Decid qué opináis, lo que sea, y disfrutad del capítulo :3
El viernes empezó como un día tranquilo. En el trabajo no había mucho que hacer, la gente estaba relajada y Christian había dicho que le vería ese día. Hacía tiempo que no estaba así de contenta. A las cuatro, antes de lo normal, empecé a recoger mis cosas para irme cuando James entró por la puerta. Me asusté, dejando caer dos carpetas y otros papeles en el suelo.
-Casi me da algo-me quejé.
-Perdona-sonrió-Quería verte.
-No deberías venir aquí, ¿y si estuviera mi jefe?
-Le he visto salir.
Suspiré terminando de colocar la mesa.
-Bueno, ¿y qué haces aquí?
-El otro día te tuviste que ir de repente así que pensé que hoy podríamos hablar un poco e ir a ver las fotos de las que te hablé.
-No creo que pueda.
-¿Has quedado?
-Algo así-dije encogiéndome de hombros.
La verdad que hubiera estado bien si Christian me hubiera dicho que íbamos a hacer y no limitarse a un "nos vemos". Teóricamente... no tenía nada que hacer. De pronto, James puso sus manos sobre mis hombros y me miró fijamente a los ojos.
-Tendrás que dejar de odiarme en algún momento.
-No te odio... Venga, salgamos, quiero irme ya-dije abriendo la puerta.
-Siento haberte hecho daño, ya sé que fui un imbécil, pero éramos tan amigos...
Nos metimos en el ascensor y puse el botón de la planta baja. Ojalá esto bajara más rápido.
-Me alegro de que lo sepas.
Enroscó un mechón de mi pelo entre los dedos. ¿Qué tenían los hombres con mi pelo? Me aparté de él.
-Para.
-Dame una oportunidad, podemos volver a ser amigos. Vamos, Hannah, por favor.
-No sé.
Las puertas se abrieron y eché a caminar.
-Por favor, por favor, por favor. No te imaginas cuánto me arrepiento de lo que hice.
-Bueno... ¿tienes varias copias de las fotos? Me quedaré algunas.
-¿En serio?-sonrió-Sí que tengo-contestó entusiasmado abrazándome.
-James... James... para. Es incómodo.
Me soltó pero siguió mirándome con ojos ilusionados.
-No voy a ser más maja. Solo miraré las fotos. ¿De acuerdo?
Asintió.
-Por cierto, ¿te dijo Peter dónde trabajaba?
-Sí-rió-Conseguí convencerle de que me lo dijera.
-Ya veo...
-No te enfades mucho con él, soy muy persuasivo.
Cogimos un taxi, y tras un rato, llegamos a su piso. Era bastante amplio aunque aún estaba algo vacío y las paredes sin pintar. Me senté en el sofá beige del salón y James trajo tres álbumes de fotos. Me sentía muy rara, era una mezcla entre confianza y rencor. Todo me parecía algo surrealista.
-Mira. Este álbum es de aquel fin de semana que fuimos a aquella casa en la playa, cuando nos quedamos los dos solos-se levantó-¿Te traigo un café?
-Sí, por favor.
Pasé las páginas. Recordaba muy bien esos días. Habíamos quedado el grupo de cuatro amigos que éramos por aquel entonces en una casa de la playa que tenía uno de ellos, pero en último momento, se echaron atrás y James y yo fuimos solos. Nunca supe si lo hicieron intencionadamente o si de verdad les había surgido algo, porque poco después dejamos de tener relación alguna. Él y yo nos sentíamos muy cómodos juntos, cualquiera podría pensar que tal vez fuera cómodo que un chico y una chica se quedaran en una casa solos siendo solo amigos, pero aquel no fue el caso. La última noche allí, nos sentamos juntos frente a la chimenea. Nos abrazamos y después de un rato, James me besó. Para mí, que estaba perdidamente enamorada de él, eso fue la señal que necesitaba para convencerme de había algo entre nosotros, no solo amistad. De todos modos, él nunca lo mencionó a nadie y se siguió comportando como si nunca hubiera ocurrido nada. Hizo lo mismo varias veces, besarme, decirme que era preciosa y muy especial y después actuar como si todo fuera producto de mi imaginación.
Por eso muchas veces me culpaba a mí misma del daño que me había hecho verle tirarse a otra, porque en realidad, había sido una estúpida. La noche anterior a que eso ocurriera, vino a mi habitación, nos besamos y durmió conmigo tras decirme que me quería mucho. Siempre me había preguntado si es que él era así y aquello solo significaba amistad o si en mi mente había formado una imagen distinta de nuestra relación.
