¡Hola! Lo prometido es deuda y a seis días de comenzar Diciembre, les traigo un nuevo capítulo :D ya se nos está yendo el año, éste fue el peor año para mí, espero que para ustedes haya sido mejor xD

Agradezco a Jean y a shinny26 por sus reviews n.n espero que la tardanza no fuera tanta.

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Esta historia me pertenece.

Traviesa consecuencia

Capítulo 5: Finales y principios.

Ichigo terminó de cerrar el taller, ya eran las seis de la tarde y el sol se estaba ocultando en el horizonte, pero con sus últimos rayos iluminaba a Rukia, quien desde hacía días no se veía bien. Él no tenía idea cómo tratar un tema delicado, no tenía contacto con Senna y a Orihime no quería meterla en medio; tampoco podía hablarle a la morena como si fuese su amigo, porque no lo era, era un conocido, en verdad era su esposo, ¡todo era tan confuso!

A unos metros de allí, Rukia se encargaba de retirar el cartel de lavadero, había prolongado mucho su estadía en Karakura y ya no se trataba del divorcio sino de afrontar una realidad que jamás creyó que existiría. Renji la había engañado, con la única amiga que tenía, jamás había pensado así de Kiyone, hasta creyó que a ésta le gustaba Sentaro. Tal vez sí le gustaba y fue solo una aventura…su corazón dolía mucho y sentía que nada tenía sentido ya, pero no podía seguir refugiándose con su esposo. Miró de soslayo al hombre de cabellos naranja, había sido muy amable de su parte permitirle quedarse, pero ya no podía aprovecharse de esa amabilidad. Ya no quería seguir huyendo.

―Rukia, ¿qué quieres de cenar? ―consultó Ichigo al acercársele, rascando sus cabellos, se le veía nervioso. Ella guardó silencio un momento, mirando hacia la nada y respondió luego de meditar su respuesta.

―Creo que ya debería irme.

El hombre se mostró sorprendido por su respuesta, algo acongojado, sacándole una sonrisa, ¿de verdad la extrañaría? Se burló de él un rato, haciéndolo sonrojar y maldecir, le gustaba esa actitud inmadura que tenía y la que ella podía dejar salir con él.

―No seas tonta, mira si voy a dejarte ir en la noche ―se quejó, volteándose e ignorando sus reclamos―. Nada de peros, ve a bañarte primero que yo iré al supermercado a comprar cosas―, al terminar de decir aquello se sintió ignorado y al voltear notó el gesto desencajado en el rostro de ella―. ¿Qué, crees que no puedo cocinar?

Rukia levantó las manos al aire, dando a entender que la atrapó pues eso era lo que estaba pensando, pero no acotaría al respecto. Él se mostró muy ofendido, aunque…en verdad no sabía cocinar.

Ya en el supermercado miraba todos los estantes de comida y su carrito, y así sucesivamente mientras pasaba pasillo por pasillo, una y otra vez. Lo único que tenía hasta ahora era un pack de cervezas y una caja de jugo de naranja natural, se había asegurado que no fuera artificial porque sino la enana enloquecería. Sonrió al recordar hacía tres días cómo ella tenía los ánimos decaídos y él se ofreció a comprarle algo, hacía calor por lo que la morena le pidió un jugo de naranja, ¿qué iba a saber él que era tan exquisita? Literalmente, fue y compró un jugo de naranja, sin fijarse marca, calorías o cuánto jugo artificial llevaba; ¿qué recibió a cambio? La caja de jugo rebotando en su cabeza, ¡pero qué enana insoportable! Tomó el jugo en una de sus manos, no la extrañaría pero sería difícil volver a acostumbrarse a estar solo, y eso que solo habían convivido cuatro días.

― ¡Auch! ―soltó fuerte al ser embestido por otro carrito de compras, se volteó con todas las ganas de mencionar hasta a la abuela de aquel malnacido, pero al verle no logró ni volver a quejarse por el punzante dolor. Esa persona lo miraba con el ceño fruncido, con los ojos acuosos y los labios fruncidos―. Hola, Yuzu ―fue todo lo que atinó a decir.

