Notas de Autora: Me duele la cabeza de escribir todo esto, no tienen idea. Retomamos Ironía con un capítulo largo porque, a quién engaño, una vez que empiezo NO ME DETENGO. No soy de usar títulos en inglés pero, no encontré una traducción que me convenciera.
Capítulo 40: Dazzled by Foul Play
ABRIL
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Cuando la alarma del despertador sonó, tomé noción que había perdido la cotidianeidad de levantarme tan temprano en la mañana. Las vacaciones habían terminado por más que lo supiera desde la noche pasada pero, debido al estrés de la madrugada mi cerebro añoraba por conseguir unas horas más de sueño. La alarma seguía sonando, y estiré mi mano lentamente bajo las sábanas para apagarla, solamente para toparme con la sorpresa que en el intento lancé el despertador bajo la cama. Aguantando un gruñido, supe que definitivamente iba a tener que levantarme. Sentir la calidez, la suavidad de las sábanas contra mi rostro, la forma en la que moldeaban el resto de mi cuerpo, era un placer que definitivamente iba a extrañar hasta que finalizara el nuevo año que iniciaba esta mañana. Tenía nuevas responsabilidades a las cuales acudir, y no pensaba tener este debut con una mala impresión.
Con un pie afuera, empecé con la rutina que había dejado olvidada desde hace meses atrás. Escuché a Patamon bostezar a la distancia, quien con tanto escándalo proveniente del reloj que finalmente había cesado de sonar se había despertado. Somnoliento, voló hacia mis brazos parpadeando para despejarse. Lo recibí con cariño, llenando de calidez mi mañana.
—Buenos días, Takeru—adormecido, volvió a acomodarse en mis brazos.
—Buen día, Patamon—repliqué con una sonrisa—. Vamos, que si quieres dormir puedes regresar a tu almohada. Si descansas aquí no podré alistarme.
—Pero aquí estoy más cálido que ahí…—hizo un ligero puchero, solo para que de igual manera lo dejara reposando en la pequeña cama que mamá y yo le armamos juntos—. Mmm…—soltó un pequeño gesto, solo para abrir los ojos una vez más y agarrarme desprevenido—, Takeru… ¿sigues preocupado?
Me detuve en seco, olvidando todo lo que debía de hacer por meros instantes. Muchos pensamientos habían corrido anoche por mi cabeza como un tren salido de control sin conductor al volante. Miedos que, para cualquier otra persona, podrían resultar absurdos, considerando las otras responsabilidades que cayeron sobre mis hombros meses atrás y fui incapaz de rehusarlas. Patamon detectaba mis miedos, y debía dar el máximo esfuerzo para demostrar lo contrario.
—Para nada, son solo los nervios del día de hoy.
—Entonces está bien—responde, todavía algo dubitativo—. Te quedaste hasta muy tarde redactando en la computadora, temía que no te despertarías a tiempo. ¿Tan importante es para que te tenga así?
Sudé un poco, recordando que por más que ya lo haya hecho antes, el saber que ahora sería de una manera distinta hacía que olvidara por breves instantes mi otro gran dilema. Sinceramente, no sé cuál de los dos tiene una prioridad más alta pero, solo puedo decir que ambos dilemas me han atormentado por bastante tiempo y hoy es el día en el cual tendré que enfrentarlos. Por fortuna, uno sería rápido pero implicaba todo un proceso que podría ser resultar siendo un fracaso o un rotundo éxito; el segundo requería más trabajo y dependía absolutamente de la madre Fortuna.
No creí que me sentiría tan abrumado al despertar y el día acaba de iniciar. Ah, quiero renunciar.
—Takeru… no dormiste, ¿cierto?
Frené en seco mientras retiraba mi uniforme escolar del perchero. Tragué saliva y seguí con la rutina a la cual debo de retornar, pretendiendo estar lo más tranquilo posible y así transmitirle seguridad a mi camarada.
—Puede ser que me haya quedado hasta muy tarde pero te aseguro que he dormido lo suficiente.
—Cómo digas…—sabiendo que no lograría sacar información de mí, decidió soltar el tema—, pero tus ojeras son evidentes.
¿Por qué me cierro hasta con Patamon…?
Proseguí con mis cosas, ignorando mis alrededores. Lo único que no me dejaba tranquilo eran los papeles encima de mi escritorio. Tragué saliva. Mi piloto automático se había activado y, de un segundo a otro, ya me encontraba listo abriendo la puerta para tomar desayuno en el comedor junto a Patamon quien, a mi parecer, seguía decepcionado de mi respuesta. Las hojas ya no se encontraban en su sitio y supuse que las guardé sin percatarme. Mi madre ya se encontraba sentada frente a mi asiento, sonriendo como es de costumbre. Debe de haber notado mi cambio también, y me duele ocultarle todo lo que está sucediendo. No me queda otra alternativa, es un problema que debo resolver por mi cuenta lo más pronto posible.
Ella comía tranquilamente el arroz recién hecho, el vapor cubriendo su rostro. Un grano se le pegó debajo del ojo izquierdo por alguna extraña casualidad del destino, y no me atreví a decirle, al creer que aquello llevaría al primer intercambio de palabras de la mañana. Mi falta de sueño es evidente y lo que menos deseo es que una inocente palabra lleve a un catastrófico desenlace. Observé mi sopa de miso y le di un sorbo. No esperé lo suficiente; me quemé la lengua y aguanté el dolor. La mala suerte estaba iniciando de a pocos. Espero que aquello no perjudique lo que tendré que hacer más tarde en la escuela, aunque creo que es una exageración el pensar aquello. El silencio reinaba en la mesa, solo escuchándose los palillos dar de vez en cuando con los platos, y el sonido de nuestras bocas saboreando la comida. Asimismo, Patamon andaba igual que nosotros. Le di un mordisco al pescado y me topé con la sorpresa que había una espina que casi me trago. Disimuladamente la boté en la servilleta.
—Takeru… ¿estás bien?—mi madre dejó el té, enfocando su mirada en mi presencia—, no has dicho ni buenos días al salir de tu habitación.
Sabía que eventualmente sucedería.
—Todo está bien, en verdad. He dormido poco y debo seguir algo soñoliento—sonreí, soltando una mentira blanca por más que supiera que me cuestionaría por ello—. Buenos días.
—Algo tarde, ¿no crees?—suspiró rendida—. Deberías seguir el ejemplo de Patamon, siempre saluda.
Mi compañero alzó sus ojos del jugo de naranja que bebía de una pequeña taza. Al parecer el sí lo hizo y no lo llegué a escuchar.
No puedo creer que mi mente esté en todas partes hoy de todos los días.
—Hijo, si no lo vas a comer tan solo dime. No es para que trates la comida de esa manera.
Fue en ese momento en el cual noté que andaba aplastando el natto sin piedad alguna con los palillos, y este se había caído sobre la mesa, ensuciándola, al estar cubierta con salsa de soya. Mi rostro se tornó en genuina sorpresa por mis acciones, soltando un delicado y airoso: oh.
—Ah, no era mi intención... Lo limpio antes de irme.
—Takeru, Patamon y yo estamos muy preocupados por ti. Sé que él ha hecho todo lo posible por hablar contigo, y yo me he esforzado en no presionarte. No quisiera que el preguntarte sobre el tema cause que te alejes de mí pero, siento que si no lo hago pronto eso sucederá lo desee o no, y es lo que menos quiero—observé como colocó ambas manos sobre su frente echando un suspiro que aguantó desde hace bastante rato—. Sé que algo está mal desde que sucedió el accidente de Daisuke. Me alegra que ya haya despertado sin inconvenientes pero eso no alivió tu aspecto. Me duele el verte así. Soy tu mamá y no puedo hacer nada para ayudarte.
No soy capaz de decirle que mi mejor amigo tiene amnesia, que olvidó por completo a Kari de su mente y que, en cierto rincón de mi corazón quiero tomar el asunto a mi ventaja. No quiero que se sienta mucho más decepcionado de mí.
—¿Tiene algo que ver con… Fūka?
El resto del natto cayó del plato.
Patamon dejó de morder una tostada.
El mundo se detuvo ante mis ojos.
—Siento que has estado con ánimos falsos últimamente y creme, es fácil de detectar. Avancé en mi carrera como periodista por detectar muy bien cuándo algo es falso o verdad y ahora mismo estás poniendo el rostro de políticos que he entrevistado.
El mundo volvió a girar, mi madre robándome una sonrisa.
—Mamá, agradezco tu apoyo pero, te aseguro que todo está bien—seguí con la sonrisa, esforzándome en aliviarla de aquél dolor que solo las madres son capaces de sentir.
—Sé que ella y tú son muy unidos desde hace bastantes años. Me sorprende no haber escuchado nada de ella estos últimos meses. Creí que… había pasado algo similar como con lo de… Hikari. ¡Aunque me alegra el hecho que ustedes dos se estén amistando! Ya era hora.
Mamá…
—No es nada por el estilo, no sucedido nada así—empecé a limpiar la mesa con una servilleta nueva para eliminar los rastros de natto mientras seguía respondiendo—. Su hermano ha regresado de Nueva Zelanda y ella junto a Mihara desean pasar tiempo de familia juntos al sus padres seguir en el exterior.
