¡Hola a todos!

Kiztiapotter: Me alegro de que te gustara la primera parte de la historia y espero que el interés no decaiga con este nuevo capi. Me gustaría mucho seguir leyendo tu opinión. ¡Un beso y muchas gracias!

Maca: ¡Hola de nuevo! Es genial volver a leer a gente que ya me comentó en el otro fic... ¡Me encanta! Espero que este capi esté a la altura de tus expectativas. Pienso igual que tú en cuanto a que escribir relatos independientes da mucho juego, porque no es necesario seguir una línea temporal única o una sola trama. Las posibilidades son infinitas y hacía tiempo ya que tenía ganas de ponerme con ello. Y también me pasa como a ti, que me encantan las parejas oficiales, con excepción de los Sirius/Remus, aunque he leído poquísimos, la verdad. Espero seguir leyéndote. ¡Un beso y muchas gracias!

Me habría gustado actualizar antes, pero he estado sin ordenador un par de días... Así que eso ha supuesto un retraso, claro.

En cuanto a esta segunda parte, he de decir que oficialmente soy nula para escribir relatos cortos. El anterior tenía 3700 palabras y éste tiene 6776. Y eso que pensaba que me quedaría más o menos parecido en cuanto a la extensión, pero es que no sé qué me pasa cuando me pongo a escribir los diálogos de los Merodeadores que me enrollo como las persianas... Estoy jodida si pretendo escribir una viñeta algún día (tienen como máximo 1000 palabras).

En esta segunda parte vais a ver la perspectiva de James, de modo que algunos diálogos os van a sonar de la primera parte.

CONTEXTO: Principios del séptimo curso de los Merodeadores.


La ve a lo lejos y no puede evitarlo; no puede evitar que sus pies se pongan en marcha casi de manera automática en dirección a Lily Evans. Su melena, de un llamativo rojo oscuro, destaca en mitad del corredor y actúa como un imán para James.

Inconscientemente, se despeina el cabello con una mano y acto seguido trata de aplastarlo, cuando recuerda la cantidad de veces que ella le ha dicho lo ridículo que es ese gesto.

-¡Lily!

Ella se gira al escuchar su nombre y dibuja en sus labios una pequeña sonrisa a modo de saludo. Eso es lo único que James necesita para sentir que va flotando a ras del suelo, como si alguien le hubiese lanzado un encantamiento levitador. Y decide lanzarse de cabeza sin dudarlo siquiera; al fin y al cabo, no sería James Potter si no lo hiciera…

-Estaba pensando en la primera visita a Hogsmeade… Y me preguntaba si ya tendrías planes.

Esa es la primera vez que James tiene intenciones de pedirle una cita a Lily desde que comenzaran su séptimo y último curso en Hogwarts, dos semanas atrás. Dos semanas larguísimas en las que no ha dejado de discutir consigo mismo (y también con sus amigos) sobre si debía o no volver a insistir tan pronto. Obviamente, acaba de ganar la discusión su impaciencia…

La expresión de Lily deja claro que James no ha conseguido pillarle desprevenida. Lógico. Tras casi dos años de infructuosos intentos por conseguir una cita con ella, es prácticamente imposible que James la sorprenda.

Sin embargo, parece que algo ha cambiado esta vez, porque la habitual respuesta cortante de Lily tarda en llegar. Ella le observa con detenimiento, y James se pregunta si le ha oído siquiera, porque parece tener la cabeza en otra parte.

-¿Qué me dices entonces, Lily? –insiste James con su eterna sonrisa iluminando su cara-. Podemos tomarnos una cerveza de mantequilla juntos en Hogsmeade, mientras hablamos sobre nuestras nuevas obligaciones como Premios Anuales…

Es la única excusa creíble que se le ha ocurrido a James. Puede que Lily acceda a ir con él a Hogsmeade si ve la salida sólo como una reunión de compañeros. Y durante un segundo glorioso James cree que tal vez lo esté considerando, hasta que Lily sacude la cabeza ligeramente saliendo de su ensimismamiento y responde:

-Tengo planes, James.

-Y si no tuvieras planes… -contraataca James, impidiéndole el paso a Lily con agilidad.

-Y si no los tuviera, encontraría rápidamente cualquier excusa –responde Lily con una ceja enarcada.

-Sólo quiero asegurarme de que estoy al día con mis tareas de Premio Anual.

-No te preocupes, mientras acudas a las reuniones con los prefectos, no habrá problema –responde Lily resuelta.

-Sí, en cuanto a eso… -sigue James, que no está dispuesto a darse por vencido tan fácilmente. Se pasa una mano por el cabello de manera inconsciente (se ha convertido en un hábito que no puede evitar) y se aproxima a Lily-. Tengo un par de dudas sobre la reunión de ayer y…

-Lo siento, James, pero ahora mismo tengo bastante prisa –lo interrumpe Lily, dando un paso hacia atrás.

Y es entonces cuando James lo nota; el leve rubor en las mejillas de Lily y su actitud esquiva.

-Nos vemos después en sala común y lo hablamos, ¿de acuerdo? –continúa Lily y James sólo tiene tiempo para asentir antes de que ella eche a andar a toda prisa.

Y mientras Lily se aleja por el corredor, James observa el vaivén de su larga melena pelirroja sin mover un pie. Se queda allí quieto, con el ceño fruncido, dándole vueltas a lo que acaba de ocurrir. Porque es evidente que algo ha pasado.

