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EL CIELO LOS UNIÓ

(o al menos lo intentó)

III

Yamato cruzó los comederos a paso veloz, queriendo pasar desapercibido. La vio en la mesa de siempre. Su pelo refulgía con el sol del mediodía que parecía que solo tenía interés en iluminarla a ella. Para Yamato solo la iluminaba a ella y aunque ya sentía sus músculos de la cara esbozar esa sonrisa de enamorado hizo un esfuerzo por seguir andando. Esfuerzo inútil, pues su novia quizá ya tenía un radar especial para percibirlo, porque antes de que pudiese retomar la marcha ya había girado la cabeza y regalado su sonrisa.

Y Yamato, sintiéndose la persona más despreciable del mundo por haber querido evitarla, se sentó a su lado. Dejó el ramen, el sentimiento de desprecio le había quitado el apetito.

—¡Mira Yamato! —le mostró su celular. Yamato observó que Takeru tenía una foto de perfil junto a Hikari. No era la primera vez que ponía una foto de perfil junto a su mejor amiga pero no compartió esa reflexión—, ¡esto funciona!

Acabó con su ramen y miró con ojos golosos el de su novio. Este lo empujó hacia ella.

—Supongo que eso quiere decir que aún vas a continuar con esto —Sora lo miró divertida por semejante obviedad y Yamato suspiró.

—Ya sé quien es la siguiente persona a la que debo hacer feliz —empezó. Yamato tuvo la tentación de corregirla. ¡No tenía ninguna obligación!, ¡no era su responsabilidad! Pero Sora no le dio opción—: ¡Jou-senpai!

—¿Jou? —el rubio esbozó una sonrisa de desconcierto—, ya tiene novia. ¿No serás como Mimi que no te la crees, verdad? Porque si dice que la tiene es verdad que la tiene. Es mi amigo, confío en él. Y no dudaré de mis amigos nunca —acabó tan serio que a cualquiera que no lo conociese tanto como Sora lo habría intimidado. A Sora en cambio le causaba ternura y orgullo verlo tan devoto de su emblema.

—Ya, lo sé. También le creo, pero Jun…

—¿Jun? —interrumpió Yamato alarmado— ¿Motomiya Jun? —Sora asintió pero esta vez fue Yamato quien no le dio opción a hablar— ¿Estás loca?, ¿quieres romper una pareja para juntar a Jou con Jun? —se levantó precipitadamente. Quería gritar pero como él nunca gritaba a Sora necesitó sacar su enojo de alguna forma por eso le arrebató el plato de ramen con el que le había obsequiado con anterioridad—. No me gusta lo que estás haciendo. No me gusta nada —y con esas contundentes palabras se alejó de su novia. Estrujó la servilleta para sacar también su frustración y se levantó.

...

Yamato tocaba la armónica: con melancolía, con tristeza. Yamato tocaba la armónica por no gritar, Yamato tocaba la armónica por no llorar, Yamato tocaba la armónica porque era la forma en la que aprendió a expresarse desde pequeño y era apenas la única forma en la que consentía expresarse.

Pero cuando estaba tan triste como ahora, ni la armónica era capaz de canalizar tanta tristeza.

Dimitió en su intento y la guardó. No era justo con la armónica de todas maneras. Ya había sonado muchas canciones tristes a lo largo de su vida, ahora le tocaban alegres y felices. Como las que tocaba cuando pensaba en Sora, como las que era incapaz ahora de tocar pensando en ella.

Los dilemas musicales quedaron a un lado cuando alguien tocó su puerta. Por un momento tuvo la tentación de no abrir pues si era Sora todavía se veía incapaz de tratarla. No obstante si era Sora deseaba verla también y que le sonriese y le dijese que todo había sido una broma de dudoso gusto. Y la armónica volvería a sonar con canciones dichosas, eso sí, después de besarla largamente.

Pero nada de eso sucedió, porque Sora no había ido a buscarlo. Era Jun quien se encontraba al otro lado de la puerta.