—¿Sus padres siguen de viaje? ¿No se fueron hace casi un año? Ese viaje de aniversario sí que está durando bastante, yo no abandonaría a mis hijos de esa manera—pensativa, mi madre tomó un sorbo de su café. Finalmente, observé cómo achicó sus ojos azules, idénticos a los míos—. Muy inusual… hm.
Alcé ambos hombros, no dándole mucha importancia a aquél detalle.
—Por cierto, ¿desde hace cuánto tiempo que Akira ha vuelto? ¿Por qué no lo mencionaste? Ahora tiene más sentido. Si lo hubieras dicho antes mi preocupación no hubiese crecido tanto.
—No lo consideré tan importante.
Me miró de soslayo, sabiendo perfectamente bien que nuestra relación no es color rosa con ese instinto de madre que carga consigo.
—Es un buen niño… bueno, en realidad ya no es un niño. Es casi un adulto. Conque 21 años…, un par más que Yamato…—jugó con sus manos, sonriendo para sí—. Por suerte compré un pastel de naranja para llevar hoy día a la oficina, pero sé que ellos tres lo disfrutarán más. Que no lleve un dulce un día nadie morirá. Alguien siempre termina comprando algo al fin y al cabo. Tómalo y llévaselos como un regalo de mi parte.
—Ah sí, tan buen niño ese sujeto—repliqué con sarcasmo—. Mamá, si llevo el pastel conmigo va a malograrse o acabar estropeado. Recuerda que tengo muchas cosas que hacer el día de hoy.
—Es cierto—respondió sonriente—. Eso explica tus ojeras y evidente falta de sueño.
—Te dije que se notarían, Takeru—Patamon se entrometió, sonriendo con complicidad.
¡Eliges el peor momento para sumarte a la conversación!
—¿Te encuentras nervioso? Es una gran responsabilidad. Me sorprende que hayas aceptado en primer lugar. Aunque me siento muy orgullosa el que lo hayas hecho—tomó mi mano derecha con sumo cariño—. Y sobre el pastel tan solo llévalo.
—De acuerdo, de acuerdo. Tú ganas—eché un suspiro de derrota, hundiéndome en la silla—. Sin embargo, todavía me siento algo inseguro con respecto a eso que dices. No tengo idea si llamarlo nervios o llana ansiedad. Quiero renunciar.
Lo he hecho antes pero con tan solo pensar que la situación esta vez es distinta… ¡¿por qué no me dejaron un manual?!
—Todo saldrá bien, ya verás. Tienes todo nuestro apoyo, ¿no es así, Patamon?
—¡Por supuesto que sí!
Oculté una diminuta sonrisa. No podía rendirme ahora.
El desayunó prosiguió en silencio, mis pensamientos corriendo a mil por segundo. Dudas, inquietudes, miedo y angustia. Por más que intentara ignorar dichas sensaciones al comer, se me era imposible ignorarlas. Tenía miedo y era comprensible. Ya lo había hecho antes pero, el nuevo factor era la posición desde la que lo iba a hacer. Podía tener resultados tanto positivos como espeluznantemente catastróficos.
Observé a mi madre tranquila, apacible. Patamon lucía igual. Aquello no era justo. Solo evadí el tema principal con mentiras blancas. Yo sé todo pero, ellos casi nada de mí. No era porque no quisiera compartir, sino porque no deseaba ser una inconveniencia. No deseo involucrarlos en tantos problemas y noten en la corrupta persona que me he vuelto con todos los acontecimientos del año pasado.
No deseaba arruinar nada.
Por lo menos, no ahora.
—Voy a lavar los platos—mi madre se levanta, recogiendo mis sobras. Tenía falta de apetito por más estresado que me encontrara—. ¿Quieres que lo ponga en la lonchera para el almuerzo?
—Oh—finalmente reaccioné, al notar que ya se estaba haciendo tarde—. Sí, por favor.
—De paso que ahí mismo pongo el pastel. Por suerte no es muy grande—concluye ella—. Ahora que te veo de pie, por lo menos las ojeras te han bajado a lo largo de la mañana.
En un dos por tres, todo estaba empacado y me encontraba en la puerta listo para partir. Los tres nos despedimos, Patamon en la cabeza de mi madre con un rostro que reflejaba molestia. Una molestia que me causaba difícil describir. Sabe que le digo ocultando cosas y aquello le duele. Tengo que ser más abierto con Patamon por más que me cueste, antes de que sea demasiado tarde y pierda a mi único amigo y aliado para siempre.
La puerta se cerró, yo incapaz de escuchar la conversación que tuvieron tras la puerta mientras me hacía camino con la lonchera y el pastel obligatorio.
—Patamon… prométeme… prométeme que… si el dolor y preocupación de Takeru son inalcanzables para mí, algo en lo cual no podré ayudar ni ser un apoyo… prométeme que lo protegerás… por favor. Por más que eso implique protegerlo de sí mismo.
Natsuko sintió la confirmación de Patamon sobre su cabello.
*
Mantuve el silencio por casi quince minutos, sumergiéndome con el sonido de las hojas de flor de cerezo siendo aplastadas bajo mis pies. El único arrebol que brindaba color a mi monótono alrededor, oscureciéndose con cada paso que daba. La primavera reinaba y no podía evitar el pensar lo maravilloso que sería ir a un hanami. Imaginaba a las dos chicas que generan inseguridades en mi corazón, solo para percatarme que me auto-lastimaba con dichos pensamientos. Si este fuese un mundo alterno, uno en donde no reinase el sufrimiento ni las mentiras, estoy seguro que, aunque sea como amigos, podríamos presenciar uno esa primavera. Los árboles emanaban un verdor sin igual y contagiaban las ganas de dar piruetas repentinas entre los danzantes pétalos y hojas que descendían al compás de una melodía imaginara de la estación actual.
Seguía dentro del distrito residencial pero, la falta de vida dejaba mucho qué desear. Muchos estudiantes ya habían tomado el tren y, considerando que Odaiba es una zona más residencial, se veía a uno o dos alumnos de otras escuelas rondando por ahí. Yo lo prefería así. Después de todo, me da paz y quietud para poner en orden mis pensamientos y no chocarme con nadie al andar distraído. El viento susurró como suaves caricias a mi oído que era momento de hacer algo. Sentí el pastel moverse dentro de la lonchera.
«Tómalo y llévaselo como un regalo de mi parte.»
Era poderoso el saber cómo unas palabras podían estremecer hasta el más inestable corazón.
El escenario súbitamente cambio cuando llegué a la esquina del complejo de departamentos de Fūka. Gris y concreto se apoderaban del ambiente. La mejor opción era dejarlo ahora mismo. Después de todo son las siete de la mañana, todavía debería estar ahí a las clases empezar 8:30. Además, me ahorro el tenerlo todo el día conmigo y, cabe agregar, que la resplandeciente sonrisa de Mihara es un gran incentivo.
Ingresé y caminé por el lobby, percatándome de unas cajas de mudanza al haber muchas personas alrededor llevándolas por el ascensor de carga. Aparentemente alguien se andaba mudando y, por algún motivo, una sensación de nostalgia se apoderaba de mí al verlas. Había algo muy familiar en ellas, una sensación que no me podía quitar de encima.
Como si alguien que ya conozco está regresando a este edificio.
Sin percatarme, ya había arribado a la puerta de su apartamento. Jamás me había sentido tan atemorizado de tocar el timbre. El tan solo pensar que cabía la más mínima probabilidad de toparme con Akira hacía que deseara huir dejando el pastel en la puerta como un niño abandonado. Una vez que mi dedo dejó la superficie metálica, el sonido retumbó tanto en el interior como en el exterior.
Ring.
Nadie salió.
Ring, ring.
No había respuesta.
Ring, ring, ring.
Me di por vencido.
Qué extraño que nadie esté en casa siendo tan temprano…
Crucé los brazos, meditando. Mi falso amor siempre se levanta temprano, Mihara lucía muy emocionada de asistir a clases este año… no tengo ningún mal presentimiento sobre esto pero lo encuentro altamente inusual y sospechoso. Opté por echar un suspiro más hacia el deslumbrante cielo azul de primavera.
—Ahora, ¿qué se supone que haré con este pastel todo el día? Juro que…—lo alcé, mirando la lonchera con el postre en cuestión dentro de ella, suspirando por segunda vez seguida—, aunque sí, admito que es muy raro que no haya nadie. Cabe la posibilidad que Fūka y Mihara hayan salido más temprano de lo normal debido a que hoy es la Ceremonia de Ingreso del nuevo año… y Mihara debe asistir a su nueva escuela. Espero que le vaya bien ahora que ingresa a una nueva etapa de su vida: la secundaria. Puede ser que Hinanawi haya tenido que acompañarla pero… con respecto a Akira… ¿podrá ser que al fin consiguió un empleo? Si es así me alegro por Fūka.