Dejó la taza sobre la mesa y me miró.
-¿Te gustan?
-Sí... no sabía que hubieras hecho tantas.
-Lo sé-sonrió-La mayor parte de las tuyas las hice sin te que te dieras cuenta.
-Sí, lo he notado-dije esbozando una sonrisa.
Después de un rato, pasamos al siguiente álbum. Eran fotos en la universidad, me fijé en que no había ninguna de mi compañera de habitación, a pesar de que recordaba que nos había hecho alguna juntas. Qué detalle, pensé. Cuando ya iba por la mitad del tercero, alguien picó a la puerta.
-Ahora vuelvo.
Oí otra voz masculina. No otra voz, su voz. Me giré y les vi a los dos caminando hacia mí. Christian tenía gesto inexpresivo. ¿Por qué sentía estar haciendo algo que no debía?
-Hola, Hannah-me saludó.
-Hola... estábamos... estábamos mirando fotos.
-Ya veo.
-Puedes sentarte con nosotros-dijo James, confuso por el ambiente que se acaba de generar en su salón.
-No, gracias, tenemos que irnos ya, ¿verdad, Hannah?
-Am... ¿sí?
Me levanté del sofá.
-Espera, quédatelos, yo tengo los negativos de todas y los archivos también.
-¿Seguro?
-Sí, sí.
Christian se acercó a la puerta. Cogí los álbumes entre los brazos y fui también hacia allí.
-Me alegro de que hayas venido, Hannah, espero que ahora estés algo menos enfadada conmigo.
-Bueno... solo un poquito menos-aunque no pude evitar sonreír tímidamente-Adiós.
Cerró la puerta detrás nuestra y caminamos hacia el ascensor.
-¿Estás enfadado conmigo?
Sus ojos grises me escrutaron.
-Lo estoy.
-Pero... solo son fotos.
-Te llamé varias veces.
Saqué el móvil. Mierda. Se me había olvidado quitar el perfil de silencio.
-Perdón.
-¿Por qué estás enfadada con él?
-Por nada...
-Dímelo.
-Pero...
Me arrastró hasta la pared del ascensor y con una mano sujetó con suavidad y firmeza mi cuello.
-Hannah, creo que aún no has entendido lo que significa el contrato. Primero, si te pregunto, tú contestas; si te llamo, coges el teléfono; si un tío te mira con ese embelesamiento no vas a su casa, y menos sin que yo lo sepa. Segundo, eres mía. Tercero, va siendo hora de que te discipline.
¿Era normal que aquello me excitara tanto?
-¿De acuerdo?
-S-sí...
-Yo también quiero mirar las fotos.
Me besó con fuerza agarrándome por las caderas. Las puertas del ascensor se abrieron.
-Vamos a mi casa.
Tuve que agarrar con fuerza los álbumes para que no se me escurrieran. Taylor ya estaba allí esperando dentro del coche. Cogí la mano de Christian y jugueteé con sus dedos. La dejé sobre mi pierna y noté como me la agarraba con más fuerza. Me dio un beso en el pelo y luego otro en los labios. Rodeé su cuello con los brazos. Nuestros labios separaron y nos quedamos unos segundos mirándonos a los ojos. Esos ojos grises... tan penetrantes y preciosos.
-Por cierto...
-Dime, Hannah.
-Mañana iba a ir a una convención con Peter.
-¿De qué?
-De...
Erótica había sido la palabra que Peter había utilizado, él siempre hacía distinción entre porno y erótico, así que supuse que podría tergiversarlo un poquito.
-Cosas varias... tengo que ir a casa de Peter a vestirme, nos disfrazaremos.
Frunció el ceño.
-Oh...
El coche llegó frente al Escala, y nos bajamos. ¿Qué intenciones tenía Christian? Buenas no... suponía. Me dio un vuelco al corazón. Casi cualquier cosa se me haría incómoda. Mierda, mierda, mierda. Él parecía tan calmado y decidido como siempre. ¿De verdad era así todo el tiempo? ¿Bajaría la guardia en algún momento? No podía ser que alguien tan perfecto con una vida tan genial existiese. Aunque lo cierto era que a veces podía ver un brillito de tristeza en sus ojos, que se desvanecía en un instante, pero que había estado ahí. ¿Estaría intentando ponerle pegas para no sentirme tan inferior a su lado?
