Agradezco a Strellita, Andrea Palacios y shinny26 por sus reviews y paciencia en este fic, también agradezco a mis lectores fantasma y a los que le dan fav/follow n.n
Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Esta historia me pertenece.
Traviesa consecuencia
Capítulo 4: ¡Un problema a la vez, por favor!
Ese día comenzó mejor que el anterior, ahora tenía un desayuno bastante normal, valía aclarar debido a quién era la dueña de la casa; y por otro lado en su celular había un mensaje de Ichigo diciendo que quería juntarse al medio día a platicar sobre el divorcio. Le parecía perfecto, al menos ahora quería hablarlo, no le llevaría mucho convencerlo. Además, ahora tenía un arma a su favor.
―Por supuesto que iré, no solo por ti, sino porque al parecer Kurosaki-kun no está evaluando bien la situación ―dijo Orihime, bastante entusiasmada por el tema.
―Aunque dice que Ishida también estará ahí ―comentó al seguir leyendo el mensaje, haciendo una mueca de desaprobación. Por un momento, Orihime se quedó callada y con la mirada gacha, pero luego volvió a su usual energía.
―Lo siento, recordé que hoy tengo una clase que no puedo perder ―se excusó, pero su radiante alegría solo contagiaba depresión a ambas chicas, quienes le quitaron importancia al asunto.
Rukia y Senna acompañaron a Orihime hasta la universidad y ahí se despidieron, no sin antes ésta última ofrecerles pasar el resto de los días que necesitaran en su casa e intercambiando números de teléfono entre sí. Ambas quedaron con una buena impresión de la mujer, ergo una muy mala de Ishida Uryuu, aun cuando Orihime trató de excusarlo en todo momento.
Luego de ello, caminaron por el centro para matar el tiempo, ninguna decía nada pues estaban metidas en sus pensamientos. Rukia no podía dejar de pensar en qué estaría haciendo Renji, cómo estaría y si se molestaría con ella a pesar de todo; era un hecho que no iba a volver directamente a casarse. Por su parte, Senna se preguntaba qué esperaba obtener de toda esa aventura, ya le había quedado claro que Rukia solo la trajo para saber a dónde ir y para "ayudarla"…sí, claro. ¿Por qué ayudar a una chica con la que no hablaste por más de cinco años?
Se detuvo, con esa pregunta en la cabeza, era obvio también que la Kuchiki no quería renovar su amistad, era bastante directa y se lo hubiera dicho desde un principio.
― ¿Por qué me trajiste aquí? ―soltó de repente, llamando la atención de su acompañante, que se mostró bastante confundida por la sorpresiva pregunta―. Y no me digas que fue para que no me pasara lo mismo que a ti, porque sé que no eres tan buena.
― ¿Disculpa? ¿Qué te sucede de repente? ―cuestionó algo ofendida por el comentario hacia su persona. Debía admitir que no fue por las más puras razones que la llevó allí, pero tampoco mintió. Además, ¿a qué venía todo tan de repente?―. Te traje para que pudieras divorciarte, si fue consensuado me lo deberías haber dicho antes.
El ambiente entre las dos quedó bastante tenso, tanto que se podría cortar con un cuchillo sin filo, ambas estaban enfadadas y se sostenían la mirada, hasta que ninguna fue capaz de seguir.
El camino a la casa de Ichigo quedaba algo lejos de allí y el haber peleado no ayudaba, después de todo un camino largo se vuelve aún más cuando no hay nada de qué hablar. Rukia parecía no estar afectada, caminaba mirando al frente y con una expresión de seriedad total; pensándolo mejor, sí se veía algo mal, después de todo solo se ponía así cuando quería ocultar sus verdaderos sentimientos. Al pensar en ello, Senna se sintió culpable, pero le molestaba tanto ser siempre ella la que debía pedir perdón, ¡ambas tuvieron la culpa! Aun así, le demostraría a Rukia que había madurado más que ella.
―Lamento que nuestra amistad terminara tan mal ―comentó, observando que Rukia ni se inmutó.
La Kuchiki trataba de actuar normal, pues el enfado hacía estragos en ella, pero su ex amiga no estaba ayudando mucho. Luego de insultarla salía con ese tema. ¿Qué se suponía que debía contestar? "No hay problema", "fue hace mucho, no pasa nada". Ojalá pudiera, pero si era sincera estaba sumamente molesta aún.
―Está bien―. Pero no era una chiquilla y no estaba allí para remediar, ni discutir, temas del pasado.
―Lamento haberte dicho esas cosas horribles, es solo que era chica y para ese momento eras mi única amiga y que te cambiaras de escuela…que me dijeras que todo fue mi culpa, es decir, tú también querías salir y…
― ¿Yo quería salir? ―la interrumpió―. Hasta que te conocí, creía que una fiesta era una reunión con música clásica de fondo y personas vistiendo elegantemente ―respondió algo avergonzada, pues no era algo de qué enorgullecerse el ser una inadaptada social, en lo que la juventud de su tiempo se trataba; no sabía por qué había iniciado con esa frase…
―Y gracias a mí conociste el mundo real, de nada ―dijo emocionada Senna, aunque al ver el ceño fruncido en la chica le dijo que estaba mal interpretando que todo iba bien.
