Capítulo 6
- QUIERO saber todo lo que te pasó en Montavia -murmuró Bella en tono so lemne.
Edward la observó, sentada en el borde de la piscina. Salió del agua, completamente des nudo, moreno y húmedo. Ella intentó concen trarse, pero no podía.
Era media tarde del día siguiente y, tras haber comido en la habitación, habían decidido salir de ella. A Bella le dolía el cuerpo entero por la pasión con la que hacían el amor, pero había algo más importante, estar juntos; aunque no hablaran de nada en especial. Sabía que Edward sentía lo mismo porque ninguno de los dos quería dormirse a pesar de que estaban ex haustos. .
-Lo del secuestro queda muy atrás, cara -dijo él secándose.
-Necesito saberlo... -insistió Bella.
Solo se oía a los grillos.
-Muy bien. Lo primero que hicieron fue ma tar a mi conductor delante de mis narices -comenzó Edward de repente. Se le tensaron los músculos y los ojos se le ensombrecieron-. A mí me metieron en la parte de atrás de una fur goneta y me dieron una paliza. Rutina.
Bella sintió que se le iba el color de la cara y que le entraban ganas de vomitar.
-Pero, ¿por qué te buscaban esos soldados? ¿Qué quería esa gente de ti?
-Algún idiota creyó que secuestrándome iban a conseguir que les condonaran las deudas del anterior gobierno por arte de magia -con testó en tono de burla- Después, alguien un poco más listo se dio cuenta de que secuestrar a un banquero no iba a dar muy buena imagen en el mundo del nuevo régimen, por no hablar de las inversiones extranjeras -Bella asintió inten tando no pensar en que lo habían golpeado. Las lágrimas le abrasaban los ojos-oDe repente, era un estorbo. Conseguí que no me mataran con venciendo al jefe de que tenía tanto dinero que podía pedir un rescate a mi familia y hacerse rico -continuó.
-Y, entonces, resultaste herido otra vez...
-Cuando las fuerzas rebeldes atacaron, tira ron una granada en la celda en la que yo estaba. Cuando recobré la consciencia, estaba en una camilla en mitad de la selva. Tenía las dos pier nas rotas, no me podía valer por mí mismo, y estaba temporalmente cegado por la explosión -recordó con tristeza-o Además, tenía un fuerte golpe en la cabeza. Me hice el tonto hasta que me inventé una identidad creíble para que mis rescatadores creyeran que estaba de su parte. Cuando había recuperado la movilidad sufi ciente como para huir por la frontera más pró xima, el hospital fue arrasado por las tropas gu bernamentales.
-Y no te atreviste a decir quién eras -añadió ella sintiendo la frustración que debía de haber sentido él. .
-Los meses siguientes fueron los peores -ad mitió Edward-. Pasé mucho tiempo aislado en celdas de castigo porque siempre estaba metido en peleas.
-¿Tú?
-Dos de los tipos que llegaron conmigo fue ron asesinados por otros presos -contestó él con impaciencia- A mí también me habrían matado si no hubiera aprendido a defenderme. En aquel momento, estaba convencido de que me iba a pasar toda la vida encerrado, así que, durante un tiempo, no me importó demasiado lo que me sucediera, pero, cuando al cabo de unos meses, nos sentenciaron por nuestros supuestos críme nes contra el Estado, me dijeron que me solta rían en un par de años.
Bella juntó las manos con fuerza, dándose cuenta de la ingenuidad con la que había pen sado en cómo lo habría pasado.
-Debió de ser muy duro -murmuró. Al ins tante, deseó haber dicho algo menos tonto.
-Montavia me enseñó a valorar lo que tengo -contestó él agarrándola de la mano- ¡No quiero vivir en el pasado al que he tenido la suerte de sobrevivir! Perdí mi libertad, pero no perdí nada que realmente me importara. ¡Ahora que he vuelto, estoy decidido a deshacerme de todo lo que no quiero!
