¡Hola a todos los que merodeáis por aquí!
Guest: Aquí traigo por fin la tercera parte. Espero que te guste y me encantaría saber qué te parece. ¡Un beso enorme!
StydiaShippsJily: Pues aquí tienes la tercera parte por fin. Ya me dirás qué te parece, espero que no te decepcione. ¡Un beso bien grande!
Maca: Jajajaja... Me ha hecho mucha gracia tu review... Ya intuía yo que James os iba a caer mejor después de leer la segunda parte. ¡Si es que las apariencias engañan! Quería reflejar los pensamientos /sentimientos de ambos, de ahí que haya escrito cada parte desde la perspectiva de uno y de otro. ¡Me encanta que te encante Sirius! Es uno de mis personajes favoritos y disfruto mucho escribiendo sus diálogos. No te voy a engañar, yo tengo un poco de Sirius (no en cuanto al sex appeal de tío bueno, claro, más bien en cuanto al sarcasmo...). ¡Espero seguir leyéndote! ¡Un besazo!
En esta tercera parte (la más larga de las tres) vais a ver la perspectiva de ambos personajes según qué momento.
-¿Quieres dejar de suspirar como una quinceañera enamorada? Me estás poniendo de los nervios, joder…
James se da por aludido y sus ojos se dirigen a Sirius, que le observa con una expresión exasperada.
Tras el desayuno en el Gran Comedor (después del "incidente" del beso entre Fiona y James), los chicos matan el tiempo jugando al póker en la sala común esperando que llegue la hora de la comida. Todos menos James, que con la resaca monumental que tiene no piensa hacer absolutamente nada que requiera un mínimo esfuerzo. Así que ocupa recostado la mitad de un sofá y desvía de vez en cuando la vista hacia las escaleras de los dormitorios femeninos, preguntándose si Lily estará o no allí arriba.
-Sirius, no intentes hacernos creer que has perdido cinco manos seguidas por culpa de los suspiros de James –comenta Remus con la vista fija en sus cartas.
-¡Que yo no suspiro! –se queja James, indignado.
-Como una chiquilla enamorada… –insiste Sirius-. No le des tantas vueltas, Cornamenta. Cuando veas a Lily le explicas lo que ha pasado y ya está.
-¿Y ya está? –repite James, irritado, imitando la voz de Sirius-. Menuda porquería de consejo... Como si fuera tan fácil. Si de verdad tenía una oportunidad con Lily…
-Sí que la tenías –le interrumpe Peter, que compone una mueca de disculpa ante la mirada asesina de James.
-Si de verdad tenía una oportunidad, la he mandado a la mismísima mierda –termina James con pesadumbre.
-No te pongas tan dramático, ya se nos ocurrirá algo –dice Sirius, que lanza malhumorado sus cartas sobre la mesa al ver la escalera de color de Remus.
En ese momento, el hueco del retrato se hace a un lado para dejar paso a la profesora McGonagall. Todos los alumnos que hay en la sala la observan con atención y se hace el silencio repentinamente. No es nada habitual ver a McGonagall en la sala común de Gryffindor, a menos que deba hacer un anuncio urgente o haya ocurrido algo de gravedad.
Desde la entrada, la profesora pasea la mirada por el salón, hasta que sus ojos dan con lo que busca y se adentra en la sala común con decisión.
-Señor Potter –dice McGonagall con demasiada seriedad cuando llega frente a James, que ya no está medio tumbado en el sofá, sino sentado más erguido que nunca. Al segundo siguiente la profesora se gira hacia Remus-, señor Lupin, tienen que acompañarme los dos a mi despacho. Señor Pettigrew, hágame el favor de subir a los dormitorios masculinos y buscar a Owen Atkinson de quinto curso y Philip Dorsey de sexto.
Peter se pone en pie con prontitud y sube las escaleras hacia las habitaciones con rapidez, mientras Sirius, Remus y James intercambian miradas silenciosas. La profesora da media vuelta y se dirige a la alumna que está sentada en el sillón contiguo:
-Señorita McGregor, necesito que busque en los dormitorios femeninos a Lily Evans de séptimo curso, Lucy Clarke de quinto y Emily Lewis de sexto.
De espaldas a la profesora McGonagall, Remus les susurra a Sirius y a James con disimulo:
-Ha venido a buscar a todos los prefectos de Gryffindor y a los Premios Anuales.
James fija la vista en Remus y piensa que es imposible que sea una casualidad. La noche anterior organizan una fiesta clandestina y al día siguiente McGonagall se presenta allí buscando a todos los cargos de responsabilidad de su propia casa… Mierda, mierda, mierda… Los han descubierto y James está seguro de que se acerca una de las peores reprimendas de McGonagall, con castigo incluido, por supuesto. Por Merlín, ¿cómo demonios se ha enterado?
Por las escaleras de los dormitorios bajan poco a poco varios alumnos y se acercan a la profesora, que pregunta con el ceño fruncido:
-¿Y la señorita Lewis?
-Creo que está en la biblioteca, profesora McGonagall –responde uno de los prefectos con expresión preocupada.
-De acuerdo. ¿Le importaría ir a buscarla, señor Dorsey? Después diríjanse a mi despacho los dos. Les estaremos esperando. El resto síganme.
McGonagall encabeza el grupo y traspasa en primer lugar el retrato de la Señora Gorda. James y Remus intercambian una última mirada de incertidumbre con Sirius y Peter antes de seguir a los demás hacia la salida. Durante el trayecto al despacho, James fija la vista en la melena de Lily, que camina justo delante de él, y se imagina lo furiosa que debe de estar…
Cuando entran en el despacho, McGonagall ocupa su sitio detrás del escritorio. Como al otro lado de la mesa tan sólo hay dos sillas, la profesora conjura cinco más para que todos puedan tomar asiento.
-Esperaremos a que lleguen el señor Dorsey y la señorita Lewis –anuncia McGonagall con voz dura. Se avecina tormenta claramente…
Un par de minutos después, alguien llama a la puerta.
-¡Adelante!
Philip Dorsey y Emily Lewis pasan al interior y toman asiento igual que los demás. Empieza el espectáculo.
-Estoy convencida de que todos ustedes saben por qué están aquí, ¿verdad? –comienza McGonagall paseando la mirada entre los presentes, una de sus miradas más severas. Pero nadie responde, todos continúan en completo silencio-. ¿O tengo que explicarles por qué he decidido convocar a todos los prefectos de Gryffindor y a los dos Premios Anuales?
El rictus en el rostro de McGonagall refleja lo enfadadísima que está y nadie se atreve a pronunciar ni una sola palabra.
-¡Una fiesta sin autorización hasta altas horas de la madrugada en la sala común! ¡Inconcebible! Seis prefectos, entre ellos un Premio Anual, usted, señorita Evans; y otro Premio Anual, usted, señor Potter… ¡¿Y ninguno fueron capaces de parar semejante disparate?! ¡Saben perfectamente que organizar fiestas en la sala común no está permitido a menos que tengan el preceptivo permiso para ello! ¡Y como quebrantar una norma les parecía poco, decidieron ir más allá, invitando a la sala común de Gryffindor a varias alumnas de otra casa!
Así que McGonagall no sólo está al tanto de la fiesta ilegal, sino también de que varias alumnas de Hufflepuff y Ravenclaw habían estado allí. No hay nadie en ese despacho que no se esté preguntando cómo es posible que McGonagall se haya enterado de todo. Están a punto de averiguarlo…
-Alrededor de las cinco de la mañana, el señor Filch sorprendió a tres alumnas de Ravenclaw en el séptimo piso. No tuvieron más remedio que confesar qué hacían fuera de sus camas a esas horas. ¡¿Es que tengo que recordarles que el acceso a la sala común está restringido únicamente a miembros de la casa?! ¡No puedo creer semejante insolencia!
Misterio resuelto. De modo que cuando las chicas de Ravenclaw se fueron de la fiesta, Filch las atrapó de camino a su sala común. Las chicas de Hufflepuff tuvieron más suerte al parecer.
-Esperaba muchísimo más de los prefectos de Gryffindor. Y por supuesto de los dos Premios Anuales. Fue un orgullo que dos alumnos de mi propia casa fueran seleccionados para recibir la insignia este curso –dice McGonagall mirando con dureza tanto a James como a Lily-. Y su actitud ha sido decepcionante. La de todos.
