Capítulo 11

Tiempo de nacer

No sabía muy bien qué hora era, pero eso no importaba realmente, sentía como su vientre se tensaba cada cierto tiempo, quería creer que era una más de las anteriores falsas alarmas, que otra vez le dolía el estomago por sobrepasarse en la comida o quizás solo el bebe estaba dándole una buena tanda de contorciones que lo incomodaban. Se movió en la cama buscando una posición mas cómoda, pero ninguna ayudaba, al final se sentó y logro detallar el cuerpo del rubio que dormía a su lado totalmente ajeno al suceso, lamentaría lo que haría, pero otra vez despertaría a Sanzo para infórmale su malestar.

Sanzo… - Susurro débilmente, era como tantear un terreno lleno de minas antipersonales, al menor equivoco seguro que estallaba en pedazos. –

Mmmm... – El monje solo dejo ir un sonido ronco y aletargado, sin duda no estaba dormido por completo. –

Creo que ya es hora. – Empujo con más seguridad el hombro del rubio. –

Desde… hace una semana ya es hora.

Esta vez si va en serio. – Acaricio su enorme vientre al sentir como otra tensión dolorosa llegaba. – Me duele.

Sabes algo… - Se dio media vuelta y miro a Goku con ojos asesinos. – Me levantare una última vez, voy a ir donde el par de idiotas y los traeré, pero si ese mocoso no nace hoy, ¡Serás tu el que salga por ayuda!

¡No es falsa alarma! – Goku Objeto con un enorme puchero en sus labios. –

Mas te vale que no juegues conmigo hoy… - Hablo con fastidio al vientre de Goku. –

Gracias. – Sonrió al ver que Sanzo se comunicaba con su hijo a su modo tosco y brusco. –

Y por quinta vez en una semana, Genjyo Sanzo salió del templo en busca de Hakkai, se había trazado la idea de que el castaño podía servir de partera ya que paso por la misma situación, sus ideas no le alegraban mucho al mencionado pero tampoco tenía más alternativas, en verdad Goku seguía siendo un caso raro y oculto para todo el mundo, excepto para los jefes de Sanzo, después del altercado con Dougan se dieron cuenta que nuestro gran y "célibe" monje había embarazado a un chico, Sanzo pidió discreción al respecto y mantuvo oculta la situación en el templo donde convivía con el mono. Siempre estaba la comidilla de pasillos donde todos se preguntaban la verdadera razón por la cual el chico había subido tanto de peso, y tampoco podían curiosear mucho ya que el rubio detenía cualquier intento de pregunta o interrogatorio hacia él o su "protegido". Cuando naciera el mocoso ya no tendrían que ocultar mucho, con decir que se lo quedarían como ocurrió con Goku en el pasado, bastaba.

Las tonalidades naranjas del amanecer acompañaron al monje en todo su recorrido, salió del templo sin decir nada a los monjes que custodiaban la entrada, ya ni les tomo por sorpresa las salidas madrugadoras del todo poderoso Sanzo, su superior no era de muchas palabras y las pocas que daba eran suficiente para espantar al más curioso. No pasaban de las 5 de la mañana cuando llego a su destino, miro la casa de sus antiguos compañeros de aventuras con pereza, esto se volvía una rutina fastidiosa pero necesaria, armado de valor y con un cigarrillo a medio fumar en los labios decidió tocar a la puerta unas cuantas veces, en verdad tampoco estaba muy convencido de que ese sería el día que tanto les perseguía.

Adivino… - La puerta se abrió mostrando el rostro adormilado y despeinado de Gojyo, estaba en el quinto sueño cuando fue sacado de su calentita cama. –

Llama a Hakkai. – Se cruzo de brazos en la puerta dando la ultima bocanada de humo. –

Sabes… estamos agotados, llevas este juego del "ya viene" al límite, Hakkai no ha podido descansar en toda la semana y Soe agarro el mal habito de levantarse cuando tu tocas. – apenas termino de quejarse se escucho el llanto de la niña en el fondo. – Te lo dije.

No me interesa si la mocosa pelirroja se levanta, necesito que Hakkai vaya al templo, ahora si llego la hora.

Eso mismo dijiste ayer, anteayer, ante anteayer… - Ladeo la cabeza fastidiado. – ¿Ahora qué es lo que tiene el mono?, dolor de estomago, estreñimiento, gases, hambre, calambres…

….. – No supo que responder, en verdad Gojyo estaba dándole la lista completa de las razones anteriores que lo trajeron allí tan temprano en toda la semana. –

Hoy Hakkai no saldrá de aquí, Goku es muy caprichoso y hace de esto un mal hábito, así que arregla tu problema solo.

En un segundo la puerta dio de lleno en la nariz de Sanzo, jamás imagino que sus "amigos" decidieran darle la espalda en un momento así, bueno, debía admitir que no era seguro lo del parto de Goku, pero igual una rabia visceral le subió rápidamente haciendo que pateara la puerta unas cuantas veces esperando que le abrieran.

¡MALDITO KAPPA PERVERTIDO! ¡ABREME LA PUERTA! – Registro sus ropas para dar con su amada pistola, unos buenos balazos harían entrar en razón a Gojyo. – ¡ME LLEVA EL MISMO INFIERNO… DEJE LA PISTOLA EN EL TEMPLO!

¡VETE A DORMIR! – El grito del pelirrojo tras la puerta solo hizo que Sanzo se enfadara más aun. –

No necesito de ustedes, son un par de inútiles sin remedio. Genjyo Sanzo no necesita de seres inferiores.

Su ego le domino, lleno de frustración y molestia decidió dejar de rogar y regresar en sus pasos. En el camino de retorno se auto convencía de que era otra falsa alarma, que Goku no le haría una mala pasada esta vez, un quinto error de cálculos no era muy descabellado si tomaba como ejemplo los días anteriores.

