Capítulo 7
EL RECORTE cayó bajo la luz del sol hasta el suelo. Bella miró de refilón la fotografía del tórrido beso de Kate y Jacob con tristeza.
-¡Lo que más me molesta es que me enga ñes! -gritó Edward-. Has tenido la oportuni dad de decirme la verdad, pero has preferido mentirme.
-No, nunca te he mentido -murmuró Bella sintiendo que le faltaba la respiración y que co menzaba a sudar- Fue Kate la que tuvo el ro mance con Jacob. La de la fotografía no soy yo, es Kate.
-¡Accidenti! No quiero oír estupideces...
-Muy bien -contestó ella enfadada ¿Se puede saber de dónde has sacado ese recorte?
-Me lo ha enviado alguien, no sé quién, que se preocupa por mí. Me lo trajo esta mañana un mensajero desde Londres.
Bella luchó para mantener la calma, para no perder el control.
-Probablemente haya sido Kate porque me ve como una amenaza. Prefiere verme fuera de la familia. Si te paras a pensar fríamente en este horrible asunto...
-¿Fríamente?
-Te juro que nunca he tenido nada con Jacob. Ni siquiera nos hemos besado jamás. Era una amistad platónica... -Edward la miraba fija mente, con dureza. Bella estaba atenazada por el pánico, que le impedía poner en orden sus pensamientos para contarle su versión de los hechos- Yo no sabía que Kate y Jacob estaban liados hasta que vi las fotografías en la prensa. Jacob solía ir por casa a menudo tras tu desapa rición. Él y Kate se llevaban bien, pero yo nunca sospeché nada... nunca me habría dado cuenta, estaba demasiado metida en mi desgracia como para fijarme en el comportamiento de los de más. Kate sugirió que fuéramos a pasar los fines de semana a la casa de Oxford. Jacob trabajaba todavía allí por aquel entonces...
-Estás perdiendo el tiempo.:. -rugió Edward-. En Suramérica perdí la libertad, no el cerebro.
Bella siguió hablando. Había empezado e iba a llegar hasta el final.
-Ibamos en mi coche. Kate me dijo que me vendría bien hacer algo, para distraerme, y tenía razón... entonces, yo era como una muerta vi viente. Durante aquellos fines de semana, mu chas veces me dejaba sola, pero nunca pensé que estuviera con Jacob. Yo no era una compa ñía muy divertida, así que no me sorprendía que se fuera a ver a amigos suyos y se llevara mi co che... ¿Dónde vas? -jadeó cuando vio que Edward giraba sobre los talones y se alejaba.
-Todo eso es mentira. Jacob era amigo tuyo, te iba a visitar constantemente. Jacob vivía en una de nuestras fincas porque tú insististe para que le diera trabajo. Te gustaba tenerlo siempre cerca. ¿Por qué diablos te casaste conmigo?
-¿Cómo te atreves a preguntarme eso? –dijo Bella saliendo de su estupor y corriendo tras él.
-No quiero seguir hablando de esto... voy a perder la cabeza contestó él parándose, pero sin darse la vuelta.
-¡Tienes que escucharme! -exclamó Bella incrédula.
-No tengo que hacer nada... -dijo él con amargura haciendo que ella se estremeciera-o Gracias por unos cuantos buenos revolcones.
-¡Date la vuelta y dímelo a la cara! -lo in crepó ella.
-¿Sabes lo que realmente no iba bien en nuestro matrimonio antes de que me fuera a Montavia ? -dijo girándose repentinamente.
-No - contestó ella cruzándose de brazos.
-Jacob... ¡Cada vez que me daba la vuelta me encontraba con él! Estabas más unida a él que a mí. ¡Cómo no iba a tener celos!
-¿Celos?
-Sí, increíble, ¿verdad? Que yo tuviera celos de un estúpido sin escrúpulos que lo único que quería era sacar tajada de todo. ¿Crees que Jacob habría sido tan buen amigo si te hubieras casado con un hombre pobre? ¡Te utilizaba como quería y yo me tenía que aguantar!
Bella se dio cuenta de que Edward había sa bido ver lo que ella no había sido capaz. Unas semanas antes lo habría defendido con uñas y dientes, -pero ya había descubierto como era a raíz del chantaje.
-Supongo que cuando mi familia te dio la es palda tras mi desaparición, Jacob te parecería tu único refugio. Supongo que por eso terminaste en su cama. ¿Te diste cuenta entonces de que estabas enamorada de él? -le espetó Edward.
Bella se quedó estupefacta ante la lógica que había empleado su marido para explicar cómo había sucumbido a aquel romance. Aquello de jaba patente que nada de lo que le había dicho había hecho mella en él.
-¡Nunca me acosté con Jacob! ¡Te juro que nunca lo hice! -exclamó.
Edward la miró con dureza, se dio la vuelta y se fue. Bella se quedó bajo el sol abrasador, quieta, sin saber qué hacer.
Se dio cuenta de que se había metido en un buen lío. ¡Edward siempre había tenido celos de su relación con Jacob! Tenía tantos celos que había creído que su amistad con Jacob había puesto en peligro su matrimonio. Las circuns tancias se habían aliado de manera terrible para construir un escenario que a Edward le parecía de lo más creíble. Se había creído que tras su desaparición, su mujer se había refugiado en brazos de Jacob buscando algo más que amis tad.