Ya no sabía si sentía tristeza, rabia o indignación. Seguramente un poco de todo que se solapó con ese nerviosismo —pánico— que siempre le había provocado Motomiya.

—¿Te envía Sora? —aún fue capaz de preguntar y ella, con una radiante sonrisa, asintió.

Eso enfureció más a Yamato. No solo su novia se había vuelto loca y quería romper una pareja, sino que le quería obligar a presenciarlo. ¿Es que acaso lo conocía tan poco? No obstante, nada pudo hacer una vez más cuando Jun se enganchó de su brazo. Y aunque estaba terriblemente enojado, suspiró por que su Sora fuese a su rescate.

No hubo ni rastro de Sora en todo el trayecto en el que Jun no paró de hablar de temas que a Yamato no le importaban demasiado o por lo menos no lograría recordarlos, tan solo recordaría que de repente se encontró en la puerta de un pabellón de actuaciones y que Sora estaba ante él.

Yamato torció el gesto de inmediato, hizo ademán de alejarse pero Jun mantenía su brazo enganchado. Tampoco fue vehemente en su intención. Tampoco podía, Jun siempre lo había paralizado y Sora lo sabía. Había jugado bien sus cartas. Sabiendo que era lo único que le quedaba, le dedicó su mirada más enojada que hizo que Sora se viese más adorable a sus ojos si era posible pero fue fuerte y no mostró ningún signo de debilidad.

—Yamato sé que…

—¡No! —interrumpió—. No quiero escuchar absolutamente nada de tu plan, no quiero saber absolutamente nada de esto, no quiero ayudarte con absolu…— calló al sentir un trozo de tela en la boca.

—¡Jun! —exclamó Sora sorprendida, pero la aludida tan solo tensó más el pañuelo y le hizo un gesto de aprobación.

Sora se sintió culpable, no le gustaba ver a Yamato en esa situación pero también era cierto que así podría hablar sin interrupciones y Yamato al fin la entendería y dejaría de mirarla con esa cara de enojo.

—Yamato, siento que esto tenga que ser de esta forma pero así me escucharás de una vez por todas —el chico gruñó y miró soslayado a Jun que seguía con su radiante sonrisa. Supuso que podría deshacerse del pañuelo fácilmente pero no hizo nada. En el fondo todavía tenía esperanza de que todo fuese una broma de Sora—. Por supuesto que no es mi intención que Jou rompa con su novia y salga con Jun.

Yamato quiso suspirar aliviado pero tan solo le salió otro gruñido, ese pañuelo empezaba a resultar incómodo. Volvió a mirar a Jun, pensando que tal vez ya podría soltarlo pero ella siguió inmutable.

—¿Sabías que Jun es amiga de la novia de Jou? —continuó Sora.

—Era del club de fans de los Teen Age Wolves, ¿te lo puedes creer? —dijo Jun. Yamato arqueó una ceja estupefacto. Sora rio—, aunque ella era fan de Akira, ¿te lo puedes creer? —esta vez se dirigió a Sora que prefirió no pronunciarse. Yamato se revolvió con un gruñido más sonoro.

—El caso es que quería hacer algo especial por la novia de Jou-senpai y por el propio Jou-senpai claro. Siempre están estudiando, no es que salgan mucho y cuando Jun me dijo que era su amiga le pregunté que le haría ilusión y… —mostró unos boletos— ¡Akira me ha dado en el mejor sitio!, ha estado muy simpático.

Y Yamato ya no lo soportó más. Se quitó el pañuelo con la mano en un brusco movimiento, siendo consciente entonces de la actuación que iba a producirse en ese lugar en una horas.

—¿El grupo de Akira? —tomó los ticket bruscamente y gruñó.

—¿En serio solo tuvieron diferencias musicales? —susurró Jun a su amiga, asombrada por la furiosa reacción de Yamato.

Sora encogió los hombros.

—Yamato puede ser muy quisquilloso con su música.

