Nota de Autora: Último Filler y retomamos la historia. Esta vez, si mal no recuerdo, el pedido fue que los chicos tuvieran un día normal. Traté de escribirlo lo mejor que pude y esto salió, esforzándome en mantener la coherencia de la historia en cierta forma. También me di cuenta casi al acabar que había escrito todo en tercera persona en vez de primera, lo lamento.


Capítulo 39: Invierno es verano en primavera


Hikari sabía que no era una buena idea. Más bien, tenía la más firme convicción de que era una terrible, mala y absurda idea. El saber que estaría a solas con Takeru Takaishi ya traía en sí un gran dilema pero, el saber el lugar en el que estarían era suficiente para distraerla. Aunque, lo que corría a mil por hora en su cabeza era el hecho de haber aceptado su invitación. Ella no tenía tiempo para salidas de este estilo, mucho menos con él. Se mordió los labios y puso un pie fuera de la puerta de su apartamento. La vista le hizo acordar que, definitivamente, Takeru debía estar mal de la cabeza para semejante propuesta pero, ella aún más por simplemente aceptar sin pensar. Sopló ambas manos para entrar en calor y arregló la mochila blanca que cargaba en su espalda. Les esperaba solo una caminata de diez minutos de distancia pero igual trató de meter en ella la menor cantidad de objetos pesados posible.

Siendo las nueve de la mañana, la temperatura todavía no subía de los cinco grados Celsius, y las nubes tardarían un poco más en disipar para abrirle el telón al cielo. En vez de esperar el ascensor, Hikari prefirió bajar lentamente las escaleras. Un pie adelante; otro atrás. Uno, dos, tres. Solo escuchaba el sonar de sus suelas dando contra el concreto y tenuemente sonrió. No había salido casi en todas las vacaciones de invierno. Miyako la llamaba constantemente solo para hablar pero evitaba cualquier intento de verse, lo cual le causaba interés a Hikari mas no tanto para insistirle en por qué estaba evadiendo oportunidades de encontrarse y salir a pasear. Solo habían quedado en verse para acompañarla a una visita médica, para la que mucho no faltaba. Un pétalo de flor de cerezo se abrió paso hacia donde se encontraba, flotando libremente entre las rejillas de la baranda de los escalones. El corazón de Hikari se hundió, el dolor apoderándose en ella. Sacudió el rostro, esclareciendo su mente. No podía seguir así, debía de actuar antes de que fuese demasiado tarde. No tenía por qué estar perdiendo el tiempo con Takeru. Ella tenía una misión.

Tengo que salvar a Daisuke. Si logro rescatar su corazón del Mar Oscuro, sé que sus memorias regresarán.

Lo que más le gustaba a Hikari de la primavera eran las flores de cerezo. Floreciendo en parques, en las calles, en las montañas o al borde de los ríos. Millares de lugares estallaban en color rosa claro al mismo tiempo. Ver los pétalos caer como la misma nieve, siendo llevados por el viento.

Al llegar al último escalón, su vestido de media estación se meció con la ventisca provocando a que cerrara los ojos por el ímpetu. Tras abrirlos, frente a ella se encontraba la persona que seguía causando conflictos en ella, sean para bien o para mal. La persona que hizo que se cansara de ser ella misma y optase por el cambio. La persona a quien fue incapaz de decirle no vía mensaje de texto la noche anterior y así evitar la salida del día de hoy. Takeru Takaishi estaba esperando en la acera del frente, como siempre con un extraño sombrero en cabeza y ropa algo cuestionable. Hikari no pudo evitar pensar que Takeru podría muy bien estar manejando un blog de moda a escondidas.

—¡Kari!—agitó la mano a la distancia tras haberse percatado de la presencia de la castaña—. Ya me estaba preocupando, creí que no habías recibido mi mensaje diciendo que ya había llegado.

—Ah, me olvidé de responder—mintió ella, mirando ambos lados antes de cruzar la calle y así arribar a su lado—. Mil disculpas.

—No hay problema—con eso dicho, fue ahora el turno de él en arreglar su mochila—, ¿no te olvidas de nada?

—No pero, si llegase a pasar estamos a diez minutos de distancia caminando. Estamos yendo a la piscina de Koyo Chuugakkou Kunai, ¿verdad?—Hikari pestañó con curiosidad, viendo que si quizás bajaba la guardia, Takeru revelaría sus verdaderas intenciones y así podría mandar la salida al tacho y regresar a su casa.