El rubor en las mejillas de Lily (James piensa que ha sido adorable, por supuesto), sus ojos verdes evitando los castaños de él y su actitud huidiza… Todo ello es nuevo. Y cuando James piensa que tiene que significar algo, siente un vuelco en la base del estómago.

De camino a la sala común, no puede evitar emocionarse cada vez más, y al pensar en Lily, su mente vaga inconscientemente a ese mismo verano… No había esperado verla durante las vacaciones, en cinco ocasiones siendo exactos. James había llevado la cuenta sin margen de error. De hecho, había sido el blanco de las burlas de Sirius por ello.

Y también recuerda perfectamente el momento en el que dejó de ser Potter para pasar a ser James. Rememora aquella tarde en el Callejón Diagon con Lily y los chicos, entre cervezas de mantequilla y conversaciones acerca de sus planes de futuro al salir de Hogwarts… Y una sonrisa se ensancha en sus labios poco a poco, porque ese 23 de agosto en el que se encontraron por casualidades del destino, tuvo la maravillosa sensación de que Lily por fin dejaba de verle como un presumido inmaduro.

James presiente con más fuerza que nunca que tiene posibilidades con Lily, y se promete a sí mismo no fastidiar las cosas con ella.

Los días vuelan a toda velocidad en Hogwarts. Casi sin darse cuenta han dejado atrás septiembre y el otoño avisa de su llegada llenando los patios y los jardines de hojas secas. Se acabaron los días soleados y comienzan las lluvias torrenciales tan habituales en las montañas escocesas. Y como capitán de quidditch que es, a James debería preocuparle, pero no puede importarle menos. Tiene una sempiterna sonrisa en la cara, porque siente a Lily más cerca que nunca. Se buscan entre clase y clase; conversan en la sala común, y no sólo sobre sus tareas de Premio Anual; Lily se ríe de los chistes de James (hasta de los malos, según Sirius); incluso lo pasan bien juntos organizando las rondas de los prefectos, que es de lo más aburrido que uno puede hacer… En definitiva, pasan juntos una cantidad de tiempo considerable, y eso por supuesto hace que James dé saltos por dentro (y en su dormitorio también, cuando nadie puede verle). No es la Lily de siempre; no con él al menos. ¿Dónde están los sarcasmos? ¿Y las miradas irritadas?

El hecho de que les nombraran a ambos Premio Anual ha sido una excusa más que perfecta para empezar a pasar tiempo con Lily, y James no ve la hora de pedirle una cita de nuevo. Pero está siendo paciente, demasiado en su opinión. Hace ya tres semanas de aquella breve charla en un corredor del primer piso, cuando le preguntó por sus planes para la primera salida a Hogsmeade. Los chicos opinan que es mejor esperar y darle su espacio a Lily, ahora que comienzan a ser buenos amigos, y James ha decidido seguir su consejo. Aunque está siendo verdaderamente difícil, sobre todo cuando ella lo mira con sus impresionantes ojos verdes y le sonríe de un modo que le hace sentir que esa sonrisa es sólo para él.

Sin embargo, cueste lo que le cueste, James piensa seguir adelante con su plan de "sólo amigos". Por el momento, al menos. Y por eso precisamente viene de los terrenos y está cruzando las puertas de roble del castillo. Remus le ha dicho que Lily iba a estar en los jardines, aprovechando esa tarde inusitadamente cálida para el mes de octubre. Planeaba pasar un rato con ella, como si se hubiesen encontrado por casualidad, pero no ha tenido suerte.

Nada más poner un pie en el hall de entrada, James ve a Remus al pie de la escalinata de mármol.

-No has encontrado a Lily, por lo que veo –comenta Remus caminando en dirección a James, que niega con la cabeza.

-¿Y tú qué…?

La pregunta de James se queda en el aire cuando la puerta del escobero situada a unos pocos metros a su derecha se abre y dos personas salen de su interior. Son Lily y Snape. Lily y Snape juntos dentro de un armario minúsculo. Y todo el mundo en Hogwarts sabe para qué suelen usar los alumnos los escoberos.

James pasea la mirada de Lily a Snape durante un par de segundos tan sólo. Ella parece aturdida y él encantado, con una sonrisa burlona dibujada en sus labios, una expresión que hace que la rabia que siente James en esos momentos se intensifique. Da media vuelta con rapidez y comienza a subir la escalinata de mármol sin mirar atrás.

Cuando ha llegado al primer piso, escucha una voz a sus espaldas. Es Remus.

-James…

Pero no piensa detener sus pasos en mitad del pasillo para discutir con Remus acerca de lo que acaban de presenciar. Lily con Snape… Se le revuelve el estómago sólo con imaginarlos juntos dentro de ese maldito armario…

-James, no creerás que…

-¡Cállate!

James para en seco de repente y Remus casi choca contra él.

-No vamos a hablar de ello, ¿está claro? –sentencia James, cuya expresión es sombría y furiosa, antes de volver a ponerse en marcha a toda prisa.

Remus enmudece en el acto. No recuerda haberle visto nunca así, y por el momento opta por no decir ni una sola palabra más, de modo que de camino a la sala común reina el silencio entre ambos. Traspasan juntos el retrato de la Señora Gorda y ven al fondo junto a los ventanales a Sirius y a Peter.

