¡Un saludo para todos los que seguís el fic!
Kiztiapotter: ¡Muchas gracias por tu review! A mí también me encanta la amistad de los Merodeadores, son leales a muerte (quitando a la rata traidora y cobarde de Pettigrew, obviamente). Siempre me han gustado las escenas de los libros en las que Harry interactuaba con Sirius y Remus, porque era como el único vínculo que tenía con su padre, a quien nunca pudo conocer. Por eso (y por muchas más cosas) es tan triste que Sirius y Remus se fueran tan pronto. La escena que mencionas en la que Remus y Sirius se encuentran con James en el más allá y le aseguran que han cuidado de Harry... Wow, tremenda... En cuanto a Ron... ¡Ay, Ron! Es un personaje que a mí me gusta (aunque tengo que admitir que me gusta más Harry), pero no te niego que en más de una ocasión me han dado ganas de darle un tortazo, como por ejemplo cuando en el sexto libro se pone tan celoso sólo porque Hermione se besó con Krum en cuarto curso, y después encima se enrolla con Lavender... En cuanto a lo que tú mencionas, cuando Ron se fue y dejó a Harry y Hermione solos... Creo que es un tema que depende de la perspectiva con la que se mire. La verdad es que yo le perdoné, aunque me quedé alucinada cuando lo leí, entre otras cosas porque pensaba que alguno de los tres iba a morir antes de que pudieran volver a reencontrarse y ya me estaba dando un infarto... Pero al final entendí a Ron. Yo sí creo que Ron es leal a Harry, y lo ha demostrado muchas veces. El problema de Ron es su inseguridad, su baja autoestima. Es su mayor debilidad. Si Ron hubiera tenido más confianza en sí mismo, su relación con Hermione habría sido muy diferente, por ejemplo. Cuando regresó con Harry y Hermione en el séptimo libro, él explicó lo mucho que le afectaba llevar colgado del cuello el horcrux, y queda claro cuando vemos lo que el pedazo de alma de Voldemort le dice al abrirse antes de que lo destruya: que su madre prefiere a Harry, que cuando nació esperaban una niña, que Hermione también prefiere a Harry, que él nunca estará a la altura... Estoy convencida de que si no hubiese llevado el horcrux colgado del cuello durante aquella discusión, jamás se habría ido. El horcrux hacía más fuertes aún todas las inseguridades y miedos de Ron, hundiéndole. Al fin y al cabo podríamos decir que Voldemort sacaba lo peor de la gente... Ron quiso volver después, y de hecho regresó. Creo que lo importante es que se dio cuenta de que se había equivocado marchándose y quiso arreglarlo, volviendo con ellos. Y después de este rollazo que te he soltado, espero que el capítulo te guste y lo compense. ¡Un beso!
Bueno, en cuanto a este relato... es diferente a todo lo que he escrito hasta ahora; a medida que vayáis leyendo lo entenderéis...
CONTEXTO: Año 1977, junio, última noche del sexto curso.
-¡Ay! ¡Me has pisado!
-¡Cállate! Van a oírnos…
-¿Oírnos? No importará mucho si antes ven un montón de piernas caminando solas… Ya no cabemos los cuatro bajo la capa.
-Hace años que no cabemos todos juntos bajo la capa. No seas quejica…
-Sí, pero por lo menos antes sólo se nos veían los pies. Ahora casi se nos ven las rodillas…
-Si tuviéramos otra capa invisible…
-Claro que sí. Mañana a primera hora voy a la tienda de capas invisibles en oferta y compro media docena por un par de sickles, así tenemos de repuesto…
-¡Callaos ya! ¡Como nos atrapen porque sois incapaces de mantener el pico cerrado, pienso llenar vuestros calzoncillos de Polvos Pica-Pica Eficacia Extra! –espetó Sirius en un susurro airado.
James, Remus, Peter y Sirius hicieron el resto del camino hasta la torre oeste en completo silencio.
El verano acababa de comenzar hacía poco más de una semana, y el cielo despejado de nubes y aquella noche especialmente cálida parecían anunciarlo a los cuatro vientos. Mientras todos los habitantes del castillo dormían plácidamente en sus dormitorios, los Merodeadores se dedicaban a recorrer los pasillos desiertos y en penumbra que conducían desde la sala común de Gryffindor hasta la torre oeste. Peter llevaba el mapa del Merodeador oculto bajo la camiseta y Sirius sujetaba contra el pecho una botella de whisky de fuego, dos elementos clave en esa noche para celebrar el final del sexto curso, además de la capa invisible, por supuesto. Al día siguiente a las once de la mañana el Expreso de Hogwarts emprendería su camino de vuelta a Londres, pero la noche aún era joven y ellos, indomables e impulsivos, no iban a desperdiciarla durmiendo.
