Nota de Autora: No tengo mucho que decir esta vez, solo que ha sido todo un reto para mí este capítulo, mucho más que el de nuestra querida Fūka.

Ali- Agradezco el Review. No te preocupes, que Kari no dependerá de nadie y lo verás en el capítulo que sigue (tampoco me gusta la idea que esté dependiendo de ellos). Espero que tu último comentario sobre Daisuke no cambie ya que él todavía está ocultando muchas cosas. Ver este Review lleno de amor-odio me hizo pensar en muchas cosas. ¡Gracias!

Dix- Agradezco el Review. Qué bueno que te haya hecho —chillar un río—, creo que a eso quería llegar así que más o menos cumplí mi objetivo. También llevo un cuadernito pero… se me han perdido millones, es por eso que en esta historia hay contradicciones a veces. He usado Wattpad una vez para un Kenyako, aunque ya me olvidé la clave de mi cuenta, jaja. Gracias por tus palabras de apoyo :)


Capítulo 33: El Valor de la Esperanza


—¡Ábranme la puerta! No puedo dejar que Kari vaya con esa basura con cara de muñeca de porcelana. ¡Estoy dispuesto a limpiar mi habitación… a limpiar todo el apartamento! Tan solo déjenme salir, ¡por favor!—

Retiro lo dicho. No hay forma que ame a Kari, no pienso establecer una relación familiar con Taichi.

Me encontraba parado frente a la puerta del apartamento de la familia Yagami, nervioso tras haber tocado el timbre. El calor de la noche estaba descendiendo por más que fuesen las seis de la tarde. Algo temprano para recogerla pero la mejor opción dado a que la mansión de los Hagiwara queda casi a las afueras de Odaiba. El cielo nocturno estrellado hacía brillar mis ojos, deseando huir en su tintineante luz que reflejaba su muerte. Un pensamiento lúgubre que reflejaba mi estado actual. Empecé a jugar con las mangas del terno, jalándomelas como si no hubiese un mañana. Mi respiración se encontraba agitada, esta siendo la espera más larga de mis dieciséis años de vida. Por inercia, subí mi mano hacia mi cabello. Solté un bufido de frustración, recordando que mi sombrero no me va a salvar del problema que debo enfrentar. Las palabras de Fūka resonaban en mi interior, atormentándome. Me siento un patán por ocultárselo hasta hoy día, huir del problema hasta ahora. Cruel y despiadado, eso no me hace mejor persona que Tokiko. Inclusive de Akira, el hermano que las abandonó. Ahora pasé mis manos a jugar con la caja de terciopelo que contenía el brazalete floral. Sacudiendo el rostro, todavía hundido en mis lamentaciones, no tomé noción del instante en que la madre de Kari abrió la puerta. El sonido de acero, crujiendo por la falta de aceite, me sumergió en un mundo de fantasía. Ahí la tenía a ella, radiante, brillante, bella sin comparación alguna. Si fuera un artista la declararía mi única musa. Un vestido corto, que por más que se mezclara con su piel, le sentaba bien aquél color rosa pálido, asemejándose al color de una champaña.

—Buenas noches, señora Yagami— fue lo primero que se escapó de mis labios, observando las delgadas piernas de Kari, sus pequeños pies hechos para entrar en una zapatilla de cristal, siendo adornados por tacos blancos con brillos.

—Vaya, Tk. Muy buenas noches— por un minuto, tuve la sensación que Yuuko se trabó al hablar, sin saber a dónde dirigir su mirada —Te ves muy bien.

En eso, pude escuchar un gran estruendo venir de una habitación cercana. Unos golpes resonando tras una puerta de madera, su madre y ella; dos cabezas girando para observar el culpable de semejante bullicio. Levanté un poco el cuello para mirar encima de la cabeza de Kari, la cual se encontraba lisa. En ese instante me percaté que las puntas estaban más largas que de costumbre, aquellas puntas que antes no alcanzaban su cuello estaban a punto de hacerlo. Dejarse crecer el cabello, no dejo de pensar la manera en la que se vería a futuro con cabello largo. Las dos mujeres echando un suspiro, retornan sus miradas a mi presencia, yo intentando camuflar mi vergüenza mirando a la calle. Sin embargo, mis emociones me traicionaban, mis ojos deseando devorar la apariencia de la luz de mi infancia en ese instante. Creyendo que ya era la hora de decir algo más que un saludo, una nube de polvo se manifestó al lado de ella, revelando a una ajetreada Miyako. Un par de manchas de maquillaje revelaban que Kari luce hermosa gracias a sus manos.

—Pero qué guapo…— anhelé tener mi sombrero una vez más. Al notar su evidente romanticismo, se cubre la boca con ambas manos —¡No, Miyako! ¡Mala Miyako! Tienes a Ken, ¡no seas avara!

Por algún motivo deseaba tener un espejo para admirar mi apariencia. Mi mamá, en casa, no dejaba de decir lo orgullosa que se sentía que haya crecido en un maravilloso chico. Inclusive complementando mi apariencia, jugando con mi cabello mientras no dejaba de pasarme un cepillo, asegurándose que no tuviera algún mechón rebelde. Cada vez que decía algo, Patamon le daba la razón. Como siempre, ignoraba todos sus cumplidos pero, ahora mismo, deseaba confirmar si era cierto. No todos los días una chica te dice que luces guapo. Aunque viniendo de Miyako, todo chico es guapo. Dudo que sea una buena referencia con la cual empezar. Al poco rato noté que todavía llevaba la caja de terciopelo con la flor en manos, ellas tres mirando el lirio con las rosas. Kari ignoró el detalle, mirándome con sus ojos vidriosos. Ese canela reflejaba una mezcla incomprensible de palabras.

Espero que no esté pensando que Fūka debería estar viviendo este momento en vez de ella.

—Um, Kari. Buenas noches… te, um… te ves muy bien.

Dios, eso salió realmente patético.

—G-Gracias… i-igual tú— observar cómo sus labios gesticulaban cada palabra fue suficiente para tranquilizarme.

El silencio que nos rodeaba era mágico. Pude sentirme dentro de un cuento de hadas. Esta atmósfera dulce entre nos, olvidando todos nuestros problemas, siendo dos adolescentes normales atendiendo a una ordinaria fiesta de pre-promoción como todo chico de nuestra edad. Mis manos empezaron a sudar con ese pensamiento, mis ojos todavía saboreando con gula su reveladora apariencia. Un rubor arribó a mis mejillas cuando llegué a bajar de su cuello hacia los hombros, siendo detenido por la voz de cierta heredera del Amor y la Pureza.

—¡Vamos! ¿Qué es esto? ¿Una reunión de niños? ¡Ponle el brazalete y váyanse de aquí!— exclamó frustrada, tan delicada como siempre, mientras botaba a Kari, dejando a su madre confundida y a ella siendo atrapada en mis brazos por el impacto. Por algún motivo, ambos sonreímos por sus oportunos cambios de voz y ánimos, —¡Si la haces llorar te las verás conmigo! … Hikari, ¿cuídate, sí?... ¡¿me escuchaste, Tk?!

Perfecto, una presión más agregada a las miles que tengo en este momento. Si el dolor de Fūka y mi necesidad de aprovechar esta fiesta como un motivo para hablar a solas con Kari no eran suficientes, una amenaza de Miyako junto a dolorosos gritos y golpes era lo que me faltaba. Debo asegurarme de que eso no pase… aunque lo dudo mucho. Debo prepararme mentalmente para eso.

Tras cerrarnos la puerta con fuerza, decidí dejarla libre. Ella empezó a acomodarse el vestido, acostumbrándose a andar en tacones. A veces admiro a las mujeres por ese detalle, ser capaces de soportar en sus delicados tobillos semejante equilibro junto a fuerza para no caer. Sn dudarlo dos veces, ya que por algún motivo pensé que Miyako estaba observándonos por el pequeño orificio de la puerta, torpemente abrí la caja de terciopelo con el lirio y la rosa. Mi corazón empezó a latir a mil por hora mientras la sacaba con delicadeza, temeroso a que algún pétalo cediera. Sintiendo su suave textura en mis yemas, las gotas de agua causando descargas eléctricas en mi piel, no se compara a la sensación que me provocó tener a Kari de la mano para así colocársela en su muñeca. Su mirada se encontraba clavada en el brazalete. Las rosas de color rosado alrededor del lirio blanco, los significados que mi mamá mencionó florecieron en mi cabeza.

«Las rosas color rosado tienen un significado de agradecimiento. También podemos transmitir con ellas aprecio y cariño hacia la o las personas que las reciben. El rosa está ausente de maldad, carece de doble intención. Por eso, al recibir un ramo de flores color rosa sabrás que la persona que te lo ha ofrecido es de fiar. Puedes confiar en ella y sus propósitos. Por el otro lado, el lirio blanco significa un corazón tierno que quiere y confía.»

Automáticamente caminamos hacia el elevador, que por suerte no demoró una eternidad en arribar a nuestro piso. Kari se encontraba algo inquieta, podía sentirlo al verla moverse de lado a lado. Podía pasar desapercibido al creer que intentaba mantener el equilibrio por esos delgados tacos pero yo la conozco. O por lo menos creo conocerla. Una larga ausencia de casi cuatro años no es exactamente perfecta para volver a conocer a un viejo amigo, si es que después de esto volvemos a como solíamos a ser antes sería tirar todo este avance a la basura. Pero se lo prometí. Luego de esta noche, es muy probable que se alegre ante la propuesta que le ofrecí días atrás. Mordiendo sus labios, traté de concentrarme en los crujidos del ascensor, en el cantar de los grillos, el resplandor de la luna que reflejaba mis mentiras. Estrellas todavía brillando mientras mueren a distancias medidas en años luz. Los destellos me persiguen, me atormentan, siendo el principal aquella niña de mis vacaciones de verano la causa de todo. A donde sea que va atrae a la luz. Y esa luz duele al quemar la oscuridad que pernocta en mi alma. El sonido de las puertas del elevador abriéndose me tomó por sorpresa, Kari ingresando primero para dirigirme una cálida sonrisa, tocando el brazalete. Al ingresar, no dejó de analizar mis pasos hasta colocarme a su lado, la boca del lobo cerrándose mientras descendíamos.

—¿Cómo vamos a ir?— escucharla hablar luego del vergonzoso cumplido que escapó de mi boca minutos atrás me hizo sudar frío.

—En un taxi— respondí de manera veloz, improvisando.

Un nuevo silencio se apoderó. Palabras, frases atormentaban mi cabeza una vez más. Mi mamá y las flores. Fūka y su agradecimiento, perdón y confesiones. La malicia de Tokiko. Lo único que me mantenía de pie era el sonido de la mecánica del corazón del ascensor, las lucecitas que se encendían al pasar por cada piso. Necesito romper este abrumador y desgarrador silencio.

—Oye, ¿en verdad tengo cara de muñeca de porcelana?— al notar su rostro lleno de confusión, pude deducir que la tomó desprevenida mi pregunta.

—Así que lo escuchaste…— murmuró bajo su aliento, para al final soltar unas carcajadas que me apenaron. Cubrí mi rostro con la mano derecha, mis ojos azules yendo directo a su objetivo principal: su cuerpo.

—¿De qué te ríes? ¡Entonces es cierto!— tuve el valor de decirle, ocultando mi lujuria. Al no obtener respuesta, tuve que insistir, una extraña inseguridad creciendo en mí al no querer ser visto con un sombrero victoriano junto a un vestido de encaje, —Vamos, ¡dime!

Escuchar su risa era música para mis oídos, inclusive yo siendo intoxicado por ella. La estaba devorando sin que se percatara, explorando su nuca, hombros, inclusive aquél escote casi imperceptible que se formó gracias al vestido. La forma en la que bajaba, sus esbeltas piernas cediendo con cada risa que soltaba para recuperar su aliento. Creo que he descubierto mi fetiche, definitivamente tengo algo por las piernas. Todo siguió de viento en popa, hasta que el elevador se detuvo, mi corazón paralizándose. Había llegado la hora de destrozar sin piedad esta ficticia realidad.