Lo último que James quiere es hablar de Lily, por lo que intenta mantener a raya la frustración y la rabia que bullen en su interior a punto de hacerle estallar. Intenta componer una mueca neutra a medida que se acerca a Sirius y a Peter, que parecen enfrascados en una discusión sobre quidditch. Cuando Remus y James toman asiento, sus amigos apenas les prestan atención.

No ha pasado ni un minuto cuando por el hueco del retrato James ve aparecer a Lily. Aparta la mirada enseguida. En ese momento es la última persona a la que querría ver. Irónico. Nunca pensó que llegara a sentir eso…

-Hola –dice Lily, de pie frente a los cuatro chicos.

-¿Qué pasa, pelirroja? ¿Te llevas a Jimmy a otra de vuestras soporíferas reuniones? –pregunta Sirius interrumpiendo su conversación con Peter.

-No… Sólo quería…

-No hace falta que expliques nada –James la interrumpe antes de que ella pueda continuar. No puede evitar que su voz suene fría, pero la verdad es que no está por la labor de fingir que no ha pasado absolutamente nada.

Sirius y Peter les miran de hito en hito, sin comprender qué está pasando, mientras Remus tiene la mirada clavada en su regazo, incómodo a todas luces.

-De todos modos, quiero…

-No sabía que volvierais a ser amigos –James vuelve a cortar a Lily y su voz sigue teniendo ese tinte áspero que no es nada agradable-. O lo que sea que seáis ahora.

James advierte el rubor en las mejillas de Lily. Y no sabe exactamente qué puede significar eso, pero está bastante convencido de que no quiere averiguarlo. Aparta sus ojos de los verdes de Lily, porque no puede soportar esa mirada acusatoria, como si quien hubiese hecho algo malo fuese él.

-No hemos vuelto a ser amigos –contesta Lily con impaciencia.

Sirius y Peter pasean los ojos de uno a otro, con el ceño fruncido. Remus sigue considerando que mirar su regazo es lo más adecuado en ese momento.

-Da igual, Lily. A mí no me tienes que dar explicaciones. Ni siquiera me importa –responde James de manera cortante-. ¿Os apetece ir al campo de quidditch a volar? –pregunta James a Sirius y a Peter, como si diera por acabada la conversación con Lily y ella ni siquiera estuviese allí ya.

James siente la imperiosa necesidad de marcharse de allí cuando antes. Se pone de pie ante la atenta mirada de Sirius y Peter, que se encogen de hombros con cara de circunstancias como única respuesta. Sin más demora, James pasa junto a Lily, ignorándola, y sube por las escaleras que conducen a los dormitorios masculinos, seguido de cerca por Peter y Sirius.

-¿Se puede saber qué ha sido eso de ahí abajo? –pregunta Sirius cerrando la puerta de la habitación.

James hace un gesto de indiferencia con la mano al tiempo que se dirige a su baúl para sacar su escoba. Cuando se da la vuelta se encuentra de frente con una expresión seria y poco habitual en la cara de Sirius.

-Vamos, James, cuéntanos qué ha pasado.

James suspira con pesadez, porque conoce demasiado bien a Sirius como para saber que no va a parar hasta sacárselo. Y de todos modos, va a enterarse igualmente.

-Remus y yo hemos visto a Lily y a Snape saliendo de un escobero juntos.

Y en ese preciso momento Remus entra en el dormitorio, justo a tiempo de ver las caras de sorpresa de Sirius y Peter.

-Vale, ya veo que se lo has contado –comenta Remus de manera acertada nada más ver las expresiones de sus dos amigos-. Espero que no estés pensado que Lily y Snape…

-Me importa una mierda lo que se traigan esos dos –espeta James con evidente mal humor.

-Un momento, un momento… ¡¿Cómo que Lily y Snivellus estaban juntos dentro un escobero?! –exclama Sirius con cara de asco.

-Estaban hablando –responde Remus.

James resopla con incredulidad y se pasa una mano por el cabello con impaciencia antes de gritar:

-¡Por favor, Remus! ¡La gente no se mete en los armarios para tener conversaciones!

-Snape sí, al parecer –contesta Remus con las cejas enarcadas-. No quiere que sus amigos de Slytherin le vean hablando con Lily.

-Menudo imbécil –masculla Sirius meneando la cabeza-. La que debería avergonzarse de que les vean juntos es Lily, no él…

-Ya. ¿Y de qué se supone que tienen que hablar? –pregunta James con el ceño fruncido-. Hace tiempo que dejaron de ser amigos, ¿o no? ¡La llamó sangre sucia, joder! ¿Y aún así se ven a escondidas?

James por fin está sacando todo lo que le amarga y le envenena por dentro.

-¡No se ven a escondidas! Lily llevaba meses sin hablar con Snape. Ha sido él quien la ha buscado y la ha metido en ese armario para echarle en cara que últimamente pasa demasiado tiempo contigo –explica Remus.

-¿Snape le ha montado una escena de celos a Lily? –pregunta Peter con extrañeza.

James parece no saber qué decir al respecto por primera vez.

-Pues claro, Colagusano. Snivellus ha estado colado por Lily desde siempre. Igual que James –dice Sirius con una sonrisa torcida-. Parece que tenéis los mismos gustos.

