Yo advertí que tardaba mucho en actualizar :v

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo, esta historia me pertenece, favor de no robar.

Traviesa consecuencia

Capítulo 2: Marido y Mujer

Era ya entrada la noche cuando su celular comenzó a sonar y lo tomó al instante, si era a esa hora debía ser algo urgente, es decir, Tatsuki debía estar descansando y su amado novio seguramente estaría estudiando. Se sorprendió que fuera este último, y no tenía que preguntarse qué era, ya lo sabía.

Se sentó en su cama y acomodó un mechón de cabello tras su oreja, trató de sonreír pero le era difícil, su mirada era una llena de tristeza. El mensaje era la imagen de un vestido que su novio lo había hecho, confeccionado por sí mismo, el cual salió de su imaginación, era realmente increíble, pero…él no se dedicaría a ello y tan solo los hacía para ella cuando estaba mal. Suspiró, ya no sabía cómo animarlo, a todo lo que ella le decía él tenía un argumento en contra.

"¿Qué te parece?"

"Está muy lindo"

Cortante. Ambos lo eran últimamente, pero sabía que si decía otra cosa, solamente terminaría lastimándolo, después de todo, él no podía seguir sus sueños. Pero lo ayudaría, a toda costa, no se quedaría con los brazos cruzados mientras Uryuu se encontraba así, tomó el casco de su moto, pero al ver que estaba lloviendo prefirió ir caminando, así que cambió el casco por el paragüas y salió rumbo a la casa del chico, no estaba muy lejos, solo esperaba poder animarlo esta vez.

Del otro lado de la pantalla, Ishida aguardaba los típicos mensajes de ánimos de ella, pero estos no llegaban. Justo cuando más los necesitaba…se rindió. Guardó el celular en su bolsillo, y observó la puerta que tenía frente a su rostro. Desde que había despertado en el hospital, con su padre sumamente enfadado y preocupado, es que decidió que enderezaría su vida, sin embargo eso lo estaba matando.

Alguien puede lograr algo que no le gusta, pero es mucho más difícil.

―Padre, ¿puedo pasar? ―preguntó abriendo un poco la puerta y asomando medio cuerpo.

Su padre enarcó una ceja y se quitó sus anteojos, ― ¿qué no estas adentro ya?

El chico suspiró y entró, ya estaba acostumbrado a ese trato, a veces pensaba que si su padre habría sido un poco más atento, él no habría sido tan rebelde en su juventud, y es que hay algunos que se esfuerzan por recibir una felicitación de parte de su padre y otros simplemente se resignan y quieren hacerle la vida imposible, devolver lo que les llegaba.

―Dejaré medicina, no quiero ser doctor. ―Dijo sin vacilar, sin recibir respuesta, por lo que siguió―, quiero ser diseñador de indumentaria, sé que no estás de acuerdo, pero es lo que quiero y lo haré.

Ryuuken sonrió, sin embargo, no era lo que él esperaba.

En la habitación del chico, esperaba Inoue. Había llegado un poco mojada, la lluvia se había convertido en tormenta, igual que la conversación de padre e hijo, al subir la escalera ya lo había escuchado, así que prefirió esperara allí. Se preguntaba cuán grande podía ser el problema de Ryuuken porque Uryuu hiciera eso, es decir, estaba decidido a seguir sus sueños, eso era fantástico y admirable, ¿por qué no podía estar feliz? Ella nunca tuvo padres, pero su hermano Sora siempre la apoyó, incluso cuando le dijo que quería estudiar Ingeniería, una carrera bastante difícil, él la apoyó, hasta le había alquilado un departamento, el cual últimamente ayudaba a pagar con el trabajo de la panadería.

De repente, sus pensamientos fueron interrumpidos por una persona que entró presurosa al dormitorio. Ella lo observó expectante, quería noticias, incluso si no se había anunciado. Lo que obtuvo fue un fuerte abrazo, un abrazo que le dejaba sentir todo el dolor por el que su novio pasaba en ese momento.

―Me ha echado de casa, ¿puedes creerlo? ―dijo el de lentes luego de un momento. Ella lo abrazó más fuerte―. Pero, este será un nuevo comienzo.

La chica por primera vez lo vio animado, y eso hizo que sus ojos brillaran, se apresuró a darle palabras de aliento y a comenzar a sacar mudas de ropa del armario del chico. Su departamento era un poco pequeño, pero podía hacerle un lugar, después de todo él no tenía dónde ir, aunque no quería que él se sintiera un usurpador. Por lo menos por esa noche…

―En esta nueva vida no podemos estar juntos ―dijo un susurro que le heló la espalda.

