunta? Deberías estar más seguro de ti mismo…—suspirando al final, me percaté de lo patético había sonado. Ella mira por última vez a Patamon, él lanzándome una mirada llena de preocupación—No lo voy a volver en datos, tan solo quiero hablar un rato… ¿puedes cuidar a mi bebé?
—Claro, con gusto—sin inmutarse, a diferencia mía, él voló rápidamente, posicionándose encima del Digihuevo para proporcionarle calor—No regresen muy tarde.
—No tomará mucho tiempo—la escucho decir, mientras se adelanta, acabando frente a mí—¿Vamos?
Lo único que hice fue asentir.
Seguirle el trayecto fue la parte fácil. Concentrarme en algo más fue lo difícil. No dejaba de perseguirme esa sensación de inseguridad, que mi tranquilidad de día a día estaba a punto de quebrarse. El repetitivo eco de nuestros pasos dañando mis yemas y tímpanos, poco a poco cediendo ante la oscuridad de la noche, siendo la piel blanca de Gatomon la linterna iluminando el sendero, tal y como Kari lo ha hecho infinidades de veces conmigo. Mi camino se encuentra lleno de espinas que perforan hasta mis pesadillas. Proteger aquellas sonrisas, aquella dependencia, ¿en qué momento se vino cuesta abajo mi deseo? La atmósfera que nos rodea, el Digimundo que nos unió, el mundo que nos enseñó valores, dolor, amor y pérdida, ¿acaso no he aprendido nada al pasar los años? ¿Sigo encerrado en mi propio, egocéntrico mundo de pensar que lo que quiero es lo mejor para los demás? Pensamientos negativos. Una mentalidad negativa que no me deja avanzar, formando lágrimas de frustración sobre mis gastadas ojeras. El sonido del césped crujiendo en mis suelas tan solo me hacía recordar lo débil e impotente que soy. Ver la espalda serena de Gatomon me causa envidia, es un reflejo de lo que anhelo ser. Decidí mirar hacia delante, percatándome que habíamos arribado a un sector libre de árboles, tan solo mostrando la reluciente luna que reflejaba mis temores. El viento empezó a soplar, causando que acomode un mechón rebelde bajo el sombrero.
—Creo que hasta aquí es suficiente—ella se detiene, provocando a que retroceda con inseguridad.
¿Por qué tanta secrecía? ¿Por qué no me encuentro tranquilo? Inseguridad, sumisión… me estoy entregando plenamente a Gatomon por la cobardía que siento ante su presencia.
—Estoy segura que te debes estar preguntando y formulando razones que por qué decidí hablar contigo de esta manera—moviendo su cola, sus palabras dan directo en el blanco, provocando que vuelva a retroceder de nuevo—Vamos, Tk. No es para hacer un escándalo.
—Lo lamento…—mi voz salió rasposa tras tener la garganta seca por martirizar mi mente—Es solo que...
—Dime, ¿por qué haces sufrir a Kari? Hey, dime… ¿por qué la haces sufrir?
Interrumpir mi oración y formular la misma pregunta dos veces en una sola jugada fue suficiente para hacer que mi mundo venga cuesta abajo. Jamás, en mi vida, me había formulado semejante cosa. Sus ojos reflejaban tristeza con ira contenida.
¿Hacerla sufrir? ¿Hago sufrir a Kari? ¿Cómo? ¿De qué forma? Antes de que pasase lo de Daisuke la veía tan animada con él… sonriendo… creí que había olvidado todos sus problemas… ¿sufrir? ¿Por dónde está sufriendo Kari? ¿La hago sufrir?
—Gatomon…—musité, incapaz de todavía procesar sus palabras.
—Años. Han pasado años, Tk. Todavía siguen en lo mismo… ¿tan egoístas son ustedes los humanos? He visto muchas facetas a lo largo del tiempo pero, nunca creí que ustedes seguirían con este juego hasta ahora. Sé que tienes algo en mente, siempre lo he sabido. No me atrevo a mencionárselo a Patamon, no quiero acabar como ustedes dos… supuestos amigos que terminaron separados por meras palabras. Palabras que causan dolor, tanto como felicidad. Palabras que arruinan; que sanan heridas. No quiero estropear el mundo que vivo con Patamon, he ahí la razón de mi silencio… agregando a Veemon—la manera en la que hablaba tan solo seguía aumentando los escalofríos que recorrían mi cuerpo—No debo negar ninguna de las posibilidades… aun así, niego cada una de ellas. Quiero creer que es por algo bueno, pero lo tacho de la lista. Quiero creer que va a acabar mañana, pero lo tacho de la lista. Sigo así y así, por infinidades de días, meses y años. Dime, ¿por qué la haces sufrir tanto? No toleraré una excusa. Sino nunca te perdonaré, jamás. No permitiré que rompas la poca felicidad que Daisuke ha podido darle a Kari.
Aquél tono amenazante. Está dispuesta a hacer lo que esté a su alcance para protegerla. Verla sufrir a manos de un supuesto… compañero de antaño… no creo que exista la forma de contener su ferviente deseo de asesinarme. La lluvia de estrellas que nos acompaña vagamente enseña falsedades seguidas una tras otra. Mis propios pecados son reflejados en aquél celeste que ella posee, quemándose en mis ojos. Espero poder decir palabra alguna que no suena a una plegaria por mi vida.
«¡Vamos, ten valor y aplasta tu eterno, incambiable destino en pedazos!»
Una voz se hizo paso en mi mente. La voz que más detesto a morir. Sus palabras retumbando en mi interior justo ahora. La aparición de Tokiko en mi vida junto a la de Fūka tan solo la colocaron en una posición eterna sin posibilidades de restaurarse. Si no logro arreglarlo, se me impide proseguir con Kari. Con Daisuke tomando la iniciativa de ser novios, nunca decírmelo, enterarme de manera fría ese día que rompí la tregua de Kari al ponerme a husmear en su celular tras salir de la clase. No comprendo la razón por la que estos recuerdos aparecen, la voz de Tokiko todavía en mis oídos. Cuando creí que había pasado, la peor de todas retornó.
«Por todo el tiempo que viva aplastaré tu ser, ¡inclusive sea un reflejo en el agua!»
—Gatomon, yo… no niegues ninguna de las posibilidades. Es cierto que he hecho cosas… crueles a Kari—sujeté mi brazo con la mano izquierda, evitando la realidad al distraerme con el mecer del césped—Crea infinitas si es necesario, una de ellas se volverá realidad. Estoy dispuesto a enmendar mi error. Puede no resultar ser de la mejor manera… después de todo… he llegado a unas nefastas conclusiones hace poco…
—Espero que no sea un engaño lo que me estás diciendo—temeroso por mi vida, con tan solo ver el movimiento de sus brazos cerré los ojos, para al final percatarme abriendo un solo ojo, que se retiraba un guante, aquél el que tenía la marca que tanto dolor le trajo en el pasado.
Gatomon…
—Kari significa todo para mí. Saber que no puedo protegerla de los problemas que la acechan en el mundo real, ver aquella sonrisa… esa sonrisa que pretende formar para mentirse a sí misma que está siendo fuerte. Es doloroso… saber que debo protegerla y que el irónico destino me lo impida al ser algo relacionado a sentimientos—tragándose su orgullo, el Digimon que creí que contenía un alma inquebrantable de acero, se encontraba oxidándose frente a mis ojos—A veces quisiera ser humano, aprender a ser un humano, que me enseñen a ser un humano, comprender, entenderlo todo, estar al lado de Kari y así saberlo todo, apoyarla como siempre he querido hacerlo… ¡con tan solo estar al otro lado de una pantalla sin la capacidad de ir por mi cuenta a no ser que me abran la puerta es doloroso!
Al ver caer sus lágrimas, la imagen de una pequeña Kari de siete años de edad se me vino en mí. Sollozando, sujetando aquél silbato que la caracterizaba. Concentrando todas las fuerzas del mundo en ella para no caer, nunca llorar. El día de la batalla contra Machinedramon y el sacrificio de los Numemon, el día que Myotismon acabó con Wizardmon, creo que puedo contar con los dedos las veces que esa niña ha llorado. Ahora con ver a su camarada, recordando aquella loca teoría que formé en la colina con Patamon, que los humanos y los Digimon están atados por un vínculo mucho más fuerte que tan solo un Digivice, con el simple hecho de visualizar a Kari en lugar de Gatomon, lo entendí.
Ella está sufriendo. Gatomon está sufriendo. Kari está al borde de quebrarse, Gatomon siendo la primera en caer.
Sin dudarlo dos veces, me agaché para estar a su altura, sintiendo su pelaje contra mis mejillas. Sus guantes lentamente cayeron al césped, el rugir de la noche abrazándonos. Diminutos sollozos querían escapar de ella, sentía cómo los tragaba al tenerla así de cerca. Un cuerpo caliente, cálido, de carne y hueso por más datos que pueda creer que son. Nunca creí llegar a establecer un vínculo sólido con otro Digimon que no fuese Patamon. De a pocos, pude percibir el sentir de sus patas aferrándose a mi espalda, queriendo clavar sus uñas. Se estaba dejando vencer, caer, ceder ante esta inusual unión.