Rukia se detuvo, mirándola enojada, ¿acaso no se daba cuenta que era un mal momento para el sarcasmo? Incluso si era chiste, porque debía serlo, no podía ser que estuviera contenta por algo así. Aceptaba que tenía algo de culpa, pero si eran amigas y ella veía lo mal que le hacía el alcohol y sabiendo los estándares que debía cumplir, ¿por qué no la detuvo? ¿Qué eso no hacían las amigas, cuidarse entre sí?
―Aún no entiendes todo lo que causaste, ¿verdad? ―. Sin dejarle responder la sobrepasó, dejándola atrás, la chica de orbes naranja mordió su labio inferior pero ni así pudo evitar abrir la boca.
― ¿Lo que yo causé? Nunca te puse un arma en la cabeza para que saliéramos, nunca te obligué a tomar alcohol, yo no decepcioné a mis padres e ignoré a mi madre antes que…―la mujer abrió los ojos sorprendida al recibir una bofetada por parte de su ex amiga. Cosa que la hizo reaccionar, había hablado demás.
―No voy a pelear por esto ahora. Pero más vale que no vuelvas a mencionar nada de eso ―dijo más dolida que ofendida.
Senna cerró los ojos y respiró profundo, tratando de recordar un ejercicio de relajación; debía calmarse. Ahora recordaba todo lo malo, porqué a pesar de ser mejores amigas dejó que se distanciaran, porqué le dijo todas esas cosas horribles que ahora quería terminar de repetir. Y el panorama no fue muy distinto de hace unos años, porque cuando se quiso dar cuenta Rukia ya no estaba.
-.-.-.-.-.-.-
Caminaba dando pasos muy fuertes, estaba sumamente enojada, hasta decidió tomar otra ruta indicada por el GPS para no encontrarse con Senna. Seguramente esta llegaría antes a la casa de Kurosaki, con su actitud jovial y buena onda lo convencería de que ella era una ogra fría y sin sentimientos, ¡perfecto, que estuviera de su parte si quería! Como todos...
Se detuvo al sentir que sus ojos le picaban, quería llorar, como aquel día en que dejó de ser su amiga, cuando todos la dejaron de lado. Por eso amaba a Renji, él fue el único que la apoyó, era el único que la quería. Apretó sus manos y agachó la cabeza; solo una, solo derramaría una lágrima.
De repente, una paleta de caramelo apareció en su rango de visión. Tal fue su sorpresa que levantó la mirada, desconfiada, ¿quién en su sano juicio le da a una mujer una paleta en medio de la calle? Y las pintas que llevaba ese hombre daban mucho en qué pensar, cabello desprolijo bajo un sombrero a rayas, una capa que hacía juego, ¿quién usaba capas en esos días?
―Kuchiki-san, ¿verdad?
-.-.-.-.-.-
Senna llegó más calmada a la residencia Kurosaki. Debía estarlo, seguramente la señorita Kuchiki ya estaba adentro y todos la despreciarían a ella por sus malos modales. Eso le fastidiaba, y también el pensar que debía disculparse, ¡y eso que quiso actuar maduramente! Se notaba que aún le faltaba mucho camino por delante. Odiaba pensar en eso, si bien siempre fue de espíritu libre y vivía su vida como quería, tenía esa pequeña molestia plantada en su cabeza que cuando se desvelaba le preguntaba "¿qué estás haciendo con tu vida?".
―Maldita sea ―maldijo mientras bufaba, odiaba ser pesimista. Ella no era así, ella era optimista y alegre, no debía haber espacio en su interior para esas negatividades. No había espacio para la perfecta señorita Kuchiki, que le recordaba que ella era la que no triunfó en la vida.
Y mientras ella peleaba consigo misma, la puerta se abrió, esto no solo la tomó de sorpresa a ella sino también al… ¿invitado? De la casa de Ichigo Kurosaki. Por las dudas, miró hacia su costado, siendo imitada por el chico de cabellos azules frente suyo, leyendo ambos el nombre del dueño. Pero antes de poder preguntar, éste le cerró la puerta en la cara. Quedó estupefacta, ¿acaso su "amado" esposo le había cerrado la puerta? No sabía qué veía Orihime en ese hombre, porque debía ser él: estaba en la casa de Ichigo, estaba en las fotos de Orihime y estaba en sus recuerdos.
―Santo cielo, ¿por qué no podía ser alguien que madurara y fuera más apuesto? ―renegó, soltando un resoplido para no reír, ¿desde cuándo ella era tan superficial? Iba a llamar a la puerta pero escuchó una conversación que no la dejó.