Se acercó tímidamente a su novio, que continuaba en su trance, mirando a la nada mientras arrugaba esos boletos. Sora se los quitó delicadamente y entonces Yamato la enfocó. Sonrió porque su expresión ya era más dulce que cuando había llegado.

—Me molesta un poco que hayas pensado que rompería una pareja que ya existe y son felices para unir otra que me pueda gustar más. ¿En serio crees que haría algo tan ruin?

Yamato bajó la cabeza algo avergonzado por sus pensamientos. Por supuesto que su Sora, portadora del amor, jamás jugaría con el amor de esa forma. Ella solo daba amor, no lo rompía.

—Es que todo esto me resulta muy incómodo, quizá solo fue una excusa para alejarme de ti… —la miró arrepentido—. De tu propósito quiero decir.

Sora negó suavemente, apoyando la mano en su brazo.

—Perdona. No tuve en cuenta tus sentimientos ni tu opinión en todo esto. Sé que te incomoda y por eso —Yamato la miró a los ojos esperanzado. ¿Todo esto acababa?—, no es necesario que lo hagas más. ¡Jun está muy entusiasmada con mi idea! —agregó y la primera reacción de Yamato fue resoplar desesperado. Pero cuanto entendió lo que eso significaba se sintió un poco perdido.

—Entonces, ¿me voy? —dijo haciendo círculos en el suelo con la punta del pie. Al no obtener respuesta, alzó la cabeza— ¿Todo está bien entre nosotros?, ¿me voy?

Sora asintió de esa manera pausada que significaba: «no te vayas, quédate a mi lado para siempre».

—Sí, todo está bien. No te preocupes.

Entonces todo se ralentizó. Realmente lo ralentizó Yamato porque él también quería quedarse a su lado para siempre, con todo lo que eso conllevaba. Dio un paso pero en la que en teoría era dirección equivocada, aunque Yamato jamás sentiría como camino erróneo dirigir sus pasos hacia Sora.

—En realidad, no quiero irme. Es decir, sé que no he estado muy participativo en todo esto pero cada vez que ayudas a tus amigos sonríes de una forma tan feliz que me hacía sentir bien pensar que había contribuido en algo —terminó su intensa declaración con un adorable rubor cubriendo sus mejillas.

Sora sonrió de manera radiante. Quería decirle que él era el dueño de sus sonrisas, que él era el artífice de su felicidad pero sabía que Yamato no lo necesitaba, que con solo ver su sonrisa lo entendería. Además, el ruidoso moqueo de Jun les recordó que no estaban en su burbuja privada en la que quizá podían permitirse decirse alguna que otra palabra de amor excesiva.

Ambos voltearon la vista, mientras Jun se secaba también las lágrimas.

—Perdonad es que añoro los Teen Age Wolves.

—Entonces, vamos a darle las entradas a Jou-senpai. Aunque podemos aprovechar a pedirle más a Akira y verlo nosotros también —propuso Sora a lo que Jun asintió emocionada.

—¡Reencuentro de los Teen Age Wolves!

Eso incomodó a Yamato mucho más que si Sora le hubiese propuesto algo absurdo, como por ejemplo: volver a juntar a sus padres.

—¿Akira? —apretó la mandíbula—, no voy a ir a verlo —y asintió su posición con un cruce de brazos.

Sora torció la cabeza.

—¿En serio no te hace ilusión hablar con él?, fuisteis compañeros muchos años. Y sé que lo considerabas tu amigo. Tu amigo Yamato. Amigo —recalcó provocando que Yamato diese un sonoro gruñido mientras descruzaba los brazos.

—Es mi amigo pero no me gusta su música, no voy a ir a verlo —se entercó.

—Yamato… —reclamó Sora divertida pero a Yamato esta situación no le causaba ninguna diversión.

—¿Por qué?, ¿por qué debería hacerlo?

Pero antes de que Sora pudiese responder nada, Yamato ya había entrado en pánico al notar el brazo de Jun enganchado al suyo.

—Porque la quieres, Yamato-kun.

Se dejó llevar con resignación, porque si hasta Jun lo tenía tan claro, ¿qué podía hacer él?

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