-.-.-.-.-

La Kuchiki se dio el lujo de tomarse una larga y refrescante ducha, le hubiera gustado tener una tina donde sumergirse pero se conformaba con aquello, el agua fría ayudaba a despejarle la mente, a pensar clara y fríamente. Sabía lo que debía hacer, debía dejar de correr para alejarse de los problemas y enfrentarlos. Primero a su padre, luego a Renji, luego a Kiyone…extrañamente, no se sentía como cuando joven, ya no se sentía sola. Miró su mano y la hizo un puño, incluso si no tenía un lugar a dónde ir luego de enfrentar sus problemas, lo haría. Solo esperaba que esa decisión la acompañase al despertar por la mañana.

Cerró el grifo y escuchó el silencio de la casa, ¿es que ella había tardado poco o Ichigo estaba tardando mucho en el mercado? Mientras secaba su cuerpo pensó en si debería ir a buscarlo, aunque él era un hombre grande y ella no sabía dónde quedaba el súper. Terminó de quitar el agua de su cuerpo y envolvió su cabello, colocándose una muda de ropa cómoda que siempre utilizaba para la noche. Después bajó y no tardó mucho en que Ichigo llegó.

―Hasta que al fin…llegas ―su tono de voz cambió, al igual que sus ánimos de molestarlo. Él se veía muy serio y melancólico―. ¿Pasó algo?

Los orbes miel le dedicaron una mirada cargada de gritos que querían salir, de cosas que él quería decir, pero su boca estaba cerrada, como si estuviera cosida y su garganta estaba muy seca. Rukia supo darle su espacio y se retiró de su camino, dejando que él entrara en la cocina a dejar las cosas que compró, ella se quedó recargada en el marco de la puerta de la cocina, observándolo. Sus movimientos eran mecánicos, tomaba una cosa, la dejaba y luego iba por otra, como si estuviera programado, pues su cabeza no parecía estar allí.

Rukia, quien al igual que él no sabía manejar los momentos delicados, se acercó y le dio un golpe en la pierna derecha, haciéndolo gritar del dolor. Tenía mucha fuerza en sus piernas. Él pareció regresar a la normalidad por un momento, mientras la miraba enojado y le decía todas sus verdades.

―Idiota ―soltó ella, mientras lo empujaba con su menudo cuerpo, para tomar lugar frente a los últimos alimentos―. ¿Cerdo al curri? ―preguntó al ver todo lo que él había comprado para la cena. Ichigo volvió a apartar la mirada, entonces ella le dio la espalda, por alguna razón no le gustaba verlo así―. Yo prepararé la cena, tú ve y haz tus cosas. Y cuando quieras hablar, aquí estaré―. Dijo sin más, comenzando a sacar los utensilios que necesitaba, escucho cómo era cuestionada y levantó sus hombros como respuesta.

Para cuando estuvo lista la cena, ambos estaban bañados, Rukia ya tenía el cabello seco e Ichigo parecía haber olvidado secarse el suyo, esto estaba cabreando bastante a la Kuchiki pues estaba llenando la mesa de gotas de agua. Pero no le replicaría nada, ¿qué era, su esposa para reclamarle aquello? Ante aquel pensamiento se atragantó con la comida y comenzó a toser.

― ¿Estás bien? ―preguntó Ichigo, pareciendo al fin regresar a ese cuarto.

―Estoy bien, estoy bien ―dijo ella mientras tomaba un poco de jugo para regresar a la normalidad, aprovechando la situación se aventuró a preguntar―. ¿Y tú? ¿Estás bien?

Nuevamente un silencio incómodo, Rukia se mordió la lengua por ser tan metida, llevaban poco tiempo de conocerse y ella se iba a meter donde no la llamaban. A decir verdad siempre fue así, Renji le decía que le gustaba esa forma de ser suya. Debía cambiarla.

―Me encontré a mi hermana en el supermercado.