La joven se volteó y lo observó, él se veía muy serio y, con el corazón en la garganta ella negó con la cabeza, dándole a entender que no comprendía.

―Mira, ―comenzó, sacando una valija y comenzando a guardar cosas en ella―, sé que sigues enamorada de Kurosaki, y está bien, pero ya se han burlado bastante de mí en mi vida y al comenzar de nuevo esperaría que al menos la chica que esté conmigo esté enamorada de mí.

―Uryuu ―susurró la chica, sintiéndose terriblemente ofendida y gravemente herida, sus palabras eran como navajas clavándose en su corazón―, ¿cómo te atreves? ¡Yo te amo! ―gritó, sintiendo sus lágrimas salir, se sentía humillada. ¿Desde cuándo él tenía esos pensamientos? ¿Es que acaso no la amaba? De todas las personas, jamás pensó que él le diría esas cosas.

―No negaré que Kurosaki-kun me gustaba, pero, ¿sabes qué? Eso fue hace…―trató de pensarlo, pero todos sus pensamientos estaban nublados, hacía gesticulaciones con sus manos para no dejar salir más lágrimas, pero nada funcionaba―, hace mucho tiempo, hace tanto que no lo recuerdo, ¿y me escuchaste? Dije gustar. ¿Sabes lo que significa? ¿La diferencia que hay entre gustar y amar? ―preguntó con la voz cortada, haciendo que el chico detuviera sus acciones―Cuando gustas de alguien, quieres que te vea, que te preste atención, que pase un tiempo contigo. Cuando amas a alguien, quieres estar siempre con él, quieres que esté bien y no te importa ni tu propio bienestar con tal que el otro esté bien, solo te preocupa, solo… ¡una persona que te ama no te hace esto! ―dijo señalándose, llorando gruesas lágrimas.

Al verla llorar el chico volvió en sí, su enojo había hecho que las cosas se salieran de lugar, sus pensamientos salieron sin control por su boca. Pero lo dicho, dicho estaba.

―Orihime…―dijo tratando de acercarse a ella.

―No. ―Lo detuvo, dando unos pasos atrás, acercándose a la puerta―, no me pidas perdón, porque yo sí te amo, y te perdonaría―. Dijo tomando su campera y su paragüas, observándolo llena de dolor―. Y tú no te mereces eso.

-.-.-.-.-

La luz del sol parecía estar quemando sus ojos, trató de evadir esa sensación apretándolos fuerte, no funcionó; trató colocando un brazo encima de ellos, y ahora sentía calor en él; de acuerdo, se armaría de valor y cerraría la cortina.

― ¡Auch! ―gritó de dolor, había enviado a su brazo a estrellarse contra el vidrio del rodado. Ese dolor, sumado al de su ahora contracturado cuerpo, le hizo recordar dónde estaba―. No recuerdo cuándo me quedé dormida―, admitió, a la nada.

Pestañó un par de veces y observó la parte trasera de la camioneta, por si la morena se encontraba durmiendo allí, pero no estaba. Bien, salir a buscarla no era mala idea, así de paso estiraría un poco sus piernas y cuerpo, sin embargo al tratar de abrir la puerta se dio cuenta de algo…la habían dejado encerrada.

En la tienda donde se encontraba, Rukia esperaba impaciente por su vaso de café, desde el día de su boda que no dormía, estaba tan angustiada, se sentía tan desleal a Renji, incluso aunque aquello fuera solo una consecuencia a su pasado. Ahora mismo renegaba contra ella misma, ¿por qué tuvo que hacer aquello? ¿No podía simplemente beber mucho alcohol y drogarse, mientras iba de fiesta en fiesta bailando música de Rock and Roll? Un momento…eso era lo que la había metido allí en primer lugar, eso y Senna Saito su…mejor amiga.

― ¿Señorita?

La voz de la empleada de la cafetería le llamó su atención, frente a ella le era ofrecido dos vasos con bebida. Se sintió apenada y agradeció ambos antes de retirarse, puesto que desde un principio ya los había pagado, solo esperaba que a Senna le siguiera gustando el cappuccino con doble crema, sin espuma, con leche deslactosada y ralladura de chocolate amargo encima. Sin embargo al verla fulminarla con la mirada desde el interior del vehículo supo que, de todos modos, no estaría muy contenta.