Bella bajó la mirada ante aquello. ¿Qué haría cuando le contara lo de Jacob y Kate? ¿A quién creería? Siempre había confiado más en su fa milia que en ella, ¿verdad? Se imaginó a Da miano deshaciéndose de ella tal y como acababa de decir. Seguramente, no perdería el tiempo averiguando si era o no culpable.
No podía quitarse de la cabeza lo que le había dicho el hombre del Ministerio de Asuntos Exte riores. ¿Y si su amor por ella solo era una cosa temporal, una fase de transición? Nunca le había dicho que hi quisiera. Sabía que se preocupaba por ella y que la deseaba físicamente, pero no era suficiente. ¿Cómo se lo tomaría si él decidiera de jada al cabo de unas semanas? ¿No sería lo más normal cuando se enterara del supuesto romance?
-¿Qué te pasa? -preguntó él asustado por su cambio de humor.
-¡Nada! -contestó ella quitando la cara- Es taba pensando cómo conseguiste llegar antes que yo ayer.
-Me fui de la reunión del banco antes de lo previsto -ella asintió confusa- En cinco años, el banco ha tenido tres directores, así que los constantes cambios en la política que se debía seguir y la mala gestión han hecho que los be neficios bajen. Quieren que vuelva, a pesar de todo. De hecho, quieren que vuelva el Edward de antes.
-Entonces... eh, ¿por qué te fuiste tan pronto de la reunión?
- Porque no quiero presiones ahora que acabo de volver. El Banco Masen tendrá que espe rar.
Bella tragó saliva con fuerza al oír aquello que no creía que nunca oiría. Antes de desapa recer, Edward había vivido por y para el banco, los mercados de valores y los negocios. Era un adicto al trabajo que trabajaba de doce a dieciocho horas diarias. A su pareja la veía entre citas, viajes al extranjero, reuniones de nego cios y cenas, lo que ocupaba buena parte de la semana.
-Dentro de aproximadamente tres semanas, tengo otra reunión en Roma. Seguramente, mis colegas italianos comprenderán mejor lo que un hombre quiere después de no ver a su mujer du rante tanto tiempo... - comentó él sonriendo di vertidamente perverso.
-¿Ah, sí? -dijo Bella con el pulso acelerado. Aquella mirada suya tan sensual la hacía mare arse como si fuera una adolescente. .
-Sobre todo, cuando el tipo del que habla mos sabe que antes su mujer era una de las es posas más desatendidas de Londres...
-Pero solías atenderme en la cama...
-Sí, pero no conseguía llegar muy lejos, ¿ verdad? Me tenías a pan y agua...
-Ya no contestó ella viendo claramente los errores que había cometido durante los prime ros meses de su unión. Aquel hombre tan guapo con el que su mujer no quería acostarse, cuando él tenía todo el derecho del mundo... Otros no lo hubieran aguantado. ,
-Aquello hizo que te deseara cada día más... -rió Edward abrazándola-. De hecho, no me importa confesar que tú y tu actitud me propor cionasteis momentos de excitación estupendos. Eso sin hablar de la noche que me di cuenta de que estabas mordiendo la almohada para no emitir ni un ruido. Supongo que no querías que creyera que te podía estar gustando...
-No... ¡Era porque tu hermana estaba en la habitación de al lado contestó Bella roja como un tomate.
-Per amor di Dio... ¿Estabas pendiente de eso? -preguntó Edward mientras la metía en el agua color turquesa de la piscina- Yo nunca pensé en ello. Eras una cría... y querías elegir los momentos oportunos, ¿verdad? Justo ahora que te iba a persuadir para que te quitaras el bi quini e hiciéramos el amor al aire libre... -a Edward se le quitó la expresión seductora de la cara en el preciso instante en el que oyó el batir de las aspas de un helicóptero sobre sus cabe zas-. ¿Qué demonios es eso? -preguntó indig nado.