Solo esa frase bastó para que comprendiera todo, pues su primera noche juntos ambos habían platicado de temas curiosos para ser la primera vez que hablaban, tal vez fue la cantidad de cervezas que tomaron, pero de una u otra forma ella sabía ahora el porqué de su actitud. Si analizaba la situación, no sabía qué decir. Guardó silencio, esperando que de alguna forma él continuara, después de todo escucharlo era lo único que se le ocurría.

―Está…grande ―dijo un tanto molesto, al haberse perdido su infancia―. Dijo que era un maldito al no ir a visitarles y que todos me extrañaban. No sé si está mintiendo o…

―No está mintiendo ―sentenció, ¿es que no podía verlo? Si ella aún extrañaba a su padre, pese a que fue bastante insensible durante toda su vida, por supuesto que sus hermanas lo extrañarían a él―. Cometiste un error, pero el castigo que te impusiste también lastima a tu familia.

El hombre pareció algo molesto con su franqueza, pero supo guardarse sus comentarios, después de todo tenía razón. Pero por favor, que no viniera a hacerse la fuerte cuando estuvo más de tres días llorando en su casa y no queriendo llamar a su prometido para aclarar las cosas. Ambos eran unos cobardes.

―Te propongo algo ―soltó de repente, ella lo miró con curiosidad―, si tú llamas a Renji esta noche, mañana visitaré a mi familia.

Rukia elevó una ceja, confundida, ¿y ella que ganaba con que él visitara a su familia? Ichigo entendió el silencioso dilema que ella se estaba planteando, así que decidió poner las cosas más atractivas. Carraspeó para llamar su atención y tomó un gran trozo de cerdo, señalándola con él.

―Una vez allí, le pediré dinero a mi viejo para el divorcio ―dijo para luego llenarse la boca con la comida.

No tuvo que ser adivino para saber que tenía toda su atención, ella pareció indecisa y algo asustada he de admitir, pero luego de que sus manos se convirtieran en puños, aceptó. La Kuchiki no tuvo que pensarlo mucho, porque al paso que iban con el taller y el lavadero terminarían otro año casados antes de poder divorciarse.

―Es un trato.

-.-.-.-.-

La mujer pospuso la inevitable llamada para altas horas de la noche, objetando que seguramente Renji estaba fuera del país, pues nadie en su sano juicio perdería un viaje de luna de miel ya pago. Ichigo estaba impaciente y lamentando aquel trato, ¿por qué no pensaba las cosas antes de decirlas? Si ya le costaba aceptar que debía ver a su familia de nuevo, no quería imaginarse tener que pedirle a su viejo dinero, ¡quedaría como un interesado! Pero ahí estaban y ya no podía echarse atrás. Siguió a la morena con su mirada, ésta iba de un lado a otro en la habitación, peleando contra ella misma y queriendo romper telepáticamente el teléfono, pero antes de que pudiera hacerlo éste comenzó a sonar. Intercambiaron miradas confundidas, pues era un número privado, que bien podría ser alguna promoción de una empresa telefónica o el susodicho Renji.

― ¿Hola? ―atendió, con el corazón en la garganta.

Rukia, hasta que al fin contestas, ¿sigues en Karakura?

La Kuchiki suspiró aliviada, no era Renji, era su padre. Si bien no era de sus personas favoritas para hablar, en esos momentos le agradecía la llamada.

― ¿Tienes tiempo? ―preguntó casualmente, sin un ápice de molestia o frialdad. Su padre respondió afirmativamente y ella le hizo un ademán con su mano a Ichigo para tener privacidad, él no estaba entendiendo mucho, ¿era o no Renji? ¿Por qué se tenía que perder la mejor parte del show si fue él el de la idea? A regañadientes, salió de la sala y fue a su habitación, ya se enteraría la mañana siguiente cómo había ido todo.

Rukia rió bajo al ver qué tan fácil era echar a su esposo de su propia sala. Pero rápidamente recobró la compostura, le debía una buena explicación a su padre, una muy larga y de muchos años, si él le quería dar respuestas a todas las dudas que aún había en su corazón, bien, y sino…bien igualmente. Empezaría por eso, asegurarse si contaría con él a partir de ahora o no.