—Más te vale… Tk… más te vale no volverle a hacer daño… no sé a qué nefastas conclusiones has llegado pero… si tienen que ver con la felicidad de Kari, si tiene que ver con Daisuke… la única persona con quién la he visto sonreír de forma honesta tras todos estos años, no me importaría en volverme en tu enemiga en el proceso— con una faceta fuerte, sigue amenazándome, sus orejas dándome ligeras caricias al rosar con mi cabello—Si eso significa tener que enfrentarme contra Patamon, contra todos los demás, inclusive el propio Digimundo, estoy dispuesta a hacerlo por Kari. Por eso, solo pido algo, haz que eso no se cumpla, que no deba recurrir a eso. Por favor, espero que encuentres en tu corazón el poder de cumplir mi deseo
«¡Vamos, ten valor y aplasta tu eterno, incambiable destino en pedazos!»
—No permitiré esa clase de destino. Te doy mi palabra, Gatomon—sus emociones estaban fluyendo en mí, siendo ahora yo quien sostenía su orgullo para no ceder ante la tentación—No niegues ninguna de las posibilidades hasta que pueda decir la verdad y solo la verdad.
—Gracias…
Hundiéndome en aquél blancor que emite, por más retorcido que parezca en mi mirar gracias a el llanto que mis emociones dejaban fluir, aquella herida en mi corrupto ser se sigue tiñendo de un bello escarlata al no encontrarle una cura aún.
¿Cuál de ellas dos será la medicina para apaciguar este dolor?
Fiesta: Dos Semanas Antes, Diciembre
Nunca creí que decirle la verdad sería tan difícil, de ocultarle todo lo que pensé en aquél mundo ajeno al suyo. Uno al cuál agradezco que jamás entre, o quizás está al borde de suceder dado al misterioso Digihuevo. Ver el pasar de las personas, los faroles, las luces verdes y rojas indicando la proximidad de la Navidad. Parejas, niños, familias. Sin olvidar la creciente ansiedad que se hace paso hacia mi garganta. Su cuerpo al lado mío, su cabello almendrado moviéndose al ritmo de sus pasos. Aquellos ojos pardos que se asemejaban en ocasiones a una esmeralda examinaban mi rostro. La bufanda que jamás se retira nunca la había visto tan malgastada. Quizás deba regalarle una nueva en estas fiestas.
—Takeru, ¿pasa algo?—me pregunta sonriente, ladeando el rostro hacia el lado izquierdo. Un ligero rubor se formó en mí, causando que bajase el rostro y admirase todo el primer piso del centro comercial en el que nos encontrábamos—Perdona si fue algo egoísta de mi parte pedirte este favor…
Todo porque fui incapaz de decirle la verdad.
—No hay problema, Hinanawi—respondí lo más neutral posible.
Nuestra situación era incómoda. Además de estar rodeados de millares de compradores, el ambiente navideño no ayudaba en lo absoluto. Nos encontrábamos en el tercer piso, todo resplandecía. Los ornamentos, elfos, Santas, el árbol gigante al centro del edificio. Niños corrían con globos, haciendo largas colas para sentarse en las piernas de Papa Noel, pidiendo sus regalos o dejando simples cartas hacia el Polo Norte. Ambos seguimos nuestro camino, ignorando el ambiente para llegar a nuestro destino y único objetivo: el vestido para la fiesta. Con tan solo imaginar a Fūka en uno, su piel durazno brillando bajo las luces de aquella mágica noche hacía mi corazón latir. Saber que iba a romper su pequeña ilusión. Es certero que había puesto que Kari iría conmigo, todavía yo siendo un mentiroso, sin nada decir. Sé que ella en el fondo se hace la idea pero, ¿fingir o pretender felicidad por un momento es malo?
—Takeru… estamos fuera de la escuela, puedes decirme Fūka como siempre—todavía sin borrar esa sonrisa de su cara, junta ambas manos aparentando un aplauso, su típico ademán cuando tiene alguna idea, agregando unas risas—¿Te parece si después de esto hacemos algo? Hace mucho tiempo que no salíamos juntos a matar el rato.
—Tienes razón—comenté, colocando mis manos en los bolsillos del pantalón—Perdimos la comunicación también… ¿estás mejor?
—¡Como nunca!—ahora fingiendo golpear el aire, salta un poco meciendo su abrigo color crema, sus botas de invierno marrones levantándose del suelo—No fue mi intención hacerlo, creo que necesitaba un tiempo a solas. Gracias por salvarme ese día.
¿Salvarla? No me digas que recuerda lo que sucedió…
—De todas formas…—volviendo a la posición anterior, se me adelanta un poco, acabando adelante de mí—¿Empezamos la búsqueda?
Está tan emocionada por el vestido por más que yo vaya a destrozar esa ilusión…
—No tienes que preocuparte, Takeru—prosiguió, mostrando una sonrisa torcida a ojo cerrado—Sé que no lo haces por maldad… tan solo… espero que encuentres en tu corazón el poder de cumplir mi deseo. Quiero pretender una vez más esta falsa felicidad.
—Fūka…—murmuré, recordando las palabras de Gatomon.
Sabe… ella sabe… ¿por qué eres así…? Eso me hace dudar… me hace dudar a quién le pertenecen estos ambivalentes sentimientos míos.
Volviendo a mi lado de manera apresurada, inclusive con torpeza, acaba entrelazando su mano con la mía, retirando la mía del bolsillo. Cerrando los ojos, la sostiene con fuerza para apegarse a mi hombro. Juntando nuestros brazos, me pareció que al abrirlos estos deseaban dejar correr aquélla agua que es un símbolo de compasión, debilidad, amor y sinfines de emociones. Sentir su cabello rozar contra mi cuello, el prendedor que la caracteriza sujetando la mitad de su pelo. Acurrucándose en mí, vuelve a lanzarme una débil sonrisa junto a unas risitas débiles, como es de costumbre. El tiempo se detuvo cuando volvió a reír algo más animada, aguantando el río, sus deseos y anhelos siendo reflejados en las luces navideñas que nos rodeaban. Estirándose lentamente, inclusive doblando una rodilla dejando al descubierto sus largas piernas, el sentir sus labios en mi mejilla fue suficiente para hacerme entrar en calor. Al dar con sus ojos pardos, aquellos ojos que en este momento reflejaban las luces verdes, los levanta luego de separarse, al final señalando con el dedo índice una decoración característica de la Navidad: un muérdago.
—Creo que estoy siendo muy codiciosa… ¿no? No te dejaré ir por tu cuenta… ambos estamos juntos en esto, en tu plan, ¿cierto? Por eso… dame tu mano y estaremos juntos por siempre, ¿te parece? Por todo el tiempo que esto dure, nunca dejaré tu lado. La deuda que te tengo, el agradecimiento… este amor que no sé cómo definir, ver a mi hermano reflejado en ti pero a la vez verte como Takeru… este elemento del cual el mundo está compuesto… me pregunto si logrará algún día ser algo definitivo en mí. Por eso siempre estaré a tu lado. Con tan solo este deseo egoísta… quiero brillar ante tus ojos por lo menos una sola vez. Me has dado tantas ilusiones, como así también roto el corazón. Pero no importa, siempre estaré a tu lado, tal y como tú lo has estado siempre conmigo.
Mi cuerpo actúo antes que mi mente. Me aferré a ella, ignorando si detenía el tránsito de personas. Sintiendo sus golpes ante mi espalda y hombros, no me importaba nada. Su calor, su cariño, ¿por qué estoy dudando ahora? Ella también tiene sus sueños y deseos, sueños y deseos que giran en torno a la felicidad que anhela tener, aquella inalcanzable felicidad que siempre se escapa de sus dedos. Mi plan egoísta que tan solo la ve como una herramienta para alcanzar mi objetivo de la dependencia de Kari, ella… tan solo una pieza más de mi juego. Sé que tengo que salvarla antes de proseguir, ¿entonces por qué? ¿Acaso esto también es amor?
Esto me hace una persona igual de maliciosa como Tokiko, abusando de los sentimientos de los demás para mi propio beneficio.
—Yo me encargaré de entregar tu sueño de felicidad, secando tus lágrimas al llorar, antes y después—sentir su rostro en las palmas de mis manos, con un dedo cumpliendo mis últimas palabras—Vamos a que brilles como la estrella que solías ser y todavía eres. Después de todo soy un adolescente que mataría por ver a una chica linda en un hermoso vestido.
—Takeru… me pregunto si realmente este será el mundo ideal, de ensueño…—soltándome, asiente con energías—¡Vamos! Voy a probarme muchos… ¡y tú me lo vas a comprar!
—Espera… ¡¿qué!?
Ella empezó a correr como siempre, alterando el ritmo de mi vida. Suspirando, empecé a seguirla.
