¡Hola! Sé que tengo este fic abandonado, pero no fue apropósito, primero no tenía inspiración y luego llegó al tan amargo final de Bleach que no podía continuarlo, en fin, ya recuperada les traigo este nuevo cap., y planeo actualizar pronto, no me matéis.

Agradezco a Karina336, misel-kuchiki, Frany Fanny Tsuki y netokastillo por tomarse un momento y dejar review en esta historia.

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo, esta historia me pertenece favor de no robar.

Traviesa consecuencia

Capítulo 3: La dura realidad

Se sentía muy alterada, por eso prefería no hablar y mantener el temple serio que con los años había perfeccionado, sin embargo su cara no combinaba con sus acciones, más precisamente con su pie que no dejaba de moverse de arriba a abajo y su mano que batía frenéticamente el café. Incluso si no le creía, ¿qué le bastaba a Ichigo acompañarla a un registro civil a firmar el divorcio? Quería hacerlo por su parte pero no podía contratar un abogado ya que su padre había congelado su cuenta, enviándole un mensaje que decía que solo la reactivaría si le decía dónde estaba. Pero no podía, lo volvería a decepcionar, y por mucho que le pesase y dijera que no le importase, en verdad sí lo hacía. Y contratar a un abogado del estado no era opción, ella era una Kuchiki y no podía permitir que su padre se sumiera en un escándalo de tal índole.

Los orbes naranja observaban atentos a su acompañante, eran graciosas las vueltas de la vida, y se preguntaba por qué razón estaba compartiendo de nuevo mesa con ella, quien luego de cambiarse de escuela la había hecho a un lado, hablándole solo una vez más para recriminarle que todo lo malo en su vida había ocurrido por su culpa. ¡Ella, quien solo la había hecho conocer el significado de diversión! Pero habían dos metidas allí, no solo ella, porque nunca la obligó. Cerró los ojos, pensativa, eso había quedado en el pasado y pese a que le dolió, ella también dijo cosas hirientes en ese momento; y ahora ya no era una chiquilla.

— Rukia-chan —la llamó como antes, tratando de encontrar alguna reacción de disgusto por su parte, pero al no ser así continuó. —Tal vez Ichigo no quiera divorciarse por el dinero, es decir, yo le preguntaría a Uryuu si tiene algún problema en seguir casado porque sinceramente yo no tengo, ni sé de dónde sacar... —comenzó a hacer una cuenta con sus dedos para tratar de dividir la cifra.

—Ciento diecinueve mil yenes —. Comentó, algo divertida de saber que Senna aún era mala para las matemáticas; la aludida hizo un puchero molesta al no poder resolverlo sola—, es un número redondeado hacia arriba, cada uno debe pagar eso... ¡pero él no lo sabe! Sino lo hubiera dicho.

— ¿Y lo quieres embaucar? —cuestionó divertida, la morena solo bufó, a ella no le causaba gracia.

—No, pagaría todo yo misma si mi padre... —calló al escucharse, se sonrojó, seguramente ahora Senna creía que era una "niña de papi", nada más alejado de la realidad—, es decir, conseguiría el dinero de alguna forma.
La chica de violáceos cabellos sonrió, hacía tiempo que no tenía una conversación con la Kuchiki y debía admitir que el día anterior tampoco había parecido muy prometedor, pero poco a poco todo se sentía como antes. Se percató de pronto de la mirada analítica que le estaba dando Rukia, por lo que trató de disimular su buen humor, mas no pudo evitar que ésta se diera cuenta, al parecer hasta de sus pensamientos.

— ¿Vamos? —la voz de la Kuchiki era fría y seria, como si aún quisiera mantener la distancia y/o crear una nueva.

—Vamos —concedió, ella era de las personas que creían que todo ocurría por algo, y si la vida quería devolverle a su mejor amiga, no se negaría.

Primero fueron a buscar un garaje donde dejar la camioneta de Rukia, no tenía tanto dinero como para gastar el precioso combustible que este tenía, a decir verdad de no ser por Senna ni siquiera le habría alcanzado para un hotel donde pasar la noche. Salió con tanta prisa que no se molestó en sacar dinero, y valiera mencionar que ese dinero era de su padre. Suspiró frustrada y su acompañante pareció notarlo, pero prefirió no preguntar, quedándose con la duda de por qué la tan responsable Kuchiki aún no tenía trabajo.