-.-.-.-.-

Pese a lo que creía, no pudo dormir. Podría excusarse diciendo que era por la visita a su familia al día siguiente, pero de nada le servía mentirse a sí mismo, desde el supermercado que lo estaba pensando, tal vez hasta más antes…no quería que Rukia se fuera, pero lo que no podía resolver era el motivo tras ello y por nada del mundo pensaría en algo romántico, oh no, él no era así. Aunque cabía la posibilidad…por muy estúpida e insana que fuera, tal vez y solo tal vez le estaba gustando Rukia. Rechistó bajo, por eso nunca quiso involucrarse mucho con una mujer, traían esos temas complicados de la mano. Nunca tuvo una relación seria y a decir verdad, no la quería, estaba bien solo. No, no quería a Rukia Kuchiki.

Escuchó un pequeño golpeteo en su puerta, un llamado propio de alguien que no quiere despertarte pero se consuela al tocar la puerta. Se levantó con un impulso de sus brazos y abrió la puerta, encontrando a la chica echa un mar de lágrimas. Ni siquiera atinó a moverse, ¿ella esperaba consuelo? ¿Qué había ocurrido? ¿Qué le había dicho Renji? ¡Era un bastardo! Una ira injustificable lo invadió, y ahora sí que la abrazó.

Lejos de todo lo que a Ichigo se le pudiera ocurrir, Rukia lloraba de felicidad, nunca había llorado de esa forma y hasta ese momento creía que llorar por estar feliz era ilógico, si uno está feliz sonríe, ¿o no? Quería compartir las buenas noticias con el hombre de cabellos naranja, pero al sentir que la abrazaba protectoramente se quedó estupefacta y una sensación cálida la invadió cuerpo entero, se sonrojó, jamás se había sentido tan a gusto en los brazos de un hombre. Pero no podía dejar que eso pasara, no ahora. Lentamente, se separó de él, mientras se limpiaba sus lágrimas.

―Eres un idiota ―dijo tratando de esbozar una sonrisa decente, él la miró sin entender―. Era mi padre, entre muchas cosas…creo que hemos hechos las paces. Después de todos estos años…

Sintió que su voz se estaba cortando, por lo que se tocó los labios con la punta de sus dedos. Era curioso todo el asunto, tal vez por eso es que no lloraba cuando estaba triste, sus lágrimas se generaban solo con la felicidad.

―Es tu culpa, enana rara ―protestó Ichigo, sonrojado y con su ceño fruncido por haberla abrazado. Se cruzó de brazos―. ¿Y Renji?

―Oh, es cierto ―recordó ella, sacando nuevamente su móvil y eligiendo el contacto de su…mejor esperar para darle un título―. ¿Hola, Renji?―. Encendió el altavoz. Ichigo se sintió algo incómodo al ser testigo de aquello, pero no se movió de su lugar.

Rukia…―lanzó un suspiro de alivio―. Me alegra tanto que llamaras, Kuchiki-san no me ha querido decir dónde estás, por favor, dímelo. Resolveremos esto juntos, te amo con toda mi alma y quiero que formemos un futuro juntos.

Ichigo inspeccionó con la mirada a su compañera temporal de casa, tenía una sonrisa triste en su rostro, como si esas palabras le habrían generado una alegría pero también un profundo dolor. Y no era para menos, no tenía experiencia con engaños pues nunca tuvo una relación seria, pero suponía que debía ser feo escuchar eso. Por otro lado, estaba molesto con ese tal Renji, no lo conocía pero ya lo odiaba, ¿cómo podía ser tan caradura? ¡Se había acostado con otra hacía un par de días y ahora le juraba amor eterno!

¿Rukia?

No fue hasta que la voz de ese hombre sonó nuevamente que se percató de que ella estaba muy callada. Colocó una mano en su hombro y le sonrió, tratando de darle la confianza que necesitaba, la Kuchiki se lo agradeció con un movimiento de cabeza e inhaló hondo.

―Lo siento, Renji. Pero te llamé hace unas noches, sé de quien era la voz que me atendió. Quiero que me respondas, con sinceridad, ¿te acostaste con Kiyone?

