Nota de Autora: Este es el origen. El origen de su nacimiento. El origen de mi constante jaqueca. El origen de su odio hacia mi persona por lo que voy a hacerle a esa luz. ¡Suficiente drama! Me picaban las manos hace MESES por escribir esta parte del Fic. ¡Espero disfruten este capítulo que marca el inicio de la nueva faceta de Hikari!
Dix - ¿Preocupado? Oh, quizás porque no actualizaba desde el 14 de Febrero. Como habrás visto fue por mi interna lucha con el capítulo. Tk es un manojo de emociones que hasta a mí me cuesta entenderlo a veces. Se me escapa de las manos su accionar. Hm, creo que se llamaba algo con —Destino—… no me acuerdo mucho. Voy a ver si lo público por aquí editado, jaja.
Ali - ¿En verdad te hizo latir el corazón así de rápido? Vaya, no creí causar tantos nervios/emoción cuando leyeran el capi. No te preocupes que yo a veces me enredo al explicar varias cosas. Lamento si Tk te decepcionó, todavía tiene asuntos pendientes con sus sentimientos y emociones. Tampoco soy feminista extrema y te apoyo. Les sacaría la… mugre si me hacen algo así, jaja. Sip, mi historia es compleja, pero no los quiero defraudar. Sobre Daisuke… depende de ti odiarlo o no (muahaha)
Capítulo 34: La Caída de la Luz
«¿Quién eres?»
Esto debe ser una mentira.
«¿Quién eres?»
Esta noche no es nada más que una ilusión.
«¿Quién eres?»
Lo único que he hecho es correr. Es a lo que me he dedicado desde la salida de la luna. Escuchar mis tacos haciendo eco en los infinitos pasillos del hospital, implorando por un único milagro. Que las palabras que escuché provenir de sus partidos labios, de una voz rasposa y seca que le costaba gesticular. Aquellos ojos que vi mientras me traicionaban a la distancia no estaban mintiendo. Él dijo mi nombre antes de caer. En mi mente no dejaban de partir sinfines de escenarios, creyendo que me perseguiría afirmando que mi temor era solo una broma. Que todo este año de amor, caricias, frases, sacrificios habían sido verdaderos. Que esa realidad no se volvería ficción. Que realmente podía ser feliz con alguien.
«¿Quién eres?»
Mi rostro se encontraba sumido en la tristeza, en los alaridos que mi corazón deseaba liberar. Con audacia, mi mirada daba con todas las señales posibles, deteniéndome por meros instantes. Podía escuchar el viento indicándome el camino al cual ir, susurrando gentilmente frases invisibles, invitándome a escapar de esta torcida realidad. Caminé, esta vez, como una autómata. Tambaleándome al mis tobillos no dar más con los tacones. Me daban ganas de arrancarlos, destrozarlos, romperlos con crueldad. La fantasía que me ilusionó, el cuento del príncipe y la princesa que siempre acaba con un final feliz, nunca se cumpliría en la cruda realidad que envuelve mi mundo. Mis deseos incoherentes llenos de conflictos se esparcen con cada paso que doy. Mi destino tan solo es una maraña de anhelos falsos, de emociones irracionales e infantiles, de una luz que no desea morir, aferrándose a la imaginación. Deseo saber la verdad. La oscuridad es lo único que me rodea.
«¿Quién eres?»
Empecé a respirar bruscamente al sentir el cristal de las puertas del hospital en mis palmas. Aquél frío vidrio que deseaba hacer pedazos y así incrustarme cada pieza en mi cuerpo. Asegurarme que sigo dentro de un sueño. Quizás me encuentro soñando despierta. Es imposible que Tk haya ido a la fiesta conmigo. Siempre hemos sido enemigos. Mi mortal enemigo. Un hombre que solo me ha hecho sufrir por años. No había motivo para bajar la guardia a su alrededor. Yo jamás cedería a sus encantos. Luego de todo lo que me ha hecho, es imposible que cediera a todos estos recuerdos que abundan en mi cabeza.
«¿Quién eres?»
Daisuke es el único que siempre ha estado de mi lado. El único que siempre ha estado a mi lado. Sus disculpas fueron genuinas. En ese momento supe que fue una tontería el haberme enojado con él también. Sin embargo, eso no era suficiente para apaciguar el resentimiento que mi alma había formado hacia ese despreciable y despiadado rubio que atormentó mi vida hasta ahora. Yo siempre tan cándida, dejándome llevar por la luz que presiento en los corazones de los demás. Mentiras, ilusiones e inclusive esta agonía que se esparcen hacia el infinito; quiero juntarlas todas, suave y dulcemente en la basura. Me he dejado engañar por esta luz. Esta luz que me ha guiado a falsedades. A creer en la gente equivocada.
A creer que las personas pueden cambiar.
Por creer en Tk entré en una fantasía. Por creer en la falsa amistad de Fūka acabé apuñalada. Solo puedo creer en mí misma. Daisuke se ha olvidado por completo de mí. Ya no me queda nadie más. No puedo contarle todo esto a mi hermano. Por más que desee acabar con esas dos personas, todavía hay calidez en mi interior que me impide realizar viles actos. Un corazón libre de maldad. Un alma pura. Eso se supone que es la luz. Algo omnipresente, que yace dormido. Algo que no puede ser visto a simple vista. Guiar e iluminar. Resplandecer.
