Nota de autora: De regreso con otro filler. Esta vez el pedido era de Takeru hablando con Patamon y/o Yamato, pero uh... se me fue de las manos de nuevo.
Lamento la demora.
BTW, hay detalles del capítulo 27 aquí. Y también, al ser filler no es necesario leerlo ya que no es 100% relevante en la historia principal.
Capítulo 38: Charla de café
A Takeru Takaishi nunca le ha gustado el café. Es amargo, oscuro; como su vida misma. Lo que menos deseaba era tener que beber y saborear cómo es su vida. Pero aquí se encontraba, bebiendo (o en realidad intentando), tomar el más simple de todos, un latte. No sabía, tampoco, por qué se encontraba en ese lugar, tan solo dejando que sus pies lo guiasen hacia un lugar para buscar refugio de la lluvia que había iniciado. Caía despacio, tan despacio, que intuía que no tendría final. El haber olvidado un paraguas era el peor problema de todos pero para eso no tenía tiempo. Andaba apresurado abriendo su bolso de la escuela para que el rostro de Patamon saliera de ahí lleno de alegría al finalmente tener algo de aire fresco. Escondido en la mesa en el rincón más lejano, tomó esa pequeña pausa para charlar. Tenían muchas cosas de qué hablar. Muchas cosas que tenía guardadas dentro y no las podía dejar salir, sobre todo frente a Hikari y su inexplicable cambio de actitud.
Suspiró y miró hacia el techo de la pequeña cafetería. Solo escuchaba el sonido de las tazas dar contra las manos de los baristas, la espuma de las máquinas de espresso y ver la leche humeante salir de los tubos. Respiró el aroma de los granos recién molidos, debido a que una mesera los molió para vendérselos a un cliente. Estornudó y se perdió en el decorado del techo. No era espectacular, pero lo hacía sentir en un lugar seguro, a salvo del mundo que lo atormentaba. Fuera de aquel mundo lleno de mentiras que él formaba.
Pensó una vez más en qué hacía en ese lugar. Sí; matar tiempo, era la respuesta que se daba. Solo quería aplazar la charla que tendría, también, con Yamato ese mismo día. Supuestamente estaría con Patamon en casa, hablando sobre cuál debería ser su siguiente movimiento, y de ahí poder enfrentar a su hermano quien, por motivos misteriosos de la vida, había notado un cambio de actitud en él. Aunque, ahora que lo piensa, podría también leer un libro y así no tener que hablar ni con Patamon. No sabía por dónde iniciar, por más que el pequeño Digimon estuviera sentado en el borde de la ventana pretendiendo ser un muñeco de felpa, esperando a que él diera inicio a la inescapable conversación.
—¿Quiere que le caliente su café?
Parpadeó varias veces. Su mirada al techo había sido interrumpida por dos ojos rosa y una deslumbrante sonrisa. La joven barista tendría aproximadamente un par de años más que él, deduciendo que era su trabajo a medio tiempo o simplemente dejó la universidad. Su uniforme estaba ligeramente arrugado, y tenía impregnado, obviamente, un fuerte aroma a café. Su nariz volvió a enrojecerse y estornudó.
—¡Lo lamento!—dijo con retraimiento, alejándose un poco. Apoyó ambas manos en el azafate que cargaba. Arregló su cabello, el cual a Takeru le recordaba al color de una flor de cerezo que la hacía resaltar en el ambiente. Lo llevaba amarrado en dos coletas bajas y estas bailaron al bajar el rostro—. Debe ser por el robusta. Es un grano de café algo fuerte, debería cambiarme de delantal.
Que dicho sea de paso, tenía también manchas de leche.
—No es necesario. No he tomado ni un solo sorbo—Takeru empezó a jugar con los bordes de la taza, comprobando que efectivamente, el calor se había apaciguado.
«Me distraje mucho.»
Pero no podía decir eso.
—¡Es mi deber como barista asegurarme que las bebidas de los clientes estén perfectas! —y llena de una desbordante energía, a diferencia de la pesada atmósfera que los rodeaba, la chica secuestró el café sin su consentimiento no sin antes dar media vuelta y guiñarle el ojo—. Por si lo deseas, tu Digimon también puede ordenar algo, corre a cuenta mía.