Un silencio largo se hizo presente, Ichigo golpeó su frente con su palma, si bien lo odiaba no podía creer lo idiota que era, "no" era la respuesta inmediata que tenía que dar, mínimo, al menos para no lastimarla.

T-Te lo puedo explicar…

―Adiós, Renji. Gracias por haberlo hecho antes de casarnos, porque habría cometido un error al estar junto a alguien como tú.

No, Rukia. Por favor, no digas eso. Cometí un error, tú también lo cometiste, por favor, hablemos…

Cortó la llamada.

Cubrió sus ojos con una mano y luego su rostro con ambas, dejando caer el teléfono. Ichigo se quedó estático nuevamente, esta vez sentía tristeza por ella. Esperaba nunca saber qué se sentía que la persona amada te traicione.

― ¡Ahora es cuando debes abrazarme, idiota!

Automáticamente, obedeció. Rukia rió un poco por ello entre sollozos, pero su llanto fue más fuerte. Estaba echa un lío. El hombre acarició sus cabellos para llamar su atención, pero ella se negaba a mirarlo.

― ¿Quieres ir conmigo mañana a visitar a mi familia? ―preguntó, nuevamente sin pensar. Se mordió la lengua esperando que ella se negara, pero luego de unos minutos asintió. Él la abrazó más fuerte, reprochándose lo idiota que había sido, pero ya estaba hecho―. Bien, entonces vamos a dormir.

-.-.-.-.-.-

Al día siguiente y contra todo pronóstico, encontró a la enana muy animada haciendo el desayuno, no podía negar que olía delicioso pero su atención estaba centrada en otra parte. Extrañado, golpeó la puerta de la cocina para captar su atención, ella se volteó rápido al percatarse de su presencia y se disculpó por haber utilizado la cocina sin su permiso. Él no le hizo caso y fue directo al grano: ¿por qué estaba tan contenta? ¡Había terminado con su prometido la noche anterior! No podía ser tan rara…

―Es por culpa de Kurosaki-kun ―dijo utilizando una vocecilla que le resultó muy molesta―, con sus abrazos y caricias.

― ¡Ja! ―fue lo único que soltó, algo avergonzado. Sacó de la nevera el resto de jugo que quedaba y se lo tomó, recibiendo réplicas de parte de la mujer, pero no le importaba pues esa era su venganza.

Desayunaron en paz, hablando más que nada sobre la familia de él, ella estaba muy interesada en conocer detalles que debería saber imprescindiblemente, como sus nombres y qué temas les interesaban para hablar. Ichigo respondió sin dificultad, sorprendiéndose a sí mismo de cuánto los conocía a pesar de no haberlos visto en varios años.

―Aunque supongo que tal vez cambiaron.

― ¿Tú cambiaste? ―preguntó ella, con la voz monótona al verlo sacar una cerveza de la heladera.

―No ―fue su simple respuesta, mientras abría la lata. La Kuchiki suspiró, golpeándolo antes de subir para cambiarse, quería dar una buena impresión… ¡porque era Kuchiki, nada más! Ichigo al verla irse guardó la lata en la nevera nuevamente, solo estaba jugándole una broma, no bebería ese día.

Se quedó sentado en la cocina, esperándola, no tenía ganas de ver la televisión y no necesitaba cambiarse, no se presentaría a su familia vestido de traje porque estos le acusarían de cambiar el alcohol por drogas. Rió bajo ante aquel pensamiento, hacía cinco largos años que no los veía, Yuzu parecía muy afectada por ello pero era Yuzu, siempre sensible a todo. ¿Cómo estaría Karin? Asumía que de apariencia igual a Yuzu, ya que eran gemelas. ¿Y su viejo? ¿Sería tan molesto con ellas como con él? De serlo, ambas sabían defenderse, ¿seguiría el poster de su madre pegado a la pared de la sala? Sintió su pecho apretarse, ¿qué pensaría su madre de él? Tantos errores había cometido que en cierta forma le avergonzaba dar la cara en su casa, pero quería hacerlo.