Caí rendida hacia el concreto, la basta de mi vestido descociéndose por mis espléndidas huidas de los problemas. Yo no solía ser así. No solía ser impotente. Cuando me desprendí de Tk a los doce años descubrí que podía ser yo misma sin depender de él. Por más que sea torpe en millares de cosas, mi fortaleza lo compensaba. Pude sobrevivir el incidente de los cigarros en primero de secundaria. En eso, mi corazón empezó a latir con fuerza, pompeando mi sangre provocando que cubriera mi boca.
¿Quiero seguir llorando?
Si juntara mis lágrimas podría formar un océano. Un nuevo océano. Un océano en el cuál ahogarme. Mi único verdadero amor ha olvidado, borrado mi existencia. Si desapareciera no le importaría. La única persona a la que más aprecio, mucho más que a mi hermano, tiene su cabeza en blanco. Empezar desde cero sería en vano. He lastimado lo suficiente a Daisuke. Primero jalándolo a mi guerra con Tk por un repentino e inexplicable ataque de celos cuando esa corrupta Esperanza proclamó su relación con la Hipocresía personificada. Aferrándome a su Valor y Amistad, me dejé envolver en sus caricias por años. Jamás lo tomé en serio y, cuando lo hice, descubrí que había pasado por alto a una persona maravillosa. Una persona que me llevó a un mundo ideal, en donde creí haber recuperado mi amistad con Tk. Un mundo donde me hice amiga de Fūka. Un mundo en que los cuatro éramos felices. Mi comportamiento temeroso por evitar recordar aquellos días pasados era tan solo una máscara.
Hasta que pasó lo de la azotea.
Fūka iba a matarme. Me lanzó sin piedad. Todavía recuerdo sus manos jalándome el cabello, deseando arrancarme, estrujarme la vida con sus delicadas manos. Aquella risa desgarradora, escalofriante. Daisuke agonizando a la distancia por su herida en el brazo luego de que la Hipocresía abusara de él sin piedad. Cuando Tk y Hibiki arribaron, creí que serían mi salvación. Nuestra salvación. Algo salió mal. Sigo sin comprenderlo. Ella volvió a enloquecer. La película sufrió de imperfectos, mi existencia reduciéndose a una cruel cámara lenta de desdicha. El viento yendo en mi contra, mis dedos deseando aferrarse a las manos que empujaron sin piedad. Podría estar muerta. Si no fuera por el hombre a quien realmente amo.
«¿Quién eres?»
Un hombre que no recuerda el valor de su sacrificio.
Me agaché en desdicha, hundiendo mi rostro en el frío suelo que miles de personas pisan para ingresar al lugar que más he visitado este año. Los grillos cesaron su cantar, dándole paso a mi propio espectáculo. Empecé a llorar, a llorar como nunca lo había hecho. Una niña indefensa. Una chica de dieciséis años que se transformaba en un pobre bebé. Llorando por comprensión, por afecto. Por recuerdos que jamás recuperará. Por memorias que se crearon en vano. Por el hecho que Daisuke me vio ingresando de las manos con Tk. Por más que no lo recuerde, cargaré con esa cruz el resto de mis días. Ahora me estiré, mirando mi reflejo en la lejana luna mientras mis lágrimas ocasionaban una lluvia. Empecé a temblar por la fuerza que empleaba en mis pulmones al gritar mi dolor.
No puedo olvidar el día en el que nuestros corazones se tocaron; en los días de esperanza. Las palabras que intercambiamos ese día. El paisaje que vimos ese día. Las sonrisas que mostramos ese día. Los sentimientos que abrazamos ese día. Todo fue una gran, cruel y despiadada mentira teñida en malicia.
—Estoy aburrida de ser la Luz— sollocé, mis labios flaqueando por el torrente de emociones inestables, —Estoy aburrida de ser lo que soy. ¡No quiero vivir bajo mi Luz! He confiado en que me guíe. Que sea el determinante de mis acciones. De quienes confío. ¡Solo me ha traído dolor! La Luz sí puede vivir sin la Esperanza. ¡Detesto esta realidad! ¡Odio la ilusión que creé! ¡Odio ser la Luz! ¡Odio la Esperanza! Si alguien es capaz de cumplir milagros, ¡desearía que alguien se deshaga de mi Luz!
—Los milagros no son gratis. Cuando deseas por esperanza, esta crea una desesperanza equivalente. Es así como el balance de este mundo se mantiene. Pero oh, cierto. Lo que deseas no es esperanza, sino un pequeño milagro que no es gratuito.
Luego de tener mis ojos cubiertos por la oscuridad, observé unas malgastadas zapatillas. Tenía temor de levantar la cabeza, acudir hacia el origen de aquella desconocida voz que escuchaba mis lamentaciones. Los grillos no deseaban interrumpir el mágico momento que se estaba formando. El morbo no me lo permitió por más que esta mendiga Luz me advirtiera que huya. Esta vez, la ignoraré. Todas mis decisiones las he hecho basada en dichas suposiciones. Si no puedo desenredar estos hilos que me atan, tendré que cortarlos por la fuerza.
La luna que se extiende en el estrellado cielo del mes de Diciembre refleja la desesperanza teñida en carmesí. Unos ojos rojos tal y como la misma sangre que fluye en mis venas clavaban su mirada en mí. Mi llanto se detuvo como si aquellas dagas que clavaba en mí se lo ordenaran a mi sistema. Me costaba respirar. Mi cabello meciéndose por la repentina ventisca que sopló. Me examinaba de arriba hacia abajo, tal y como un espécimen recién descubierto. Quise examinar su faceta, solo para darme con la sorpresa que me encontraba paralizada, incapaz de mover la punta de mis dedos. Mis rodillas exigían estirarse, mi circulación siendo cortada al estarse durmiendo. Me pareció que una débil risa escapó de su boca. Como por arte de magia, el aire volvió a ingresar a mis pulmones.