Resignado, me retiré del edificio para caminar a la estación del tren Odaiba-kakinhoen. Los vagones se encontraban llenos de personas y se me hizo difícil encontrar un asiento. El viaje es de 40 minutos en total considerando que hay trasbordo de tren pero afortunadamente solo son 12 minutos en uno y luego 5 en el segundo. Considerando que la última estación en la que tengo que parar es Tamachi, debo apresurar el paso para evitar toparme con Ken. No quisiera empezar el día con hostilidad, aunque considerando el flujo de gente, dudo que ello suceda. Una vez ahí, caminé sin mirar atrás, ignorando mis alrededores. Luego de caminar 10 minutos, arribé a mi destino.
Las flores de cerezo caían en la pavimento; las faldas escolares danzaban en el viento; voces coloreaban el ambiente con tonalidad clara; definitivamente, un año nuevo estaba por iniciar.
La escuela de secundaria y preparatoria de Mitanohara* me recibió con el bullicio de los alumnos buscando frenéticamente sus nombres en los pizarrones, entusiasmados por saber en qué clase se encontraban este año. Si estarían con sus amigos, si había alguna cara familiar. La ansiedad que sentí en la mañana creció todavía más al estar frente a frente a los papeles llenos de kanjis conocidos y desconocidos. Ignoré los golpes a mi alrededor de niños de trece años desesperados por iniciar su nuevo ciclo en la vida, y a los mayores de mi misma edad agobiados con tan solo pensar en que sería la última vez que pisarían esta escuela. Muchas veces me pregunto si las escuelas que solo son de preparatoria y no combinada como la nuestra es tan ruidosa como esta.
Sostuve la lonchera, protegiendo el pastel contra mi pecho para mantenerlo seguro y, a la vez, procurar que mi corazón no escapara con tan frenético palpitar. Mis labios estaban secos y partidos, incapaz de saber si mi mal presentimiento de esta mañana se trataba de algo tan absurdo como un papel con nombres. Mis ojos dieron con mi apellido, luego de abrirlos.
Eso es un alivio… Ahora…Lo que menos quiero es que…
Asimismo, encontré el apellido de Fūka lo cual causó que el alma me retornara al cuerpo por breves instantes.
—Dios, esto es un alivio. Aparentemente estamos en el salón 3-A—respiré el aire primaveral, su sabor a cereza nublando mi razón—. Ahora solo…
¡Solo uno más, un apellido más…!
Ring. Ring. Ring.
Pero la primera campana de ingreso a clases me hizo retornar a la normalidad. El día seguía corriendo y no podía seguir perdiendo más tiempo aquí en la multitud. Tenía cosas pendientes que hacer con la nueva responsabilidad que se me ha encargado y no puedo dejar que sucesos de este calibre obstruyan mi deber.
—Maldición, no me alcanzó el tiempo para revisar si Kari… voy a tener que dejárselo a la suerte.
Y sin saber si fue cuestión de suerte o no, al dar media vuelta y correr por el patio hacia el corredor, me estrello contra la espalda de un alumno.
Cuando hablaba de suerte no me refería a una de este estilo.
Un alumno andaba de pie sumido en su mundo, sosteniendo margaritas en las palmas de sus manos, sintiendo la textura de cada pétalo con la yema de sus dedos. Ensimismado en su mundo, tomé noción que era un chico esbelto que incluso el abrigo de la escuela le quedaba grande y le comía medio cuerpo, y que su cabello era de un inusual gris claro, casi como la pimienta blanca molida. Dos pequeños mechones salían de su desordenado cabello, amarrado en pequeños listones lo cual me hizo pensar que era algo femenino dicho detalle.
Una vez que caí al suelo, despertó de su trance y dio media vuelta.
Sus ojos plateados me hipnotizaron, creyendo haberlos visto antes, en alguna parte, alguna vez.
¿Pero… dónde?
Soltó las margaritas, extendiéndome su mano para ayudarme.
—¡Lo lamento! No estaba prestando atención y me quedé de pie. ¿Se lastimó?—su voz era airosa, algo rasposa y grave aunque, a la vez, delicada y dulce.
—Me encuentro bien, gracias—repliqué, sonriendo algo nervioso. Observé el listón del uniforme que llevaba en su cuello: era de color azul; el mío rojo.
Un alumno de segundo de preparatoria. Es un año menor que yo.
Una vez que me tendió la mano, fui capaz de observar cómo evitó mi mirada y sus mejillas se tornaron de un leve color escarlata con tan simple gesto.
—¿Todo en orden?—pregunté, temiendo que se desmayara por tener calentura y verme envuelto en un apuro para el cuál no tenía tanto tiempo. Mantuve su mano con la mía un momento más, asegurándome—. No pareces tener fiebre. Igual lo mejor sería ir a la enfermería antes de que inicie la Ceremonia de Ingreso.
Sus ojos plateados se abrieron más de la cuenta y su rubor empeoró, tanto así que temí haber dicho algo fuera de lugar.
—Se lo agradezco, superior, pero soy yo quien debería estar más preocupado por haberlo hecho caer. Me disculpo por haberle hecho perder el tiempo, que tenga un buen día—con las palabras atropellándose al salir de su boca, bajó la cabeza y la hundió entre sus hombros, se agachó un poco en ademán de disculpas y emprendió su camino sumamente aturdido casi estrellándose contra un pilar de concreto.
Su formalidad me hizo sentir muy incómodo. Es un chico un poco raro. De todas maneras, no tengo tiempo para trivialidades de este estilo. ¡Tengo muchas cosas pendientes y tan poco tiempo!
*
No me percaté cuándo fue que el director dejó de hablar por el micrófono en el podio del auditorio. Los aplausos me sacaron del trance en el que me encontraba al leer los papeles que se encontraban en mi escritorio de esta mañana. Muy aparte de mi gran temor de no estar en la misma clase que Hikari (que se esfumó un poco al saber que por lo menos mi falso amor está conmigo), este era mi motivo de querer renunciar. He dado discursos antes, eso es certero pero, jamás con esta posición.
Me pregunto, ¿ella se habrá sentido así todos los años antes de dar un discurso frente a toda la escuela? Considerando que tenemos alumnos que van desde los 13 a los 18 años… realmente era una persona increíble, ella.
—Ahora, alumnos y alumnas, los dejo con el Presidente del Consejo Estudiantil, quien tiene unas palabras para compartir con todos ustedes.
Palabras que escribí a la 1AM. Hibiki estaría tan decepcionado de mí, ¡¿por qué tuve que aceptar su puesto ese día?!
Una ronda de aplausos fue el prólogo de mi peor pesadilla disfrazada de halagos mientras me abría paso a la luz de mi gloriosa caída.
—Muchas gracias, director Kitagawa—pretendiendo seriedad, tragándome mis nervios, empecé el discurso frente a más de doscientos estudiantes—. Antes que nada, me presento. Mi nombre es Takeru Takaishi y, como el director previamente mencionó, soy el nuevo Presidente del Consejo Estudiantil luego de que nuestra anterior Presidenta, Hibiki Inoue, se graduara. Curso el último año de preparatoria y, bueno, las circunstancias de que sea ahora Presidente Estudiantil es inusual pero, espero que todos juntos podamos crear un campus ameno.
Frenéticamente buscaba con mis ojos una zona segura, un espacio de confort. Nunca había sentido mis nervios en tal nivel, ni el día que invité a Kari a la fiesta. El sentir que podría hacer el ridículo era aterrador. Aunque el saber que podría manchar la legacía de Hibiki lo hacía mucho peor. ¿Cómo pude inspirarle confianza tantos años atrás? Una cosa era hablar como un estudiante que entró con buenas notas pero, ¿esto? Es completamente distinto.
Hibiki era una persona admirable. Estar de pie aquí por cinco años…
Finalmente, cuando me encontraba a punto de titubear frente al micrófono, olvidando los apuntes hechos en la madrugada con mentiras de optimismo y promesas vacías, mis ojos dieron con un pardo que podía aparentar ser una misma esmeralda a los rayos de sol reflejarse en sus irises. Unos ojos pardos que relucían con la misma vida, inclusive llenos de emoción por los sucesos que estaban llevándose a cabo.
El rostro de Fūka estaba bañado por el rocío de la primavera, asemejándola a un hada. Sus mejillas andaban rojizas, probablemente había llegado al auditorio algo tarde y corrió a alta velocidad. Curioso, al haber pasado por su casa y no haber nadie. Su uniforme estaba recién planchado, el suéter crema llegándole hasta las rodillas y su bufanda, llena de marcas y roturas por el paso del tiempo se encontraba resplandeciente. Andaba sonriente, ajustando un poco de su cabello tras la oreja izquierda. Fue ahí cuando me chocó. Cuando retorné a la realidad que me costaba esquivar, memorias sobre el trágico desenlace de la fiesta de fin de año.
Fūka tiene su cabello corto ahora. ¿Cómo pude olvidarlo? Por eso tiene su bufanda casi hasta el mentón.
Su cabello color avellana resplandecía, llegándole hasta más arriba de la nuca. Fue en ese momento en el cuál noté que había tenido una lucha con el cepillo esta mañana al haber mechones rebeldes. Había olvidado que al tenerlo largo, su cabello no se enredaba tanto pero, al ahora estar corto, parece como si anduviera despeinada por más que cargara el mismo prendedor rosa en una esquina. De cierta forma, me recordaba al de Kari.
