Espero que os esté gustando, ser libres de escribirme lo que queráis y gracias a quienes me seguís leyendo :3333


Ya había caído la noche en Seattle. Las calles comenzaban a vaciarse, la gente se reunía en locales y las tiendas estaban cerradas. De vez en cuando, se oía el frenazo de un coche o la sirena de una ambulancia. En la calle de la pequeña Hannah se podía oir una melancólica canción:

One for the money, and two for the show
I love you honey, I'm ready, I'm ready to go
How did you get that way? I don't know
You're screwed up and brilliant,
Look like a million dollar man,
So why is my heart broke?You got the world but baby at what price?
Something so strange, hard to defineIt isn't that hard boy to like you or love you
I'd follow you down down down,
You're unbelievable
If you're going crazy just grab me and take me
I'd follow you down down down, anywhere anywhere

Allí, mecida entre los brazos de Christian Grey, me sentía tan segura, tan tranquila... pero, ¿funcionaría? Yo parecía una chica como cualquier otra, trabajadora, tímida e inocente. Ojalá fuera solo eso. Dentro de mi cabeza, el mundo era de colores borrosos, no había rosas brillantes, o amarillos chillones. Era una película a blanco y negro. ¿Cómo podría entender alguien que fuera una persona difícil? Todo, según dicen, es muy sencillo. Entonces, ¿por qué para mí eran complicadas cosas que aparentemente son fáciles?

-Dime por qué.

-Pues... soy virgen.

Me miró y frunció el ceño.

-Tienes 21 años.

-Déjalo, da igual. Me voy a casa. Ya me avergüenza bastante como para esto.

-No, espera. Es que... tienes 21 años, eres guapa, no entiendo por qué no...

-No hay nada que entender. Si no te gusta, pues adiós.

Había dejado que mi vergüenza se convirtiera en rabia. Al menos podría haber fingido que le parecía comprensible y que era una tontería. Salí de casa, encima descalza como una idiota para esto.

-Hannah, no es eso.

Caminé hasta la puerta y le miré.

-No te lo puedo explicar aquí, pero es por mí, no por ti. Ven a mi casa y sabrás de qué hablo.

-¿Ahora?

-Si quieres sí, ahora.

-Eh...-dudé-Vuelvo ahora.

Subí corriendo las escaleras, me puse los zapatos, cogí el bolso y bajé deprisa. El Audi estaba allí parado, y Christian me esperaba apoyado en él. ¿Cómo podía ser tan guapo? Nos metimos en el coche y llegamos a su casa en unos pocos minutos. No abrí la boca en todo el viaje y él tampoco tuvo intención de conversar. Parecía pensativo, absorto en sus propios pensamientos. Subíamos al ascensor en silencio cuando noté su mano agarrar la mía. Seguí mirando al suelo pero acerqué un poco su brazo hacia mí. Me llevó hasta un sofá enorme en forma de u y me senté.

-Vuelvo ahora.

Seguía impresionada por lo imponente que resultaba aquel apartamento, igual que Christian, supuse. Dejé caer la cabeza hacia atrás. Estaba bastante cansada, ya era tarde y estar con él, con toda esa tensión y confusión continuas. Noté como el sofá se hundía a mi lado. Abrí los ojos y le miré. Tenía unos papeles en la mano.

-Es un acuerdo de confidencialidad. Si vamos a ir en serio, tienes que firmarlos-dijo tendiéndomelos.

Los cogí y los miré con escepticismo.

-¿De verdad los necesitas? Quiero decir, ¿no es un poco exagerado?

-No lo es, Hannah. Soy un hombre poderoso, con mucho dinero y mucho que perder, tengo que andarme con cuidado. Mi abogado insiste en estas cosas.

-Ah...

-Implica que no puedes contar nada de lo que suceda entre nosotros. Nada a nadie.

-Eso no es difícil... ¿era esto de lo que hablabas?

-No, aún no.

Me tiende un bolígrafo.

-¿Ni siquiera vas a leerlo?

-No, me fío de ti.

Frunció el ceño.

-Deberías leer todo lo que firmas.

-Tsh, si lo que firmo es el silencio, no tengo problema. Pero, ¿esto era todo?

Negó con la cabeza.

-Son los preámbulos, de todos modos, no contaba con tu pequeña sorpresa así que planeaba posponerlo un poco más.

-Venga, dime qué pasa-le pedí.

-Sígueme.