—Eso te lo hiciste tu solita— rió alegremente al final, sus ojos sin perder ese inusual color.
Empecé a toser, tocando mi garganta. Parecía una persona con serios problemas mentales al encontrarme inspeccionando mi cuerpo en pánico. Unas descargas eléctricas fluían en mi interior. Deseaba levantarme, pero el pavor me lo impedía. Suspiré levemente, resignándome. Tan solo con la esperanza que esta agonía acabe pronto.
—Oh, siento esperanza en ti. Eso me gusta— su carismática pero, a la vez, sombría voz provocó que lograra verlo cara a cara, —¿Puedes entenderlo? La esperanza es una fuerza positiva… ¡todo creado por ella es un bien absoluto! ¿Por qué el odio?
Examiné su apariencia. Se trataba de un hombre, un chico que jamás había visto en mi vida. Deseaba, una vez más, fijarme en su aspecto pero algo me lo impedía. Oscuridad lo rodeaba, la oscuridad que deseo que se apodere de mi corazón.
—¿Quién eres?— logré decir, colocando una mano en mi pecho.
—Te digo si te agachas y lames mis zapatos.
Frialdad atravesaba mi piel con cada palabra que decía el misterioso hombre. Podía imaginarlo con una sonrisa teñida por la maldad, corrupta e incapaz de sentir piedad por otros seres humanos. Una persona que incluso no se considera a sí mismo un ser viviente. Dentro de mi corazón lograba sentir el vacío que abunda en su alma.
Los ojos de mi corazón comprenden silenciosamente.
—Cierto, ya estás agachada. Que torpeza de mi parte— se dice a sí mismo en decepción, —Mi identidad ahora es lo de menos. Si lo que deseas es un milagro es probable que pueda cumplírtelo. Aunque como dije, no vienen gratis.
—¿Cuál es tu precio?— balbuceé, cediendo a la tentación, borrando absolutamente todo de mi mente. Era incapaz de levantarme para escapar. Prometí ya no hacerlo. Prometí no volver a confiar en mi luz jamás.
—Vamos, hablemos un poco sobre la vida— agachándose un poco para estar a mi altura, seguía sin poder divisarlo con claridad. Sus ojos carmesí todavía fijados en mí, —Me gustaría conocer un poco mejor a esta persona antes de su gloriosa caída.
Me quedé en silencio mientras sentía cómo sus dedos recorrían mi rostro. Unos dedos congelados al igual que sus emociones. Pasaban por mis mejillas hasta mis párpados, tocando con deleite las huellas de mis últimas lágrimas. Su tacto me causaba repugnancia, recordándome el odio que siento hacia Tk, el odio que siento hacia la falsa esperanza que creó en mí. Eufórico, él emplea ahora ambas manos al sujetar por completo mi cara, mis ojos canela dando con la misma sangre que brillaba bajo la luna. Los grillos retornaron a su canción, agotados de generar el cruel suspenso que nos unía. Soltó un suspiro de aburrimiento al momento que opté por fruncir el ceño en molestia, demostrando que no cedería a sus caprichos. Al alejarse de mí, intuí que una sonrisa burlona nació en él.
—¿Cuál es tu precio?— repetí, ignorando la mecánica del cómo sería capaz de hacer lo imposible.
—Oye, oye… debes tener esperanza en que lo voy a lograr. Podrás tener una vida feliz— todavía de rodillas, logra leer mis miedos, —Pero más te vale saber que destrozaré tu idea por completo… al igual que esa hermosa fantasía en la que caíste.
—Una vida feliz no es nada más que una ilusión— contesté, mirando el suelo al recordar esta fatal noche, —Siempre tuve un buen comportamiento pero igual, aun así, mi mundo perfecto fue destruido por más que lo haya mantenido en óptimas condiciones. Incluso si dices que este mundo puede ser feliz. Incluso si todavía hay palabras llenas de odio, mundos llenos de odio. Incluso si pierdo ese sueño de vista, nada cambiará.
—Quieres decir que mientras haya odio nada cambiará… que si tu sueño de hacer que todo se restaure se pierde nada cambiará. Ese sueño infantil e inocente, un simple capricho al cuál te aferras… si no se encuentra la fuerza más grande de este universo jamás cambiará— analiza mis palabras, cerrando aquellos temibles ojos sumidos en la desesperanza.
—¿La fuerza más grande de este universo?— pregunté, todavía sin desear buscarle una explicación racional a esta peculiar situación.
—¡La esperanza, por supuesto!
Esperanza, esperanza, esperanza. A donde sea que voy me persigue. ¿Acaso la Luz no puede vivir sin la Esperanza?
—La Luz sí puede vivir sin la Esperanza— leyendo mis pensamientos una vez más, sus manos empiezan a acariciar mis mejillas, —La Esperanza es la fuerza motora de este mundo. Es un bien absoluto. Da lo mismo la luz, la oscuridad y la desesperanza. Cuanta más desesperanza haya, más esperanza habrá para contrarrestarla. Por eso, no me importa si esa Luz desaparece al solo estar enloquecido por la esperanza.
Permanecía en silencio, asqueada por su tacto. Una persona retorcida se encontraba lavándome el cerebro, convenciéndome de mis nefastos pensamientos. Ayudándome a cortar por la fuerza estos hilos invisibles que me atan a la sombra de un pasado. Quiero castigar a Tk. Quiero castigar a Fūka. Quiero que Daisuke me recuerde.