Había sido Sirius quien había propuesto salir a merodear aquella noche. Una idea temeraria y disparatada, como casi todo lo que se le ocurría. Pero tal y como él había dicho, otro curso llegaba a su fin y eso no era algo que ocurriera todos los días. Aunque en realidad Sirius no necesitaba ninguna excusa para hacerse con una botella de whisky en Hogsmeade y planear una salida nocturna; su principal motivación era el puro placer de romper las reglas, el resto eran meros pretextos.
Cuando llegaron a la torre oeste se deshicieron de la capa invisible y subieron por la escalera de caracol hasta el mirador, la parte más alta del torreón. Peter sacó el mapa del merodeador y apuntando con su varita la superficie en blanco del pergamino, murmuró:
-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
-Comprueba si Filch sigue en su despacho –dijo Sirius echándole un vistazo al mapa por encima del hombro de Peter.
-Sí, sigue en su despacho. Y la Señora Norris… -Peter paseó la mirada por el mapa buscando a la gata del conserje por los corredores durante varios segundos, hasta que por fin dio con ella-. Está en el tercer piso. Estamos a salvo.
En lugar de apuntar de nuevo con su varita al pergamino y ocultar las líneas y los puntos que formaban el mapa, lo dejó desplegado a un lado, en el suelo, para poder comprobar de tanto en tanto que no corrían peligro de ser descubiertos.
Sirius se asomó al balcón de la torre y aspiró el aire cálido de la noche:
-Qué pena que hoy no haya luna llena, porque es una noche espectacular para pasarla al aire libre –comentó con los antebrazos apoyados sobre la barandilla.
Los cuatro tomaron asiento en el suelo, muy cerca de la balaustrada de piedra del balcón, para poder disfrutar de las inmejorables vistas. James abrió la botella de whisky de fuego y dio el primer trago antes de pasársela a Remus. Un calor agradable ya conocido se extendió primero por su garganta y después por su estómago. En realidad, podían estar haciendo exactamente lo mismo en su dormitorio, pero salir a recorrer el castillo de noche lo hacía todo mucho más excitante.
-Cuando pienso que el año que viene será el último en Hogwarts, me cuesta creerlo –comentó James con añoranza.
-Sí, parece que fue ayer cuando nos conocimos en el Expreso de Hogwarts, ¿te acuerdas, Cornamenta? –dijo Sirius con una sonrisa y James asintió-. Recuerdo que al verte, pensé: "Este cuatrojos tiene cara de tonto, pero parece simpático. Me sentaré con él".
James le propinó un golpe en la nuca a Sirius al tiempo que éste reía con ganas.
Mientras se pasaban la botella de whisky de fuego de mano en mano, rememoraron los mejores momentos del curso, siendo uno de ellos la final de quidditch en la que Gryffindor se había alzado con la Copa. La fiesta en la sala común había sido memorable y McGonagall estaba tan exultante por la victoria de su casa, que no se había molestado en presentarse allí en toda la noche para mandarles a sus dormitorios.
Después de recordar (y recrear) el golpe de bludger que había recibido Avery en la entrepierna en su último partido de quidditch, pasaron a enumerar los diversos enfrentamientos que habían protagonizado con la casa de Slytherin. Los cuatro estuvieron de acuerdo en cuál de entre todas las travesuras había sido su jugada maestra: tras averiguar dónde estaba su sala común y conseguir la contraseña haciendo guardia en la entrada con la capa invisible, se habían colado allí dentro de madrugada. Hasta la fecha, McGonagall seguía sin poder demostrar que habían sido ellos los culpables de llenar la sala común de Slytherin de culebras de río, fango y algas.
Cuanto menos whisky quedaba en la botella, más frecuentes y mayores eran las carcajadas (sobre todo las de Sirius). Durante un buen rato, James fue el centro de todas las bromas: primero, al recordar una noche de luna llena en particular en el bosque, donde una cierva de lo más cariñosa había seguido insistentemente a James hasta el límite con los terrenos, y después, al enumerar todas las veces que Lily lo había rechazado durante ese curso (en ocasiones con ironía, otras, en cambio, con cierto desaire). Sirius le había dado unas palmadas amistosas en la espalda a James, diciéndole que como premio de consolación le quedaba la cierva al menos.