—¿Todavía no me crees?—Takeru arqueó una ceja y rebuscó en sus bolsillos los boletos. Una vez que los encontró se los enseñó, muy orgulloso—, aquí mismo dice Koyo Chuugakkou Kunai.

—Ah ya veo—fue la única respuesta que salió de sus labios—. Lo único que quisiera saber es… ¿por qué?

—¿Cómo que por qué?

—¿Por qué elegir ir a la piscina en plena primavera? ¿No podríamos esperar a verano? O, no sé… ¿una ocasión en la que haya más personas? ¿Cómo vacaciones de verano?

Todavía hace frío. Por más que ese lugar sea una piscina cerrada, es muy probable que no haya muchas personas usando la que es recreacional.

—Siendo honesto…—Takeru se rasca la mejilla izquierda por los nervios—, es una larga historia. Tomaría muchos minutos, quizás horas…

—Puedes resumirla en diez—dijo con firmeza Hikari.

Takeru solo echó un suspiro y ambos iniciaron su caminata al lugar.

※※※

Dos días atrás

※※※

Fūka Hinanawi se encontraba caminando por los pasillos del supermercado local My Basket. No era tan grande pero, tampoco tan pequeño. Quedaba a corta distancia de su complejo de apartamentos y sentía que era lo mejor para poder regresar a casa pronto. Cargando una canasta en manos, suelta una para acomodar su bufanda naranja y su reciente corto cabello. Se le hacía extraño tenerlo ahora hasta la altura de las orejas y, además, debía tener cuidado con que las marcas de su cuello no se notaran. Sabía que cortárselo había sido un claro ejemplo de impulso de idiotez pero, en ese momento, no pudo meditarlo ni pensarlo. Simplemente actuó.

—Fū-nee, ¿tienes la lista?—Mihara llevaba en brazos el bolso reciclable que utilizarían al realizar el pago de las compras. Tenía un pequeño dibujo de un dinosaurio amarillo—, te veo algo distraída.

—Todo está bien, Mihara—replica ella con una risa nerviosa—. Es solo que hace bastante tiempo que no salía de casa. Disfrutaba el aire libre.

—Pero si estamos dentro del supermercado. Estás respirando aire acondicionado—la niña de doce años arqueó una ceja—. ¿Segura que estás bien? Tus excusas no son creíbles.

—¡Que sí!—exasperada, le da la espalda—. ¿Por dónde empezamos?

—Supongo que por las verduras. La nevera está vacía desde hace casi un mes y… siendo honesta… extraño comer vegetales y frutas. ¡Creí que ordenar comida rápida todos los días sería un paraíso pero ya no doy más, aaa!

Mihara se retira su boina roja y se rasca la cabeza al no poder contenerse. Definitivamente, su estilo de vida había cambiado drásticamente en las pocas semanas que Akira había retornado a casa, y al pasar los meses se había tornado en un descuido salido de control. A Fūka le estaba costando tolerar la falta de cooperación en su hermano, al no aportar en la casa y dormir todo el día agregando que las pocas veces que andaba despierto se la pasaba viendo televisión con una lata de Asahi y bocadillos de queso. Ella podía escuchar el cómo abría la lata a centímetros de distancia y, sinceramente, ya le estaba cansando el tener que limpiar su desorden y desastre.

Entonces Fūka explotó, le gritó, y se fue de la casa.

Estoy harta de lo despreocupado que es.

Por eso decidió regresar a los dos minutos y llevarse a Mihara consigo en vez de dejarla como esclava de un hermano que si no se le detenía de una vez, acabaría formando parte de un círculo de alcohólicos anónimos. Agregando que, también cada vez que Akira abría el ojo, se dedicaba a jugar con Mihara sea jugos de mesa, cartas o los pocos videojuegos que tenían en casa. Afortunadamente, la hermana menor había hecho una lista de compras y aprovecharon en ir al supermercado, cosa que urgentemente hacía falta.

—Aunque… me gusta el cómo estamos ahora.

Fūka se detuvo al escuchar el murmullo de Mihara. La niña de doce años apretaba la lista con sus dedos cuidadosamente para no romperla.

—La casa está llena de vida y al fin saliste afuera, Fū-nee… No lo hacías desde que iniciaron las vacaciones de invierno—agregó un diminuto suspiro al final para luego jugar con una de sus trenzas—. ¡Más bien, me sorprende la energía con la que saliste!