Patamon sintió que podía parpadear, suspirando en pleno café y desplomándose en el borde de la ventana al finalmente sus ojos poderse cerrar y botar todo el polvo que había entrado en ellos. Takeru se encontraba asombrado y desprevenido al saber que alguien había logrado desvelar la verdadera identidad de Patamon. La chica alzó su delantal un poco, revelando un pequeño Digivice.
Al parecer es una Elegida más. A veces olvido que nosotros no somos los únicos en el mundo.
Se fijó que la etiqueta que portaba decía Sakura. Probablemente sea su apellido. Lo tomó como referencia.
—Takeru, ahora que ella lo dice, sí tengo algo de hambre. ¿Tendrán galletas de arroz?—preguntó con inocencia Patamon.
—Me imagino que sí, le pediremos unas cuando regrese con mi bebida, ¿te parece, amigo?—Takeru extendió su mano para acariciarle la cabeza con cariño.
—¡Perfecto!
No contaba encontrarme con un Elegido así como así. Realmente, trate o no de escapar, siempre esa responsabilidad viene hacia mí. No puedo huir.
Takeru volvió a suspirar. Quizás fue un error el que haya decidido tomar un latte. Solo deseaba que la lluvia pasara, para así olvidar que debía hablar con Yamato más tarde y salvarse de la lluvia. Con total certeza, sabía que solo ponía pretextos para así no tener que enfrentar su realidad. Había un no sé qué que lo repelía como un imán ante los sucesos que tomaban lugar en su actualidad. Temió que le diera adicción a la cafeína por el simple hecho de estar ahí disfrutando el aroma del café junto a su clásica música de blues y jazz. Sin percatarse, se vio tentado a regresar su mirada hacia la barra, viendo a la chica de cabello color flor de cerezo, con un prendedor en forma de estrella, re-haciendo su café. Sus dos ojos rosados, tan pálidos como su piel, lo recibieron gustoso, agitándole la mano a la distancia.
Takeru no comprendió y volvió a dejarse mecer por el sonido de la lluvia, las tazas y las voces, sin tomar un sorbo del nuevo latte que la chica le acababa de dejar en cuestiones de segundos, con un lindo acabado en forma de Patamon. Al parecer se había perdido mucho en el ambiente y no notó cuando ella apareció. Ella le sonrió y dejó unas galletas de arroz en la mesa. Los ojos de Patamon brillaron encantados y Takeru le extendió el plato para que las disfrute.
—Fue algo atrevido y directo de tu parte el decir así como así la identidad de Patamon. ¿Qué pasaba sin alguien te escuchaba?—Takeru se atrevió a preguntar mientras le tomaba una foto a la espuma del latte. Le resultaba encantador y supuso que a Fūka le encantaría verlo por más que desconociera ese mundo. Su distancia seguía creciendo luego del accidente por más que charlaran constantemente—. No todo el mundo lo haría.
—Supongo—ella alzó los hombros sin darle mucha importancia—. Lo mismo podría decirte, es muy raro ver a un Niño Elegido con un Digimon en plena luz del día. No todos salimos con uno a la calle. Por cierto, creo que es un buen inicio si alguien no es tan gustoso del café el tomar un latte. Ambos usan café expreso y leche… ¡ah, pero solo se utiliza ½ tiro de expreso! Entonces sería como leche manchada, al basarse más en la leche y menos en el café. Al ver que no has tomado ni un sorbo me hace pensar que no eres muy fan de este.
La chica le resultó muy amigable, y le daba la impresión que podría ser una buena persona. Patamon seguía con la guardia baja y eso confirmaba sus suposiciones. No la conocía pero, quizás era una buena idea hablar con un desconocido en medio de un café. Sentía que se le iba un peso de encima. Se preguntó que si eso sentían algunas personas cuando iban a un bar a ahogar sus penas y terminan hablando con el bartender.
—Supongo—respondió Takeru al igual que ella, jugando de nuevo con el asa de la taza—, aunque sigo pensando que es muy amargo e insípido.
—¡La siguiente vez puedes ordenar uno con un shot de jarabe adicional!—ella se acercó algo más—. Recomiendo el de avellanas, ¡es muy rico!