Lo siento, mamá. Esa rosa está teñida de maldad dada a mis verdaderas intenciones. No soy una persona de fiar. Kari nunca más podrá confiar en mis propósitos, todo es una mentira para mi propio beneficio con la excusa de ser por Fūka. Yo aprecio a Kari, confío en ella. Pero esta noche el sentimiento no será recíproco. Después de todo, este deseo no se cumplirá dos veces.

Tomarla de la mano para salir fue castigo suficiente para mis pensamientos llenos de crueldad.


: : :


Cuando Kari se apegó a mi cuerpo fue pista suficiente para saber que se encontraba abrumada. No tengo manera de consolarla. Me siento igual y no voy a negarlo. Rostros conocidos, rostros desconocidos. Algunas personas sentadas en escaleras de mármol, tambaleándose al haber tomado de más por más temprano que fuese. Hormonas, amores, deseos, amistades. Un círculo que nos rodeaba a donde sea que camináramos bajo las arañas de cristal. Los ojos de cada cuadro siguiendo nuestros pasos. Ecos, solo escuchaba ecos. Las voces de nuestro año escolar quedaban atrás, casi como una barata ilusión. Rostros llenos de envidia, rostros llenos de felicidad, corazones felices, corazones rotos. Era como un baile de amores y horrores.

Entramos de la mano, miradas que no dejaban de seguirnos, incrustando nuestras pieles como filudas dagas. Kari ha sentido estas miradas desde primero de secundaria. Nunca creí que sería tan doloroso, en especial tenerla a mi lado, temblando por el frío. O por lo menos eso deseo creer al fingir que este interminable calor es inexistente. Cada vez clavaban más, dejando mi alma expuesta, desnuda, ante todos. Como si fuese una tradición, tras demostrar el más mínimo gramo de inseguridad, le proporcioné un ligero apretón transmitiendo seguridad. Es lo único que puedo hacer para no sentirme culpable, una vez más pensando en mi propio y egoísta beneficio. Kari asintió, probablemente intentando demostrar que se encontraba bien. Una vez más, volví a admirar la casa en la que estábamos.

A tan solo pocas cuadras de la escuela, pero a la vez a las afueras casi de Odaiba, la mansión de la familia Hagiwara se encontraba decorada como si fuese un cuento de hadas. Tras la persistencia de toda la promoción, lograron convencer a Anzu antes de que empezara a faltar a clases, que les pidiera permiso a sus padres para utilizar su casa como lugar para la fiesta en vez de hacerla en la escuela al ser muy aburrido, según ellos. La araña de cristal que nos recibía en la sala principal era una belleza, el brillo de cada una iluminando el lugar. Podía sentir su luz ingresando a mi cuerpo, animándome a sobrevivir esta perfecta pesadilla. Esa luz que ella transmitía. Todo el lugar amueblado al estilo rococó, parecía el castillo de una princesa. Escaleras que parecían, más bien son, de mármol hacían resonar los tacones de todas las mujeres presentes en sus llamativos vestidos cortos y largos, reluciendo piernas y barriendo el piso.

«No hagas sufrir a Kari, déjame creer en ese milagro. El amor hace que veas cosas que pasan desapercibidas, déjate guiar. Sé el príncipe de su historia… Se la luz de Kari esta noche, por más que esté sacrificando mi propia felicidad en el proceso, yo te debo mi vida. Te repito, estaré contigo por siempre… Esta noche me encerraré en mi propia jaula para así evitar romper el cuento de hadas que formarás con ella... Un nuevo mundo nacerá de esa fantasía que formarás para cumplir tu cometido.»

Fūka se apoderó de mi mente, diciéndome exactamente el plan de acción que debía tomar. Definitivamente para ser alguien que sabe absolutamente todo, esta cadena de sucesos debe ser, con certeza, aburrida.

—Creo que el salón principal es por aquí— con seguridad, empecé a guiarla por el lugar, mientras ella admiraba los cuadros pintados en óleo, —Quién se hubiera imaginado que Hagiwara provenía de una afluente familia.

—Nunca creí que en verdad fuera una mansión, en especial de esta magnitud— su intento de seguirme la conversación era evidente, el eco de sus tacos atormentándome como el sonar de un reloj, recordándome que se me acababa el tiempo y este no dejaría de correr para complacerme.

—Es irreal— agregué, conteniendo mi aliento.

—Lo sé, siento como si estuviese dentro de un sueño— agregó sumida en la fantasía, —Temo que si suenan las doce todo esto desaparezca, como si fuese un acto de magia.

—¿Cómo en la Cenicienta?— pregunté fingiendo ingenuidad, todavía dándole la espalda mientras la guiaba hacia el lugar más concurrido de la mansión, mis planes fluyendo como siempre lo han hecho, —Es cierto, parece sacado de un cuento de hadas.

—Este lugar es increíble… me siento como una princesa.

¿Cómo sabías que esto iba a suceder, Fūka? Siempre estás un paso adelante de mí, incapaz de alcanzarte. Es mi turno de cumplir parte de tu deseo. No haré sufrir a Kari esta noche. Seré lo más sutil posible por más que mis palabras estén compuestas de mentiras.

—Eres una princesa— dije de manera inmediata, de alguna forma imitando a Daisuke creyendo así sacarle una sonrisa. No obstante, en segundos me detuve para mirarla de reojo, sonrojado, apenado por mis palabras, —Digo, hoy eres como una princesa. El vestido te hace ver como una princesa, digo… mejor me callo.

Sonaba tan fácil en mi mente. Tan pero tan fácil.

Ella rió un poco para aligerar la tensión.

—Gracias pero, me imagino que el de Fūka debió haber sido hermoso…

Me detuve en seco, analizando sus palabras. Mi temor antes de que abrieran la puerta del departamento fue cierta. Sí se siente culpable que Fūka no haya venido. Que es un reemplazo. Cómo unas simples palabras pueden afectar tanto los corazones de una persona. Son como púas, espinas que impiden que avancemos hacia delante. Un arma letal con la que siempre cargamos. Una pistola siempre llena de balas, de balas infinitas. Estas palabras en la mayoría de los casos hacen más daño que bien tanto a los demás como a nosotros mismos. No creí que me afectaría en esta magnitud. Ella debería estar aquí. Yo le robé… la privé de esta pequeña felicidad. La felicidad siempre se escapa de sus dedos, incapaz de sostenerla por siquiera una sola vez en su corta vida. Siempre alguien la arranca de raíz antes de que llegue a ella. Me estoy convirtiendo en un monstruo, en un monstruo más que la utiliza para alcanzar una meta o beneficio. Yo que me creía mejor que ellos, tan solo soy ahora un borroso reflejo híbrido de Tokiko y Akira.

Sin notarlo, corté nuestra calidez como un hilo malgastado separado por una filuda tijera. Mi rostro, sus ojos reflejaban confusión, dando a entender que se era imposible descifrarme con la mirada, tal y como un mensaje encriptado. Enfatizo, cómo unas palabras pueden afectarnos tanto. Kari, siempre tan honesta con lo que dice. Haciéndome notar mi error. Todo esto es un error. Ignoré el llamado de Fūka esta noche. Yo llamé a hablar con ella, al final siendo al revés. Debí haber sido yo quien la asegure. Ahora estoy aquí, con Kari. Todo perfecto, tal y como se requería en mi plan. Un plan egoísta. Me encontraba tan sumido en ese maldito plan que con tan solo mencionar el nombre de Fūka recordé el verdadero objetivo de esta invitación. Hablar. Eso es lo que voy a hacer. Y al hablar todo acabará. Todo por lo que he luchado, todo lo que he sacrificado, voy a tener que envolverlo dulcemente tal y como Fūka quiere que lo haga.

—Hinanawi no pensaba venir desde un inicio, así que no es como si me perdiera de algo— fallé al intentar mostrar neutralidad tras mi evidente mentira, —Supongo que ya debes haberte dado cuenta que por eso vine contigo, ¡ah, pero tampoco es por lástima! Nunca haría eso…

—Sé que por más que tengamos una relación algo extraña nunca harías algo tan bajo— replicó sin una pizca de duda, sin saber en el demonio que me estaba volviendo, —Sabes que yo tampoco haría algo así.

—Lo sé muy bien, Kari— ambos no dejábamos de mirarnos, sin comprender muy bien la situación, —Es solo que… no podía desperdiciar… esta oportunidad. Hay tanto que quiero decirte, tanto que quiero preguntarte… hay tanto de qué hablar.

—Tk…— juntó ambas manos en su pecho, insegura, —Yo… también tengo mucho que decirte. Cosas que involucran nuestro mundo como el Digimundo. Cosas que involucran todas nuestras relaciones…

—Kari… tengo una idea, ¿me ayudarías?— mi voz parecía haber retomado su usual carisma. Inclusive solté una gran sonrisa para engañarla.

—Mientras que no sea algo indecente, Takaishi— me dijo imitando la voz de Hibiki, lo cual me hizo reír, —No, en serio, ¿de qué trata?

—¿Qué te parece si hacemos esto tal y como un cuento de hadas?— le propongo, robando sus manos para colocarlas con las mías al estar frente a frente. Se sonrojó por el prospecto, —A lo que voy es, vivamos este momento como si fuéramos parte de un mundo de fantasía. Es imposible no desearlo al estar dentro de esta mansión. Tú eres la princesa y yo el príncipe.

—¿No querrás decir sirviente?— una sonrisa pícara invadió su la comisura de sus labios, recordándome que soy un pobre chico de dieciséis años con deseos no tan puros, —¿A qué va todo esto?

—Ahora que lo pienso eso sonó muy vergonzoso— solté una risa nerviosa, camuflando mis pensamientos lujuriosos, al igual que mi mentira, —Lo importante es que te sientas como una princesa. No me importa si soy solo un extra, tengamos una noche mágica y, al dar las doce, como en todo cuento…

—Se acaba la magia— concluyó, —Me imagino a qué quieres ir con eso.

Asentí confirmando sus sospechas.

—Sé que hay un jardín por aquí con una cúpula, esas simples que parecen miradores en los malecones de playa. Me gustaría que nos encontrásemos ahí.

—La verdad no me sorprendería ver una cúpula real en este lugar, ¿por qué encontrarnos y no ir juntos?— comentó, —De acuerdo, te ayudaré. Tengamos una noche mágica. La próxima vez le pediré a mi hada madrina una hora extra.

—Vamos, no seas ambiciosa. Ah, eso porque uno nunca sabe, hay tantas personas que podríamos separarnos en cualquier momento— ambos reímos una vez más, rompiendo la incomodidad, —Rápido, que por lo menos debemos bailar una vez antes de que todo acabe.

Con eso dicho, empezamos a correr, sus tacos una vez más haciendo eco en el corredor. Yo delante de ella, ella atrás. Sentía como si me encontrara en un juego, era un juego más de pretender. Eso sería pan comido. Cayó en mi anzuelo, en mi mentira decorada con dulce azúcar. Fue como engañar a un pequeño niño. Mi corazón duele con tan solo saberlo. Con tan solo saber que cuando suenen las doce, esta pequeña amistad falsa también acabará.

Lo siento mucho, Kari. No sabes cuánto lo siento.

Al estar sumido en mis pensamientos, no me percaté el instante en el que llegamos al lugar prometido. El decorado, los cristales, las esculturas de hielo. Definitivamente esto le debió haber dolido al comité organizador en el bolsillo, a no ser que Anzu haya aportado, que lo creo probable, es capaz de sucumbir a las peticiones más locas cuando se encuentra bajo presión para no decepcionar a nadie. Es ese el tipo de alma bondadosa que es.

