Capítulo 4

EL CONDUCTOR metió la maleta de Bella en la limusina.

Ella se deslizó en el coche con un gran sen timiento de culpa, pero, al recordarse a sí misma que ella solo era culpable de ser la víctima de su cuñada Kate, levantó la cabeza con dignidad.

-Te he hecho una pregunta -le recordó Edward fríamente-. ¿Por qué tenías esa expresión de culpabilidad mientras hablabas con Jacob?

-¡Sería vergüenza! -contestó ella echando la cabeza hacia atrás - ¿Te importaría dejar de comportarte como un tirano victoriano interro gando a su mujer?

-¿Cómo?

-Jacob es amigo mío y no creo que tenga que justificar nada al respecto -contestó ella desa fiante-. Después de todo, nunca ha sido mi amante... no como Tanya, la ex novia a la que me restregabas por las narices prácticamente casi todos los días de nuestra convivencia.

-¡Eres una exagerada! Tanya era la mejor amiga de mi hermana. ¿Qué iba a hacer decirle a Rosalie que Tanya ya no podía ir a casa?

-No, claro que no. ¡Nunca habrías tenido la delicadeza de hacer eso por mí! -le espetó ella dolida recordando todas aquellas miraditas y comentarios humillantes entre risas. Tanya y Rosalie se habían aliado para hacerla flaquear.

-Accidenti...

-Tuve que aguantar a Tanya -recordó con amargura. - De hecho, me llamaste boba, quis quillosa y rencorosa cuando sugerí que tu hermana y ella podían quedar en otro sitio que no fuera nuestra casa, ¡ así que tú no tienes derecho a decir nada sobre mi amistad con Jacob!

-¿Así de claro?

-Sí, así de claro -contestó ella muy enfadada.

Al instante, se deshinchó como un balón. Sintió un terrible pánico al darse cuenta de que no era el mejor momento para recriminaciones del pa sado. Su relación era demasiado frágil.

-Sabía que te sentías intimidada ante la pre sencia de Tanya -admitió Edward. Bella se quedó muy sorprendida - De hecho, me gustaba que estuvieras celosa. Entonces, me gustaban los castigos de ese tipo. Una guerra de desgaste en la que tú jugabas con desventaja, cara -con tinuó él con remordimientos agarrándola de la mano-. Tu no tenías ni idea de lo que había por debajo de nuestro matrimonio, ¿ verdad?

-No -contestó ella asombrada y asustada ante la confesión de que hubiera jugado con ella tan cruelmente.

-No se repetirá -le prometió apretándole la mano y acercándose a ella.

A Bella se le aceleró el corazón. Le faltaba el aliento. Se estaba tomando su tiempo. Ella no podía más, quería que la tocara.

-No hay prisa -dijo él pasándole los dedos por el pelo y haciendo que ella sintiera un deseo salvaje - No voy a caer sobre ti como un depre dador. Relájate -imposible con tantos recuerdos . de él llevándola a la cama y haciéndola gozar -deja de temblar... Te prometo que no te voy a hacer nada que tú no quieras.

Bella lo agarró de la nuca y lo acercó.

-Bésame... por favor.

-¿Bella...?

-¡Cállate! -murmuró esperando que la be sara.

Edward se quedó paralizado durante un se gundo. La agarró y la besó con una pasión ante la que el cuerpo de Bella reaccionó con gozo. Sintió que se derretía por dentro de placer.

Edward la apartó y ella abrió los ojos y. tomó aire. Era consciente de la humedad que sentía entre los muslos y de la facilidad con la que la excitaba. Intentó no avergonzarse de ello, como hacía en el pasado.

-Hemos llegado al aeropuerto -dijo mirándola.