— ¿Quieres probar suerte con Ishida? —cuestionó la de cabellos azabache, en respuesta la chica se encogió de hombros—. Vaya interés…

Y así, comenzó un día que iba a ser más caótico de lo que ambas creían.

-.-.-.-.-

Ichigo despertó ese día pensando que su encuentro con esas dos mujeres fue tan solo un sueño, sin embargo al encontrar vasos extra en el fregadero se dio cuenta que no fue así. Suspiró con hastío, debía dejar de pensar "ahora las cosas van a cambiar" porque cuando lo hacía el destino lo jodía. ¿No podía ser una buena? Tal vez debía zanjar ese asunto por la paz y darle el divorcio a esa enana, estaba bien que ahora no tuviera novia ni pensara en casarse pero no quería ser el esposo de alguien como Rukia Kuchiki. Además, ¿y si se embarazaba y le pedía manutención de los hijos? Era su esposo al fin y al cabo, ¿o eso era solo para los padres? Revolvió su cabello, harto del tema, era malo en él y eso le generaba más y más dudas.

Tomó el número de teléfono que ella le había dejado y lo agendó, pero antes quería asesorarse que fuera cierto, porque aún no se lo creía; y si lo dicho por la enana era cierto, ya sabía quién los había casado. Fueron quince minutos a pie desde su casa hasta la tienda de Urahara, donde como era habitual había un matón en la puerta de entrada, pero a él lo traía sin cuidado, después de todo lo conocía desde que era un niño problema.

—Hola, Jinta —saludó elevando su mano derecha, este lo miró intimidantemente pero no causó ningún efecto en él, por lo que le devolvió el saludo de mala gana.

—Hacía tiempo no venías, zanahoria —dijo tratando de provocarlo, pero fue ignorado—. ¡Oye, no entres a lugares ajenos sin preguntar!

—Es una tienda —refutó Ichigo, sonriendo burlonamente al verlo ponerse nervioso. Había soltado lo primero que se le vino a la mente, y esta lo había traicionado. Victorioso, ingresó.

Dentro se encontró a Ururu, una chica que se veía muy depresiva pero que tenía una cara bonita, la pubertad le había sentado bien, aunque él de verdad admiraría a quien se atreviera a salir con ella…daba miedo. Incluso más que Jinta. La saludó y esta hizo una reverencia, indicándole que se quitara los zapatos al entrar y que el dueño se encontraba en su oficina; ¡le había leído el pensamiento! Aunque…era lógico, él no era muy fanático de los dulces como para ir a comprarlos. Le agradeció, se quitó los tenis que llevaba puestos y fue hasta la oficina del dueño de esa tienda. Urahara Kisuke era probablemente el más raro de todos los habitantes de ese lugar, y por todas las excentricidades que hacía no le sorprendía que pudiera casarlo con una enana de mal carácter. Mientras iba avanzando todo se iba haciendo más tétrico, ese lugar necesitaba manutención urgente, el piso de madera rechinaba y las luces titilaban, contando además que en algunas esquinas habían telas de arañas abandonadas, ¡hasta los bichos huían de aquel lugar!

Con la piel de gallina y una sensación de que alguien lo estaba persiguiendo muy de cerca, llegó a la oficina del apodado "sombrerero", aunque él nunca se refirió así a ese hombre.

—Urahara-san —llamó antes de entrar, no quería sorprenderlo con cierta mujer pervertida en medio de un acto corrompedor de mentes—. ¿Tiene un minuto?

—Oh, diablos. Yoruichi-san, hay visitas, cámbiate—. Ichigo se sonrojó al saber que había atinado, se encontraba con ella — ¿Qué? — Podía escuchar todo el revuelo dentro, por lo que se comenzó a sonrojar— ¡Pero no le abras desnuda, mujer! —. Ante ese grito y viendo una silueta al otro lado de la puerta, solo atinó a semi-cubrirse los ojos con sus manos, pudiendo observar a un sonriente Urahara a través del hueco que dejaron sus dedos. —Ah, Ichigo-chan, no te cubriste del todo, qué pervertido—. Dijo empujándolo juguetonamente, haciéndole perder el equilibrio, el cual recuperó fácilmente.

— ¡N-No me dio el tiempo! —protestó, aunque debía admitir que era hombre y su curiosidad por esa morocha mujer era igual que la de cualquiera. ¡Pero no estaba ahí para hablar de Yoruichi Shihouin!

— ¿Quieres hacer un trío? —preguntó el hombre al verlo distraído.