Una vez más, intenté concentrarme en mis cinco sentidos para olvidar la crueldad que nacía en mí. Las personas que se encontraban en la entrada de la mansión eran aquellas que ya había llegado a su límite tras tomar todo lo ofrecido aquí, había absolutamente de todo. Debo desviarme, pensar en mi reciente adquirido fetiche de piernas no ayudará en lo absoluto. Es tan solo un juego, no es como si en verdad fuese a ser su príncipe azul. Tengo que verlo de esa manera. Después de todo, ese lugar lo ocupa Daisuke. Observé cómo sacudió su rostro para seguir inspeccionando. Una mistura de olores se abrió paso en mí, detectando todo tipo de comida. Los sonidos no me dejaban concentrarme en mi misión, abrumando mi corrupta mente. La electrónica reinaba, de vez en cuando con un toque de bachatas y canciones populares de occidente. En pocas palabras, una mezcla híbrida a la que muchos solo movían el cuerpo y la cabeza de acuerdo al ritmo que cada uno inventaba. Agregando mi pie, que empezó a ir de arriba hacia abajo por la tensión.

—Supongo que este no es tu tipo de idea de un baile sacado de un cuento, ¿o sí?— me dijo, arqueando una ceja al ver la pista de baile.

—Eso se puede hacer después, todavía tenemos un par de horas. No creo que se pasen así toda la noche…— mi respuesta no salió del todo convincente.

—¿Qué te parece si vamos a comer algo? Huele delicioso sea lo que sea que haya— propuso, empezando a caminar, —O quizás tomar algo.

—¿Estás segura de eso?— mi tono cambió a uno más delicado, quizás tomando en cuenta lo sucedido hace cuatro años atrás de forma inconsciente.

—Tk, estábamos en primaria. Por lo menos estoy segura que tu cuerpo puede aguantar mucho mejor el alcohol.

¿Así lo ve ella? Tras todos estos años de… enemistad. De mis jugadas hacia ella para que así dejara de depender… todo funcionaba a la perfección, yo aferrándome a la idea que aquello la había afectado tanto como a mí. Y ahora vengo a descubrir que ella es más fuerte que yo… que frustración. Frustración. Frustración. Frustración.

—Sí… solo estábamos en primaria— camuflé mi enojo con melancolía.

Antes de que pudiésemos decidir hacia dónde dirigirnos primero, me detuve en seco al ver rostros familiares acercarse a gran velocidad. Al estar mirando hacia la puerta, logré sujetar de los hombros a una distraída Kari para moverla justo a tiempo, antes que esa masa empezara a rodearnos como alguna clase de animal exótico. Era un miembro del equipo de baloncesto que se encontraba en nuestra misma clase, Kyou Yamazaki junto a los demás integrantes. No creí tener que ver su rostro justo ahora, interrumpiendo mi obra maestra. Mi divina tragedia. Mi honorable caída hacia las tinieblas.

—¡Takaishi, viniste!— exclamaba de manera alegre, en exceso, —Creímos que no la harías.

—¡Vamos a celebrar a lo grande!— dijo un extra más del círculo, —¡Vamos a tomar hasta desfallecer!

—Chicos, no creo que sea una buena ide...— el entusiasmo de los demás me interrumpían.

—¡Vamos, Takaishi! No te escaparás de nosotros.

Dicho y hecho, entre todos esos hombres, ignorando a mi acompañante como si fuese relleno, me toman de los brazos, jalándome en contra de mi voluntad, llevándome a las profundidades del tumulto escolar.

—¡Kari, la cúpula, no lo olvides!

Y ese fue el último grito que le di a Hikari Yagami, perfectamente seguro que no la volveré a ver en toda la noche. Parecía una súplica más que un recordatorio, llorando internamente para que vaya al lugar prometido.


: : :


Luego de las clásicas charlas sobre chicas, llegando a cierto nivel que me avergüenza recordar al igual que mis aportes sobre piernas, escotes y demás, logré divisar su cabellera castaña brillar entre las luces del salón. Se encontraba sentada en una mesa, charlando. En cierto rincón de mi corazón deseaba esconderme, huir, irme de ahí, correr hacia Fūka para llorar desconsoladamente en su regazo por mi cobardía. Por mis traiciones. Por la corrupta esperanza que transmito ante los demás. Tengo miedo. Mucho miedo que Kari se esté aferrando a mi falsa esperanza de hacerle creer esta fantasía de pesadilla. Estaba decidido en ir a hablar con ella pero, verla ahí tan sonriente, junto a Sakuraba y Mizuhara…

Un segundo, ¿Sakuraba y Mizuhara?

Sin tomar control de mis acciones, junté mis puños para ir directo hacia ellas.

Mi corazón empezó a palpitar, mi mente evocando terribles recuerdos. El momento en que la decepción se apoderó de mi cuerpo, dudando de ellos dos. Mi mirada llena de desprecio hacia Kari y Daisuke, creyéndolos capaces de semejante hazaña. Un encuentro apasionado en el almacén del gimnasio escolar, escenario común en los programas de televisión para adolescentes. Una vaga imagen se hizo camino en mí, Fūka abrazándome mientras contenía sus emociones, su ira, su bipolaridad. La duda me carcomía en ese instante, anhelando en cierto rincón de mi corrupta esperanza que la culpable del incidente sea ella una vez más, tal y como sucedió con los cigarrillos. Negando todo sentimiento positivo de mi alma, maldecí a mi yo del pasado por dudar de mi falso amor. De querer utilizarla como todos lo han hecho. De robarle su felicidad, inculpándola a causa de un torrente emocional inexplicable. Es por eso que al verlas, a ambas culpables, faltando una cabeza más, mi sangre empezó a hervir. Ya no hervía por mi frustración hacia Kari y su indiferencia al suceso de hace cuatro años atrás. Sino iba dirigido a Yumi Sakuraba, Tomoko Mizuhara y la ausente Anzu Hagiwara por causarle dolor a las dos personas que más atesoro en este cruel, frío e inhumano mundo.

—¡T-T-T-Tk!— escuché balbucear a la líder, la mente brillante tras el vil acto.

—Te estaba buscando. Al fin logré librarme de Yamazaki y los demás— dije fingiendo inocencia, para acercarme a su piel, sintiendo su frío hombro haciendo contacto con la palma de mi mano. No obstante, estar cerca a esas repugnantes mujeres provocó que frunciera el ceño con recelo, —Sakuraba. Mizuhara.

—¡Tk, todo está bien! Tan solo estábamos platicando— sonrió Kari. Su luz apaciguando la maldad naciente, —¿Ves?

—Sí, eso es todo— contesta Yumi jugando con uno de sus cabellos, —N-No es como si quisiéramos dejarte a solas con Hikari ahora mismo.

—Yumi…— me percato que Tomoko le dirige una mirada de fastidio, —Justo habíamos terminado. Muchas gracias, Hikari.

—N-No hay problema— murmuró, a mi parecer, confundida. Relajé la tensión en mis músculos al absorber su calidez en mi sombra, tomando en cuenta que empezaba a lastimarla por la presión. La castaña que atormenta mi existencia logra levantarse de su asiento a la misma vez que Sakuraba y Mizuhara, quienes caminaron sin mirar atrás, —Espero haberlas ayudado…

—¿Dijiste algo? ¿Segura que todo bien?— lancé preguntas al aire, deseando camuflar mi reciente pero creciente preocupación.

Un enredo de sentimientos florecía, provocando una red de condenas, sufrimiento, pesadez. De ahí nació mi frustración, al igual que esta necesidad de protección que le expresaba en las sombras, a la distancia. Mostrarla de manera directa demostró que aquella mecánica se hallaba oxidada en mí tras tantos años de ausencia, siendo solo utilizado en Fūka.

A quien también estoy encargado de proteger. Gran trabajo queriendo jugar a ser un alumno regular de día y un héroe bajo la sombra de la luna.

—Sí, no es nada importante— luego de una breve pausa, logra contestarme. Su respiración se encontraba entrecortada, su pecho levantándose para inhalar aire, estrujando sus pulmones con el apretado vestido. Mis ojos dieron con los canela suyos, que miraban fijamente el clásico reloj antiguo colocado en la sala principal entre los demás alumnos que daban las once de la noche —Si mal no recuerdo me debes un baile.

Una risa nerviosa escapó de mis labios. Mis ideas infantiles, rencorosas e ingenuas esfumándose de mi envenenado ser. Nunca puedo dejar de vivir en el pasado. Kari ha seguido adelante. Por más que se haya ocultado por un año la relación que llevaba con Daisuke, ella superó mis expectativas. Se logró liberar de las cadenas que la acusé de cargar, las de depender siempre de aquellas personas que la rodeaban, especialmente de su hermano mayor Taichi. Hace poco pude experimentar en su totalidad el mundo de las tinieblas. Aquél lugar al cuál tanto he temido por las queridas cosas de las cuales me ha apartado cruelmente. A diferencia mía, ella me guió con su luz a través de la densa bruma infernal que aplastaba como a insectos nuestras esperanzas. A diferencia suya, soy yo quién no ha cambiado en lo absoluto. Todavía aferrándome a torcidos ideales de justicia y dependencia. Soy yo quien depende de esa dependencia. Si Kari logra valerse, en su totalidad, de sí misma significaría perder mi razón de vivir, mi propia existencia desvaneciéndose.

De cierta forma, alegría brotó extendiendo sus alas a mí alrededor, susurrando e imitando las caricias de una dulce madre: Fuka podría alcanzar su felicidad y libertad. Siempre lo olvido por completo. Por más que desee velar por su felicidad la sigo rompiendo al igual que un vidrio, imposibilitándome encontrar los fragmentos necesarios para devolverlo a su antigua gloria y, si lo logro, nunca sabré que piezas van con cual, al igual que un rompecabezas. Por más que esta dependencia vaya a llegar a su fin, mi avaricia siendo saciada como una sedienta bestia, es la única manera en la que ambas chicas podrán ser felices.

—Lo prometido es deuda— mascullé, ocultando mi dolor bajo un antifaz mientras la guiaba al centro de la pista. A su propia perdición.

«Expón esa mentira que tú ves sobre aquella que yo observo, al igual que la mentira sobre tu 'propia felicidad'. Cuando eso suceda, rezaré para que tú y yo... encontremos satisfactoriamente el amor y felicidad que tanto buscamos. La felicidad que Hikari también busca.»

«¡Vamos, ten valor y aplasta tu eterno, incambiable destino en pedazos!»

En ese momento, sentí la magia del momento. Dejando a la despreciable de Tokiko. Ahogándome en el elixir que transmitían las palabras de Fūka, matándome para comprender su significado. Aquella débil mano, tibia, me ponía los pelos de punta. Sin poder contenerme, tampoco controlarme, aferré con ímpetu mi palma libre hacia su cadera, haciéndome uno solo con el vestido. Mi corazón deseaba escapar por mi boca para dejar el ridículo latir que sirve para mantenerme con vida en este retorcido, hermoso mundo. Me encontraba hipnotizado con su bello rostro, creyendo que si uno de sus tacos daba con mi pie esta inusual unión se acabaría, siendo imposible de volver a recuperarse al escapar del calor que me otorgaba su presencia.

Odio esto, Fūka. Odio todo esto. No obstante, me siento feliz arrebatándote de tu merecida felicidad, como si llenara ese espacio vacío que estaba inundado de soledad. Un vacío que solía estar lleno de esperanza, que ahora solo se llena al absorber la desdicha humana.

En eso, empieza una canción. Empecé a implorar que fuese electrónica, darnos una razón para que ella se separe de mí y así lograr comportarme, retornar a mi verdadero ser pero una vez más todo jugó en mi contra, esta noche siendo una conspiración ante mí. Balada. Una balada. Finalmente, Kari levantó sus ojos para dar con los míos, una mezcla de chocolate con canela se hundían en un profundo océano. Tras escuchar el cambio de música, todos los alumnos se retiraron de la pista. Solo unos pocos regresaron con sus parejas, sucumbiendo a la voz de Jason Wade del grupo Lifehouse. Los reconocí al ser uno de los grupos favoritos de Fūka. Ciertamente, no sé si describir la canción como una balada al contener algo de pop y rock, aun así esta canción siempre la vi de esa manera gracias a ella, una balada. Everything empezó, sumiéndome una vez más en el cuento que ambos habíamos accedido a crear. Al escuchar la voz sentí como se formaba un nudo en mi garganta.