Regreso a la cama… - Estiro sus brazos buscando relajar aquel compendio de músculos tensos por la ocasión. –

Mientras nuestro querido y egocéntrico rubio regresaba al templo, en casa de la pareja de demonios las cosas estaban tensas, Gojyo había vuelto a la cama para tratar de calmar sus ánimos, le enfadaba las maneras de Sanzo para pedir ayuda, parecía un déspota dictador sin sentido del respeto a la vida de los demás, le incomodaba que cada llegada del monje despertara a su hija y también a Hakkai que terminaba luchando con la pequeña para retornarle el sueño.

Entro a la habitación de ambos de puntitas y sin hacer el menor ruido, sabía que la pequeña Soe estaba allí con su amante, se sentó cuidadosamente en la orilla de la cama y miro la escena con una media sonrisa.

Puedes respirar, aún no está dormida. – Hakkai acaricio la cabeza de la pequeña que estaba entre sus brazos aferrada a su pecho. –

Sanzo es un estúpido mandón. – Se hecho de espaldas en la cama. – le dije que no saldrías hoy.

Pero… ¿Y si en verdad Goku necesita de mi ayuda?

No eres experto en eso, el monje apestoso debe conseguirse una partera.

No lo hará, no puede meter mujeres en el templo, ya tiene suficiente con esconder la peculiar condición de Goku.

Que es una raya más para un tigre, no sería nada del otro mundo.

Igual creo poder ayudar un poco, se lo que sucederá y en qué modo. – A su mente regresaron los recuerdos de su parto, el solo en esa habitación y con tanto miedo dentro de él. – Goku se sentirá aterrado sin apoyo.

¿Vas a ir verdad? – Suspiro audiblemente. –

Después del desayuno, pasaran algunas horas para que algo suceda.

Eres demasiado blando, Hakkai. – Se rodó hasta apoyar su cabeza sobre las piernas del castaño. – Pero eso me gusta de ti.

Regresando donde Sanzo, este se dio a la tarea de volver sin mucha prisa, paso por el mercado que apenas empezaba a tener vida, la mañana despuntaba brillante y hermosa, un sol radiante y el cielo azul totalmente despejado de primavera, los pajaritos cantando y un montón de frutas de temporada se agolpaban en los puestos del lugar listas para comer, el rubio miro los puestos con gusto, le llevaría a Goku algunas cosas para animarlo, quizás ya había pasado aquella falsa alarma y estaría muerto de hambre esperándolo en cama. Al terminar sus compras, llego al templo cargado de bolsas pero apenas puso un pie en el, noto como un grupo de estudiantes estaba discutiendo en una esquina cerca de la habitación de él y Goku.

¿Qué demonios pasa aquí? – Se detuvo con la mirada clavada en los jóvenes monjes. –

Maestro… - Uno de los monjes se atrevió a abrir la boca con miedo. – en su... su… habitación se escuchan ruidos raros.

¿Ruidos raros? – Alzo una ceja con asombro. –

Si, se oyen quejidos y jadeos. – Otro de los monjes se sonrojo al recordad aquellos sonidos. –

Goku. - Susurro para sí con impresión. – Llévense esto. – Extendió las bolsas con frutas a sus estudiantes. –

Con un aplomo increíble hizo que el grupo de monjes se retirara del lugar, estaba seguro que esos ruidos eran del mono, pero, ¿Qué tan altos tenían que ser para que alertaran a los demás ocupantes del lugar?, Después de despachar al grupo y estar seguro que nadie rondaba, entro a la habitación y paso cerrojo tras él, el lugar seguía a media luz por las ventanas cerradas, el chisporroteo de unas velas encendidas lo invitaron a centrar la mirada en la cama, sobre ella estaba un Goku retorciéndose cual animal moribundo, su cuerpo bañado en sudor y sus piernas contraídas al máximo posible contra sus enorme vientre, parecía realmente adolorido, su corazón le dijo que eso no era una falsa alarma, el momento había llegado de verdad.

Sanzo. – El chico logro levantar la mirada al sentir como cerraban la puerta. – Duele…

¿Qué sucedió?- Se acercó a grandes pasos hasta la cama. –

No se… me empezó a doler mucho – Trato de sentarse pero su estomago tenso no le dejo. – El dolor va y viene.

Goku, llego el momento, ahora si no es un juego. – Se sentó cerca del mono y tomo su mano entre las de él. – Tendrás que aguantar callado, no puedes gritar aquí, se darán cuenta de lo que sucede.

Pero… - Gimió por lo bajo al sentir como otra contracción le castigaba inclemente. – duele… mucho.

Has sentido cosas peores en las peleas, esto no es nada - Susurro al oído del mono con firmeza –

¡Mentiroso! – Empujo el rostro de Sanzo lejos de él. –

Que estés callado. – Sujeto el rostro sudoroso de Goku entre sus manos. – Sé que duele, y no sé como aliviar tu sufrimiento pero deberás soportarlo, por el niño.

¿Y Hakkai? – Pregunto más aliviado al irse el dolor. –

No vendrá. – Contesto tajantemente. –

¡Que!

Que no vendrá y punto, esto lo haremos solos tu y yo, no necesitamos de mas nadie para que el mocoso nazca, además, si Hakkai lo hizo solo, tu podrás también.

¡Estás loco Sanzo! – Intento golpear al rubio pero este detuvo aquellos puños débiles por la labor. – ¡trae… a Hakkai!

Estamos solos, y todo saldrá bien.