— ¡Urahara-san! —le reclamó, haciéndolo carcajear, y al parecer satisfaciendo su maldad, puesto que le indicó que pasara, tomara asiento y platicaran. El rubio no era tonto, sabía que de poder él no hubiera ido allí—. Hace...cinco años, creo, a mis dieciocho años, vinimos a una fiesta aquí y creo que me casó con alguien.

— Se dice "me casé".

— ¡Fue usted, me refiero a que usted me casó con alguien! —Dijo golpeando la mesa con una mano, perdiendo un poco la paciencia, creía que el rubio ya había dejado de jugar—. Rukia Kuchiki, para ser exacto.

Urahara pareció meditarlo un poco, luego le pidió que aguardase y se fue en busca de un libro, no era muy grande pero tenía muchos nombres de parejas anotados. A Ichigo le dio un tic en el ojo, ¿cuántas personas estaban en su situación? El hombre de ojos avellana sonrió al ver la duda creciente en el chico, que quería acusarlo del peor crimen, por lo que se tomó el tiempo de explicarle que él no casaba a nadie contra su voluntad y que además ya no estaba en el negocio, después de todo casi nadie quería casarse en una capilla improvisada dentro de una tienda de chucherías.

—Los videos los perdimos en una inundación —comentó, extrayendo de las últimas hojas del libro unos papeles—. Por suerte conservo los certificados y los votos.

Ichigo recibió aquello con algo de temor y le tomó un momento mirarlos, pero al poner su vista en ese papel toda la realidad le cayó encima, era legal, estaba casado con Rukia Kuchiki.

—Oh, antes de que entres en shock —dijo el sombrerero, llamando su atención—, esa noche sus...testigos, también se casaron.

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Resultaba que Senna era mala para las matemáticas pero tenía buena memoria, eso la intrigaba un poco ya que debería ser capaz de recordar dos números para formar una cuenta imaginaria y restarlos entre sí, pero no venía al caso…ahora mismo estaba esperando fuera del hospital principal de Karakura, observando a las personas ir y venir, mientras Senna consultaba sobre algún dato sobre Ishida, recordaba que algo tenía que ver con la medicina. ¿Sería doctor? ¡Qué suerte tenía, a ella le había tocado un desconsiderado mecánico!

— ¡Rukia-chan! —la aludida se movió del muro donde estaba apoyada, observando que Senna le hacía señas para que vaya hasta donde ella. Por el momento, pasaría por alto el honorífico—. Me dijeron que Ishida-san trabaja aquí, lo llamaron y nos espera en su oficina, ¡tiene oficina! Al final tal vez y pague todo él.

La morena sonrió de lado al verla parlotear como antes lo hacía, le agradaba que no hubiera cambiado, aunque pronto recordó mantener su seriedad, no había lugar para su pasado en su futuro, no quería que ella fuera a contarle a Renji todo lo que hacía en su juventud, si bien le contó la mayoría, había cosas que quería llevarse a la tumba. La chica de orbes naranja la sacó de sus pensamientos, indicándole que debían subir por el ascensor, se reprochó su descuido, ¡debía estar más atenta!

El ascensor tuvo un efecto relajante en ambas, esa caja móvil parecía obligarlas a guardar silencio, y por suerte este no era nada incómodo. Rukia observó de reojo a su acompañante, tenía curiosidad sobre qué era de su vida, pero creía innecesario saberlo, después de todo ya habían encontrado Karakura, a Ichigo, a Uryuu…una vez anulado su matrimonio, ella se iría, ¿no?

Llegaron al quinto piso, le habían indicado a la chica que de allí debían ir a la derecha y sería la tercer puerta, encontrándolo fácilmente, victoriosa llamó a la puerta. Los orbes de ambas se abrieron de la sorpresa de encontrar a un hombre tan mayor, ¡hasta su cabello era blanco! Rukia abrió la boca para hablar, pero no sabía qué decir, en la puerta decía "Ishida", no había error. Miró a Senna y esta parecía anonada, por lo que se dio valor a preguntar.

— ¿Usted es Ishida Uryuu?

El hombre, que desde que abrió la puerta había guardado silencio, analizando más que nada a la de orbes naranja, dirigió su vista hacia la Kuchiki, quien no se intimidó en ningún momento.

—No, ¿puedo preguntar ahora, quién de ustedes busca a mi hijo?

La pregunta sonó tan autoritaria y reprochante que la mano de Rukia se movió sola, señalando a Senna que aún seguía en shock. El hombre asintió y les dio paso, había muchas cosas de las que hablar.