―Buenos días ―saludó entrando en el vehículo, pero la de orbes naranja no la miraba―, lo siento, ando con la cabeza en las nubes, olvidé que estabas aquí dentro y…

― ¿Cómo no pudiste notarme? Soy una persona con un cuerpo bastante notable ―dijo señalándose, haciendo que Rukia cambiara su cara, obviamente mal entendiendo su frase―. ¿Eso es…?

―Es para mí. ―Agregó fríamente la Kuchiki, así que Senna se había convertido en una persona creída, quién lo diría.

― ¿Ambos? ―Cuestionó incrédula la de violáceo cabello, elevando una de sus cejas.

―Sí. ―se limitó a responder la morena, sacando su celular y comenzando una llamada.

Senna levantó ambos hombros, despreciando su actitud, y se bajó del rodado en busca de algo qué desayunar. No es como si necesitara que su adinerada ex amiga le comprara algo.

Al encontrarse sola la Kuchiki suspiró resignada y observó el vaso extra, ¿qué quería lograr con aquello, que después de tantos años volvieran a ser amigas solo por una bebida? Esperaba que el café la despertara, no estaba pensando con claridad. Abrió la ventanilla y arrojó el vaso sin más, escuchando a alguien gritar. Inmediatamente, se bajó para ver el desastre que había causado.

―En serio, lo lamento mucho ―dijo sinceramente, jamás esperaba tirárselo encima a alguien. Enfrente de ella se encontraba un chico con su ropa mojada por aquel líquido caliente, ¡caliente! ― ¿No te he quemado, o sí? Discúlpame, por favor déjame llevarte a un hospital.

El chico la observó todo el tiempo en que ella estuvo parloteando disculpas, sí, estaba caliente, pero más importante que eso… ¿no se daba cuenta de quién era? A decir verdad, él podría estar equivocándose pero algo en sus recuerdos lo hacían estar casi seguro, aunque en ellos ella solo fuera una mancha borrosa.

―De casualidad, ¿no eres Kuchiki Rukia? ―preguntó, hablando por primera vez. La chica paró con sus palabras, extrañándose, ¿cómo la conocía? ― ¡Eres Kuchiki Rukia! ―afirmó, tras el silencio de ella.

― ¿De dónde me conoces? ―cuestionó, sin poder entender quién era ese chico, estaba segura que recordaría a alguien con el cabello naranja.

―Soy yo, Kurosaki Ichigo.

El vaso de alguien caer los distrajo del... "maravilloso" reencuentro. A tan solo unos pasos de ellos, Senna los miraba pícaramente, se la devolvería a Rukia el no haberle querido dar la bebida que aparentemente le había volcado al pobre Ichigo encima; oh sí, se lo devolvería con creces.

― ¡Pero mirad nomás que hermoso reencuentro, juntos nuevamente el Señor y la Señora Kurosaki!

-.-.-.-.-

Era el segundo día, supuestamente en unas horas partiría a su luna de miel, pero quién sabía dónde su novia se encontraba. ¿Huyó por vergüenza? ¿Porque creyó que él o su padre la juzgarían por sus hechos? Él sabía que había tenido una juventud muy rebelde pero siempre decía que no quería hablar de ello, por eso no preguntó, pero tampoco creía que le escondería algo tan grande.

Fue a su casa, pero no estaba allí y Byakuya no sabía a dónde había ido. Tuvieron una larga charla además, la cual habían dicho que tendrían juntos, bien, otra cosa que debió descartar. Aunque fue mejor de lo que esperaba, el Kuchiki no sólo aprobó su casamiento sino que dijo que si era formalmente invitado a una ceremonia decente, asistiría. Claro, con la condición de que le dijera dónde estaba Rukia bien lo supiera.

―O-oye, ¿estás seguro? ―preguntó una confundida y, aparentemente recién despierta, Kiyone―. Ah, espera.

La castaña cerró la puerta de su apartamento y luego la abrió, invitándolo a pasar, cosa que el pelirrojo agradeció. Sabía que era muy repentina su petición pero ya que estaba todo pago…consideraba que sería un desperdicio que nadie fuera al viaje de "lunamieleros".

―Aun así creo que deberías dárselo a alguien…―la chica bostezó, sin cubrirse la boca, dejándose caer en el sillón muy poco femeninamente―…que tenga novio o pareja. Sería muy triste ir sola a una habitación con vista a la torre Eiffel, que tenga una cama matrimonial en forma de corazón con pétalos de rosa encima.