James le dirige una mirada ceñuda a Sirius, dándole a entender que no está de humor para sus bromas. Entonces se pasa una mano por la cara, cansado. Cansado de dar tantas vueltas y de no conseguir absolutamente nada con Lily.

-Estoy harto. Y no sé si creer lo que dices, Remus, es…

-Pues deberías creerme –le interrumpe Remus con firmeza-. Me dijiste que Lily te lo había contado todo sobre su amistad con Snape.

Y es cierto. Durante las últimas semanas, Lily y James habían pasado juntos mucho tiempo, y entre ambos había comenzado a forjarse una confianza que había dado lugar a una reciente amistad. Lily se había sentido lo suficientemente cómoda como para hablarle a James acerca de su amistad con Snape, sobre cómo se habían conocido, y lo difícil que había resultado que continuaran siendo buenos amigos cuando el había optado por rodearse de pésimas compañías. El hecho de que Snape llamara sangre sucia a Lily fue la gota que colmó el vaso. Ella no podía seguir mirando hacia otro lado, no cuando era tan evidente el camino que estaba tomando Snape.

Y por primera vez, James había entendido la amistad que unía a Lily con Snape. Había podido llegar a comprender lo unidos que debían de haberse sentido siendo niños, antes de entrar a Hogwarts. Y también había podido entender hasta qué punto ella se había sentido atrapada entre la espada y la pared ante la actitud de él. Por eso James se niega a aceptar que Lily todavía pueda seguir relacionándose con él. Cada vez que recuerda el momento en el que Snape la llamó sangre sucia, le dan ganas de maldecirlo hasta hartarse…

-James.

La voz de Remus interrumpe sus pensamientos. Le observa durante unos segundos antes de responder:

-Sí, sé lo mal que acabaron las cosas entre ellos. Pero ahora mismo no tengo muy claro que Lily no esté relacionándose de nuevo con Snape. Y no sé hasta qué punto.

-Vamos, James…

-Sirius lo ha dicho muy claro: Snape está interesado en Lily. Muy interesado. Y ni tú ni yo sabemos si el interés es mutuo.

-¡Vamos, Cornamenta! –exclama Sirius con la misma cara que si estuviese viendo algo tremendamente desagradable-. ¡Cómo va a estar Lily colgada por Snivellus! ¡Quién iba a ir detrás de Snape en su sano juicio! ¡Ese tío va a morir virgen, es un hecho!

-Sirius, deja ya de decir idioteces –espeta James, mientras Peter intenta reprimir una sonrisa.

-No me puedo creer que de verdad estés considerando la posibilidad de que Lily y Snape tengan algo… -comenta Remus con una expresión de incredulidad-. Tú mismo nos has contado que últimamente has visto algunas señales por parte de Lily, que te han dado a entender que tal vez ella…

-Olvídalo –le corta James de inmediato.

-¡Vamos, James! ¿Ves a Lily con Snivellus y de repente toda tu confianza se va a la mierda? –pregunta Sirius-. ¡Que le den a Snape!

La vehemencia con la que habla Sirius no parece terminar por convencer a James. La imagen de Lily y Snape juntos vuelve a su cabeza. Y entonces ve de nuevo con claridad la sonrisa torcida en los labios de él… Como si Snape hubiese ganado y James hubiese perdido. Tal vez así es…

-Voy al campo de quidditch a volar un rato.

Antes de que nadie pueda poner alguna objeción o incluso ofrecerse a acompañarle, James sale por la puerta del dormitorio con la escoba sobre el hombro y se dirige a paso raudo hacia el campo de quidditch. Cuando cruza las puertas de roble del castillo, cae en la cuenta de que a esas horas el equipo de Ravenclaw está entrenando. De modo que en lugar de seguir el camino en dirección al campo, decide tomar rumbo hacia el linde del Bosque Prohibido. Antes de llegar al límite, sujeta su escoba con ambas manos entre sus piernas y da una fuerte patada en el suelo, elevándose varios metros de golpe. El viento le azota el pelo y silva en sus oídos, pero ni siquiera esa sensación tan familiar y agradable para él consiguen relajarle.

Siente que es un estúpido. Un tremendo estúpido. Por estar enamorado de una chica que tal vez nunca llegue a quererle. Sí, en efecto, resulta que James Potter está irremediablemente enamorado de Lily Evans. Y si bien es cierto que durante las últimas semanas él ha creído ver ciertos indicios que le han llevado a pensar que, después de todo, está más cerca que nunca de conseguir verdaderos avances con Lily, en esos momentos siente que sus ilusiones se han desinflado por completo.

Mientras sobrevuela el Bosque Prohibido, recuerda la primera vez que admitió en voz alta que estaba enamorado de Lily. Fue la noche antes de terminar sexto curso. Al día siguiente regresarían a sus casas en el expreso de Hogwarts para pasar el verano y como Sirius había dicho, había que celebrar el final de otro curso grandioso.

De modo que bajo la capa invisible, con el mapa de Hogwarts en una mano y una botella de whisky envejecido en la otra, aquella noche merodearon por el castillo una vez más como si les perteneciera sólo a ellos. Pasaron la mayor parte de la madrugada en la torre oeste (antes solían escaparse a la torre de Astronomía, pero tras un incidente con Filch, evitaban aquella zona), bebiendo whisky, disfrutando de las inmejorables vistas de los terrenos y del cielo estrellado y repasando todas y cada una de sus correrías aquel curso.