Comencé a moverla de manera lenta, sonriendo de manera nerviosa al no querer pisarle los pies. Estiré mi brazo para que el suyo hiciera lo mismo, estirándonos, para girar y caer una vez más en mis brazos. Su espalda daba con mi pecho mientras yo apoyaba mi mentón en su hombro. Empezó a mecerse como si fuese una canción de cuna, nuestras manos entrelazadas. El palpitar de su corazón se mezclaba con el mío, formando una sola melodía, unidos como uno solo. Esta unión es hermosa y dolorosa. Sin percatarme la canción ya había llegado al coro, momento en el cual no tuve más remedio que pasar a la siguiente frase, mi aliento caliente dando con su oreja. La tensión se apoderó de la dulce Kari, pero mis manos siempre ganarán al abusar mi fortaleza como hombre.

Esta debilidad camuflada con mentiras debe pasar al segundo acto.

—Eres todo para mí, por eso te necesito. Tu luz es la única esperanza que queda— las palabras que escapaban de mi prisión eran difíciles de comprender, inclusive para mí. Millares de sentimientos que bajaban por un caudaloso río siendo una sarta de confusiones emocionales corriendo a toda velocidad en este, imitando a un tren bala sin control —Sé que me estás ocultando algo, estoy convencido de ello. Necesitamos de tu luz si deseamos salvarlos… por favor, quiero entenderte porque yo… yo…

Finalmente, su verdadero yo retornó a su cuerpo, su respiración delatándola. Sentí cómo mi pecho se levantaba de arriba hacia abajo, quizás así se siente uno cuando lo salva de ahogarse en el mar, estaba saliendo del océano en cual me sumergí al empezar el baile.

Acababa de cometer un error. Un grave error. Una sensación desconocida empezó a apoderarse de mi cuerpo. Un terrible temor se adueñó de mi sistema nervioso. Con una fuerza sobrehumana, ya que eso sentí al ser descomunal para el débil cuerpo que ella carga, se zafó a la fuerza de mis manos que la retenían. Cuando la canción se encontraba en pleno catarsis, detuvo nuestra fantasía. Los demás integrantes de la pista se detuvieron para observar al ser algo tan violento.

¿Pero qué he hecho? ¿En qué me he convertido? ¿Por qué tuve que emplear la palabra "necesitamos"? ¿Por qué tuve que soltar mis inseguridades sobre aquellas sospechas que tengo que algo me está ocultando? Sé que ella guarda algo de ese día en el Mar Oscuro pero… esa no era la forma correcta de preguntárselo. Perdóname, Fūka. Si no pude cumplir tu deseo, definitivamente este no se cumplirá dos veces.

—¿Kari…?— dije como si su nombre fuera lo único que quedaría para poder aferrarme a su luz.

—¡No estoy ocultando nada!— gritó desesperada mientras formaba puños para incrementar su caída emocional, —¿De esto se trataba? ¿¡De sacarme información!? ¡Pensé que… pensé que!

Olvidé una vez más en pensar en los sentimientos de alguien. Ahora veo todo con claridad. Estoy haciendo sufrir a Kari. Siempre la he hecho sufrir, y lo seguiré haciendo al no tener una forma correcta de detenerme. Pienso que lo hago por su bien mas al final todo recae a esa mentira que Fūka dice que vive en mí.

¿Qué he hecho todos estos años? Sufrimiento. Mi cualidad debería ser el sufrimiento, no la esperanza.

—¡Kari!— mis miedos fueron revelados, asustado a causarle más repercusiones de las que ya contaba tras mi largo reinado de maltratos y vergüenzas que le he hecho pasar toda secundaria, el murmullo y cotilleo reflejando mis pesadillas, —No es lo que piensas… yo solo quiero… hablar contigo.

—¡¿Y sobre qué!? ¡Lo único que haces es plantar más dudas en mí!

¿Qué me está pasando? ¿Por qué no me atrevo a dejarla ir? ¿Tan egocéntrico soy? ¡No quiero que piense eso! ¡No quiero perder esta pequeña semilla de amistad que estaba empezando a brotar! ¡Un simple deseo egoísta más! ¡Le prometí que esta amistad acabaría hoy pero no quiero que eso pase! ¡No lo deseo!

—¡Te equivocas! Es lo que menos quiero… no quiero… presionar mis sentimientos de esa manera.

—¡Mentiroso!— gordas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, manchando su vestido con agua salada. Observé el lirio de su muñeca, un par de pétalos habían caído, —¡Mentiroso!

Mentiroso… solo soy un mentiroso. Siempre lo he sido. Aquellas rosas se marchitaron por mis mentiras y crueldad innata. Esto no me hace mejor persona que Tokiko. Si ella estuviera aquí se encontraría maravillada con su creación, con este monstruo llamado Takeru Takaishi.

Este lugar que trajo alegría y dolor, un dolor que me atormentaba, que me afligía. La mejor opción que se me ocurrió fue lanzar una última súplica egoísta, incapaz de soltar mi única esperanza.

—¡Te esperaré en la cúpula! ¡Ahí estaré, esperándote!

«Después de todo, no es como si necesites un 'verdadero amor' una segunda vez»

No, no lo necesito. Mi 'verdadero amor' ha huido por la puerta, su otra mitad encerrándose en su cascarón gracias al pasado que la atormenta. Les he roto el corazón al no saber comprender lo que es el amor. Es la primera vez que concuerdo con esa mujer desalmada. Por eso mismo, no necesito un 'verdadero amor' una segunda vez, al nunca tener una 'primera vez'.

El reloj ahora apuntaba a las once y media de la noche mientras cubría mi cabeza como un cobarde.


: : :


Sumido en mi miseria, fui incapaz de ir a buscar a Kari. Resignado, me hallaba sentado en una blanca banca de madera, cerca de la prometida cúpula. Los arbustos de rosas que adornaban gentilmente su estructura solo evocaban una imagen en mi mente. Su cabello castaño siendo mecido por la ráfaga de su espléndida huida. Sus diminutos tobillos soportando los tacos al correr. Su rostro que reflejaba decepción. Dolor. Frustración. Traición. Coloqué ambas palmas de mi mano sobre mi cara, encorvando mi espalda para dar con mis rodillas. Los grillos cantaban una interminable melodía. La melodía del funeral dedicado a Takeru Takaishi. El monstruo que tanto deseó Tokiko había nacido. Iba a lastimar a Fūka, vivir el resto de mis días hiriendo a Kari. Conteniendo un grito seco, estrujar mis sollozos era lo único que me quedaba si deseaba atesorar el poco orgullo que me quedaba. Debo decirle adiós a estos falsos días de bellas mentiras sobre amores y amistades, sin socorrerlas de ahogarse en el más oscuro océano de mi espíritu.

Un llanto asimétrico deseaba escapar de mis labios. La divergencia creada por la luz de la luna me atormentaba. Una historia real y otra ucrónica. No sé distinguir entre lo real y lo ficticio. Desearía tener opciones. Si las tuviera antes de actuar, podría saber si me dirijo al final feliz, a un final neutral o al peor de todos. Esta es la noche en la que mis frías lágrimas se aferran fuertemente en mi alma, indicando el gran final de mi divina tragedia basada en simples observaciones. Observaciones que siempre hice. Esas observaciones que debieron volverse en acciones. Si tan solo hubiese actuado desde un inicio en vez de atormentarla, en vez de herirla, quizás nuestra amistad pudo haberse enmendado. Estas esposas invisibles que nos unen como criminal y policía, estas cadenas que cargamos plantadas a un pasado del cual no podemos escapar. No sé si pensar que es una bendición el hecho que sean inoxidables, o una bendición que parezcan estar creciendo en distancias.

Ver tus ojos llenos de agua reflejando nuestra unión eterna fue suficiente para percatarme que no poseo valor alguno. No soy fuerte. Tampoco valiente. Solía serlo. Desde que conocí a Fūka comprendí que no puedo controlarlo todo. Esas marcas en su cuello son origen de mi descuido. Tokiko me enseñó que no puedo salvar a todos con creer, con fe, con esperanza. Creemos tener control de la situación pero algo siempre escapa de nuestras manos. Kari y Fūka siempre logran hacerlo. Lo único que me queda es apegarme cerca a aquél deseo sin cumplir, ya que no sucederá dos veces. Desear por un milagro que funcione una sola vez tan solo hará que se repita esta tragedia. Si no puedo actuar y tampoco pedir apoyo a milagros, no queda esperanza alguna. Mi corazón está cosido a este mundo de desamor y agonía.

Los sueños y amores que fueron heredados de aquella lejana promesa, ¿eran por el bien de quién?

En plena soledad en el jardín, los pétalos empiezan a danzar por la ventisca creada bajo la luz de la luna mientras ruego por perdón. Por el perdón de Kari, por el perdón de Fūka. Por el perdón de Daisuke, por el perdón de Taichi. Por el perdón de Mihara, inclusive por el perdón de Akira. Les he fallado a todos. Daisuke confiaba en mí tras tantos años de enemistad con Kari. De pequeños, Taichi me encargó velar por Kari para defraudarlo a los doce años. A Mihara le prometí que no permitiría que su hermana mayor volviera a lastimarse. A Akira por igualarme a él al no saber cuidarlas.

En este momento Fūka me cantaría una canción de arrepentimientos por mis pecados. Lo abrazaré fuertemente antes de que escape, fabricándolo. Este se reflejará en mi imaginación mientras planeo el inicio de mi final.

—Resistir el dolor para hacerle el bien a alguien que te importa. ¿No se trata de eso la vida?

Una silueta apareció en la oscuridad. Su esbelta figura decrecía cuando la luz se abría paso para revelar su apariencia. Sus delicados pasos daban con el césped, ramas rompiéndose al establecer contacto. El aroma de su perfume me dio a entender que se trataba de una mujer. Jamás creí que sería alguien totalmente inesperado. Mai Kanzaki se encontraba frente a mí, observándome con aquellos ojos color ámbar casi inspeccionando mi interior. Me sentía desnudo ante su mirar clarividente, dejando mi alma desnuda y expuesta ante ella. Un vestido de lavanda claro era su elección de esta noche. Su cabello azul marino siendo sujetado por dos coletas que descendían en sus hombros.

—Resistir el dolor para hacerle el bien a alguien que te importa. ¿No se trata de eso la vida?— repitió con una voz pausada, como si fuese un niño de preescolar sin comprender las palabras de su maestra, —… eso creo.

¿Mai? ¿Qué hace ella aquí? ¿Cómo me encontró? Estas preguntas son lo de menos. Debo analizar la situación, seguirle la corriente. Después de todo, Mai es algo… única, por así decirlo a diferencia de su gemela Ai.

—La verdad no sé de qué trata la vida— respondí, conteniendo el nudo de mi garganta mientras mi nariz botaba algo de agua.

—Estabas pensando en algo muy fatalista… eso creo— ignorando mi respuesta, coloca un dedo bajo su mentón mientras ladea la cabeza. Tuve el descaro de imaginar un gran signo de interrogación en su cabeza, —Siempre lo has resistido, ¿por qué ahora no por un simple error?

—Quizás no soy tan fuerte como pensaba— resoplé, evitando soltar alguna brutalidad de la que me arrepienta luego.

—Transmites esperanza. Eres la esperanza que puede derrocar, superar y sobrepasar la más temible desesperanza… eso creo— dice cerrando los ojos, meditando al final como si no estuviera segura de sus palabras.

—Eso es lo que Hibiki cree. Es por eso que piensas eso— dije como si fuese algo obvio. Al ella y su gemela trabajar en el consejo es evidente que la han escuchado hablar de mí de esa manera.

—Hmm…— suelta un gesto reflejando su inseguridad mientras muerde sus labios y junta los brazos en su pecho, —Cuando ves a personas e inclusive cosas… trata de enfocarte en las cosas buenas en vez que las malas.

¿¡Qué tanto cree que sabe sobre esta situación para entrometerse!?

—Estás pensando que qué tanto creo saber sobre esta situación para entrometerme… eso pienso— mencionó mi pensamiento con tranquilidad, sonriendo al final.

—Es imposible enfocarme en algo bueno si todo está saliendo mal— escupí al jardín con molestia, incapaz de preguntar cómo así supo qué pensaba sobre ella, —Lo único que hago es engañar, mentir y traicionar.