Sirius también había sido el blanco de varias pullas, la mayoría de ellas a causa de la guitarra con la que había aparecido en Hogwarts a la vuelta de las vacaciones de Pascua. En una de sus salidas a Londres, James y Sirius se habían acercado hasta Candem Town y habían vuelto a casa de los Potter con una guitarra de segunda mano de la que Sirius se había enamorado a primera vista. Estaba obsesionado con las bandas de rock muggle, como Led Zeppelin, Ramones o The Who, y al ver aquella guitarra en uno de los escaparates de Candem Town, no había podido resistirse. Pero resultaba que tocar con maestría ese instrumento no era tan fácil como Sirius pensaba, y los tímpanos de sus compañeros de habitación estaban pagando caro su capricho.
-Deberíamos montar una banda –dijo por enésima vez Sirius tras beber un trago de whisky-. ¡Eh, Cornamenta! A lo mejor así consigues ligarte a Lily…
-¿Y por qué montar una banda iba a ayudarle a ligarse a Lily? –preguntó Remus arrastrando ligeramente las palabras.
-Es la erótica del rock and roll, Lunático… Si Lily viese a Jimmy tocando al bajo I wanna be your boyfriend de Ramones, se enamoraría perdidamente de él… -respondió Sirius como si acabase de soltar una verdad universal.
James, escéptico ante la teoría de Sirius, tomó la botella que Peter le ofrecía.
-Yo a la guitarra, por supuesto; James al bajo, Peter a la batería y tú, Remus, al teclado –continuó Sirius, impertérrito, como si lo estuviese planeando seriamente.
-¿Por qué yo a la batería? –preguntó Peter con curiosidad.
-Porque Remus es un puñetero niño refinado –respondió Sirius llanamente-. ¿Tú te lo imaginas aporreando una batería? Pues no.
Peter y James sonrieron mientras Remus ponía los ojos en blanco.
-¿Nunca te hemos dicho que tocas la guitarra de pena, Sirius? Si quisiéramos montar un grupo, no creo que contásemos contigo –dijo Remus con una expresión maliciosa.
-¡Auch! ¡Eso ha dolido! –exclamó Sirius llevándose una mano al pecho con teatralidad.
-Recuérdame en la próxima luna llena que soy un "puñetero niño refinado"…
Sirius se echó a reír y le pasó la botella de whisky a Remus.
-Te ha salido el Mulciber que llevas dentro, Lunático –contestó Sirius con sorna-. Y hablando de Mulciber… ¿Recordáis aquella vez después de la clase de Pociones, cuando le embrujamos para que cada vez que hablara tuviera que hacerlo cantando y bailando?
Los cuatro a la vez estallaron en fuertes carcajadas.
-Y fue todo un acierto combinar ese hechizo con el encantamiento estimulante –comentó James lagrimeando a causa de la risa-. Cuando Mulciber entró en el Gran Comedor… ¡Insuperable! Me recordó a aquel musical que nos llevaste a ver en el West End, Remus…
-Sí, pero no vayas diciendo por ahí que Remus nos arrastró a ver un musical, Cornamenta –repuso Sirius apuntando a James con el dedo índice.
-¡Pero si te encantó! –replicó Remus con las cejas enarcadas.
-No exageres… Estuvo bien y punto –respondió Sirius a la defensiva.
-Tendríamos que haber embrujado también a Snape… -comentó James-. Mulciber y Snape juntos… Habrían formado un dúo inolvidable.
-¿Recordáis la primera vez que embrujamos a Snivellus? Ay, qué tiempos aquellos… -dijo Sirius con nostalgia suspirando pesadamente-. Cómo lo echo de menos… No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes…
-Eres la jodida reina del drama.
-Muy amable, sobre todo teniendo en cuenta que le hemos dado una tregua a Snape sólo por ti –contestó Sirius mirando a James con mala cara.
-Sabes de sobra que Lily no aprueba nuestro comportamiento con Snape. No quiero provocar más problemas con ella. Además, todavía puedes embrujar a Mulciber, Rosier, Avery o Wilkes. Tienes donde elegir –dijo James dando otro trago de whisky.
-¿Crees de verdad que por dejar de hechizar a Snivellus Lily va a salir contigo?