No… - Gimió adolorido, sabía muy dentro de él que esto no era bueno, que todo ese egoísmo de Sanzo acabara metiéndolos en un lio. –

Resignación, a Goku no le quedo más que seguir el plan de Sanzo, este estaba totalmente terco en no pedir ayuda una vez más, el solo se encargo de todo, movió a medio templo lejos de la habitación con la excusa de un entrenamiento intensivo, si Goku gritaba mucho no notarían nada, después de ello fue en busca de mantas, agua limpia, algunos medicamentos y unas tijeras, el improvisar aquella vez con Hakkai le enseño algunas cosas buenas, se sentía muy convencido de todo así que su ciega seguridad no le hacía ver que Goku estaba más adolorido que antes y sin un indicio de que ese parto avanzara.

Sanzo… - Susurro el pequeño mientras se retorcía en la cama por otra contracción. –

Ya pasara. – Limpio la frente del mono con una toalla húmeda, solo podía serle de apoyo y ver como todo seguía avanzando. –

Creo que… tuve un accidente. – Goku llevo su mano a sus piernas, la sensación de algo húmedo y tibio recorriendo sus muslos lo avergonzó. –

Sangre – El rubio miro asombrado aquel charco de vital liquido bajo el mono, estaba sangrando con abundancia y no sabía si eso era normal o no. –

¡Estoy Sangrando! – Miro aterrado sus dedos manchados – La bebe…

El bebe está bien, es normal que pase así que no te asustes. – Ni el mismo se creía lo que decía pero no podía aterrar al mono, ya era suficiente lo que sentía para complicarle las cosas aún más. –

Algún rato mas paso y ahora Sanzo notaba el grupo de mantas y toallas llenas de sangre agolpadas en una esquina, Goku parecía estar perdiendo más de lo normal, su cuerpo se estaba poniendo pálido y sus dolores no iban a ningún lado. No sabía que mas hacer, estaba tentado a salir corriendo por Hakkai pero su ego no se lo permitía, recorría la habitación cual perro encerrado, con una mano en el mentón y solo acompañado por el sonido de los gemidos de Goku.

¡SANZO! – Un grito desgarrador le hizo volver a la realidad, Goku se retorsión mas aun en la cama, sentía como algo muy dentro de el bajo encajándose en su pelvis, era una sensación de presión que le lastimaba mucho, que le hacía desear pujar. –

Ahora si… - sonrió aliviado, necesitaba ese instante, eso le decía que las cosas no se habían quedado varadas. –

Me duele, duele y presiona - Murmuro con sus labios secos, estaba agotado en ese trabajo de parto. –

¿Quieres pujar?- Pregunto angustiado, el momento había llegado. –

Sí, pero… - Tomo aire rápidamente al sentir como algo tiraba desde dentro de él, aquella presión se intensifico más y con ello el sangrado se volvió más grande y evidente. –

Sanzo estaba paralizado mirando como la sangre brotaba más y mas, estaba totalmente asustado cuando sintió como la puerta de su habitación era golpeada bruscamente unas cuantas veces. Si era algún monje entrometido seguro le descubrirían, con rapidez tomo todas las telas manchadas de sangre y las tiro tras la puerta, trato de limpiarse sus manos y tapar a Goku hasta la cabeza, le susurro que no gritara mientras el intentaba ver quien tocaba tan inoportunamente, se decía a si mismo que mataría al estudiante atrevido que lo desobedeció.

No dije que fueran a en… - Quedo mudo al ver quien estaba de pie fuera de su puerta. – Son mas puntuales que la muerte misma.

Solo pasaba por aquí a ver si se te ofrecía algo. – Hakkai sonrió amablemente como si nada, estaba obviando el bulto de mantas que se retorcía en la cama del monje. –

¡Deja tu maldita pose fingida y entra! – Jalo bruscamente al castaño dentro de la habitación. –

Espera Sanzo – sama, yo también pasaba por aquí. – Gojyo detuvo la puerta antes de que se cerrara en su cara. – ¿No vas a compartir tu espectáculo?

Te mataría en este instante, y no lo hago porque Hakkai debe atender a uno por vez. – Le mostro su pistola con una sonrisa casi que desquiciada. –

Estas muerto de miedo. – El pelirrojo pasó dentro con la pequeña Soe en sus brazos. –

Gojyo, no necesito que compliques más las cosas. – Hakkai susurro aquellas palabras mientras se acercaba a la cama donde estaba Goku. –

Hakkai. – El chico sonrió enorme al verlo, era como su salvación en forma humana. –

Ya está todo bien. – Acaricio la mejilla sonrojada del mono. –

Me duele mucho… - Mascullo con debilidad mientras se sujetaba de la mano del castaño. –

Lo sé mejor que nadie, pero pronto acabara, ya verás.

Hakkai. – Sanzo le alejo de Goku por un momento. – Está sangrando demasiado…

Desvió la mirada hacia el montón de mantas ensangrentadas que había usado el monje, algo muy dentro de él estaba diciéndole que era peligroso, que su hijo debía nacer pronto o las cosas se complicarían. Hakkai analizo callado todo el panorama, suspiro hondo y se arremango su camisa hasta los codos, después de ello lavo sus manos y se sentó junto al adolorido chico.

Primero tratare de parar la hemorragia, eso es lo que tiene. – Extendió sus manos sobre el vientre de Goku, con eso sabría en qué estado estaba el ki del bebe y si las cosas se complicarían mas o no. –

Nadie dijo nada, Sanzo y Gojyo miraron callados como el brillo amarillento que rodeaba el vientre de Goku fluctuaba de vez en vez, parecía un juego de hermosas luces que bailaban al compas de los movimientos. En pocos minutos Hakkai había terminado su labor, estaba agotado ya que uso mucha de su energía para detener la hemorragia.