―Oye, ¿eres idiota o querías romper la puerta a propósito? ¡No la azotes, o deberás coser mucho para pagarla! ―. En medio de aquél reclamo, se escuchaban varios intentos por hacer callar a Ichigo, quien seguía hablando pese a los nerviosos comentarios de Ishida: "¡Vino aquí!, ¡La recuerdo!, ¡es ella!".
Sí, no se equivocaba al creer que él estaba nervioso, se le notaba en la voz. Pero por más que quisiera, luego de la historia de Orihime en la noche, no podía empatizar con él. Cansada de ser ignorada, gritó: ― ¡Puedo escucharlos! ―. Pero eso solo consiguió que hablaran con susurros, ― ¡Dije eso para que abrieran!
Luego de unos minutos, y de que alguien cayera al suelo, la puerta se abrió. Ichigo la invitó a pasar e inmediatamente miró a los alrededores, parecía confundido.
― ¿Y Rukia? ―preguntó mientras cerraba la puerta.
―Creí que ya estaba aquí ―respondió con una auténtica preocupación―, iré a buscarla…
Ichigo la detuvo colocando una mano frente a ella y negando con la cabeza, alegando que tenía mucho de qué hablar con Ishida, él iría a buscarla pues a su casa solo habían dos caminos. Se colocó una chaqueta y se despidió de ambos, asegurando que volvería en unos minutos.
Cuando el ruido de la puerta resonó en sus oídos, ninguno supo qué decir, ambos estaban nerviosos y el hombre algo avergonzado por la escena anterior. Ahora todo era fascinante en esa casa, el piso de madera, la escalera alfombrada, los retratos familiares, el sofá de cuero que no combinaba con ningún mueble de la sala…
― ¿Sabes que estamos casados, no? ―preguntó Senna, para romper el hielo, de una forma bastante peculiar.
-.-.-.-.-.-
Al estar allí dentro tuvo un mal presentimiento, y comenzó a preguntarse por qué entró. La puerta estaba cerrada y había cinco extraños mirándola comer una paleta, era un panorama previo de una película sucia que había visto. Dejó de comer para preguntar.
― ¿Van a violarme o robar mis órganos?
―Maldición, te lo dije Yoruichi-san, el somnífero debe de recubrir la paleta, no ser su centro ―protestó el nombrado Urahara, siendo golpeado por la que asumió sería su novia y/o esposa y un hombre bastante tosco que no encajaba con ese lugar. Mientras que una jovencita se arrodillaba en el suelo y se inclinaba frente a ella suplicando perdón para su jefe. ¡Ese lugar era muy extraño!
―No le hagas caso a este idiota ―dijo Yoruichi, extendiéndole la mano―. Soy Yoruichi Shihouin, y aunque no creas lo pequeño que es el mundo, conozco a tu padre.
―Bueno, eso es nuevo ―dijo dándole la mano también, charlando para quitarse el escalofrío que supuso en ella escuchar esas últimas cuatro palabras―, quiero decir, todos en esta ciudad parecen conocerme a mí.
La morocha se enderezó en su postura de indio, en la que estaba sentada, y se cruzó de brazos mientras reía divertida.
―Esto me da tanta nostalgia, te pareces tanto a él, pero te vi un par de veces en televisión y pensé que te había convertido en un humano sin sentimientos. Como él en la actualidad. Claro, en apariencia eres idéntica a tu madre.
Rukia se sorprendió bastante en escuchar dicho comentario, si bien no le gustaba que hablaran mal de su padre, esa mujer lo dijo con tanta familiaridad que se sentía incómoda al querer corregirle. Además, ¿ahora era parecida a su padre? Creyó que más parecida era cuando estaba frente de las cámaras...
La conversación siguió en un ambiente más relajado, mientras Tessai y Ururu trataban de despertar a Urahara, quien se había quedado noqueado con los golpes. Durante esa charla descubrió muchas cosas que desconocía de su padre, primero en principal que Yoruichi fue con él a la universidad y eran muy unidos, que fue ella quien lo ayudó a acercarse a su madre y, que tras abandonar la carrera, él no volvió a hablarle. Pero más que nada, le sorprendió el saber que su padre era un chico popular que hacía chistes y, si bien no salía de fiesta, se llevaba bien con todo el mundo.
―Me cuesta imaginarlo ―dijo mientras cerraba los ojos pensativa, con el ceño bastante fruncido. Yoruichi carcajeó fuerte.
―Lo mismo dijo tu madre cuando se lo describí. Por eso es que no quería salir con él―recordó, mientras relataba todo lo que tuvo que hacer para convencerla no solo a ella, sino también a él luego de que se vio rechazado en su primer intento. En medio del efusivo relato, Rukia la interrumpió, curiosa.
―Mi…mi mamá, ¿estudiaba la misma carrera que ustedes? ―La verdad se sentía horrible al conocerla tan poco, pero es que ese tema nunca lo hablaron cuando era una niña y de adolescente era un desastre. De saber que no la tendría para siempre, y que su padre jamás hablaría de ella, hubiera aprovechado para hacer esas preguntas que parecían insignificantes pero que de una u otra forma la hacían sentir más cerca de ella.