-No pierdo nada por intentarlo…
-No te ofendas, Jimmy, pero a veces pienso que tengo yo más posibilidades de enrollarme con Remus de las que tienes tú con Evans… -soltó Sirius con toda tranquilidad.
Remus y Peter se echaron a reír a carcajadas mientras James componía una sonrisa forzada.
-Muy gracioso… Te lo recordaré cuando Lily por fin me diga que sí –contestó James manteniendo aún la cabeza alta a pesar de las risas del resto.
-Eh, yo no pienso enrollarme con Sirius –protestó Remus agitando la botella con vehemencia.
-¿Qué insinúas? –respondió el aludido fingiendo indignación-. Soy un caramelito. Si quisiera, podría volverte loco, Rem.
Peter y James estallaron en risas y Remus miró a Sirius como si el loco fuese él.
-Tío, tú ya nos vuelves locos a los tres, pero en un sentido completamente distinto… Y haz el favor de no volver a llamarme Rem…
-No seas gruñón, Remmy.
-¿Lo ves? Ahora mismo, por ejemplo, me muero de ganas por estrangularte.
Sirius lanzó al aire una de sus atronadoras carcajadas y dio otro trago a la botella de whisky que le acababa de quitar de las manos a Remus.
-No seas tan escandaloso, Canuto. Te acaba de escuchar McGonagall desde su despacho en el primer piso –dijo James consultando el mapa del merodeador para asegurarse de que no corrían el riesgo de ser sorprendidos.
La botella continuó pasando de mano en mano y cuando volvió a Sirius, éste comentó mirando algún punto perdido en el cielo oscuro:
-¿Os imagináis a McGonagall casada? Bueno, casada o con novio o…
James, Remus y Peter miraron a Sirius con el ceño fruncido y la misma expresión de aprensión.
-No sigas por ahí, Canuto…
Pero Sirius, haciendo caso omiso, continuó:
-¿Tendrá McGonagall vida sexual?
-¡No! –exclamó James con un rictus horrorizado.
-¿Por qué tienes que ser así? En serio, ¿por qué? –preguntó Remus como si fuera una súplica, amortiguada por las risas de Peter.
-No os he dicho que os lo imaginarais –se defendió Sirius.
-Ya, pero es inevitable. Y es raro, muy raro –respondió James alargándole la botella a Peter.
-Bueno, McGonagall tendrá más o menos… ¿Cuántos? ¿Cuarenta años? Se conserva bastante bien. Seguramente fue muy atractiva cuando tenía nuestra edad –comentó Peter con aire distraído.
-¡Hostia puta! ¡A Colagusano le pone McGonagall! –exclamó Sirius con los ojos muy abiertos, o todo lo abiertos que se lo permitían el alcohol que llevaba en sangre.
-No me pone McGonagall –respondió Peter a la defensiva con las risas de los demás de fondo y totalmente ruborizado.
-Tranquilo, será nuestro secreto. Es que las mujeres con carácter son muy atractivas, Peter, no tienes nada de qué avergonzarte –dijo Sirius dándole una palmada en la espalda.
Peter optó por ignorar a Sirius y dio un trago bien largo al whisky antes de pasárselo a Remus.
-Estoy pensando que a lo mejor es un requisito imprescindible ser célibe para enseñar en Hogwarts… -continuó James con expresión concentrada-. Que nosotros sepamos, Dumbledore, McGonagall, Flitwick, Sprout, Kettleburn, Slughorn, Sinistra, Vector y Babbling no tienen pareja, ¿no? –enumeró con los dedos de las dos manos-. El resto, ni idea…
-De Filch y de Pince ni hablamos, ¿no? Porque son la antítesis de la sexualidad…
-Hagrid también está soltero.
-Es que Hagrid acojona. ¿Vosotros os imagináis lo que debe de tener ahí abajo…?
-¡Por Merlín, ya basta! ¡No quiero seguir imaginándome al personal de la escuela desnudo, Sirius! –exclamó Remus con gesto consternado.
-Eres un puritano, Lunático.
-No es eso, es que la próxima vez que vea a Hagrid… Va a ser… ¡Me voy a acordar de esta conversación!
-Entonces bebe más whisky y a lo mejor, con un poco de suerte, lo olvidas.
-Yo siempre he pensado que Dumbledore y McGonagall podrían estar liados –comentó Peter con una mirada desenfocada.
-El director y la subdirectora… -meditó Sirius con los ojos entrecerrados-. Sí, podría ser. Demasiadas horas los dos solos en el despacho de Dumbledore… Aunque la diferencia de edad es importante; Dumbledore tiene unos 50 años más que McGonagall. ¡Qué pillín!