Se levantó y le seguí. Caminamos por un pasillo, hasta llegar a una escalera, la subimos y seguimos hasta una puerta. Sacó una llave del bolsillo, la introdujo en la cerradura y la giró.

-Si quieres irte puedes hacerlo, también puedes quedarte aquí si te apetece.

-Está bien, vamos. Me está matando la curiosidad.

Abrió la puerta. Oh, dios mío. Me empujó suavemente hacia dentro. Aquello era... muy rojo. Colgaban cuerdas, grilletes y cadenas. Un montón de látigos y fustas estaban expuestos. Un mueble de madera, taburetes y un sofá. Destaca una cama enorme, de la que cuelgan más cadenas. Me acerco a uno de los lados, y empujó algunas fustas haciéndolas balancearse. Me paró en una.

-¿Sabes? Peter tiene una así. Aunque la verdad... no hay comparación entre lo suyo y esto-digo anonadada.

Me miró con impaciencia.

-No sé cómo tomarme eso.

-Estoy... sorprendida, no asustada, si eso te preocupa. Hay muchas cosas que ni siquiera sé qué son.

-¿Entonces qué dices? ¿No saldrás corriendo?

-No, Christian, a pesar de que parte de lo que tienes aquí dé algo de miedo, me quedaré. Es una pena que no pueda hablarle a Peter de esto-reí-No me daría vergüenza resolver unas cuantas dudas.

-Pregúntamelas a mí.

-Tal vez lo haga... Tengo una ahora.

-Di.

-¿Eres muy... duro? Quiero decir, una vez, Peter me dijo algo de la diferencia entre ser un amo simplemente, y ser un sádico.

-Soy un sádico, Hannah.

Asentí con la cabeza y me acerqué a él.

-Tengo mucho sueño-dije frontándome los ojos.

-Vayámonos de aquí.

Recorrimos el mismo camino hasta llegar de nuevo al salón.

-¿Podría...? ¿Podría dormir contigo?-pregunté en voz baja.

Me miró extrañado.

-Solo dormir digo...

-Puedes ponerte una camiseta mía si quieres-sonrió.

-Me vale.

Me agarró de la mano y caminamos hacia una habitación. Abrió un cajón y sacó una camiseta gris de él.

-Póntela, voy al baño.

Esperé a que saliese de la habitación para quitarme la ropa. Me puse la camiseta, que me llegaba casi hasta las rodillas y me metí en la cama. Me sentía un poco desnuda. Sentí un gran alivio al tumbarme, estaba agotada, y al poco tiempo, ya estaba empezando a quedarme dormida. Lo oí salir del baño y echarse conmigo. Me rodeó con un brazo y me arrastró hacia él.

-Buenas noches, Hannah-susurró.

-Buenas noches, Christian.

Me desperté vestido con un escueto pijama rojo, en una cama de sábanas rojas, en una habitación de paredes rojas. Intenté moverme pero algo tiraba de mí. Estaba atada a la cama por las muñecas y los tobillos. Me revolví inútilmente. Vi a Christian entrar y cerrar la puerta con llave tras él. Se quitó la corbata y mientras se quitaba la camisa se acercó a mí.

-No te asustes-sonrió.

-Pero... ¿cuándo llegué aquí?

-Llevas un rato ahí echada-contestó otra voz.

Volví la mirada. Peter estaba apoyado en una pared comiendo pipas. De pronto, noté a Christian besarme por el cuello. Se sentó a mi lado, y chascó a los dedos. Mi ropa había desaparecido. Me sonrojé al instante, muerta de la vergüenza.

-Oh... qué decepción-dijo Christian observándome.

-Te lo dije-contestó Peter.

-¿Qué...?-susurré.

-No eres... mi tipo. Llevátela, anda, buscaré una nueva.

Peter asintió con la cabeza y se acercó.

-Pero... pero...

-Quieta, no pasa nada, ¿vale? No importa que seas un fracaso, alguien se conformará contigo-contestó.

Lo miré unos segundos y volví a tirar de las cuerdas que me sujetaban, llorando como una descosida.

-¡Hannah! ¡Hannah, despierta!

Entreabrí los ojos y vi a Christian, algo borroso. Le di un manotazo en el pecho, y otro, y otro. Me agarró de las muñecas.

-¡Eh! Hannah, estabas soñando, tranquilízate-dijo con voz paciente-Deja de llorar.

Me quedé quieta y suspiré. ¿Un sueño?