¿No había querido siempre que demostrara algo de entusiasmo? ¿Le habría parecido poco femenino o le habría gustado? Incapaz de mi rarlo por temor a descubrir que se había vuelto a equivocar, Bella no dijo nada. Se limitó a salir de la limusina. ¿Qué tipo de bienvenida le daría la familia Masen? Para ella, aquel encuentro no iba a ser nada fácil:

Al aterrizar en Heathrow, los guardaespaldas los estaban esperando por si aparecían los perio distas. Bella se alegró de que pudieran irse sin in cidentes, pero sabía que al día siguiente iban a hacer un comunicado anunciando el regreso de Edward. Todos los paparazzi los perseguirían para conseguir la primera foto del aparecido.

Bella se secó el sudor de las manos en el ves tido. ¿ Y si algún periodista comentaba las acusa ciones que se habían vertido sobre ella a los tres meses de su desaparición? Se le congeló la sangre en las venas. Aquella fotografía parecía que no dejaba lugar a dudas. La cara de la mujer a la que estaba besando Jacob no se veía, pero sí el coche en el que estaban apoyados, que era el de Bella.

Bella se sintió cansada de repente, todo el peso de aquel día se le fue encima. Entraron en la casa por la puerta de atrás. Al entrar, Edward la miró.

-No creo que sea una buena idea que os pon gáis a hablar de viejas diferencias esta noche. Todos estamos muy cansados.

Con toda su buena intención, lo que le estaba dando a entender es que esperaba que limaran sus diferencias pronto.

No le dio tiempo a decir nada porque vio una foto enorme de Tanya Denali en una mesa. La guapa pelirroja tenía entre sus brazos a un niño moreno, seguramente su hijo. Edward le abrió la puerta del salón y ella entró intentando conven cerse de que le importaba un comino que la fami lia Masen prefiriera a la ex novia. Al entrar, se encontró con tres personas. Garrett se levanto ha cia ellos. Aunque era cuatro años más joven que su marido, parecía mayor. Era rechoncho, corpu lento y de ojos castaños.

-¡Bienvenido a casa! - exclamó abrazando a su hermano.

Seguramente, se habría pasado todo el ca mino de vuelta desde Brasil abrazándolo. Bella tuvo que reconocer que lo adoraba. Rosalie, ocho años más joven que Edward, se quedó junto al fuego mirando a Bella con disgusto.

Kate, la mujer de Garrett, se acercó con una sonrisa incierta, como insegura, pero queriendo agradar. Siempre se había llevado bien con Edward y, por eso, se había portado bien con Bella cuando se casaron.

La italiana era pequeña y castaña, como Bella, pero no se parecían en nada más. Ella tenía la cara ovalada y los ojos azules.

-¿Qué tal estás, Bella?

-Bella está exhausta por todas las emociones, así que estoy seguro de que no os importará que se vaya a la cama -intervino Edward contes tando por ella- ¿Te importaría acompañarla, Kate?

Bella se fue en compañía de Kate. Era irónico. Edward había creído que la estaba haciendo un favor porque habían sido amigas.

-Bueno... es toda una sorpresa que hayas vuelto aquí con Edward, ¿verdad?

Aquella vocecilla de niña pequeña hizo que Bella sintiera un escalofrío por la espalda. Aquella mujer había construido a la perfección su imagen de camuflaje mucho antes de que ella llegara a la familia. Garrett la había conocido cuando era un estudiante y ella resultó ser siete años mayor que él. Kate se quedó embarazada rápidamente y lo convenció para casarse a es paldas de su hermano mayor.

-¿Qué tal está mi sobrina Sasha? -preguntó Bella ignorando el comentario de la otra.

-Bien. Está interna -contestó Kate molesta porque le preguntara por su hija de seis años.

No la consolaba en absoluto haber descu bierto cómo era Kate en realidad. Recién casada con Edward, se había alegrado mucho al creer que había encontrado una amiga en su cuñada, pero el tiempo le demostró que Kate era capaz de hacer lo que fuera para protegerse, aunque fuera lo más bajo.

Al llegar a las habitaciones, Bella fue hacia la que había sido la suya.

-Lo siento, pero esta es la que ocupa Tanya cuando viene con Anthony -se disculpó Kate-. Toda vía no me ha dado tiempo a cambiar las cosas.

Aquello era increíble. ¿Tanya Denali y su hijo se quedaban en la habitación principal cuando iban de visita?