-Y tú como tu madre te trajo al mundo. ¿Y si son periodistas? -murmuró nerviosa- Sé que te encanta el riesgo, pero si Garrett creía que las acciones de bolsa podían bajar por que te vieran en vaqueros, ¿qué pasaría si te descubrieran completamente desnudo? -los dos se quedaron boquiabiertos al ver que el aparato sobrevolaba sus cabezas y se dirigía a un lateral de la villa - ¿Tenemos visita?
-Pequeña brujita -gimió él agarrándola de la barbilla y besándola con una fruición que hizo que ella se olvidara de helicópteros, visitas e in cluso del hecho de que estaban en el agua. Edward la agarró del trasero y la empujó contra él para que sintiera su salvaje erección, tras lo cual dijo algo en italiano con impacien cia-. ¿Quién aparte de la familia sabía que estamos aquí?
Pasaría algún tiempo antes de que Bella su piera la contestación a esa pregunta. Edward se vistió rápidamente en el vestuario situado junto a la piscina y ella agarró una toalla y subió a cambiarse a su habitación.
Al bajar, entró en el salón principal, una es tancia grandiosa decorada como un palacio, con tapices y muebles maravillosos. Incluso Edward había quedado impresionado en aquella sala cuando había estado dando una vuelta por la casa el día anterior. Bella reconoció rápidamente a la pelirroja que estaba sentada sola en un sofá.
-¿Alice? ¿Qué haces aquí sola? -se apresuró a decide.
-Bueno, tu marido y el mío, ante la emoción del reencuentro, se han olvidado de mí. ¡Los he visto salir a la terraza con una copa! -contestó la aludida poniéndose en pie, elegantemente vestido con un vestido turquesa.
-Oh, querida... -contestó Bella mirando por la ventana a ver si los veía. No estaban.
-Me alegro tanto por vosotros -dijo Alice agarrándola de la mano con cariño - No podía parar de llorar cuando me enteré y Jasper se mo ría por verte -continuó con un brillo de disculpa en los ojos.
-Lo entiendo -contestó Bella pensando en Jasper Withlock, el banquero italiano que era el mejor amigo de su marido-. ¿Habéis traído a los niños?
-¡No, por Dios! Ya es suficiente con nosotros dos. ¡Cinco habría sido demasiado!
-¿Cinco? -Bella se dio cuenta de cuánto ha cía que no se veían-o ¿Has tenido otro? Por Dios, cuánto tiempo sin vemos. Zia debe de te ner ocho años y estuvimos en el bautizo de Jack poco antes de la desaparición de Edward - recordó.
-Tuve una niña hace dos años... Bella, eso ahora no importa -dijo Alice preocupada- ¿Te acuerdas de la última vez que Jasper te llamó es tando en Londres?
-Sí, claro que me acuerdo -contestó Bella. Tras la desaparición, siempre que Jasper iba a Londres por negocios se pasaba a veda. Garrett y Rosalie se empeñaron en estar delante cuando Jasper iba y Bella nunca tuvo oportunidad de es tar con él a solas.
-Bueno, Jasper estaba muy disgustado por cómo te estaban tratando los hermanos de Edward. Me dijo que el ambiente estaba envene nado -le dijo Alice con complicidad.- Te íba mos a pedir que te vinieras a vivir con nosotros, pero no nos dio tiempo porque...
-Me fui de Londres y desaparecí yo también - apostilló Bella. ¿Hasta dónde había descubierto Jasper? ¿Estaba Alice intentando decirle que Jasper le estaría contando lo mismo a Edward?
-Jasper intentó localizarte por todos los me dios.
-Os lo agradezco mucho, pero me las apañé bien sola. Creo que debía asumir yo sola la de saparición de Edward. No habría servido de nada que hubiera descargado mi tristeza sobre otras personas -contestó Bella descolgando el teléfono para pedir unos refrescos. Le temblaban las manos.
-Me parece que te estoy dando una impre sión que no es -se apresuró a tranquilizada Alice-. Jasper y yo hubiéramos querido hacer algo para que la situación no se hubiera ido de las manos.