La morocha notó la melancolía que parecía invadir a la mujer, sonrió de medio lado porque aunque ella no lo supiera, estaba al tanto de su situación familiar; más que nada por una de las criadas de los Kuchiki, a quien Hisana le dejó la tarea de avisarle, pues ésta siempre se sintió culpable de que Byakuya no le hablara más, y ella nunca tuvo oportunidad de explicarle que él le dejó de hablar por preferir a "un idiota con una tienda de dulces" en vez de a su prestigiosa familia. A Byakuya le importaba mucho ser un Kuchiki, a ella no le importó desheredar todo lo relacionado a los Shihouin.
―Sí. Pero luego quedó embarazada de una niña y decidió junto con Byakuya que no estudiaría ni trabajaría. Después de todo, su salud...
―Lo sé ―se apresuró a decir la morena, no queriendo escuchar esa parte.
El lugar quedó en silencio. Tessai y Ururu se miraron sin entender el porqué del cambio de ambiente, pero sabiendo que no querían estar en el medio. Entonces, se escuchó la voz de alguien conocido para todos y luego escucharon sus pasos, concentrando sus miradas en la puerta para recibirlo.
―Parece que te esperaban, zanahoria ―dijo Jinta. Incómodo por todas las miradas―, vamos Ururu, que hay clientes.
La aludida vio su oportunidad y no la desaprovechó, disculpándose con una reverencia salió de la habitación. Quedando Tessai para sostener al inconsciente Urahara. Yoruichi le tomó por los cabellos con uno de sus pies y levantó la cabeza del hombre, dirigiéndola hacia el recién llegado.
―Hola, Kurosaki-san. Me alegra que hayas venido a recoger a tu esposa ―dijo la morocha, fingiendo la voz del sombrerero.
-.-.-.-.-
Luego de un muy incómodo momento, como a Ichigo le gustó llamar; pues hasta que salieron Yoruichi se encargó de poner espinas entre él y Rukia, sobre el día de su boda. ¡Él no era un aprovechado! ¡Era un mocoso idiota! Había una gran diferencia, de saber que esa boda era real no la habría propuesto, ni con Rukia ni con nadie. ¡Que no le interesaba estar casado a tan temprana edad!, ¡y no era virgen! Maldita Yoruichi...por su parte, Rukia pareció disfrutarlo, si bien estaba molesta al principio, todas las bromas pesadas de Yoruichi parecieron relajarla. Hasta su charla fue larga, Senna llegó al mediodía y Rukia aún no caía que estuvo casi toda la tarde en la tienda de Urahara. No la culpaba, dentro de allí no entraba el sol y era fácil perder la cuenta de las horas.
― ¿Cómo llegaste a lo de Urahara? ―preguntó para quitar el silencio entre ellos.
―Él me encontró cuando...―de repente sus malos recuerdos volvieron―. Nada, déjalo. ¿Llegó Senna a tu casa?
Ichigo la miró confundido por el cambio de humor, pero pareció no importarle mucho porque luego de unos momentos volvió su vista al frente.
―Ustedes se preocupan demasiado por la otra como para estar peleadas ―comentó, sorprendiéndola, ¿Senna se lo había dicho o lo había asumido porque no llegaron juntas?
― ¿Te contó lo que sucedió? ―preguntó algo avergonzada.
―No más de lo que tú me estás contando ahora―. La mirada de la Kuchiki se posó sobre él, quien sonreía―. Qué astuto ―pensó, concediéndole el momento, mas no lo diría en voz alta.
― ¿Se pelearon esta mañana? ―indagó el hombre, más para hacer charla que por genuino interés. Rukia rió por lo bajo.
―A decir verdad nos pelemos hace cinco años, una semana luego de la boda.
―Vaya, eso arruinó más de una cosa, ¿no? ―soltó sin saber qué acotar, asumía que entonces estaban ahí solo para el tema del divorcio, no le hacía falta preguntarlo, seguramente estaban en una especie de tregua que no duró mucho, aparentemente.
El resto del camino se la pasaron en un agradable silencio y llegaron luego de unos minutos quince minutos. Ichigo abrió la puerta y la dejó entrar primero, grave error, tal vez hasta debería pagar un psicólogo además del divorcio...En el sillón de la sala, unos muy avergonzados y ahora estáticos Senna y Uryuu estaban como habían llegado al mundo, pero esta vez queriendo que se los tragase la tierra.
―Puedo explicarlo ―dijo Senna manoteando la camisa del chico, que se encontraba en el respaldo del sillón, para cubrirse.
―Tranquila, están casados ―dijo Ichigo, volteándose y quitándose la chaqueta. Su amigo era un patán de aquellos, eh…jamás se lo había imaginado―. Ishida, ponte tus pantalones porque no te daré una paliza estando desnudo.