-Estáis desvariando… -murmuró Remus meneando la cabeza-. Podría decir que es por el whisky, pero en el fondo sé que no… ¿Podemos reconducir el tema? Estábamos hablando de James y Lily.
-Es que ese tema de conversación es casi más viejo que Dumbledore… A estas alturas me parece más interesante hablar de la vida sexual de los profesores –respondió Sirius.
-Ya, pues a mí me parece traumático –replicó Remus con cara de circunstancias.
Casi habían apurado la botella de whisky entera y el efecto del alcohol era ya más que evidente: miradas borrosas, palabras que se atascaban y se arrastraban en la punta de la lengua, comentarios absurdos y risas, muchas risas. Había llegado un punto en el que se sentían completamente desinhibidos y no filtraban nada de lo que decían en absoluto.
Fue James quien dio el último trago al whisky de fuego. Notaba los sentidos embotados, le pesaban los miembros y sentía una ligereza y una sensación de confianza bastante placentera. Hasta que habían vuelto a mencionar a Lily y su relación imposible. Entonces el estómago se le retorcía de manera desagradable y su confianza se iba a la mierda.
-¿Alguna vez has pensado en pasar página? –le preguntó Sirius a James, que no necesitó preguntar si se refería a Lily-. Yo soy el primero que te ha animado siempre a no darte por vencido, pero… No sé, a lo mejor deberías ver más allá. Lily no es la única chica que hay en Hogwarts.
James se encogió de hombros de manera evasiva. Le hubiese gustado tener otra botella de whisky a mano, para poder dar un trago y no tener que contestar.
-Todavía nos queda un año para acabar la escuela –apuntó Peter-. No está todo perdido, ¿no?
James, agradecido por aquel optimismo, esbozó una sonrisa torcida en dirección a Peter.
-Si tiene que ser, será –dijo Remus con los ojos entrecerrados, consecuencia del alcohol.
-Ya está aquí el filósofo… -comentó Sirius con cierto desdén-. Mira, James, yo no digo que te rindas con Lily, sólo que te relajes un poco. Que te enfoques en otras cosas. Montar una banda, por ejemplo, sería…
-¡Sirius, no jodas! –le interrumpió Remus, exasperado, al tiempo que James y Peter reían por lo bajo.
-Era broma, ¿vale?
Las palabras de Sirius daban vueltas en la cabeza de James. No digo que te rindas con Lily, sólo que te relajes un poco… Lily no es la única chica que hay en Hogwarts… Para James, desde luego, lo era. No se imaginaba invitando a nadie más a una cita, sinceramente. Tampoco era como si nunca hubiera salido con otras chicas, aunque parecía haber pasado una eternidad desde su última salida a principios de año con Michelle Walsh… Y por aquel entonces ni siquiera era consciente aún de que acabaría llevando a Lily Evans grabada a fuego bajo la piel. Pero ahora que lo sabía, ahora que estaba más seguro que nunca de lo hondo que le había llegado, no podía imaginarse haciendo reír a otra, ni besándola, ni hundiendo la nariz en una melena que no fuera pelirroja y embriagándose con un perfume distinto… No podía. Y no quería.
-Estoy enamorado de Lily.
James soltó aquella confesión de repente, sin que hiciera falta que nadie se lo sacara a la fuerza. Ventajas del whisky de fuego… Ni siquiera comprendía qué le había llevado exactamente a decir en voz alta aquello que había guardado desde hacía ya un tiempo para sí mismo. Tres pares de ojos se clavaron al instante en James, que esperaba una reacción bastante diferente a la que siguió a su declaración.
-Cuéntanos algo que no sepamos –respondió Remus con toda tranquilidad.
Peter asintió sin sorprenderse lo más mínimo y Sirius, cuya expresión tampoco se había alterado, se llevó la mano derecha al corazón y dijo con voz solemne:
-Pido una oración por los testículos de James Potter, que han pasado a mejor vida.
Las carcajadas de Remus y Peter resonaron en lo alto de la torre, mientras Sirius sonreía ampliamente, bastante satisfecho de sí mismo.
-Eres un payaso… -contestó James intentando reprimir con todas sus fuerzas una sonrisa. Fracasó, por supuesto.
Un silencio cómodo invadió la torre durante un breve momento. Gracias al whisky, se sentían extremadamente relajados, y el aire cálido que se colaba por el balcón no hacía sino intensificar esa sensación.