—No vas a ser capaz de cumplir tu cometido si sigues brillando con tanta intensidad— con alegría, se separa de mí, —Como dije, quisiera hablar un poco sobre la vida para conocerte antes de tu gloriosa caída.
Empecé a temblar por el frío. El abrigo que Tk me había proporcionado antes de entrar a la nueva habitación de Daisuke se encontraba tirado a mi lado. Probablemente cayó cuando me resigné ante mi vida. Los sucesos, el sufrimiento. Aquellas disculpas que tanto deseaba escuchar. Las traiciones que he causado. Los cuchillos que atravesaban mi oscuro corazón. Quería creer en ellos. No quería dudar de ellos. Creer sin dudar es una mentira. Esa frase es una farsa. Siempre dudaba, nunca creí y, por creer, acabé traicionada. Daisuke creyó en mí, yo creí en él. Yo lo guié hacia casi una muerte segura al involucrarlo con mi vida.
Las hojas de los árboles se mecían dulcemente, el contacto entre ellas recordándome a las melodías de los corazones bondadosos que me rodeaban. De supuestos amigos. Tantos años de soledad en secundaria por culpa de ese rubio que atormenta mis acciones. Creí que Fūka había sido el cambio en mi vida, que por más… diferente que sea, en su interior había una persona maravillosa. Solo para descubrir que, efectivamente, tan solo es una hipócrita de primera. Ella siempre sonriendo sin mostrar hipocresía.
Un rostro inocente lleno de maldad.
—¿Qué piensas sobre tus amigos?— su pregunta dio justo en el blanco de mis pensamientos.
—Los amigos no son nada más que las personas con quienes pasas tiempos divertidos, por más absurdos que sean— mis labios se encontraban secos, mi garganta implorando por agua, —Pero cuando esos tiempos se ponen difíciles, ellos no están ahí para apoyarte.
—Eso es. Es un primer paso. No niegues tu corazón— todavía arrodillado, pude sentir cómo sus congeladas manos se entrelazaban con las mías que se encontraban cálidas. Disfrutando su tacto, las acercó a su rostro. Empezó a olerlas con vehemencia mientras lo observaba en pavor, —Esta magnífica tragedia va a empezar.
—¡Suéltame!— chillé, mis amígdalas ardiendo por su inflamación, —¡Suéltame!
Soltando un gesto de sorpresa, el muchacho libera su presión para soltar mis manos. Pude haberme dedicado a explorar su rostro, tal y como él lo hizo conmigo y así, quizás, tener una referencia a futuro de su apariencia. Esta seguía sumida en las sombras. La luz de los faroles tintineaba, extinguiéndose al igual que mis esperanzas.
—Otra vez esperanzas. Qué maravilloso— su alegría no parecía morir pronto, —No era mi intención causarte repugnancia pero… ¿qué más puedes esperar de una basura como yo? ¡Estoy tan feliz de haber sido visto de esa manera por la misma Luz! Tan solo soy una piedra en su camino. Estoy dispuesto a ser aplastado millares de veces.
—¿Vas a poder cumplir ese milagro o no?— me daban ganas de escupir al suelo. Mi calidez se estaba muriendo, al igual que las luces de los faroles que nos rodeaban.
—Hay un par de preguntas más que quedan pendientes— dice como si fuese algo obvio, abriendo los ojos una vez más, —¿Qué piensas con respecto a tu corazón?
—Que no soy capaz de comprometerlo. Lo engaño y hundo mi cabeza en retraimiento— junté mis manos en diminutos puños contra el concreto, la tierra creciendo de la suciedad acumulada por el tránsito de personas que pueden controlar su destino, a diferencia mía.
—¿Crees que no puedes controlar tu destino?— aquél rubí da con mi canela, para luego devorar mi cuerpo con deleite, —¿Qué estás condenada a vivir con esa Luz que tanto daño te ha hecho? ¿Qué ha causado muertes? ¿Qué ha causado dolor?
Mi Luz causó la muerte de millares de Digimons. Wizardmon, el grupo de Numemons… y esa lista se actualiza.
—Y lo seguirá haciendo, te lo puedo asegurar— parpadea con inocencia, —¿Qué opinas con respecto a tu situación actual?
—¿Qué clase de interrogatorio es este?— pregunté asustada.
—Vamos… pensé que estabas dispuesta a dejarlo todo atrás y cambiar… este grupo de Elegidos realmente me decepciona. Todos viviendo de temores del pasado— suspira en derrota.
Miedo. Eso es lo que estoy sintiendo en este momento. Miedo de cambiar, de dejarlo todo atrás. De pretender ignorancia ante todos los sucesos que han ocurrido. Tener aquella imponente figura ante mi mirar no dejaba de plantar pequeñas semillas llamadas 'duda'. Sin la necesidad del naciente sol habían empezado a florecer, sus ramas extendiéndose para reemplazar dichos hilos que me esfuerzo en cortar. Si antes imploraba por una filuda tijera, ahora me sentiría complacida con una sierra eléctrica, la más poderosa, con sus punzantes dientes arrasando hasta la mísera raíz. Desgarrando el problema inicial.