Mihara…

Fūka sabía que el cambio de tema había sido apropósito.

—Para haber estado sobreviviendo de comida rápida todo este tiempo, es increíble que todos estemos con una salud sorprendente. Me pregunto si habremos hecho un nuevo descubrimiento en la ciencia—con eso dicho, la niña de ojos ambarinos acude hacia ella y la toma de las manos para retomar su recorrido en el supermercado—. Aunque lo que me causa mucha curiosidad a decir verdad es… cómo hemos sobrevivido porque… la comida rápida no es muy barata y esto ha sido por más de dos meses.

Estira una mano y cuenta con sus dedos.

—Diciembre… Enero… Febrero… y ahora casi fines de Marzo…

La muchacha de cabello almendrado tragó saliva y sudó un poco. Con una tos que no pasó para nada desapercibida, le lanza una carismática, y algo amenazadora, sonrisa a Mihara.

—¡No tienes por qué preocuparte en esos pequeños detalles!—finalizó colocando un paquete de cubos de curry en la canasta. Aparentemente habían llegado a la sección de comida preparada empaquetada—. ¡Mm, mm!

Mihara solo parpadeó, muy confundida; Fūka ilustró una sonrisa siniestra en su rostro para luego reír por lo bajo.

Las claves de tu tarjeta de crédito son tan fáciles de descifrar, Akira.

Ah, sí. Fūka disfrutaba su momentánea magnifica venganza.

—Para conmemorar esta salida, ¿qué te parece si preparamos algo delicioso?

—¡¿En verdad?!—a Mihara se le iluminaron los ojos—, ¿estás segura?

—¡Mm! Lo que tú desees—la hermana mayor cerró sus ojos, disfrutando cada segundo—. Y no te preocupes si resulta ser caro. No hay problema alguno.

—¡Entonces hay que preparar Sukiyaki! ¡Con la mejor carne!

Ah, perfecta victoria.

—Maravilloso—Fūka le sobó la cabeza a su hermana con delicadeza—, ¿te parece si tú vas a buscar los ingredientes para el Sukiyaki y yo me encargo de los de la casa?

Mihara asintió innumerables veces, emocionada por la cena de la noche. La hermana mayor coloca su mano derecha en el pecho al verla irse feliz de la vida. Sabía que la había dejado de lado todo este tiempo también al estar encerrada sin salir de su habitación. Ignoraba toda llamada suya e incluso no tenía fuerzas de responderle a Akira cuando la fastidiaba con bromas algo inapropiadas. Divagando en sus pensamientos, Fūka hizo las cosas en automático. Miraba la lista ocasionalmente sin realmente saber qué veía pero su mente estaba convencida que eso era lo que necesitaba. El flujo del tiempo se hizo pesado y eterno, siendo así media hora en cuestión de segundos. Fūka había tenido que ir por una canasta adicional y, cuando tomó noción de ello, ambas estaban completamente llenas con necesidades básicas del hogar como artículos de limpieza en una y en la otra alimentos.

Echó un suspiro y miró su reloj.

—¿Son las cinco y treinta? ¿Tanto tiempo ha pasado?—entre sus contactos, busca el celular de Mihara pero no obtiene respuesta alguna—. Esta niña…

Deambulando por los pasillos creyendo dar con su hermana menor, no creyó que la encontraría tan rápido. La canasta en la cual estaban todos los ingredientes para el sukiyaki estaba en el suelo, mientras que ella observaba embelesada una hilera de premios detrás de un hombre que anunciaba a diestra y sinestra su lotería. Aguantando sus ganas de llegar hacia el peluche que observaba, Fūka la sostiene de la muñeca para detenerla de un probable impulso de robo.

—Fū-nee…—murmuró sorprendida. Ambas se observaron para luego divagar en el premio.

Se trataba de un peluche que parecía ser un conejo algo extraño. Su cuerpo era rosado pero al llegar a la cabeza era blanco como la nieve. Dos ojos grandes junto a una aureola le daban un aura fuera de este mundo, casi como si estuviese basado en algo en vez de ser un peluche cualquiera.

—¿Qué haces aquí?—preguntó finalmente Fūka.

—Ese muñeco de felpa… me recuerda mucho a Lulu—Mihara se mordió el labio inferior, dando lo mejor de sí para no recordar memorias de un pasado que desea olvidar.

—¿Lulu…?—anonada, la deja ir a Mihara.