Logre parar el sangrado pero no me gusta cómo está la energía del bebe, es débil.

Eso se soluciona sacando al mocoso. – El rubio miro serio hacia Goku. –

No es tan fácil, si no es el momento no nacerá, debemos esperar a que Goku necesite pujar.

¡Quiero pujar! – Gruño desde la cama, estaba escuchando a medias parte de aquella conversación a susurros de Sanzo y Hakkai. –

¿Estás seguro? – el oji verde le miro preocupado -

Siento… que si no lo hago me moriré - Sujeto su vientre con firmeza, había tolerado demasiado dolor en las últimas dos horas. –

Si tú estás listo. – Sonrió amablemente y se puso de pie. – Les recomiendo que no molesten de aquí en adelante.

No era muy diestro en ese asunto, pero sabía muy bien que el cuerpo hacia la mayor parte solo y que cuando llegara el momento solo debía ayudar a atajar al bebe y listo, más nada necesitaba, o eso creía él. Sanzo decidió quedarse en la cama al lado de Goku, sujetando su mano con fuerza, era el momento más esperado, solo necesitaban sacar al terco mocoso para terminar todo, por su parte, Gojyo no estaba con ánimos de ver más sangre y gritos, aprovecho la ocasión y se quedo parado fuera de la habitación con Soe, su hija no debía oír gritos agónicos o cosas desagradables que la traumatizarían, según él, en un futuro.

Y paso que las cosas a veces se complican, que lo que uno ve como una jugada perfecta y sin margen de errores se vuelve el infierno mismo, el paso del tiempo seguía inclemente pero ni eso ayudaba a un agotado y adolorido Goku a seguir en su labor, aquel parto parecía ir en cámara lenta, no sabían porque pero el bebe no salía, se negaba si quiera a bajar un poco, Hakkai creyó que sería tan sencillo como le sucedió a él, pero todos los cuerpos no son iguales y no todas las situaciones se pueden manejar igual.

¡MALDICION GOKU, TIENES QUE PUJAR! – Sanzo le gritaba con toda su alma, sabía que ese bebe no duraría mucho dentro del chico. –

¡NO PUEDO! – Toda la frustración de su alma salió con ese grito, le dolía todo, sentía que moriría y sin embargo se esforzaba más de lo imaginado por ayudar a su bebe a salir. –

Sanzo… no podrá, no puede seguir más. – Hakkai se puso de pie con las manos ensangrentadas, estaba tratando de mantenerse calmo y objetivo pero el ver como la vida de Goku se iba con cada pujo era algo aterrador. – Debes traer a alguien que sepa cómo sacar al bebe.

¿NO ENTIENDES QUE NO PUEDO?

En un arrebato de rabia y miedo tomo bruscamente de las ropas al castaño, deseaba matarlo sin duda alguna, así Hakkai no tuviese la culpa de nada, pero el terror nubla la conciencia y el sentido común en momentos así, mientras, Gojyo seguía parado fuera, escuchaba muy bien todo lo que sucedía adentro, estaba serio y pensativo al tiempo que vigilaba a su pequeña hija que gateaba cerca suyo, suspirando hondamente se agacho y tomo a Soe en brazos mirándola fijamente a su angelical e infantil rostro.

Sabes, me gustaría que tuvieses alguien con quien jugar de tu edad, pero si no ayudamos ahora, seguro que tendremos un funeral en vez de una celebración.

Gojyo no demostraba su angustia abiertamente pero dentro, las cosas se ponían peor, Sanzo había caído en el límite de la razón, con pistola en mano se instalo frente a Hakkai, la balanza según él debía ir hacia el lado de Goku, ese bebe debía nacer con vida a como diera lugar, la pistola desterradora solo era un pequeño "incentivo" que el gran Genjyo Sanzo usaría para ayudar en el problema del parto.

Estas siendo irracional. – Poso sus ojos en aquella conocida arma. – Con amenazarme no lograras que tu hijo nazca más rápido.

Pero te hará ser más creativo respecto a solucionar el problema de Goku. – Desvió sus ojos violetas hacia donde estaba el mono, pálido y a punto de perder el sentido entre el dolor. –

Se morirán los dos Sanzo, Goku no puede tenerlo, es obvio… - Poso sus manos sobre las pálidas y temblorosas rodillas del chico. – Déjalo descansar un poco.

No puede descansar. – Clavo la pistola sobre la nuca de Hakkai. –

¡Estás loco!

No puede pasar de nuevo, otra vez no puedo dejar que se los lleve la muerte…

Un compendio de recuerdos se amontonaron en su confundida mente, aquella terrible noche lluviosa donde su querido mono sufrió un accidente, por su culpa casi pierde al bebe, si no hubiese sido por la intervención de la diosa Kazeon Bosatsu quien sabe qué fin dramático hubiesen tenido los tres, pero ahora, nuevamente entre esas aguas, ese deseo irrefrenable de salvar la vida de sus seres amados, pero también volviendo a repetir su error, su estúpida soberbia, su fiero egocentrismo no le deja ver mas allá de sus ideas, no quiere y no puede dejarse controlar por alguien mas, así sea en beneficio de él y Goku. Pero ya es muy tarde, entre las discusiones acaloradas de Hakkai y Sanzo, Goku perdió el conocimiento, su frente estaba bañada en un sudor frio y copioso sobre su pálida piel, sus rodillas cayeron pesadamente sobre la cama mientras su cuerpo se relajo en una especie de inconsciencia sin retorno.