-James… Lo que he dicho antes era broma –soltó Sirius de repente-. No creo que yo tenga más posibilidades de enrollarme con Remus que tú con Lily.
James esbozó una sonrisa perezosa. Aquella era la manera de Sirius de decirle que hiciera lo que hiciera, le apoyaba. Incluso si decidía pasarse el resto de su vida enamorado de una chica que mostraba más interés por el calamar gigante que por él.
-¡Pues claro que era broma, no jodas! –exclamó Remus con una expresión de lo más cómica producto de la embriaguez.
Sirius observaba a Remus con una sonrisa socarrona al tiempo que James y Peter se reían de él.
-Te voy a decir una cosa, James –empezó Remus arrastrando las palabras notablemente-. Sin que sirva de precedente, Sirius tiene razón en algo.
-¿Ah, sí? –inquirió el aludido con las cejas enarcadas-. ¿O sea que sí que sientes algo por mí, Remus?
-No seas gilipollas, no me refiero a eso… James, Sirius tiene razón al decirte que deberías relajarte un poco en lo que respecta a Lily. Eso no significa que tires la toalla, sólo que no seas tan… tan intenso, ¿sabes lo que quiero decir?
James cabeceó de manera ambigua.
-¿Cuántas veces le has pedido una cita? –preguntó Remus. James pareció pensarlo durante un par de segundos y cuando abrió la boca para responder, Remus volvió a la carga-. Es imposible que lleves la cuenta, porque se lo has pedido un puñetero millón de veces… Tienes que dejar de hacerlo.
A juzgar por su expresión, cualquiera diría que a James acababan de decirle que tenía que tirarse por aquel balcón.
-Intenta acercarte a ella de otra manera. Trata de ganarte su confianza. Sé su amigo…
-¡Cuidado con eso! –exclamó Sirius con urgencia interrumpiendo a Remus-. Como entres en la zona de amigos… Igual te quedas allí para siempre.
James miraba alternativamente a sus dos compañeros, igual que Peter, al que parecía que sólo le faltaba tomar notas. Remus negó repetidas veces con la cabeza, mirando a Sirius. Después volvió su atención hacia James de nuevo:
-No te preocupes por eso. Lo importante es que Lily llegue a conocerte de verdad. Y no va a hacerlo si te pasas la vida atosigándola para que acepte una cita.
-Tiene sentido, supongo… -murmuró James, pensativo.
-Remus Lupin, Doctor Amor a su servicio –dijo Sirius de manera pomposa-. Si no estuvieras soltero, tendrías más credibilidad.
Remus le dedicó un gesto grosero a Sirius, que sonrió ampliamente antes de decir:
-Va a ser un cambio divertido: ver a James intentando reprimirse para no pedirle una cita a Lily casi cada semana… Aunque va a ser jodido aguantarle con el síndrome de abstinencia…
De pronto, la Señora Norris apareció con sigilo en el umbral de la entrada a la torre. Sus ojos ambarinos brillaban en la oscuridad y Peter se sobresaltó, exclamando al instante:
-¡Joder, qué susto! ¡La Señora Norris!
James, Sirius y Remus reaccionaron con lentitud debido al whisky de fuego, mirando a su alrededor en busca de la gata. La Señora Norris se aproximó a ellos despacio, con recelo.
-¿Quién se supone que tenía que encargarse del mapa? ¿Cómo ha podido colarse aquí este bicho sin que nos hayamos enterado?
-Tú también podías haber vigilado el mapa…
-Pensaba que alguno de vosotros lo tenía bajo control.
-Yo no…
-Ah, claro, tú te tumbas ahí y nos dejas a los demás…
-¡Callaos! Deberíamos largarnos de aquí ahora mismo, antes de que la Señora Norris vaya a buscar a Filch –fue Remus quien interrumpió aquella absurda discusión.
La gata del conserje comenzó a olisquear a su alrededor, se le erizó el pelaje y acto seguido bufó en dirección a Remus, tras lo cual se alejó hacia la entrada con la misma cautela con la que había entrado.
-A veces tengo la sensación de que esa puñetera gata sabe que soy un licántropo… -comentó Remus poniéndose en pie.
James, Sirius y Peter se levantaron también, todavía sometidos al escrutinio de la Señora Norris, que no les quitaba ojo desde el umbral.
-Sirius, deberías transformarte y darle un buen susto –dijo James echándole un vistazo al mapa del merodeador-. Filch sigue en su despacho, no hay de qué preocuparse.