Senna no comprendía muy bien y antes de poder defenderlo y/o hacer algo para salvar a su amante, esposo… ¡lo que fuera! Rukia le recriminó algo que hasta ese momento no había vuelto a recordar, sí que tenía una memoria selectiva cuando quería.
― ¿¡Cómo pudiste hacerle eso a Inoue-san!?
Ambos hombres se miraron desconcertados, luego la ira de Ichigo incrementó e Ishida de verdad creía merecer esa paliza. Había terminado con Orihime hacía solo dos días, ¡dos días! ¡Era un patán! Aunque lo que allí más sorprendía, era que aparentemente todos se conocían.
Luego de esa escena y de darle unos buenos golpes como prometió, Ichigo los corrió de su casa, y no le sorprendía pues por más amigos que fueran él había metido la pata horrorosamente. Sin olvidar el pequeño detalle de que Orihime también era amiga de Ichigo y la manía que tenía éste de protegerla. Por otro lado, ahora tenía un problema con nombre y apellido aferrado a su brazo, más para no dejarlo caer que para estar con él.
― ¿Puedo quedarme en tu casa? ―preguntó Senna, haciéndolo detenerse súbitamente.
―No sé cómo decirlo. Perdón si te di una mala idea, es solo que estoy pasando por una difícil separación y quería distraerme. Perdona si te usé ―dijo avergonzado de sí mismo, acomodando sus anteojos con su mano libre; debía admitir que se sentía un tanto raro pedirle disculpas a su esposa por haberse acostado con ella.
La mujer le restó importancia moviendo su mano frente a su rostro.
―Apestas a lástima. Si terminaste de auto compadecerte, te dejaré aquí. Orihime-chan dijo que puedo quedarme en su casa.
Ishida sonrió más molesto que otra cosa. ¿Acaso no se daba cuenta que ella también tenía la culpa en esa traición? Aunque analizándolo con cuidado, ellos habían terminado, así que técnicamente no la había engañado, pese a sentir lo contrario.
―No le menciones esto, por favor ―fue todo lo que atinó a decir mientras ésta se alejaba.
―Con una condición ―respondió la mujer, deteniéndose unos pasos delante de él, esta vez seria. Él se puso rígido, aceptaría cualquier cosa―. Ve con tu padre y pídele que arregle todo para nuestro divorcio.
Esa noche, Uryuu entendió las consecuencias que tenía el haberse casado con una chica a la que apenas conocía.
-.-.-.-.-.-
La noche ya había caído y una luz blanca los encontró a ambos en la sala, donde momentos antes los últimos rayos de sol habían presenciado un acto de deseo carnal; Rukia estaba parada, limpiando y curando los magullones que la pelea le había dejado. Ichigo permanecía en silencio, con una expresión de enfado.
―Tu amiga es una zorra.
―No es mi amiga ―respondió a duras penas, con una bandita en la boca―, y no me hagas hablar de Ishida.
―Él es un hijo de…
― ¡Oye! ―le regañó la Kuchiki, no quería ser quien escuchara las quejas―, suficiente del tema.
Ichigo refunfuñó pero guardó silencio, estaba irritado aún pero Rukia no era la mejor opción para descargarse. A penas la conocía. Eso le llevó a pensar que no era mala idea conocerla un poco, no en ese retorcido mundo donde sin quererlo estaban casados. Y vaya que ella le dio la oportunidad, no pasó mucho para que le pidiera quedarse a dormir allí, aclarando que no tenía ninguna intención de hacer lo mismo que Senna y Uryuu. Él no se negó, no era un chiquillo que no podía aguantar una noche con una chica, porque era solo una noche, ¿verdad?
― ¿Cómo conociste a Orihime? ―preguntó desde la cocina, donde había ido a buscar un par de cervezas y panfletos de comida rápida.
― Orihime-san iba distraída ayer, casi la atropella un auto, la vi y no sabía quién era, pero no por eso iba a dejar que tuviera un accidente ―dijo justificándose al final, para no parecer una loca que iba por la vida saltándole encima a cualquiera.
Ichigo llegó bebiendo la cerveza, algo confundido al parecer, le ofreció la otra cerveza y los panfletos, ignorando la cara que la chica había puesto al verlos.
―Tú…no entiendo. Espera, o sea, ¿te tiraste contra la moto o cómo hiciste?
Rukia ojeaba los dichosos papeles, dejando olvidada su cerveza, no quería ser descortés pero el alcohol hacía estragos en ella y ahora tenía el estómago vacío, sería muy malo si se ponía a beber así.
― ¿Eh? ―soltó al procesar la pregunta del chico, ― ¿de qué hablas, descerebrado? ¿Qué moto? Ella iba caminando.
Ahora tenía más sentido.
― ¡Hey! Si vamos a empezar a insultarnos, avísame antes. Desde que te vi bajar de tu camioneta tengo muchos apodos para ti.