¿Quién demonios es Lulu…? ¿Un muñeco de alguna serie animada? ¿Un amigo imaginario? Pero si Mihara nunca…

—¡Como si te fueses a acordar!—Mihara juntó ambas manos en su cadera, enfadada.

Efectivamente, Fūka no recordaba nada. Sentía que era algo importante pero, no podía acordarse.

—Y respondiendo tu pregunta anterior… solome quedé mirándolo. No tengo yenes para jugar—suspirando, abre su monedero lleno de polvo. Luego, vuelve a mirar con detenimiento el peluche y la chica de ojos pardos supo que, por algún motivo, ese objeto significaba mucho para ella por más que no entendiese el por qué—. ¡Es hora de ir a pagar a la caja!

—Mihara, espera—reaccionó antes de pensar en sus acciones, deteniéndola de recoger su cesta con los ingredientes—. Tan solo espera.

Siento que debo de hacer algo por ella. La he dejado sola todo este tiempo. Si Akira no hubiera regresado sin avisar, es muy probable que… ella hubiera estado completamente sola durante mi propio encierro. Quisiera hacerla sonreír por lo menos una vez más. Si este muñeco de felpa es capaz de hacerlo, que así sea.

Fūka abrió su billetera, creyendo encontrar algo de dinero para la lotería y ganar el muñeco extraño pero se encontró con el mismo resultado que su hermana menor. Ni un solo yen. Podía sentir un frío viento correr a su alrededor por la noticia y que el mundo se congelaba a su alrededor. Reaccionando, recuerda las dos canastas que lleva en manos y la de Mihara en el suelo. Su corazón dejó de latir.

¡¿Cómo voy a pagar todo esto?!

Hasta que un papel que estaba dentro de la billetera dejó relucir una tarjeta de crédito.

Una que conocía muy bien.

Demasiado bien.

—Fu, fu fu…—Fūka empezó reír en voz baja, generando incomodidad en Mihara.

—¿Fū-nee…?—Mihara retrocedió, asustada.

—Fu, fu, fu, fu…—sacando la tarjeta de crédito de la billetera con agilidad, suelta ambas canastas todavía riendo—, he he he… Nee, Mihara… ¿crees poder cuidar las cestas un momento? No me tardo.

Obediente, la niña de la boina roja se queda estática. No sabe cuánto tiempo transcurrió pero, cuando vio a su hermana mayor regresar con fajos de billetes de 10,000 yenes sabía que había algo altamente inusual y sospechoso. Además, cabía agregar, que la sonrisa que cargaba era algo aterradora por más que luciera alegre y radiante. Mihara tragó saliva, incapaz de creer todo lo que estaba sucediendo por el simple hecho de salir a realizar las compras.

—Fū-nee… ¿de dónde salió tanto… dinero…? ¿Qué es todo esto…?—se encontraba sin palabras.

—Esto es a lo que le llamo venganza—responde ella, confundiendo mucho más a la pequeña—. Ahora, ¡juega hasta donde se te antoje! De todas formas necesito algo de sencillo para poder pagar todo esto. No creo que me acepten 10,000 yenes.

—¡El señor de la lotería menos!

—Usa tu encanto infantil, nunca falla—le guiñó el ojo.

Para la no sorpresa de nadie, el truco funcionó y Mihara fue capaz de jugar veinte veces. Veinte veces en las cuales no ganó ni un premio de compensación. La bolita salía de la máquina y siempre era una blanca. No llegaba al color que indicaba el muñeco de felpa. Sin notarlo, se había ido parte del dinero generando a que finalmente tuvieran sencillo para pagar en la caja. Cruzando sus brazos, Fūka observaba a su hermana sufrir con el suspenso del último juego que iba a pagar. Luego de tanto girar, la bolita que cae terminó siendo, de nuevo, de color blanco. Resignada, la niña acude a ella.

—Juega tú también—le dijo con seriedad.

Fūka soltó un suspiro de resignación y acudió. Pagó el precio y giraron la máquina.

La bolita que salió era dorada.

—¡Oh por Dios….!—Mihara se cubrió la boca con ambas manos.

—Oh no—el rostro de Fūka palideció.

—¡Y tenemos a un ganador! ¡El premio son boletos de entrada gratuitos a la piscina de Koyo Chuugakkou Kunai!—gritó el hombre.

—Rayos—Fūka tuvo que aguantar sus comentarios y recibir los boletos amablemente.