James gira la cabeza para mirar de soslayo a Lily y en ese momento ve cómo baja la vista hacia su regazo, avergonzada. No puede evitar sentirse culpable, porque ella fue la única que se opuso desde un principio a la fiesta, la única que insistió en que no era buena idea y la única que no se quedó en la sala común. Pero ahí está, aguantando sin rechistar un sermón que no se merece, sin echarles la culpa a los demás.
-Evidentemente, están todos castigados. Recibirán una notificación cuando haya decidido qué castigo merecen. Sobra decir que espero que este tipo de comportamiento no se repita, o me veré obligada a reunirme con el profesor Dumbledore para decidir si debo suspenderles de sus puestos de responsabilidad. Ya pueden marcharse. Buenas tardes.
Todos a una se ponen en pie y abandonan el despacho ordenadamente con expresiones abatidas. Una vez fuera, Lily acelera el paso y se aleja de allí rápidamente.
James y Remus intercambian una mirada de desánimo y se encaminan a la sala común, donde Sirius y Peter les esperan en el mismo lugar en el que los dejaron.
-¿Qué ha ocurrido? –pregunta Peter, ansioso-. Lily ha pasado por aquí y ha subido directa al dormitorio.
-McGonagall lo sabe. Todo –responde James sentándose en un una butaca frente a Sirius y Peter-. Y cuando digo todo, me refiero a que también sabe que anoche estuvieron aquí alumnas de otra casa…
Sirius y Peter enarcan las cejas y se miran entre sí, sorprendidos. Remus toma asiento también y comenta con alivio:
-Todo no lo sabe. Da gracias a que McGonagall no se ha enterado de que había alcohol en la fiesta…
-Pero… Un momento… -Sirius parece confundido-. ¿Cómo ha podido enterarse? ¿Y cómo sabe que hubo alumnas de otra casa en la fiesta? Alguien se ha chivado, ¿no?
-Más o menos… Filch se encontró con las chicas de Ravenclaw cuando volvían a su sala común –explica Remus-. A las de Hufflepuff parece ser que no las pilló.
Sirius resopla con fuerza y hace un aspaviento furioso con las manos, al tiempo que exclama enfadado:
-¿Y no podían quedarse calladitas? Vaya aficionadas, joder… Si van a saltarse las normas, por lo menos deberían ser capaces de aguantar la presión cuando las pillen y no arrastrar a los demás con ellas…
-Menuda mierda… -murmura Peter.
-Pues sí. La única razón por la que invité a esas chicas a la fiesta es porque tú estás colgado por esa tal Jane MacLeod… Y encima ni siquiera conseguiste enrollarte con ella… Así que efectivamente, menuda mierda… -dice Sirius mirando a Peter.
-Es que tienes la mala costumbre de pensar que todos tus planes son geniales, Sirius –interviene Remus con exasperación.
-¡Era una buena idea, joder! En teoría lo era, al menos –protesta Sirius con el ceño fruncido, indignado-. Se suponía que James y Lily tenían que aprovechar el ambiente de la fiesta para acercarse. O para enrollarse, siendo muy optimistas. Y se suponía que Peter tenía que ligarse a Jane MacLeod…
-Supones demasiado, Sirius… -comenta Remus meneando la cabeza.
-Un momento… ¿Organizaste la fiesta para que Lily y yo nos enrolláramos? –le pregunta James a Sirius con los ojos abiertos de par en par.
-He dicho "siendo muy optimistas". Yo me daba por satisfecho si volvíais a… a lo que fuera que teníais hasta hace dos días, ya sabes, vuestras charlas de chicas, las miraditas, las sonrisitas y todas esas mariconadas…
-Y tu plan salió tan bien que Lily ni siquiera se quedó en la fiesta –espeta Remus con irritación-. En resumen, que has organizado todo este lío para nada…
-No, para nada no. Recuerda que estamos castigados. Algo sí que nos hemos llevado de todo esto… -comenta James con cara de circunstancias.
-¿Y cuál es la sentencia? ¿McGonagall ha sido muy dura? –pregunta Peter.
-No lo sabemos todavía. Debe de estar dándole vueltas a ver cuál es la peor tortura que se le ocurre… Es una mujer de armas tomar –dice James apoyando exhausto la cabeza contra la orejera del sillón; tiene la peor resaca de toda su vida…
-Lily estará enfadadísima, supongo –Sirius observa a James con cautela al tocar ese tema.
-Pues muy contenta no se la veía… Tampoco es que se quedara a charlar con nosotros, así que es sólo una conjetura… -contesta James con sarcasmo.
-Bueno, por lo menos sabemos que las cosas no pueden ir a peor, ¿no? –murmura Peter no muy seguro.
James le dirige una mirada de escepticismo, recordando que eso es exactamente lo que él creía esa misma mañana… Y piensa que Peter no podría estar más equivocado.
Porque las cosas siempre pueden ir a peor…
-0o0o0o0o0o0o0-
El domingo por la mañana a la hora del desayuno, James remueve su tazón de leche y cacao con aire distraído mientras repasa los acontecimientos del día anterior. No ha visto a Lily desde que salieron del despacho de McGonagall, y está casi convencido de que le está evitando a propósito.
Como cada mañana, las lechuzas sobrevuelan el Gran Comedor repartiendo el correo. Un cárabo se posa frente a James, que desata la carta enseguida apreciando el membrete de Hogwarts en ella. Ve que Remus ha recibido también una carta exactamente igual y no le extraña. Era cuestión de tiempo que les llegara la notificación del castigo. Lo raro es que Sirius sujeta entre sus manos un pergamino idéntico, y eso sí que no tiene ningún sentido.
-¿Qué es eso? –pregunta James.
Sirius levanta la cabeza y se encoge de hombros.
-Una carta de amor de McGonagall seguro que no es –contesta Sirius en son de burla al tiempo que desenrolla el pergamino para disponerse a leerlo.
-¿Estás castigado? ¿Por qué? –Remus, en lugar de leer la notificación, observa a Sirius con el ceño fruncido.
-Ayer hablé con McGonagall y le dije que la fiesta había sido idea mía, y también lo de invitar a esas Ravenclaw chivatas… La verdad es que no le sorprendió. Qué bien me conoce esa mujer…
James observa fijamente a Sirius mientras éste lee la carta, y poco a poco una sonrisa se asoma en sus labios. En realidad no le desconcierta lo que ha hecho Sirius; James ya sabe que es el amigo más leal que alguien podría tener.
Sirius siente la mirada de James sobre sí mismo y levanta la vista del pergamino. Entonces enarca una ceja y espeta:
-Quita esa cara de nenaza ahora mismo.
-Qué gesto tan noble, Sirius –dice Remus sabiendo que ese tipo de comentarios incomodan a su amigo.
-Dejad ya las mariconadas y leed la carta de una jodida vez. Os vais a caer de culo cuando sepáis lo que nos espera…
Las palabras de Sirius inquietan a Remus y a James, que se apresuran a estirar el pergamino y proceder a su lectura. Cuando terminan las bocas de ambos forman una "o" perfecta.
-¡Joder con McGonagall! ¡Ni que le hubiéramos lanzado una imperdonable a alguien! –exclama James convirtiendo la carta en una bola arrugada y lanzándola contra la mesa, enfadado.
-¿Qué tenéis que hacer? –pregunta Peter paseando la mirada entre los presentes-. ¿Tan malo es?
-Supongo que podría ser peor, no sé… Podría habernos ordenado limpiar las mazmorras a lametazos… -comenta Sirius con sarcasmo-. Pero en lugar de eso, tenemos que limpiar las cocinas después de la cena durante una semana entera. Sin magia, por supuesto. ¿Tú te imaginas cómo tienen que quedar las cocinas después de preparar la cena para cientos de personas?
-Empezamos esta noche –murmura James repasando la carta de McGonagall como si esperase haber leído mal.
-Dice que nos presentemos en el vestíbulo a la hora de la cena –lee Remus.
-Esa mujer es capaz de dejarnos sin cenar… -masculla Sirius volviendo a centrar su atención en los huevos revueltos que tiene en el plato.
