Quaterback.

La mañana había sido algo cansada para los estudiantes de último año del Colegio Heros durante ese calor inmenso que caracterizaba el mes de julio. Todo había iniciado con una mini charla acerca de las distintas universidades disponibles en la ciudad de Liberio y áreas cercanas, seguido por un pequeño receso en el que los alumnos podían comer algo de la soda y tener así, energías para lo que les esperaba durante el resto del día.

Una vez finalizado ese pequeño despeje, los seniors; como se les conocía a esos estudiantes de décimo y onceavo año al ser los últimos niveles de la institución, iniciaban la ejecución de las pruebas piloto de los exámenes nacionales de Marley para el décimo nivel, y las pruebas reales para el último nivel del colegio. Comenzando su ejecución con algo de matemáticas, pasando después por el idioma extranjero en el que se han especializado desde el ingreso a la institución, seguido por las ciencias; para finalizar en las materias de historia y estudios cívicos. Permaneciendo después de la finalización de las pruebas piloto alrededor de las tres de la tarde, todos aquellos estudiantes de décimo año interesados en incrementar los créditos para el próximo periodo lectivo en el área deportiva, disciplina artística o las dos ingenierías disponibles; alumnos quienes debían realizar una especie de prueba en donde se medía sus capacidades y donde los resultados eran mostrados después de terminada todas las audiciones.

-Esto debe ser una maldita broma -susurraba para sí tras salir de la sala donde había efectuado sus exámenes de práctica -. Estoy tan agotado que no puedo mover ni un dedo - apoyándose sobre la pared más cercana.

"No comprendo por qué debemos hacer las pruebas si estamos en décimo año. ¿No deberían de hacerlas únicamente los estudiantes de último año?" pensaba ese joven con musculatura mayor que la de sus profesores y quien, al estar sobre esa pared, podía observar a través de la ventana a sus compañeros. "Maldita sea".

Exhalando un poco de aire para no sentir tanta pesadez por el agotamiento mental, Reiner decidió quedarse apoyado sobre esa pared fría por unos cuantos minutos y despejar así su mente de toda la información que tuvo que escribir en dichas pruebas piloto durante este último trimestre del año lectivo.

-Vaya… -indicó una segunda voz al cerrar la puerta del aula para no interrumpir a aquellos quienes aún no habían finalizado sus pruebas -. Yo no lo hice muy bien. No pensé que iban a ser tan quisquillosos con química este año -. Indicó, cerrando sus ojos al sentirse algo triste por los posibles resultados.

"Si lo hubiese sabido, hubiese elegido biología como la mayoría" pensó ese joven con altura envidiable tras salir de esa habitación; quien al ver lo difícil que estaba la prueba de química; analizó la posibilidad de poder cambiar la ciencia en la que se iba a especializar para la prueba nacional.

-Hablaré con mi profesora… -murmuraba tras abrir lentamente sus ojos.

Alejándose de la que consideraba como deliciosa y fría pared, Reiner caminó unos cuantos pasos para encontrarse con el joven alto y de cabellera oscura quien parecía necesitar unas cuantas horas de sueño para eliminar esas ojeras que lo hacían parecer un mapache gigante con la habilidad de caminar en dos patas.

-Bert -susurró, haciendo muecas con sus manos para ser visto -. Vamos a la soda.

Siguiendo los pasos de su amigo con tantos músculos que ahuyentaba hasta a los profesores, Berthold se limitó a sonreír y a seguirlo a pasos agigantados en dirección a la soda donde se vendían los emparedados más deliciosos de todo el instituto. El chico más alto de todo el instituto pudo mirar cómo su compañero de clase estaba frunciendo el ceño al caminar, preocupándose por el bienestar del rubio y por sus posibles resultados de esas pruebas piloto.

Observando la camisa blanca moverse de manera divertida al dar cada al quedarle más que apretada debido a su cuerpo tan particular, Berthold pensó por un instante en preguntarle cómo se sentía tras haber pasado horas -como él- sentado en esa silla fría y dura resolviendo varias pruebas de distintas materias. Reservándose su opinión para hablarle de asuntos triviales primero.