Lo siguiente fue Rukia levantándose del sillón y yendo a la cocina, siendo seguida del hombre que le reclamaba que eligiera qué comer, mientras ella renegaba revisando la alacena y el refrigerador, alegando que no comería una comida tan grasosa, habiendo decidido pasar por alto el último comentario del Kurosaki pues ella había empezado. Y sin darse cuenta, Orihime quedó fuera de discusión. Para la cena, se las ingenió para hacer oniguiris, sin algas por obvias razones, aunque las cosas verdes y/o negras que tenía Ichigo criándose en su refrigerador podrían haberle servido; y también hizo unos rollos de huevo. Acompañando todo con las cervezas.
Sus conversaciones eran fluidas y para nada incómodas, pese a que en realidad no se conocían hacía más de unos días. Era tan raro como todo iba pasando tan rápido, cómo en poco tiempo se divorciarían y sus vidas continuarían, como si nada de eso hubiera pasado.
―Gracias al cielo tú puedes pagarlo ―dijeron al mismo tiempo, cayendo en cuenta de lo que eso significaba.
―Un minuto. Espera ―dijo la Kuchiki con el corazón queriendo salirle del pecho―, dijiste que eras un mecánico reconocido y que te iba bien.
― ¿Y qué con eso? Soy mecánico, soy reconocido y me va bien; como delivery todos los días y mi refrigerador siempre tiene cerveza, si a eso no le llamas "ir bien", no sé lo que es.
Rukia se cubrió el rostro con ambas manos, renegando de su mala suerte. Además de descerebrado, idiota. Trató de pensar en una solución…
― ¡Tu padre es doctor! ―dijo como resolviendo un problema.
―Tú eres una Kuchiki, tu padre tiene una jodida fortuna. Pídeselo a él.
―Estoy durmiendo en tu casa, ¿te parece que él quiere ayudarme? ―dijo ofendida al tener que decirlo en voz alta, ¿qué no era obvio? ¡Dos más dos!
Ichigo golpeó su frente con su palma. Ahora deberían pensar cómo hacer dinero y rápido. Bueno, ella podría trabajar o...
― ¡Renji! ―dijo el chico, chasqueando sus dedos, Rukia lo miró sin entender y él se rindió a creer que estaban en sincronía. ―Él es tu prometido, dile que te mande dinero.
La mujer le esquivó la mirada, eso pintaba mal…trataba de mirarla pero ella se rehusaba. Un tic apareció en su ceja, se cruzó de brazos y exigió una explicación, aunque creía saber lo que venía.
―Desde lo de la boda…no he hablado con él ―confesó.
El hombre de cabellos naranja quedó estupefacto, ¿qué clase de mujer desconsiderada era? Es decir, que tu futura esposa desaparezca el día de tu boda al saber que está casada, eso ya debía ser feo. Y agregarle que no te hable luego de tres días pasado aquel acontecimiento, ¡era peor! A como él lo veía, ella parecía una psicópata ansiosa por casarse y/o una interesada. "Ya tengo esposo, ya no te necesito". Tomó un trago de su cerveza para alejar esa conclusión.
―Pobre tipo.
Luego de ese comentario recibió un golpe en la cabeza, haciendo que escupiera su cerveza, ¡pero si no había dicho nada malo!
― ¡Bien! Como quieras ―dijo rindiéndose a ese tema―, entonces no tenemos otra opción.
-.-.-.-.-
La noche pasó sin mucho más inconveniente sobre quién dormiría en la cama, siendo para Ichigo obvio que él debería dormir en su cama pero esa enana era demasiado fastidiosa y al final terminó cediendo y durmiendo en el sillón, en donde su cuerpo no cabía del todo, resultando en un despertar muy incómodo, con contracturas extras. Pero se vengaría, estuvo esperando toda la noche ese momento…
― ¿En serio? ¿Esta es tu genial idea? ―preguntó la mujer viendo la ropa sugerente que le era ofrecida―. Ni loca me pondré eso y menos lavaré autos ―. Sentenció, cruzándose de brazos.
―No tienes otra opción, a menos que quieras llamar a Renji ―dijo moviendo la ropa frente a ella, quien le hizo un desprecio―, o simplemente podríamos seguir casados, por mí está bien―. Luego de esa frase, la ropa fue arrebatada de sus manos.
Momentos luego, la Kuchiki salía vestida con un pantalón corto de jean, que le iba muy ajustado, junto con un sujetador de traje de baño y un chaleco fino de color rosa.
―Es perturbador pensar por qué tenías esto ―dijo con algo de asco, pero él se limitó a elevar sus hombros para retarle importancia al asunto.
―Soy un hombre con muchas fantasías.
― ¡Eres un pervertido, hijo de…!
―Ya, ya, tranquila ―dijo riendo fuertemente―, es ropa de mi hermana menor, como la piscina pública queda cerca de aquí siempre deja mudas de ropa que pueda usar.