-Pues va a ser un auténtico rollo cenar solo… -dice Peter con aire distraído.
Sirius le dirige una mira afilada y alza las cejas hasta el punto de que quedan escondidas bajo su cabello oscuro.
-¿De verdad crees que nos vas a dar pena, Colagusano? ¿Por tener que cenar solo mientras nosotros fregamos algo así como unas doscientas ollas y cuatrocientos platos? ¿En serio?
Sirius pone los ojos en blanco y Peter reprime una sonrisilla de culpa.
Esa misma noche a la hora de la cena, James, Sirius y Remus llegan puntuales al vestíbulo. Sin embargo, no son los primeros en presentarse allí; Lily, Lucy Clarke y Owen Atkinson (los prefectos de quinto curso) ya esperan junto a la escalinata de mármol. Lily mira a cualquier parte menos a James, y obviamente a él no se le escapa ese detalle. Un par de minutos después, Emily Lewis y Philip Dorsey (los prefectos de sexto) aparecen corriendo, probablemente aterrados por la posibilidad de llegar más tarde que McGonagall, que hace acto de presencia poco después.
-Síganme.
De uno en uno entran por una puerta situada a la izquierda de la escalinata de mármol y bajan un tramo de escaleras, que desemboca en un amplio corredor de piedra iluminado por antorchas y decorado con diversas pinturas, muchas de ellas bodegones. La profesora McGonagall se acerca a un cuadro que representa un enorme frutero de plata y le hace cosquillas a la pera, que enseguida se convierte en un pomo verde. Al otro lado de la puerta secreta se encuentran las cocinas, y una vez dentro, los elfos domésticos les lanzan miradas disimuladas mientras siguen con su trabajo.
-Hasta que cumplan el castigo cenarán aquí cada noche. Después, cuando hayan acabado, podrán ponerse a trabajar. Los elfos ya han sido informados de estas medidas extraordinarias. De modo que cuando terminen de preparar la cena, ellos abandonarán las cocinas. Dado que no pueden usar magia, les confiscaré las varitas –explica McGonagall extendiendo la mano para recibir las ocho varitas. Su tono de voz deja claro que no se le ha pasado el enfado-. Volveré en unas horas para inspeccionar su trabajo, así que más les vale no holgazanear.
Cuando la profesora sale de las cocinas, varios elfos domésticos se apresuran a conducir a los ocho alumnos hacia una mesa donde la cena ya está servida. James consigue sentarse frente a Lily y la observa a la espera de que ella levante la vista de su plato y le mire a su vez. Pero tras servirse una ración de pollo con verduras, la pelirroja está demasiado ocupada removiendo el contenido de su plato. James está seguro de que nota su mirada incesante clavada sobre ella, y es de lo más frustrante que se niegue a mirarle durante un segundo siquiera. Irritado, toma la bandeja de pastel de carne que le pasa Sirius para servirse.
-Eh, Sirius –dice el prefecto de sexto, Philip-, ¿qué haces tú aquí, si puede saberse?
-He venido por la fantástica compañía –responde Sirius señalando con los pulgares a James y a Remus, que tiene sentados a cada lado.
-Está castigado porque le dijo a McGonagall que fue idea suya organizar la fiesta e invitar a las chicas de Ravenclaw –contesta James.
Esa respuesta consigue captar la atención de todos, menos de Lily, que va a acabar sufriendo una contractura cervical si no cambia de postura y deja de agachar la cabeza.
-¿Estás de broma? –pregunta Owen, claramente sorprendido.
-Qué puedo decir, soy masoquista… Me pone que McGonagall me castigue.
El sarcasmo de Sirius hace reír a todos (o casi todos) y el ambiente parece más relajado que al principio.
-Lo que Sirius quiere decir es que se siente culpable en cierta forma, porque lo de la fiesta fue idea suya. Por eso asumió la responsabilidad frente a McGonagall –apunta Remus con una sonrisa reprimida.
-Tienes un don para hacer que cualquier cosa suene como la mayor cursilada de la historia… -suelta Sirius mirando a Remus con desagrado.
-Es un detalle por tu parte, Sirius –dice Emily, la prefecta de sexto curso, con una sonrisa amable-. Pero siendo honestos, por muy idea tuya que fuera, nosotros no te paramos los pies; de hecho, estuvimos disfrutando de esa fiesta, así que… -se encoge de hombros sin terminar la frase.
-Hubo alguien que sí se opuso: Lily –afirma James volviendo a fijar la vista en ella.
Lily se tensa al oír su nombre, pero sigue resistiéndose a mirar a James.
-Eso es cierto –admite Lucy asintiendo con la cabeza-. Y además tú no estuviste en la fiesta, Lily. La verdad es que no deberías estar castigada.
Lily hace un gesto con la cabeza, como quitándole importancia, y mirando a Lucy, responde:
-Aunque desaprobara la idea, no impedí que se celebrara la fiesta, Lucy. Y se supone que como prefecta y Premio Anual debería haberlo hecho. De modo que…
-Es injusto que tú estés castigada, Lily –la interrumpe James con vehemencia-. Tú no…
-Déjalo, James –dice Lily con contundencia mirándole por primera vez a los ojos en dos días.
Y a James no le gusta nada lo que ve en esos ojos verdes. Un sinfín de reproches, eso es lo que ve.
El ambiente ha pasado de ser distendido a ser tenso en unos segundos, porque a nadie se le escapa que entre Lily y James pasa algo. El resto de la cena transcurre entre silencios incomodos y comentarios banales.
En las cocinas hay cuatro mesas dispuestas del mismo modo que las mesas del Gran Comedor correspondientes a cada casa. En ese momento están vacías porque la cena está servida arriba en el comedor, pero de pronto cientos de platos, bandejas, copas y cubiertos sucios aparecen sobre las pulidas superficies de madera. Sin ningún entusiasmo, todos se ponen de pie dispuestos a comenzar con el castigo, al mismo tiempo que los elfos domésticos abandonan presurosos las cocinas. Remus propone organizar el trabajo por tareas y repartirlas para ser más efectivos y rápidos. Sirius no tarda en tomarle el pelo con uno de sus comentarios burlones, pero no pone pegas. De modo que mientras unos recogen los platos sucios y demás enseres de las mesas y los llevan hasta los fregaderos, otros ya se han puesto manos a la obra lavando ollas y sartenes.
Casi cuatro horas después, cuando prácticamente han terminado (James está apilando los trapos sucios y mojados, Lily está terminando de barrer las cocinas y los demás han guardado casi por completo la vajilla), aparece por la puerta la profesora McGonagall. Se adentra en la sala mirando a su alrededor con atención, examinando el trabajo que han hecho, y pese a su gesto severo, no tiene ninguna queja.
-Cuando terminen lo que están haciendo, pueden volver a la sala común –dice McGonagall antes de dirigirse hacia la salida, dejando las varitas de todos sobre una de las mesas.
-¡Merlín, gracias! –exclama Sirius alzando los brazos hacia el techo con exageración-. Ya pensaba que se había olvidado de nosotros…
Cinco minutos después caminan todos juntos en dirección a la sala común a paso raudo. Lily es la primera en traspasar el retrato de la Señora Gorda y dirigirse con rapidez hacia las escaleras que conducen a los dormitorios. James mira a su alrededor, y al ver que en la sala común no queda nadie, decide que no va a desaprovechar esa oportunidad. De modo que pasa entre Lucy y Emily y se acerca deprisa a Lily antes de que pueda llegar hasta las escaleras.
-Lily, por favor, quédate. Necesito hablar contigo –dice James tomándola de la muñeca.
Lucy y Emily se miran entre sí sin decir nada y pasan de largo en dirección a los escalones. Lily se suelta del agarre de James y esquivando sus ojos, responde:
-Es tarde. Estoy cansada y…
-Por favor, Lily. Es importante.
Owen y Philip les observan con curiosidad antes de comenzar a subir las escaleras que conducen a los dormitorios masculinos.
-James, no son horas y…
-¡Me estás evitando, Lily! No voy a dejar de insistir hasta que accedas a hablar conmigo. Y soy capaz de intentar subir por esas escaleras. ¿Qué quieres? ¿Que despertemos a toda la torre de Gryffindor?