Ya con Senna recuperada, unos vasos de café servidos y las cartas sobre la mesa, Ryuuken observaba el humeante vaso de plástico, no sabía cómo tomarse la noticia y más en esas circunstancias: no sabía dónde había ido su hijo tras su pelea y era tan impredecible que no podía decir si ese matrimonio fue consensuado o no. Aunque las fechas coincidían de cuando él y su amigo habían entrado de emergencias al hospital.

Ambas chicas se mantenían sentadas, muy derechas, con las manos en sus rodillas y en silencio; como si esperaran un castigo, y es que ese hombre eso les inspiraba. Incluso no rió cuando Senna bromeó sobre que si podía pagarles el divorcio, porque era una broma supuso Rukia, después de todo no creía que su acompañante fuera tan descarada para pedir tal cosa. Aunque lo había mencionado anteriormente…

—No se preocupe, yo no tengo prisa, además no creo que pase mucho tiempo fuera de casa —trató de reconfortarlo Senna, metiéndose en un terreno peligroso, la mirada dura de Ryuuken le indicaba que el cuándo regresara lo tenía sin cuidado, ¿entonces qué le molestaba?

—No diremos nada, descuide. Será un secreto hasta que sepamos si su hijo aceptará el divorcio—. Los orbes naranja miraron confusos a la Kuchiki, quien se mantenía seria y parecía un poco más relajada, ella sí sabía el porqué de la actitud de Ryuuken, no le importaba su hijo sino su reputación—. Ella no mencionó nada sobre el casamiento en la recepción.

—Eres una jovencita inteligente —concedió el hombre, echándose hacia atrás en su silla—, déjenme un número para comunicarme con ustedes, encontraré a mi hijo y las llamaré para firmar los papales del divorcio.

Frío, sin sentimientos, directo. Así lo vio Senna tras esas palabras, insensible, ¡estaban hablando de su hijo! ¿Y solo le importaba su reputación? Agrios recuerdos volvieron a ella, por lo que luego de anotarle su número salieron de allí sin más, menos mal que él no sería su suegro. Compadecía a la chica con la que Uryuu decidiera pasar su vida.

-.-.-.-.-

Salió de la universidad más cansada de lo habitual, incluso sus amigas le decían que no la veían igual, que le faltaba algo. El corazón le faltaba, ese que Uryuu había roto la noche anterior. De pronto, estornudó, lo único que faltaba era que se enfermase por salir en una noche lluviosa, no cabiéndole en sus pensamientos que alguien estuviera hablando sobre ella.

Se la pasó llorando toda la noche hasta que tocó ir a la universidad, gracias al cielo el maquillaje hacía milagros sino no hubiera podido salir de su casa. Estaba cansada y por ello no fue en su motocicleta, sería peligroso y por más que quisiera no podía ser irresponsable, la vida con o sin Uryuu seguía y era tan valiosa que no podía desperdiciarla. Ya casi estaba por acabar su carrera, su tesis iba en buen camino y tenía una oferta muy grande en uno de los lugares de pasantía. No podía detenerse, pero ganas no le faltaban de arrojar todo a la basura.

Tratando de darse ánimos, empuñó ambas manos y las levantó en el aire antes de bajarlas hasta los costados de su rostro. Ella sería fuerte, tenía salud, tenía amigos y tenía en mente una muy rica cena para animarse. En medio de ello, ya habiendo avanzado unas cuadras, sintió cómo alguien la tacleaba y sonaba fuerte la bocina de un auto.

Al caer al suelo y con un dolor punzante, buscó con su mirada a quien le había hecho eso, ¿estaría herido? Entonces notó a una chica que recordaba muy bien, una que le ayudó a salir de la burbuja de "enamorada" en su adolescencia.

— ¡Estás loca, casi te atropellan! —. Aunque ella no parecía reconocerla, no le importó, la abrazó fuertemente. Un ser superior le había mandado a esa chica nuevamente para ayudarla a superar su ruptura, sí, eso debía ser.

— ¡Rukia-chan! —Dijo en voz alta, comenzando a llorar y confundiendo a la Kuchiki, ¿acaso todos en la ciudad la conocían?