¡GOKU! – El monje corrió a su lado para darle algunas palmadas en las mejillas, quería despertarlo con desesperación. –

Esto no es bueno. – Hakkai trato de conseguir su pulso pero le era muy difícil entre los movimientos angustiosos del rubio por querer hacerlo regresar a la conciencia. –

No otra vez… - Enterró su rostro sobre aquel pecho todavía tibio del mono, aun respiraba pero suavemente y con dificultad. –

La oscuridad nuevamente, el sentimiento de culpa llevándoselo al mismo infierno, sabiéndose destinado a perder al amor de su vida y su futuro hijo, no podía ser, no otra vez, entre tantas cosas se sintió débil y derrotado.

Cuando estaba a punto de claudicar, la puerta de la habitación fue abierta de par en par por alguien, Hakkai se paralizo solo pensando en que habían sido descubiertos por los monjes del templo, Sanzo con su mirada vidriosa solo rogaba por una segunda aparición de la diosa y su ayuda, pero ambos se equivocaron, lo que entro por esa puerta fue un pelirrojo decidido y que prácticamente arrastraba a alguien de su mano derecha, una temblorosa figura menuda y más pequeña que Gojyo, con largos cabellos castaños ondulados, piel canela y ojos enormes e igual de oscuros que sus cabellos, aquel ser solo temblaba un poco y respiraba dificultosamente entre pequeños jadeos, se notaba que habían corrido mucho para llegar allí.

Allí esta. – Gojyo soltó de mala gana la muñeca de la figura y le hizo terminar de entrar a la habitación. –

¡UNA MUJER! – Sanzo alzo la mirada hacia la extraña intromisión que trajo el medio demonio en mal momento. – ¡Cómo demonios te atreves a traer una mujer al templo!

Sanzo – sama… ¡DEJATE AYUDAR AUNQUE SEA UNA VEZ! – Sin decir más, se abalanzó sobre el nombrado propinándole un buen puñetazo directo al rostro. –

El monje cayó de bruces al suelo, su boca se lleno de un sabor metálico gracias a su labio evidentemente roto, no vio venir el golpe de Gojyo pero si sintió toda su rabia en el, aun en el suelo, Gojyo paso sobre él y prácticamente lo arrastro hasta una esquina de la habitación dejándolo caer nuevamente en el suelo de malas ganas.

He traído ayuda para el mono… te vas a callar la boca y dejaras que ella se ocupe de Goku. – Miro de reojo a la aterrada chica que no sabía muy bien en que lio la habían metido. –

Eh… yo… – Temblaba sin control, solo pensaba a mil por hora que hacer en ese momento, hacia menos de media hora que se encontraba tranquilamente en su casa cuando aquel pelirrojo alto y fornido se la llevo a rastras solo preguntando si era la partera del pueblo. –

Cálmate, ellos se tratan así siempre. – Hakkai poso su mano sobre el hombro de la pobre mujer. – Necesitamos de tu ayuda.

Tiene una hemorragia. – La pobre chica poso sus ojos sobre el montón de mantas manchadas de sangre. –

No ha podido tener al bebe… tiene mucho tiempo pujando y no nace. – El castaño bajo la mirada con tristeza. – Acaba de desmayarse.

Yo en verdad… no soy muy experta que digamos - Se retorció las manos asustada, esto seguía siendo extraño, estaba por atender un parto en un templo y rodeado de hombres que se caían a golpes. –

Eres la partera, ¿sí o no? – Sanzo aun en su sitio le pregunto. –

Si lo soy, señor. – Bajo la cabeza tímidamente. –

Entonces ayúdanos, se va a morir si no nace él bebe - Como le costó al rubio pedirlo, pero no estaba en condiciones de mandar y menos de exigir nada. –

Está bien.

Aquella chica de largos cabellos castaños, suspiro profundo y tomo una cinta que llevaba anudada en la cintura de su vestido rosado, con destreza se sujeto el cabello en una cola de caballo y arremango las mangas de su camisa. Esto era un reto para ella, hacia poco que estaba ejerciendo esa difícil labor de ayudar a traer una vida al mundo, pero se notaba que esto era algo serio y no dejaría mal parada su linaje familiar de parteras.

Necesito agua caliente, mantas limpias y más luz. – Camino decidida hacia la cama donde estaba un Goku semiconsciente, se podía escuchar sus leves quejidos de dolor en el silencio de la habitación. –

Hakkai corrió por mantas y agua, mientras que Gojyo se movió de su sitio y busco algunas velas para encenderlas cerca de la partera, todos callados y dejando que aquella chica ayudara a Goku, sin un ápice de nervio la chica volvió a tomar las rodillas de Goku y las acomodo de modo que pudiese tener libre acceso a él, pero cuando levanto las mantas para revisarle, su rostro palideció en un segundo.

¡ES UN HOMBRE! – Grito aterrada y ya pegada de la puerta de la habitación, vio algo que no esperaba ver en ese lugar y en esa situación. –

Cálmate, podemos explicarte parte de lo que pasa. – Hakkai se agacho junto a ella para hablarle. –

No… no quiero explicaciones, ¡yo quiero irme de aquí! – Grito aferrándose a la manija de la puerta, esto se volvía cada vez más extraño y no tenía ganas de descubrir más cosas. –

Quiero que sepas algo, yo pase por eso y tengo un bebe que puede probar que podemos tener hijos… - Hakkai miro hacia todos lados buscando a su hija pelirroja. – ¿dónde está Soe?

Se las deje a los monjes de la entrada. – Gojyo se encogió de hombros sin preocupación. – Es que no me dejaban entrar con la partera así que les dije que si dejaba a una mujer fuera del templo me dejaban pasar y dijeron que si, así que les deje a Soe y cumplí con mi palabra.