James no recuerda exactamente cómo había ocurrido, pero una vez más habían acabado hablando de Lily, mientras se pasaban la botella de whisky de mano en mano y la apuraban. Aquella confesión no sorprendió en absoluto a Remus ni a Peter, que asintieron con la cabeza como si fuera más que obvio. Sirius, por otra parte, se puso una mano en el pecho con solemnidad y pidió una oración por los testículos de James, que según él habían pasado a mejor vida. Cuando recuerda esa noche, James no puede evitar esbozar una pequeña sonrisa, que borra enseguida.

Puede que sus amigos tengan razón y haya llegado a una conclusión equivocada respecto a Lily y a Snape. O puede que no. Pero la verdad es que ya está cansado. Cansado de que ella no le tome en cuenta; de que ni siquiera le haya dado una oportunidad, mientras que con Snape ha sido tan paciente…

Si Lily realmente quiere recuperar su amistad con Snape, él no va a ser quien le diga que comete un error, que se aleje de él porque no le conviene, que no va a cambiar de la noche a la mañana y va a dejar de adorar las Artes Oscuras... No va a ser James quien intente abrirle los ojos. Tiene que verlo por sí misma.

Y puede que haya llegado el momento de tirar la toalla. Porque no ha hecho más que fracasar constantemente con Lily, una y otra vez. Se da cuenta de que es más que probable que haya estado esperando mucho tiempo por algo que no va a llegar jamás.

James Potter se ha rendido al fin.

La mañana del viernes amanece nubosa y en el dormitorio masculino los chicos se visten en silencio para bajar a desayunar. La noche anterior James dejó muy claro que no quería volver a hablar de lo ocurrido, y por el momento sus amigos están respetando el acuerdo.

Durante el resto del día, James se dedica a evitar pensar en Lily, pero sobre todo, a encontrarse con ella. Tendría que ser idiota para no ver que está intentando acercarse a él, pero la verdad es que mantener una conversación con Lily es lo último que le apetece en esos momentos. Está decepcionado, dolido y enfadado (consigo mismo más que con ella, por ser un auténtico gilipollas que espera por nada). Pero sobre todo, está retrasando esa charla con Lily porque tiene miedo de lo que pueda decirle. Como, por ejemplo, que no tiene ningún derecho a estar celoso o enfadado, porque entre ellos lo único que puede llegar a haber es una amistad. Y sinceramente, no se muere de ganas por escuchar eso…

Esa misma tarde en el dormitorio de los chicos, cuando James está ocupado arreglando su escoba con ayuda del kit de mantenimiento, Remus tiene la nariz metida en un libro de Encantamientos y Peter hojea una revista de quidditch, Sirius irrumpe en la habitación con aire teatral.

-Señores Lunático, Colagusano y Cornamenta, me complace informarles de que esta noche se celebra una fiesta en la sala común de Gryffindor, a la que, por supuesto, están invitados.

Remus cierra el libro de golpe y mira a Sirius con el ceño fruncido.

-¿Una fiesta? No tenemos permiso para organizar una fiesta, y menos de la clase que a ti te gustan…

Sirius se acerca a Remus y mueve su dedo índice frente a su cara al tiempo que chasquea la lengua.

-No seas aguafiestas, Lunático… Nunca mejor dicho. Además, McGonagall no tiene por qué enterarse. Y si no se entera, no hay castigo. Así de simple.

Sirius parece muy satisfecho de sí mismo, con una sonrisa enorme de oreja a oreja y los brazos cruzados sobre el pecho. Los demás no dan la impresión de estar muy convencidos…

-Vamos, una fiesta es lo que necesitamos para animar a Jimmy… -dice Sirius como si James no estuviese allí delante.

-Yo no necesito que me animéis –contesta el aludido con expresión hosca.

-Ya, claro, esa cara de merluza que tienes es de pura felicidad… -comenta Sirius con sarcasmo.

James le enseña el dedo corazón a Sirius y vuelve a concentrarse en arreglar las ramas torcidas de su escoba.

-Como no tengo tiempo de ir y volver de Hogsmeade con la mercancía, he quedado ahora con Billy O´Connor para comprarle a él el whisky y las cervezas –explica Sirius al tiempo que saca de su baúl una bolsita de cuero cuyo contenido tintinea.

-¿Billy O´Connor? ¿El prefecto de Ravenclaw? –pregunta Remus con gesto de sorpresa.

-Sí, el mismo. No se puede decir que Flitwick estuviese muy acertado cuando decidió nombrar a O´Connor prefecto… Para cualquier cosa que quieras conseguir, él es tu hombre: alcohol, fuegos artificiales ilegales, huevos de ashwinder, aguijones de billywig…

-Sí, sí, ya te he entendido –le interrumpe Remus-. Es el contrabandista oficial de Hogwarts… Pero, Sirius, me temo que no has pensado en todo. ¿Qué me dices de los prefectos de Gryffindor y de…?

-Solucionado –le corta Sirius al instante-. Tengo a los prefectos en el bolsillo. Les he dicho que esta noche vamos a organizar una fiesta y que las bebidas corren por mi cuenta. Les he convencido con mi encanto natural.

-Ya, pues a ver si ese encanto te sirve también con Lily… -contesta Remus con una sonrisa torcida-. Porque además de prefecta, es Premio Anual y…

-Eh, yo también soy Premio Anual –salta James-. ¿Lo que yo tenga que decir no cuenta?