Fūka, por más que sepas que no lo vas a usar nunca… aun así luchas. Pretender una vez más, una vez menos, con todo lo que ha sucedido, ¿qué diferencia hace ahora? Yo te voy a salvar, y así… salvar a Kari. Todos tenemos nuestros deseos… ¿seré capaz de dar lo que más atesoro para cumplirlo?
Fiesta: Una Semana Antes, Diciembre
—¡Hasta que al fin terminó todo! Aunque… ¿en qué momento enseñaron la pregunta número tres? Esa sobre el periodo revolucionario al final del Shogunato de Tokugawa… ¿cómo se llamaba?
Siendo este el último examen, Fūka no dejaba de salir siempre con las mismas quejas, recurriendo a que terminara consolándola como es de costumbre. Kari se encontraba con nosotros, los tres saliendo aliviados de los exámenes finales. Con observarlas a ellas dos me sentía tranquilo, olvidándolo todo. La promesa de Gatomon, la salida con Fūka la semana anterior, inclusive sobre el Digihuevo y mi descubrimiento sobre Daisuke. Ver las sonrisas de ambas chicas tranquilizaba mi corazón, inclusive provocando a que olvidara por completo la extraña unión que tenía con ellas dos, todos los eventos desarrollados hasta ahora. Ambas animadas, hablaban de cosas triviales mientras iba delante de ellas, meditando.
Al final nunca le dije a Fūka que no vamos a ir juntos… estoy seguro que ella lo sabe muy bien pero igual me siento un desgraciado al no mencionarle nada hasta ahora.
—Takeru, ¿tuviste bien la cuatro?—me pregunta ella, saliendo de su conversación con la Luz de mi infancia, quien se encontraba algo inquieta.
—Si mal no recuerdo… espera, ¿cómo es posible que no pudieras responder esa pregunta? Era la más sencilla de todo el examen de Historia—suspiré, sacudiendo la cabeza, —Hinanawi…
—Teehee…—saca la lengua infantilmente, golpeándose la cabeza—Sabes que es mi debilidad…
—Los gobernadores de las zonas feudales eran los Daimyou.
La voz de Kari me tomó por sorpresa. Su corto cabello castaño arreglado como es de costumbre, aquél flequillo que se había dejado crecer tal y como en su niñez, cubriendo su frente a diferencia de años atrás que relucía. Acomodando su uniforme, al final se apoya en la pared de la ventana, los pocos rayos de sol de este interminable verano cayendo en sus ojos que son una mezcla de chocolate con canela, suficiente para calentar mi frío corazón. La brisa se hizo paso en el pasillo, los tres sumidos en las terribles preguntas que los profesores nos planearon como regalo adelantado de Navidad. De vez en cuando observaba de reojo a Fūka, recordando nuestra salida al centro comercial. Ella tan ensimismada en la tienda, probándose todos los vestidos que podía. Observando la belleza que pasaba por desapercibido luego de haberla visto de distintas maneras y facetas, inclusive desnuda cuando la traje a casa el día que la encontré bajo ese puente, dándole un baño caliente al igual que abrigo. Recordar cómo se veía en cada uno me hacía entrar en calor, pensando en los escotes y piernas que me enseñó con la típica pregunta ¿se me ve bien?
—Tienes razón, Kari. Era una pregunta tan simple… me sorprende mi capacidad en fallar en esas cosas—soltando una risa nerviosa, ella imita la posición de mi amiga de la infancia—¿Cómo crees que te fue a ti?
—Ah… um…—pude notar su evidente nerviosismo, estaba jugando con la falda del uniforme, mi mirada yendo directo hacia aquellas medias que sujetaban fuertemente sus pantorrillas, a diferencia de las completas que Fūka usa cubriendo sus piernas por completo de negro, ruborizándome una vez más—Creo que me fue bien, aunque no algo que vaya a sobresalir…
Ahora fue el turno de ella lanzar una risa nerviosa. Estoy convencido que tiene millares de cosas en mente. Tan solo espero que no se encuentre pensando que lo mejor hubiese sido reprobar todos los exámenes para así no dejar a Daisuke atrás. La manera en la que esquivaba nuestras miradas, evitando hacer contacto directo llena de melancolía y sometida al amor y devoción que le tiene a nuestro líder de aventuras. Estas cadenas invisibles que nos atan, me pregunto si algún día se oxidarán, o si quizás exista una llave para liberarnos de ellas.
Ver aquél cielo azul a través de la ventana, pensando en ese distante ayer donde estabas tú bajo las nubes corriendo con felicidad al lado de la felina. Yo con Patamon, cada uno llamando sus nombres. Creí que mi voz te alcanzaría, pero no fue así al tú seguir avanzando, dejándome atrás. Creo que es hora… es hora de decirle a Fūka la verdad por más que ya la intuya.
—Me alegra verlos tan animados—Hibiki apareció de manera repentina, rompiendo esta inusual burbuja que habíamos formado entre nos—Takaishi, si pudieras acompañarme un momento al consejo…
Ahora que la veo más de cerca, a pesar de ser pequeña, la presidenta es atractiva. Buenos pechos, que no entiendo cómo puede —sostenerlos— dado a su diminuta estatura, ojos grandes… ¿por qué desde que vi a Hinanawi en vestido estoy que tomo noción de las mujeres que me rodean? Dejando eso de lado, gran momento de aparecer… pensaba llamar a Fūka a solas…
—¿Es urgente, Hibiki?—pregunté nervioso, enfatizando su nombre creyendo que si la irritaba se iría frustrada.
Qué errado estaba.
—¡Takaishi! Por enésima vez… ya, no tiene caso. Se podría decir que sí, ¿tienes planes?— dijo ella, su cabello turquesa siendo mecido por la brisa.
—Podría decirse…
En ese momento, les dirigí la mirada a aquellas dos chicas que afligen mi corazón. La muchacha de cabello almendrado que rodea mi día a día bajó la mirada, apenada. Desde que salimos la semana pasada se ha quedado una sensación extraña entre nos, quizás ese beso que me dio en la mejilla sea la causa de todo eso. Ninguna chica me había hecho eso en mi vida. Siendo honesto, de niño, pensaba que la primera sería Kari.
—¿Crees que pueda esperar? No pienso raptarte por mucho rato—suspira ella cruzando los brazos tras arreglar sus gafas—Chicas, ¿les molesta?
—Yo no tengo problema—Kari fue la primera en contestar de manera monótona, cosa que me dolió sin razón aparente.
—Entonces supongo que tengo su aprobación—levantando el pecho con orgullo, tan solo intercambiando una mirada con mi falso amor, me tomó de los brazos, jalándome en contra de mi voluntad.
Dejándome llevar a su ritmo, fui arrastrado en contra de mi voluntad hacia el Consejo Estudiantil. Siendo honesto, no tomé noción de cuánto nos demoramos, tampoco de las miradas escépticas de los compañeros de piso, aula y clases. Ya era usual que Hibiki abusara de su poder sobre los demás, no obstante aun así votaron por ella todos los años que postuló para el puesto. La última vez que entré a ese lugar fue para revelar la existencia de nuestra identidad como Niños Elegidos, revelarle a Hibiki la verdad que le oculté. Ella ya sabía sobre Yolei y yo, pero no sobre Kari y Daisuke. Lo tomó relativamente bien, inclusive encariñándose del pequeño DemiVeemon. Fue en ese momento que una loca idea se me cruzó por la mente.
¿Y si a ella le pertenece el Digihuevo?
—Llegamos, Takaishi—soltándome, me di cara a cara con su espalda. Aquella posición solo me recordaba a una cosa—La última vez que estuvimos a solas en el consejo, fue en una situación algo similar, ¿no?
Lanzándome una sonrisa, sus ojos grises reflejaban ese día. El día que confesé todo bajo la lluvia junto a Fūka. El día que Hibiki confesó su amor hacia mí. Logré recomponerme, arreglando el pantalón escolar, sacudiendo mis manos en mis rodillas. Levanté la mirada, mis ojos azules dando directo con los suyos. El majestuoso naranja del atardecer moría en la clase, los cuervos cantando a la distancia. Verlos volar a lo lejos, me pregunto hacia dónde se dirigirán, si tendrán algún objetivo o destino, cosa que yo deseaba tener. Siento que tengo que botar mis sueños, potenciales y deseos si anhelo hacer el deseo tanto de Gatomon como de Fūka realidad, al igual que el mío. Por eso me encuentro dividido en dos, una parte deseando escuchar a Hibiki y la otra dejarla plantada, concentrándose en cumplir su objetivo. Ella pareció notar mi cambio de actitud, soltando un suspiro en el proceso. Acomodando el listón amarillo que utiliza para sujetar parte de su largo cabello, empieza a caminar en el lugar para al final sentarse en la silla que emite su autoridad, mientras que deja a un lado la larga chompa del uniforme, revelando la blanca blusa que marcaba su pecho. Tragué saliva por tenerlos a la vista. Deseaba cubrir mi rostro con mi malgastado gorro por la vergüenza que me daba ser hombre en este momento.