Gojyo… ¡ve por mi hija en este instante! – Hakkai le miro con ojos asesinos. –

Solo fue un momento y no le pasaría nada malo, son monjes tontos. – salió corriendo de la habitación para evitar la furia de su amante. –

Ustedes están locos, sí, eso debe ser, esta es una broma pesada y ese chico solo está mintiendo, seguro tiene una almohada bajo su camisa…

Tú crees que esto es una broma pesada.

Sanzo se puso de pie con dificultad, camino hasta la cama y de un solo movimiento tomo las mantas destapando el cuerpo de Goku, su enorme y tenso vientre quedo al descubierto, pálido y sudoroso, bajo el un claro charco de sangre que oscurecía las blancas mantas de la cama.

Necesita ayuda, mi hijo y él se morirán si no los ayudas, por favor… - Sujeto la mano de la chica entre las suyas, estaba inclinando su cabeza como nunca antes lo hizo por nadie. –

Yo… - Sintió la tibia mano del monje, su dolor era tan palpable, ese rostro entristecido y suplicante, era extraño pero algo muy dentro de ella le decía que debía ayudar, como fuera pero debía hacerlo. – lo intentare.

Yo te seré de guía. – Hakkai le sonrió apaciblemente, debía comentarle ciertas cosas de vital importancia para que la pobre partera pudiera saber qué hacer. -

Después de la explicación de Hakkai, la partera se armo de valor y reviso a Goku, todavía estaba medio consiente y sus quejidos de dolor no se hacían esperar, entre todo ese movimiento Sanzo solo veía en su sitio, aquel golpe de Gojyo le devolvió a la realidad y lo puso en su lugar, no quería estorbar pero si estaba al tanto de lo que pasaba con su mono y su bebe.

Debo operar, el no podrá dar a luz. – La castaña limpiaba sus manos manchadas de sangre. – Es muy estrecho y el bebe es grande.

No comía en balde. – susurro el monje para sí con una media sonrisa. – Hágalo.

Pero… también hay otro problema, el bebe esta en mala posición, será una operación riesgosa, podría terminar de desangrarse en el proceso de sacar al bebe.

Yo puedo ayudarte a detener cualquier hemorragia, se cómo hacerlo. – El castaño le hablo con esperanzas, debía ser útil para algo así. –

No tengo tiempo que perder entonces. – La chica afilo sus ojos, este era un reto enorme para ella, jamás había hecho algo de ese calibre en su poco tiempo como partera, apenas si tenía algunos años cumpliendo la labor que antes hacia su madre, todo lo que aprendió fue viéndola a ella desde que tenía uso de razón, un mundo de experiencias impartidas de modo rudimentario y con mucha practica y cero teoría. –

Al final los únicos ocupantes de la habitación fueron la joven partera, Hakkai y obviamente Goku, del resto, Gojyo saco a rastras a un enojado Sanzo, este deseaba permanecer en el lugar y ver todo, pero la partera le recomendó esperar afuera, si necesitaba más ayuda les prometió que llamaría.

El tiempo continuo inclemente, solo el cálido sol de un pasado medio día les brindaba claridad, sus rayos luminosos formando sombras bajo el gran árbol al que Goku siempre se trepo desde que llego al templo, solo había dejado de hacerlo con su embarazo, robándose las frutas y causándole molestias a todos los monjes del templo, aquel pequeño y divertido recuerdo se agolpo en la mente del rubio, como un fugaz recuerdo de las aventuras y desventuras que vivió con el mono.

Todo está bien. – La voz algo apagada de Gojyo le distrajo de sus pensamientos. – El mono no se dejara vencer por un mocoso.

No quiero escucharte. – camino algo lejos del pelirrojo y se dejo caer contra la pared del templo, estaba tan lejos pero a la vez tan cerca de Goku. –

Aprovecha de fumar, después no podrás hacerlo delante de tu hijo. – Sentencio divertido mientras imitaba la postura de Sanzo en el suelo pero por motivos distintos, su pequeña pelirroja estaba dedicada a gatear entre sus piernas como modo de diversión. –

No sabes cuándo hacer silencio. – Rebusco entre sus ropas su encendedor y un cigarrillo que pronto prendió dando una gran y profunda bocanada, era la droga que necesitaba para relajarse en ese instante. –

No quería saber de tiempo, solo pensaba en el próximo cigarrillo a encender, solo eso, el suelo a su alrededor se cubrió de más de dos cajas de aquel vicio, el tiempo es cruel cuando uno desea que vaya más rápido, se niega tercamente a apresurar su paso y nos da como venganza una sensación de lentitud mortal y dolorosa. Más de una hora y aun nada, ya no le quedaban cigarrillos así que su atención paso a la pequeña niña que jugaba con su padre, Soe parecía ajena a la espera, solo estaba concentrada en jalonear de los mechones rojos del cabello de Gojyo, reía divertida y con tanta vitalidad, sus mejillas rosadas se veían tan regordetas, sus deditos pequeños aferrados a aquel cabello tan idéntico al de ella misma, era una niña hermosa así lo negara Sanzo, en verdad sus antiguos "niñeros" la hicieron con pasión, entre un pensamiento y otro, se imagino como seria su hijo, de qué color tendría el cabello, sus ojos o si quiera su piel, seria dulce e inocente como Goku, o tan terco y arisco como él.

Pienso tonterías que no importan ahora - Susurro decaído y dejando caer su cabeza sobre sus rodillas, un nudo enorme se poso en su garganta, el solo pensar en su bebe le hizo querer llorar, intento hacer un escudo con sus brazos pero aquel desesperado intento fue interrumpido por el tibio jaloneo de uno de su dedos –

Alzo la mirada notando como la pequeña Soe estaba de pie precariamente junto a él, con una de sus manitos gorditas sujetando su dedo índice, parecía muy concentrada en no caer sentada ya que aun no caminaba bien, su angelical rostro le dio una bella sonrisa, tan sanadora, tan pura y tan reconfortante.