-Pude ver aquel video que me enviaste por WhatsApp -, mencionó algo nervioso -. Estuvo divertido.

-Marcel fue quien lo envió en el grupo, Bert. Ese video no lo envié yo -replicó en un tono relajado, fijando su mirada en uno de los emparedados al visualizarlo a lo lejos; apresurando el paso.

-C-Claro… -murmuró, rascando su cuello al no saber que más decir durante esa caminata en dirección a la soda.

Deteniéndose en seco, la espalda de Reiner chocó contra una parte del pecho de Berthold.

-No me molesta si hablamos de las pruebas -. Indicó en un tono seco -. Ibas a preguntarme acerca de ello, ¿no es así? Pues pregúntalo y deja de fingir, Bert – retomando el paso.

-Entiendo -respondió, sintiéndose aliviado de saber que no habría problema si sus labios comenzaban a mencionar esas pruebas piloto.

-Quiero el emparedado más grande -dijo divertido, señalando el emparedado deseado.

Observando cómo uno de los profesores nuevos tomaba uno de los alimentos señalados, Reiner habló:

-Oye, Bert. Ese hombre con cabello raro robará uno de nuestros emparedados.

El chico de cabellos oscuros sabía muy bien el significado de las palabras de Reiner.

-S-Si corremos por los pasillos… -mencionó algo nervioso -. No deseo obtener una boleta y menos de ese profesor. Él es aterrador…

-¿Lo olvidas? -preguntó, deteniéndose en seco -. Hoy dieron libre a los demás estudiantes y sólo nosotros y los de último año tuvimos que quedarnos aquí como idiotas.

-Eso significa que no está el director Magath… -susurró sonriente, analizando todas las cosas que podrían hacer sin ser castigados al no haber educadores ni director presente.

Una leve sonrisa se dibujó en los labios del chico musculoso.

-¡Corre! -gritó el rubio en ese pasillo que incrementaba sus chillidos a manera de eco.

Poniéndose en una posición como si estuviese jugando futbol y fuese a ser el receptor, Reiner arqueó su espalda, colocando una de sus rodillas sobre el suelo y doblando levemente su otra pierna para ser aquella que le ayudaría a impulsarse y poder correr con mayor rapidez. Dicha pose le permitía no sólo colocar una de sus manos sobre el suelo y la otra en su pierna, sino una forma cómoda para iniciar su carrera de manera estable.

-¿Listo? -preguntó, arrancando con todas sus fuerzas tras la pregunta.

-¡Reiner! -gritó su amigo, tragando saliva al saber que seguirlo implicaría una boleta y una posible sanción por parte de ese profesor -. ¡Reiner! -volvió a gritar, convenciéndose que si no se apresuraba; nunca iba alcanzar a su amigo -. Rayos…

Arrancando con todas sus fuerzas como si el mismo diablo lo estuviese persiguiendo, Berthold corrió y hasta alcanzó a su amigo; tomando sin que el rubio pudiese darse cuenta, dos emparedados que estaban ubicados muy cerca de su mano.

-Vaya, tal parece que tu apodo no es broma -menciono algo divertido ese profesor -. Quizá deberías de cambiar de deporte, Hoover. El basquetbol no es algo desafiante para un chico con habilidades tan interesantes como las tuyas – apretando el emparedado que tenía en su mano izquierda.

-Rayos, Bert -intervino Reiner con una sonrisa -. Aún sigues siendo el más rápido de los dos… -limpiando con su mano izquierda el sudor en su frente.

-No había nadie a quien botar -contestó algo sonrojado, buscando con la mano sobrante el dinero.