Es por todos sabido que cuando un chico intenta subir a los dormitorios de las chicas se activa un encantamiento que hace que las escaleras se conviertan en un tobogán y suene una alarma.
Lily le lanza una mirada irritada a James y se cruza de brazos antes de decir:
-Qué maduro por tu parte…
-Eh… Bueno, nosotros nos vamos –murmura Remus agarrando del brazo a Sirius y arrastrándolo con él.
-No. Vosotros os quedáis –replica James con firmeza-. Si Lily decide no tomarme en serio, a lo mejor a vosotros sí os escucha…
-Por mí vale –dice Sirius como si tal cosa.
-¿Hablas en serio? –pregunta Lily con expresión airada-. ¿Por qué no llamas también a Peter?
-No, Peter estará dormido ya… -responde Sirius recibiendo al instante una mirada fulminante por parte de Lily.
Cada cual adopta una actitud diferente ante esa situación: James está completamente decidido, Sirius parece muy interesado, mientras que Remus se siente incomodísimo y Lily tiene ganas de estrangularles a todos.
-Lo siento, Lily –dice James dispuesto a sincerarse hasta las últimas consecuencias, si es necesario-. Siento haber sido… tan poco razonable. Verte salir de aquel escobero con Snape me sentó como una patada en el estómago. Pensaba que ya no erais amigos y…
-No somos amigos –le corta Lily con hastío-. Te conté cómo acabó mi amistad con Severus y…
-Lo sé, lo sé –en esa ocasión es James quien la interrumpe-. Es sólo que cuando os vi juntos otra vez, pensé que a lo mejor habíais vuelto a retomar vuestra amistad, y no pude evitarlo, Lily… Porque cada vez que recuerdo la manera en que te habló aquella tarde junto al lago me pongo enfermo…
Lily desvía la vista, incómoda, rememorando aquel episodio después de los TIMOS, cuando Severus la llamó sangre sucia. No es agradable recordarlo…
-Y sé que es decisión tuya. Tú decides si quieres que Snape siga en tu vida –James hace una pausa. Se humedece los labios y continúa-. Cuando os vi juntos me puse furioso, porque tuve la sensación de que serías capaz de volver a su lado, a pesar de todo lo que os separa. Pensé que estarías dispuesta a hacer borrón y cuenta nueva, mientras que a mí nunca me has dado ni una oportunidad… -resopla con fuerza y hunde las manos en los bolsillos de sus pantalones-. Estaba celoso, Lily. Celoso de que te importara más Snape que yo.
Lily mira a James a los ojos y siente una sacudida en el estómago. El rubor no tarda en llegar a sus mejillas.
-A Snape le gustas. Le gustas mucho, Lily. Siempre ha creído que te merece más que yo. Y por un momento pensé que… Pensé que tal vez tú…
-Severus y yo éramos amigos –Lily interrumpe a James y enfatiza las dos últimas palabras-. Y nunca fuimos nada más que amigos. Ni lo seremos. Yo no sé qué puede sentir él por mí, pero sé lo que yo siento por él. Siento decepción. Y tristeza. Porque he perdido un amigo que seguramente cuando salga de Hogwarts se convierta en mi enemigo.
James asiente en señal de comprensión y aceptación. Se siente más miserable que antes por haber sido tan imbécil con Lily.
-No reaccioné nada bien cuando os vi juntos y lo siento, de verdad. Y sé que después no te di la oportunidad de que habláramos sobre lo ocurrido. No quería escucharte decir que… que erais amigos de nuevo. O algo más. La verdad es que me daba miedo que al final lo que más temía fuera cierto…
Lily se siente dividida. Por un lado, tiene el impulso de correr hacia James y abrazarlo, y por otra parte, le apetece estampar sus pequeños puños contra su pecho, porque no puede creer hasta qué punto James es capaz de ser tan idiota cuando se trata de Severus… Gana la batalla la parte que quiere golpearle cuando recuerda a James besando a la chica de Hufflepuff en el hall del castillo… Se siente enfadada y está hecha un lío, porque James no se lo ha dicho directamente, pero de manera implícita parece haber expresado que siente algo por ella. Y eso hace que respire aliviada y que se sienta confusa al mismo tiempo. ¿Por qué besa a otra chica si siente algo por ella? ¿Por despecho?
De repente, se escucha un carraspeo en la sala común, y James y Lily dejan de mirarse mutuamente para girarse en dirección a Remus y Sirius.
-En este punto de la historia entro yo –dice Sirius señalándose a sí mismo con los pulgares-. Como veía a Jimmy tan jodido, pensé que tal vez podía echarle una mano.
-Traducido: Sirius metió las narices donde nadie le llamaba y todo salió mal –aclara Remus con condescendencia.
Sirius le mira con rencor y vuelve a dirigir la vista hacia Lily.
-Pensé que el ambiente de la fiesta ayudaría a que arreglarais vuestras diferencias –explica Sirius, obviando el detalle de que en el fondo esperaba que su mejor amigo consiguiera besuquearse con Lily en algún rincón oscuro de la sala común.
Lily mira a Sirius con una expresión que deja en evidencia lo que piensa de sus ideas. Pero por si no ha quedado claro, lo dice en voz alta:
-Eso es una estupidez.
-Disculpa, pero si no fueses tan estirada con respecto a las normas…
-¡Sirius, soy prefecta y Premio Anual! ¡Es lo que se espera de mí! ¿Qué quieres que haga? ¿Crees que a mí me gusta tener que ir por ahí diciéndole a todo el mundo lo que tiene que hacer? Ya somos todos mayorcitos, ¿no? Se supone que deberíais ser un poco más responsables, un poco sólo, no te pido tanto, Sirius. ¡Pero no! El Gran Sirius Black está por encima del resto de los mortales… ¡Él tiene que hacerlo todo a lo grande! Y si organiza una fiesta, no puede ser algo discreto… No… ¡¿Qué puede haber mejor que montar una fiesta llena de alcohol y chicas de otras casas?! Y yo ya estoy harta de dar siempre la cara… Hay más prefectos y Premios Anuales en Gryffindor… -Lily mira entonces con toda la intención a Remus y a James.
Después de semejante estallido repleto de reproches, los chicos se sienten un tanto aturdidos, como si hubiesen recibido una bofetada.
-Bueno… Admito que lo de invitar a chicas de otras casas fue un poco un error… -cede Sirius con aire culpable.
-¿Un poco sólo? –insiste Lily.
-De acuerdo, fue una gran cagada –admite Sirius a regañadientes-. ¡Pero tenía un buen motivo! Peter está colado por una de las chicas de Ravenclaw que invité a la fiesta…
-¡Qué bonito! –comenta Lily con sarcasmo-. Sabes que eso no te excusa, ¿no?
-Lo que quiero decir es que no lo hice con mala intención, no pensé que acabaríamos todos castigados, joder. Lo siento, Lily. Yo asumo toda la responsabilidad por lo de la fiesta.
Sirius le dedica a Lily una mirada de arrepentimiento con sus impresionantes ojos grises y compone una expresión de chico bueno. Y al muy caradura no se le da nada mal, como es de esperar… Lily chasquea la lengua y mira hacia otro lado, enfadada por no poder seguir gritándole un poco más a Sirius sin sentirse mal consigo misma.
-En realidad, Sirius no es el único responsable, Lily –dice Remus-. Como prefecto, yo debería intentar pararle los pies más a menudo…
-Y yo también, ahora que soy Premio Anual… -comenta James con aire culpable-. Se podría decir que no hemos colaborado demasiado…
-No os flageléis, chicos, hacéis lo que podéis –ahí está de vuelta el Sirius irónico.
James y Remus le dedican una mirada cortante y dicen al unísono:
-Cállate, Sirius.
-Olvidadlo. Me conformo con que a partir de ahora me pongáis las cosas más fáciles –dice Lily.
-Bueno, yo no te prometo nada, pero lo intentaré –responde Sirius con gesto inocente.
Lily pone los ojos en blanco y cuando vuelve a enfocar la vista en James, lo ve pasándose una mano por el cabello, como suele hacer, pero en esa ocasión reconoce que no es un gesto de arrogancia, sino de nerviosismo.