Si podría acostumbrarme a esto… - sonrió débilmente. –

Su mano titubeo un segundo antes de estirarse y acabar sobre la cabeza de Soe, delicadamente le acaricio como si fuera lo más increíble que haya hecho en su vida, sintió la calidez de aquel pequeño angelito, sus suaves cabellos y sus ojos verdes mirándolo con curiosidad, el rubio estuvo por soltar una palabra pero su boca quedo abierta al escuchar el claro llanto de un bebe, su bebe, el que fue dado como un extraño regalo para él y Goku. No pudo pensar más, apresuradamente trato de levantarse del suelo pero Gojyo ya de pie frente a él le tendió la mano con una sonrisa en los labios, no tenia porque burlarse del momento, más bien sentía alivio por escuchar ese llanto, Sanzo no se merecía mofas en ese instante, ya tendría tiempo después para carcajearse en grande ante lo acontecido.

Felicitaciones. – Sintió el fuerte apretón del rubio en su mano y como jalaba un poco para ayudarlo a ponerse de pie. –

….. – no podía hablar, no sabía que era, pero su garganta se seco y su lengua no dio cabida a las oraciones, era como si le hubiesen enmudecido en un segundo. –

El tiempo paso más rápido de lo que pensó, antes con lentitud mortal, ahora, con prisa desatada ya que al poco rato de oír aquellos lloriqueos las puertas de la habitación donde estaba su mono se abrieron de par en par, Sanzo dio unos cuantos pasos con prisa hacia la entrada pero sus ojos acabaron posados sobre el ser que salía de la habitación con algo entre sus brazos, Hakkai lucia apacible y con una serenidad increíble, camino rumbo al encuentro con el monje, sin mediar palabras más o menos, estiro su carga y la dejo en los brazos del rubio, parecía automático, nadie dijo nada pero se entendieron los deseos venidos desde el fondo del corazón.

Sintió algo que nunca imagino, su pecho se lleno de una sensación nueva, era como querer a Goku pero multiplicado por millones de veces en un sentido paternalista, esa pequeña cosita que estaba entre sus brazos tenia vida, al fin estaba ante él, viva y respirando, pudo detallar su rostro redondo y delicado, unos pequeños mechones rubios y rebeldes sobresalían sobre su cabecita, sus ojos permanecían fuertemente cerrados al tiempo que sus puñitos parecían no querer soltar la manta donde estaba envuelto, dio un leve quejido cuando Sanzo le acomodo mejor en uno de sus brazos, el monje no se lo creía, en verdad que era su hijo el que estaba cargando, sus ojos violetas empezaron a inspeccionar aquel ser, estaba preocupado por las cosas que tuvo que pasar para poder nacer así que con toda seriedad se propuso desenvolver al bebe de su manta, torpemente pero lo logro, su boca se curvo en una leve sonrisa al ver que Goku tuvo razón siempre, era una niña y el también lo sospecho desde que le vio dificultosamente en aquel túnel oscuro donde lloraba desconsolada hacia meses atrás cuando Goku huyo del templo.

Sanzo… - Hakkai trato de hablarle pero el rubio estaba como en una burbuja, no prestaba nada de atención a su alrededor, solo se preocupaba por terminar de contarle los deditos regordetes de sus manos y pies a la pequeña. – Está bien, nació perfecta.

Ni se ha acordado del mono… - Susurro Gojyo con ironía ante la manera en que el monje estaba perdido en la bebe. –

Goku. – Alzo la mirada hacia el castaño. –

La partera está terminando con él, pero estará sedado un buen tiempo, fue una operación difícil. – Hakkai recordó como la joven partera hacia su trabajo y el tras ella metía las manos de vez en vez parando los incontables intentos de hemorragia que tuvo Goku. –

No pregunto nada más, solo se encamino con su hija en brazos rumbo a la habitación, quería ver al mono, sentía que le debía algo importante, era increíble que le hubiese dado una hija tan perfecta y hermosa. Apenas paso el umbral de la puerta un olor a hierbas medicinales le descoloco, el aire estaba repleto de aquel aroma algo desagradable y fuerte, pudo ver a la partera acomodando los ultimo vendajes sobre el bajo vientre de un inconsciente Goku, sus ropas manchadas de sangre y un rostro agotado por el esfuerzo hecho para logar salvar dos vidas ese día.

Tiene una niña muy linda. – hablo la joven con una sonrisa tierna, no entendía muy bien como había pasado todo eso, pero estaba segura que ese bebe fue hecho con amor, tanta belleza no podía venir de una unión con odio, esto trascendía hasta la pasión a su modo de ver. –

¿Cuándo despertara? – Podrían estarlo halagando pero él seguía siendo el mismo monje pesado de siempre, ahora solo le interesaba el estado de Goku. –

Su cuerpo está exhausto, podría despertar en unas cuantas horas como en un día o dos, no sé cómo es su naturaleza para recuperarse de sus heridas, pero necesita mucho descanso y reposo, perdió mucha sangre y trate de salvar sus órganos internos… si en un futuro desean tener otro hijo. – Recordó muy bien las cosas que tenia de más aquel chico dentro. –

Está bien. – Susurro con suavidad, solo necesitaba oír que todo pasaría, que este era un bache en ese largo camino que emprendieron el día que supieron que esperaban aquel regalo. –

He terminado aquí, si se presenta algo mas con él, solo llámenme, espero que esta vez no me secuestren sin explicaciones. – La partera suspiro cansada por su odisea. –