Cuando llegamos a su piso, las luces eran tenues y la señora Jones ya no estaba allí, en cambio, había una pequeña mesa con la cena, copas, vino y dos velas encendidas. Honestamente, no me sorprendía en absoluto, era un cliché tan grande que suspiré para mis adentros. Ni siquiera me gustaba el vino.
-Siéntate. ¿Qué te parece?
-Bien...-contesté intentando sonreír.
-Qué poco convencimiento, señorita Adams.
Me encogí de hombros. Cogió la botella de vino y se dispuso a servirlo.
-No me gusta.
-¿Qué?
-El vino. No me gusta.
Frunció el ceño. El resto de la cena... en fin, transcurrió, por llamarlo de alguna manera. Si en los momentos en que nos besábamos parecía que podría pasar toda la vida pegada a él, en ese instante, se hacía tan evidente lo diferentes que éramos que me parecía imposible. ¿En qué clase de universo dos personas como nosotros tenían algún tipo de relación?
-¿Por qué eres tan distinta...?-murmuró con la copa de vino en la mano.
Le miré pero no dije nada, aunque me quedé un poco desilusionada, conmigo, con él, con la vida en general.
-No pongas esa cara.
-¿Qué?
-Esa cara, pareces triste.
-Oh...
-Vamos a mi habitación-dijo levantándose y tendiéndome su mano.
La agarré y fuimos hasta ella. Me quedé junto a la puerta mientras el entraba y se quitaba la chaqueta del traje. En mi mente se debatían el instinto de salir corriendo de allí y de quedarme.
-Ven-dijo expectante.
No me moví, solo le miré. Se acercó a mí y me besó en la frente, en las mejillas y luego en los labios. Dio unos cuantos pasos hacia atrás hasta que se encontró con la cama y se sentó tirando de mis manos para que le siguiera. Me quedé de pie frente a él.
-No tienes por qué asustarte.
-Ya lo sé.
-¿Y entonces?
-Aunque sepa racionalmente que no hay razón para ello, no puedo evitar sentirme así.
No contestó. Se agachó y me quito las Vans y luego los calcetines, a los que se quedó mirando.
-Los gatitos son monos-dije de morros.
-Parecen calcetines de niña pequeña.
-Me da igual, a mi me gustan.
Sonrió divertido. Me observó durante unos segundos que me parecieron eternos y me dio la vuelta, enroscó algo en mis muñecas, inmovilizándome los brazos hacia atrás. De reojo vi que ya no llevaba corbata. Luego, me cogió por la cintura y me empujó suavemente hasta sentarme encima de sus piernas. En aquella postura se hacía bastante evidente lo pequeña que era yo y lo alto que era él. Los pies no me llegaban casi al suelo, y su cara estaba casi a la misma altura que la mía. Me rodeó con los brazos y me susurró al oído.
-No te desnudaré y no te desvirgaré, pero quiero que tengas una muestra de lo que planeo hacerte sentir.
No me vi capaz de responder algo con sentido, así que guardé silencio.
-¿No respondes?-preguntó, aunque me pareció que más bien se burlaba.
-N-no sé qué decir...
-Vuelves a tartamudear.
Me giró la cara y me besó. Sus manos subieron hasta mis pechos y los apretaron por encima de la ropa. Nuestras lenguas se acariciaban con más fuerza. De repente, me abrió las piernas y también las suyas para sujetarlas separadas. Rozó mi tripa antes de desabrochar mi pantalón y se paró unos segundos.
-Si te da por separarte de mí ahora, te caerás-dijo, no sé si como consejo o advertencia-Relájate, preciosa.
Introdujo sus dedos por debajo de las bragas y tocó mi sexo. Me salió un ruidito, parecido a un quejido muy suave involuntariamente.
-Qué sensible...
Empezó a trazar círculos alrededor del clítoris. Mi cuerpo ardía y cada vez sentía más y más placer. Frente a mí, la enorme cristalera de su habitación me permitía ver la Seattle nocturna. Un montón de pequeñas luces entre la oscuridad. Terminé cerrando los ojos. Tampoco podía evitar arquearme y soltar gemidos silenciosos.
-Christian...
Me dormí sobre su pecho, agotada tras el orgasmo que me acababa de regalar. Hacía mucho tiempo que no estaba tan relajada. Me aferré a él, enroscando mis piernas entre una de las suyas y disfrutando la sensación de sus dedos acariciando mi pelo.