-Hicisteis todo lo que pudisteis -¿qué situa ción? ¿De qué estaba hablando Alice? Bella estaba demasiado asustada como para pregun társelo. Se tranquilizó a sí misma diciéndose que Jasper Withlock era demasiado inteligente como para revelarle cosas a Edward que pusieran en peligro su matrimonio-. Vamos a olvidamos del pasado. Ahora lo único que im porta es que Edward ha vuelto a casa con migo.
-Como debe ser -se apresuró a decir Alice-. Sé que los asuntos de casa no deben airearse, pero... ¡Oh, querida, ya estoy otra vez con el tema y mira que Jasper me advirtió que no ha blara de ello!
Bella se dijo que no era posible que lo de su falso romance de hacía cinco años hubiera lle gado hasta Italia. ¡Se estaba obsesionando! No era posible que lo que publicó un solo periódico hubiera dado la vuelta al mundo. Sonrió:
-¿Nunca te ha pasado que, basta que te digan que no puedes hablar de algo, para que no te lo puedas quitar de la cabeza?
-Exactamente -contestó Alice riéndose- ¡Yo no soy nada discreta, pero Jasper, sí!
Bella se quedó más tranquila ante aquella afirmación, que, por otra parte, le hizo recordar la envidia que había sentido en el pasado por el matrimonio de Jasper y Alice, dos personas muy diferentes que se complementaban a la perfec ción. Alice era inocente y realista mientras que Jasper era mucho más complejo y reservado. Las dos mujeres salieron a la terraza, desde la que se divisaba el maravilloso paisaje de la Toscana. Al final, se encontraron con sus maridos.
Bella estaba tensa, pero se quedó más tran quila cuando Jasper la saludó con. una sonrisa. Edward la abrazó y la apretó contra su cuerpo, con lo que sus preocupaciones desaparecieron por completo. La felicidad se reflejó en sus ojos. En el pasado, Edward no demostraba sus sentimientos por ella en público.
Vio que Jasper acariciaba los rizos de su es posa mientras Alice lo miraba a los ojos y se dio cuenta de que Edward la estaba mirando con curiosidad. Aquella mirada no se le borró de la memoria.
La conversación giró en tomo a la villa. Edward les explicó que su abuela, Elizabeth Masen, había encargado a arquitectos e historia dores que se encargaran del proyecto de restauración.
-Tardaron cuatro años en restaurarla...
-Y solo hay duchas en los vestuarios de la piscina -apuntó Bella divertida recordando la cara de horror de su marido cuando aquella misma mañana había ido a ducharse y se había encontrado un enorme baño en el que solo había una bañera.
-Por eso, todavía hay unos cuantos arreglos que hacer. No tengo ganas de vivir como en el siglo XVIII. Tenemos piscina gracias a que Nonna era una excelente nadadora.
-Tu abuela os crió a tus hermanos y a ti cuando murieron tus padres, ¿verdad? -pre guntó Alice-. Encargarse de eso, además de dedicar su vida a la restauración de edificios históricos debía de ser agotador. Tuvo que ser una mujer muy activa.
Elizabeth Masen había sido una intelectual ex tremadamente rica. Se quedó viuda joven con un solo hijo al que no dedicó ningún tiempo porque estaba más interesada en sus proyectos de restauración. Los padres de Edward murie ron en un accidente de coche cuando él tenía trece años. Una vez le había confesado a Bella que su abuela lo adoraba porque era muy inteli gente. A sus hermanos les costó mucho no con tar con la misma aprobación. Por eso, Edward estaba acostumbrado a cuidar de ellos desde pe queño.
Alice y Jasper y se quedaron a cenar y luego se fueron.
-¿Por qué estabas incómoda en presencia de Jasper? -le preguntó Edward a los pocos minu tos de que se hubieran ido.
Estaban sentados al atardecer, tomando café en la galería cubierta de parra.
-¿ Yo? -dijo Bella poniéndose roja.