—Vamos, Takaishi. No hay motivos para temer. Tan solo… deseo hablar de unas cosas importantes antes de que acabe el año escolar—inclusive levanta sus piernas sobre el escritorio, estirándolas para luego cruzarlas. Sangre deseaba salir de mi nariz, no debí haber ido a ver vestidos con Fūka, desde ahí estoy tomando noción de todo, —¿Has pensado si seguir en el club de baloncesto?
¿A qué viene este interrogatorio?
—Sí, pensaba seguir…—contesté algo inseguro, sin saber a dónde dirigir la mirada—No he estado muy activo pero al ser el Capitán del equipo debo cumplir con esa responsabilidad hasta graduarme… debo velar por el equipo que he logrado formar todos estos años.
—Me gusta como piensas—la veo asentir, para luego acomodar su cabello turquesa hacia un lado por el calor, inclusive se desabotonó un botón de la blusa, su escote saliendo al descubierto—¿Te molesta? Hace mucho calor y no entra suficiente aire… y pensar que estamos en Diciembre a vísperas de Navidad y el frío ni decide aparecer… no te alarmes que no pienso seducirte.
Ella empieza a reír, sin notar que sus palabras pudieron haber ocasionado un evento que sería terrible de borrar de su memoria debido a todas las imágenes de cuerpos que fluyen en mi mente. Tuve que pensar en animalitos sufriendo para evitar que salga al descubierto.
—A lo que quería llegar… sabes que este año me voy a graduar, ¿cierto?—su voz se tornó seria, bajando las cejas—Me han cedido la oportunidad de recomendar a alguien… eso o que alguien inexperto asuma el puesto. Quizás si es de esa manera aparezca una Hibiki Inoue Segunda, pero aquello me da terror, ¿qué pasa si no logra mantener el ambiente de escuela que tanto luché por crear? Un ambiente en donde no florezcan más problemas como ese incidente de los cigarrillos cuando asumí mí puesto en el Consejo. El incidente que gira en torno a tu decisión de unirte a nosotros. También que nazca algún otro problema como en el que el grupo de Sakuraba encerró a Yagami y Motomiya en el depósito del gimnasio. Por eso tengo miedo.
—Hibiki… no creo que debas temer tanto. Lo que has creado es algo que se mantendrá, estoy seguro de ello—la alenté, sin querer procesar las palabras que decía.
—Vamos, Takaishi…—vuelve a repetir—Estoy segura que ya te has dado cuenta con esa pregunta sobre el equipo de baloncesto. Con tan solo responder de esa manera aclaraste mis dudas. Si tu respuesta era otra… quizás lo reconsideraría pero, efectivamente, eres un chico amable, demasiado amable diría yo. Me transmites la esperanza que esta escuela necesita.
Si tan solo supiera que se equivoca con lo que concierne a mi amabilidad… especialmente sobre mi Esperanza…
—Es por eso que está decidido. El siguiente Presidente del Consejo Estudiantil serás tú, Takeru Takaishi—señalándome no pudo evitar enfatizar sus palabras, dejándome atónito, —¿No te agrada? Mira que así vas a poder mantener un ojo en ellas dos
—Hibiki…
—¡Dios! Deja de decir mi nombre tantas veces que aparte de provocarme vergüenza por la camarería que forma me hace verte como un hombre sumamente patético en este momento. Y pensar que estuve enamorada de ti.
No tenía que llevarlo tan lejos al decir que voy a poder monitorearlas… aunque admitir de manera llana eso último, todos hemos cambiado este año…
—Lo siento, es solo que todo esto me ha tomado por sorpresa— admití, retirándome el sombrero para rascarme la cabeza tanto por el calor y por los nervios, —Tu oferta luce tentadora la verdad… pero a la misma vez siento que no puedo aceptarlo.
—¿Por… qué? Creí que…— recomponiéndose, ahora retirando las piernas para que en su lugar colocara sus codos, al igual que su mentón bajo las manos, prosigue su interrogatorio, —Creí que esto sería más sencillo…
—Siento que no tengo la capacidad necesaria para cubrir su puesto dadas a las grandes expectativas que tiene sobre mí, superiora Inoue— recurrir a los rangos en este momento me parece la toma de acción más adecuada, mostrando mi seriedad en el tema, —Superiora… me tiene en una posición muy alta en su mente. Por cómo van las cosas en mi vida ahora… siento que sería un insulto a la legacía que ha formado.
—¡Tonterías!
Ver su pequeño cuerpo empezar a temblar, sus hombros siendo el reflejo. El atardecer moría, su sombra creciendo frente a mis ojos. Al retroceder, había botado la silla con fuerza, formando un estruendo. Sus manos yacían abiertas en el escritorio. Su rostro mirando hacia abajo, siendo cubierto por su largo flequillo. Sus delicados dedos fueron por las gafas redondas iguales a las de su prima. En ese momento tomé noción que definitivamente era familia con Yolei. Ambas quebrándose cuando algo en lo que creen con fervor no resulta ser de la manera que planeaban. Lanzándolos hacia una esquina, escuchando su quebrar retumbando en mis tímpanos, se escapó su primer sollozo.
—¡Tonterías! ¡¿A dónde se fue ese chico que me transmitía esperanza!? El Takaishi… no… el Tk que conocí ese día antes de dar mi discurso, el día que conocí a aquél muchacho un año menor que yo entrar a la escuela al tener las calificaciones más altas… aquél farol que transmitía esperanza, ¡¿a dónde se ha ido!? Normalmente dirías que es una gran responsabilidad, cediendo al final… ¿qué ha cambiado? ¿A dónde se ha ido ese Tk? ¿Acaso está enloquecido por el amor, sesgándolo? ¡A dónde se ha ido el Tk del cual me enamoré?
—¿Enloquecido por el amor?— murmuré sin comprender, todavía atónito por el desarrollo de los eventos.
Hibiki levantó el rostro, siendo la primera vez que la veía sin sus lentes. Una cara redonda, dulce y jugosa como un durazno maduro. Sus ojos grises resplandecían, su perseverancia siendo reflejada bajo su brillar. Juntando sus dedos en puños, empezó a moverlos de arriba hacia abajo, casi como una niña encaprichada. Mi corazón quería partirse en dos.
—Eso mismo, enloquecido por el amor…— colocando todavía su mano hecha un puño en el pecho, fue capaz de aguantar sus lágrimas, levantando el cuello para mirarme en una posición que, a mi parecer, me dejaría la nuca quebrada.—Quizás todavía no lo reconozcas pero yo sí lo he visto… después de todo, sin amor no puede ser visto. Saber qué es realmente el amor se asemeja a tener un alma. Es probable que esté equivocada con todo esto… pero si este amor me ha permitido verlo, te lo diré. Debes decidir, Tk… estas enloqueciendo con todo esto… estás… dejando de ser como realmente eres… y estoy segura que no soy la única que se ha percatado. Creo que… creo que Motomiya también… no sé cómo explicarlo… las pocas veces que me cruzaba con él me transmitía esta extraña sensación… de saber algo más que los demás no saben, al igual que yo. Ver algo que los demás no ven… en el sentido que va ligado al amor. Creo que por eso puedo percatarme y perseverar para así no caer. Sabía que no era rival para ellas, aun así lo intenté. Por eso mismo, Tk… no te dejes vencer, ¿sí? Me decepciona saber que no aceptarás el puesto pero… por favor, no te dejes enloquecer por el amor.
Hibiki… siento que alguien ya me ha dicho eso antes… que sin amor no puede ser visto pero… ¿dónde? ¿Quién?... y otra vez Daisuke… ¿por qué me atormenta tanto, inclusive estando en coma?
—Quizás parezca que insisto demasiado, quizás mi perseverancia es algo malo…
—¡No, no lo es!— sin notarlo, había alzado la voz. Me percaté que la tarde estaba empezando a morir. Tengo que regresar pronto, después de todo, siempre acompaño a Kari a ver… a su novio, —Puede ser cierto que en ocasiones ser perseverante puede parecerle una carga a los demás, pero siento que eso a la vez es una buena cualidad. Superiora, si no fuese como es, es muy probable que el ambiente de la escuela seguiría siendo un caos. Si no fuese como es, estoy convencido que no me encontraría meditando para aceptar su puesto el próximo año.
—Tk…— la felicidad de aquella muchacha fue todo lo necesario para provocar que por un instante olvidara mis problemas e inevitable destino de cada tarde al ir al hospital, —Entonces…
—Espero cumplir sus expectativas, superiora Inoue— dije, agachando mi espalda para mostrar mi agradecimiento.
—Bien dicho, Takaishi. Más te vale.
Ya van dos personas que depositan sus expectativas en mí, ¿podré cumplirlas?
—Creo que es hora de devolverte ante esas dos chicas, que deben estar esperando en el pasillo— se dice a sí misma, abotonándose el botón de la blusa y colocándose la chompa crema del uniforme para luego acercarse a mi lado, gafas puestas en el rostro, —Dije que te robaría por solo unos instantes.