Observé que me sonrió a lo lejos, agitando la mano por lo bajo para no llamar la atención de nadie. En eso, observo cómo su mirada intenta guiarme hacia la fila del frente, donde estaban todos los estudiantes de doce años que cumplían trece este mismo año, y aquellos que ya tenían dicha edad.
Mihara estaba entusiasmada, sus irises brillando al verme en el escenario. Mi corazón volvió a latir, como si ya lo supiera desde un inicio. Ella siempre quiso ingresar a esta escuela y ver su sueño hecho realidad es un alivio de por sí. Me costó reconocerla por un breve instante, aunque sus ojos miel fueron lo que la delataron. Las trenzas que generalmente las llevaba lado a lado, como dos pares, ahora era remplazada solo por una delgada que caía por su hombro izquierdo junto a un listón lila, casi como el de una amatista. No obstante, la boina roja seguía en su cabello lo cual me sacó una sonrisa, sabiendo perfectamente que iba en contra del código del uniforme escolar y la vería seguido en el Consejo. Lo que me costó acostumbrar a mis ojos fue el uniforme.
Era distinto al nuestro, el que los estudiantes de preparatoria portan. Era un chaleco negro con botones dorados encima de una blusa de manga larga blanca y, sobre todo este conjunto, una gabardina crema que le comía las manos. Su listón verde con rayas oscuras indicaba que pertenecía a primer año de secundaria y combinaba con su falda beige a rayas y cuadros negros. Arregló su cabello, el cual lo había dejado crecer.
Su hermana mayor lo tenía corto; ella ahora lo tenía largo.
No sé si tomarlo como una buena o mala señal por parte de Mihara. Aunque… Hinanawi debe sentirse orgullosa de ella en este momento.
Afiné mi garganta, listo para proseguir por más que mis ojos todavía no dieran con la figura que genera tanta ansiedad dentro de mí.
—Creo con firmeza que cada uno de nosotros debe aceptar la responsabilidad de mejorar nuestra escuela. Una escuela en la cual pasamos más horas que en casa, siendo nuestro segundo hogar. Esta mejoría, este cambio, de aplicarse tanto aquí, como en casa y, en un futuro cuando salgamos a enfrentar el mundo al finalizar nuestros estudios. El cambio no puede ocurrir sin un esfuerzo sostenido y un nivel de compromiso sin precedentes. Es por eso que debemos reestructurar nuestras vidas diarias para acomodarnos a este elevado objetivo.
Mi voz retumbaba en el auditorio, sin saber qué pensar. Mis ojos seguían dando por todas partes.
¿En dónde estás…?
—Me gustaría que cada uno de ustedes profundice en su fuente de motivación y vuelva a evaluar sus convicciones... imaginar un nuevo y audaz futuro sin perder de vista las realidades que les rodea. Esa es la clave. Estoy seguro de que muchos de ustedes tienen sus propias visiones del futuro... Para que podamos cosechar todos los beneficios de nuestra educación… su participación, ideas y entusiasmo son esenciales. Gracias a todos.
Ahora fue una fuente de aplausos los que irrumpieron mi realidad.
¿En dónde estás… Kari?
Nunca la pude encontrar entre la multitud.
Quise ir corriendo, lanzarme desde el escenario para buscarla pero, abruptamente, las gemelas Ai y Mai Kanzaki me retuvieron y sacaron de ahí.
*
—Takeru, lamentamos sacarte de esa manera de ahí…—Ai juntó ambas manos en su pecho, sus ojos ambarinos contrastando con su cabello azul marino—, pero…
—Hay mucho trabajo que hacer antes de que inicie la tutoría… eso creo—finalizó Mai, sonriente en su asiento.
—Tenemos que organizar los presupuestos, tomar en cuenta las sugerencias del año pasado para aplicarlas en este, tener charlas con los alumnos encargados de cada club… luego de eso revisar que los alumnos ingresantes estén cumpliendo el código de conducta del uniforme, dar una vuelta por el lado administrativo del edificio de secundaria y charlar con el representante de ellos…
—Mucho trabajo… eso creo—repitió Mai, mordiendo un poco de onigiri.
—¡Mai, no es momento de comer!—exasperada, su gemela toma asiento luego de pasarme unos archivadores—. Este es el file de los clubes. Hay que revisar quienes tienen el número necesario de integrantes o no, tomar en cuenta las nuevas aplicaciones a la siguiente semana empezar el reclutamiento por parte de ellos buscando nuevos miembros…
Yo no me apunté para todo esto… sigh.
—Kanzaki, tranquila. Lo tengo todo bajo control. Recuerda que formé parte del consejo por unos años y recuerdo cómo funciona esto—le aseguré, algo atemorizado. Observé mi lonchera, dándome algo de hambre por todo el estrés, recordando el pastel que mi madre me entregó antes de partir—. Sé que no conozco todos los detalles al nunca haber estado en el lado administrativo de las cosas pero, estoy seguro que puedo contar con ustedes dos cuando surja algún problema y me guíen. Hibiki… la Presidenta Inoue sí que lo tenía duro pero con ustedes dos y los demás miembros del consejo estoy seguro que la pasaba muy bien.
—Hibichibi siempre estará en nuestros corazones—Mai se seca una lágrima con una servilleta.
—Mai, Hibiki no está muerta…—Ai suelta un suspiro.
—¿Por qué hay tantas cosas pendientes y acumuladas?—me atreví a preguntar, creyendo que había algún motivo en especial.
—Como dije, es trabajo que quedó del año pendiente—Ai se acomoda en su asiento y empieza a revisar otros papeles de Dios sabe qué.
Repentinamente, diez minutos después de que los tres empezásemos a trabajar con el tiempo en nuestra contra, la puerta corrediza del consejo se abre revelando a mi falso amor, su corto cabello más despeinado que en la asamblea y su bufanda algo suelta por correr. Agitada, se apoya en el marco de la puerta, sus piernas flaqueando mientras se caía rendida al piso.
—Tarde… pero… llegué…—inmediatamente, Mai se levanta de su asiento y le extiende un vaso de agua para que recupere sus energías. Luego de tomarlo, es capaz de levantarse y proseguir—, primero que nada, lamento mi retraso… prometo que no volverá a suceder.
—Te sienta muy bien ese nuevo corte de cabello—Mai y Ai dicen al unísono, dándole un cumplido.
—¡Muchas gracias!—sonriente, ladea el rostro hacia un lado.
—Hinanawi…—cerré mis ojos, invocando a mi Hibiki interior—, espero una mejor conducta de la vicepresidenta a partir de hoy, no de mañana.
—… Takeru, tu imitación de Hibiki deja mucho que desear—replicó con una voz muerta mientras ingresaba, para que yo luego empezase a reír—. Así te ves mucho mejor.
—Definitivamente el consejo empieza con una buena nota el primer día de clases—dice Ai sonriente, y su gemela se suma con un eso creo en la distancia.
—Takeru…—Fūka hace un ademan con su mano para que acerque mi oreja a sus labios, la cercanía provocando que mi rostro ardiera al tener su nuca tan cerca y sentir su respiración—, Mihara no me dejaba en paz y quería que la acompañara hasta el otro edificio.
—Me imaginaba.
—También…—ahora se apegó mucho más, creyendo que en cualquier momento mordería mi lóbulo—, ¿es lo correcto que esté aquí… en esta posición que me otorgaste… luego de lo sucedido el año pasado?
Mi mundo se congeló de nuevo, escenas de ese fatídico incidente corriendo por mi mente. Kari llorando. Fūka en el techo. Daisuke cayendo. Yo, aceptando la petición de Hibiki en ser su sucesor. Yo, pidiéndole bajo la condición de que Fūka sea la vicepresidenta para poder monitorearla más de cerca, todos los días.
—No pienses mucho en eso, míralo como un capricho de mi parte—mentí.
—Si eso dices…—su mirada lo dijo todo.
No me creyó.
Preferí ignorar mis alrededores, sosteniendo la lista de miembros del Consejo Estudiantil. Luego de observar con cuidado la lista, me percaté que había un espacio vacío en Tesorería. El superior Tsushima se graduó junto a Hibiki. Vamos a tener que abrir una convocatoria para uno nuevo. Opté por apuntarlo en una libreta y así no olvidarme de mi primera labor en esta nueva responsabilidad. Nuevamente volví a observa la hoja y, muy aparte de ver los puestos de Ai y Mai de Representante e Historiadora respectivamente. Me preguntaba como Mai podía mantener su puesto dado a que involucraba repasar archivos todos los días al ir a su propio ritmo y ser algo dormilona. Al ver otro nombre, me quedé sorprendido.
Yukiko Minami: Secretaria
—¿Acaso soy el único hombre en el Consejo Estudiantil? ¿Qué clase de cliché de harem de bajo presupuesto es este?—frustrado, me rendí en la silla, mi cabeza dando contra el borde de esta al no dar más con todo lo que sucedía.
Minami todavía no llega. Para ser la secretaria está tarde.