-Al principio, sí. Luego, parece que te has relajado un poco -contestó Edward con re probación.- No me gusta que me tenga que contar otra personá lo que me tenías que haber contado tú -para disimular el nerviosismo, Bella se puso a darle vueltas al café. ¡Estaba hablando de su supuesto romance! Sintió cómo la sangre se le helaba en las venas y el estómago se le daba la vuelta- Dio mio... Le estoy muy agradecido a Jasper por haber sido tan franco conmigo. ¿Por qué no me habías di cho que, en cuanto yo desaparecí, mi familia comenzó a tratarte fatal?
-Bueno... Eh, yo... -contestó ella dándose cuenta de que se había dejado llevar por el pá nico demasiado pronto.
Edward se puso en pie enfadado.
-Me ha dicho que se dio cuenta la primera vez que fue a verte. ¡Me ha contado que mi her mana te puso en evidencia ante el servicio con tradiciendo las instrucciones que tú habías dado y que, de hecho, se hizo la dueña y señora cuando la casa era tuya!
-Cuando tú no estabas, siempre fue así -ad mitió Bella.
Edward la miró anonadado. Se dio cuenta de que Edward había escuchado a Jasper, pero había albergado la esperanza de que no fuera cierto.
-¿Incluso antes de que yo desapareciera? -Bella suspiró y asintió-. ¡ Y tú nunca dijiste nada!
-Me dijiste que tu familia era lo más impor tante de tu vida. Lo último que quería era hablar de tus hermanos porque tenía que vivir con ellos. Me temo que ellos creían que te ibas a ca sar con Tanya y no les hizo mucha gracia que te casaras conmigo.
-Por lo menos, Kate era amiga tuya... .
-No si eso implicaba enfrentarse a Garrett y a Rosalie. Kate nunca discute con Rosalie. Así consigue vivir en paz.
-Tengo entendido que mi hermano incluso dio a entender delante de Jasper que tú habías te nido la culpa de que yo fuera a Montavia -co mentó Edward desesperado al ver que ni si quiera su cuñada se había portado bien con su esposa Bella asintió por segunda vez- ¡Porca miseria! -exclamó ultrajado-. ¿Cómo diablos puede mi propio hermano acusarte de una cosa tan ridícula?
-Tu hermano y tu hermana sabían que nues tro matrimonio no iba bien antes de que tú te fueras. Decían que si hubieras estado feliz mente casado, habrías mandado a uno de los directivos del banco a ese viaje.
-¡Accidenti! -exclamó blanco de ira - ¡De cirle eso a mi mujer cuando está sufriendo por mí es imperdonable!
-Edward... cuando desapareciste, todos per dimos los papeles -intentó explicarle Bella amablemente - Vamos a ser sinceros. Yo debe ría haberme enfrentado a ellos mucho antes. No lo hice, dejé que me pisotearan y lo único que hice fue tener lástima de mí misma. No hice nada para cambiarlo.
-¡No intentes excusarlos! Eras mi mujer...
-Sí, pero...
-Mi mujer, la persona que habría heredado todo lo mío si me hubieran declarado oficialmente muerto. Claro, ya solo con eso era sufi ciente para que fueras el blanco de sus iras -dijo Edward furioso - ¡Perdóname por haberte echado en cara que rechazaras la ayuda moneta ria de mi hermano!
-No montes en cólera por esto -dijo Bella poniéndose en pie - Tus hermanos estaban des trozados por tu desaparición.
-Santo cielo... ¿Cómo he podido estar tan ciego? Yo también tuve culpa de que te trataran así.
-Ahora ya no tiene importancia -intentó tranquilizarle Bella. No iba a ser beneficioso para nadie que Edward se enfadara tanto des pués de tanto tiempo-. Mientras no me pidas que vuelva a vivir con ellos, lo pasado, pasado está.
-Perdonas con demasiada facilidad, tesoro mio. Sin embargo, hablaré con ellos. Van a tener que darme una explicación por no haber cui dado de ti mientras yo no estaba.
-Yo no necesitaba que cuidaran de mí -pro testó Bella.
Edward la abrazó con fuerza.