—Siempre fiel a tu palabra, Hibiki— me atreví a decir, para luego desordenarle su cabello al sobarle la cabeza de manera infantil.
—Y volvimos a lo mismo— suspira vencida, para luego lanzarme una mirada asesina, —¿Por qué no sigues con el superiora?
—Ah... bueno… es solo para momentos serios— admití, —Debemos regresar, nos están esperando.
—Dirás, te están esperando. Te acompañaré hasta allá. Después de todo, todavía tengo unos papeleos que cumplir ya que las Kanzaki decidieron irse temprano.
—Siempre tan diligente.
—No sé si eso fue una burla o halago— dice, botando bruscamente la mano que seguía colocada en su cabeza, —No soy una niña para que me hagas eso.
—Lo siento, no pude evitarlo— sonreí, mirando por última vez el consejo.
Admirando aquella aula en la que me encargaría de vigilar a todo el cuerpo estudiantil el próximo año, mis ojos iban de estante a estante, cada uno lleno de archivadores con los nombres de cada alumno, incluyendo los ingresantes del año entrante. Por algún motivo, mi intuición me decía que revisara ese archivador en particular, una muy mala sensación me carcomía por dentro, creando nuevamente angustia en mi interior. Cuando deseé regresar, Hibiki se encontraba a punto de cerrar el lugar con llave y así evitar algún incidente más como el del grupo de Yumi Sakuraba. Antes de que el borde cerrase, algo brilló en la oscuridad. Un brillo muy familiar ante mis ojos.
Debe ser la fatiga o inclusive preocupación. No es posible, mis ojos deben estarme haciendo una jugada.
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Mientras caminábamos por el pasillo de regreso al lugar en donde dejé a Fūka y Kari, el silencio nos rodeaba. La mayoría de estudiantes ya se habían retirado, muy pocos yendo hacia algún club extracurricular. A lo lejos, podía observar a través de las ventanas al club de atletismo corriendo en la gran cancha hecha especialmente para ellos. La imagen de mi falso amor vino a mente, corriendo con vigor en aquella pista, su largo cabello siendo mecido por el viento. Siempre la alentaba a formar parte del equipo por su habilidad, además de ser el pasatiempo que le sugerí. Ella negaba constantemente, con las justas aceptando la posición de asistente que le di en el consejo. Ahora que seré el Presidente del Consejo Estudiantil el año que viene quizás pueda abusar de mi poderío para incorporarla a ese club. Sacarla del consejo para no saturarla con trabajo, aunque dudo mucho que quiera retirarse, capaz y la hago secretaria o algo similar por más protesta que me vaya a dar.
Aunque quizás… quizás la pueda sugerir como vice-presidenta…
Cuando regresamos, la única que seguía apoyada contra la ventana, en la pequeña pared, era mi antigua amiga de la infancia, Kari. Parecía perdida en sus pensamientos, reflejando una profunda reflexión asemejada a la que tuve luego de la eterna charla con Hibiki. Sus palabras sobre si amor no puede ser visto y que ando enloquecido por el amor todavía retumbaban en mi cabeza. Sacudí el rostro, recordando que tengo cosas más importantes que hacer. Hablar con Kari sobre mi descubrimiento en el Digimundo, obligarla a ir a la fiesta conmigo. Eso es lo primordial. Sentí cómo todo músculo de mi cuerpo se tensó con el simple hecho de pensar que debía someterla a mis caprichos, volverla sumisa ante mí. Las palabras de Gatomon todavía en mente, que si arruino algo sería capaz de eliminarme, todo por la felicidad de su camarada, inclusive sacrificando su cercanía y cariño con Patamon. Me pregunto si mi pequeño amigo habló con ella o viceversa. Si eso llegó a suceder, ¿cómo habrá reaccionado por la determinación de la felina? Al parecer, Hibiki detectó mi actitud, dándome ligeras palmadas en la espalda mientras reía.
—Muy buen trabajo, Takaishi— logró decir en voz alta, su palmada inclusive empujándome hacia delante, —Sigue así y llegarás lejos, no me falles en todas tus responsabilidades.
Sin darme la oportunidad de decirle algo como agradecimiento a sus palabras de apoyo, o inclusive consolarla sobre su colapso en el consejo, se retiró, su cadera moviéndose al ritmo de sus pasos, su sombra creciendo al bajar el sol. Los ojos canela de Kari brillaban de diversión, quizás causándole gracia la situación actual. Inclusive a mí me sacó una sonrisa de encima.
Ahora viene lo peor. No comprendo cómo ni cuándo pero, visitar a Daisuke juntos se ha vuelto una costumbre. Acompañarla a visitar a su enamorado, al chico que tiró su vida por ella, que se desvive por ella. A el chico a quién ama y por culpa de mi descuido acabó en esa situación. Todo porque no pude controlar a Fūka a tiempo, antes de que intentara una vez más tirar a Kari de la azotea de la escuela. Pensando en ella, ¿a dónde se fue Fūka? Normalmente dividimos caminos…
Acercándome a la chica de corto cabello castaño, su flequillo meciéndose en la brisa de este abrumador e inacabable otoño, mis manos actuaron por su cuenta. Estirando mis dedos hacia su mano derecha, entrelacé los míos con los suyos. Este era otro pequeño ritual entre nos. Sucedió un día, sin protesta de parte de ella. Una vez más, no dijo palabra alguna al respecto, como si fuese algo automático y mecánico, una simple unión de manos entre dos personas que no son amigos, pero tampoco desconocidos. Una unión inexplicable, de dependencia mutua. Temo que se vaya a romper en pedazos. Temo yo romperme en pedazos si sigo de esta forma, ocultando y mintiendo para salvar a Fūka, utilizar la luz de Kari para mi propio beneficio. Estoy convencido que Daisuke me aplastaría hasta no quedar un solo trozo mío en la faz de la Tierra. Inclusive Taichi, quien es la persona que más desea destrozarme en el Universo. Ella levantó la mirada, sus ojos canela dando con los azules míos. Recuerdos querían empezar a fluir, fragmentos moviendo engranes del pasado, creando un apego inútil ante aquél mundo ideal, de fantasía. El mundo de ensueño que Fūka desea, un mundo en el que todos podamos ser amigos, reinando la felicidad.
—¿Vamos? Es hora de visitar a Daisuke. Además, quisiera hablar contigo sobre algo importante— mi voz salió rasposa al tener la garganta seca. Esperé alguna respuesta vocal, solo recibiendo como respuesta su espalda, guiándome hacia la salida de la escuela, todavía de las manos.
Por favor, dime que la calidez de tu mano no es una mentira.
Emprendiendo nuestro camino, el crepúsculo apareciendo en el cielo, nos mantuvimos en silencio. El ritual continuaba, sin intercambio de palabras. Mantuve su ritmo, ahora estando a su lado. Los árboles que nos rodeaban, aquellos colindantes a la bajada de la colina de la escuela, las pocas hojas que les quedaban caían, coloreando el paisaje con tonalidades naranjas. La bufanda malgastada de Fūka vino a mi mente, una vez más la idea de regalarle una nueva por Navidad brotando en mi interior. Últimamente me encuentro pensando mucho más seguido en ella en vez que en Kari. Es certero que lo que siento hacia ambas es amor, ¿pero cuál amor es más potente? ¿Cuál amor se diferencia del otro amor? Es probable que quizás por eso no pueda verlo al desconocer el verdadero amor. Estoy dispuesto a hacer lo imposible por ellas dos. Un elemento del cual el mundo está compuesto, muchas cosas suceden en nombre del amor. Muertes, matanzas, asesinatos, partidas, vidas, nacimientos, emociones, felicidad, tristeza. Es la fuerza motora del alma humana. Por eso saber qué es el amor se asemeja en ganar un alma. Ahora creo que estoy entendiendo las palabras de mi falso amor, juntándola con la conversación con Hibiki. El amor es el elemento que mueve el mundo. Si uno tiene carencia de él, suceden gravedades, seres descorazonados, sin piedad, matando a sangre fría. Personas como Tokiko. Luego están aquellas que buscan dicho amor, perdidos en un limbo eterno. Personas como Fūka. Aquellas que intentan comprender ese sentimiento. Personas como yo. Si realmente sin amor no puede ser visto, para ver el amor se necesita tener esperanza para realmente verlo, y luz para iluminar el camino y hallarlo. Quizás la expresión correcta sea aquella.
—Sin luz y esperanza no puede ser visto…— susurré, mis pensamientos saliendo al aire, —Si comprender el amor se asemeja a ganar un alma… quizás por eso no comprendo del todo mis intenciones…
«Escapa… ¡escapa de este intercambiable, afligido destino!»