Los minutos siguieron corriendo, las Kanzaki todavía explicando en qué consistía mi puesto y Fūka organizando por importancia los papeles que las gemelas me habían otorgado tal cual ingresé al Consejo. Escuchaba el reloj sonar en la distancia y a las cigarras cantar en el exterior, siendo el periodo de 8am a 8:30am más largo de mi vida. Una vez que fueron las 8:20, las Kanzaki se detienen para darme unos minutos de descanso. Me dolía la cabeza con tanta información importante. En eso, una pequeña idea se abre paso por mi mente al ver a mi falso amor todavía organizando papeles en archivadores.
—Kanzaki.
—¿Sí?—ambas gemelas voltean el rostro, yo dándome cuenta de mi error.
—Ai Kanzaki.
—Dime, ¿hubo algo que no entendiste?—pregunta, lista para ayudar al ser diligente.
—¿Hay algún… récord que guarde los perfiles de alumnos?—solté la pregunta casi en un susurro, tratando de no dejar al descubierto mis verdaderas intenciones aunque, de cierta manera, pude sentir la mirada de mi falso amor dar directo en mí y rehuí de su presencia.
Fūka siempre ha sido perceptiva pero siento que hoy ese sentido lo tiene más alerta que otros días. Espero que no haya sucedido nada… ¡tan solo quiero quitarme esta ansiedad de no saber en qué clase está Hikari, debo de usar esta posición para saberlo de una vez!
Sin preguntar los motivos detrás de su inquietud, Ai me extiende el archivador y lo recibo con sumo cuidado, examinando sección por sección al estar separado por grado de instrucción y años. Sin embargo, tomé noción que el área de estudiantes de intercambio se encontraba con varios papeles, cuando a lo mucho solo eran uno o dos. En este caso, había cuatro.
—Tenemos varios estudiantes de intercambio este nuevo año, huh—no pude evitar soltar mi pensamiento en voz alta.
—Debe de ser porque esta escuela pública tiene buenas relaciones con grandes universidades, como el Tokyo Gakuen College of Drama and Music y la Universidad de Waseda—Fūka responde mi comentario, entusiasmada.
—No tenía idea—respondí genuinamente sorprendido, arreglando mi gorra blanca.
—Yo tampoco pero, verás, Mihara estaba muy emocionada de ingresar a Mitanohara por ese motivo. Dice que quiere estudiar artes escénicas en el futuro, después de todo—aunque el entusiasmo murió al mencionar lo último, sus ojos pardos perdiendo color.
Su familia sí que está llena de artistas…
—De seguro se unirá al club de drama—ella sola se levantó los ánimos, sonriendo con dichas palabras.
—Hablando del club de drama… ahora que lo pienso… ¿todavía tenemos uno?—preguntó Ai colocando ambas manos en su cintura.
—El año pasado fue su última obra ya que todos se graduaron. Se encuentra clausurado por ahora… eso creo—Mai se acopla, mordiendo un nuevo onigiri—. Algo de que la obra en la que ayudaron fue su última colaboración. La que Hikari Yagami escribió, eso creo.
Ya… veo…
—Al parecer mi hermana menor tendrá un gran desafío al querer establecer de nuevo el club de drama…—mi enamorada de mentira echa un suspiro que se pierde en el aula.
Por el otro lado, proseguí en seguir ojeando el archivo con todos los nombres de los alumnos, una imagen en particular llamándome la atención. Había algo familiar en su perfil. No sabía si era alguien a quién había visto antes pero, se trataba de una alumna con cabello largo color pimienta y ojos plateados. Repentinamente, la imagen del chico con el cual me topé en el patio escolar en la mañana vino a mí. Debo estar confundiendo las cosas.
Mi cabeza está por todos lados hoy día.
Antes de llegar a la última, una corazonada hizo que me detuviera. La última hoja me transmitía una sensación oscura, de tinieblas. Para transmitir semejante aura, preferí evitar ver la última hoja, sin saber que, si lo hubiera hecho antes, quizás hubiera podido evitar el fatídico desenlace que se llevaría a cabo horas después, antes de que acabase la jornada escolar.
Finalmente, luego de esquivar varias, encontré el perfil de Hikari. Millares de recuerdos vinieron a mi mente mientras exploraba sus datos personales, incluidos los de la evaluación de salud anual. Mis mejillas se sonrojaron al, sin querer, saber sus tres tamaños.
Así que… 57 de tamaño… Hikari siguiendo tan plana como una niña en crecimiento… ¡Dios, Takeru qué cosas andas pensando ahora mismo! ¡Hay algo más importante en juego ahora mismo!
—Oye, Kanzaki…
—¿Sí?—nuevamente, las gemelas replican a la misma vez.
—Ai Kanzaki.
—¿Dime?
Tragué saliva, incapaz de atreverme a decir las palabras que salieron en contra de mi voluntad.
—Los alumnos que… repiten el año… ¿se encuentran también aquí?
—Hm, ¿deberían estar? Digo, pocas personas son retenidas un año así que siempre está vacío.
Armado de valor, sentí como Fūka colocó su mano derecha en mi hombro, igual de temerosa por enfrentar la verdad que temíamos en nuestros corazones. El golpe que nos traería de regreso a la realidad, lo queramos a no. Prefería que fuese de esta forma que toparnos en el pasillo con esa persona, generando un momento incómodo.
Lo que lucía ser el perfil de Daisuke se encontraba ahí, no obstante, fui incapaz de mirar para esclarecer los hechos.
No quiero enfrentar la realidad.
La puerta sonó, mi alma retornando al mundo real.
—Adelante—la voz de Fūka tembló pero se esforzó en mantenerse optimista.
Quizás sea Yukiko Minami.
—Muy buenos días.
Sin embargo, quien me recibió fue una figura tan familiar para mí que no pude evitar levantarme de mi asiento para asegurar que lo que estaba observando era realidad. Un muchacho esbelto de contextura delgada de ojos oliva y cabello castaño yacía de pie en la puerta del Consejo Estudiantil. Su uniforme de secundaria, un blazer del mismo color de la chaqueta de Mihara me recibió se mezclaba con su piel, inclusive podía pasar como un mueble más al asemejarse tanto con el decorado del aula. Su listón azul con rayas azul marino me recordó que estaba en su último año de secundaria, el tercero. No podía creer que fuese a cumplir 15 este año. Su aparición y altura me dejaron sin palabras, incapaz de creer que lo tenía a él de todas las personas parado en el lugar que a partir de hoy se volvería en mi hogar en esta prisión.
—¿Takeru…san?
—¿Iori…? ¿Eres tú, Iori? ¿En verdad eres tú?—atónito, acudí hacia él con prontitud.
No puedo creer lo que estoy viendo, ¡no puedo creerlo!
—¿Cuándo…? ¿Cómo fue que…? ¿Cuándo regresaste de España?
—… Voy a asesinar a Miyako—fue su única respuesta.
—¿Miyako…?
—¡Regresé en Diciembre! He estado ocupado con mi familia y papeles para regresar a estudiar a Japón que le encargue que por favor les avisara que estaba de vuelta. Al parecer no lo hizo y me mintió cuando me súper juró que sí lo había hecho. ¿Qué voy a hacer con ella?—derrotado, observo como sacude el rostro evitando enojarse con una de sus más grandes amigas.
—¿Qué tiene que ver Miyako en todo este malentendido? Además que estés desde Diciembre explica los saludos de Navidad y Año Nuevo…—crucé los brazos, meditando. De reojo, observé que las Kanzaki y Fūka se juntaron para trabajar juntas y darnos un poco de espacio al ver que la conversación se tornaba personal.
—Verás, el día que regresé no tenía en dónde quedarme entonces… estoy viviendo donde Miyako por ahora.
—¿Regresaste solo? ¿Viviendo con Miyako? No puedo creer que no nos haya contado todo esto, han pasado tres meses…
—Regresé por mi cuenta porque tenía una… misión, por así decirlo.
¿Misión?
—Creo que esto significa que tenemos que juntarnos todos para ponernos al día. Hace tiempo que no estamos todos juntos…—evité sumirme en la tristeza y la melancolía al saber que Hikari no estaba como antes, y que Daisuke había olvidado parte de sus memorias y todavía no sabíamos a cuántas personas más involucraba dicha pérdida.
—Preferiría que fuésemos solo tú, Miyako y yo por ahora para hablar sobre esa misión—Iori lucía cabizbajo.
¿Por qué omitir a Hikari, Daisuke y Ken de esto?
—Ahora, yendo a lo principal… vine al consejo para dejar una… queja, por así decirlo. O más bien, una obligación que me impusieron al nombrarme el representante de la clase sin autorización, al todavía no iniciar la tutoría…—suspiró.
—Primer día y ya tengo una queja antes de que inicien las clases, fenomenal—dije con sarcasmo—, ¿de qué trata?
—Como sabrás, las clases en mi lado de la escuela empiezan quince minutos antes que aquí para que los recesos no se junten y… bueno…—suspiró por segunda vez seguida—, el maestro que se encarga de nuestra aula no se ha digna a aparecer. Decidí ir a buscarlo a la sala de maestros que está entre los dos edificios al ser compartida tantos por los profesores de secundaria y preparatoria pero… ahí me topé con un maestro algo… excéntrico en una bata blanca que parecía sacada de un laboratorio de ciencias.