-Vamos, Jimmy, como si a ti te importara que nos saltemos las normas… Todos sabemos que Dumbledore sufrió un episodio de demencia cuando te nombró Premio Anal… Quiero decir, Anual… Ups, no sé en qué estaría pensando…

-Hoy estás un poco gilipollas, ¿no? –responde James dejando su escoba a un lado para ir al cuarto de baño.

-Sirius, Lily no va a permitir que hagas una fiesta con alcohol de por medio en la sala común –dice Remus, que aprovecha que James está en el baño para volver a mencionar a la pelirroja.

-Pues vas a tener que ayudarme a convencerla. ¿No has pensado que tal vez con un par de copas encima, la sala común en penumbra y música de fondo James y Lily se dejen llevar? –expone Sirius moviendo las cejas de arriba abajo con una sonrisa descarada.

-Sinceramente, no creo que acceda –insiste Remus tras considerarlo durante unos segundos.

-Puede que funcione –comenta Peter, optimista-. Lo difícil va a ser que nos deje montar la fiesta. Después de eso… puede pasar cualquier cosa.

-¡Así se habla, Colagusano! ¡Esa es la actitud! –exclama Sirius con un entusiasmo exagerado.

-Es una lástima que la fiesta sea en la sala común de Gryffindor… -murmura Peter, alicaído.

Ante la mirada interrogante de sus dos amigos, Peter continúa con las mejillas sonrosadas:

-Es que… Bueno… No me importaría que Jane MacLeod viniese a la fiesta, pero está en Ravenclaw, así que…

Sirius ladea ligeramente la cabeza y observa a su amigo con detenimiento antes de decir:

-A lo mejor podemos arreglar eso… Vamos, Peter, acompáñame a por las bebidas.

-¡Tened cuidado! –grita Remus cuando sus dos amigos están cruzando la puerta.

-¡Sí, mamá! –responde Sirius desde fuera.

Es entonces cuando James sale del cuarto de baño y al ver a Remus solo en el dormitorio, pregunta:

-¿Se han ido a por las bebidas para la fiesta?

-Sí. ¿Acaso pensabas que podría convencer a Sirius de que no lo hiciera? –pregunta Remus con una mueca de derrota.

James ríe por lo bajo y vuelve a su tarea. Remus observa cómo su amigo recorta con cuidado las puntas de algunas ramas mientras le da vueltas a la idea de Sirius. Normalmente sus planes suelen ser locuras sin sentido, pero quién sabe, tal vez esa fiesta sea el escenario idóneo para que Lily y James acerquen posturas. Literalmente, a poder ser…

-Puede que la idea de dar una fiesta esta noche no sea tan mala, después de todo –comenta Remus tanteando el terreno.

-¿Y a ti qué mosca te ha picado? –pregunta James con el ceño fruncido-. ¿Desde cuándo te parece bien que se organicen fiestas no autorizadas por McGonagall?

-No tengo intención de convertirlo en un hábito… Pero por una vez… Es decir, ya sabes lo que dicen: una vez al año no hace daño. ¿No?

-No tengo muchas ganas de fiestas, la verdad… -responde James sin ningún entusiasmo.

-Te vendrá bien una distracción.

-Sí… Intentar ocultarle a McGonagall una fiesta ilegal en la sala común puede ser una buena distracción… -responde James con sarcasmo.

Y así, esa misma noche la sala común de Gryffindor se convierte en el escenario de una fiesta clandestina. Cuando los prefectos envían a sus dormitorios a los alumnos más jóvenes, Peter se encarga de poner música en el tocadiscos, mientras Remus hace frente a Lily, que busca explicaciones. James la observa de lejos y enseguida se da cuenta de que está enfadada. No es ninguna sorpresa, por supuesto. Y su indignación pasa a mayores en el instante en que Sirius traspasa el retrato de la Señora Gorda con varias alumnas de Hufflepuff y Ravenclaw (entre las que se encuentra Jane MacLeod, el interés romántico de Peter).

James espera el estallido de un momento a otro, como si Lily fuera una bomba de relojería. De repente, un par de chicas de Hufflepuff se acercan a saludarle alegremente, y menos de cinco minutos después, cuando vuelve a mirar en la dirección en la que se encontraba Lily, no la ve. Ni allí ni en ningún otro rincón. A pocos metros de distancia ve a Sirius discutiendo con Remus, y tras despedirse de las dos chicas, se aproxima a ellos.

-… y tú sólo tenías que conseguir que se quedara en la fiesta. ¿Tan difícil era? –espeta Sirius.

Remus le lanza una mirada irritada y responde:

-No era difícil, era imposible. ¿De verdad pensabas que…?

-¿Se puede saber qué pasa? –interrumpe James mirando a uno y a otro.

-Nada –contesta Sirius con naturalidad-. Ya ves, al final la fiesta sigue adelante. Lily no se ha opuesto…

-No se ha opuesto porque se ha ido, directamente –dice Remus, exasperado.

James se encoge de hombros, como si no le importara.

-¿Vosotros no queríais que me distrajera? Manos a la obra entonces… ¿Dónde está ese whisky de fuego? –dice James con un ánimo fingido al tiempo que da una palmada en el aire y se frota las manos.