-Lily, quiero aclararte lo que viste ayer por la mañana en el hall del castillo.
Lily se tensa, porque sabe perfectamente que se refiere al beso con esa chica de Hufflepuff. Y no está muy segura de querer oír nada que tenga que ver con eso, aunque obviamente el tema le interesa bastante.
-Nos besamos en la fiesta.
Así que el beso del hall no fue el primero… Un golpe bien asestado, piensa Lily, que siente de repente un nudo en la garganta y unas ganas tremendas de largarse de allí corriendo.
-Fue un error. Yo estaba muy pero que muy borracho, como nunca, y ella se me acercó en la fiesta y me besó. Y yo no la detuve… -James parece dudar y a Lily le extraña ver sus mejillas sonrosadas de repente-. Probablemente lo que voy a decir ahora es lo más patético que has oído en tu vida, pero me he prometido a mí mismo que iba a ser sincero y… -suspira y continúa-. Estaba tan borracho y tan jodido, que cuando me besó, imaginé por un momento que eras tú.
Lily parpadea varias veces seguidas, apabullada. James besó a otra chica mientras pensaba en ella… No sabe cómo tomárselo, sinceramente… Abre la boca para intentar decir algo, pero vuelve a cerrarla porque no tiene ni idea de qué responder a eso.
Sirius, por el contrario, lo tiene muy claro:
-Joder, tío, sí que es patético…
-¡Sirius! –masculla Remus al tiempo que le da un puñetazo en el brazo.
Sin hacer el menor caso a sus amigos, James continúa:
-Cuando pensé en lo estúpido y patético que era lo que estaba haciendo, dejé de besarla.
-Sí, doy fe de ello. De hecho, casi se abre la cabeza huyendo de esa chica… Le salvaron sus reflejos de jugador de quidditch.
James le lanza una mirada de advertencia a Sirius para que se calle.
-A la mañana siguiente apenas podía recordarlo. Y después, antes de entrar al Gran Comedor, ella se me echó encima y me pilló completamente desprevenido. Le aclaré enseguida que lo que había pasado entre nosotros había sido un error producto de la borrachera.
Lily recuerda el momento en el que vio a James con esa chica de Hufflepuff en el hall de entrada y siente un retortijón muy desagradable en el estómago. La verdad es que no se quedó allí tanto tiempo como para comprobar qué clase de beso era. La cabeza le da vueltas después de todo lo que ha oído.
-Sabes que no me conformo con que tú y yo seamos sólo amigos, ¿verdad? –murmura James mirándola fijamente de un modo muy intenso-. Sabes que quiero mucho más…
Las mejillas de Lily se cubren de un ligero rubor y la opresión que nota en su pecho no es nada agradable. Se siente demasiado insegura e incapaz de decidir qué hacer.
-Por favor, Lily, di algo –la voz de James es casi un ruego desesperado.
-No sé qué decir… -susurra Lily con sinceridad.
-Siento haber sido un gilipollas y entendería que quisieras mandarme a la mierda… Pero necesito saber si tengo una oportunidad contigo, por remota que sea… Necesito saberlo… -la voz de James está cargada de anhelo.
-No es tan sencillo, James –responde Lily sin poder sostenerle la mirada.
-Dime que no hay nada entre nosotros. Dime que me lo he imaginado. Dime que no sientes nada por mí –dice James acercándose a Lily lentamente.
Al parecer ha sido más obvia de lo que ella misma creía… Lily se muerde el labio inferior con fuerza intentando evitar las lágrimas que amenazan con nublarle la vista. Y lo consigue. Lo que no logra es deshacerse de esa opresión en el pecho que duele. Porque una parte de ella quiere dejarse llevar y no pensar cien veces en ello antes de dar el paso, pero la otra parte, la racional, ésa demasiado prudente e inflexible, le ordena que se detenga.
-No puedo, James.
Entonces Lily se aleja de él. Y James siente como si entre ellos hubiese un espacio enorme e insalvable.
-No estoy segura de querer que haya algo entre nosotros.
Lily da media vuelta y desaparece por las escaleras que conducen a los dormitorios femeninos, dejando en la sala común a un James derrotado.
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El lunes por la mañana Lily se levanta agotada tras pasar toda la noche dando vueltas en la cama sin pegar ojo. Y sin dejar de pensar ni por un sólo segundo en la conversación con James horas atrás. Ni siquiera el agua caliente de la ducha logra relajar sus músculos, tensos y agarrotados. Con la cabeza empapada bajo la cascada de agua, intenta poner la mente en blanco, pero la voz de James acaba colándose una vez más en sus pensamientos. Dime que no hay nada entre nosotros. Dime que me lo he imaginado. Dime que no sientes nada por mí… Se frota los ojos con fuerza y suspira con pesadez.
Lily no tiene ninguna duda al respecto. Le gusta James Potter. Le gusta muchísimo. Demasiado… Tanto que le asusta hasta dónde pueden llegar esos sentimientos. Y el problema es que no sabe si es una buena idea. Ella y James juntos. Cree que si lo intentasen, no funcionaría. Que sería un auténtico desastre. Ya es un desastre y ni siquiera han empezado…
Pero no siempre ha pensado así. Ha habido momentos (muchos, en realidad) en los que se ha planteado la idea de tener algo con James. Algo serio. Algo importante. Algo como una relación. No solamente unas cuantas citas en Hogsmeade y algunas visitas esporádicas a aulas vacías en penumbra.
Se pregunta si lo que ha pasado últimamente entre ellos es una especie de señal, una señal enorme con luces rojas intermitentes, para reconsiderarlo todo y olvidarse de la idea de estar con James. Mary suele decir que cuando algo empieza mal, acaba mal. Y Lily no sabe si es una norma no escrita, y si lo es, le gustaría pensar que ella y James son la excepción. Le gustaría, pero… Lily sale de la ducha pensando que tal vez su problema es que siempre está buscándole "peros" a todo…
De camino al Gran Comedor, Lily esquiva hábilmente las preguntas de Mary y Marlene sobre el mal aspecto que tiene. Mientras se sirve una buena taza de café con leche, mira a ambos lados en la mesa de Gryffindor y constata que los Merodeadores no han bajado a desayunar todavía. Marlene comienza a hablar sobre la salida a Hogsmeade de ese fin de semana y Lily desconecta durante unos segundos. Tal vez debería compartir con sus amigas lo que pasó anoche entre ella y James y escuchar otro punto de vista. Pero la verdad es que no tiene muchas ganas por ahora de enfrentar sus miradas de suficiencia y de "Te lo dije. Te dije que James no estaba saliendo con esa chica de Hufflepuff".
Lily, Marlene y Mary llegan con tiempo de sobra a clase de Defensa Contra las Artes Oscuras y toman asiento en primera fila. Tras sacar su libro, pergamino, pluma y tinta de la mochila, Lily levanta la vista a tiempo de ver a James entrando por la puerta y sus miradas se cruzan. Tres segundos breves pero intensos que la dejan agitada y temblorosa. No va a ser fácil compartir las siguientes clases con él…
Horas después, Lily, Mary y Marlene ocupan su mesa habitual al fondo de la biblioteca junto a uno de los enormes ventanales, tras la última clase de la tarde. Lily abre su libro de Transformaciones y cuando va a sacar su ensayo a medio hacer de la mochila, se da cuenta de que lo ha olvidado en su habitación. Maldiciendo por lo bajo se pone en pie ante las miradas interrogantes de sus amigas.
-¿Qué pasa? –susurra Mary.
-Tengo que terminar el ensayo de Transformaciones y se me ha olvidado en el dormitorio…
-Qué raro, con la buena memoria que tienes… Es como si tuvieras la cabeza en otra parte, ¿no? –murmura Marlene sin quitar la vista de su propio libro.
Lily le lanza a Marlene una mirada cortante, aunque ella continúe sin mirarla. Se dirige deprisa hacia la salida de la biblioteca y poco después ya está traspasando el retrato de la Señora Gorda. James no está allí. Se abofetea mentalmente por pensar de manera inconsciente en él a cada paso que da.