—Oh yo quiero probar ese, me gustan las nueces—comentó Patamon con la boca llena.
—Perdóname si me entrometo pero, ya que conozco a tu Digimon, creo que lo correcto sería presentarte al mío. Después de todo no es como si todos los días me cruzara con un Niño Elegido para poder hablar libremente sobre este tema.
Sacó de un bolsillo de su delantal un smartphone y buscó una fotografía. Takeru intuyó que debía ser de una afluente familia para contar con uno. Ciertos modelos recién habían empezado a circular y eran sumamente caros. Quiso preguntar por qué trabajaba en el café pero sabía que no estaban en ese nivel de amistad para hacerlo. Después de todo, se habían conocido hace menos de veinte minutos pero, al ambos ser Elegidos, sentía una conexión única y especial. Ella le extendió la pantalla pero, Takeru no pudo ver nada. Patamon también lo hizo y lanzó una expresión de confusión.
El rubio solo veía un plato de comida.
—Solo veo una hamburgesa—dijeron ambos.
—¡Qué rudos!—respondió ella con una sonrisa torcida. Debía mantener la compostura al estar en su horario de trabajo—. Tan solo observen bien, ¿acaso no lo notan?
Se acercaron mucho más a la pantalla, dos pequeños ojitos apareciendo en lo que poco a poco se asemejaba a un cuerpo. La cabeza estaba cubierta por un pan y cargaba un pequeño azafate junto a una bandana en el cuello. Takeru y Patamon soltaron un fuerte gesto de asombro ante al ahora Digimon con apariencia de hamburguesa.
—¿Ya lo vieron?—guardó su dispositivo móvil orgullosa, cruzando ambos brazos.
—Nunca había visto un Digimon así—confesó Takeru.
—Me dio hambre…
—Patamon, modales—susurró su camarada.
—Si quieres te convido más galletas de arroz—la chica de apellido Sakura rio por lo bajo—. Mi compañero se llama Burgermon. No lo puedo sacar a pasear seguido ya que cuando ve ingredientes frescos lo único que desea es ponerse a cocinar, además que le encanta hablar y se le hace difícil estarse quieto.
—¡Yu, te necesitan en la mesa cinco!—la voz de otro trabajador detuvo su conversación, llamándola.
—¡Ahí voy!—responde preparándose para partir, no sin antes dar media vuelta para observarlos a ellos dos—. Creo que debo de retirarme, pasé mucho rato charlando. Si necesitan algo más con gusto los atenderé. Además, debo de traer más galletas de arroz.
—Muchas gracias, Sakura-san—Takeru le dibujó una sonrisa.
—No hay problema, es mi trabajo después de todo. Y pueden llamarme solo Yu. Yo solo sé tu nombre y sería injusto de mi parte no decirte el mío. Me gusta estar a la par con los demás, Takeru-han.
—¿Kansai-ben?—el rubio se sorprendió al escuchar el acento en su honorifico. Le recordó a Tentomon—. Si no terminabas con han jamás me hubiera dado cuenta.
Ella se cubrió la boca algo apenada.
—Lo etaba' haciendo tan bien, po'qué ahora—se volvió a cubrir la boca, afinando su garganta—. Lo lamento. Sí, soy de esa región. Específicamente de la ciudad de Rittō en la prefectura de Shiga. A veces es algo inevitable que el acento salga. Algunos lugares no querían contratarme por eso y sigo practicando.
—Ya veo, lástima que ese prejuicio siga vigente.
—Ni me lo diga'.
—¡Yu, la mesa cinco!—la voz sonaba enfada ahora.
La chica salió apresurada, Takeru todavía observando el café con la espuma de Patamon.
Él no supo por qué pero, hablar con Yu Sakura le hizo olvidar por un segundo los problemas que carga, por más que la sombre de ser un Niño Elegido lo persiguiera. Tragó saliva y se enderezó. Optó por quedarse en silencio. Patamon masticó su última galleta de arroz.
—¿En qué estás pensando?—el pequeño camarada rompió la tensión.
—En que el nombre de esa chica es un huevo de pascua—aquello lo dijo casi riendo.