—Ella estaría complacida de desgarrar tu pecho. Abrirlo hasta que el aburrimiento la consuma mientras tú pierdes la conciencia, entrando a un profundo sueño… siendo el sonido de tu cuerpo destajándose la canción de cuna que lleva a un fuerte letargo— una risa extravagante tomó posesión de su entidad. Su iris escarlata centellaba en delirio, —Estás cordialmente invitada a gozar de su diversión pero… estás demasiado tarde porque yo me encuentro aquí.
¿De qué rayos está hablando este psicópata?
—No me gusta esa palabra… has herido mis sentimientos— chascó mientras retomaba la compostura, para al final soltar un suspiro en derrota, —¿Es así como tratas a alguien que puede ayudarte a modificar tu mundo?
—Yo voy a modificar mi mundo— enfaticé, la seriedad apoderándose de mí, —Yo voy a modificar este mundo.
—¿En qué sentido?— ahora su voz se tornó inocente. Pude imaginarlo ladeando el rostro mientras colocaba un dedo al lado de su mejilla, reflejando pureza.
—Que ya no cederé ante el destino que tengo escrito— cerré mis ojos, analizando con seriedad mis pensamientos, —Siento que mi vida ha estado escrita… no, esa no es la palabra. Siento que no soy más que una actriz más en la obra de mi vida. Que tengo un papel, expectativas que cumplir. Mi rol es ser la Luz, iluminar caminos, ayudar y salvar a los demás. No ceder ante tentaciones—
—Como un ser celestial— asiente él, comprendiendo mis palabras, —Irónico que tengas un ángel a tu lado, siendo también tú quien cumple un rol similar ante los demás.
—Yo voy a modificar mi mundo. A partir de esta noche, dejaré este yo atrás— murmuré, convenciéndome, —Voy a hacerlo por mis propios medios, sin recurrir al milagro que me estás ofreciendo.
Tengo miedo de saber el precio. Ahora puedo pensar con claridad.
—Aww…— suelta un puchero mientras se levanta, volviendo a suspirar. Al parecer le encanta hacer eso, —Y yo que estaba tan entusiasmado al serle de utilidad a alguien… al parecer si siempre has sido una escoria, jamás dejarás de serlo.
—Es imposible conceder milagros— dije mientras intentaba hacer lo mismo, solo para fallar miserablemente al mis piernas no querer funcionar.
—Ciertamente… pero uno nunca sabe— aquellos ojos que me infestan terror volvieron a brillar con anticipación, —Soy una persona con mucha suerte, quizás pueda lograrlo. Y si no es así… cuanta más mala suerte haya, más buena suerte saldrá al final. A diferencia de la esperanza que puede contrarrestarlo todo… la esperanza que amo… ¡mi buena suerte es tan solo un insulto! Pero confío en ella. Nunca me ha defraudado. Por eso sé que podría lograr el milagro.
—¿Entonces qué estás esperando?— mi voz flaqueó, mis brazos congelándose, haciendo que me abrazara a mí misma.
—Dije que hablaríamos un poco sobre la vida… ese um… ¿cómo le pusiste? … Ah, cierto. Este 'interrogatorio' acabará pronto. No te desesperes, pequeña lucecita— su oración final no contenía una pizca de sarcasmo.
Está hablando en serio.
—¿Qué piensas con respecto a ese Valor y Amistad que tanto admiras?— retornó a su posición anterior. Sus zapatillas hicieron un estruendo al doblarse para volver a mi altura, tomando una vez más mis manos, uniéndolas con las suyas. Mis sentidos se encuentran alerta, inclusive el aletear de los lejanos cuervos parecían una orquesta en mis oídos.
—No la admiro…— bajé mi rostro, lágrimas de frustración formándose por más que haya agotado mis reservas minutos atrás, —Sé que amar es una palabra muy fuerte… pero estoy segura que… amo a Daisuke. Eso no cambiará. Esa parte de mí no la dejaré atrás. Es la fuerza motora. El aceite que moverá estos nuevos engranes que me retornarán a la vida—
—No hubo una semilla de amor desde el inicio— dice como si fuese algo obvio.
—¿A qué te refieres con eso?— abrí mis ojos en asombro. Si fuera una película de terror, se encontrarían perfectos para ser sacados con tenedores y así comerlos con gula.
—Tú sabes que desde un inicio no era real. Tan solo alguien más que se vio involucrado en tu guerra personal. Abusaste de sus sentimientos, como una cruel niña extinguiendo la vida de hormigas bajo las yemas de sus dedos. Sintiendo placer al percibir su suavidad. Su vida tan efímera… ¡ah, cómo desearía que abusen de mí de esa manera y serle de utilidad al mundo!— su respiración empezó a agitarse, mientras el carmesí se volvía oscuro, la desesperanza apoderándose de él una vez más, —Sería maravilloso.
Por más demente que luzca esta persona, sus palabras son un arma peligrosa para mi actual estado emocional. Esas lágrimas que se formaron terminaron de recorrer mis mejillas. Se encontraban a punto de gotear por mi mentón, hasta que él sujetó la última lágrima con su dedo. Se lo pasó por el labio, para al final metérselo a la boca, saboreándola. Junté mis manos en el rostro, asqueada por lo que acababa de presenciar. Los faroles seguían tintineando, su divergencia ocasionando que lograra ver con claridad aquél cuerpo sumido en la oscuridad. Por ahora noté que su piel era pálida. Mucho más pálida de lo normal.
Como si una enfermedad devorara su existencia cada vez que se movía la manecilla del reloj.
