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EL CIELO LOS UNIÓ

(o al menos lo intentó)

II

El ramen estaba frío ya. Yamato suspiró, levantándose con el plato en la mano. Aún le daba tiempo a calentarlo. Observó a Sora y se preguntó si serviría de algo o si otra vez lo dejaría enfriar entretenida con ese trasto.

—¿Piensas comer? —preguntó antes de ponerse en marcha.

No obstante las preocupaciones de Sora no pasaban por la temperatura del ramen. Dejó el teléfono contra la mesa bruscamente y se cruzó de brazos.

—¿Qué le pasa a tu hermano?

—¿Qué le pasa a mi hermano? —preguntó Yamato desconcertado, retomando su asiento.

Definitivamente comería ramen frío.

—¿No has visto su última foto?, ¿quién ese esa chica?

Yamato miró de reojo la pantalla y encogió los hombros.

—No me la ha presentado. Será una de sus novias —y sonrió frotándose las manos. Si en algo podía incordiar al troll de su hermano era en el tema de sus novias. Aunque curiosamente siempre era él quien acababa abochornado.

No esperaba la dura mirada de Sora.

—¿Y te parece divertido?

Yamato dejó de maquinar y la miró.

—Tampoco me parece nada malo —jugueteó con el ramen.

—¿Y lo dices así? —Yamato miró a su alrededor. Sora estaba elevando el tono en exceso y cualquiera podría pensar que estaban discutiendo. Pero él nunca discutía con Sora y no permitiría que nadie lo pensase ni especulase al respecto.

—¿Cuál es el problema?, ya sabes que mi hermano es muy simpático —dijo, aunque no estuviese convencido de que ese fuese el adjetivo más adecuado.

Sora negó. Si no reconducía esa actitud su adorable Takeru nunca sería tan feliz como ella quería que fuese.

—Necesita una novia.

—No creo que tenga problema en eso —hizo una mueca de desagrado. Ese ramen frío no era nada apetecible. Retiro el de Sora—. No lo comas, te buscaré otra cosa.

Pero Sora no tenía intención alguna de comerlo. Estaba muy preocupada y eso hacía que su estómago estuviese totalmente cerrado. Aunque si ante ella tuviese una hamburguesa y no un ramen frío y seguramente insípido era posible que su estómago se abriese un poco.

Asintió en un duro e improvisto gesto para Yamato que de nuevo abortó su idea de levantarse. La miró atemorizado.

—Yamato, quiero que Takeru y Hikari oficialicen su relación.

—Oh, no… —suspiró pero solo consiguió que Sora ampliase su sonrisa.

—Oh, sí.

—Ni hablar —Yamato mostró toda su firmeza—. No voy a participar en esto otra vez.

—¿Por qué?, con Mimi y Koushiro fue un éxito. —dijo Sora, señalando a sus amigos en una mesa no tan lejana.

Yamato los miró y le dio la sensación de que estaban como siempre: Koushiro pegado a su laptop y Mimi revoloteando a su alrededor haciéndolo enrojecer. Agitó la cabeza.

—No me importa. No es asunto nuestro y quiero que acabes ya con esto.

—¡Yamato! —de nuevo elevaba su de normal tranquilo tono y Yamato tragaba apurado por las indiscretas miradas—, ¿es que no quieres que Hikari sea mi hermana?

Atónito por el surrealista reproche, Yamato se levantó con su inseparable ramen. Sora suspiró tras él.

—¡Está bien!, pero al menos prométeme que vas a tener una charla con él.

Se detuvo, volteándose muy lentamente.

—¿Charla?

—Sí Yamato. Estarás de acuerdo en que esta clase de relaciones no son las que deseamos para Takeru, ¿verdad?

—¿Y no seria mejor que le hablases tú?, eres como su hermana, te escuchará…

—Y tú eres su hermano, te corresponde —rebatió Sora divertida. Sabía que invocar al deber fraternal siempre funcionaba con Yamato.

Suspiró derrotado. Realmente tampoco estaba seguro de que clase de relación era la más conveniente en este momento para su pequeño hermanito troll, pero si ejercer de hermano mayor con charlas vergonzosas sobre mujeres aplacaba el complejo de cupido de su novia, lo haría.

Asintió y la sonrisa se le dibujó al ver a Sora dando un pequeño brinco de alegría.

...

Su sonrisa había desaparecido mientras rechinaba en sus dientes ese helado. Todo hielo, al igual que su mirada. Por el contrario Sora era todo sonrisas, al igual que Takeru que frente a ella compartía esa gran copa de helado.

—¿Por qué mi hermano está gruñón?

Sora miró de reojo a Yamato que masticó el hielo de manera más notoria. Le produjo cierto desagrado pero no perdió la sonrisa.

—Quiere hablarte de cosas de hermanos mayores.

El rubio mayor tensó la mandíbula y el rubio menor sonrió.

—¿Mi hermano?, no lo creo.

—No lo creas —confirmó Yamato, mirando soslayado a su novia.