-Ni se te ocurra transformarte, Sirius –le advirtió Remus apuntándole con el dedo índice-. Lo único que nos falta es que salga corriendo despavorida y vaya a avisar a Filch.
Los cuatro se dirigieron hacia la entrada, y fue entonces cuando la Señora Norris se escabulló rápidamente escaleras abajo.
-A lo mejor el que debería transformarse es Peter, para distraer a la gata…
-¡Y una mierda! –la voz de Peter reverberó en los muros de la torre mientras descendían por las escaleras de caracol-. No pienso correr el riesgo de convertirme en su cena.
-Está amaneciendo, en todo caso serias su desayuno.
-Para mí no habría mucha diferencia…
-Callaos de una vez y meteos bajo la capa –les instó James cuando abandonaron por fin la torre.
El trayecto de vuelta a la sala común les llevó más tiempo que la ida. Caminaban todos juntos muy apretados bajo la capa invisible, tropezando unos con otros de vez en cuando (sin duda el whisky de fuego les había afectado considerablemente). Sus risitas mal disimuladas atraían la atención de los personajes de los cuadros, que murmuraban entre sí, extrañados, al no ser capaces de ver a nadie. Cuando llegaron frente al retrato de la Señora Gorda tuvieron que despertarla para poder darle la contraseña. Las lisonjas de Sirius ablandaron su repentino mal humor, pues no solía tomarse demasiado bien que interrumpieran su sueño (algo que ellos solían hacer con más frecuencia que nadie, debido a sus escapadas nocturnas). Cuando los cuatro traspasaron la entrada, la temprana luz del amanecer ya se colaba por las ventanas iluminando tenuemente la sala común.
-A la Señora Gorda le gustas, Sirius –dijo Peter tropezando en el camino con el borde la alfombra-. Eres el único al que nunca sermonea cuando llegamos a las tantas de la madrugada…
Sirius se dejó caer bocabajo sobre uno de los sofás como un peso muerto. El cojín en el que había hundido la cara amortiguaba sus palabras, haciendo que fuera imposible entender qué estaba diciendo.
-¿Qué dices, Sirius? –preguntó Peter, a quien de repente le había dado la risa floja después de haberse tropezado por segunda vez con la misma alfombra.
-¡He dicho que…! –comenzó a gritar Sirius levantando la cabeza del cojín.
-¡Cállate, tarado mental! –exclamó James acercándose a toda prisa hasta Sirius y volviendo a hundirle la cara en el cojín-. ¿Quieres despertar a toda la torre o qué?
Sirius comenzó a manotear en el aire con intención de quitarse de encima a James, que enseguida apartó la mano de su cogote.
-¡Que me ahogas, joder! –protestó Sirius sentándose en el sofá con el pelo completamente alborotado.
Remus, que había ocupado una de las butacas próximas, se reía por lo bajo de la escena. Entonces James se giró en su dirección y le dijo:
-Sí, tú ríete a gusto… Hasta que algún prefecto baje aquí y nos encuentre a todos borrachos.
A Remus, que como prefecto tenía bastante más sentido de la responsabilidad que sus tres amigos, se le cortó la risa de golpe.
-Ni puto caso, Lunático. Lo que a Jimmy le preocupa es que sea Lily quien nos descubra –soltó Sirius lanzándole una mirada mordaz a James. O al menos eso parecía, porque sus ojos eran apenas dos rendijas-. A mí personalmente me trae sin cuidado. El curso ya ha acabado, así que… ¿Qué pueden hacer los prefectos? ¿Castigarme a largo plazo para el curso que viene?
-Bueno, a mí por lo menos no pueden restarme puntos, porque ya sabéis que entre prefectos eso no es posible –explicó Remus, despatarrado en el sillón-. Claro que a vosotros…
Remus se interrumpió a sí mismo en el acto cuando, de pronto, se escuchó claramente un ruido proveniente de lo alto de las escaleras que conducían a los dormitorios femeninos. La reacción de los cuatro fue instantánea. James, que era el único que seguía de pie en mitad de la sala común, fue el más rápido en alcanzar las escaleras que llevaban a su habitación. Peter, Remus y Sirius se levantaron de los sillones tan bruscamente como si hubiesen recibido un calambrazo en el trasero. Pero Peter volvió a tropezar (ya por tercera vez) con la maldita alfombra y se agarró a Sirius, llevándoselo consigo al suelo. Ambos se pusieron en pie con dificultad y subieron las escaleras detrás de Remus a trompicones. Cuando Peter entró en último lugar en el dormitorio, James estaba agarrado al poste de su cama partiéndose de risa.