—¿Huevo de pascua? Pero si no es pascua, Takeru…
—Me refiero a que es un mensaje o referencia oculta, tal y como a veces uno encuentra esas cosas en los videojuegos. Ya sabes, los famosos easter eggs.
—Ah, creo que una vez me hablaste sobre eso…—recuerda Patamon aquella noche en que Takeru se envició con un juego que contenía muchas referencias a otros, causándole gracia.
—Yu Sakura… o sakurayu. Llamarte té de flor de cerezo y trabajar en un café en donde se especializan por cafés y tés. Es algo mágico, de cierta forma.
—Takeru… por favor, no te distraigas y dime en lo que piensas en realidad.
—Mmm…—se limitó a responder, solo para agregar al final de su onomatopeya, lo siguiente—, la verdad… ni yo mismo puedo esclarecer las cosas que corren por mi mente.
—Patamon…—Takeru mordió su labio inferior, inseguro de lo que iba a decir a continuación—, ¿de qué color me ves reflejado en tus ojos?
—¿Color…?—Patamon se había quedado sin comprender.
—Tan solo dime, por favor.
—Por más que me lo preguntes…—dudoso, su camarada no sabía que responder. Se hallaba en un callejón sin salida—, diría que… color Takeru.
—¿Color Takeru? ¿Qué clase de respuesta es esa?—riendo, Takeru sintió cómo su corazón se relajaba un poco, la ansiedad bajando en su interior.
—¡Podría decirte lo mismo sobre tu pregunta!—Patamon infló ambas mejillas.
—Verás… siento que todas las personas tienen un color asociado a ellas. Como el color de un aura. Me preguntaba que te transmito yo. Qué es lo que transmito a los demás. Qué clase de imagen doy. Por qué clase de persona me pintan.
—Tú sabes que siempre te apoyaré, Takeru—tras decir aquello, se le acercó despacio para no llamar la atención—. Por más que nos separe un televisor o pantalla de computadora, sabes muy bien que estaré a tu lado.
—Lo siento… Creo que ya no… sé cómo lidiar con todo esto.
—Takeru…—su diminuta pata se hizo camino hacia la palma de su mano—. No es ninguna molestia para mí escucharte. Me siento muy feliz cuando lo haces, porque siento que confías en mí. ¿Recuerdas nuestra última charla en el Digimundo?
—La recuerdo muy bien. Ese día… o más bien, esa noche fuimos capaces de volvernos a entender. De establecer esa… conexión que se había perdido. He estado muy ensimismado en mi mundo, dejando de lado incluso los sentimientos y emociones de los demás.
—Pero eso ya pasó, ¿verdad? Porque Daisuke ya despertó, ¿verdad?—los ojos celestes de Patamon se encontraban vidriosos—. No me gustaría verte como antes. Cuando en verdad encerraste todo lo que sentías para no ocasionar más problemas.
Al observar aquellas alas descender en derrota, una vez más apareció el peor enemigo de la humanidad en su garganta, impidiéndole pasar saliva.
—Tal y como te dije ese día: ¿por qué crees que todos están sufriendo? Todos cargan algo que duele, que los hace sufrir, todo por la amistad y el amor que sienten entre ustedes. Si tan solo vieran el otro lado estoy convencido que serán capaces de escapar. Daisuke ya despertó y pueden enmendar las cosas. Sé que… el hecho que haya olvidado por completo a Hikari es desalentador pero… Takeru, no dejes que tus sentimientos tomen ventaja de ti.
Sabe que he estado pensando en que, ahora, podría ser mi oportunidad en vez de… dejarlos ser felices a ellos dos.
—Entiendo lo que sientes. Todo este tiempo he sabido que estabas sufriendo, incapaz de hacer algo. Siento que debo recuperar ese tiempo perdido. Ayudarte. Si tú sufres, yo sufro. Si tú lloras, yo lloro. Los sentimientos que cargamos están unidos. Estamos conectados por algo mucho más que un Digivice o una simple amistad. Quiero seguir creyendo que los Digimon y los humanos están atados por un lazo tal y como el hilo del destino. Por eso, Takeru… confía en mí. Si te digo que las cosas van a salir bien, lo harán. Nosotros cargamos la esperanza, si ella no aparece nosotros la hacemos brillar. Nosotros somos la esperanza de sus corazones.
