Holaaa, bienvenidos los nuevos lectores, espero que no os esté decepcionando el fic. Dejar review y esas cositas ^^

Disfrutad :33


Habían pasado cuatro días desde que huí despavorida de Christian Grey. Fueron unos días desastrosos en el trabajo, pasaba de comer compulsivamente a no probar bocado, lloraba y luego me enfadaba. Era un caos andante. Christian tampoco había llamado ni dado señales de vida en general. Temí que ya se hubiera olvidado de mí, no me sorprendería. Pero en un momento de lucidez decidí que debería hablar con él, tal vez aquello tuviera solución, ¿no? Le llamé, aunque no obtuve respuesta. De todos modos, sabía como encontrarle. Esa semana había una reunión de los directivos de algunas de las empresas de la que era propietario, y eso, incluía la mía.

Tras las reuniones tal vez pudiera encontrarle. Mientras estaba sentada, él me encontró a mí, bueno, tal vez no fuera así exactamente. Christian pasó delante de mí y me ignoró cuando le llamé. Seguí allí sentada, sin tener mucha idea de qué hacer. Pocos minutos más tarde, apareció de nuevo.

-Vamos.

Le seguí hasta una sala vacía.

-¿Qué quieres? ¿Engatusarme para salir huyendo de repente por segunda vez?-me espetó.

-Pretendía pedirte disculpas por haberme ido de aquella manera, a pesar de que ni siquiera te molestaste en saber qué pasaba o cómo estaba yo. En fin, ya veo que una soy estúpida. Adiós-me despedí pasando por su lado hacia la puerta.

-Espera-dijo aunque resultó inútil-Te he dicho que esperes-ordenó con tono sombrío y agarrándome el brazo.

Caminé hacia atrás alejándome de él hasta toparme con la pared. Me miró a los ojos tan serio que me daba miedo.

-Joder. Te fuiste corriendo. Di por sentado que no volverías. ¿Qué esperabas? ¿Tienes idea de lo cabreado que estoy contigo?

-N-no...

-Pues ya lo sabes-sentenció y salió por dando un portazo.

-¡Christian!

Idiota. Soy una idiota. ¿Se supone que esto es culpa mía? Bueno, claro que lo era. Salí de allí apesadumbrada, mirando al suelo, cuando oí a alguien llamarme.

-¡Hannah!

-¿James?

James era mi antiguo mejor amigo y amor de la universidad. En resumen, éramos los típicos amigos que parecían que serían perfectos como pareja, yo estaba muy enamorada, él me dio ilusiones y se terminó tirando a mi compañera de habitación. Aquello me había destrozado, para qué mentir. Y verle allí... Su pelo rubio era más largo de lo que recordaba, estaba más fuerte e incluso parecía más alto.

-Hace un siglo que no nos vemos-dijo acercándose a mí.

Me abrazó y me di una vuelta en el aire. No me gustaban esas confianzas, me traían muchos recuerdos, y eso no me gustaba.

-Sí, lo sé.

-¿Y esa cara larga?-sonrió-Alégrate, mujer, que es nuestro reencuentro.

Sonreí con pocas ganas.

-Vamos a la cafetería de aquí abajo. Yo invito.

-Pero James yo...

-Nada de pero James.

Me agarró de la mano y me arrastró con él. Por el rabillo del ojo vi a Christian observándome con cara de pocos amigos. Aquel era un día mucho peor de lo normal, maldita sea. Cuando llegamos nos sentamos en una mesa y pedimos. James parecía entusiasmado por volver a vernos, como si nuestra amistad la hubiera roto la distancia y no recordara la realidad.

-Estás muy guapa-sonrió.

-Gracias... tu también, pareces... más fuerte.

-Sí, ahora voy al gimnasio. Soy un abogado exitoso y sano, ya ves.

Qué optimismo tan asqueroso. Me miró como si esperase que en algún momento hiciera algún esfuerzo por comunicarme, pero no tenía ni la menor intención.

-Deberías de venir a mi casa. Tengo fotos de la universidad, un montón de hecho, y sales en muchas.

-No sé...

-¿Qué te pasa? Cuando te conocí allí tenías los mismos ojos tristes. Me estás preocupando.

-¿A ti que más te dá?-suspiré.

-Hannah... aunque hayamos pasado un tiempo separados me sigues importando.

-Seguro que sí.

Desvió la mirada y observó algo detrás de mí. De repente, se levantó.

-Señor Grey-dijo tendiendo la mano.

Me giré. Christian se la estrechaba.

-Necesitaba hablar con Hannah, si nos puedes dejar un segundo-le dijo a James.

-Claro, claro. Iré al baño-me miró extrañado y se fue.

Noté que me miraba. Me giré hacia él.

-Siéntate si quieres-le dije.

-De acuerdo. ¿Quién es ese? No parece que sea tu abogado.

-Es un amigo de la universidad.

-¿Nada más?

-Nada más.

-Parece que te tiene bastante confianza.

-¿Estás enfadado pero te fijas en eso?

-Hannah, no seas impertinente.

-¡Pero...!-exclamé.

La mirada sombría de Christian me hizo arrepentirme y me callé. Era increíble el poder que tenía sobre mí, y sobre todos en realidad.

-Tienes que firmar el contrato si quieres estar conmigo. Probablemente no seas consciente de en lo que te metes, o tal vez sí y por eso te asustaste.