Luego de aquel incómodo momento y de salir disparadas de allí, ya que Rukia era muy cuidadosa con su imagen y el casi accidente sumado al llanto de la muchacha estaban atrayendo muchos mirones. Y los mirones tenían cámaras, sus peores enemigas. Una vez "a salvo", la descuidada mujer se presentó como Orihime Inoue, pero la Kuchiki seguía sin recordarla. Admitía que el alcohol tenía un efecto amnésico en ella, pero esa mujer parecía tenerle mucho cariño como para haberla olvidado.

—Nos conocimos en una fiesta, hace cinco años, en la tienda de Urahara. En ese entonces habíamos terminado la preparatoria y salimos a festejar con un grupo de amigos, entre ellos estaba Ichigo Kurosaki-kun, ¿lo conoces? Yo me moría de amor por él, o eso era lo que creía, cuando supe que podíamos casarnos allí pensé que, aunque fuera falso, sería un sueño hecho realidad…pero al ir a buscarlo lo encontré contigo, me dijo que le caíste muy bien y entre todas las que estuvo esa noche, eras la mejor besando; que se le ocurrió una locura y me pidió si te cuidaba un rato. En ese momento te conocí, estabas algo pasada de copas pero eras una buena persona.

Toda la historia tenía agujeros que Rukia trataba de llenar, mas el odio la invadía plenamente y no la dejaba pensar con claridad. "Una locura", ¡fue culpa de ese descerebrado de Ichigo entonces, y para colmo ahora se negaba a darle el divorcio! Suspiró resignada, Orihime era demasiado confianzuda como para contar algo tan fácilmente. O sea, estaban hablando del hombre del que estaba enamorada, por eso creyó que era necesario contarle el resto de la historia.

— ¿¡Están casados!? —El grito resonó por toda la tranquila cuadra, la Kuchiki solo asintió, era increíble como en una hora ya se había acostumbrado a la actitud de esa mujer—. Bueno, me sorprende mucho, pero no importa. Yo te apoyo, Kuchiki-san, después de todo yo amo con todo mi corazón a Uryuu-kun.

Senna, quien se había mantenido en silencio durante ese tiempo, apretó la caja de jugo que estaba bebiendo y este le salió hasta por la nariz. Comenzó a toser inevitablemente, mientras las otras dos trataban de auxiliarla, y en medio de ese evidente futuro problema, Rukia trató de arreglarlo.

—Oh, es una sorpresa, a Senna también le gustó Ichigo por eso debió sorprenderse que alguien lo cambiara por su amigo cuatro ojos —dijo comenzando a reír nerviosamente.

Orihime pareció meditarlo un momento, mientras le daba un pañuelo a la otra chica, tenía sentido para ella; era la primera vez que alguien escupía jugo por la nariz cuando se enteraba que estaba con Ishida, pero no era la primera en sorprenderse por ello.

—Da igual también, ayer terminamos.

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Como la noche estaba cayendo, Orihime insistió en que se quedaran a pasar la noche, pese a la desconfianza de Rukia, Senna aceptó por ambas, después de todo no tenían tanto dinero y ahorrar una noche de hotel era muy beneficioso. La dueña de casa insistió en cocinar pero al tener el plato enfrente de ellas, se arrepintieron de no haberlo impedido, no es que tuvieran las mejores habilidades culinarias pero eso era…era…

— ¿Qu-Qué es esto, Inoue-san? —preguntó con fingida modestia Rukia, mientras una de sus cejas la traicionaba y comenzaba a tener un tic nervioso.

—Es mi plato favorito. Pescado frito relleno de carne picada con ajo, perejil y morrón; bañado en glaseado de limón. Descuiden, no afecta al colesterol porque no le agrego sal.

Las dos mujeres se miraron entre sí, no sabían qué cara poner para ser sinceras, eso sonaba horrible, olía horrible y no querían pensar en su sabor.

—Orihime-san, deberás perdonarme —dijo Rukia, bajando su plato y fingiendo llorar, la chica de largos cabellos se acercó preocupada a ésta—, es que… ¡soy vegetariana! Pensar que esto tiene un inocente pescado y una pobre vaca me hace…yo…

La anfitriona se disculpó enseguida, mientras le pedía que no llorara y alejaba el plato que le correspondía, preguntándole si estaba bien con alguna fruta, yendo a buscarla de inmediato. Senna la miró enfadada, había olvidado ese talento de la Kuchiki, era una excelente actriz aunque también valía que Orihime fuera muy ingenua.

—Bueno, será para nosotras dos entonces —dijo Inoue una vez volvió a la mesa y todas dieron gracias por los alimentos. Al otro día, o tal vez luego del primer bocado, Senna debería vomitar en algún lugar.