Con el vestido pegado a la piel del sudor, Bella corrió por el jardín con el corazón en la boca. Todavía tenía que subir dos largas escali natas de piedra que daban acceso a la terraza trasera de la villa. Entró en la casa, mareada del esfuerzo y temerosa de que Edward se hubiera ido.
Al verlo en la biblioteca, se quedó en el qui cio de la puerta, agotada, intentando recobrar el aliento.
-Fuera -le dijo él no muy convencido.
-No me voy a ir hasta que me dejes defenderme.
-¿Defenderte? ¿A quién pretendes engañar? ¿Te crees que no sé que todo el mundo, menos yo, sabía que habías tenido una aventura?
-¡Nunca he tenido una aventura! –protestó furiosa.
-Ahora entiendo por qué Garrett no te llevó a Brasil. Ahora entiendo por qué te quitaste mi apellido y te escondiste. Estabas avergonzada...
-¡No, simplemente estaba harta de tu familia y de todo aquel estúpido embrollo en el que me había metido! Cuando la prensa dijo que yo era la mujer de la fotografía, me tuve que enfrentar a una decisión muy difícil -contestó ella deses perada entrando en la estancia Si decía la ver dad, que aquella mujer era Kate, destrozaría su matrimonio, así que ella me pidió que no ha blara... .
-Dime, ¿cuánto tiempo has tardado en inven tarte todo este cuento en el que tú eres la única víctima y todos los miembros de mi familia son de lo más malvados? -le espetó él.
-Kate me advirtió que sería culpa mía si su romance con Jacob salía a la luz y, en cierta forma, tenía razón -admitió Bella.
-¿ Qué quieres decir?
-¡ Que no habría habido historia si aquel fotógrafo no hubiera creído que la mujer que es taba besando a Jacob era yo! Yo era la elegida para saltar a la fama por ser la mujer de un fa moso banquero cuya desaparición había levan tado un increíble revuelo. ¡ Eso era lo que me hacía blanco de la prensa y lo que hacía que mi supuesta infidelidad fuera noticia!
-¿No pretenderás que me crea que alguien tan remilgado como tú se dejara tachar de adúl tera por el bien de Kate? -preguntó Edward pasando con grandes zancadas junto a ella hacia la escalera.
-¡Muy bien, lo que hice fue una gran estupi dez, pero deberías conocerme mejor! -contestó Bella corriendo tras él Creía que habías muerto. ¡ Ya tenía yo bastante con lo mío como para, además, hacer que Kate perdiera a Garrett!
-¡Basta ya! -exclamó Edward deteniéndose con los puños apretados ¿Es que no tienes dignidad?
-¿ Te he mentido alguna vez?
Se miraron. El ambiente estaba tenso. Bella vio en los ojos de Edward el terrible dolor que él intentaba ocultar.
Bella se estremeció. Vio que, por fin, había dicho algo que le había llegado dentro, algo que estaba considerando.
Reinaba el más profundo de los silencios.
-Nunca tuviste ningún motivo para mentirme -contestó él con ferocidad.
Bella se deshinchó como si la hubiera pe gado. Sintió que perdía el color.
-Y tú nunca te has fiado de mí -murmuró sorprendida ante el descubrimiento-. Evidentemente, nunca has confiado en mí. ¿Qué he he cho yo para merecer eso? -Edward no con testó-. Hace cinco años me lo escondías todo- dijo ella dolida -No tenía ni idea de que no te gustaba Jacob. Nunca supe, hasta ahora con lo que me estaba enfrentando. continuó con un nudo en la garganta No tengo ninguna prueba de mi inocencia así que supongo que se acabó, ¿ verdad? - preguntó alejándose por el pasillo hacia su dormitorio.
-¿Qué quieres decir? ¿Cómo que se acabó? -se apresuró Edward agarrándola de la muñeca.
-¿Pues qué va a ser? -contestó Bella soltán dose con un movimiento brusco. Tenía el men tón levantado a pesar de que temblaba como una hoja y las lágrimas le rodaban por las meji llas.
-¡No permitiré que me dejes!
-Pero... -protestó. Había creído que era él quien daba todo por terminado..
-Si me dices la verdad, intentaré olvidarme de todo esto. -propuso Edward Bella no. con testó-. La verdad -insistió Edward..
-No me creerías.
-Podría creer que no llegaste a acostarte con él -concedió él entre dientes malinterpretando lo que había dicho Bella.
-No sabes qué creer, ¿verdad? Muy bien. Lo único que yo puedo. hacer es contarte el resto de la historia. Kate y yo estuvimos hablando de esto en Londres. Me advirtió que estaba dis puesta a mentir para protegerse... y Jacob solo dirá la verdad a cambio de dinero.
-¿Cómo?
-Me dijo que se pondría de parte de Kate y mentiría- igual si no le daba dinero. Jacob me está chantajeando, Edward -explicó Bella.
Bella entró en la habitación y cerró la puerta antes de que él la siguiera. Se sintió mejor en mitad de todo aquel horror. Por fin, le había contado la verdad completa. Dos minutos después, se dio cuenta de su error. No debería haber hablado nunca del chantaje. ¡Era lo que faltaba para convencer a Edward de su culpabilidad!