A lo lejos, escuché cómo Fūka se atoraba con su saliva y aplasta con fuerza sobrenatural uno de los papeles que ordenaba. Su actitud me desfasó pero, Ai y Mai acudieron con prontitud hacia ella.
—¿Todo bien…?—escuché a Ai susurrar.
—Todo está perfectamente bien—su sonrisa revelaba todo lo contrario, lo cual me preocupó.
—Bueno… como iba diciendo—Iori afina su garganta, sin involucrarse en los problemas del Consejo—, ese maestro me envió aquí diciendo que el Consejo Estudiantil puede solucionar todos los problemas habidos y por haber con el nuevo Presidente en mando. Aunque sentí que lo dijo de una manera algo… sarcástica no sé por qué.
Nuevamente, escuché como Fūka hizo otro escándalo al guardar un archivador con furia en un estante y patear un poco una mesa mientras sonreía, desquitando lo que parecía ser un instinto de salir y moler a alguien a golpes.
—De todas maneras, no creí toparme contigo aquí. Ni idea que eras el… nuevo Presidente del Consejo Estudiantil—observé cómo su mirada se llenaba de tristeza, como si extrañase a alguien. A alguien que era un miembro antiguo del consejo.
Pero eso es imposible, Iori nunca estudió aquí. No debería conocer a nadie.
—Me perdí la asamblea en la mañana por estar en la oficina de la facultad arreglando mi traslado.
Finalmente, la campana que anunciaba el fin de mi miseria y el inicio de la tutoría resonó, provocando a que me apresurase en resolver este tema que, evidentemente, se escapaba de mis manos.
—Iori, no creo poder ayudarte con este tema pero, pasaré tu queja hacia la sala de maestros durante el día para asegurarme que un incidente como este no vuelva a suceder.
—Gracias, Takeru-san—con eso dicho, él se retira con educación como es de costumbre, solo para segundos después regresar—. Más tarde te envío un mensaje en el D-Terminal para quedar cuándo hablamos entre nosotros tres y… hacer una pregunta más.
¿Una pregunta más?
—Nos vemos, Takeru-san.
Bueno, todo esto fue sumamente inesperado. Ver a Iori de esta manera luego de tantos años… algo me dice que este año va a ser… algo especial.
—Takeru, ¿vamos a clases?—Fūka lucía apresurada, como si le pusiera nerviosa el hecho de tener que caminar hacia nuestra aula.
—Sí, de acuerdo pero… ¿qué fue lo que pasó allá atrás? Preocupaste a las Kanzaki.
—¡Fue absolutamente nada!—volvió a sonreír aquella sonrisa que me indica todo lo contrario.
Ah… me olvidé de entregarle el pastel de naranja con tanta conmoción. Ya será luego.
Las Kanzaki se nos unen, marcando el inicio de un nuevo año escolar.
*
2PM – Fūka
*
Estar en la misma clase de Takeru fue un gran alivio para mí. Como si la ansiedad que me carcomía desde la mañana desapareciera en segundos con tan solo tener su presencia a mi lado. Me costó acostumbrarme a los demás alumnos dándole cumplidos a mi nuevo estilo de cabello, sin saber que fue un ataque impulsivo y sin meditación, provocando a que usar mi bufanda naranja fuese mucho más complicado que antes para que aquellas marcas de mi oscuro pasado no salgan a la superficie. Cumpliendo el clásico currículo escolar de último año, el día pasó lento con las clases de Literatura Contemporánea, Literatura Moderna, Historia de Japón, Historia Universal, Matemáticas, Biología e Inglés, junto a un receso que casi ni lo sentí, para luego regresar y separarnos al ser los cursos electivos.
Como siempre, Takeru optó por educación física y yo por la música.
Una vez que llegué a la puerta, no sabía qué pensar. Tenía un muy mal presentimiento desde que ese niño llamado Iori ingresó al Consejo Estudiantil y, al estar frente a la puerta de este salón en específico, el mismo presentimiento se apoderó de mí sin yo saber exactamente qué pensar. Muchas cosas corrían por mi mente. Siendo ahora la Vicepresidenta del Consejo Estudiantil debo dar un excelente ejemplo. No puedo dejar que mi Depresión tomé el control de mí de nuevo y se presenten nuevos ataques de desequilibrios emocionales.
Abrí la puerta y la sensación desapareció al ir directo a uno de los asientos. Una vez ahí, me percaté que una alumna que no veía hace mucho tiempo al no tener clases con ella ahora se sienta a mi lado, saludándome. Noriko Kingyō, una chica que para mi sorpresa, creí que optaría por entrar al curso de arte pero eligió música. Debe de ser porque Artes ya no está disponible para nuestro año. Su cabello negro, corto, un poco más abajo de la base del cuello; una media coleta, que deja dos mechones a los lados de su rostro y el flequillo de lado, sujeto por un par de pasadores se encontraba mirándome con sus ojos cafés.
—Hinanawi-san, que casualidad encontrarnos aquí—dice con amabilidad.
—Kingyō-san, digo lo mismo.
Alcé el rostro, para darme con la sorpresa que Anzu Hagiwara no estaba. Conociéndola, intuía que tomaría este electivo también pero, aparentemente, me equivoqué.
—¿Buscas a Anzu-san?—me preguntó Noriko.
—Sí, se me hace extraño que no esté en este electivo—admití.
—Anzu-san y yo estamos en la misma clase pero no la he visto en todo el día.
¿Sigue ausente hasta ahora?
Mi sistema de autodefensa se puso en alerta de un segundo a otro.
No tuve tiempo de seguir meditando dicho tren de pensamiento, ya que las puertas del aula se abren y el mal presentimiento que me carcomía por dentro se manifestó en lo que, posiblemente, sería mi peor pesadilla por diez meses.
—Good morning, everyone! I am your sensei, Akira Hinanawi! I hope we can get along with each other, especially with the ladies, here! Tengo 21 años y soy soltero. ¿Que qué hago tan joven ejerciendo dicha profesión? ¡Pues esto solo se logra con esfuerzo, perseverancia y mucha suerte!
No.
No.
No.
No.
No.
—¡Pueden decirme Akira con confianza, no me siento cómodo todavía con todo ese lío de profesor o maestro!
El aula se encontraba en silencio mientras mi cerebro procesaba como mi hermano, de todas las personas, se encontraba adentro de mi clase ejerciendo, de todas las profesiones, ser docente de música.
¡Esto debe de ser una pesadilla! ¡Cuando el niño de nombre Iori describió a un maestro en bata y desorganizado me recordó al aspecto de mi hermano esta mañana antes de partir pero… no puedo creer que lo mandara a propósito a Iori al Consejo Estudiantil solo para fastidiar a Takeru!
Me levanté de mi asiento, señalándolo con osadía y, sinceramente, estupefacta por los hechos.
—… ¡TÚ!
Pude sentir la Mirada de Noriko caer en mí con extrañeza, hasta que observé cómo enlazó los apellidos con prontitud y asintió para sí al conectar los puntos.
—Oh my God. El destino sí que me ama—soltó sin interesarle lo que la mitad del aula pudiese pensar—. Mi estimada alumna, sé que estás conmocionada por esta repentina revelación sacada de un drama pero, deberías tomar asiento ya que la clase está about to start.
No lo hice al todavía encontrarme en un estado de shock. Su cabello negro no era una ilusión. Su perfecto y renovado acento en inglés menos. Sus ojos esmeraldas me miraban con ese amor que tanto anhelo poseer. Ese rostro similar al de Takeru que tanta agonía me causa. No llevaba puestos sus piercings y supuse que era por regulaciones de la escuela, aunque su desorganizado cabello cubría los seis huecos de su oreja.
Luego de haber estado tres minutos de pie, mientras que el idiota de Akira se introducía ante el resto de la clase mencionando su reciente obtenido título de graduado de la Escuela de Música de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, recordé cómo los eventos de esta mañana tenían sentido al caer rendida en mi asiento, incapaz de aceptar la realidad que se desenvolvía frente a mis ojos.
***
Mihara me había despertado muy emocionada al ser el primer día de clases. Al todavía compartir habitación, tuve que despertarme a la fuerza con tanto griterío. Para cumplir trece este año, muchas veces seguía comportándose como una niña pequeña en ciertas áreas, sobre todo al estar alegre o querer salirse con las suyas en alguna de sus andadas.
—¡Hoy será mi debut escolar, puedo sentirlo en mis venas!—exclamaba dando piruetas, presumiendo su uniforme de secundaria.
Me esforcé en no recordar el incidente de los cigarros con Hikari al verlo, al ser aquella época en donde sucedió dicho incidente.
—Tranquila, que si andas así puedes engancharlo con algo y tu debut se va al tacho—respondí, empezando a cambiarme mientras mi hermana observaba detenidamente mi pecho y luego el suyo—, ¿qué?
—Fū-nee, ¿cuándo fue que esa parte tuya hizo boom? ¿Fue de la noche a la mañana? Nunca te vi tomar leche. Simplemente de un momento a otro en secundaria pasaste de una copa AA a una B. ¿Crees que me pasará a mí también? ¿Crees que llegue a ser B como tú? ¡O quizás una C!