—Linfomas— su confesión me tomó desprevenida, —Pero eso no es todo. Tengo algo más pero si lo digo estaría revelando mucha información sobre mí, cosa que no es tan importante. La razón por la que estoy vivo es porque creo que hay esperanza… sin importar la situación o condiciones. Diría que también parte de mi buena suerte pero esa es una… mmmmm…. ¿habilidad? ¿Cualidad? Sea lo que fuese, es algo que no puedo controlar como me plazca.
¿Debería creerle?
—Eso depende de ti. Todos tenemos libre albedrío y no pienso interponerme— una cálida sonrisa se formó en sus labios, —Me emociona que muestres interés en un ser patético como yo pero tenemos asuntos mucho más importantes que discutir en este momento.
Traté de, efectivamente, desviarme del tema. Algo me decía que si seguía investigando de esta manera tan solo llevaría a un final para nada placentero. Esta persona está ofreciendo su ayuda. No sé de qué manera pueda ayudarme. Sacudí mi rostro, evocando recuerdos. Nuestro cerebro tiene la mala costumbre de retener todo tipo de memorias, siempre dispuesta a tirar del gatillo en los momentos menos deseados e ideales.
Tiene razón. Desde un inicio no fue real. Cuando le propuse a Daisuke ser enamorados de mentira, empezar este largo, tedioso y doloroso juego de pretender, tomé a la ligera su repentina confesión. Que probablemente todavía estaba enamorado de mí, que podría llegar a aprovecharse de la situación y si eso sucedía… que le diera una muy buena bofetada. Esbocé una pequeña sonrisa al recordarlo. El chico tuvo la osadía de sobar mi cabello cuando mostré alegría. Retorné a mis pensamientos, ahora yendo hacia sus caricias y halagos. Era lindo escuchar esas palabras todos los días. Hermoso, bello, perfecto. Un romance ideal e inocente. Todos esos tiempos que pasamos juntos durante cuatro años ahora se hacían nítidos, percatándome de su atención incondicional. Fue en ese momento que la semilla germinó a una bella flor.
—No hubo una semilla de amor desde el inicio— volvió a sonreír con felicidad, repitiendo sus palabras.
Me engaño a mí misma creyendo eso. No está mintiendo. Nunca la hubo. Solo lo utilicé y acabó de esta manera por mi culpa. Mi Luz siempre lastimando a quienes más quiero.
—Esta larga espera fue una prueba de tu fe en él. El amor es tan solo una ilusión— una vez más, lo imaginé ladeando el rostro, solo que esta vez, asintiendo a sí mismo al cerrar sus ojos rojos con calma, —Oh, cierto. Mentir es también otro de mis fuertes, ¿sabías? No soy muy bueno siendo honesto… es algo gracioso a decir verdad. Mis cuentos más falsos son los más reales. Por eso digo que depende de ti creerme o no.
—¿Haz estado jugando con mis sentimientos todo este tiempo?— mi sangre empezó a hervir. Traté de levantarme de nuevo, mis piernas fallando por enésima vez, —¡¿Esa ayuda que me estás ofreciendo es una mentira!?
—Vaya, tranquila…— levantó ambas manos para protegerse de mi furia, —Sé que mi talento es mediocre, además de costarme ser honesto… pero te dije que depende de ti confiar en mí o no. Está divertido conocerte antes de tu gloriosa caída. Ahora solo queda una última pregunta.
El viento empezó a rugir, revoloteando con fuerza mi cabello. El muchacho se puso de pie, extendiéndome su mano. Pude escuchar el sonido de los grillos, corriendo para ocultarse, mientras que la luna era cubierta por un gris telón. La nieve había empezado a caer aquí también, reflejando el llanto de mi helado corazón.
—¿Estás dispuesta a hacer ese cambio? De esa manera, vas a poder pensar en dónde puedes recuperar dichas memorias olvidadas. Salvarlo de su agonía. Ten en cuenta que ese milagro conlleva un precio. Sé que ser honesto no es lo mío, que la suerte tampoco juega en tu favor, y que estás por dejar caer la esperanza de la cual estoy embelesado. Pero ten por seguridad que será algo muy preciado para ti—
No pienso retractarme ahora.
—Estoy dispuesta— mi aliento se detuvo al acceder a mi egoísmo.
—Me alegro el haberte conocido antes de esto.
Aquella mano que me extendía se cerró. Asemejando la muerte de una frágil flor, imita mi posición ante el concreto, volviendo a entrelazar nuestras manos. Las luces de los faroles se encendieron con vehemencia, un gran destello iluminando mis alrededores. Mis ojos finalmente dieron con él. Finalmente supe de quién se trataba, con quién estaba hablando. Sin embargo, antes de que pudiera conservar su imagen en mi memoria, sus ojos carmesí me hipnotizaron. La luz se extinguió, reinando la oscuridad. El silencio nos unía. Su rostro cortando la distancia entre nos. Cerré los ojos por inercia, torciendo mi cara al lado opuesto. El roce entre nuestros labios cerró el pacto. Una pequeña lágrima rebelde escapándose en contra de mi voluntad. Al acabarse, me sentía igual.
No me importó el hecho de haber besado a un desconocido.
Su mano se colocó en mi pecho.
—Nadie va a ser capaz de profanar este cuento. Nadie podrá negarlo. Nadie puede argumentar en su contra. Solo entre nosotros dos, esta es la sola y única verdad— una vez más de pie, colocó ambas manos en su chaqueta, estirándola en ambas direcciones, riéndose tal y como un niño tras salir de su juego mecánico favorito del parque de diversiones, —No puedes comprobar algo que no existe, ¡la prueba diabólica* es la única verdad! Después de todo, ¡mi cuento más falso es el más real ante los demás!