Kate la condujo a una habitación de invitados en el mismo pasillo.

-No me has perdonado, ¿verdad? -preguntó Kate suspirando.

-No creo que debamos hablar del pasado.

-Pero no puedes ignorar lo que está suce diendo. ¡Garrett se muere por contarle a Edward lo de Jacob y no se va a callar por ti!

-¿Por mí? ¡Fuiste tú la que tuvo la aventura con Jacob!

-Sin comentarios -contestó Kate de manera ridícula.

-Hace cinco años, la prensa dio por hecho que la rubia de aquella fotografía era yo y yo te encubrí -le recordó molesta por su burla - ¡No quería hacerlo, pero tú me convenciste de que sería muy egoísta por mi parte decir la verdad y hacer que Garrett y tú tuvierais problemas!

-Y así habría sido. ¡ Yo tenía que preocu parme por Sasha y además no creí que Edward fuera a volver nunca! -se defendió Kate - Por supuesto te estoy agradecida por lo que hiciste...

-Sí, tan agradecida que, en cuanto pudiste, te uniste a Garrett y a Rosalie en sus ataques con tra mí -la interrumpió Bella dolida ante aquellos recuerdos ¡Me tuve que ir de esta casa y tú te alegraste tanto como los demás de ello!

-¿No entiendes que estaba asustada de que Garrett pudiera sospechar de mí si no le seguía el juego?

-Lo único que entiendo es que, además de sufrir por mi marido, tuve que aguantar un cas tigo por algo que yo no había hecho. Solo quiero que sepas que, si este tema vuelve a salir a relu cir, le diré a Edward la verdad...

-¡Y yo diré que estás mintiendo! ¿Quién te iba a creer después de tanto tiempo? Recuerda que te apoyaste en Jacob cuando Edward desa pareció. Eso es lo que los demás recuerdan.

Bella se quedó pálida. Qué tonta había sido por haber encubierto a su cuñada cinco años atrás. Kate la había convencido diciéndole que estaba arrepentida y que seguía queriendo a Garrett con locura. Hizo que Bella se sintiera culpable si no la ayudaba. Ella creía que Kate era su amiga. Lo único que tenía que hacer era no decir que aquella mujer no era ella. Desgra ciadamente, las consecuencias habían sido mu cho peores de lo que Bella había supuesto.

-Sinceramente, no creo que Edward fuera a contárselo a Garrett... por Dios, Kate -murmuró Bella desesperada- Te dije que, si Edward volvía algún día, le diría la verdad y tú estuviste de acuerdo.

-Claro -contestó su cuñada con una sonrisa malévola - ¡Me casé con un zoquete, pero un zoquete muy rico y no hay nada que" no haría por seguir con él! -Bella se quedó mirándola enfadada por lo que acababa de decir de Garret. - Nadie creerá que yo he sido infiel a mi marido, así que no me amenaces...

-No te he amenazado...

-Bueno, te vas a llevar una buena sorpresa -murmuró Kate con veneno-, de la que no te puedo adelantar nada porque lo he prometido. Espera y piensa, a ver si tu matrimonio tiene fu turo antes de cargarte el mío.

Cuando la rubia cerró la puerta triunfante, Bella se quedó pensativa. ¿Una buena sorpresa? ¿De qué estaría hablando? Bella se dio una ducha e intentó olvidarse de Kate. Menos mal que Jacob no tendría problema en reconocer su aventura. Se tranquilizó

Al volver de la ducha, su maleta seguía donde la había dejado, algo raro en una casa en la que el servicio se ocupaba de esas cosas in mediatamente. Bella se puso el camisón y se metió en la cama preguntándose cuánto tardaría en subir Edward a dormir.

La despertó su voz. Bella encendió la luz y se lo encontró maldiciendo porque se había trope zado con la maleta.

-¿Por qué no ha venido alguien a deshacer tu equipaje? ¿Y por qué te has instalado en una ha bitación que está tan lejos de la mía? -le preguntó enfadado apartando las sábanas y aga rrándola en brazos.