―Ichigo ―la voz de Rukia a sus espaldas lo sacó de sus pensamientos, volteó y trató de ocultar su sorpresa de verla vestida tan…bonita, debía admitirlo, nunca creyó que una mujer con tan poco busto le llamara la atención pero Rukia era una belleza difícil de ignorar y más ahora que estaba metida en un vestido color azul, ceñido en su torso y suelto luego de la cintura. ¿Le daría el crédito que merecía a su trasero? Rukia carraspeó, incómoda y molesta por el escrutinio al que estaba siendo sometida―. ¿Nos vamos?

―Sí, vamos ―respondió rápido. Siendo lo más poco caballeroso posible para hacerle olvidar a ella aquel momento, ¡pero qué degenerado era! O tal vez hacía mucho que no tenía sexo, debía ponerse en contacto inmediatamente con Nelliel o Riruka.

Caminaron sin hablarse hasta que llegaron a un río, la Kuchiki pareció perder su mirada en el sol que cubría el río, dándole un aspecto brillante. Haciéndolo incluso más hermoso de lo que era. Se sintió reflejada en él, siendo ella el río e Ichigo el sol. ¿Podría llevarlo en su corriente? ¿Podría su luz iluminarla incluso en la noche? Era tonto tener esos pensamientos, pero allí estaban, ¿acaso le gustaba su esposo? Sonrió al pensar aquello, no era posible, admitía que tenía su encanto pues era un hombre hecho y derecho, con todo lo que una chica podría desear. Pero ella era una mujer, no una chiquilla enamoradiza.

― ¿Quién les dirás que soy? ―cuestionó, haciéndose por primera vez esa pregunta también a sí misma. ¿Quién era?

―Y…si voy a pedirle al viejo dinero para el divorcio, supongo que tengo que decirle que eres mi esposa.

Rukia torció su boca al escucharlo, ¿tan malo era ser esposo de ella? Pero no se pondría a la defensiva, después de todo se moriría de tener que presentárselo a su padre, quien por cierto había insistido en pagarle el divorcio pero eso implicaba volver y muchos contratos para pactar el silencio de Ichigo y ella quería que su vida dejara de rondar a los Kuchiki. Quería olvidar por un momento que era parte de ese clan, y resolver eso como pudiera. Si no conseguía nada con los Kurosaki, pues cedería al plan de su padre.

Siguieron su camino y no tardaron mucho hasta llegar a la residencia Kurosaki, era una casa simple de dos pisos con una clínica al lado. Como la casa de Ichigo y su taller, ahora que lo pensaba, ¿fue su padre quien pagó aquella casa o él la alquilaba, el taller también lo alquilaba? Sacudió su cabeza para alejar esas preguntas, luego de un par de días no se verían más, no tenía sentido seguir indagando en su vida.

Antes de que pudieran acercarse a llamar a la puerta, una de las cortinas del segundo piso se abrió, dejando ver a una chica de negros cabellos, con dos mechones cayendo a sus costados, ésta detuvo todo movimiento al verlos, más bien al verlo a él. Los ojos azules quedaron clavados en ellos y de un momento a otro las cortinas se cerraron, se abrieron y se volvieron a cerrar. Parecía no creer lo que veía. Abrió la ventana y sacó medio cuerpo, pronunciando el nombre de su hermano, recibiendo un saludo como respuesta.

Ante todo pronóstico que pudiera dar, la chica volvió a meter su cuerpo dentro y esta vez arrojó un zapato por la ventana, dándole justo en el rostro al hombre. Rukia no sabía si reír o qué hacer, así que se limitó a recoger el zapato y quedarse al margen de la situación.

― ¡Karin, ¿qué diablos te sucede?!

―Quería saber si eras real ―dijo provocando un sentimiento de culpa en el mayor, ¿tanto lo había estado esperando que hasta fantaseó con ese momento? ―Ahora bajo, ¡Yuzu…!