Escuchando cómo sus palabras morían lentamente, empecé a retorcerme en el suelo. Algo deseaba salir de mi cuerpo. Dolía. Quemaba. Recorrí mi cabello con furia mientras mis piernas decidieron finalmente funcionar, pateando paredes inexistentes mientras permanecía echada como un demente. Deseaba gritar. Mi voz no salía. Gritos ahogándose en mis lamentaciones. Quería llorar. Lágrimas acumulándose en mis lagrimales. Esta sensación es tan temible como hundirse en las profundidades del Mar Oscuro. Un grito más deseaba escapar. Solo que esta vez, pude escucharlo en mi cabeza. Retumbando. Una y otra y otra vez. Algo cálido estaba escapando de mí. Abrí mis llorosos ojos, abrumada, para observar cómo una diminuta, frágil luz, huía hacia el estrellado cielo de Diciembre que se encontraba cubierto por las frías nubes llenas de copos de nieve. Un viento de nubes avivando su caída.
No estoy completa ahora. Una parte de mí se ha ido.
—Así que, por favor, ¡sufre en caminar! ¡Ahógate más y más! ¡Esta espiral de agonía es tu destino!— colocando su malgastada zapatilla sobre mi marchito vestido, aplasta mi abdomen sin piedad alguna, —Mi historia más real, es la que más falsa suena… nadie podrá negar esta noche… solo nosotros dos. Las pruebas se extinguirán. Nadie lo recordará. La suerte me ayuda en aquella esperanza que tengo de borrar estos eventos con fuerza bruta.
Antes de perder la conciencia, mis recuerdos de este encuentro esfumándose tal y como un rompecabezas al lograr su cometido, desarmándose con delicadeza, escuché unos pasos a la distancia.
—Al parecer se acabó la obra. Fue un placer conocer a tu yo real antes de esto. Es hora de olvidarlo yo también. Después de todo, no quisiera tener en mis memorias este asqueroso sabor que abunda en mis labios. Siento como si acabara de besar a Hikki… repugnante. Hm… pensé que se demorarían más aunque… solo escucho la cantidad de pasos suficientes que indican que se trata de una sola persona. Al parecer mi suerte no funcionó. Pensé que vería a mi amada Esperanza esta noche para tener un largo intercambio de palabras. Al final se retractó luego de mostrar esa supuesta valentía por luchar por sus ideales. Si creo en mi suerte quizás esto sea un indicio de un encuentro mucho más maravilloso. Espero que ella se encuentre complacida con esto. Al parecer esto ha tomado mucho de mi tiempo… la próxima vez que nos encontremos, seremos dos desconocidos de nuevo… Hikari Yagami.
Digimundo
—¡¿Qué hacemos?!
—¡Tranquilízate, Patamon!
Veemon tuvo que recurrir a la fuerza para tranquilizar al compañero digital de Takeru Takaishi. Su golpe fue ligero, pero a la vez lo suficientemente fuerte para dejarle una marca roja en su diminuta mejilla. Ambos se encontraban con Gatomon en brazos, cargándola hacia el interior de su hogar en forma de Arco Iris –cortesía de Elecmon–- Ella seguía desmayada tras la desaparición de su preciado bebé: MetalKoromon. Meses de cuidados y amor para que saliera disparado, llamando al reptil azul 'papá'. Una vez que se encontraron dentro, la apoyaron en una sencilla cama, soltando un suspiro al unísono.
—Siento que cuando despierte nos va a dar un sermón infinito— dijo Veemon, cruzando sus brazos tras la nuca al igual que Daisuke en momentos incómodos.
—Tiemblo con tan solo imaginarlo— sus patitas daban una contra la otra al encontrarse preocupado, sus alas yendo de arriba hacia abajo, —Deberíamos ir a buscar al MetalKoromon.
—¿Quién se encargaría de cuidarla hasta que despierte?— parpadeó el otro mientras lo observaba con curiosidad, —Sería peor si despierta y se encuentra sola.
—Creo que tú eres el indicado— con melancolía en su voz, Patamon le devuelve la mirada a Veemon, ocultando un suspiro contenido.
Oh no. Claro que no. ¡No entiendo por qué me la entrega en bandeja de plata este hámster volador!
Tosiendo un poco para ignorar su pensamiento, Veemon coloca su mano sobre la cabeza de Patamon, —No pienso igual.
—¿Por qué?— algo de vida retorno a su dulce voz.
—Ese MetalKoromon me dijo papá, ¿cierto? Tengo más posibilidades de convencerlo en regresar de esa búsqueda sobre su mamá. Si un extraño se acercara, es probable que huya más. Quizás hasta podría investigar quién rayos es esa madre de la que habló—
El mirar celeste de Patamon se iluminó, analizando sus palabras. El reptil contaba con varios puntos a su favor, inclusive sorprendiéndole su astuto razonamiento. Asintiendo como un autómata, Veemon se separó de él para darle espacio.
—Entonces que empiece la aventura— haciendo un último saludo, él se despide al salir impaciente por la puerta.
Tras cerrarse, ambos Digimon celestiales se hallaban en plena soledad. La respiración de Gatomon le ponía sus alas de punta, al igual que formar un ligero rubor en sus mejillas, intensificando la marca del golpe de Veemon. Lentamente se acercó a ella, tocándole el rostro, sintiendo su pelaje con delicadeza, creando caricias que siempre contuvo.