—No confío en ella… pero aun así quiero creer en ella— sin borrar una dulce sonrisa, se agacha para estar a mi altura en la banca y tomarme de las manos, —Creer yace en el corazón de ese conflicto. Creer sin dudar… es tan solo una mentira.

—No… no te entiendo— quería separar sus dedos de los míos, pero ella los sostenía con fuerza.

—Sabes que algo se te está ocultando. Quieres creer que no es así pero dudas de ella. Echándote una culpa invisible, buscas un culpable que acabará en un interminable espiral. Dudas pero quieres creer— abriendo sus ojos, el ámbar se mezcló con mi azul, —Eso creo.

—Pero…— Mai interrumpió mi tren de pensamientos al colocar su dedo índice en mis labios, sonrojándome.

—Cuando ves a personas e inclusive cosas… trata de enfocarte en las cosas buenas en vez que las malas. Piensa fuera de la caja sobre esta situación… incluso si me traicionan una vez más, quiero seguir creyendo en los demás. No importa cuántas veces me traicionen… todavía quiero seguir creyendo en los demás— soltando un suspiro, finalmente se aleja de mí.

—Kanzaki… ¿por qué viniste a decirme todo esto? ¿Cómo me encontraste?— murmuré, atontado.

—¿Hmm?— volvió a colocar un dedo bajo el mentón, su cabello siendo mecido al ritmo de su cabeza, —Tenía hambre y me perdí… eso creo.

—Eres rara, ¿lo sabías?— dije en derrota, —No tengo el valor suficiente para enfrentar las cosas como lo haces tú.

—Pero conoces el rostro del valor, ¿por qué no le pides ayuda?— sus ojos se tornaron serios.

Soltando una risa nerviosa, además de burlarme de la inusual situación, me rasqué la parte trasera de mi cabello. Empecé a analizar sus palabras con cautela. Algo me decía que no continuaría su implacable búsqueda del comedor hasta que lo hiciera. Las únicas dos personas que venían a mi mente eran Kari y Fūka. A ambas las he traicionado innumerables veces. Una lo afirmó por el teléfono. Ella igual dijo que estaría a mi lado haga lo que haga. Por más veces que la traicione, nunca va a dejar de creer en mí. Fūka jamás va a dejar de creer en mí, eso lo tengo claro. Ella deposita sus pocas esperanzas en mí. Por el otro lado, acabo de recuperar la confianza de Kari, solo para destrozarla con una bala llamada palabras. Por más que sea una traición de confianza mutua, quiero seguir creyendo en ella. Creer sin dudar es una mentira. Para creer en alguien debo de dudar de sus intenciones. Eso es lo que ha hecho Kari. Dudó de mis intenciones por miedo. Yo dudo de sus intenciones por temor de creer en ella.

¿Qué es lo que he hecho? ¿Cómo pude dudar que no apareciera en la cúpula? Sé que vendrá. No pienso caer en la oscuridad. Si soy la esperanza debo de creer en mi propia esperanza. Dudé de ella por temor a creer y acabé aquí. Si mi esperanza deja de brillar sus corazones jamás sanarán.

Levanté el rostro, mirando la cúpula que se encontraba a pocos metros de distancia. Mai seguía de pie, examinando mis acciones. Al percatarse que me puse de pie, sin dejar de admirar el lugar prometido mientras mis ojos brillaban con determinación, ella colocó una mano en su pecho en señal de alivio. Suspirando, cierra los ojos. Ambos decididos, estábamos a punto de tomar diferentes caminos, hasta que alguien más apareció.

Ai Kanzaki corría en su vestido negro, con una respiración agitada.

—¡Mai! Conque aquí estabas…— sin aliento, apoya sus manos en sus rodillas, su rostro siendo cubierto por el mismo color de cabello que su gemela. Al tener esta noche el mismo peinado, la única diferencia era el vestido junto a los tonos de voz, —Finalmente encontré a Hikari… ¡Oh, Takaishi!

—Ai… tengo hambre… eso creo— dice sonriente la otra, yo todavía sin comprender del todo la situación.

—Vamos al comedor, ahí podrás comer algo— con alegría, Ai toma de los brazos a Mai.

—¡Yay, comida!— de manera pausada, Mai levanta un brazo en el aire como símbolo de emoción, no sin antes dar media vuelta para dirigirme unas últimas palabras, —Desconfiar de un amigo es mucho más vergonzoso que ser traicionado por ese amigo, ¿sabes?

—¡Mai! Mide tus palabras— la resondra Ai, quien decide hacer lo mismo, mirándome, —Aquella voz llena de dolor se encuentra cantando a la distancia, dirigiéndose a el jardín dorado, ¿qué decisión tomarás?

—¡Ai, Ai, Ai! Tengo hambre…— con un pequeño último puchero, ambas desaparecen a la distancia, —Todavía estás a tiempo… o eso es lo que creo.

Ahora en plena soledad, confundido mucho más de lo normal, trato de encajar las piezas de este interminable rompecabezas hecho de fino cristal. No es momento para pensar en las gemelas Kanzaki y sus frases con doble sentido. Es momento de ir hacia ese lugar prometido para acabar con esto de una vez por todas. De este vil acto de pretensión. He hecho terribles cosas desconfiando de Kari y de Daisuke, mucho peor que una traición. De intenciones, de propósitos como el día que quedaron encerrados en el depósito del gimnasio. Inclusive desconfié de Fūka, a quien he traicionado innumerables veces en este año. No pienso volverme en una persona como Akira. Menos como Tokiko.

Kari, estoy yendo por ti. No quiero seguir mintiéndote. Diré la verdad y solo la verdad.

Dejando esos pensamientos en el viento, ignorando el sonido de mis zapatos en el jardín, me sumía al rítmico latir de mi corazón. Me sentía invencible, que podía hacer lo que sea, inclusive volar si lo deseara. Por algún motivo empecé a sonreír, inclusive a reír de alegría. Las cadenas que ataban mi corazón habían sido liberadas, mis dudas desaparecían como una simple bruma al llegar la noche. Finalmente había tomado noción de todo. Siento como mi esperanza ha vuelto a brillar, iluminando el camino que debo de seguir. Este conflicto está a punto de terminar, lo puedo sentir. Algo nuevo está por empezar, algo nacerá, es el inicio de un nuevo futuro para todos y seré yo quien lo empiece.

Di un gran respiro, sintiendo el olor de todas las flores ingresar a mi cuerpo antes de adentrarme al mágico laberinto que me separaba de mi objetivo. Al final se podía observar la famosa cúpula. Ignorando a las parejas que se encontraban en pleno éxtasis de su amor, recorría el sitio, sintiendo con las yemas de mis dedos las hojas y pétalos. Empecé a reír en voz alta por el simple hecho de pensar que una vez que saliera de aquí podría rehacer mi vida. Tantas cosas que decir, tantas cosas qué hacer. A lo lejos, el reloj indicaba que faltaban pocos minutos para las doce. Si no me apresuraba es muy probable que la magia del momento se acabase, aquella magia en la que dejé de creer y volvió gracias a las palabras de Mai. Respirando de manera agitada, jugaba con las paredes florales sin disminuir la velocidad, como si fuese un juego de niños. Las cadenas que me ataban a aquél acto de pretender se rompían hoy. Mi cuerpo extrañaba esta sensación de libertad, como si mi alma original hubiese vuelto. Con tan solo ver la salida, mis ojos brillaban con anticipación.

A tan solo pocos metros de la cúpula, tras salir del laberinto, me detuve para recuperar mi aliento. El lugar prometido se encontraba iluminado, un perfecto lugar designado para un perfecto final. Todo se me hace tan claro ahora, el mundo parece sonreírme de otra manera. Estoy tan cerca de recuperar ese tiempo perdido y crear nuevos. Preparado para este final. Emprendí mi camino, esta vez sin temblar, tan solo conteniendo el latir de mi corazón que retumbaba en mi interior. Tokiko no había vuelto a apoderarse de mis pensamientos. Debía continuar la historia del príncipe y la princesa que le prometí a Kari. Aquella idea de Fūka debía volverse en realidad.

Ahora me encontraba en su interior, hundiéndome en su blancura. Mis dedos empezaron a disfrutar de la textura de la malgastada madera que componía la cúpula. Podía sentirla en mi cuerpo, mis sentidos se hallaban en su máximo esplendor. Me apoyé en una de las barandas, observando el estrellado cielo, preguntándome si Fūka lo contemplaba también. Solo en cuestión de minutos Kari aparecerá y este cuento de mentiras acabará.

—Luego de tantos años… finalmente esto va a llegar a su fin. Por más que le haya prometido que las cosas volverán a ser como antes, volver a ser enemigos, cambiaré ese destino. Si empezamos de cero que sea de la mejor manera. Reivindicándome por todos mis errores. De esa forma, podré estar tranquilo. El mundo que Daisuke encontrará al despertar será el mejor de todos. Un mundo en el cuál yo no seré un obstáculo para su amor, retornando a nuestra inquebrantable amistad, apoyándolos. Él no es una mala persona y… si Kari lo eligió a él, yo siempre la apoyaré. Fūka me enseñó eso. Apoyo incondicional. Es mi turno de proporcionar ese apoyo—

Eché un último suspiro a la luna, implorando por un final feliz mientras unas flores doradas resplandecían.

El suelo de madera empezó a crujir. Mi corazón a latir. Mariposas aparecieron en mi estómago, temeroso a enfrentarla. Por más miedo que tuviera era hora de ser honesto con mis sentimientos. Dando un largo respiro, cierro los ojos para voltear y admirar a la dama que tenía en frente. Sus pies descalzos dando contra los clavos salidos, un pequeño charco de sangre ocasionado por heridas durante su caminar. Un cuerpo pálido tambaleante, una sombra que crecía al acercarse. Unos ojos pardos imitando a un pez muerto. Un largo abrigo azul la cubría. Las marcas de su cuello siendo admiradas por mi persona. Por último, su cabello almendra que solía ser largo se encontraba ahora casi pasando sus orejas, diminuto, casi como el bobo de un vestido, casi similar al tamaño del de la Luz de mi infancia salvo el detalle del acabado del corte. El prendedor que solía usar para sujetar parte de su pelo cayó rendido en nuestros pies.

—Fūka…

¿Qué está haciendo ella aquí? ¿Por qué…? Esto me pasa por no responder su llamado de ayuda, por solo escucharla hablar y hablar y hablar sobre sus sentimientos en vez de decirle algo. Definitivamente solo provoco sufrimiento…

«Aquella voz llena de dolor se encuentra cantando a la distancia, dirigiéndose a el jardín dorado, ¿qué decisión tomarás?»

—Las palabras de Ai fueron una advertencia… al igual que los ánimos de Mai— murmuré mientras retrocedía del andar de mi falso amor, —¿Qué decisión tomaré? No tengo derecho ni oportunidad de elegir algo en este momento.

Seguí retrocediendo, solo para que mi espalda chocara con la madera que me separaba de los arbustos con aquellas florecillas doradas. Ella se me acercaba mucho más, sus labios susurrando un nombre familiar. Un nombre que conocía a la perfección. Mi sangre empezó a hervir tras reconocer las tres sílabas que lo formaban.

—Akira. Akira. Akira. Akira…

¿Por qué tengo que ser como un reflejo suyo? ¿¡Por qué!?

Poco a poco, su cuerpo logró llegar hacia mí. Extendió sus brazos hacia mi cuello, pegando su busto contra mi pecho. Su aliento caliente erizaba mi piel al dar con mi mentón. Sus manos se entrelazaron detrás subiendo su rostro con lentitud para ir hacia el mío. No era capaz de escapar, tampoco me atrevía… y menos deseaba hacerlo. Me quedé como una estatua, complaciendo nuestros deseos animales. Su soledad envolviéndola y mi necesidad de afecto corrompiéndome. La distancia entre ambos disminuía. Deseaba hacer algo, lo que sea. Pero no creí que llegaría a abrazarla, siendo yo quien avance para separarme de la baranda, y así cerrar el trato.