Por lo menos lo intenté.

Pero Mihara estaba mucho más emocionada de lo normal, olvidando sus inmensos deseos de tener el muñeco de felpa.

—¡Piscina! ¡Piscina! ¡Piscina! —gritaba llena de alegría, como una niña que acababa de recibir el mejor regalo de todos los tiempos.

—Lamento no haber ganado tu peluche—se disculpó Fūka, agachándose a la altura de su hermana.

—El peluche es lo de menos—Mihara la abrazó con fuerza—. ¡Piscina! ¡Piscina! ¡Podemos ir de paseo todos juntos a la piscina!

Todos juntos… debe referirse a… los tres…. Juntos.

Fūka sonrió débilmente.

—¿Quieres postre también? Hay que celebrar.

—¿Celebrar? ¡Ah, sí! Entonces voy a dar una vuelta más, ¡qué emoción!—Mihara brincó y sostuvo su canasta de nuevo para ver qué agregaba de la sección de dulces.

La muchacha de cabello almendrado volvió a reír por lo bajo, su bufanda naranja meciéndose con la repentina ventisca mientras la tarjeta de crédito brillaba entre sus dedos; la voz de la oferta de la tarde resonando en el supermercado indicando el fin de todo.

Cuando regresaron a casa, lo primero que las recibió al abrir la puerta fue el rostro de Akira lleno de tristeza acudiendo para abrazarlas, Mihara esquivándolo y Fūka haciendo un gesto desaprobatorio con los labios por el disgusto. Propiciándole un fuerte golpe en el abdomen con la rodilla, ambas chicas se abren paso en su hogar mientras que su hermano luchaba por algo de oxígeno en sus pulmones. El complejo en el que vivían no estaba muy lejos del supermercado y, dicho sea de paso, de la piscina a la cual acababan de ganar boletos. A la misma vez, irónicamente, quedaba al lado de la escuela de Mihara. Un acopio de coincidencias que la chica de dieciséis años no le agradaba nada pero, al fin y al cabo los había ganado.

—Encima… que… me… abandonan… por… horas…—Akira se sostiene del borde la puerta, cerrándola al final tras recuperar el aliento. Luego arregla su cabellera negra, enfatizando su drama personal—, ¡¿es así como tratan a su hermano mayor, mis queridas hermanitas?!

Silencio.

Akira tose un poco, notando lo que llevaban en manos.

—¿Qué hay con tanta bolsa?—se les acerca para ayudarlas, colocando gran parte de las bolsas en la cocina—, ¿a dónde fueron sin mí?

—¡Fuimos a hacer las compras de la casa!—Mihara alzó ambas manos, emocionada—, ¡Y de paso compramos cosas para cenar sukiyaki!

—¡Oh my God, comida de verdad!—Akira alza sus manos también, chocándolas con Mihara para luego entrelazarlas y dar vueltas de emoción.

Una de las cejas de Fūka empezó a temblar por la escena que tenía frente a ella.

Me cuesta creer que delante de mí tenga a un hombre de veintiún años de edad.

Esto aumentó cuando sonrió como niño y un poco de saliva cayó de sus labios con tan solo imaginar la cena.

¡Cómo puedo estar enamorada de alguien así, por Dios!

Fūka se sonrojó levemente y les dio la espalda. Definitivamente, era una persona completamente distinta en casa. A veces se preguntaba cuál era la real. Si la de la escuela o la de su hogar. Sentía que ambas formas de ser eran ella. Que las personas a su alrededor hacían que fuese capaz de sentir tales emociones. Sin decir palabra alguna, acude hacia ellos dos para sacarlos de ahí y ponerse un delantal para cocinar. Mihara deseaba ayudar pero le encargó poner la mesa. Akira solo estorbaba y lo sacó a la fuerza, no sin él antes fastidiarla de una u otra manera.

Fūka no se consideraba buena cocinera pero tampoco es que cocinara tan mal. Mientras que saliera algo decente, bien por ella. Es por eso que esta vez se tomó su tiempo. Agrupó los ingredientes e inició sacando una olla grande. Combinando una taza de sake (pudo escuchar a Akira decirle que le sirva un poco en una taza para beber, a lo cual ella no hizo caso), una taza de mirin, un cuarto de taza de azúcar y una taza de salsa de soya dentro de la olla, lo empezó a hervir moviendo ocasionalmente hasta que hirviera con cuidado. Una vez que eso sucedió, lo retiró del fuego.