Media hora después, Remus no tiene más remedio que admitir para sí mismo que proporcionarle alcohol a James no ha sido tan buena idea. Es evidente por la cantidad, y sobre todo por la velocidad a la que bebe, que está ahogando sus penas en alcohol.

-Tu plan ha sido un éxito… -le comenta Remus a Sirius cuando se acerca para ofrecerle otra cerveza de mantequilla.

Sirius ignora a Remus y dirige la vista a James, que en esos momentos se ha dejado caer como si fuera un peso muerto sobre uno de los sillones de la sala.

James da otro sorbo a su whisky de fuego y pasea la mirada de manera distraída a su alrededor. Parece que todos lo están pasando en grande… De repente, alguien se sienta a su lado. Es una de las chicas de Hufflepuff con las que ha hablado antes, y aunque se estruja el cerebro, es incapaz de recordar su nombre. Ella da pie a una conversación intrascendente mientras James apura el whisky de fuego sin apenas darse cuenta, sorbo a sorbo, hasta que vacía el vaso. Parece una chica agradable: no para que sonreír, de mirarle con ojos alegres, de tocarse el pelo… Oh, mierda. Está coqueteando con él.

James cabecea de manera ambigua cuando ella le hace una pregunta que él ni siquiera ha escuchado. Tiene los ojos verdes, igual que Lily. Pero son diferentes. Los de Lily son más claros, de un verde más intenso, más brillantes, más… Joder, tiene que dejar de pensar en sus ojos… ¡Tiene que dejar de pensar en ella! Vuelve a rellenarse el vaso, esta vez de hidromiel, porque la verdad es que no encuentra el whisky… ¡Fiona! ¡Ese es su nombre! Por fin lo ha recordado… ¿De qué se supone que está hablando ahora Fanny? No, Fanny no, Fiona… ¿De qué habla? Ha mencionado no sé qué de unas escobas… Está hablando de quidditch, sí, seguro… ¿O ha dicho Las Tres Escobas?

A James le pesan los parpados y se siente un poco somnoliento, por lo que tiene que hacer un gran esfuerzo para no apoyar la cabeza en el respaldo del sillón y quedarse dormido. De pronto, ve los ojos de Fiona más cerca que antes. Y esos ojos verdes que se le aproximan poco a poco le llevan de vuelta a sus recuerdos. A otros ojos verdes. A Lily… Entonces se le cruza otra imagen en la cabeza. La de Snape sonriendo triunfal con Lily a su lado saliendo del maldito escobero. Y James no puede evitar que un sentimiento de derrota le nuble el juicio.

Un segundo después Fiona le está besando. ¿Qué debe hacer? Está tan borracho que sus reflejos son increíblemente lentos, igual que su cerebro, que funciona a una velocidad mínima. De repente piensa en cómo sería ese beso si fuese Lily… Por un momento se imagina que es ella. Entonces comienza a corresponder ese beso. Y al segundo siguiente se siente patético… Realmente patético… Es todo muy confuso y siente que su cabeza da vueltas… y vueltas… y más vueltas…

James abre los ojos y lo ve todo borroso a su alrededor. Se lleva una mano a la cara y cae en la cuenta de que se debe a que no lleva las gafas puestas. ¿Dónde estarán? No recuerda habérselas quitado anoche… Ahora que lo piensa, no recuerda muchas cosas de anoche… Se incorpora en la cama y distingue el color rojo de los doseles, por lo que sabe que está en su dormitorio. Estira la mano en dirección a la mesita y palpa con cuidado hasta que da con sus gafas.

-Mirad quién ha vuelto de entre los muertos.

La voz de Sirius actúa como un martillazo en la cabeza de James, que echa a un lado la colcha y se pone en pie con dificultad. Por Merlín, es posiblemente la peor resaca de su vida… Siente la boca pastosa, la cabeza le va a estallar y el estómago le da vueltas...

-¿Qué pasó anoche? No recuerdo haber subido hasta aquí… -dice James de camino al baño, donde se lava la cara con agua fría y da unos buenos tragos, consiguiendo sentirse algo mejor.

Cuando James sale del cuarto de baño, sus tres amigos lo están mirando atentamente.

-¿Qué es lo que recuerdas de anoche? –pregunta Sirius con la curiosidad plasmada en su rostro.

James se concentra (haciendo que el dolor de cabeza vaya a más) y se dispone a contar su versión de los hechos:

-Bebí bastante…

-Eso ya lo sabemos, puedes pasar al siguiente capítulo –lo interrumpe Sirius con sorna.

-Estaba sentado en uno de los sillones y se acercó una de las chicas de Hufflepuff –continua James con el ceño fruncido tratando de recordar lo máximo posible.

-Te doy cinco galeones si te acuerdas de su nombre –dice Sirius con una sonrisa burlona.

James se exprime los sesos, pero nada. Y obviamente eso a Sirius le parece graciosísimo.

-Estuvimos hablando… Y de repente me besó –sigue James con cara de circunstancias-. Y yo le devolví el beso.

-Y ahora te arrepientes –sentencia Remus al ver el gesto de su amigo.

-Y anoche también se arrepintió. No hubo más que verle. Se levantó tan rápido del sillón que cualquiera habría dicho que había un incendio en la sala –relata Sirius intentando aguantarse la risa. Peter, por el contrario, no lo consigue.

-¿Qué? –pregunta James sin entender nada.