Sacudí el rostro, las palabras de aquella mujer que odio a morir retumban una vez más en mi cabeza. Embelesada con el destino de Fūka, aquél destino que nos unió a todos. Kari no parecía interesada en el recorrido como es de costumbre. Normalmente establecíamos alguna conversación, fallando en el intento por la incomodidad. Ahora era mi turno de encontrarme inseguro. Algo ha pasado mientras estuve en el consejo, y si tiene que ver con mi enamorada de mentira me preocupa aún más. El olor de este interminable otoño asemejándose al verano crece en mí, quiero sentirlo al lado de ellas dos. Esos momentos del pasado con Kari, momentos que son un tesoro mucho más valioso que cualquier gema, quisiera que por lo menos este momento quede atrapado por toda la eternidad, este hermoso silencio que nos rodea, ahogándose en las caricias de los pocos rayos de sol que quedan antes de abrirle el paso al crepúsculo, y que sea protegido por toda la eternidad. Si las estrellas son capaces de cumplir deseos, quisiera que sean capaces de escuchar mi egoísmo una vez más. Que estas cadenas de sumisión y amor se rompan para siempre.
—¿Tk?— Kari finalmente había hablado, su bella voz haciendo que retorne a la realidad, —Ya llegamos.
—Tienes razón, eso fue rápido— sonreí, admirando las puertas de vidrio que guiaban hacia el interior del hospital.
Ella no parecía el día de hoy contestar mis falsos ánimos. Proseguimos nuestro camino, todavía de las manos. Los pacientes que esperaban ser atendidos parecían ser un número infinito. Niños llorando, otros riendo. Personas mayores y jóvenes, todos pacientes al momento en que llamasen su número y así acudir a hablar con las secretarias para sacar sus citas correspondientes. Se me hacía imposible ignorar el ruido de la muchedumbre, invadiendo mi sistema como una epidemia. Tan solo dejé que Kari me guiara como siempre lo ha hecho con su Luz. El tiempo se rompía en fragmentos, la ida hacia el corredor donde se encontraba Daisuke se me hizo infinito, una infinidad que deseaba congelar para atesorarla por la eternidad, quizás así dándome suficiente tiempo para enmendar mis errores. Mi capricho no fue cumplido, al ya haber pedido un deseo a la primera estrella minutos atrás. Nos encontrábamos en el lugar prometido. Las cortinas de la vitrina que daba hacia la habitación de Daisuke se encontraban entreabiertas, siendo capaz de ver aquél rostro moreno yaciendo en un estado vegetal. Las máquinas sonando al otro lado, proporcionándole hidratación y alimentación. Sentir cómo Kari apretaba su mano contra la mía fue suficiente para percibir su dolor.
Si lo primero que Daisuke viese al despertar… si despertara en este instante, viendo nuestras manos… sería peor que una simple traición… cuando despierte… hay tantas cosas que deseo hablar con él…
Fue por eso que la solté.
Ella me observó sin inmutarse para luego volver a dirigir la canela hacia el líder que ocasionalmente puede actuar con seriedad. Kari suspiró, provocando que el silencio se rompiera por un mero instante al escuchar su timbre calmar mi acelerado corazón. No deseo que el silencio persista.
«¡Vamos, ten valor y aplasta tu eterno, incambiable destino en pedazos!»
Aplastaré este silencio, por Kari, por Fūka. Para mantener esta calor entre nos, para protegerlo, soy capaz de cambiar todo. Por eso, aplastaré este silencio.
—Creo que no te he contado sobre mi visita al Digimundo hace un mes— dije sin dejar de mirar aquél pequeño espacio en la cortina que me permitía apreciar a Daisuke.
—Ya sabes, no es necesario que nos contemos todo porque.
No, Kari. Por favor no lo hagas, no lo digas, no inflames la herida sin cura que cargo. Es hora de decirle la verdad que tanto he ocultado. Tan solo cambiaré —amor— por otra palabra. Lamento tener que usar tu nombre, hermano, para huir de mis problemas de cierta forma. Es hora de arrancar de la raíz esta mala hierba.
—Porque no somos amigos, ¿no?— terminé echando un suspiro lleno de tristeza, —Sabes, en estos últimos días… no, mejor dicho, en estos últimos meses he estado pensando seriamente en el concepto de amistad. Pensé que Yamato podía darme un significado pero aparentemente es un sentimiento muy ambiguo que se dificulta explicarlo en simples palabras.
Ella me observó perpleja, desviando la mirada de su enamorado, de aquella persona que me ocultó por más de un año que salían juntos, siendo mi estúpida ruptura de la tregua con Kari lo que ocasionó a que la verdad saliera tras ver todas esas fotografías juntos en su celular.
—A lo que quiero ir con esto es…— me separé de la ventana que nos separaba de él para dar cara a cara con ella. La diferencia en nuestras estaturas se hizo evidente, —Caray, en mi cabeza todo estaba ordenado y ahora… vaya, esto es más complicado de lo que pensé.
No puedo pensar de manera racional.
—Tk…— la escuché decir mi nombre una vez más, una voz que reflejaba genuina preocupación, o por lo menos eso deseo creer.
Vamos, Takeru. Es ahora o nunca. Sigamos con el cuento de la "amistad".
—No digas nada, por favor— cerré mis ojos para inhalar aire y luego soltarlo. Repetí el proceso unas tres veces, —Listo, creo que ahora estoy mejor. A lo que iba… Kari. Al ver tu amistad con Hinanawi… tu amistad con Fūka… me hizo dar cuenta de algo. Me hizo recordar lo que es la verdadera amistad. Si logro restaurar esa luz en ella, estoy seguro… estoy seguro que aún existe salvación.
—Estoy algo perdida…— sus ojos brillaban en confusión.
—Verás, en el Digimundo logré comprender muchas cosas que había pasado por desapercibido. Al observar ese Digihuevo… al relacionar ciertos hechos… tomé noción de las cosas que estaban sucediendo entre nosotros cuatro.
—¿Con cuatro te refieres a…?
«¡Vamos, ten valor y aplasta tu eterno, incambiable destino en pedazos!»
—Daisuke.
Kari… reacciona… te lo suplico… no quiero lanzar bombas una tras otra. Daisuke va a morir. Si Veemon se está quedando sin energías significa lo mismo para Daisuke, ¿cómo se supone que salve a Kari si eso llega a suceder? Si me demoro salvando a Hinanawi… todavía me falta entender por qué Veemon se siente revitalizado en el Digimundo… tantas incógnitas… ¿cómo se supone que asegure a Gatomon ocultándole todas estas cosas? ¿Mentir una vez más?
Nadie escuchó mi plegaria, Tokiko todavía apoderándose de mi mente.
—Por eso… Kari… ¡ven a la fiesta conmigo!— grité.
—E-Espera un minuto…— retrocedió para alejarse de mí, como si fuese su peor pesadilla, —No entiendo a qué quieres llegar con todo esto… además, ¿pedírmelo frente a Daisuke? ¿Estás demente? ¡Es esa la forma de destruir el supuesto concepto de amistad que tratas de comprender!
No se trata sobre la amistad, se trata sobre el amor que no puede ser visto sin luz y esperanza, se trata de mi egoísta y ferviente deseo de salvar a mi falso amor.
A ella no le importó más que a mí que las reglas del hospital prohibieran los gritos, que reinase el silencio, —¡No me importa qué hayas pensado en el Digimundo! Esta no es forma… no es forma… ¿¡Por qué aplastas mis sentimientos!? ¿¡Acaso tanto te gusta destruir relaciones!?
¿Aplastar sus sentimientos? ¿Acaso Gatomon se refería con esto que la hago sufrir? Todo se está saliendo de control… tengo que decirle la verdad, mis intenciones tras esto, ¡no puedo perder ahora!
—¡Kari, tranquilízate!— sentir como ella deseaba huir hizo que recurriera a colocar ambas manos en sus hombros, —Si tan solo terminaras de escucharme.
—No quiero… ¡no quiero seguir escuchando!— exclamó, tratando de separarse. Sentía como si se estuviese repitiendo ese día que nos encontramos solos en el salón de clases, ese día en el que mostré que yo sería su pareja para la fiesta.
No puedo dejar que escapes. No puedo…
No tuve más remedio que recurrir al truco que menos deseaba emplear. Tuve que jalarla hacia mi cuerpo sintiendo su esbelta figura, aquél pecho sin desarrollarse, pero aun así creando una sensación placentera en mi interior. Escuchar el latir de su acelerado corazón. Millares de sentimientos florecían en mi interior, hundiendo mi rostro en su cabello, detectando un olor a miel junto a frutos rojos. Emociones que me cuestan describir. Necesidad, dependencia, sumisión. Un abrazo que tan solo incrementaba las cadenas que nos atan. Nunca olvidaré el sentir de colocar mi mano tras su cabeza, apegándola mucho más hacia mí, sus manos sueltas, paralelas a su torso, estática sin luchar para separarse.
—Kari, necesito saber… necesito aclarar… no, tengo que saber. Por favor, es lo único que te pido. Si quieres, luego de esto podemos volver a ser como antes.
Estoy dispuesto a retroceder el tiempo a aquellas épocas si es necesario. Así de grande es mi desesperación.
—¿Cómo… antes?— su voz siendo cubierta por mi uniforme se me hizo casi imposible de escuchar.
