Siento la tardanza ^^" Pero es que me fui de vacaciones y aunque se me había prometido que tendría internet, en realidad solo pude usarlo en contadas ocasiones y con una lentitud horrible, eso si llegaba a cargar algo.
PERDOOOOOON, no me odiéis mucho porfi.
Me desperté con el repentino estruendo del despertador. Se me había olvidado quitarlo la noche anterior. Me estiré hasta coger el móvil de la mesita y lo apagué. Unos brazos fuertes me agarraron por detrás tirando de mí.
-Ni lo intentes.
-¡Christian! No me estaba yendo, qué susto me has dado.
-Perdona-sonrió-Yo sí que me tengo que ir.
Me quejé un poco y fui a desayunar con él. Cuando se fue con Taylor terminé el café y regresé a la cama. En el salón había un hombre que había contratado Christian, supuestamente por mi propia seguridad, de unas proporciones enormes llamado Hunter. Me miró mientras me iba, con aquellos ojos oscuros y fríos que me dieron escalofríos. Me tiré en la cama y me tapé con las sábanas. No iba a intentar escaparme, puede que no me gustase quedarme allí porque a alguien me hiciera fotos infraganti, pero no planeaba dármelas de alma rebelde. Después de dormir un rato, saqué de entre mis cosas mi ebook, y volví a echarme mientras leía. Más tarde, me duché, comí, y me senté en el sofá.
Era un día de lo más aburrido y estaba harta de estar allí sola bajo la penetrante mirada de mi guardián personal. Llegado cierto punto, me acerqué a él ya desesperada.
-¿Podemos salir a dar un paseo?
-El señor Grey dijo que no salieras.
-Pero tú vendrás conmigo. Un paseíto corto, por favor.
-No iremos a ninguna parte.
-Por favor...
-Lo siento, señorita Adams, pero yo solo sigo órdenes.
Me senté en el sofá viendo la tele. Unas horas después, Christian me llamó. Aún tardaría un rato en llegar. Suspiré. Le echaba de menos y me sentía agobiada allí dentro. Después de cenar, me fui a mi habitación y me eché en la cama. Resultaba raro estar allí pero estar en la suya yo sola lo era aún más. No me había dado cuenta de haberme quedado dormida hasta que un rato más tarde me despertó su voz.
-¡Hannah!
-Qué...-gruñí.
-Estás aquí...-dijo quedándose en la puerta-Puedes... quedarte en mi habitación, no me importa.
-Da igual.
-¿Has cenado ya?
-Sí.
-¿Te pasa algo?
-Mañana iré a trabajar.
-Ni hablar.
-Iré.
Fue hasta la cama y se sentó.
-Hannah, tienes que quedarte.
-No, nadie me ha hecho nada, y no me pienso quedar encerrada otro día aquí sola.
-Ni se te ocurra.
-Hago lo que quiero.
-Solo has estado aquí un día, y tienes un acosador por ahí. No te vas a ir a ninguna parte.
Me tapé con la sábana hasta la cabeza sin contestar. Noté el peso de su cuerpo sobre mí y apartó la sábana de mi cara. Me dio un beso en la frente.
-Aún no sé quién te envió eso y no me quedaré tranquilo hasta que lo descubra.
-Pero Christian... No deberías preocuparte tanto por mí.
Saqué los brazos bajo las sábanas y alcé la mano hacia su cara. Me agarró la muñeca rápidamente.
-No.
Suspiré. Le di un beso en la frente.
-¿Puedo irme a mi casa al menos? Prometo no salir, pero es que tu piso es tan grande, se me hace raro, y tú no estás aquí en todo el día.
Frunció el ceño.
-Hunter estará contigo.
-Me mira raro.
-¿Raro?
-Parece enfadado. Todo el tiempo.
Christian se rió.
-Es un buen guardaespaldas, y se irá contigo eso no lo negociaré.
-Vale.
-Y ahora me quedaré aquí contigo por si acaso.
-¿Por si acaso?
-Sí, de hecho, tengo que registrarte... A fondo. Tendré que desnudarte, quién sabe qué podrías llevar.