—¡Mihara! ¿Pusiste a congelar el udon?—tuvo que alzar la voz porque ambos hermanos se habían puesto a jugar videojuegos en la sala-comedor.

—¡No! ¡Lo dejé afuera!—se levantó del sofá, presionando con fuerza los botones—. ¡Aki-nii, no caeré en ese truco de nuevo!

—¡Eso es lo que crees, Mii!

Aparentemente las cosas se estaban poniendo algo agitadas y Fūka agradeció no formar parte de ello. Sacó el udon y lo dejó en un cuenco. Fue por un cuchillo y cortó la col, evitando recordar cosas no tan placenteras al ver el filo. Acomodó con el hombro su bufanda, incapaz de quitarse esa sensación de encima. Luego siguió el shungiku y el negi. Limpió los hongos shitake y decoró. Sacó el tofu de la nevera y cortó en trozos largos y pequeños; la zanahoria en redondeles. Sacó un molde con forma de flor y las zanahorias tomaron esa carismática forma. Ella sonrió. Enjuagó unos fideos y colocó todos los ingredientes secos en un platillo grande para llevarlo al centro de la mesa en el comedor. Regresó a la cocina por una hornilla portátil y una olla de barro. Prendió la pequeña cocina y llamó a la mesa.

—Ya, es hora de dejar de jugar que sino la comida se va a estropear.

A Mihara y a Akira no les importó en lo absoluto que su partida siguiera y tuvieran un gran Game Over en la pantalla. El calor que provenía de la mesa era suficiente para provocar que sus corazones se unieran por un efímero momento. Una familia rota. Una familia rota que de a pocos se iba uniendo. Uniendo pedazos de rompecabezas que jamás podrán adjuntarse.

Cuando Akira vertió parte del aceite en la cacerola, Fūka despertó.

—Hermanita, si no te apresuras Mii y yo vamos a comernos toda la carne—le dijo, acercando su rostro.

—Coman también verduras que no las corté por gusto. Y usen la salsa.

—¡Fū-nee, voy por algo de huevo!—con suma velocidad Mihara fue a la cocina y separó la clara de la yema, sirviendo la primera en un pequeño recipiente y yendo de regreso a la mesa—, ¡no hay nada como sukiyaki sin clara de huevo, sí!

A mí me sigue dando algo de asco remojar la comida en clara luego de que se cocine…

—Pero qué buen gustos tiene Mii—Akira la elogia, sobándole el cabello.

Los minutos pasaron y la escena se hacía más y más tibia, el calor del hogar envolviéndolos en un delicado tul de ilusiones, sueños y amor. La comida se acababa de a pocos, disfrutando cada sabor de las verduras, la carne y el udon. Elogiaban la mano de la chica de cabello almendra, para lo cual ella respondía que no hizo mucho ya que cada uno cocina su porción. Al ya estarse acabando, Mihara inicia una nueva conversación.

—Sabes, Aki-nii… ¡había una lotería en el supermercado!

A Fūka se le abrieron los ojos y se atoró con un pedazo de col en la garganta, incapaz de dejar de toser.

—¿De verdad?

—¡Sí! Mihara quería un peluche que le hacía acordar a Lulu pero no pudimos conseguirlo…—infló ambas mejillas en reproche.

—Vaya, hace tiempo que no escuchaba el nombre de Lulu—replicó sonriente.

Fūka dejó de toser, sorprendida.

¿Sabe quién es Lulu?

Alzó sus ojos, observando aquella sonrisa que la cautivaba. No llevaba los piercings puestos al comer, y se le hizo más hermosa que nunca.

—¡Mm!—asintió la pequeña—, ¡gastamos un montón de dinero…! Creo que unos… 5,000 yenes. O más.

—…Increíble—Akira se alejó un poco, dudoso—. Me sorprende que haya alcanzado el dinero para comprar todo esto entonces… dado a que la carne ha subido de precio y ya es cara, para empezar.

Fūka no pudo evitar reír por lo bajo, tal y como hizo en el supermercado al escuchar tales palabras.

—¿Hermanita…?—Akira no comprendía.

—¡Pero, pero, pero! ¡Fū-nee jugó por mí y ganó boletos a la piscina! ¡Piscina! Era el premio dorado, ¡el mejor de todos!