-No lo entiendes. Tres meses, Christian, tres meses. Eres tú quien no es consciente, soy una persona difícil, y eso es muy poco tiempo para mí, no te merecerá la pena, y cuando terminen no querrás que haya más. Así de simple.

-¿Poco tiempo?-me miró confuso.

-Te dije una vez que yo quería un novio. A alguien que tiene una fecha para dejarme no lo considero como tal.

Suspiró.

-Creo... que podemos modificar el contrato un poco sobre la marcha. Pero de todos modos, tienes que firmarlo.

-¿Siempre eres tan rígido con todo?

-Soy controlador.

Me encogí de hombros mientras observaba a James volver.

-Quiero irme-le susurré a Christian, que me contestó con una sonrisa.

-¿Todo bien, señor Grey?

-Sí, pero necesito llevarme a la señorita Adams.

Ambos nos levantamos y James se acercó a mí.

-Espero verte pronto, me quedo un tiempo aquí en Seattle-sonrió y me abrazó con fuerza.

-Ay...-murmuré.

Oí a Christian carraspear.

-Perdone, señor Grey, es que le tengo mucho cariño.

-Adiós, James.

-Adiós.

Salimos de la cafetería. Fuera, había comenzado a llover.

-¿Quieres venir a mi casa?-preguntó.

-Supongo que sí.

-Llamaré a Taylor.

Un rato más tarde, nos encontrábamos en la misma situación que el fin de semana anterior. Tenía en una mano el contrato y en la otra un boli. Habíamos acordado que él sería más flexible y que yo le explicaría por qué decía ser una persona difícil. Me observaba mientras bebía vino.

-Bueno, lo firmo ya.

-¿Completamente segura?

Le miré.

-¿Me das un abrazo?

Sonrió.

-Claro, Hannah-contestó rodeándome entre sus brazos.

-Estoy completamente segura. ¿Lo estás tú?

-¿Yo?

-Sí, no me gustaría que terminaras huyendo de mí.

Sus ojos parecían algo tristes.

-Es a mí a quien le preocupa que lo hagas-contestó con calma.

-¿Qué?

-Olvídalo.

Le miré extrañada, me incliné sobre la mesa y firmé. Dejé los papeles y el bolígrafo. Me quedé pensativa.

-¿Y ahora qué? ¿Tienes un látigo escondido para celebrar el momento?

-¿Se vuelve a reír de mí, señorita Adams?

Me abalancé sobre él abrazándole. ¿Cómo podía ser tan genial estar con él a veces?

-Prometiste contarme por qué te consideras difícil.

Le miré y me volví a sentar.

-¿Ahora?

-Ahora. No pongas esa cara, si me lo dices ahora luego no tendrás que pensarlo más.

-Está bien...-respiré hondo-Cuando me desmayé aquí, no lo hice porque me bajase el azúcar o algo así... son ataques de pánico. Si me pasa algo que me altera lo suficiente, me empiezo a encontrar mal y suelo perder el conocimiento. Si me altero emocionalmente, quiero decir, no me desmayo... qué se yo... en montañas rusas por ejemplo.

-Entonces...

-Espera, déjame terminar. Los ataques de pánico son debidos a que tengo problemas de ansiedad. Esos problemas en resumen, son que me preocupo por todo en exceso, tengo un poco de fobia social y un autoestima terrible. Pero veo a un psicólogo y tomo medicación, y creo que he mejorado un poco.

-Vaya.

-En voz alta suena peor, es una tontería.

-No lo es pero, ¿de verdad crees que te abandonaré por eso? No resulta muy halagador.

-Por lo que conlleva tal vez.

Me besó en los labios y acarició mi pelo. Después quiso enseñarme algo y me llevó hasta una habitación muy, muy blanca.

-Es tu habitación.

-¿Tengo una habitación? ¿Para qué? ¿No puedo dormir contigo?

-Duermo solo.

-Hay momentos en los que a tu lado me siento menos rara-dije encogiéndome de hombros.

-Puedes decorarla como quieras-contestó frunciendo el ceño.

-Vale.

-Volvamos abajo.

Me quedé asimilando aquello durante el camino. De pronto, me acordé de algo.

-Tengo un collar con un cascabel, como el que llevan los gatitos, pero para chica, es violeta y el cascabel es plateado.

-¿Insinuas algo?-preguntó con una sonrisa.

-No sé, yo no soy la experta.

Su brazo me rodeó la cintura y me empujó hacia la pared del pasillo. Me alzó la cara por la babilla con los dedos y me habló, casi susurrando, a milímetros de mí.

-Si no quieres que me propase antes de lo previsto, deberías tener cuidado de no ser tan impertinente. Recuerda que ahora eres mía, y lo haré si así lo deseo.

Estaba resultando tan intimidante como excitante.

-S-sí...

Me besó con rabia. Dios, estaría así para siempre.

-Venga, tengo que llevarte a casa.

-¿Por qué? No quiero irme.

-Tienes que trabajar, vamos. Deprisa-dijo dándome una cachetada en el culo.

Solté un gritito y caminé rápido delante de él, que sonreía con satisfacción. Al llegar a mi portal, nos besamos de nuevo, esta vez, fue un beso mucho más largo y profundo. Nos veríamos al día siguiente, según dijo. Entré en mi piso y me tiré en la cama, sintiéndome como sumida en un sueño.