—¡Mihara!—avergonzada, me cubrí sin saber qué pensar—¡No hablemos de estos temas que podemos invocar a ya sabes quién! Por favor, detente.
—… Eso sería desagradable—su actitud cambió rápidamente—, ¡pero es en serio hermana! ¡Muchas cosas suceden en secundaria, no puedo esperar! Amigos nuevos, clases, actividades de club… ¡y quizás encuentre un enamorado o enamorada, quién sabe!
—¡¿Enamorada?!—me quedé con la blusa a medio abotonar y la falda se resbaló de mi cintura al estar mal abrochada.
—¡No dije nada, voy a desayunar!
Juro que esta niña…
Recuerdo que una vez que ese revelador evento, del cual tengo que extraerle más información acabase, me encontraba lista y lo primero que encuentro es a Akira muerto en el sofá, con latas de cerveza alrededor en la alfombra y bolsas de bocadillos esparcidos en la mesa. Decidí continuar con mi vida, ignorando su presente predicamento. Mihara y yo tratamos de todo para que dejara ese mal hábito pero, al acabar Febrero nos dimos por vencidas. No obstante, mi hermana menor acudió hacia él y lo empujó de su cama improvisada mientras que yo comía una tostada.
Con un fuerte golpe, el chico del cual estoy perdidamente encantada, despierta insultando a los cuatro vientos como es de costumbre.
—Jesus fucking christ, that hurt like hell. Holy shit, espero que no me deje una herida.
—Buenos días, falla de hermano mayor—la escucho decir a Mihara mientras regresa a la mesa.
—Savage, ¡ahh, que hiriente que eres Mii!—con todavía un poco de olor a alcohol, se sienta en la mesa sin siquiera ir al baño a despejarse y lavarse la cara. Abre sus ojos y me observa detenidamente—, ¿y? ¿qué hay de ti?
—Ah. Buenos días, persona que todos los días imploro que no esté relacionado conmigo de forma sanguínea—dije de manera monótona, casi como un robot.
Juré ver cómo su rostro se devastaba.
—¡¿Por qué atacándome tan temprano?!—exasperado, se queja—. Aunque no niego que cada insulto que me das… ah, ¡ah, ah! It feels so good.
—Siscon—Mihara tose por lo bajo.
—Ahora que me percato… ¡ambas están en sus uniformes!Your onii-chan is so proud. No había visto a mi querida hermanita de esta manera hasta ahora… aunque, no crees que tu falda es algo corta, ¿hm?—había bajado su rostro por la mesa, y sentí cómo mi privacidad era invadida en un espacio supuestamente familiar—. Yendo a Mii… te queda precioso, no puedo creer que el tiempo haya pasado así de rápido… tan solo ayer estaba viéndote ir a la primaria.
—Hace cuatro años—recalqué—. Y no vuelvas a mirarme bajo la mesa, es de mala educación.
—¿Eso significa que puedo mirar en otro lugar que no sea bajo la mesa?—su voz dejó de ser animada y despreocupada, para tornarse en una que me eriza la piel, dejándome en silencio y sacándome un sonrojo.
Esto está mal. Esto está prohibido. Esto es tabú. Me siento tan sucia. Tan… corrupta. Lo sé. Lo sé muy bien pero… ¿cómo puedo ir en contra de lo que mi corazón desea?
Fui incapaz de producir respuesta alguna.
—¿Aki-nii, podrían dejar su coqueteo? Estoy intentando desayudar. ¡Mi debut es hoy, debo de estar bien alimentada!—Mihara lucía incómoda, por más que supiera que este estilo de escenas eran dadas por hecho con Akira presente en la casa.
—¿Coqueteo? ¿Qué coqueteo?—Akira le acaricia la cabeza, retornando a su voz de siempre y sobándole el cabello—. Todo irá de maravillas, Mii. Eres encantadora, estoy seguro que en un dos por tres harás muchos amigos.
—A decir verdad, quiero pedir disculpas por levantarlos tan temprano en la mañana—mi hermano y yo observamos el reloj, viendo que eran las seis—, siendo honesta, quería tener un desayuno entre los tres siendo hoy un día muy especial e importante. Espero puedan comprenderlo.
—Mihara…—me quedé en silencio, entendiendo sus intenciones.
—¡No tienes por qué disculparte, Mii!—mi hermano la asegura, juntando su silla más a la de ella al estar sentados lado a lado—. Es cierto que nuestra familia se compone de tres por ahora pero no dejes que eso te detenga.
—Ahora que lo mencionas, hace un año que partieron…
Para mi sorpresa, Akira se quedó en silencio.
¿Aki-nii?
—¿Cuándo regresarán…? Tampoco nos escriben tan a menudo para saberlo y no contestan nuestros mensajes. Realmente, que padres tan descuidados—renegué, evitando no ponerme triste.
Mihara sintió débilmente.
—¡Bueno!—Akira golpeó la mesa con ambas manos, sorprendiéndonos a las dos y haciendo saltar los platos de la mesa junto a la comida—, ¡es momento de que partamos a la escuela!
—¿Por qué te incluyes en esa oración?—arqueé una ceja, sospechando algo.
—¡Hm, hm!—alzando el rostro como si estuviese orgulloso, prosigue—. Les informo, mis adoradas hermanitas, que su amazing Big Bro encontró un trabajo.
Las dos detuvimos nuestro accionar, solo para arrinconarlo y presionarlo por más información.
—¿Nada sospechoso? ¿Nada ilegal?—nuestras voces salieron a la misma vez, intimidándolo—. Nada de tráfico de drogas en este techo.
—¡Las drogas son malas, don't do drugs!—replica, evidentemente nervioso y sudando como nunca antes lo había visto.
—Lo dice un ex adicto—suelta Mihara, dejándome estupefacta.
—Akira, por favor—no sabía qué más decir para evitar el momento incómodo.
—De todas formas, hay que partir de una vez. Go, go!
***
Luego de eso lo obligamos a que tomase una ducha y se puso esa bata absurda. Lo último que recuerdo fue que nos dividimos en una intersección luego de tomar el tren. Dijo que debía hacer algo antes pero que fue toda una experiencia acompañarnos cerca de la escuela. Nunca nos dijo en qué o de qué iba a trabajar pero, jamás, ni en mis más locos sueños imaginé esto. Podía escucharlo a la distancia, su clase ya habiendo iniciado mientras me sumía en los recuerdos de esta mañana.
—Entonces, con la salida de VOCALOID en este 2007, solo puedo decir que la música va a cambiar y será revolucionaria al pasar los años. ¿Quiénes de aquí conocen a Hatsune Miku? ¡Es una diva! ¡Pero los compositores tras de ella, los VocaloP son los verdaderos maestros! Es por eso que el día de hoy aprenderemos sobre la composición y todo lo que la envuelve. Sea con un programa o instrumentos reales, todo es posible si se saben las reglas de composición o, si tienes suerte, un buen oído o simplemente… ¡experimentar! La música es un escape, una salida. Por medio de canciones puedes expresar todo lo que sientes, crear tu propio mundo y dejar salir lo que tienes dentro por medio de, ¿cómo se diría? Palabras bonitas para que ustedes, young ones, comprendan. Music is the essence of our very soul, the epitome of our existence. If it wasn't for music… then this world would be devoid of emotion like an endless person searching for the true meaning of love, not being capable of seeing it.
La mitad de la clase se quedó confundida, y mi hermano no notó que habló por mucho rato en inglés pero, lo que más me llamó la atención fue lo último.
Algo sobre el amor… que sin amor, algo no puede ser visto. Akira… la música significa muchísimo para ti al igual que para mí. Marcó gran parte de nuestras vidas, tanto para bien como para mal.
—¡Ahaha, my apologies! Debo acostumbrarme de nuevo a hablar en nuestro idioma. Pasar tantos años en el exterior ha hecho que me cueste cambiar el chip.
Y como un zombi, el resto de las clases asó igual, algunas veces escuchando música por una supuesta diva llamada Hatsune Miku y los principios de la composición. La campana sonó anunciando las 3:20, anunciando el fin de clases hacia la tutoría final, dando por terminada la hora más eterna de mi vida. Necesito hablar con él, necesito respuestas. Esperando a que todos los alumnos abandonasen el aula, me quedé en mi asiento aprovechando los diez minutos que tendría a solas con él para exigir explicaciones y el qué hace aquí de todos los lugares. Una vez que el último alumno se retiró, sabía que tenía a Aki-nii para mí sola.
—Akira…
No hubo respuesta, siguió ordenando y clasificando sus documentos con la información de la clase que había instruido.
—Akira…
Su silencio duele. Duele mucho.
—¿Aki…nii?
Observé cómo se inmutó por un segundo, solo para retornar a su labor inmediatamente. Se levantó de su asiento, solo para ver que se acercaba a la puerta del aula, haciendo algo.
¡¿Por qué me ignora luego de tal introducción, jugando conmigo de esa manera?! ¿Acaso piensa irse sin escuchar lo que tengo que decir?
—¡Akira, te estoy hablando!—me acerqué al frente, saliendo de mi asiento, solo para ver cómo, finalmente, se acercaba a mí luego de mi grito, el cual temí que se escuchara hacia afuera.