Quien sí está en la sala común, recostado en un sofá con los pies sobre la mesita de té observando con pereza a los demás, es Sirius. Lily le ha visto y sabe que él la ha visto a ella también, porque puede notar cómo la sigue con la mirada. Cuando está a punto de poner un pie en las escaleras que conducen a los dormitorios femeninos, alguien la toma por el antebrazo y le da la vuelta.
-¿Tienes un momento? –pregunta Sirius desde una altura considerable, haciendo que Lily se vea obligada a echar la cabeza hacia atrás para poder mirarle a los ojos.
Sus ojos grises irradian una confianza en sí mismo que hacen desconfiar a Lily. Tiene la sensación de que no va a librarse de él por muchas excusas que le ponga. Mirándolo fijamente y con atención, Lily entiende las pasiones que levanta Sirius entre el público femenino. Pero afortunadamente para ella (y para James), Lily es inmune a él, de modo que no va a dejarse convencer para… para lo que sea que esté tramando una mente perversa como la de Sirius.
-La verdad es que tengo bastante prisa y…
-Nada de excusas, ¿vale? –la interrumpe Sirius con gesto serio-. Quiero hablar contigo y es importante.
Eso sí que es sorprendente. El gesto habitualmente gamberro, sarcástico y descarado de Sirius se ha tornado grave.
-Vale, ahora me estás preocupando… –responde Lily.
-Ven conmigo.
Y antes de que Lily pueda negarse y soltarse del agarre de Sirius, él ya la está arrastrando de la mano por las escaleras que llevan a los dormitorios masculinos.
-¡Sirius, pero qué haces! ¿Es que no podemos hablar abajo, en la sala común? ¡Yo no puedo subir a vuestros dormitorios!
-¡Oh, vamos! ¡Eres Premio Anual, Lily! ¡Puedes hacer lo que te dé la gana!
Sirius abre la puerta de su dormitorio, aún con la mano de Lily estrujada entre la suya, y la empuja con delicadeza para que pase. Acto seguido entra detrás de Lily y cierra la puerta a sus espaldas.
-¡Sirius! –exclama Lily con los brazos en jarras y una expresión airada. Parece una madre a punto de regañar a su hijo pequeño.
Y como no puede ser de otra manera, a Sirius le da la risa.
-No nos estamos saltando ninguna norma, ¿no? –dice Sirius con aire inocente-. Eres Premio Anual, tienes permiso para subir a los dormitorios de los chicos.
Lily ladea la cabeza y le mira mal, muy mal.
-Por un buen motivo, sí, Sirius. No porque a ti te dé la gana…
-Ah, pues tengo un buen motivo, así que… -Sirius hace un gesto elocuente con las manos y toma de nuevo a Lily por el brazo para conducirla hasta una de las camas-. Quiero que veas algo.
Lily frunce el ceño, extrañada, y de repente cae en la cuenta (estúpidamente) de que está en la habitación de Sirius… y de James. Mira a su alrededor, como si esperase verle de un momento a otro saliendo del cuarto de baño o entrando por la puerta. Después repara en el dormitorio. Está algo desordenado, aunque no tanto como cabría esperar.
-¿Dónde… están los demás? –pregunta Lily evitando pronunciar el nombre de James.
-No te preocupes por los demás –contesta Sirius agachándose a un lado de la cama y palpando a ciegas el suelo que hay debajo-. James y Remus están haciendo la ronda por el castillo y Peter está en las cocinas… El tío está enganchado a los pastelitos de crema de los elfos…
Sirius saca una caja pequeña de color rojo de debajo de la cama, la arrastra por el suelo y se sienta delante de ella. Le hace un gesto a Lily para que le imite y tome asiento frente a él, con la caja entre ambos. Ella obedece porque a esas alturas la curiosidad ha vencido a cualquier queja que pudiera tener.
-¿Me has traído aquí para que vea lo que guardas en la caja?
-No es mía. Es de James –contesta Sirius sin rodeos-. Échale un vistazo.
Lily le dedica una mirada perpleja a Sirius, después a la caja y de vuelta a Sirius.
-James no sabe que estoy aquí, ¿verdad? –pregunta Lily con el ceño fruncido, confusa-. No entiendo nada, Sirius, y…
-Cuando veas lo que hay dentro, lo entenderás.
-Sea lo que sea, es de James y yo no tengo derecha a hurgar en…
Sirius resopla con exasperación y abre él mismo la caja, consiguiendo interrumpir el discurso reticente de Lily, que enmudece en el acto. Sus ojos verdes van directos al contenido de la caja. James guarda toda clase de cosas en su interior y lo primero que le llama la atención son unas fotos; fotos en las que se reconoce a sí misma.
Las saca de la caja y cuando las ve, los recuerdos invaden su cabeza. En una de las fotos ella y James saludan a la cámara desde el andén nueve y tres cuartos, con el expreso de Hogwarts de fondo y sus insignias de Premio Anual sobre las túnicas del colegio. Recuerda a la madre de James, llena de orgullo, pidiéndoles que posaran juntos. En otra foto tomada un par de días antes de terminar sexto curso (Mary había insistido en que se hicieran aquella fotografía) aparecen todos juntos y sonrientes: James, Sirius, Remus, Peter, Mary, Marlene y ella misma. La última foto le arranca una sonrisa a Lily. Son ella y James en la sala común las Navidades pasadas. Recuerda que James recibió una cámara de fotos como regalo de parte de sus padres y se pasó el resto de las vacaciones fotografiando a todo el mundo. Lily le había evitado hábilmente, hasta que una tarde en la sala común, James se plantó a su lado sin previo aviso y pasó con rapidez un brazo por encima de sus hombros, mientras Sirius captaba con la cámara el momento entre risas. En la fotografía una Lily ruborizada da pequeños empujones a un James sonriente.
Lily deja a un lado las fotos, y su atención vuelve al interior de la caja. Hay una pajarita de papel y cuando la alcanza observa que está hecha con una servilleta. Ve parte de un logotipo y lo reconoce al instante. Es una servilleta de la heladería de Florean Fortescue y de repente se da cuenta de que esa pajarita la hizo ella misma. Aquel último verano, un día de agosto, Lily acababa de terminar de hacer unas compras en el Callejón Diagon cuando se encontró con los Merodeadores frente a la tienda de animales. Y después de presenciar cómo Sirius mordía el polvo con la dependienta de la tienda de mascotas al ser rechazado, fueron todos juntos a comer un helado. Lily tiene la costumbre de juguetear con su servilleta entre los dedos y casi siempre acaba haciendo pajaritas y cosas por el estilo. Y James se la había llevado aquel día…
Lo siguiente que saca de la caja es un recibo de una cafetería de Londres. Lily reconoce de inmediato el lugar y siente un hormigueo en el estómago. Ese mismo verano quedó con Remus, Mary y Marlene para ir al teatro en el West End. Tras la función, y para su sorpresa, James, Sirius y Peter los esperaban a la salida del teatro. El recibo que había en la caja era el de la cafetería donde habían pasado el resto de la noche jugando al billar y tomando batidos. Sirius y James se habían sentido de lo más indignados al saber que no podían pedir unas cervezas, ya que la mayoría de edad en el mundo muggle se alcanza a los 18 años. De modo que tuvieron que conformarse con unos batidos, mientras jugaban al billar, o lo intentaban al menos… Fue un verdadero espectáculo (vergonzoso y gracioso a partes iguales) ver a los chicos manejar los tacos de billar al principio, aunque al final de la noche consiguieron pillarle el truco al juego…
Lily deja el recibo junto a la caja y entonces se fija en un trozo de pergamino con su propia caligrafía. Es una nota que le pasó a James semanas atrás durante una clase de Transformaciones para recordarle la fecha de una reunión con la profesora McGonagall. Él se la había devuelto con un chiste subido de tono escrito en el reverso, y ella había contestado con una frase lapidaria que había hecho reír por lo bajo a James.
Después de sacar todo el contenido de la caja, Lily ve que en el fondo aún queda algo. Es un pañuelo de color crema con dos iniciales bordadas en una esquina: L.E. Es suyo…
James guarda todas esas cosas… Todas esas cosas que le recuerdan a ella, a algunos de los momentos que han compartido juntos… Y es demasiado tierno, demasiado especial, demasiado romántico… como para pasarlo por alto.