-Os disteis un par de besos solamente y de repente tú te levantaste del sillón como si una doxy te hubiese mordido en el trasero –explica Remus entre las risitas de Sirius y Peter-. Tropezaste primero con la alfombra y después con la mesita de té.

-Pero no te caíste. Mantienes bien el equilibrio hasta cuando vas como una cuba. Se nota que eres un buen jugador de quidditch –dice Sirius y esta vez es Remus el que no puede reprimir la risa.

-¿Y después? –pregunta James, mortificado.

-Te despediste de la chica de Hufflepuff y te subimos aquí para acostarte –prosigue Peter-. Eso fue todo.

James resopla con fuerza y se frota la cara con ambas manos. Menuda noche… Y menuda resaca…

-No vuelvo a beber…

-Si me dieran un galeón cada vez que has dicho eso, Jimmy… -murmura Sirius meneando la cabeza.

James mira a su amigo como si fuera in insecto molesto y en un instante su expresión cambia radicalmente. Abre bien los ojos y estira el brazo, señalando a Sirius con el dedo índice al tiempo que exclama:

-¡Fiona! ¡Fiona! ¡Se llama Fiona! ¡La chica de Hufflepuff! ¡Ajá! Me debes cinco galeones.

-Tranquilo, Jimmy, que eso todavía tengo que comprobarlo…

Los chicos se visten en completo silencio (a petición de James y su maltratada cabeza) y se dirigen al Gran Comedor para el desayuno. Cuando llegan al hall de entrada, una chica de cabello oscuro y ojos verdes se acerca con paso decidido a James, y antes de que él pueda evitarlo, ella le rodeo el cuello con los brazos y le sella los labios con un beso.

James, aturdido, tarda unos segundos en reaccionar y romper el contacto, tomando por los hombros a la chica y apartándola con delicadeza pero con decisión.

-¡Buenos días, James!

Fiona le sonríe radiante sin percatarse de la expresión descompuesta de él. James traga en seco y se prepara mentalmente para la conversación más incómoda que ha tenido en mucho tiempo.

-Buenos días, Fiona. Verás…

-¿Tienes algo que hacer esta tarde?

James inspira con fuerza y decide ir directo al grano.

-No puedo quedar contigo, Fiona, si es eso a lo que te refieres. Lo siento, pero lo que pasó ayer… No debió ocurrir. Yo estaba demasiado borracho y… no pensaba con claridad. Lo siento, de verdad.

La sonrisa de Fiona ha ido mermando poco a poco hasta desaparecer por completo. Su expresión es compungida y James siente unos retortijones en el estómago debidos a la culpa. Aunque también puede ser por la resaca…

-Fiona, lo siento si te has hecho una idea equivocada –insiste James, y a continuación, sin saber muy bien qué está haciendo, pasa un brazo por los hombros de la chica con torpeza.

Fiona se endereza con una expresión cortante dibujada en sus facciones, y James aparta el brazo captando la señal.

-No importa. Olvídalo. Adiós.

Fiona se aleja hacia las escaleras de mármol y James resopla aliviado. Cuando da media vuelta, se encuentra con las caras de sus tres amigos observándolo con… ¿compasión?

-La has cagado, Cornamenta –dice Sirius negando con la cabeza repetidas veces.

-¿Qué quieres decir? Acabo de aclarar con Fiona que lo que ocurrió anoche fue un error… ¿Qué se supone que he hecho mal?

-No se refiere a eso, James –responde Remus-. Lily te ha visto. Ha visto a Fiona besándote.

-Sí, y a juzgar por la cara que se le ha quedado, te puedo asegurar que no ha disfrutado del espectáculo –continúa Sirius.

James mira a su alrededor, como si esperase encontrar a Lily en el hall de entrada, pero no hay ni rastro de ella.

-Se ha ido. Ha subido por la escalinata de mármol –informa Peter señalando el lugar por el que se ha marchado Lily un par de minutos atrás.

-Pero… ¿Qué…? ¿Qué es lo que…? –las palabras se atascan en la garganta de James. Confuso, derrotado, frustrado, enfadado… Son sólo algunas de las emociones que están a punto de hacerle perder la poca paciencia que le queda.

-No te equivocabas cuando creías que tal vez tenías posibilidades con Lily… Antes de que se te fuera la cabeza pensando que ella y Snivellus… Lo que sea, no quiero ni pensarlo… -dice Sirius con la boca torcida por un profundo desagrado-. Pero te lo digo en serio, si hubieras visto la cara de Lily hace cinco minutos, no tendrías ninguna duda… Lily siente algo por ti.

-Y tú vas y besas a esa chica de Hufflepuff en mitad del hall… -masculla Peter

-¡No he sido yo, ha sido ella! –exclama James con desesperación.

James se mesa el cabello, irritado, y piensa que si de verdad tenía una oportunidad con Lily hasta esa misma mañana, desde luego con lo que acaba de ocurrir se ha ido por el retrete.

Hay días en los que es mejor no levantarse de la cama…


¿Qué os ha parecido James? ¿Le habéis redimido un poco después de lo que leísteis en el primer capi?

Y... la pregunta del millón de galeones: ¿Queréis la tercera parte? Y puede que la ultima de esta historieta en concreto (aunque nunca se sabe...).

Ah, por cierto, está científicamente demostrado que dejar reviews es buenísimo para la salud.

¡Un beso para todos!