—Sí…— asentí, —Puedes volver a odiarme, ignorarme, no volver a dirigirme la palabra. Que las cosas vuelvan a su estado natural. Volveré a observar desde la distancia.
No… ese no es su estado natural.
—Tengo tan solo una petición— la escuché decir mientras me separaba, sus ojos parecían aguantar un par de lágrimas, no quiero que siga llorando, —Que las cosas no acabarán de esa manera.
Lo que menos quiero es hacerla sufrir, ¿la hago sufrir? Gatomon, dime, ¿la hago sufrir?
—¿Estás… aceptando?— de manera incrédula, le pregunto, —¿Es... en serio?
—Tan solo prométeme eso— musitó, retrocediendo de a pocos.
Asentí una vez más, sin cuestionar el lado del trato, absorbido en mis deseos egoístas.
—Espero que me digas la verdad… cuando eso suceda… espero que me digas todo con la verdad— murmuró para sí.
—Te doy mi palabra, Kari— sus emociones estaban fluyendo en mí, siendo ahora yo quien sostenía su orgullo para no ceder ante la tentación, respondiéndole de la misma manera que hice a su camarada digital —Juro por lo que más atesoro en este mundo contestarte con la verdad y solo con la verdad—
Lo juro por ustedes dos, Kari. Por ti y por Fūka.
Días después, horas antes de la Fiesta
—No lo puedo creer, mi pequeño Tk ya creció— repetía por enésima vez mi madre mientras acomodaba mi cabellera frente al espejo, —¿Tienes todo? ¿Recordaste ponerle agua a el brazalete con la flor?—
—Sí, mamá— contesté de forma monótona, admirando nuestros reflejos en el espejo.
Al mostrar falta de interés, Yamato optó por prestarme un terno que tenía guardado de su fiesta de promoción de años atrás a la que fue con Sora. Mamá tuvo la delicadeza de mandarlo a la lavandería, inclusive coserle un par de fallas, temerosa a encargárselo a una costurera. Dándome un beso en la cabeza, se retira por unos momentos de mi recámara, dejándome a solas con Patamon. Mi camarada se encontraba recostado en la cama, cerca al ventilador, haciendo unos gestos por estar con la boca abierta. Por más que se aproxime la noche, la tarde no parecía querer bajar su intensidad con lo que concierne al calor. Me acerqué al escritorio en donde se encontraba la caja de terciopelo, en su interior un lirio blanco con rosas de color rosado alrededor, con gotas de agua que se asemejaban a un rocío para mantenerla fresca hasta que se encuentre en la muñeca de ella. Cuando fuimos a verlas con mi madre a un paseo comercial, me sugirió en comprarla al tener un significado especial. Al estar pasando tiempo compartido con su nuera, dado a que mi hermano y Sora andan comprometidos, no pudo evitar elegirla por mí dado a las enseñanzas que comparten.
—Tk, escúchame con atención. Esto lo aprendí de Sora. Las rosas de color rosado tienen un significado de agradecimiento. También podemos trasmitir con ellas aprecio y cariño hacia la o las personas que las reciben. El rosa está ausente de maldad, carece de doble intención. Por eso, al recibir un ramo de rosas de color rosa sabrás que la persona que te lo ha ofrecido es de fiar. Puedes confiar en ella y en sus propósitos. Por el otro lado, el lirio blanco significa un corazón tierno, que quiere y confía. Estoy llena de alegría al ver que te estás llevando mejor con Kari. Perdona si me estoy dejando llevar, pero me alegra mucho que las cosas estén volviendo a como solían ser antes. Pensé que irías con Fūka… espero que todo se encuentre bien entre ustedes dos—
—¿Hablaste con Fūka?— saliendo de los recuerdos, mi mamá me hace la pregunta que más temía desde el otro lado de la puerta.
—Verás…— me arrepentí de haber respondido en vez de pretender no escuchar.
—¡Takeru Takaishi!— apareciendo una vez más, cruzando los brazos frente a su pecho, sus arrugas imperceptibles bajo los ojos, empieza a reprenderme, —Te repetía toda la semana que hablaras con ella. No puedo creerlo, yo no te crié para que acabaras siendo uno de esos chicos que andan avisando las cosas a último minuto. Inclusive la llevaste a ver un vestido… no puedo creer hasta ahora lo que estás haciendo… ¿tú qué opinas, Patamon?
—Um, bueno… yo…— aparentemente la pregunta lo tomó desapercibido. Saliendo de su pequeño trance frente al ventilador, escapando de su frescor, sus celestes ojos se cruzan con los míos, pensando qué cosa responder al respecto, —Opino lo mismo, mamá de Tk.
—¿Ves, Tk? Hasta él me apoya— suspirando, me dirige una mirada de decepción, —No debiste esperar hasta el último minuto. Más te vale llamarla enseguida… y, ¿Patamon? Puedes decirme Natsuko.
—Natsuko…— meditando mi camarada se sienta en la cama de manera más apropiada, —Lo siento, creo que ya me acostumbré…
—Bueno, no hay problema. Eres muy educado… a diferencia de mi hijo— me lanza una mirada de molestia al final.
Sin esperar respuesta de mí parte, me deja a solas con mi compañero digital, quien no dejaba de observarme. Bajando sus alas, desciende la cama para ponerse a mi lado, sujetando el pantalón negro recién sacado de la tintorería. El saco se encontraba en la silla del escritorio, al lado de la caja del brazalete. Una vez más, miré mi reflejo. La camisa blanca, la corbata, todo listo para la noche que todo mi año escolar esperaba ansiosamente desde inicios de clases.
«Por todo el tiempo que viva aplastaré tu ser, ¡inclusive sea un reflejo en el agua!»
Ganas no me faltan para hacerlo con el espejo, reflejando mi patética existencia.
—Tk…— volando hacia mí, posicionándose encima de mi cabeza, Patamon me habla, —No entiendo muy bien esto sobre fiestas y parejas pero, siento que deberías, en verdad, hablar con ella. No la conozco personalmente, mas todas las cosas que me has contado siento que merece una explicación y no dejarla esperando por alguien que nunca irá por ella…
—Lo sé… estoy convencido que Fūka sabe, quizás por eso pretendo ignorancia confiando en esa intuición que siempre ha cargado consigo— admití, jugando con la corbata, —Estoy siendo un cobarde al huir en vez de enfrentar ese error que pude haber evitado al hablar a tiempo.
—No estás solo en esto, Tk. Te dije que a dónde sea que vayas yo te seguiré, y eso haré. Te dije que siguieras creyendo en que nos volveríamos a ver, y lo hiciste. Entonces te repito que sigas creyendo. Cree que todo saldrá bien. Por más oscuro que parezca, la luz y la esperanza prevalecerán, por eso, enfrenta ese error, hazlo por mí— murmuró en mis cabellos, logrando sentir el latir de su corazón. En eso, recordé las palabras de aquella felina varias semanas atrás.
—Patamon… ¿Gatomon ha hablado contigo?
Pude sentir cómo, tras soltar esa pregunta, perdió el equilibro cayendo de forma estrepitosa hacia el suelo de madera. Sacudiendo el cuerpo, coloca sus patitas sobre su cabeza, quejándose un poco del dolor.
—¿Cómo sabes eso?— me miraba incrédulo, —¿Tiene algo que ver con esa charla que tuvieron a solas?
—Me imaginaba que hablaría contigo sobre eso, no lo veía de otra forma… fue algo muy profundo, le hice una promesa que siento que estoy al borde de quebrar…— deseaba hundir mi rostro en algo, avergonzado de mis acciones.
—Ella… ella me dijo que está dispuesta a hacer lo que sea por Kari, inclusive rompiendo esta unión entre nosotros dos si era necesario… me duele saber eso— admite. Podía sentir sus emociones siendo transmitidas a mí, después de todo, me confesó tener sentimientos hacia Gatomon. Aquella conversación debe haber sido dolorosa para él, —Aunque, por más que me duela, me hace sentir orgulloso de quererla, de verla determinada, capaz de hacer lo imposible por la persona a quién tanto anheló ver, una persona que le trajo felicidad y tristeza, como la muerte de Wizardmon. Siendo sincero, también haría lo mismo si se tratase de ti… romper este amor por alguien a quien valoro—
—Patamon… gracias, amigo mío…— sin importarme ensuciar el arduo trabajo de mi mamá, me apoyé en el piso para abrazarlo tiernamente.
Yo creé esta historia. Todo lo que está sucediendo conmigo, Kari y Fūka es a causa de mis actos egoístas. Patamon está pagando las consecuencias. Yo creé esta historia… porque siempre quería estar contigo, Kari. Si quitaba esa dependencia quizás, en un futuro, si algo llegaba a suceder entre nosotros, sería por verdadero amor y yo no creer que se tratase de estar a mi lado por el simple hecho de siempre protegerte. Quisiera que estuviésemos juntos por toda la eternidad. Todos estos deseos traen dolor y sufrimiento. Gatomon y Patamon, un amor que está imposibilitado de avanzar si no detengo mis accionares.