Mi primer beso fue con Fūka Hinanawi. Un beso que pude haber evitado. Un beso en el cuál contribuí al satisfacer mis deseos. Un beso que me encontraba disfrutando.

La pasión, el énfasis que le puse fue suficiente para que cayéramos derrotados al suelo, ella encima de mi cuerpo, respirando violentamente dejando un rastro de saliva por detrás. Sin poder contenerme, sostuve su cabeza para volver a sentir sus labios contra los míos. Ella todavía sumida en su pasado creyendo que soy Akira. Yo aprovechando de la situación por el dolor que abunda en mi corazón deseando escapar de mis problemas, ingresando mucho más de lo permitido al sentir sus dientes separarse, cediéndome el paso.

Quiero darle el amor que escapa de sus dedos pero, ¿acaso aquello significa que estoy enamorado de Fūka? ¿Este es el amor que debo darle? Si no comprendo lo que es el amor pero a la vez estoy enloquecido por él, ¿qué significa?

Recorría su frágil espalda, mi lujuria rogando por arrancarle el abrigo. Fui por los botones con euforia, incapaz de seguirme conteniendo al tenerla bajo las palmas de mis manos al encontrarse en ese trance. La estoy utilizando. Utilizando como todo el mundo lo ha hecho y, por algún motivo, no me siento del todo culpable. No, no me siento culpable en lo absoluto. Solo me importa poseerla, como un objeto.

Tuve la bendición que el sonar de una ambulancia me sacara del fervor causado por hormonas junto a adrenalina, salvándome de sucumbir a una tentación de la cual me arrepentiría el resto de mi vida. Podía escucharla resonar por el jardín. Bruscamente empujé a Fūka, separándonos con furia. Ahora me encontraba tratándola como un despreciable animal, alejándome de ella como si fuera a contagiarme con sarna. No obstante, la patada que le di para escapar de sus encantos, hicieron que su cabeza diera directo con la madera, perdiendo la conciencia.

—¿Fūka?— pregunté como un idiota al verla inconsciente contra la baranda mientras la ambulancia sonaba de fondo. Proseguí a tocarle la muñeca, —Tiene pulso. Está viva… gracias a Dios.

Dejándola un instante, corrí hacia el otro extremo de la cúpula para divisar el escándalo. Un muy mal presentimiento se apoderó de mi cuerpo, de mi corazón. Deseaba salir volando por mi garganta. Tuve que colocar ambas manos sobre mi boca al ver quienes subían a la parte trasera mientras las luces rojas iluminaban la profunda oscuridad que nos rodeaba. Su corto cabello castaño que se movía incontrolablemente por su desdicha. Un cuerpo siendo subido a una camilla, proporcionándole medicina. Alguien estaba herido. Kari estaba yendo al hospital. Algo le ha pasado. Tengo que ir. Tengo que confirmarlo.

Tengo que saberlo.

Quise salir corriendo, hasta que una respiración me paralizó. Mis emociones una vez más estaban actuando por su cuenta. Todavía tenía un asunto pendiente más por resolver. No pienso ser un alma despiadada una vez más esta noche.

El reloj dio las doce, rompiendo la magia que jamás tomó lugar junto a una cálida y fría nevada.


: : :


Jamás imaginé que el cuerpo de Fūka pesaría tanto. Su tranquila respiración me aligeraba el corazón mientras cruzaba la esquina que me llevaría al complejo de departamentos en el que vive. Al encontrarse en el primer piso, agradecí no tener que subir escaleras ya que, por más moderno que fuera, no contaban con un elevador. Cada apartamento era de gran tamaño, casi aparentando ser una casa de un solo piso. He podido comprobarlo al quedar a pasar la noche innumerables veces en el pasado. En ese momento, anhelé haber traído una copia de las llaves. Siempre tengo una por casos de emergencia. Lo que menos deseo es despertar a Mihara y repetirle la misma escena de dos meses atrás. Yo, con su querida hermana en la espalda.

Mordí mis labios mientras extendía mi mano. Mi dedo dio con la fría superficie del botón del timbre. Era la segunda vez que deseaba huir antes de que me abrieran una puerta. Primero al recoger a Kari. Ahora en dejar a Fūka en casa. La acomodé en mi espalda de nuevo, su brazo cayendo al estar sumida en un profundo sueño gracias a mi patada. Sacudí el rostro, mi terno manchado por la tierra junto al sudor.

Mi piel se puso de gallina tal cuál escuche el sonar de las llaves tras la puerta. Mi corazón latía con furia. Algo no estaba bien. Me daban ganas de abandonarla tal y como un niño en la puerta de una casa y huir. Huir hacia dónde está Kari. Huir hacia el hospital.

—No poseo el valor suficiente para enfrentar mis problemas— me dije a mi mismo en voz baja, hablándole a la ventisca.

—Perfecto. Tenías que ser tú. Me voy por tres años y al abrir la puerta me doy con esta maravillosa sorpresa.

Mis fuerzas empezaron a debilitarse. Por un segundo creí que me desplomaría, Fūka cayendo al suelo. Fui capaz de mantenerme de pie, aquella imponente figura que tan solo era una sombra del pasado volviéndose en algo real. Cada vez que lo veo es como observar mi reflejo en un corrupto espejo. Él siendo más alto que yo, pero igual las facciones eran casi idénticas. Cabello negro como el carbón en vez que el rubio que cargo. Ojos esmeraldas en lugar de mis azules. Akira Hinanawi se encontraba parado frente a mí, con un mirada llena de rencor. Por más que deteste a este individuo, el sentimiento siendo mutuo, me sentía reducido a un mísero insecto. Una diferencia de cinco años entre nos.

—Tres años de abandono— mascullé, tragándome el miedo mientras examinaba los piercings que jamás se sacaba.

—No tienes derecho a criticarme— responde de manera fría, —¿Qué es lo que quieres?

La luz de la luna juega a mi favor, revelando el rostro de Fūka tras mis hombros. Los ojos de Akira se abrieron sin poder comprender la situación. Conteniendo su ira, sostiene con fuerza el marco de la puerta.

—Hermanita…— dice casi sin aliento, para luego retomar la compostura, —Tienes treinta segundos para decirme que carajo pasó o te jodes, Takaishi. Juraste qué harías un mejor trabajo que yo cuidándolas y la encuentro lastimada en tus hombros. Los treinta segundos empezaron a correr. De prisa, que no quiero despertar a Mii, joder.

—He hecho un mejor trabajo que tú. ¡Las abandonaste!— contuve mis ganas de escupirle en el rostro.

—Estoy conteniéndome por el simple hecho que mi hermanita está en tus hombros o estarías hecho mierda.

—¿Nunca te lavaron la boca con jabón para que dejes de decir groserías en cada oración?

—Quedan cinco— su pie empezaba a levantarse de arriba hacia abajo, exasperado.

—Llévatela. Ha sido una larga noche y tiene que descansar. No tengo tiempo para perder aquí contigo— me atreví a decir, con miedo en mi interior.

—¿Piensas huir de tu responsabilidad?— dice él mientras me quita a Fūka de la espalda, ahora sosteniéndola en sus brazos, observándola con cariño.

—No sería el primero en hacerlo. Tú huiste de tu responsabilidad por tres años. Deben de tener mucho de qué hablar, además de ponerse al día.

—Espero que esta sea la última vez que te veré en esta casa— masculla, antes de cerrarme la puerta en la cara.

Oh, no tienes idea de lo feliz que me encuentro al no tener que volver a hacerlo. Ahora admito que tampoco estoy enamorado de Fūka. No quisiera establecer un vínculo familiar con Akira. Creo que de todos los males, Taichi es el menor.


Hospital


Arribé agitado y confundido. Al ver la ambulancia estacionada afuera lo primero que hice fue ingresar corriendo, ignorando a las secretarias que pedían que me detuviera. Que era tarde. Que no era horario de visitas. Nada me importaba en ese momento. Tan solo deseaba verificar que Kari se encontrara bien. Maldiciéndome que debí haberla seguido en vez de sumirme en pesadumbre. Si la hubiera seguido, esto no estaría pasando. Si la hubiera seguido, mi primer beso jamás ocurriría. Inclusive lo disfruté. No tengo perdón alguno. Mi mirada desorientada leyendo placas, signos, direcciones, sin saber a dónde ir. Mis pies me llevaban, yo huyendo del frío aire acondicionado del hospital. La última vez que vine aquí fue para proponerle a Kari ir juntos a la fiesta. Ahora me encontraba desesperada en saber su paradero. Sin pensarlo dos veces, corrí en el único sentido que conocía a la perfección: la habitación del paciente Motomiya.

No obstante, se encontraba otro nombre en su lugar. Me quedé confundido, sin poder procesar la situación. Los kanjis se me hacían algo complicados de leer. Examiné cada uno con cautela, procurando no haber leído mal y que definitivamente dijera Motomiya. Por más que los viera una y otra vez, el significado no cambiaba.

—¿Fumizuki? ¿Quién se apellidaría "julio"? Shichigatsu sería la mejor opción por más inusual que sea, aunque usar el antiguo nombre basado en el calendario lunar es algo… diferente. A no ser que lo esté leyendo mal…— suspiré al final, para luego golpear con la palma de mi mano mi frente, —No tengo tiempo para esto…

Quise empezar a correr de nuevo, hasta que sentí una nueva presencia entre las tinieblas. Un desconocido se encontraba sentado en una de las sillas que daba contra la pared. Encorvado, su cabeza dando con sus rodillas mientras sus manos se hallaban juntas casi formando una plegaria, levanta el rostro para mirarme. Sus ojos plateados me examinaban, siendo lo único que brillaba en su oscuridad. Es muy probable que fuese un familiar de la persona que se encuentra aquí adentro. Agaché mi cabeza, pidiendo disculpas por mi rudeza.

—Si buscas al antiguo paciente está en el siguiente pasillo— su voz grave, pero a la misma vez suave y delicada, me toma por sorpresa, —Es por allá.

Aparentemente me estaba señalando la dirección pero la oscuridad no me dejaba ver con claridad a qué lugar se encontraba apuntando. Una ligera risa escapó de él, la situación pareciéndole divertida.

Agradezco la ayuda pero no me gusta para nada que se burle sabiendo perfectamente que no puedo ver.

—A tu izquierda. Date prisa, llegarás a tiempo— murmulla, para luego volver a hundir su rostro y suspirar, —Hermana…

Sí. Definitivamente no tengo tiempo para esto.

: : :

Empecé a correr en la dirección proporcionada por el extraño, para arribar a un corredor desolado. Caminé desorientado, queriendo regresar y destrozar al individuo, hasta que una pequeña luz iluminó mi camino proviniendo de un foco. Poco iba a saber que ella se encontraría en la puerta, preocupada, todavía con su hermoso vestido puesto. Su maquillaje algo corrido por lágrimas invisibles. Una vez más me encontré estupefacto. No tengo motivos para estar aquí. Tampoco la manera correcta de acercarme a ella. Menos qué palabras emplear. Mis sentimientos pateaban con fuerza la jaula en donde las aprisioné, liberándose de manera brusca junto a mi cuerpo que se dirigió a ella.

—Tk…— su voz salió como un susurro entre la oscuridad, enterneciendo mi duro corazón, —¿Qué estás haciendo aquí?

—¿Te encuentras bien, estás lastimada?— fue lo primero que provino de mis labios. Empecé a tocarla como si no hubiera un mañana, provocando a que me mirara extrañada con una pista de repugnancia, —Escuché una ambulancia y me pareció verte a lo lejos… corrí lo más rápido que pude y… un segundo, estás helada. Déjame abrigarte—

Le extendí mi negro terno, colocándolo sobre sus hombros. Parecía llevar una lucha interna al recibirla. Su boca temblando. Algo ha sucedido, algo sumamente importante.

—Daisuke despertó…

—… que Daisuke… ¿qué…?— retrocedí en señal de pánico, sin saber qué hacer, tan solo diciendo una ridiculez para escapar de la realidad, —¿En dónde se encuentra ahora? Voy a escribirle a los demás.