- ¿Qué haces...?

-Vamos a dormir en la misma habitación y en la misma cama -contestó él ya en el pasillo.

-Yo no tenía ninguna intención de dormir sola -contestó ella cuando la depositó en su cama.

Per meraviglia! ¿Se supone que me tengo que creer eso?

Se quitó la chaqueta mientras agarraba el te léfono interno para hablar con alguien del servi cio. Mientras lo hacía, se quitó la corbata y se desabrochó la camisa. Bella se derretía. Aun fu rioso, estaba de lo más guapo. Se quedó sin res piración cuando él dejó caer la camisa. Un me tro y noventa y cinco centímetros de piel morena y masculina, hombros anchos, pecho musculoso, tripa dura.

De repente, Edward la miró agresivo.

-¿Qué?

-¿Perdón?

-¿No pretenderás que me vaya al baño a des nudarme? ¡Cierra los ojos!

-Pero Edward, yo no estaba...

-Llevo casi cuarenta y ocho horas sin dormir -dijo en tono salvaje - ¡Métete bajo las sába nas, date la vuelta y haz como si estuvieras sola!

A Bella le rechinaron los dientes mientras obedecía. ¿Por qué siempre había malentendi dos entre ellos?

-No soy tan puritana como antes. ¡He madu rado mucho! -se defendió.

Edward apagó las luces y se acerco a ella, agarrándola con ambas manos.

-Las mujeres maduras no necesitan vodka, cara -le susurró entre el pelo - Si hubiera tenido un problema de ego, gracias a ti me habría hecho impotente. Me pasé siete meses escu chando las excusas más peregrinas para no te ner relaciones sexuales y, luego, cinco años en tre la cárcel y la cantera. ¡Seguro que era el único que tenía fantasías con su mujer en cami són porque nunca la había visto desnuda! -tem blando de mortificación y con lágrimas en los ojos, Bella tragó saliva con fuerza. Edward dejó escapar un bostezo-. Pero me quieres. A tu manera, los zapatos que llevabas esta tarde eran un símbolo de entrega. De momento, me quedo con eso.

¿De momento? Bella abrió los ojos, cons ciente de su cercanía, de su olor masculino, de su calor. Volvió a tragar saliva. Lo deseaba tanto... Se mojó los labios.

-No necesito vodka... -dijo.

El silencio fue lo único que se oyó. Bella se quedó escuchando su respiración y dejó caer su mejilla sobre la mano de Edward, que descan saba sobre la almohada. Había vuelto. Ya era suficiente. Todo lo que quisiera, lo tendría... la próxima vez, no se mostraría tan dispuesta. Eso era todo. Lo quería tanto... ¡Ni siquiera aquella maldita familia podría separarlos!

Edward la despertó al amanecer. Él ya es taba vestido

-Tengo rueda de prensa a las diez -anunció.

-Ah... -contestó ella pálida ante la idea.

-Va a ser un circo, así que no es necesario que vengas, cara -le dijo sentándose en el borde de la cama - Por la tarde, tengo un mon tón de reuniones con los del banco y con los abogados. Creo que sería mejor que fuéramos a Italia cada uno por nuestra parte.

-¿Por qué?

-Porque no quiero que los periodistas se en teren de dónde vamos. Uno de mis guardaes paldas te acompañará en un vuelo privado esta tarde. Yo iré a la villa... seguramente mañana.

Llamaron a la puerta.

Un rayo de exasperación cruzó su preciosa cara. Edward se levantó y fue a ver quién era Bella oyó la voz de Garrett.

Antes de irse, Edward la miró sonriendo.

-Parece ser que la villa es más grande que una madriguera, pero no es una comuna -le dijo de lo más natural.

Solo tenía unas horas antes de irse a Italia. Bella sonrió encantada. Una doncella le llevó el desayuno a la cama. Sonó el teléfono.

Era Jacob.

-¿ Cómo demonios sabes dónde estoy? -pre guntó confusa.