La hermana del medio dejó de reír. Los ojos de Akira brillaron y colocó ambas manos en la mesa, estirándose para llegar hacia Fūka, quien se encontraba en el asiento de al frente. Ensimismado, aquella mirada solo le provocaba escalofríos a ella al temer lo que saldría de su boca.

—¡Oh my God, vamos a la piscina! ¡VAMOS A LA PISCINA!—gritó—, ¡quiero ver a mi adorada hermanita en un biki-!

La chica de ojos pardos le propició un golpe en la rodilla sin piedad alguna y un alarido provino de los labios del chico incapaz de terminar su frase. Con ojos llorosos, no podía creer semejante ataque. Mihara solo suspiró y robó un trozo de carne del plato de su hermano.

Modales, Akira—enfatizó con una sonrisa que le causaría miedo a cualquiera.

—¡Pero necesito ir! ¡Ir contigo!—al ver que las cosas no estaban saliendo como planeaba, observa a Mihara y la señala, corrigiéndose— ¡Necesitamos ir contigo!

Silencio.

—¡Debo ser yo el que vaya contigo! ¡No vas a ir con Takeru!—se levantó de su asiento, extendiendo su dedo índice hacia ella—. ¡Lo prohíbo! ¡Nadie más puede verte en bikini a excepción mía, tenlo muy claro!

—Desagradable—ahora fue Mihara quien lo dijo.

—Por el amor de…—Fūka coloca su palma de la mano en la frente, tratando de mantener la calma y no caer en el juego de su hermano—, me pregunto quién crees ser para tener la autoridad de decidir aquello.

—¿Están peleando…?—pero ahora la actitud de Mihara cambió al ver el intercambio de palabras.

—Por supuesto que no, Mii—Akira sonríe—. Todo es culpa de Takeru.

—Vas a dejar que haga lo que se me plazca con ese boleto—ignorando su comentario, Fūka también se levanta y cruza sus brazos.

—¿Y por qué?—Akira le imitó la pose.

—¿Uh, hola? ¿Por qué nos abandonaste por años? ¿Y regresas y no haces nada más que jugar video juegos y tomar cerveza y sake? ¿Entonces no tienes derecho?—ella no comprendía por qué lanzaba todo como una pregunta, mas sabía que estaba harta de todo.

Akira sostuvo su corazón, al saber que habían dado en el blanco con cada palabra. Desplomándose en el suelo, es capaz de admitir su derrota.

—De acuerdo… tú ganas.

Acabado el drama, siguen comiendo.

Fūka sabía que era primavera, pero se sentía en invierno al comer algo tan caliente y característico de aquella temporada. Recordó los boletos y sonrió para sus adentros. Sabía perfectamente qué hacer con ellos. Lo supo tal cual los recibió y tuvo en manos. Lo supo tal cual vio el complejo de edificios de Takeru de regreso a casa. Por eso una pregunta nació en ella al sentir que estaba experimentando invierno en primavera, y desear transmitir el calor del verano hacia dos personas que no veía desde que acabó la escuela.

Me pregunto si el invierno es verano en primavera.

—Oh, cierto…—Akira cruzó una pierna encima de la otra en la silla de la mesa, ganándose miradas desaprobatorias, mientras se quedaba con un hashi en la boca mientras hablaba—, creo que la nueva figura que quería salía esta semana… vamos a ver—saca un smartphone del bolsillo de su jean, Fūka tomando noción que era nuevo. Esos celulares recién estaban circulando, después de todo—. ¡Oh, tengo un correo para que realice el pago!

Fūka toma un sorbo de té verde. Mihara presiente que algo trama, pero no dice nada.

Akira trata de pagar pero le niegan el pago. Se empieza a preguntar en voz alta el por qué.

What the fuck, sí yo tenía un montón de dinero en mis ahorros—ingresa a la página del banco, buscando una explicación en su cuenta—. What the actual fuck.

Su acento en inglés ha mejorado. Supongo que su estadía en el exterior sirvió para algo.

—¿Sucede algo?—Mihara se atrevió a preguntar al ver que el suspenso se mantenía.

Holy shit—el celular se resbala de sus manos, mostrando una cuenta bancaria completamente vacía en la pantalla—. ¡¿Han hecho hacking en mi cuenta o algo?!

Fūka se levanta, retirando los platos. Mihara la imita, dejando al hermano mayor revisando vehementemente que esa información fuese falsa.

—Cierto, hoy es turno de Akira en lavar los platos—menciona ella de manera pausada.