-¡Me habría muerto en Montavia si hubiera sabido que mis seres más queridos te estaban haciendo la vida imposible!
-Prefiero que no remuevas ese tema. Ya he mos sufrido todos bastante. ¡Jasper Withlock hu biera hecho mejor no diciéndote nada!
-Yo le agradezco que me lo dijera porque veo que tú no tenías intención alguna de contár melo. Dio mio... uno necesita saber de quién se puede fiar.
Aquello hizo que Bella sintiera un escalofrío por la espalda. ¿Seguiría confiando en ella si se enterara de lo que le estaba ocultando? Se en fadó consigo misma por sentirse tan culpable. Después de todo, ¿ella qué había hecho? ¡Nada! ¿Por qué no iba a proteger su relación de todo influjo negativo? ¿Por qué iba a tener que expli carle el sórdido lío que habían montado Jacob y Kate? Sabía que debía contárselo, pero lo haría cuando estuviera preparada. ¿Y mientras tanto? Mientras tanto, decidió que aquel tema no le amargara el tiempo que pasara junto a su es poso.
-Pareces enfadada conmigo... -comentó Edward sonriendo.
-Contigo, no; con Jasper por haberte contado todo..
Edward la agarró de la cintura y se dirigie ron al interior de la casa.
-Me ha sorprendido todo esto, pero, evi dentemente, lo que vio se le quedó grabado. No te preocupes, soy un hombre fuerte, cara mia. ¿Por qué tenemos que andar dos kilómetros para llegar a nuestra habitación? -se lamentó besándola con pasión.
Bella se aferró a él y dejó que su cuerpo reac cionara. La besaba con la misma sensualidad con la que le hacía el amor. Bella sintió fuego en el cuerpo, se le endurecieron los pechos y le temblaron los muslos. Edward se sentó en una silla dorada, que crujió alarmantemente ante el peso de los dos.
-¡Me parece que nos vamos a deshacer de es tas sillas! Prefiero la comodidad a las antigüe dades - comentó riéndose.
-Uno duchas, dos sillas que sirvan para algo más que sentarse...
-Yo no he dicho eso -dijo él en tono de burla.
-Pero lo digo yo.
-Y sin vodka ni nada...
-Eso ha sido un golpe bajo -contestó ella po niéndose roja y dándole un puñetazo de broma en el hombro.
-No, un golpe bajo habría sido mantener la boca cerrada cinco minutos más... para ver cómo reaccionabas -contesto él sonriendo.
-Edward...
-Pero, en lugar de eso, exploté. Eso hay que agradecérselo a Emmett McCarty. ¿Sabes lo que me dijo cinco minutos antes de que me fuera de Brasil?
-No... ¿Qué? -preguntó ella confundida mientras Edward la dejaba sobre la cama.
-Que habías tenido una aventura y que me lo decía porque mi hermano no había tenido valor para hacerlo. ¡Bastardo! -contestó Edward en fadado y añadiendo algo en italiano-. Me pasé todo el vuelo de regreso a Londres preparando el discursito de que no me importaba que hubie ras estado con otros hombres. ¡ Y un cuerno!
Bella cerró los ojos y recordó lo tenso que Edward había estado al principio en el aeropuerto.
-Yo...
-Sí... Lo sé. Es ilógico, teniendo en cuenta que. te pasaste cuatro años creyendo que eras viuda -contestó él explayándose sobre el tema que le había preocupado desde su llegada Pero ten en cuenta que un tipo que está encerrado como un animal no puede pensar con lógica. Te juro que te puse en un pedestal. No podría soportar que te hubieras acostado con otro... -Bella se dio la vuelta entre las sábanas. Estaba blanca de terror. Edward suspiró y se sentó en el borde de la cama.- Si te hubiera perdido, habría sido como perder todo -confesó-. Yo confío en ti plena mente... ¡pero me asustó la posibilidad de que Emmett me estuviera diciendo la verdad!
Era el momento de contárselo todo. Evi dentemente, el cotilleo había llegado hasta Bra sil. Se quedó inmóvil, como una piedra.