Al dejar de mirarla, tomé noción de la presencia de Taichi. Se hallaba demacrado, pero no lo suficiente para erradicar dicha mirada de odio que tiene reservada solamente para mí.

Al parecer soy popular con los hermanos mayores y sus odios incondicionales.

Kari señaló la nueva habitación en que lo habían puesto que se encontraba a mi lado. No me atrevía a hacer algo, tan solo sacando mi D-Terminal del bolsillo del pantalón. Ahora que lo pienso, pude haberlo usado para comunicarme con Kari cuando nos perdimos de vista. Soy un imbécil. Aunque, ahora que lo pienso, ella no tendría como cargarlo, tampoco trajo alguna cartera a la fiesta. Una vez que finalicé un mensaje en cadena, la escuché tragar saliva fuertemente. Sin pensarlo, comprendí sus nervios.

Es sumamente cruel lo que voy a hacer pero, es la única manera en la que puedo compensar mi crueldad al darle algo de compasión. Le extendí mi mano, esperando rechazo. Aquella mano que la hace dudar una vez más, dudar si creer. Todo es una farsa, una mentira. Pero si esa mentira la ayudará a enfrentar la realidad que estamos a punto de afrontar, que así sea. Mentir una vez más o una vez menos, debería empezar a tomar cuenta de mis viles actos.

Ella respondió el gesto sin importarle la presencia de Taichi. Me acerqué a la perilla para girarla lentamente. Para nuestra sorpresa, no éramos los primeros. Tener a Ken ahí adentro me heló el cuerpo. Desde el día que fuimos donde Miyako he hecho todo lo posible para evitarlo pero jamás creí que sería de esta manera. Daisuke se encontraba reposando en cama, sonriendo, como si nada hubiese sucedido. Como si su coma tan solo hubiera sido una pesadilla o alucinación colectiva. Sus ojos empezaron a seguirnos mientras ingresábamos, por un segundo me pareció que su expresión cambió, como si hubiese observado algo inusual en nuestro comportamiento. La mano de Kari empezó a sudar, solo para que le diera un apretón más fuerte. Ken tomó noción de nuestra unión una vez más, salvo que prefirió el silencio al permanecer casi inexpresivo.

—¡Hey, Taichi, Tk! ¿Tanto me extrañaron que tenían que verme al despertar? Vamos, necesito por lo menos unos minutos para que el mundo se acostumbre una vez más a mi presencia.

Su risa. Con tan solo escuchar aquella risa despreocupada, Kari se separó de mí trayendo tristeza en mi corazón. Sus lágrimas fluían por sus mejillas, cayendo grácilmente al suelo de la habitación. El abrazo que le dio a Daisuke provocaba a que naciera la envidia y frustración en vez de alegría y regocijo. Hasta que lo inesperado pasó.

El abrazo no se lo había devuelto.

Kari se separó por un instante, tratando de analizar su mirada. Él parecía hacer lo mismo con la suya. Los googles que heredó de Taichi brillaban en la mesa de noche, Ken tan solo bajó su rostro que reflejaba frustración.

¿Qué está pasando aquí?

—¿Quién eres?

Esa pregunta trajo cuesta abajo todo un año de trabajo, de avance, de amor.

No creí que la reacción de Kari sería tan brusca luego de escuchar esa pregunta. Aunque, a quién engaño. Saber que la predicción de Ken se haría realidad, que Daisuke despertaría con amnesia y, encima, ser ella la única olvidada debe ser devastador. Observar cómo la luz se opacaba de su rostro tan blanco como la nieve hacía que tuviera ganas de hacerle recordar a golpes a Daisuke la identidad de su novia. Siendo honesto, no estoy completamente seguro de lo que debería estar sintiendo en este momento. Quizás esto pueda actuar en mi beneficio. Pensamientos oscuros apoderándose de mi mente. Por ahora, me dedicaré a observar.

Kari retrocedió de él, cambas manos sobre su nariz intentando dejar de llorar, fallando miserablemente en el intento. Retrocediendo torpemente, el vestido que llevaba puesto se mecía al ritmo de su cuerpo, brillando bajo la luz de la luna. Se sujetó a sí misma, nadie se atrevía a hacer algo. Hasta que sentí la penetrante mirada de Daisuke sobre mi cuerpo. La evadí pretendiendo estar sumergido en Kari al igual que mi evidente impotencia. Sus tacos resonaron de manera silenciosa en la fría habitación, complementando el blanco con el rosa pastel del vestido. Al no poder aguantar más, su retirada fue el motor para que la vida retornara a todos nosotros. El primero en actuar, en contrario a lo que pensaba, fui yo.

—Tengo que ir por ella…— mi alma escapaba cada vez que exhalaba algo de aire, —Esto no está bien… nada bien…

—Tk, no hagas algo que provoque que quiera darte un golpe mucho más grande de lo que ya deseo hacer— la voz de Taichi intentó ser la conciencia del lugar, —Además, tengo algo muy importante que hablar contigo—

—¿Justo ahora? ¿¡En qué estás pensando, Taichi!? ¡Tengo que… tenemos que ir por Kari!— antes de que pudiese escapar, el primer líder se aferró fuertemente a mi muñeca, —¡Déjame ir!—

—¡No alces la voz! Daisuke acaba de despertar, no creo que quiera más alboroto del que ya hay…—

Dejándome libre, creí que Daisuke medía mis acciones con cautela. Al no haber respuesta de mi parte, el silencio crecía con cada segundo que pasaba, Ken ganándose que mi berrinche.

Lo que menos quería era que Daisuke me viera de las manos con Kari. Lo que Kari menos quería era exactamente lo mismo, yo lo sé. ¿Por qué el destino es tan irónico? Al abrir sus ojos lo primer que ve entre nosotros es esta extraña unión, inclusive vestidos para la fiesta.

—Kari es fuerte, cree en ella. Además, siento que esta charla va a ser importante— la voz de Taichi me hizo volver a la realidad.

—Creer en Kari… de acuerdo, Taichi. Tú ganas— dije a regañadientes, aguantándome una protesta más.

Si hablar con Taichi de Dios sabe qué hará que deje este infierno, con gusto lo haré.

Salí de la habitación, no sin antes clavar mis ojos en Daisuke. Nos quedamos sumidos en un trance infinito, tratando de analizar la situación en el alma del otro con el motivo de encontrar alguna respuesta a la situación y su condición de chico amnésico. Al darme por vencido, los dejamos a solas.

Al estar ahora ambos en el pasillo, no pude evitar distraerme mirando el tintineante foco que me guió hacia Kari. Una luz guiando hacia la Luz. Algo irónico a decir verdad pero, ¿a quién voy a engañar? El destino tan solo juega conmigo y mis emociones, rebotando como una pared como si jugara ping pong de a uno. El silencio nos envolvía con sus frías caricias, recordando la nieve que empezó a caer en las afueras. Tener los ojos canela de Taichi sobre mí no se sentía del todo placentero, en especial sabiendo que deseaba asesinarme y fulminarme con la mirada. Incluso me daba pavor soltar un suspiro.

—¿Por qué no llevamos esto afuera?— su voz casi me hace saltar.

Eso me hace pensar a esas típicas líneas de niños matones contra sus débiles víctimas.

—De acuerdo— respondí lo más neutral posible. Millares de cosas han sucedido esta noche. Me cuesta creer que puedo fingir mi voz.

Empezamos a caminar por el desolado pasillo, nuestras pisadas haciendo ecos que rompían mis tímpanos. Él iba delante de mí, su cabello desordenado guiándome como solía hacerlo años atrás en el Digimundo. Deseando que fuera mi hermano mayor, llegar a ser como él. Tener la valentía que él posee y yo no. Si fuese valiente todo esto se pudo haber evitado. Esto no estaría sucediendo.

Pero no conocería a Fūka. Y me da miedo pensar que nadie la acogería de ese puente si no hubiese sido yo.

Al llegar a un lugar abierto, que no llegaba a ser el jardín de la cafetería que visité con Kari, empecé a investigar la zona. Quizás para planear un oportuno escape. Los arbustos de flores seguían ahí, bañándose bajo la luna y estrellas. Taichi no se atrevía a mirarme todavía. Los nervios empezaban a crecer. Hasta que unos pasos nos hicieron parar en seco. Volteé para ver de quién se trataba para darme con la sorpresa que era aquél muchacho que me indicó el camino hacia la habitación correcta. Lo único visible seguían siendo sus ojos plateados.

—¿Es esta la salida?— pregunta débilmente.

—No, amigo. Estás en el lugar equivocado— contesta Taichi con tranquilidad, —Tienes que seguir de largo, luego a la derecha.

—Oh, ya veo. Muchas gracias.

Mientras se iba, aprovechando mi confusión, fue cuestión de segundos para sentir cómo se desconfiguraba mi rostro. Sus nudillos eran mucho más duros de lo que hubiera imaginado, haciendo contacto directo con mi mejilla izquierda. Sentir aquella fuerza descomunal proviniendo de alguien que hace unos instantes parecía muerto sin motivo, fue suficiente para hacerme caer de espalda contra el concreto. Me sujeté la zona de impacto, esta creciendo como repercusión. El moreno sacudió su mano para luego soplar su arma predilecta.

—Eso se sintió bien— dijo mientras formaba una sonrisa burlona, —He contenido este impulso por tantos años. Un solo golpe no fue suficiente. Quizás te deje un trauma. Cada vez que te vea tengo derecho a darte un golpe.

¿Un trauma? ¿De un solo golpe? Sí, claro.

Taichi se lanzó hacia mí con un fuerte puño. Levanté mis brazos en reacción, cerrando los ojos por el miedo. Al no sentir nada dar contra mi cuerpo, abrí mis ojos sin bajar los brazos, para darme cara a cara con una risa contenida. Él empezó a explotar en carcajadas, sujetándose el estómago mientras retrocedía. Lo único que hice fue mirarlo con confusión, dudando si reírme con él o no. De a pocos, empecé a levantarme temeroso. El terno que mi madre había cuidado con amor se encontraba hecho una mugre.

—Sabía que funcionaría— secándose una lágrima de lo hilarante que le parecía la situación, Taichi logra contenerse, —Ahora cada vez que veas mi mano vas a pensar que te voy a golpear. Te digo, no pienso romper esta promesa. Temerás con tan solo escuchar mi nombre.

—Si son golpes lo que me quieres dar, adelante— extendí mis brazos, invitándolo a disfrutar del banquete.

—Nah. Es mejor utilizar el factor sorpresa— me dice, tratando de cambiar su rostro a uno neutral, —Quiero hablar sobre otra cosa.

—Bueno…— balbuceé temiendo a que me golpeara por indeciso.

Debería emplear esto con Akira… aunque dudo que funcione al él ser más alto que yo.

—Tk… han pasado años. Cuatro años siendo específicos. Hace cuatro años lastimaste a mi hermana— expresando seriedad, empieza a caminar alrededor mío, —Cuatro años de sufrimiento. Cuatro años de bromas pesadas. Cuatro años de dolor. Cuatro años de odiarte cada vez que se le escapaba una sola lágrima. Siempre me contuve por ella. No deseaba causar más problemas pero ahora todo es diferente. Cuando empezó a salir con Daisuke, cuando me anunció que eran enamorados… te admito que no sabía exactamente qué pensar.

Mientras movía sus dedos, permanecía en alerta.

—No era porque Daisuke fuera un mal chico, sino por el hecho que la tonta de mi hermana se demoró en darse cuenta que alguien sí la apreciaba. Él siempre estuvo a su lado luego de su estúpida fiesta de fin de primaria. A diferencia tuya, él fue capaz de decir esa palabra que le temes más que a mis puños: lo siento. Dos palabras tan pero tan sencillas que temes decir al romper ese maldito orgullo. Créeme que me está costando querer matarte. Y si lo hago pues… agradece que estemos justo en el hospital ya que hay más posibilidades de que salven tu mísera vida.

Quiero decir algo en mi defensa pero siento que no es el momento apropiado para hacerlo… no tengo pretexto alguno para justificar mis acciones. Si le cuento sobre mi plan todo caería. No puedo revelarle la verdadera identidad de Fūka.