-Conque te daba igual que te pillaran, ¿eh, Sirius? –comentó James antes de volver a echarse a reír de nuevo-. ¿Y qué os ha pasado a Peter y a ti? ¿Habéis visto un galeón en el suelo y os habéis lanzado a por él o qué?
-Ha sido Peter, joder. Cuando bebe tiene menos equilibrio que Snape encima de una escoba… -rezongó Sirius sobándose la rodilla que se había golpeado en la caída.
-¡Ha sido culpa de la alfombra!
Al escuchar aquella soberana tontería, James, Sirius y Remus giraron la cabeza en dirección a Peter al mismo tiempo.
-O sea, que la alfombra estaba donde no debía…
-Peter, las alfombras suelen estar siempre en el suelo. Apúntatelo –respondió Sirius de manera ácida.
-Son casi las siete de la mañana. Todavía podemos dormir un par de horas –anunció Remus consultando su reloj.
-O…
La pausa dramática que hizo Sirius tras esa simple y única "o", sumada a su expresión perversa… No auguraban nada bueno.
-Sirius, ya vale por hoy, ¿no te parece? –se quejó Remus con voz cansada mientras se desvestía.
-Para ti tal vez, abuelo Lupin, pero los demás tenemos un alma joven. ¿Verdad?
Sirius se giró primero en dirección a James, que asintió con entusiasmo, y a continuación miró a Peter, que se había quedado dormido y roncaba bocarriba en su cama.
-Pues vaya éxito… Bueno, da igual, me conformo con el cuatrojos –dijo Sirius ignorando la mirada ceñuda de James.
-¡Eh!
-He tenido una idea genial…
-¿Cuál?
-¿Después de seis años todavía sigues picando, James? –preguntó Remus, que ya llevaba puesto el pijama-. Las ideas "geniales" de Sirius suelen ser en realidad auténticas burradas…
-No le hagas ni caso. ¿No te apetece una broma de última hora? Una despedida apoteósica… en el Gran Comedor –dijo Sirius saboreando cada palabra.
James le dedicó una sonrisa torcida por toda respuesta. Después tomó el mapa del merodeador, comprobó que no había nadie en la sala común y se lo lanzó a Sirius antes de alcanzar la capa invisible que había dejado sobre la cama.
-Cuéntamelo por el camino, Canuto.
Sirius esbozó una sonrisa gamberra y él y James se dirigieron juntos hacia la puerta con decisión. Remus, ya acostado en su cama, suspiro con pesadez al verlos salir del dormitorio, y murmuró antes de cerrar los ojos:
-Tal para cual…
Y esto es todo de momento. ¿Os ha gustado? ¿Sí? ¿No? Me gustaría que compartierais conmigo vuestra opinión.
En este relato la verdad es que no ocurre nada trascendental, simplemente quería escribir acerca de la amistad de los Merodeadores, sobre cómo habría sido su relación en el colegio, haciendo travesuras y pasándolo en grande, como hacemos todos con nuestros amigos, ¿no? Porque sí, había una guerra fuera de Hogwarts, pero eran chicos de 17 años en un internado; no todo iban a ser mortífagos y magos oscuros...
Como curiosidad, os comento porque lo menciono en el fic: Dumbledore nace en el año 1881 y McGonagall en 1935. Así que en 1977 tienen más o menos (dependiendo del mes de nacimiento claro) 96 y 42 años respectivamente.
No sé si alguien se habrá dado cuenta, pero el consejo que le da Remus a James acerca de Lily (que se relaje, que se dé a conocer, que sean amigos, blablablá), es más o menos lo que le dice Hermione a Ginny en cuanto a Harry... Y en ambos casos funcionó.
Para los fans del Sirius/Remus... He hecho un pequeño guiño en este fic a esos dos, supongo que los fans de esa pareja lo habréis pillado.
Como aclaración, no me he inventado el nombre de ninguno de los profesores (de los que apenas salen en la saga). Son todos de Rowling. Menciono a un tal profesor Kettleburn, que era el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas antes de que lo fuera Hagrid, la profesora Babbling es quien imparte la clase de Runas Antiguas, Sinistra es la maestra de Astronomía, y Vector es la profesora de Aritmancia.
¡Un beso enorme y hasta la próxima!