Ese comentario le sirvió a Rukia como alivio momentáneo, mas no la dejó muy conforme. Aunque luego ese tema quedó a un lado, tenía un problema mucho más importante, ¿y si algún baboso le tomaba una foto? ¿¡Qué diría su padre!? Una Kuchiki lavando autos, qué escándalo. Sin embargo, se convenció al mentalizarse que estaba haciendo eso por Renji y que pronto nada debería importarle, pues sería una Abarai, no una Kuchiki.
―Hagamos esto ―dijo decidida, tomando un cartel de "se lava autos" en sus manos para salir a la vereda. La calle a esas horas de la mañana estaba bastante concurrida, pero por desgracia no atraía muchos clientes, solo algunas miradas depravadas de hombres que ni autos tenían―. Esto no funciona.
Ichigo salió de detrás de un auto debido a su queja, se notaba que estaba trabajando y que lo hacía muy a su manera, los mecánicos que ella conocía llevaban casi siempre ropa que les cubriera casi todo el cuerpo, para no mancharse; pero el hombre frente suyo solo llevaba unos jeans bastante descuidados (asumía que era porque siempre habría de trabajar con ellos puesto), ¡y sin nada que le cubriera el torso! El cual estaba empapado de sudor y grasa de auto. Se sonrojó abruptamente, de repente estaba mirándolo muy fijamente. El hombre por su parte quiso reír, y él era el pervertido…la miró atentamente, ciertamente tenía su atractivo pero sabía cómo era el negocio de las chicas lava autos, por las películas…
―Ya sé ―dijo tomando una manguera, Rukia lo miró sin entender cómo sostener eso la haría ganar más clientes pero el líquido helado corriendo por su cuerpo le hizo entender que no era eso lo que él tenía en mente―. Listo, ahora estás sexy.
Ahora fue su turno en sonrojarse, no lo había dicho con intención de coquetear, aunque el golpe en la pierna lo hizo reaccionar.
― ¡Diablos, enana violenta! ―se quejó, pero obviamente no la golpearía, tomó entonces la manguera y la mojó más, apuntándole a la cara para ahogarla―. Muere, arpía.
― ¡Infeliz! ―dijo arrojándole lo que más tenía a mano, que resultó ser el cartel, el cual le dio en la cabeza a su oponente, haciéndolo caer muy estrepitosamente en el suelo. Al verlo tieso en el suelo se preocupó en extremo, ¡no era su intención matarlo! ¡Oh, por todos los cielos, ahora era viuda!―. O-oye… ―lo llamó pateándole el brazo, pero no se movía―. Ichigo…―volvió a llamar, pero nada―. ¡Ichigo! ―gritó preocupada, agachándose a su lado y dándolo vuelta, viendo la sonrisa triunfadora de éste―. ¡Idiota!
Luego de la pequeña broma, que a ella no le pareció ni pequeña ni una broma, de alguna forma comenzaron a llegar clientes para ella, de cierta forma le reconfortaba que fueran aburridos hombres de negocios que querían aprovechar la "oferta".
―Tal vez fue por eso ―pensó mirando hacia el cartel que Ichigo había puesto: "con el servicio de lavado de auto se incluye la revisión de niveles de aceite y la presión de los neumáticos".
No se sentía mal por no poder atraer a muchos con su "atractivo", pero sí sentía pena por darle más trabajo a Ichigo. Sacudió la cabeza y frunció el ceño, no debía compadecerse, él fue quien los metió en ese lío hacía cinco años. Era tan solo un idiota que se había cruzado por su camino, un idiota descerebrado con buenos abdominales. Se volvió a sonrojar ante sus pensamientos, ¡ella no era así! Para alejar tales ideas de su mente, comenzó a fregar el auto con más vigor.
El hombre de cabellos naranja terminó de revisar el último automóvil, estrechó la mano de su cliente, recibió la paga y se tomó un momento para descansar. Si bien el lavadero era un poco más de dinero, la oferta significó más trabajo para él, aún había vehículos que debía revisar, arreglar y entregar esa semana. Esa enana llegó a complicarlo todo.
― ¡Oye, Rukia, el dueño de ese auto no quiso la oferta, así que termina y vamos a almorzar! ―avisó, viendo cómo ésta ni le prestaba atención―. Maldita sorda ―renegó.
Se sentó sobre un cajón de cerveza vacío y se la quedó mirando, tenía buen trasero había que admitir. Rió un poco, tal vez sí tenía algo de pervertido, aunque a esa edad y si no era dicho por Yoruichi Shihouin, no le daba pena admitirlo.
La tarde llegó sin previo aviso, el almuerzo se había retrasado por nuevos clientes, cosa por la que no se quejaron, debían reunir mucho dinero en poco tiempo. Aunque a decir verdad no tenía claro cuánto tiempo tenían, ni muchas cosas sobre esa bajita mujer.