La pelirroja se sintió entre el cielo y el océano. Un océano helado, el océano era Yamato obvio. Takeru era un buen escape de ese hielo pero tampoco sentía que quisiese escapar, (sabía muchas formas de derretir el hielo de todas maneras). Su novio ya no estaba de su lado pero era algo que carecía de importancia porque entre agua helada y liberador cielo estaba la tierra y los frutos de esta: las avellanas.

—Hikari-chan —sonrió, levantándose para saludarla.

Hikari, que se debatía que clase de helado tomaría esa tarde, volteó al escuchar a Sora. La sorprendió encontrarla ahí y más encontrarla con los hermanos.

—Sora-san, Takeru-kun, Yama… —paró abruptamente intimidada por el gesto de Yamato. Se había levantado y posado, de manera que él creyó sutil pero que para nada lo fue, la mano en la cintura de su novia.

—Discúlpanos —avanzó sin sonrisa, Sora era la que regalaba sonrisas por ambos.

Llegaron hasta la barra y alzaron la cabeza hacia los carteles de helados. Eso lo hizo Yamato, Sora tan solo lo imitó.

—Me has mentido —masculló tan bajito que Sora tuvo que pegarse a él.

Yamato no lo rechazó. No era algo que le desagradase obviamente pero estaba indignado y tampoco debía mostrar lo mucho que le agradaba su cercanía. Escuchó las risitas de Takeru y se sonrojó. Seguramente creyese que quería un poco de afecto privado de su novia. Bueno, mejor era pensar eso que creer que estaban discutiendo.

Por preservar los buenos recuerdos de Takeru respecto a su noviazgo, inclinó la cabeza hacia Sora.

—Que me has mentido —repitió. El helado de hielo era de menta. Eso era algo que a Sora sí le agradaba.

—No es cierto —respondió y se relamió los labios—, puedes ver mi teléfono si quieres, no hay ningún mensaje.

Yamato volvió la vista a los carteles.

—Hemos ido a la heladería en la que Hikari vive —y señaló el cartel de clienta del mes. Ese mes, el anterior y el anterior…, que colgaba en la pared—. Si hasta hay un helado ya con su nombre.

Sora apresuró a buscarlo pero no lo encontró.

—¡No es verdad!

—Sienta mal la mentira, ¿eh?

Cuando Yamato volteó a verla tenía el gesto contrariado y movía los brazos hacia una posición en concreta. Tan concreta como puede ser cruzados sobre su pecho. La expresión típica del rechazo y previa al enfado. Yamato actuó rápido tomándole ambas manos. Miró de reojo a la mesa y se esforzó en sonreír.

Sora quedó perpleja por sus gestos.

—¿No estás enfadado?

—Sí, lo estoy —Sora observó sus manos entrelazadas y otra vez su rostro. Sintió que no entendía nada pero lo aceptó.

En la mesa, Takeru y Hikari ya conversaban alegremente. Hikari había tomado el relevo de Sora en la gran copa de helado. Ni reparaban en la pareja pero Yamato la sentía: la mirada inocente e ilusionada de su pequeño y sensible hermanito troll al que debía dar ejemplo.

—¿Es posible que cuando se te pase el enfado me des un beso? —preguntó Sora jugueteando con sus manos.

—Sí, es posible —Sora sonrió tímida y el rubor volvió a cubrir a Yamato.

—¿Y es posible que me vayas a ayudar a que Takeru y Hikari sean novios?

Yamato apretó los dientes y miró a su novia con la que en teoría estaba enfadado aunque no debía mostrarlo por el bien de Takeru. Y también por su bien quería dejar de estarlo porque deseaba besarla más que nada en el mundo. Sora observó ahora sí, alegres océanos y liberadores cielos fusionados de los que saltaban delfines que provocaban mágicos arco iris y supo que volvía a estar de su lado. Yamato, ajeno al espectáculo que Sora veía en su mirada, hizo un gemido lastimero.

—¿Por qué yo, Sora?

Y Sora se inclinó e inspiró: menta.

—Porque me quieres —susurró y su vainilla-coco-chocolate-fresa y media docena de sabores más de su gran copa se mezcló con la austera menta. Aunque solo fuese en el aire.

Yamato quedó observándola unos segundos, frunció el ceño y sin intentar ya ser sutil, la guió a la salida tomada de la mano.

—Sigo enfadado pero quiero besarte.

—¿Y Hikari y Takeru? —tuvo el reflejo de preguntar. Y aunque ellos continuaban sin prestarles la más mínima atención, Yamato se agitó consciente de su posición.

—Sonríe, que parezca que somos felices y que nunca discutimos —comentó entre dientes, forzando una sonrisa hacia la mesa

Se volteó a Sora al escuchar su risa contenida y notar el tirón en su mano.

—No hace falta que lo parezca. Es cierto, ¿no?

Y mientras la escuchaba su sonrisa forzada se trasformó en real, su ceño desapareció al igual que su enfado, si en algún momento había llegado a estar realmente enfadado. Fue Sora, la que ahora, lo condujo a la salida con apremio. Y cobró el beso que le debía y algunos más de propina.

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