La morena desapareció tras la ventana e Ichigo, renegando pero con una sonrisa, le indicó que se acercara. Al estar a una distancia razonable de la puerta, se podía escuchar el escándalo dentro, como si alguien tratara de ordenar todo y como si alguien… ¿llorara? Dramatizara mejor dicho…y era la voz de un hombre.

La puerta se abrió y un hombre mayor de edad, con sus buenas canas en el cabello, derribó a Ichigo con una patada voladora. Debía darles crédito a esa familia, sí que sabían cómo golpear a Ichigo.

― ¡Eso es por no venir a visitarnos más seguido, desgraciado! ―dijo el hombre, el que supuso era Isshin, mientras levantaba un puño. De pronto, fue ella el centro de atención y se sintió cohibida a responder luego de aquella escena, Isshin tenía el ceño fruncido y la miraba muy seriamente. Pero de repente, quedó tirado en el suelo a un lado de Ichigo. La responsable: la mencionada Karin, quien le había dado con su puño a su padre.

― ¡Compórtate que hay visitas! ―le reprochó, volteando hacia la Kuchiki―. Hola, lamento todo esto. Es…tradición familiar, aparentemente.

―Está bien, mucho gusto, soy Rukia Kuchiki ―saludó haciendo una reverencia.

―Karin Kurosaki, ella es mi hermana Yuzu ―dijo señalando a su gemela, que de gemela no tenía nada, su cabello era castaño al igual que sus ojos y no estaba tan…dotada como Karin. Pero no acotaría sobre el tema―. Y esa cosa que está ahí tirada es nuestro viejo loco, Isshin.

―Mucho gusto ―dijo a Yuzu, mientras también le hacía una reverencia a Isshin que aún seguía en el suelo.

Yuzu estaba callada, con los ojos a punto de soltar lágrimas, mientras veía muy concentrada a su hermano que recién se estaba recuperando del golpe y comenzaba a jurar una venganza contra su padre. Se acercó hasta él y se arrodilló a su lado, y llenos de incredulidad todos vieron cómo le propinó una bofetada.

-.-.-.-.-.-

Más tarde estaban todos en la sala, Rukia ya había conocido el famoso poster de la madre de aquellos tres, Misaki, la cual debía señalar era muy hermosa, Yuzu era la más parecida a ella en rasgos de la cara mientras que Karin era más parecida en cuerpo. No tuvo mucha participación en todo el "reencuentro" hasta que Ichigo la presentó como su esposa, y entonces toda la atención cayó en ella. Fue en ese momento que se maldijo por no inventar algo sobre la boda, pues era un pésimo recuerdo para ellos que mencionara que se casaron bajo el efecto del alcohol, la noche que Ichigo terminó en el hospital, pero para su sorpresa Isshin le agradeció, pues de no haber pasado esa noche de esa forma quién supiera dónde habría estado cuando se puso en ese estado.

Yuzu no paraba de llorar, alegando entre balbuceos que estaba muy feliz de poder conocerla y que no podía creer que tuviera una cuñada. Karin se mantenía más al margen, pareciendo aburrida de la situación pero no queriendo retirarse.

Luego, nuevamente la atención fue puesta en Ichigo, qué estuvo haciendo, cómo le fue en el taller, si tenía alguna novia que tuvo que dejar para poder consumar su matrimonio. Ante aquella palabra mal elegida, ambos escupieron lo que estaban bebiendo, ¿consumar? ¡Nadie había consumado nada!

―Oh, ya veo… ¿es que acaso no quieres que conozca a mis nietos? ―dramatizó Isshin, mientras lloraba.

Ichigo y Rukia se miraron apenados, ya no por la insinuación sino por la noticia que debían dar. Ellos parecían muy felices de aquella unión, y ahora debían decirles que iban allí buscando ayuda para el divorcio. Aunque para ser francos, ninguno sabía por qué no lo habían mencionado desde el principio, por qué se comportaban como…como lo que eran: un matrimonio visitando a la familia.

―Viejo…

―No nos gusta hablar de ese tema ―rió Rukia, con un tono suave que cautivó a los Kurosaki―, solo que con esta repentina noticia recién nos estamos conociendo.