—Volviendo al tema… no era porque Daisuke fuera un mal chico. Él siempre estuvo detrás de Kari y me alegró que le diera una oportunidad al muchacho pero… ella no lucía del todo feliz al inicio. Pensé que Daisuke la estaba lastimando también, hasta que un día empezó a sonreír más seguido. Empezó a sonreír, Tk. Para ella, ir a la escuela era un infierno gracias a ti. Ella comenzó a mostrar interés en ir a sus clases, radiante, alegre… ¿hace cuánto tiempo que no veía a mi hermana de esa manera? Años. Cuatro años. ¡Cuatro malditos años!

Yendo directo hacia mi camisa, ya que mi saco se quedó con Kari, me sostuvo contra una pared. Sus ojos llenos de molestia, sus ojos canela tornándose en frustración gracias a la malicia que sale de su corazón. Me estaba estrujando, mi vida colgando de un fino hilo. Me costaba respirar. Mi vista se empezaba a nublar. Ya ni sabía en qué pensar. Deseaba luchar mas no tenía las fuerzas requeridas para hacerlo, resignándome ante mi asesino. Pude sentir su aliento caliente contra mi rostro.

—¿Tienes algunas últimas palabras, Takeru?— una sonrisa despiadada se apoderó de Taichi.

Perdónenme, Kari y Fūka. No fui capaz de ser honesta con ambas. De ayudarlas de la manera apropiada. No fui capaz de cambiar. Tokiko tenía razón. Iba a terminar convirtiéndome en un monstruo.

—Ah, repito que qué bien se siente hacer esto— soltándome, logré recuperar mi respiración. Taichi se alejó, quedando al frente mío, —Te dije que no te iba a matar, ¿en serio creíste que caería tan bajo de matar a una escoria como tú?

Jaja, muy gracioso.

—Vamos, di algo. Me siento como un abusivo si permaneces en silencio. No me importa si son comentarios sarcásticos— dice arqueando una ceja.

—Sí, creí que lo harías— dije, todavía recuperando mi aliento.

—Cómo se nota que no me conoces, pequeño Tk— cruzando los brazos tras su nuca, no deja de mirarme, —Esos cuatro años han sido una tortura tanto para Kari como para mí. Ponte a pensar, ¿tú crees que a Yamato le gustaría ver el rostro de su querido hermano menor triste todos los días de la semana?

—Para empezar no vivimos juntos.

Dejando su posición, apretó su puño para lanzarme un golpe. Se detuvo antes de llegar, yo preparándome a recurrir a la cobardía de cerrar los ojos.

—Sabía que esto sería muy divertido— comenta mientras volvía a su posición anterior, —Nada de creerte ser más listo que yo. ¿Tú crees que le gustaría?

—No… no le gustaría— contesté, pensando seriamente en sus palabras.

—Exacto. He por ello que lo único que hacía era conversar con Yamato sobre este lindo tema. Supongo que han tenido charlas al respecto. Cosa que en este momento no me importa en lo absoluto. Al contrario de lo que pensé, Daisuke fue capaz de darle a Kari la felicidad que tú le arrebataste. Él la hizo recuperar su brillar. Inclusive hizo que… ustedes dos volvieran a hablar como antes. Que irónico. La persona que menos esperaba resultó haciendo millares de cosas que se me hacían imposibles. Realmente… admiro la fortaleza y lealtad de Daisuke.

La forma melancólica en la que dice eso… ¿hay algo detrás de esas últimas palabras?

—No quiero pedirte que me cuentes tus verdaderas intenciones. Solo hay algo que deseo pedirte y debes cumplir— reduciendo una vez más nuestra distancia, salieron unas frases que me costaron procesar, —Pídele disculpas a Hikari.

—Taichi… yo…— todo el tiempo que tuve para defenderme, decido hacerlo justo cuando me pide lo que más deseo hacer en este mundo.

—Silencio. Todavía no he terminado— me interrumpe, —Han vuelto a hablar. Han actuado juntos en una obra… ¡una obra que fuiste capaz de disculparte ante una esposa ficticia! E inclusive ahora han ido a una fiesta. Sé por ellos dos que tienes una enamorada. No sé cuáles sean sus circunstancias pero… una vez que le pidas perdón a Kari, aléjate de mi hermana. Aléjate de mi hermana y no vuelvas a establecer contacto con ella. Tienes una pareja, Tk. No creo que a ella le guste todas estas cosas hirientes que les estás haciendo a ambas—

Como siempre, Taichi dando justo donde más me duele.

—Haz que no sigan aumentando los años. Muy pronto este va a acabar en un par de semanas… para volverse en cinco. Van a cumplir diecisiete años, casi a un paso de arribar a la supuesta adultez. Tienes que resolver las cosas como un adulto. Sé que por más que te lo pida no vas a alejarte de ella. Después de todo… la luz y la esperanza no pueden estar separadas por un tiempo prolongado… o eso me dijeron por ahí.

¿De qué está hablando?

—Yo solo quiero lo mejor para Kari. Lo mejor que le ha podido pasar a Kari es Daisuke… y ahora él está con amnesia— golpeando la pared que se encontraba en mi espalda, sus nudillos poniéndose rojos por la frustración, hace un chasquido con los dientes, —No le arrebates la poca felicidad que le queda. No te interpongas en la restauración de su relación. Los vi entrar de la mano. Tienen suerte que Daisuke no lo recuerde pero yo si lo hago. Si Mariya… tch… no puedo usarla como ejemplo, no lo merece al tratarse de ti. Pero si alguien me hiciera eso al despertar, significaría el inicio del fin de todo—

—¿El inicio del fin de todo?— le pregunté sin comprender.

—Me refiero a que marcaría el inicio del final de todo lo que conozco. Imagínate despertar, pero esta vez con recuerdos, y ver a mi enamorada con un supuesto amigo que solían ser enemigos de las manos, ¿qué pensarías?

—¿Qué me ha engañado?

—No seas cojudo— me dice, lanzándome una sonrisa tenebrosa, —Perdona, me dejé llevar. No quisiera gastar mi insultos en alguien como tú. Como decía, qué pensarías y respóndeme con seriedad

Escuchar a Taichi insultarme hace que recuerde a Akira. Y eso no es para nada bueno. en especial con esa corrección.

—Pensaría que… estoy en un lugar en el que todos son felices. Que esas dos personas que estaban separadas, se juntaron durante mi ausencia… una ausencia que me parte el corazón.

—Por eso agradece que Daisuke no lo recuerde. Sino cargarías con esa cruz toda tu vida— me empuja un poco con el dedo índice, —Piénsalo bien. ¿Qué vas a hacer? ¿Alejarte de Kari o mantenerte a su lado?

—Pienso… pienso mantenerme a su lado. Ahora como el amigo que merece tener. Alguien que la apoye… y tú no me vas a detener—

—Bravo, Takeru. Bravo— empezó a aplaudir mis palabras, —Pensé que ibas a huir como un cobarde… cosa que últimamente has estado haciendo al no pedir disculpas luego de cuatro años e ignorar todas las maldades que le hiciste a mi hermana como es bello incidente de primero de secundaria.

Cómo olvidar el incidente de los cigarros.

—Si decides permanecer a su lado, te imploro que no intentes nada gracioso con ella— vuelve a amenazarme, sujetando mi corbata, —Sino ahí no vivirás para contarlo.

—Lo prometo…— suspiré para que él asintiera, —Y tienes razón… solo he sido un cobarde todos estos años…

Escondiéndome detrás de Fūka. Utilizando la máscara de la ausencia de Daisuke con Kari. Ignorar los sucesos. Buscar culpables invisibles… un minuto…

«Quieres creer que no es así pero dudas de ella. Echándote una culpa invisible, buscas un culpable que acabará en un interminable espiral.»

Las palabras de Mai retumbaban en mi cabeza, muchas más uniéndose en mi mente.

«Desconfiar de un amigo es mucho más vergonzoso que ser traicionado por ese amigo, ¿sabes?»

He desconfiado de mis amigos todo este tiempo.

«Pero conoces el rostro del Valor. ¿Por qué no le pides ayuda?»

Mai… Ai… ¿Quiénes son ustedes en verdad? Mai Kanzaki, ¿cómo sabías que conozco el "rostro del Valor"?

—Taichi… hay algo que quisiera pedirte— mis labios se encontraban secos.

—Oh, qué sorpresa. El rubio más popular del colegio pidiéndome algo— dice con sarcasmo sin soltarme, —¿Qué quieres?

—Efectivamente, solo he sido un cobarde… necesito ayuda… en comprender el valor.

—¿El valor? Pft… Tk, no me hagas reír de nuevo— mi pedido le causó gracia.

—Hablo en serio, Taichi. Si no comprendo lo que es el valor jamás podré enmendar mis errores. Podría terminar hiriendo a Kari de nuevo y… ninguno de los dos desea eso— apreté mis puños, mirándolo con decisión.

—Mira… Tk— suelta como si fuese algo muy obvio, —El valor no es algo que se aprende preguntando. Es algo que yace dormido en ti. Tuve que aprenderla a las malas. Esta terrible noche siendo un claro recordatorio.

¿Le ha pasado algo más?

—¿Entonces cómo se supone que yo…?— me encontraba perdido.

—Todos tenemos valor, Takeru. Todos lo tenemos. Inclusive la persona más cobarde tiene valor sea en sus ideales o qué se yo. Todos tienen algo en lo que aferrarse, esa siendo la fuente de su valor. Si deseas proteger algo harás lo imposible hasta lograrlo. Eso es valor. Enfrentar tus temores, eso es valor. Desafiarte a ti mismo, eso es valor. Tú también lo tienes. Siempre lo has tenido, inclusive en el Digimundo. Cuando Hikari me contó el momento cuando Piedmon les cortó esa cuerda… fue tu valor en creer que lo último que se pierde es la esperanza lo que logró salvarnos a todos. Si pudiste hacerlo una vez, ¿por qué no de nuevo? Puede sonar fácil. No lo es. Yo también creí que lo sería y Agumon salió lastimado. No fuerces tus ideales en los demás. Sé que estás tramando en algo, pero tengo el valor de creer en ti. El valor de creer que no le seguirás haciendo daño a Kari… porque me lo prometiste. Hasta una pequeña hormiga tiene valor, Tk.

—Taichi…

—Ahora vamos, que está empezando a hacer frío— con eso dicho, me sostiene del hombro mientras ingresamos de nuevo, —Además, tenemos que buscar a Hikari.

—Creo que la hemos hecho esperar mucho tiempo— me atrevo a decir, observando el cielo, —La nieve debe de estar por llegar a este lugar.

—¿Dijiste algo?— me pregunta, ahora también observando el estrellado cielo al igual que yo.

Hundidos en las estrellas, pudimos observar una luz. Una luz brillante, cálida, que se iba volando hacia lo más alto del cielo. Algo de esa luz me dio una muy mala sensación. La nieve había empezado a caer también.

—Taichi… tenemos que encontrar a Kari… pronto— le dije preocupado, observando su moreno rostro que se encontraba igual.

—No hay que perder tiempo— él asintió concordando conmigo.

Ambos empezamos a correr en el oscuro pasillo, implorando en encontrarla lo más rápido posible. Yo todavía pensando mientras se me iba el aliento por la velocidad.

Debo encontrar el valor que yace dormido en mi esperanza… de esa forma… quizás… logre descubrir todas las incógnitas que tengo en mente. Como si realmente amo a alguien. Saber por qué estoy siendo enloquecido por el amor. Comprender qué es lo que no puede ser visto sin amor… lo que no puede ser visto sin luz ni esperanza.


¡32 páginas, uff! Al principio debe haber sido súper repetitivo, lo siento. Tenía que poner el punto de vista de Tk para poder… no lo sé, entender un poco más su loca cabeza. Ahora he resuelto un par de cosas y planteado, de seguro, más incógnitas. ¡Perdónenme! He quemado cabeza con este capítulo. Espero que la charla haya cumplido sus expectativas… siento que quedó muy —meh—… o quizás lo veo así porque la releí varias veces. ¡En fin! Nos vemos, queridos lectores, en el capítulo 34.