¿Por qué volví a olvidar tal importante detalle? Es lo mismo que me dijo esa noche en el Digimundo. Somos la esperanza de sus corazones.
—Quiero salvar a Hikari—sus labios partidos fueron capaz de soltar lo que dolía en su corazón—. Quiero salvar a Kari.
—¿Hay algo de lo que me haya perdido?—Patamon desatendió sus galletas, preocupado por las palabras de Takeru.
—Desde el día que Daisuke despertó… Hikari no ha sido la misma de siempre. Siento… siento que algo falta en ella. Incluso… que algo ha muerto en ella. Pero no tengo idea de qué pueda ser. Que… su interior está rebalsando de tristeza acumulada. Lo único que puedo hacer es cerrar mis ojos al estar frente a ella, y que las lágrimas que caen empapen mi propio corazón al no saber qué hacer.
Dejo que las olas del mar conocido como Hikari me envuelvan en una cuna, invitándome a un profundo sueño. En dicho sueño, me pierdo buscando rostros familiares que evocan a la nostalgia al extrañarlos con intensidad. Lo único que deseo es extender mi mano y poder tenerlos en mis brazos para así, tal vez, recuperar a la Hikari de antes.
Pero, ¿recuperar?
Nunca fue mía. Quizás esta es la Hikari de siempre. La Kari con la que perdí contacto por años al tratarla mal.
—¿En qué tanto piensas ahora, Takeru?—Patamon logró sacarlo de dichos pensamientos—, es probable que Hikari esté diferente. Después de todo, ha pasado por muchas cosas. Tú también estás diferente. No eres el mismo niño de años atrás. Has cambiado, has crecido. Y todo eso sucedió desde que conociste a esta niña llamada Fūka. Hablando de ella, ¿cuándo la puedo conocer, Takeru? Son amigos desde hace muchos años y todavía no me la presentas.
Patamon tiene razón. Todos hemos cambiado. Es natural que Hikari… haya reaccionado conmigo de esa manera en la graduación de Hibiki pero… siento que hay algo más oculto en todo lo que me dijo esa tarde.
«¡¿Por qué decides seguirme ahora!?»
«¡¿Por qué no lo hiciste ese día!?»
«¡Tuviste dos oportunidades para hacerlo! ¡¿Por qué esta vez decidiste seguirme!? ¡Dime!»
«¡Sé que debí hacerlo! ¡Y me arrepiento todos los días de no haberlo hecho! ¡Pude haber ido tras de ti ese día, demonios, tuve la oportunidad hace poco y no lo hice!»
«¡¿Y qué cambió ahora?!»
«¡Creo en ti! Eso es… lo que ha cambiado.»
«Creer… en mi…»
«¡Creo en ti! Sea por lo que sea que estés pasando, recuerda que eres capaz, has hecho millares de cosas maravillosas antes, capaz de brillar en la más temible oscuridad, así que sé que podrás salir de esto.»
«Sabes muy bien por lo que estoy pasando.»
«Algo tienes en mente, Kari. No estás pensando de manera racional… voy a averiguarlo y te detendré. No lo olvides.»
«A ver si esta vez lo logras hacer a tiempo.»
«Kari… ¿estás segura que es tu luz la que te está guiando en este momento?»
—¿Takeru…?—Patamon le sacudió el hombro con su rostro—, dime qué tanto estás pensando. Me preocupa.
Me pregunto, de qué color me habré visto reflejado en los ojos de Hikari. Yo la vi… de un color… inusual. Extraño. Único. Distinto. No era negro. No era oscuro. La vi de un profundo rojo, como si entregase la luz del mismo sol. La vi de un profundo azul, como si entregase un desbordante cielo.
—Lo siento, amigo. Estoy muy confundido con mis propios pensamientos. Lo único que hago es… asumir. La actitud nueva de Hikari me asusta pero… a la misma vez siento como si ella hubiera encontrado un propósito y que dejo todo atrás para cumplir su nuevo cometido. Es muy extraño de explicar. Pero lo que ella está haciendo no es lo correcto.
—Lo importante no es lo que es correcto, sino lo que nosotros creemos que es correcto.