-¿Y si no quiero?
-No querría hacerlo por la fuerza, señorita Adams, pero si es necesario...-contestó mordisqueando mi labio inferior.
El suave traqueteo del Audi hacía que volviera a tener sueño incluso después de la ducha y el café. Taylor había puesto la radio, y la voz del locutor hablando sobre las noticias de la mañana en Seattle envolvía el coche. Miré a Christian, que leía algo en su blackberry. Nos paramos frente a mi casa, donde Hunter ya esperaba impasible delante de la puerta. Christian y yo nos besamos.
-Vendré sobre las seis.
-De acuerdo, te quiero, adiós.
Me tapé la boca con las manos. Mierda, mierda, mierda. ¿Por qué había dicho eso?
-P-perdón.
-No importa-contestó una tranquilidad pasmosa-Entra en casa, Hannah. Ya nos veremos.
Observé el coche alejarse, asimilando lo que acababa de hacer. Aún no tenía que decirle nada, no era el momento, era demasiado pronto. Y él ni siquiera había parecido sorprendido, pero tampoco me había respondido. Joder, ¿cómo podía haber dicho eso?
Noté una mano sobre mi hombro. Era Hunter.
-Entremos.
-S-sí...
Subimos por las escaleras, había una caja sobre el felpudo. La cogí y le quité el papel. ¿Un collar? Era plateado, brillante y francamente bonito. Debajo había una pequeña nota. "James evitó que recibieras esto una vez, pero el nuevo error que tienes por novio no." ¿D? ¿Quién era ese tal D que me lo había enviado? ¿Y qué tenía James que ver con esto? Noté que Hunter me empujaba dentro suavemente y cerraba la puerta. Arrancó la caja y el papel de mis manos bruscamente y los miró. Luego sacó el móvil del bolsillo y marcó un número rápidamente. Se alejó unos pasos de mí y habló en voz baja. Uno o dos minutos después colgó y volvió junto a la puerta.
Estaba completamente segura de que había hablado con Christian. Me quité los zapatos y me senté en el sofá. Saqué mi teléfono y abrí los mensajes. Creé uno nuevo para James. "¿Por qué tengo un regalo de un tal D que dice que una vez evitaste que me llegara? WTF". Resoplé y después de un rato sin respuesta caminé hasta la cocina y cogí helado del congelador.
El móvil comenzó a sonar y corrí a contestar.
-James.
-Hannah, ¿qué coño hace tu novio aporreando mi puerta?
-¿Christian?
-Sí, el braguetazo de tu vida.
-Imbécil.
-¿Le has dicho que yo te he enviado eso?
-No, no, no. ¿Crees que puedes intentar que no ocurra nada que se pueda lamentar en los... treinta minutos que me llevarán llegar a tu casa?
-No prometo nada si se comporta como un gilipollas.
-¡James!
Colgó. Metí el móvil de vuelta en mi bolso y miré a Hunter. Tenía la sensación de que no me dejaría salir. ¿Merecía la pena preguntarle? Puede que no. Me permití intentar pensar con tranquilidad cómo salir de allí. ¡Eureka!
-Hunter... voy a ducharme, si quieres ir al baño vete ahora porque yo me embobo con el agua.
-Bueno... está bien. Corro muy rápido, ¿sabes?-dijo mirándome con suspicacia.
Entró en el cuarto y cerró la puerta. No correrás si ni siquiera puedes salir. Cogí una silla de la cocina intentando hacer el menor ruido posible y la coloqué bloqueando la manilla. Probablemente supiera cómo deshacer de aquel típico truco de película de terror, pero al menos tendría tiempo suficiente para irme sin que me siguiera. Salí a la calle y eché a correr. Era la primera vez que me arrepentía de no tener carnet de conducir, y mucho.
Recé para llegar antes de que nada ocurriese. ¿Cómo podía confiar en la testosterona de esos dos hombres? Ojalá Christian no creyese que era James el que se dedicaba a acosarme, pero para un tío tan refinado, elegante y frío como él, aporrear una puerta no era una buena señal.