—Un segundo…—todavía metido en la pantalla del celular, Akira es capaz de observar cada uno de los gastos—. ¡Vietnam War Flashbacks!

Recuerdos como si fuesen de una guerra misma, Akira reconoció todos los nombres en esa lista de gastos. Eran los nombres de los restaurantes de comida rápida que llegaban a casa. Él no recordaba haber pagado todo ese tiempo. Nunca se puso a pensar de dónde salía el dinero para pagar comida rápida por casi tres meses. Alza el rostro y observa una radiante sonrisa en Fūka. Tragó saliva.

—Mi querida hermanita…—su rostro estaba pálido—. ¿Acaso tú…?

—Gracias por la comida, hermano—sonriendo como los mil soles, supo que su venganza había sido exitosa.

—He sido… Derrotado—se dejó vencer en la mesa.

—También, deberías cambiar las claves de tus tarjetas—dijo Fūka.

—¡Pero es un recordatorio constante de mi incondicional amor hacia ti!—gritó, recuperando sus fuerzas.

¡¿Tanto así para poner mi fecha de cumpleaños como todas tus claves?!

—Desagradable…—murmura Mihara.

—Gracias por la comida estos últimos meses, Akira. Y la cena de hoy—siguió sonriendo, sabiendo que no había forma de que la derrotaran a ella ahora.

—Mi figura de Saber…. ¡Te fallé, Arturia Pendragon! ¡I've failed you!

Sin saber de quien hablaba, la chica de ojos pardos siguió sus quehaceres para luego sostener ambos boletos en sus manos, observando el teléfono de su casa.

Sé que ambos lo disfrutarán. Takeru, haz sentir a Hikari en el invierno de su corazón el verano en la mismísima primavera. Ambos lo merecen. Me pregunto si estoy siendo egoísta de nuevo, haciendo esto por ellos dos. Solo quiero enmendar mi error. Mi más grande error.

※※※

Presente

※※※

Takeru no sabía toda la historia con lujo de detalle. Solo le contó lo que la muchacha de cabello almendrado le había contado por teléfono. Que ganó unas entradas con Mihara pero, que Mihara se enfermó y no podrían ir entonces se las daba a él. Takeru alteró esa historia diciendo que había sido Yamato y Sora quienes las ganaron y se las dieron a él. Hikari se entrometió diciendo que por qué la llevaba a ella y no a su enamorada, para lo cual Takeru no supo que responder. Solo estuvieron en silencio, Hikari pensativa con su silencio.

No me quiere decir. De seguro están peleados.

Hikari sacudió su rostro.

No tengo por qué estar pensando en detalles como esos. No me debería de importar. Solo deseo que este día acabe rápido para así poder saber cómo recuperar a Daisuke del Mar de la Oscuridad.

—Para que esta primavera solo sea primavera. No invierno ni un falso verano.

Sus murmullos se perdieron con el viento, ambos caminando bajo un despejado cielo azul.


Hola...

De acuerdo, este capítulo originalmente iba a ser esto más la salida a la piscina pero, lo alargué demasiado y me di cuenta que como es Filler, no habría problema si me enfocaba en la extraña dinámica dentro de la familia Hinanawi. Lo que sí, fue muy divertido pasarme dos días en Google Maps viendo el layout de la zona. Encontré un croquis de donde viven los niños elegidos y justo el complejo donde elegí que vive Fuka queda muy cerca al de Takeru. También, en la zona colindante hay un colegio de escuela primaria y un supermercado que es "maibasuketto" (que sería "My Basket"), así que lo que Fuka cuenta son lugares que realmente existen cerca al lugar en donde vive.

También, si lo notan, toqué cosas que se mencionan en otros capítulos. No es relevante pero mantener la continuidad de la historia dentro de estos fillers me pareció un buen detalle.

Also, yes. Akira es un weeb. Su best girl es Arturia de Fate/Stay Night. Le gusta coleccionar figurines.

Sí, Fuka usó todos sus ahorros como venganza.

Igual, en la historia de verdad va a haber un capítulo dedicado a una salida a la piscina/playa, entonces mejor relatar una con todos los personajes juntos y teniendo un buen rato entre amigos, que de a dos.

Muchas gracias por leer. ¡Finalmente la historia va a continuar! ¡Luego de casi dos años de hiatus!

Lamento si se me pasó algún error ortográfico. Publiqué esto apurada.