Yu Sakura acababa de tomar asiento en la silla opuesta a Takeru. Ya no llevaba el delantal puesto y, aparentemente, lo tenía en un bolso muy mal guardado. El rubio y el Digimon se quedaron en silencio por su repentina intromisión.
—Lo lamento, no era mi intención entrometerme en su conversación pero, ¿no creen que los cafés son mágicos? Un pequeño lugar en donde puedes descansar, dejar fluir tus ideas e imaginación. Un lugar en donde puedes relajarte y dejarte llevar. Digamos que, para mí, es como un bar pero sin necesidad de consumir algo de alcohol—ella sonrió—. Ahora ya no soy una mesera, sino una completa desconocida que conoces en este bar y le cuentas tus penas. A veces uno desea ser escuchado por alguien que no sepa nada del asunto para dar una opinión imparcial. No sé si esté adelantándome mucho, o metiéndome en donde no me llaman pero, me da la sensación de que lo necesitas.
Por algún motivo, Takeru sintió una desbordante alegría en su interior al tener este encuentro como una casualidad del destino. Sabía que lo necesitaba. Que lo necesitaba a gritos. Fūka siempre había sido su confidente, un confidente que también conoció por suma casualidad una lluviosa noche como ahora. Efusivas sonrisas indicaban que sería un único encuentro a diferencia de aquél y debía de aprovecharlo.
Todas las personas llegan a caer en su propia ruina antes de que tomen noción de ello, pero Fūka era capaz de transformar esas caídas en canciones. Siempre cantaba. Cantaba para curar su alma rota. Canciones que eran pasadas de una persona a otra como leyendas. Para ver si sus alas, algún día, podían retornar a su estado original y volar libre por el cielo. El mismo cielo que Hikari reflejaba en sus ojos con un color azul.
—¿De qué color me ves reflejado en tus ojos, Yu-san?—fue lo único que salió de los labios de Takeru.
—Si deseas que sea de un profundo verde, puedo ofrecerte el verdor de la misma Tierra—respondió ella cerrando su mirar—. No creí que iniciaríamos esta conversación con una canción, Takeru-kun.
«Todos aquí son los débiles, frágiles, y espíritus errantes que vagan sin objetivo alguno. Todos aquí son los más bellos y fuertes de todos. Tal y como todos nosotros, y tú, lo somos.»
Fūka… Fūka cantaba esa canción. Por eso no pude evitar tratarla como pregunta. Ella la escribió hace años. Cuando… cantaba con Tokiko.
«¿De qué color me ves reflejada en tus ojos, Takeru?»
—Si recuerdas lo que es la tranquilidad, ahí estaré, eternamente. Si deseas desde tu más profundo pasado, te entregaré los pensamientos de mi corazón. Te entregaré todo mi ser.
—Vaya—silbó ella—, no creí que serías de escuchar baladas para chicas.
—Digamos que a veces tengo excepciones—finalmente, Takeru rio—. Debo de admitir que tu intromisión sí me tomó desprevenido.
—¿Estuviste escuchando todo este tiempo?—Patamon preguntó lleno de curiosidad.
—Sinceramente, no. Cuando me acerqué a dejar la cuenta que por cierto, aquí la tienes—la chica de cabello color flor de cerezo le extendió la boleta en donde, efectivamente, las galletas de arroz no estaban incluidas. Cumplió su promesa de que eran una cortesía—, escuché lo último que dijiste.
—¡Ya veo!—Patamon lucía más tranquilo.
—Como digo, no sé si tenga mucho derecho a entrometerme pero… Lo importante no es lo que es correcto, sino lo que nosotros creemos que es correcto. Tal vez tu amiga finalmente descubrió qué es lo que debe de hacer y que por más que desafíe lo estipulado por la sociedad o las reglas que debe de seguir, es algo que solo ella puede hacer. No le importa que ahora la vean con distintos ojos, sino lo único que está en su mente es poder lograr alcanzar esa meta que ella cree que es correcta.
No le importa que ahora la vean con distintos ojos… ¿por eso es que Hikari siempre está tan a la defensiva conmigo? ¿Por qué la veo diferente? Ella es la que está diferente, no soy yo… ¿o sí?
—¿Acaso no has pensado así alguna vez?—ella extendió su mano para dar con la de él.