-¿Habrías pedido el divorcio?
-Shhh... -Contestó Edward agarrándola una mano y besándole la palma- Puede que, antes de casamos, no respetara tus escrúpulos mora les, pero, en la cárcel, me acordé de ellos todos los días.
-Ya... -contestó ella- ¿Habrías pedido el di vorcio?
-¿Por qué te preocupa ese tema?
-Solo... solo por curiosidad -murmuró en un hilo de voz.
-Sí... probablemente -contestó él con frustra ción ante su insistencia- Por orgullo, celos y dolor. Te has enfadado, ¿verdad?
-¡No! -contestó ella dándose la vuelta.
-¿No sabes cuánto te necesito? -dijo él ha ciéndola volver a sus brazos y besándola sin pa rar-. Es la primera vez que le digo esto a una mujer...
-Tú siempre tan duro... -sonrió Bella. Edward la besó con pasión. Bella supo que no había hablado en el momento oportuno, pero ya que le había dicho que sí se habría divorciado de ella, no podía arriesgarse. Se prometió a sí misma contárselo antes de volver a Londres.
Más de tres semanas después, Bella estaba paseando por el bosque que rodeaba Villa Pavone. Edward llevaba treinta y seis horas en Roma. Él le había pedido que lo acompañara pero había dicho que no porque se habían pa sado todos aquellos días y noche juntos y no quería anclarse a él como una neurótica.
Esa vez, Edward iba a volver. Lo sabía, pero no había pegado ojo en toda la noche porque su corazón no entendía de sentido común. Lo echaba tanto de menos que contaba las horas y los minutos que faltaban para volverlo a ver. Regresaba esa noche. La había llamado varias veces, una de ellas en mitad de la noche para decide que no paraba de despertarse porque no estaba junto a él. Aquello le había gustado, sí, porque habría sido espantoso que durmiera plá cidamente sin ella a su lado.
Edward era más suyo que nunca. La trataba como la mujer más preciosa y maravillosa del mundo. Era como si la separación les hubiera servido a ambos para apreciar más lo que tenían y dejar a un lado el orgullo. Por supuesto, el amor también había tenido su parte. Además de la pasión insaciable que Bella ya no se moles taba en ocultar. Todos los problemas resueltos... menos uno.
Iba a necesitar valor para contarle a su ma rido el romance entre Jacob y Kate y las locas consecuencias que había tenido sobre ella. De bía contárselo. En su paseo, se metió en el laberinto de arizónicas impenetrables. ¿Podría en contrar el centro sin el insuperable sentido de la orientación de Edward?
-¡Bella!
Se le dibujó una enorme sonrisa al reconocer la voz. Edward había vuelto de Roma antes de lo que ella esperaba. Se arrepintió de haberse metido en el laberinto. Perdió la compostura de la emoción y, absurdamente, se puso a gritar.
Irónicamente, en su desesperada búsqueda de la salida, se encontró en el mismísimo centro del laberinto. De la fabulosa fuente que había allí salían chorros que se mezclaban con los ra yos del sol.
-¡Estoy en la fuente! -gritó sin intención al guna de confesar que había llegado allí acciden talmente.
-Per amor di Dio... ¡No estoy de humor para juegos estúpidos!
Aquella contestación hizo que Bella se son rojara de desconcierto. Seguramente, estaría cansado y lo último que le apetecería hacer era recorrerse el jardín para encontrarla. A los treinta segundos, oyó las pisadas de Edward que se adentraba en el laberinto.
-No estoy jugando a nada... es solo que pensé que tardarías tú menos en llegar aquí que yo en encontrar la salida -se disculpó.
De repente, apareció ante ella. Se detuvo como si Bella tuviera a su alrededor un campo electrificado. La miró como nunca antes lo ha bía hecho: con furia, burla y odio. Entonces, an tes de que hablara, antes de que arrojara el re corte de periódico, Bella se dio cuenta de que había esperado demasiado para contarle la ver dad...