De un segundo a otro, mi hermano me tenía contra la pared, colocando su brazo en él y teniéndome atrapada como una protagonista de un manga para chicas.
—A ver, ¿cómo se le llamaba a esto? Ah, yes. Un kabedon. Supongo que leer mangas para recordar Japón sirvió de algo.
¿Aki…ra? Su voz… su voz genera sensaciones extrañas en mí. Mi estómago no deja de sentir vértigo, mi corazón de palpitar y mis piernas de temblar. Mi cabeza gira, incapaz de pensar de forma racional y tan solo anhela dejar que la cadena de eventos se desarrolle.
—Y'know, sis…—apegó sus labios hacia mi oreja izquierda y pude sentir cómo algo extraño sucedía en mí. Me sentía caliente, que mi cuerpo ardía en fuego mientras sentía cómo su respiración descendía hacia mi cuello mientras hablaba, bajando la bufanda con lentitud y delicadeza. Una parte de mí deseaba que la arrancara y el hacerlo lento era un castigo.
—Tenerte gritando de esa manera en la clase… es… cómo decirlo sin que suene desagradable y rompa este momento tan único entre nos… hm… kinda of a turn on for me, y'know. Por algún motivo la palabra excita rompería este momento, aunque ya la dije así que entiendes mi punto.
Incapaz de decir palabra alguna ante tal declaración, cerré mis ojos al sentir cómo su mano rozaba mi cabello, pasándolo por sus dedos mientras que sus labios recorrían mi cuello.
—Oh, como extraño tu cabello largo. Impedía que me viera tentado y me contuviera pero… ahora al tenerlo así no puedo aguantarlo más y solo deseo provocarte al jugar contigo de esta manera.
—Ah…
La voz que provino de mis labios sonó ajena a mí. Una expresión que no hacía hace años. Estoy segura que aquello fue… un gemido.
Ah, creo que estoy perdiendo la razón.
—¿Hmm? ¿Acaso escuché mal? ¿Acaso mi querida hermanita acaba de…?—una sonrisa traviesa que me causó pavor se apoderó de su rostro, provocando a que contuviera otro gemido más y me lamiera los labios sin motivo aparente. Mi mente se nubla cada vez más—. Por cierto, no estaba mintiendo en la mañana con respecto al uniforme, es un fetiche más mío.
—Ah… Ak…Aki…ra…
No quiero seguir pensando.
—Ahora que no estamos en la mesa, supongo que se me está permitido, ¿no es así?
Sentí cómo su dedo índice pasaba por mi pierna, solo para acariciar mi pantorrilla mientras subía gentilmente. Mi cuerpo, sensible tras todo lo que sucedía, multiplicaba cada acción haciéndola incontrolable y no podía soportarlo más.
Ah… acaso es esto… no… no te detengas.
Al llegar exactamente bajo mi falda, sentí sus dedos rozar con la seda en mi cintura, sus labios mucho más cerca de mi cuello casi teniéndolo bajo su merced.
—La… puerta…
—¿Hm? ¿Preocupada que alguien nos encuentre? ¿Pero acaso no hace esto mucho más emocionante… Fūka?
Al escuchar mi nombre salir de él, perdí toda capacidad de pensar, deseándome sumir en aquél mundo que él estaba creando con su accionar una escena que va en contra de lo estipulado por la sociedad. Deseaba besarlo, sentir sus labios contra los míos. Dejarlo y olvidarlo todo. Ignorar mis problemas. Todo este mundo. Que desaparezca. Una vez que sentí cómo su dedo deseaba deslizar la seda que descubre aquella parte de mi cuerpo que clamaba por algo, su juego detuvo y golpeó levemente mi cabeza con su folder lleno de papeles.
—¡Au!—exclamé, sobándome la cabeza mientras que él me dejaba libre y proseguía con sus cosas como si lo de hace unos instantes nunca hubiese sucedido.
—Toooon-ta. Were you dazzled by my Foul Play?—soltó al final, sacando la lengua de manera infantil, como si todo lo que hizo solo hubiese sido una broma para fastidiarme más de la cuenta, y no significó nada—. Debo de irme, tengo un teacher meeting en menos de cinco minutos. No faltes a tu tutoría, hermanita.
—¿Eh…?—anonada, sentí cómo mi cuerpo empezaba a resbalarse contra la pared por el estrés acumulado.
—Por cierto, respondiendo tu preocupación sobre la puerta, estaba con llave—dice con una sonrisa mientras la abre, y se retira, dejándome sola.
El atardecer moría, mi sombra impura siendo el reflejo de mi alma sin saber qué acababa de suceder, y cómo me deje llevar en su juego en el cuál abusa de mis sentimientos para vengarse de mi por lo de esta mañana.
Todo porque sabe perfectamente que lo amo, sin obtener respuesta alguna por parte suya.
*
No tomé noción de cuándo fue que retorné a la clase y guardé mis cosas, omitiendo los acontecimientos y guardándolos en un oculto rincón de mi mente. A la vez, me encontraba caminando por el corredor con Takeru sin claramente recordar cómo así llegué a eso. Creo que me hablaba sobre Hikari. Que no sabía dónde estaba, de en qué salón se encontraba. Sonaba preocupado, muy preocupado. Pero mi mente estaba en otro lugar. Solo pensaba en mi hermano; en Akira; en Aki-nii.
Tampoco supe cuándo fue que Takeru me entregó un pastel de naranja que se encontraba en mi bolso.
Fue por eso que cuando Takeru se detuvo, me choque contra su espalda.
—¿Kari…?
Mi cabeza fue capaz de retornar a la realidad al tener a Hikari Yagami frente a nosotros, una persona más tras de ella. El mal presentimiento que sentí no provenía de mi hermano. Provenía de este evento, de este acontecimiento. Podía presentir el pavor en Takeru. Podía sentirlo en mí.
—Ah, Tk.
—¡No te había visto en todo el día! ¿En qué clase estás?
—En la B—responde, sin saber qué pensar al verlo preguntar tal cosa—. No estuve disponible en la mañana. Me encontraba algo ocupada.
—¿Ocupada? Ni te vi en el auditorio esta mañana.
—Digamos que me tomó mucho tiempo—replicó, dándole el fin a su intercambio de palabras.
Hikari ni me ha saludado. Aunque puedo decir lo mismo de mí. Me he quedado congelada en el tiempo por el temor que siento en mis venas.
—¿Tenían algo que hacer? Lamento el haberte robado tanto de tu tiempo, Yagami-san.
Una voz que reconocí al instante. Un tono que carece de emoción pero transmite genuina preocupación engañando a cualquiera.
Estoy segura que Takeru ya se percató… de todo esto.
La figura que se encontraba detrás de Hikari era una sombra de un pasado que deseaba olvidar. De un espiral que jamás se detenía. De una esfera que jamás dejaba de girar, persiguiéndome por toda la eternidad. Su malicia se extendía por todo rincón, absorbiendo mis sentidos y más grandes temores. Tantas emociones en un mismo día estaban causando que mi cabeza perdiera la razón de una vez por todas.
Un cabello corto verde agua.
Ojos violetas que cautivan a cualquiera.
Una sonrisa fría y calculadora que aparenta genuina a simple vista.
Un uniforme que reconocí como el que cargaba en nuestro último encuentro años atrás.
—Les pido mil disculpas por robarles a Yagami-san gran parte del día. Me perdí camino a la escuela y me topé con ella. Amablemente me ayudó a llegar y me acompañó a la oficina de la Facultad. Luego de ello le pregunté si podría enseñarme la escuela durante el receso y se nos fue todo el día hasta ahora.
Una verdad planificada hasta el más mínimo, calculador detalle.
—Ah, pero en dónde están mis modales. Mi nombre es Tokiko Tokino, es un placer conocerlos.
Una sonrisa que causó que mi mundo se tornara en negro, perdiendo el conocimiento sumergiéndome en memorias que resurgieron atemorizándome por el crudo pasado que cargan.
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25 páginas. 11K.
He aquí el debut del Capítulo 40 con, muy probablemente, errores al no poderlo revisar ahora mismo pero, eventualmente le daré otra revisada.
Dos OCs que aparecen forman parte de la mini campaña que hice hace unos años: "Crea tu OC".
Yukiko Minami le pertenece a Natsichan.
Noriko Kingyo le pertenece a PczZitoO.
Mitanohara es el nombre ficticio que le di a la escuela, que está basada en Friends Girl's Junior and Senior High School en la zona de Mita en Tokyo. Por como verán, es un colegio que tiene tanto secundaria como preparatoria en una sola, lo cual hace que Mihara estudie en el mismo lugar no tan jalado de los pelos ww.
Also, the shame for writing that lewd scene.
Foul Play: Juego sucio (pero sonaba muy raro ponerlo en el título). En este caso, Akira se refiere a cómo la engañó con tácticas para que bajase las defensas y dejarla vulnerable, revelando sus verdaderas intenciones. Asimismo, también se aplica con los motivos de Takeru en encontrar a Hikari, y cómo Tokiko Tokino juega un rol importante en su lado de la historia.
¿Notaron que cambió la clasificación? ;)