Lily siente el corazón desbocado, un cosquilleo en el estómago y unas ganas tremendas de sonreír como una idiota. Sabe perfectamente lo que le está pasando y no hay vuelta atrás. Se está enamorando de James Potter… Poco a poco pero sin frenos.
Lily recoge una a una todas las cosas que ha sacado de la caja y las mete dentro con deliberada lentitud, retrasando el momento en el que tendrá que volver a mirar a los ojos a Sirius. Cuando por fin pone la tapa sobre la caja, levanta la vista y un intenso rubor cubre sus mejillas.
-¿Por qué me has enseñado esto? –pregunta Lily con voz entrecortada.
-Por si te quedaba alguna duda sobre lo jodidamente colgado que está James por ti.
Lily juguetea con el dobladillo de su falda, incomoda, mirando cualquier cosa menos a Sirius.
-No irás a negarme ahora que sientes algo por James… -Sirius decide tomar la iniciativa dado que Lily parece poco comunicativa-. Te recuerdo que yo también estaba anoche en la sala común.
-Como si pudiera olvidarlo… -responde Lily con una mueca.
-¿Y?
Lily suspira hondo y enfrenta la mirada de Sirius con decisión.
-¿Qué quieres que te diga? Si parece que lo sabes todo… -dice Lily con resignación-. De acuerdo, sí, admito que siento algo por James. Pero, francamente, no sé si la mejor idea es dejarme llevar por esos sentimientos. Después de los últimos días no tengo muy claro que lo mío con James vaya a funcionar. Quiero creerlo, por supuesto… Y de hecho, antes lo creía, pero… Ni siquiera hemos empezado y mira lo bien que nos va…
Lily siente que se quita un peso de encima cuando pronuncia en voz alta por primera vez sus dudas. Sirius la mira atentamente y menea la cabeza antes de decir:
-Menuda Gryffindor estás hecha…
Lily se encoge de hombros y no puede seguir sosteniéndole la mirada a Sirius. Se observa las manos sobre su regazo hasta que él vuelve a hablar.
-Funcionaría. Estoy convencido.
-¿Cómo puedes estar tan seguro? –pregunta Lily deseando creerle más que nada.
Y Sirius percibe la ansiedad en su voz.
-Simplemente lo sé –contesta él y ante la mirada escéptica de Lily, su expresión se torna impaciente-. Mira, lo siento pero yo no soy Remus… No esperes que te suelte un montón de mierda romántica… o que te cite a Lord Byron y a las hermanas Brontë…
Lily no puede evitar dibujar una sonrisa torcida al escuchar a Sirius.
-Lo único que te puedo decir es esto: si no lo intentas, siempre te quedarás con la duda de lo que hubiese podido ser y no fue –acaba Sirius con expresión determinada.
Lily le observa con atención, mientras sus palabras le calan hondo y le producen un vacío en el pecho.
-Tal y como yo lo veo, tienes dos opciones: arriesgarte y ver qué pasa, o ser una cobarde y quedarte en tu zona de confort.
A Lily no le hace falta darle demasiadas vueltas a lo que acaba de escuchar para saber que Sirius tiene razón. Y ella nunca se ha considerado una cobarde… ¿Va a empezar a serlo justo ahora?
-Así que estás totalmente convencido, ¿no? –dice Lily con una chispa de ilusión en sus ojos y el atisbo de una sonrisa.
-Completamente. Nadie conoce a James mejor que yo. Y creo que después de haber pasado más de seis años en Hogwarts contigo, te conozco un poco a ti también.
Lily ladea la cabeza y no refuta esa afirmación, de modo que Sirius se da por satisfecho.
-Tienes razón –dice Lily con renovada seguridad tras unos momentos de silencio-. Es sólo que estos últimos días han sido… -suspira-. Un asco. Perdí la confianza en James, en mí misma y… En fin…
-Ya. Eso y que te juntas mucho con Remus. Se te ha contagiado su pesimismo.
Lily ríe y niega con la cabeza repetidas veces. Sirius es capaz de mantener una conversación seria y profunda y al segundo siguiente soltar una tontería de las suyas.
-Tengo que hablar con James –dice Lily, decidida, al tiempo que se pone en pie.
Sirius deja la caja en su sitio de nuevo, bajo la cama de James, y cuando se levanta suelta con una expresión desvergonzada:
-Yo espero que hagas algo más que hablar con él, sinceramente. El pobre va a explotar, pelirroja.
-Eres incorregible –murmura Lily, ruborizada, dándole la espalda a Sirius, cuya risa atronadora inunda la habitación.
-¿Por qué no le esperas aquí? Debe de estar a punto de terminar la ronda. Y antes de que digas que es poco apropiado… Piensa que aquí tendréis intimidad, algo muy difícil de encontrar en este colegio… Te prometo que Remus, Peter y yo no vamos a subir a molestar.
Lily lo piensa por un momento y se encoge de hombros, aceptando la sugerencia.
-Bien, yo voy a bajar a la sala común para decirle a James cuando llegue que estás aquí –comenta Sirius dirigiéndose a la salida.
-Sirius… -dice Lily antes de que él alcance la puerta-. Gracias. Creo que necesitaba que alguien me ayudase a ver de nuevo el vaso medio lleno.
Sirius se encoge de hombros restándole importancia y responde:
-Ha sido un placer. Pero para las charlas de chicas sigue recurriendo a Remus, ¿de acuerdo?
Lily asiente con la cabeza al tiempo que ríe. De pronto siente una ligereza y una tranquilidad tan agradable… Después de haber arrastrado su pesimismo durante tres días por todo el castillo, es un alivio haberse deshecho de esa sensación.
-Sirius –vuelve a decir Lily justo cuando él se encuentra bajo el umbral de la puerta a punto de salir-. No tengo por qué decirle a James que conozco la existencia de esa caja. Puede ser nuestro secreto, si quieres.
Sirius sonríe de medio lado y se apoya contra el marco de la puerta.
-Será nuestro secreto, entonces... La verdad es que si se entera de que te he enseñado la caja, puede que quiera empujarme al vacío desde la torre de Astronomía y hacer que parezca un accidente… Pero tenía que arriesgarme de todos modos.
Mientras Sirius da media vuelta y cierra la puerta a sus espaldas, Lily sonríe al reconocer la indirecta en sus últimas palabras. Tenía que arriesgarme… Y no puede estar más de acuerdo.
Sirius baja el último escalón y tras un rápido vistazo comprueba que James aún no ha llegado a la sala común. Ocupa un sillón encarado hacia el hueco del retrato y espera pacientemente. Unos quince minutos después, Remus y James entran en la sala común tras terminar la ronda por el castillo.
-¿Y Peter? –pregunta James mirando alrededor.
-En las cocinas. Y lleva ya un buen rato, va a acabar con todas las existencias. Es un saco sin fondo… Un día de estos le prohibirán la entrada a las cocinas y acabará comiéndose a un elfo… -responde Sirius.
James y Remus se ríen al tiempo que ocupan uno de los sofás.
-Y cambiando de tema por uno mucho más interesante… Cornamenta, Lily está arriba esperándote. Quiere hablar contigo –suelta Sirius sin preámbulos.
James, que se había dejado caer de cualquier manera en el sofá, de repente está completamente erguido. Con el ceño fruncido y una expresión de total confusión, pregunta:
-¿Lily? ¿Arriba? ¿Arriba dónde?
-En el tejado, no te jode… ¡En nuestra habitación, dónde si no!
-¿En nuestra habitación? –vuelve a preguntar James como si pensara que Sirius se ha vuelto loco de remate.
-¿Quieres dejar de hacer preguntas estúpidas y subir de una vez? ¡Que tu pelirroja te está esperando, atontado! –exclama Sirius con impaciencia.
Entonces James se levanta del sofá como impulsado por un resorte, con cara de estar viendo al mismísimo Merlín en persona, y sin decir ni una sola palabra se dirige a toda prisa directo a las escaleras que conducen a los dormitorios. Una vez arriba, se encamina con la misma rapidez hacia la puerta de la habitación y la abre de golpe. Lily, sentada encima del baúl de James, da un respingo, sobresaltada por su repentina entrada en el dormitorio.