-No me costó mucho. Hubo un tiempo en el que yo iba bastante a esa casa -le dijo él impa ciente-. Mira, he venido a Londres solo para verte.

¿Por qué no iba a verlo antes de irse? Des pués de todo, era un buen amigo que se había ofrecido a ayudada sin algún día lo necesitaba. Seguro que le gustaba oír la historia de cómo Edward había vuelto a casa y, además, tenía que decirle que Kate estaba decidida a mentir si todo aquello salía a relucir

Jacob le sugirió que se vieran en su hotel. Bella llamó un taxi y salió por la puerta de atrás de la casa. Jacob, tan elegantemente vestido como siempre, la estaba esperando en el vestí bulo.

-Me alegro mucho de verte -le dijo Bella acompañándolo a uno de los salones. .

-Cuéntame qué ha pasado en la casa -le pi dió Jacob tras pedir té para ella y un refresco para él.

-Te iba a preguntar primero qué tal estás. Hace tiempo que no sé nada de ti -contestó Bella molesta. .

-Me parece que tu situación es más impor tante.

-Bueno, aquello que me advertiste ha suce dido. Me dijiste que estaba loca por confiar en Kate y tenías razón. Me ve como la peor de sus enemigas y Garrett quiere que confiese ante Edward. Cuanto antes se aclare todo, mejor.

-¿ Quieres que yo diga que tu versión es cierta? .

-Espero que no tengamos que llegar a eso. Sé que sería embarazoso para ti -contestó Bella sonrojándose.

-Le diré a Edward lo que tú quieras, pero eso tiene un precio.

-¿Cómo? -dijo Bella frunciendo el ceño.

-Déjame que te cuente algo -dijo él mirán dola-. Mi amiga de toda la vida se casa con un tipo inmensamente rico y, ¿qué hace por mí?

Bella se quedó rígida.

-¿Dónde quieres ir a parar?

-¡Me conseguiste un trabajo miserable en una finca de los Masen! Y cuando te pedí dinero para montar una empresa me dijiste que Edward creía que era demasiado joven como para embarcarme en algo así.

-No sabía que siguieras molesto por aque llo... -contestó ella recordando lo ocurrido al poco de haberse casado con Edward.

-No, claro. Edward desapareció poco des pués y yo me di cuenta de que la señora Masen era una inversión a largo plazo que había que mimar -se rió-. Dos años más y Edward habría sido dado por muerto oficialmente. ¡Por mucho que su familia se hubiera opuesto, tú ha brías heredado la mayoría de las pertenencias de Edward! ¿Te habrías mostrado más gene rosa entonces, Bella? A eso es a lo que yo estaba esperando...

-No me puedo creer que lo estés diciendo en serio. Te portaste tan bien conmigo cuando él desapareció...

-Sí, pero esta vez, tendrás que pagarme. No pienso admitir que tuve aquella aventura con Kate a menos que me recompenses. Si no lo ha ces, me pondré del lado de Kate y te hundiré...

-¡Eso es repugnante! -gritó.

-Piénsatelo mucho antes de decirme que siga adelante -le aconsejó Jacob.

-Me estás haciendo chantaje...

-Quiero... -continuó él diciendo una cifra de dinero tan desorbitada que hizo palidecer a Bella-. No todo de golpe, por supuesto, pero es pero un primer pago como fianza de tus buenas intenciones. Como siempre me has contado todo, sé exactamente lo que tienes en el banco. Ya no vas a necesitar ese dinero, así que puedes hacerme un cheque...

-Jacob, por favor...

-Elige. Kate no se lo pensaría un momento sí le fuera con lo mismo -le advirtió-. Si fuera así, ya puedes despedirte de Edward.

Imaginarse a Jacob y a Kate conspirando jun tos para destrozar su matrimonio, hizo que Bella se sintiera acorralada y con nauseas. ¿ Cómo iba a creerla Edward si todos los de más aseguraban que era culpable?

Con manos temblorosas, Bella sacó la che quera del bolso. Sin mirar a Jacob, dejó el che que sobre la mesa, se levantó y salió del hotel.