—Gatomon… esto debe haber sido duro para ti…— cerrando los ojos, no deja de mostrarle su amor, —Los problemas de Hikari… la tensión de querer saber cómo le habrá ido en esa fiesta… las noticias de ese Digihuevo… a veces admiro y envidio tu fortaleza. Cuando Tk me cuenta todos sus problemas, me esfuerzo por pensar qué decirle para así no lastimarlo. En cambio tú puedes ser más directa, ir al grano sin darle vueltas al asunto. Ese día que tuve la charla con Tk, me contaste que tú hiciste lo mismo con él. No sé del todo los detalles pero ahí me di cuenta que tu brillar es distinto al mío. No dudaste en revelar tus inseguridades, en exclamar tus temores con respecto a tu tan esperada y añorada compañera. Quisiera ser como tú… es por eso que siento que no merezco quererte. Por eso creo que Veemon es una mejor opción para ti…
Hundido en sus penas, sus manos todavía sobre ella, toma noción que su respiración se estaba intensificando. Su vientre levantándose con rapidez, reflejando un ataque de hiperventilación. Volando por la sorpresa, ahora en el aire, observa cómo la felina empieza a retorcerse en dolor, su blanco color volviéndose en una suciedad. Como un fino mueble de la más fina tela siendo marchitado por la falta de limpieza. Aturdido, trataba de pensar en posibles motivos, inclusive en soluciones, pero nada le nacía. Tan solo observaba el espectáculo, desconociendo que su compañera se encontraba pasando por los mismos efectos.
Los ojos de Gatomon se abrieron violentamente. Se encontraba agonizando. Patamon deseaba llorar, llorar desde lo más profundo de su alma. Descendió para abrazarla, ella sin tomar noción de sus alrededores. No dejaba de temblar, de moverse, sus garras rasguñándolo al retenerla. Cuando empezó a gritar, supo que no podía quedarse al margen, proporcionando apoyo emocional. Debía hacer algo pronto. Ella se encontraba sufriendo ante sus ojos. La persona a quien ama.
—Voy a ayudarte— se dice a sí mismo, asegurándose.
Abrazándola de cierta forma sobre la cama, trataba de examinar alguna fuerte de la agonía. Las garras todavía dañándolo. Su cola golpeándolo para separarlos. Repentinamente, algo fuerte da contra su cabeza, botándolo. Deseando maldecir por primera vez en su vida, sus grandes ojos celestes chocan contra un intenso brillo. El anillo mágico de Gatomon destellaba en la oscuridad de la casa. Decidido, se extiende para alcanzarlo, solo para acabar soltando una queja por el dolor. El anillo lo había quemado.
—¿Pero qué está pasando aquí?— observó las quemaduras en sus patas, incrédulo.
Crack. Crack. Crack.
—¿Qué es ese sonido?
Crack. Crack. Crack.
Una pequeña explosión se llevó acabo en el lugar. La fuerza lo empujó hacia la cercana pared, casi dejándolo inconsciente. Mirando con detenimiento sus alrededores, lo primero que hizo fue correr hacia Gatomon, agradeciendo que su cuerpo se haya tranquilizado. Ahora ella seguía durmiendo, sin pista alguna de recordar lo acontecido. Suspirando fuertemente con alivio, se deja vencer al borde de la cama, deslizándose. Se puso a meditar sobre el motivo de aquél ataque. Deseaba despertarla también para verificar que todo se encontrara en orden, pero tenía miedo de que le diera alguna otra cosa al forzarla. No era momento de eso. Algo había explotado. Tenía que averiguar el origen y la causa.
Afortunadamente, su búsqueda no duró ni un segundo, al su pequeña patita negra dar contra un fragmento que tintineaba en la oscuridad. Sintiendo su textura, no pudo creer lo que sostenía.
—El anillo mágico de Gatomon…— su voz salió al igual que una débil ráfaga de viento.
Desesperado, se desliza por el suelo, buscando las demás piezas. Al tenerlas todas, un gran dolor se apoderó de su pecho. Observó la cola de la felina, tragando saliva.
—Su anillo mágico ha… se encuentra… esto no tiene sentido… ¿por qué? … ¿No se supone que esto es algo único? Acaso esto significa que Gatomon… ¡no lo entiendo!
Poco creía Patamon que el simple hecho de encontrar esas piezas, sería el inicio del gran rompecabezas que debía armar para disipar sus temibles pensamientos.
¡Actualicé más rápido de lo que pensé! Este capítulo fluyó bastante bien, al ser uno de los que más esperaba escribir. Tomó poco tiempo al ser meramente diálogos y casi nada de acción. Ahora ya se entiende la nueva faceta de Hikari que se vio en la graduación de Hibiki. Tk se retractó al ir por ella una vez más luego de decirle a Taichi al final del anterior que debían ir por ella. Ah, tengo tantas ganas de bofetearlo. ¡en fin! Solo uno más y se acaba la seriedad, lo prometo! –el capítulo que viene se desarrollará después del día de la Graduación, salvo que hablará sobre otros personajes que no han tenido estrellato por largo tiempo-
En otra nota... ¡amo a este nuevo personaje con todo mi corazón! aparte de ser mas o menos un tributo hacia tres de mis amores platónicos ficticios de dos sagas diferentes, obviamente su esencia es creada por mí :D (no me gusta robar/copiar personajes urgh)
*Prueba diabólica: Término que deseo que guarden y tengan en mente, ya que cierta persona explicará su significado. Si lo buscan o saben lo que es… shhhhhhhhhh no spoileen la diversión que traerá ;3