Todo lo que yo hago es… actuar en base a lo que yo creo que es correcto… por más que no lo sea. He tratado mal a Hikari por mucho tiempo por más que no estuviera bien, ya que eso para mí era lo indicado para cumplir mi objetivo. He hecho muchas cosas en base a mi propio juicio de lo que yo considero correcto. No puedo dejar que Hikari caiga como yo lo he hecho.
—Lo he hecho. Duele admitirlo en voz alta—dijo con honestidad—. Por eso mismo, no puedo dejar que mi amiga caiga como yo lo he hecho, por el simple hecho de seguir una corazonada de lo que cree que es correcto en vez de lo que es.
—Hm—ella cruzó sus brazos y ladeó el rostro. Luego, sacó un pequeño onigiri y lo empezó a comer—. ¿A veces no quieres que sea una sorpresa lo que está dentro de un onigiri?
—¿Perdón?—Takeru se había quedado anonado con el cambio de tema.
—¡A mí! Aunque siempre prefiero preguntar para no comer algo que no me gusta. Puede terminar siendo algo desagradable—comentó Patamon.
—¡Exacto!—replicó Yu con felicidad—. Pueden tener la misma apariencia por fuera pero, por dentro son de distintos sabores y colores. Es igual con las personas. Pueden parecer como nosotros por fuera. Tal y como tú y yo. Ambos somos Niños Elegidos pero, por dentro, nuestro relleno es distinto. Lo mismo sucede con tu amiga. Es una sorpresa el saber que está corriendo por su cabeza ahora mismo. Deseas saberlo, pero no puedes. Quieres saber que lo que ella considera correcto es realmente correcto.
—Te gusta usar comida como alegorías, eso es interesante.
—Gracias.
—Quisiera que fuera fácil saberlo—Takeru suspiró—. Pero no es tan sencillo ir hacia ella y preguntarle, ¿qué estás pensando?
—¿Y por qué no lo haces?—parpadeó—, ¿Acaso no son amigos?
—Las cosas son… complicadas.
—Ya veo, ya veo—dio un mordisco más—. De todas formas no pierdes nada intentándolo. Quizás esa es la pregunta que ella espera escuchar.
¿La pregunta que ella espera escuchar?
«Sabes muy bien por lo que estoy pasando.»
«Algo tienes en mente, Kari. No estás pensando de manera racional… voy a averiguarlo y te detendré. No lo olvides.»
Pero no sé por lo que ella está pasando. Lo está intuyendo. ¿Acaso quiere que… se lo pregunte?
Takeru no creyó que hablar con un desconocido en una cafetería le haría formarse preguntas sencillas que jamás había considerado. ¿Acaso no ha intuido todo este tiempo en vez de ir directo y preguntar? ¿Acaso no ha hecho eso por más de cuatro años? ¿Solo intuido como Hikari está haciendo con él?
—Oh, rayos. Ya debo de irme. Tengo cosas que hacer—dijo al mirar su reloj de bolsillo—. Espero que tener una charla de café con una completa desconocida haya sido de ayuda alguna.
—Fue un gusto conocer a una Elegida más de Japón—Takeru le extendió la mano y ella le respondió el gesto—. Nos vemos, Yu-san.
—Nos vemos, Takeru-kun, Patamon-chan.
—¡Hasta pronto!—Patamon le extendió su patita.
Una vez que la chica dejó su local de trabajo, Takeru volvió a observar el latte que tenía sin tomar.
Levantó el rostro y miró las nubes grises que no se iban. El tráfico estaba incrementando por la tempestad y las bocinas lo atormentaban. Su celular sonó, siendo un mensaje de Yamato.
Se me complicó el día de hoy, nuestra charla será después.
Takeru supo que ya había tenido bastante con esa charla de café con una desconocida.
Que tenía, ligeramente, una pista de qué tenía que hacer.
—Me pregunto si la volveré a ver.
Um.
Mi querido Takeru, la respuesta es no al ser un capítulo filler.
Also, la canción de la que hablan es "Kimi ga Tame" por Suara.
Ando apurada así que publiqué el capítulo sin revisarlo, luego corrigo los errores que se me hayan escapado.