―Deberías darte un baño, o pescarás un resfriado ―dijo mientras cerraba el taller, la mujer no paraba de ver su celular y él se preguntaba si debía preguntar, no le gustaba mucho meterse en los asuntos ajenos―. ¿Renji? ―cuestionó, captando la atención de ella, quien apartó el celular rápidamente.
―Tomaré un baño ―informó, entrando en la casa como si fuera lo más normal del mundo.
Una vez bajo la regadera volvió a preguntarse qué estaba haciendo, por qué se empecinaba a hacerlo sola, sabía que podía contar con Renji pero de verdad no quería involucrarlo.
Renji siempre fue esa persona que estuvo ahí para ella, que la apoyó cuando nadie más, si bien creyó haberlo perdido cuando se mudó se alegró mucho al volver a tenerlo en su vida, aunque lo habría preferido unos años antes, así impedía que cometiera esas locuras…o por lo menos las hubieran cometido juntos. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿La estaría esperando? Miró su celular que había dejado encima del lavamanos, si no activaba la señal en su teléfono jamás lo sabría. Pero tenía miedo de hacerlo y enterarse que lo había perdido, no sabía qué hacer si eso sucedía.
En el piso de abajo, Ichigo aprovechaba que Rukia estaba tardando para llamar a un delivery, no comería arroz y huevo otra vez. Encargó dos hamburguesas, que incluían papas fritas; una opción más que grasosa para la señorita delicada.
Sonrió malévolamente mientras dejaba el teléfono sobre la mesa de café de la sala, observando en ella una foto de su familia, la tomó y su expresión cambió completamente. Su viejo le perdonó tantas cosas, lo ayudó para que él tuviera ese taller, no podía ahora salirle con la noticia de que se había casado, que su esposa lo encontró para divorciarse y que para esto necesitaba dinero. No podía hacerle eso, ergo no podía pedirle el dinero. Aunque se ahorraría tantos problemas de ser así. Sus ojos pasaron a sus hermanas, sonreían como si no tuvieran ningún problema en la vida, pero él sabía que no era así, desde que su madre había muerto él tomó el peor camino para apaciguar el dolor en vez de ayudar a sus hermanitas y estar junto a ellas. Le dio más trabajo a Yuzu, quien no solo se encargaba de la casa, sino que lo esperaba despierta y junto con Karin lo llevaban al baño a vomitar, lo acostaban y lo cubrían con su padre. Cuánto trabajo les dio a ambas. Se había prometido no volverlas a involucrar en sus problemas.
La cena transcurrió con ambos absortos en sus propios asuntos, como si el otro no estuviera allí. Rukia ni siquiera se quejó de la comida e Ichigo no recordó que ésta era parte de un plan malévolo.
― ¿No te llamó? ―preguntó al ver a la mujer tan concentrada en su teléfono, pero parecía solo recibir mensajes porque nunca la vio hablando. Rukia pareció dudar un momento, pero luego le enseñó su celular, el cual estaba en modo avión―. Quita esa mierda y llámalo, enana del demonio ―fue lo primero que se le ocurrió, haciéndola enfadar.
―Cierra la boca, no necesito que tú me lo digas...tarado ―respondió, sin saber qué insulto usar, se limitó a uno común. Ichigo le sacó la lengua―. ¿Qué tienes, cinco años? ―dijo mientras ponía el modo normal y comenzaban a llegarle miles de llamadas y mensajes. La mayoría de Renji, otras de su padre. Sonrió nerviosa y pronto la cabeza de Ichigo también observaba la pantalla desde su hombro, tan estupefacta estaba por todas las notificaciones que no se molestó por la cercanía.
―Alguien está en problemas ―se burló el de orbes color miel, recibiendo un cabezazo. Mientras trataba de disminuir el dolor apretando el lugar afectado con una mano, Rukia presionó "llamar" al contacto de Renji.
Era casi la madrugada, por lo que no le sorprendía que tardase en responder. Estaba nerviosa porque no sabía bien qué decirle, aunque pedirle ayuda monetaria no le avergonzaba si era para su divorcio. ¿Estaría enojado? ¿Decepcionado? Dolido, seguramente. En cualquier caso, lo afrontaría y reconfortaría. Ya no podía huir.
― ¿Hola? ¿Quién habla?
Colgó. Ichigo estaba sorprendido y Rukia más, sus ojos parecían querer salirse de su lugar. Intercambiaron miradas, ella parecía estar a punto de romperse y él creía entenderlo, esa voz era de una mujer somnolienta; pero lo que no sabía es que ella la había reconocido, era su amiga Kiyone.
Continuará...
MUAJAJAJAJAJA a que no esperaban vaaaarias partes de este capítulo xD espero que les guste. Avísenme si los ven muy OOC, enserio que trato que sean lo más cannon posible. Un saludo!
Respuesta a review anónimo:
Strellita: Agradezco que te hayas sumado a este fic :D y más que te haya gustado, le estoy poniendo empeño así no queda inconclusa, espero no abusar mucho de tu paciencia xD ¡nos leemos!
Ja-ne n.n/