-Lily…
Ella se pone en pie y compone una sonrisa tímida antes de decir:
-Hola. Espero que no te importe que haya subido a vuestro dormitorio.
-¿Qué? No, claro que no… Sirius me ha dicho que estabas aquí –responde James cerrando la puerta a sus espaldas.
-Hemos estado hablando. Sirius y yo.
La mirada interrogante de James da pie a Lily para que continúe.
-Y la verdad es que cuando no está diciendo idioteces o siendo sarcástico, es bastante sensato…
-¿Sirius sensato? –contesta James con una sonrisa torcida, sin estar muy seguro aún sobre qué dirección va a tomar esa conversación.
-James…
La voz de Lily es un susurro aterciopelado que acelera el corazón de James cuando escucha la manera en que pronuncia su nombre.
-Olvida lo que te dije ayer –continúa Lily acercándose a él-. Sobre lo de no estar segura de querer que haya algo entre nosotros. Olvídalo.
James acorta la distancia que los separa. Está tan cerca de Lily que puede ver mejor que nunca los distintos tonos de verde entremezclados en sus iris.
-¿Estás segura ahora? –pregunta James en un susurro ronco.
Lily asiente en silencio y James no necesita ninguna otra señal para hacer lo que lleva tanto tiempo esperando. Cuando sus labios rozan los de Lily, siente una descarga en cada fibra de su ser, un torrente abrasador a través de las venas, el latido desbocado de su corazón… Infinidad de sensaciones que sería incapaz de expresar con palabras. Y cuando los labios de Lily se abren a él, tímidos y temblorosos, las manos de James abandonan su cuello y se aferran a su cintura, estrechándola en un abrazo íntimo. Los dedos de Lily viajan desde la pechera de la túnica de James hasta su nuca, donde trazan suaves caricias y se enredan en su cabello oscuro de tanto en tanto.
Es un beso lento y dulce al principio; mucho más apasionado y ansioso tras reconocerse mutuamente. James recorre los labios de Lily con intensidad y deseo, hundiéndose en lo más profundo de su boca con las lánguidas y largas embestidas de su lengua. El alivio que siente James ante la respuesta instantánea y entusiasta de Lily casi le hace gemir contra sus labios. Su perfume floral huele a gloria y algo en su interior, a un nivel básico que ni él mismo puede comprender, le dice que nunca llegara a saciarse de ella del todo, nunca tendrá suficiente.
Cientos de emociones, y todas ellas nuevas, abruman a Lily. James la besa de un modo que hace que su corazón lata fuerte contra su pecho y que sus rodillas se aflojen. Siente que arde en su interior. Es un fuego que la inunda y que va creciendo con cada caricia. Las manos de James en su cintura... Subiendo por su espalda… Acariciando su larga melena… Esas manos que la dejan sin aliento y temblorosa entre sus brazos…
Los segundos, los minutos, las horas… parecen haberse detenido para ellos, perdidos entre dulces susurros y besos colmados de deseo. Lentamente y con desgana, intuyendo que llevan demasiado tiempo encerrados en el dormitorio, sus labios rompen el contacto sin alejarse el uno del otro. Los brazos de James rodean a Lily, cuyas manos descansan sobre el torso de él. Bajo sus dedos, nota los latidos acelerados del corazón de James y sonríe extasiada.
-¿Esto quiere decir que si te pido que me acompañes este fin de semana a Hogsmeade, me dirás que sí? –pregunta James intentando reprimir una enorme sonrisa y fracasando estrepitosamente.
La risa alegre y cálida de Lily es música para los oídos de James.
-Éste y todos los fines de semana que quieras –contesta Lily mirando con coquetería a James por debajo de sus largas pestañas.
Lily recibe un beso de lo más entusiasta como respuesta. James enmarca su rostro entre las manos y acaricia sus mejillas con los pulgares, pero antes de volver a dejarse llevar, Lily decide que hay algo acuciante de lo que deben hablar. Al pensar en la salida a Hogsmeade con James, es imposible no tener en cuenta el hecho de que si para el sábado queda todavía alguien en Hogwarts que no sepa que están juntos, una cita en el pueblo es la mejor manera de que no quepa duda. Y antes de que eso ocurra, Lily quiere asegurarse de algo.
-James…
La voz de Lily no es demasiado firme, debido al ataque repentino a su cuello, en el que James parece muy concentrado.
-James… Tienes que prometerme algo…
Esta vez Lily consigue reunir fuerzas y apartarse suavemente de James, que responde sin asomo de duda:
-Lo que quieras.
-Prométeme que vas a dejar a Severus fuera de lo nuestro. No quiero más peleas, ni más duelos, ni más malentendidos… No tienes motivos para estar celoso, James.
El rostro de James se ha tornado serio de repente.
-Sabes que le gustas, ¿no?
-Y ya sabes que tú me gustas a mí, ¿no? –responde Lily con determinación. Acto seguido suspira y su expresión se vuelve cansada-. Ojalá estés equivocado, sinceramente. Aunque ya no seamos amigos, no le deseo ningún mal a Severus.
-Estoy convencido de que cuando se entere de que tú y yo estamos juntos, intentará volver a acorralarte en algún pasillo desierto para darte un sermón sobre lo cabrón que soy y lo poco que te merezco –dice James con resentimiento.
-Espero que no se atreva a hacer tal cosa, porque mi paciencia tiene un límite. Pero si llegara a ocurrir, también espero que tú confíes en que yo sepa manejar la situación.
James aprieta la mandíbula y asiente de mala gana.
-Quiero estar contigo, James, le pese a quien le pese –sentencia Lily más segura que nunca-. Y nada de lo que pueda llegar a decirme Severus hará que mis sentimientos por ti cambien. ¿Te queda claro?
James vuelve a sonreír, en parte porque el tono autoritario de Lily le parece adorable y en parte porque sus palabras le provocan una calidez de lo más agradable en el pecho.
-Claro como el agua.
-Así que nada de duelos en los pasillos. No quiero que te expulsen justo cuando empezamos a salir juntos –dice Lily con una expresión de fingida seriedad, arruinada por completo por la sonrisa que baila en sus labios.
-Sí, la verdad es que sería un verdadero fastidio… No sé a quién echaría más de menos: a McGonagall o a ti.
Lily se echa a reír y entonces parece recordar algo, porque consulta la hora en su reloj de pulsera al tiempo que abre los ojos de par en par:
-Hace horas que debería haber vuelto a la biblioteca –ante la mirada interrogativa de James, Lily continúa-. Estaba allí con Mary y Marlene, pero se me olvidó el ensayo de Transformaciones en el dormitorio y volví a por él. Y… aquí sigo. Deben de pensar que me he perdido por el camino…
-Vamos, entonces –responde James alargando una mano hacia Lily y ella no duda ni un segundo en entrelazarla con la suya.
Cuando han cruzado la puerta del dormitorio, James mira a Lily con curiosidad y pregunta:
-Por cierto… ¿Tengo que darle las gracias a Sirius?
Lily le devuelve una mirada misteriosa y se encoge de hombros.
-Un poco sólo. Pero no dejes que se le suba a la cabeza. Ya es bastante insoportable…
James suelta una carcajada y le roba un beso rápido a Lily. Cuando llegan a la sala común con las manos aún entrelazadas, no pasan desapercibidos para el resto de sus compañeros, y mucho menos cuando Sirius empieza a aplaudir y a lanzar gritos:
-¡Potter y Evans por fin están juntos! ¡Ya era hora, joder!
¿Y bien? ¿Demasiado cursi? ¿Sí? ¿No? ¿Qué os ha parecido la conversación entre Lily y Sirius? ¡Quiero saberlo todo, jajaja! ¡Dejadme un comentario para conocer vuestra opinión! Vuestros reviews inspiran, así que acabáis siendo parte importante en el proceso de la historia.
Muchas gracias a Kiztiapotter, Guest, StydiaShippsJily y Maca por sus reviews, y también a quienes me habéis puesto en alerta y en favoritos: AndreaMalfoygeek, phan0, AndiDiAngelo y GalaxInfinity
En cuanto al próximo relato que subiré, aún no tengo decidido cuál será, porque tengo varias ideas en el tintero, así que... Sorpresa. ¡Un beso y hasta la próxima!