―Yo no…―la vista incrédula de la chica lo hizo desistir de negarlo, se sonrojó y miró hacia otro lado―. Entonces dáselo a tu hermana, no sé, no lo quiero.

Renji se paró de repente del sillón y dejó los pasajes de avión en la mesa, estaba furioso, debía admitirlo, el dinero que había gastado era lo de menos, lo que le molestaba es que Rukia no estaba y en verdad necesitaba una explicación.

―Rukia seguramente volverá pronto ―quiso relajarlo la castaña, haciendo que el chico suspirara resignado―. ¿Por qué no dejamos este tema de lado y desayunamos algo?

―Es una buena idea, gracias ―dijo Renji, dejando de lado su humor, esa chica no tenía la culpa.

―Bien, espera que me cambie, no tengo nada qué desayunar aquí.

El de tatuajes rió nervioso, no le sorprendía. Y decir que a Sentaro le gustaba esa mujer, el pobre tendría que empezar a estudiar cocina o viviría del delivery.

-.-.-.-.-.-

Luego de escuchar la versión corta en medio de la calle, el chico decidió invitar a…esa…mujer, a su departamento, también a la otra chica de la que sí que no se acordaba. Pero luego de pensarlo un momento no sabía quién estaba más loco, si ella por decir que era su esposa o él por llevarla a su hogar.

Ahora mismo, se encontraba sentado en una de las esquinas de la mesa de su sala, con las femeninas en el otro extremo, tenía sus brazos cruzados y su ceño fruncido.

―Recapitulemos, ―pidió, sin cambiar su postura―, dices que eres mi esposa―. Rukia asintió―. Y estamos casados―, recibió la misma respuesta―. Y viniste hasta aquí para divorciarte y poder casarte con ese tal…Remi.

―Renji.

―Ese―. La vio asentir nuevamente. Él comenzó a reír―, es una buena historia, ¿en serio me ves cara de tonto?

―Pues nos trajiste aquí, ¿por qué lo harías si no nos creyeras? ―retrucó Senna.

Mientras ambos discutían, Rukia renegaba en contra de su suerte, debía ser paciente, ni ella se lo creía al principio y sabía que era una noticia difícil de digerir. Se levantó y carraspeó, sacando de su bolso una libreta de dibujo y un fibrón, comenzando a garabatear algo ante la mirada atenta de los presentes. Cuando terminó, dejó caer su obra de arte sobre la mesa.

―Te lo explicaré de una forma fácil con toda la información que tengo― dijo, señalando las primeras figuras de conejos, los cuales aparentemente estaban en una fiesta―. Nos conocimos en una fiesta, teníamos dieciocho años y el tipo de la fiesta empezó a decir que quien quisiera se podía casar, hablaba del amor joven o cosas así ―dijo dibujando un par de corazones alrededor de ese misterioso hombre del que solo recordaba que tenía un sombrero extraño―, entonces me desafiaste a casarnos, o al menos eso creo, no veo sino por qué aceptaría― concluyó, ― entonces, nos casamos y cinco años después, aquí estamos, ¿alguna pregunta?

― ¿Por qué algunos no tienen rostro? ―dijo Senna, haciendo una mueca de preocupación por el estado mental de su amiga, hacer dibujos de conejos no era algo que haría una mujer de veintitantos años.

―Porque no los recuerdo ―se limitó a decir la Kuchiki, observando a Ichigo seriamente―, ¿y tú tienes alguna pregunta?

Pero lo único que recibió fueron las carcajadas del chico de cabellos naranja. Está bien, eso iba a ser más difícil de lo que esperaba, su querido esposo al parecer era un retrasado, es decir, ¡hasta se lo había explicado con el magnífico Chappy! Pero lo haría, por su amado Renji, juraba que no se iría de Karakura sin un papel que dijera que se había divorciado de Kurosaki Ichigo.

Continuará…

Ohhh, a qué odiaron a Ishida, ¿a poco no? :3 no sean crueles con él! Aunque u.u he de admitir que lo hice por una cruel razón e.e ya se enterarán. Anyway…iba a hacer esa parte diferente, ya la tenía escrita, era tan dramática y perfecta (según yo) pero no sé dónde la guardé :/ y pos se perdió y traté de reconstruirla u.u no quedó como la otra…pero en fin, nos leemos en el siguiente capítulo (leemos porque asumo que al menos una me dejará un review que leeré).

Ja-ne!