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Ichigo renegaba por su mala suerte, ¿por qué Ishida se decidía desaparecer sin decirle? Está bien, de decirle no estaría desaparecido, pero joder, era su mejor amigo y ni aun así confiaba en él. Sin embargo tenía la ventaja de conocerlo, y ya habiendo descartado todas las posibilidades, además enterándose por Tatsuki de que había roto con Inoue, decidió ir al único lugar que alguien sin dinero podía acudir.

—Oh, Ichigo-chan, volviste —festejó Urahara, quien ahora se encontraba acompañado—, ¿encontraste a tu esposa?

— ¿Eh? ¿Ichigo-kun, te casaste? —preguntó fingiendo inocencia una mujer morocha.

— ¿De qué hablas, Yoruichi-san? Tú grabaste la ceremonia —luego de decir eso, el rubio se quejó al recibir un codazo por parte de su amiga, ella quería molestar al chico—, lo siento, lo siento.

La pareja de amigos miró con curiosidad a Ichigo, quien sin pedir permiso ingresó, Urahara volteó y sonrió mientras continuaba abanicándose, por su parte Yoruichi se recostó en el suelo, colocando ambas manos detrás de su cabeza para que le sirvieran de almohada. Después de tantos años ese lugar volvía a ponerse movido.

El primogénito Kurosaki no sabía por dónde empezar cuando encontrara a Ishida. ¿Debía golpearlo por romper con Inoue? ¿Debería ser paciente y preguntarle cómo se sentía? ¿Debía fingir que estaba feliz por haber aventado todo por la ventana y perseguir su sueño? Tras abrir la puerta corrediza, sus palabras salieron solas, en forma de pregunta.

— ¿¡Pero qué demonios te pasa!?

El grito resonó por todo el lugar, llamando la atención de Ishida quien estaba muy tranquilo cosiendo junto con Ururu, ante el alboroto la chica se levantó, hizo una reverencia y se fue cerrando la puerta, dejando a ambos hombres solos. Ichigo se vio algo incómodo pero no se arrepentía, su pregunta daba pie al inicio de cualquiera de las explicaciones que Ishida tenía que darle.

El chico de cabellos azules era consciente del motivo de la visita de su amigo, pero si era sincero no tenía ganas de hablar de ninguno de esos temas. Sin embargo el silencio comenzó a ser muy molesto.

—Está bien, no me digas nada, pero cuando quieras resolver el tema de tu matrimonio no me busques.

— ¿Estás drogado? —preguntó confundido Ishida, ¿había ido por eso? ¿Qué matrimonio?

—Ah, no. Si tú no me cuentas, yo no te cuento. Y hablo en serio, no es ninguna broma, estás casado.

Solo así, se ganó la atención de Ishida. No era muy tarde pero tras la larga charla se hizo de madrugada, le contó sus razones de su ruptura con Orihime, muy inválidas para Ichigo quien lo golpeó no solo por Tatsuki sino de su parte también. Luego, con más de un chichón en la cabeza, Ishida le contó sobre su decisión de irse de su casa porque su padre no aceptaba que dejara la universidad y se dedicara a lo que más quería; Ichigo el concedió que hizo bien, sin embargo le golpeó por no haberle pedido ayuda. Finalmente era su turno, no le costó mucho convencerlo, Urahara fue muy amable en traerle el certificado que le mostró a él, según ese papel su esposa era Senna Saito, desde hacía cinco años. El chico no sabía cómo reaccionar, estaba estupefacto, si su padre se enteraba lo mataría…él quería matarse, ¿cómo pudo haber hecho algo tan estúpido como casarse? ¿Podía ir ante un juez a alegar que se encontraba en un estado de inconsciencia?

—No seas tan dramático, yo mañana la llamaré a la enana e iremos a un registro civil o un juzgado a divorciarnos —dijo restándole importancia al asunto.

—Kurosaki, ¿sabes lo caro que sale un divorcio? —Retrucó Ishida, viendo la confusión en el rostro de Ichigo—, no estoy muy en el tema pero sé que sale unos miles de yenes.

Y con esa frase, le cayó la dura realidad encima a ambos jóvenes.

Continuará…

Bueno, hasta aquí llegué, si les soy sincera siento que esto está muy OOC, pero MUY, también estaba pensando en borrarlo, pero si a ustedes les gusta pese a todo pues lo dejaré y continuaré n.n

¡Ja-ne!