Gracias. – No supo de dónde pero su cuerpo se movió para terminar abrazando a la castaña, fue solo un segundo pero en el dio todo el agradecimiento que su alma desbordaba, y un gracias de Genjyo Sanzo valía mas que el oro puro ya que no se repetiría un acontecimiento como ese en mil años más. –

Fue mi deber. – Se inclinó con respeto y salió de la habitación luego de recoger sus cosas. –

Ya solo en la habitación, pudo liberar su carga, con mucho cuidado coloco a la bebe sobre el pecho del mono, la dejo con suavidad en aquel lugar para después el depositar un beso en la frente del mismo pero sin desprender su mano de la espalda de la pequeñita, no quería que saliera rodando hacia el suelo ya que Goku no estaba consciente de su carga. Se sentó con mucho cuidado junto a Goku y sin si quiera proponérselo sus ojos se inundaron de lagrimas, pequeñas gotas saladas que recorrieron sus mejillas y se perdieron en el regazo del monje, su pecho ardía de tantas emociones juntas. Podía sentir el tibio cuerpecito de su hija bajo su palma extendida, una pequeña vida que tenía un valor incalculable, tan importante como el de Goku, el que dio todas sus fuerzas y energías para mantenerla con vida en estas últimas horas, como sufrió para poder verla llegar al mundo y aun el no gozaba de la dicha de conocerla físicamente, estuvo inconsciente cuando nació y aun lo estaría un buen rato más bajo los efectos de las drogas medicinales que la partera le dio.

Es rubia, quizás también se vuelva nuestro sol… mejor dicho, es nuestro sol de hoy en adelante. - Hablo bajito para no incomodar a la bebe que se había quedado dormida muy cómoda sobre el pecho del mono. –

Una tibia sonrisa se apodero de él, estaba saliendo de sus cánones, este Sanzo que estaba sentado allí había renacido con lo sucedido, podía amar con tanta pasión a esos dos seres que se asombraba de ello, recordó a la diosa de la misericordia, pero esta vez con una buena sensación y no las acostumbradas ganas de asesinarle cada vez que pensaba en ella, debía ser sincero, su regalo inesperado le sirvió para darse cuenta de lo feliz que era, que tenía tantas bendiciones entre sus manos y el solo las desperdicio por mucho tiempo, ahora no quería dejar ir ni un segundo de su vida por ellos, necesitaba acompañarles el resto de su existencia a como diera lugar, juraría que sería el protector de esos dos seres que llegaron a su mundo hueco y vacio, sin dudas él había nacido nuevamente con este día y ese pequeño sol que iluminaria sus días hasta el ocaso de sus vidas.

Continuara…

Bueno, al fin me digno a subir este capítulo casi final, necesito cerrar mejor esto, pero de por sí fueron muchas emociones juntas, espero lo disfrutaran, y con el regreso de Saiyuki, a ver si este fandom revive un poco je je je. Gracias por leer, por disfrutar, y por esperar. Byeee

¡Urasai!

Gojyo y Hakkai estaban sentados a las fueras del templo, no sabían a ciencia cierta cuando despertaría Goku, pero era bueno quedarse un poco más, no estaban seguros si Sanzo podría solo con la bebe y un mono inconsciente y dopado por tiempo indeterminado.

-Estoy cansando - El kappa rezongó mirando hacia el cielo del atardecer, llevaban un par de horas sentados allí como si nada –

-Yo también lo estoy, pero no quiero irme aun, me preocupa una cosa… - Hakkai miro con serenidad a su hija que dormía entre sus brazos vencida por el cansando de un día tan agitado –

-Pues tu preocupación no será Sanzo, este parece que se olvidó que el mundo existe, no se ha movido de la habitación desde que nació la bebe. ¡Hasta se olvidó que nosotros estamos aquí!

-Créeme que saldrá por esa puerta en poco tiempo.- Apenas culminaron sus palabras tanto Gojyo como el mismo Hakkai notaron el repentino llanto estridente de un recién nacido en medio templo y como ni un par de minutos después Sanzo hacia aparición con la niña en brazos y una cara de ofuscación enorme –

-Que buenos pulmones tiene. – Gojyo miraba con diversión a la pobre criatura llorando a todo dar en brazos del monje – Bienvenido a la paternidad Sanzo – sama.

-Yo… - El rubio monje se mordió los labios con impotencia, haciendo de tripas corazón tendría que pedir ayuda una vez más a Hakkai, una ayuda vital para que la bebe estuviese bien –

-Creo que todos tus estudiantes sabrán muy pronto que tienes una hija – El castaño sonrió con malicia, sabía perfectamente lo que el monje quería de el –

-No lo hagas más difícil… - Mascullo estirando los brazos para poner a la bebe delante de Hakkai – Sabes que Goku no podrá hacerlo hasta que despierte.

-Esta dopado, no sería nada sano que lo hiciera hasta que las medicinas salgan de su sistema. – Dio un pequeño suspiro poniéndose en pie – Gojyo por favor lleva a Soe a casa, necesito quedarme aquí un poco más, no quiero cargos de conciencia por haber dejado a una pobre recién nacida muriendo de hambre.

-Monje aprovechado, Hakkai no es tu vaca. – Señalo con su dedo acusadoramente al rubio –

-Gojyo. – El castaño le fulmino con la mirada – No soy una vaca.

-Pues eso pareces, ahora tus pezones no son solo míos, también son de Soe ¡y hasta serán de la hija del monje apestoso! – Grito a los cuatro vientos frustrado –

-Que gracioso. – Aun con su afable sonrisa en los labios Hakkai poso su mano sobre el hombro de su amante y le susurró al oído – Estarás castigado hasta nuevo aviso, dile adiós a "tus pezones" y al resto de mí que viene con ellos…