―Oh, van lento, me parece bien. Tengo muchos folletos en la clínica sobre cómo hacer bebés, les regalaré algunos ―respondió cantarín Isshin, encantando con la idea y con su nuera.

Ichigo la miró sin entender y ella negó despacio con su cabeza, no ese día, ni en ese momento. No arruinaría ese encuentro. Para Yuzu e Isshin que estaban festejando el matrimonio de Ichigo esto pasó desapercibido, pero para Karin su silenciosa charla no fue pasada por alto, pero decidió guardar silencio, de todos modos no era su asunto.

Más tarde, luego de almorzar y pasar una agradable tarde, Yuzu insistió en que se quedaran a cenar, pese a prácticamente saber todo sobre Rukia querían preguntarle más cosas. Pero ambos se negaron y alegaron que debían volver a casa, Isshin codeó con complicidad a su hija menor y ésta rió pícaramente con él: "ya querían volver a casa". Rukia rió e Ichigo se mostró fastidiado, pero al menos había llegado la hora de irse, las despedidas fueron cálidas menos por parte de Karin, quien desde aquel momento no la trató muy cordialmente, ni a ella ni a su hermano, fue así como supieron que los había descubierto.

Al estar a una distancia prudencial de la residencia Kurosaki, Ichigo la detuvo tomándola de un brazo, necesitaba explicaciones, ¿qué ganaba con darle falsas esperanzas a su familia? Además, ahora seguirían casados, ¿acaso eso era lo que quería? ¿Qué pretendía que dijera cuando se fuera, que no funcionó, que iba a ver a su padre y luego volvería? ¡Nada de eso tenía sentido! No quería decepcionar nuevamente a su familia…

―Lo siento―se disculpó realmente apenada, no lo había visto de aquella forma, ella solo quería evitarles el mal momento aquel día―. Solo no quería arruinar su reencuentro.

― ¿Y no se te ocurrió que es la única vez que los verás? ¿No te vas a ir mañana?

― ¿Me estás echando? ―preguntó sintiendo cómo comenzaba a enojarse.

―Por cómo te comportaste hoy, sí. Creo que te estoy echando. Ya no te quiero en mi casa.

―Eres increíble ―dijo zafándose del agarre―, ¿por qué, porque le caí bien a tu familia, porque tienes miedo de una relación real?

― ¿De qué relación real me hablas? Ni siquiera nos hemos besado ―objetó el hombre, cabreado por la situación.

―Eso porque no tienes el coraje suficiente―. ¿Por qué decía todo eso? Era como si no fuera dueña de sus palabras, era ilógico pedirle aquello, era ilógico aquel sentimiento de pérdida en su corazón cuando él insinuó que la dejaría ir. Pero se iría, algún día tenía que hacerlo, nada en ese matrimonio era real.

―Enana, hija de…―Ichigo levantó un puño como tratando de aplastar aquel insulto, ella le plantó cara pero nunca se esperó que la tomara de repente y la levantara lo suficiente como para besarla.

Fue como aquel abrazo, sintió nuevas e increíbles sensaciones, ¿cómo era posible que a través de un beso se pudiera sentir tanto? Se separaron pero sin decir nada volvieron a unir sus labios, todo aquello no tenía sentido, pero aun así lo sentían. Ella lo sentía, ¿y él? Bueno, también la había vuelto a besar. Enredó sus brazos en su cuello y sus piernas en su cadera, él la llevó contra una pared y con nada de delicadeza la apoyó contra ella, aquel beso estaba subiendo de tono y nada de eso pintaba salir bien, sentimientos confusos, emociones nunca experimentadas y el principio de una historia nueva.

Continuará…

¡Al fin se dieron un beso! No quería hacer una escena muy cursi porque ellos no son taaan cursis, ya veremos qué pasa cuando lleguen a casa jajaja ¿qué pasará en la mañana siguiente? (aclaro que no habrá lemon) XD a todo esto, ¿qué pasó con Senna y Uryuu? ¿Y Orihime? Los espero en el próximo cap :D si les gustó dejen review n.n/

Ja-ne.