—Yo ya no renunciaré a mis sueños. Tk, haz lo mismo, tienes que decidir. Kari o Fūka— Patamon murmulla en mi oído, su determinación rompiendo la barrera protectora de mi corazón, —No me importa qué lado vaya a ganar, sea tu objetivo o tus emociones. Siempre estaré a tu lado.
—Amor es el principal componente de este mundo, es lo que forma, hace a este mundo. Lo mismo se aplicaría al Digimundo— me aferré con más fuerza, analizando las palabras que salían de mi boca, —El amor, a veces, lo es todo para todo ser.
No puedo seguir ocultándolo más. Este amor, este sentir, este deseo ganar un alma. Si comprendo el amor, ganaré una y así liberar todo este pesar.
—Llámala, Tk. Antes de que sea muy tarde— fueron sus últimas palabras antes de volver a sonreírme como es de costumbre y reposicionarse en la cama, frente al ventilador.
Sin pensarlo dos veces salí, dejándolo atrás. Mi madre se encontraba sentada en la sala, ojeando unos papeles de su trabajo. Retirándose sus lentes de leer, reflejando la misma mirada que Yamato heredó de ella, sigue con cautela mis pasos, hasta aliviarse al ver que me dirigía al teléfono. Observé el reloj de estar encima de la repisa en donde se encontraban un par de cuadros, libros y floreros. Nunca había visto al teléfono como un monstruo amenazador. Nervioso, podía sentir cómo el aire acondicionado no servía en lo absoluto para calmar el sudor que se hacía paso en mi frente. Cerré los ojos, incapaz de seguir estirando mi brazo para que mi mano lo alcanzara. Al sentir la superficie de plástico entre mis dedos, solo era cuestión de tiempo para que de manera automática.
«¿Me rendiré ante ti? ¿O tú te rendirás ante mí?»
Tokiko volvió a aparecer en mi mente.
—Muy buenas noches, habla Hinanawi, ¿con quién tengo el gusto?— escuchar su voz al otro lado del auricular casi causa que me parta en dos.
No causaré más lágrimas esta noche. Secaré las mías para evitar que se derramen más. Esta noche será mi último acto de egoísmo, por eso, por lo menos déjenme adornarlo en una gentil mentira.
—¿Fūka?— pude sentir que me faltaba el aliento, no recordaba sentir tanto temer, casi igualándose a la última batalla contra Piedmon, inclusive contra Apocalymon.
—¡Takeru!— me pareció escuchar cómo colocaba el teléfono entre su hombre y el oído para así hacer su ademán de siempre, juntar las manos asemejándose a un aplauso, —Qué sorpresa, no creí recibir una llamada tuya.
—Sí…— fue lo único que logré decir.
—Takeru… no tienes que dar explicaciones, ya me hacía la idea desde un principio. Fue bonito fingir algo de felicidad en el centro comercial, inclusive probándome vestidos a tu lado. Fui capaz de convertirme en la persona que soy hoy gracias a ti. Y es por eso que por ti, Takeru, soy capaz de ser quien soy. No importa cuál sea mi nombre, crear dentro de mí misma un yo que realmente pueda ser, fue gracias a ti. Si no fuese por tu presencia, si nunca hubieses estado a mí alrededor, entonces yo nunca hubiera sido capaz… de volverme como el sol. Capaz de brillar, dejando atrás un oscuro pasado que de a pocos desea volver a florecer. Tú vives de una manera que te hace destellar como el mismo sol… por eso, me gustaría vivir de esa manera a tu lado, junto a tu plan. Quiero creer en ese milagro. Por más que vea a mi hermano reflejado en ti, he podido apreciar lo que vuelve a Takeru en Takeru, por eso, quiero ser alguien a quien puedan decir Fūka es Fūka, en vez de caer en la depresión junto a la bipolaridad. Por eso no me importa si acabas apuñalándome en la espalda. Creo que está bien que vivas libre, como debe ser, escapando de cadenas invisibles que nos unen. Como te prometí, no te dejaré ir por tu cuenta, estamos en esto juntos. Por más que esta noche sea lo contrario, te apoyaré. No hagas sufrir a Hikari, déjame creer en ese milagro. El amor hace que veas cosas que pasan desapercibidas, déjate guiar. Sé el príncipe de su historia.
—¿Por qué eres así, Fūka? ¿Por qué?— mi pregunta salió en voz alta.
—Para alguien que parece saberlo todo, como yo, todo luce aburrido— dijo tranquila, —O eso es algo que Tokiko diría.
—A veces esa chica no nos deja en paz— murmuré.
—Lo sé… pero es cierto. Por más que nuestro tiempo juntos parezca un sueño, siempre llega la hora de despertar y enfrentar la realidad. Puede ser que no comprendas lo que sientes ahora. Puede sonar hipócrita lo que voy a decir, pero a quién engaño, soy una hipócrita profesional— río débilmente, —Yo entiendo la sensación que tú no comprendes, mientras que yo no comprendo la mía. Es por eso que parezco saberlo todo con respecto a ti y Hikari. Quizás por eso, a veces, me resulta aburrido al imaginarme el suceso de las cosas. No ibas a ir conmigo desde un inicio, pero pretendí, fingí, mentí al no saber. Fue divertido probarme vestidos, no me importa si lo repito, me gustó actuar como una chica normal. Por más que despierte de ese sueño, por más que ya inclusive me encuentre despierta, sigo perdida. Por favor, toma estos sentimientos que no fueron capaces de ser cumplidos... aquellos que ya no puedo controlar... y haz que mi deseo se cumpla. Se la luz de Hikari esta noche, por más que esté sacrificando mi propia felicidad en el proceso, yo te debo mi vida. Te repito, estaré contigo por siempre.
—Lo siento… perdóname, Fūka… prometo… prometo que haremos miles de cosas juntos, serás una… no, eres una chica normal y te lo demostraré… Por favor, perdóname por presionar todos mis problemas en ti, sabiendo que cargas con los tuyos... mientras que por mi cuenta trato de alcanzar mi propia felicidad— prometí que ya no brotarían más lágrimas, pero nunca de quién serías, irónico que sean mías—Estaba equivocado… ¿no es así?
—Sí, estabas equivocado. Al parecer se puede ser arrogante al final. No dejes que yo sea una razón por la cuál renuncies a tus sueños, Takeru. todo esto se debe a el pecado de nuestro encuentro. no dejes que yo sea esa razón— la imaginé jugando con el cordón del teléfono—Esa promesa… ¿eso va a ser durante o después de tu plan? Expón esa mentira que tú ves sobre aquella que yo observo, al igual que la mentira sobre tu 'propia felicidad'. Cuando eso suceda, rezaré para que tú y yo... encontremos satisfactoriamente el amor y felicidad que tanto buscamos. La felicidad que Hikari también busca. Por más que piense que ella tan solo estorba mi camino, por primera vez admitíendote esto... comprendo a Daisuke. El sacrificó todo por Hikari, tal y como yo estoy dispuesta a sacrificar todo por ti. Esta noche me encerraré en mi propia jaula para así evitar romper el cuento de hadas que formarás con ella. Así que anda, no dudesmás. Olvídate por completo de mi exitencia y así, finalmente, podrás entender lo que es realmente el amor, aquél sentimiento incapaz de entrar en mi cuerpo. Un nuevo mundo nacerá de esa fantasía que formarás para cumplir tu cometido. Sé que tienes que hablarle de algo importante, por eso crea ese mundo especial, y de esa forma el amor aparecerá para iluminarlos. No quisieras perder ante Daisuke, ¿no? Me lo admitiste ese día bajo la lluvia. rápido, antes de que sea demasiado tarde, Takeru. Nos vemos.
«Después de todo, no es como si necesites un 'verdadero amor' una segunda vez»
Antes de que pudiese contestarle algo, Tokiko volviendo a apoderarse de mi mente, me colgó. Siendo sincero, no había mucho más que decir. Mi intuición fue la correcta, lo sabía desde un inicio, siempre lo supo, y pretendió al igual que este estúpido juego de falso enamoramiento al cuál la metí. Los engranes que mueven el tiempo, el reloj siendo su reflejo, se aferran a mi pecho rompiéndolo como un cristal. Su sonar mostrándome que se aproximaban las seis de la tarde.
Por más que lo único que desee sea proteger su frágil sonrisa, destrozando mi corazón, este deseo no se cumplirá dos veces. Las lágrimas que brotan en mi interior no son capaces de oxidar las cadenas de amor que se encuentran aferradas en mí. Este veneno apoderándose de mi sangre por la eternidad, robándose mi voluntad. Mi felicidad, ¿la que busco es mía? Dijo que exponga las mentiras que ella ve sobre las mías, ¿acaso no busco mi propia felicidad al cumplir mi plan? ¿Será que busco con fervor la felicidad que Fūka nunca ha sido capaz de tener?
—¿A quién amo realmente es a Kari…? ¿O estaré errado…?