-Yo lo pagaré -dijo el profesor, interrumpiendo esa conversación tan íntima -. No es algo de todos los días que puedes ver en vivo y a todo color a nuestra estrella escondida y a nuestro mariscal actuar juntos. ¿Va a llover? -preguntó, mirando levemente a la ventana más cercana con el fin de ver el cielo -. Tania, apunta esos dos emparedados y las bebidas a mi cuenta.

-Oiga, profesor Novak -dijo la mujer con senos gigantescos y una cabellera corta en un tono seco -. Si no me paga la cuenta anterior no pienso darles a estos mocosos nada.

-Vaya, eres algo fría; Tania. Cuando reciba mi pago juro pagar. ¡Lo juro! -exclamó, cruzando sus dedos en símbolo de promesa.

Ambos se sorprendieron por la actitud amable de quien siempre consideraron el educador más raro de todos.

-Gracias, profesor Novak -indicó Berthold, pasándole el emparedado a su amigo.

Reiner creyó mejor no decir ni una sola palabra. Ese hombre le daba mal espina y no era uno de sus favoritos desde que el director Magath había decidido traerlo después de la extraña muerte del antiguo profesor.

-¿Vamos? -preguntó el joven alto a su amigo, caminando en dirección a una de las salidas que dirigía a uno de los pequeños parques del colegio.

-Vamos…

Siguiendo a su amigo hasta la primera banca que visualizaron tras salir de esa soda, Reiner decidió sentarse y comer ese emparedado de forma silenciosa.

-Emparedados y bebidas gratis… -mencionó Berthold extrañado -. ¿Acaso pasará algo malo?

-¿Por qué lo preguntas? Debe ser común que un profesor invite a sus alumnos.

-Bueno… -murmuró, mirando su emparedado de manera sospechosa -. Quizá no deba temer, es sólo un emparedado; ¿no es así?

-El violador no es ese hombre. Además, al parecer la policía pudo atraparlo.

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de ese chico con cabellera oscura, quien tras escuchar las palabras de su amigo pudo sentir algo de tranquilidad al regresar a casa. Decidiendo posponer sus pensamientos paranoicos para pegarle un inmenso mordisco a ese delicioso emparedado de jamón y queso.

-Oye, Bert –indicó el rubio, ignorando el hecho que su amigo estaba masticando -¿Sabes?

-¿Hm? -preguntó con la boca llena de comida.

-Ah, estás comiendo… -susurró, sonriendo levemente al verlo con las mejillas infladas -Traga y hablaremos luego.

Nuevamente su rostro se iluminó ante las palabras de Reiner.

Masticando a toda prisa para poder continuar con esa conversación antes de que fuese la hora de iniciar su entrenamiento, Berthold pasó el resto del emparedado con ayuda de la bebida que el profesor le había regalado.

-Creo que no me irá nada bien en la parte de matemática lineal -indicó algo decepcionado -. Estuve pensando y quizá debamos ir por unas cuantas clases a la casa de Marcel, ¿no lo crees? -preguntó algo curioso, girando sus ojos en dirección al rubio al estar más que intrigado por la respuesta de su amigo -. Apuesto que estaría más que contento de vernos y de ser nuevamente nuestro profesor –dijo algo nostálgico, recordando los buenos momentos que vivieron cuando los tres eran inseparables en la escuela y ciertos años del colegio.

Reiner también extrañaba a Marcel.

Extrañaba tener que ir a recogerlo a su casa para ir al colegio junto con Berthold y pasar unos minutos antes por la tienda del hombre asiático casado con una antigua estrella porno, quien vendía los mejores productos japoneses, coreanos y uno que otro de contrabando de la república independiente de China. Extrañaba el no poder hablar de las cosas más normales y triviales de regreso a casa cuando sólo ellos dos debían regresar a casa, pasando nuevamente por la tarde a la tienda de aquel hombre con su famosa esposa para comprar ese snack vespertino; teniendo que comprarle algo al más alto del trío ante su ausencia en el grupo gracias a los entrenamientos de basquetbol con su equipo de segunda.

"Realmente extraño al encargado de las golosinas en clase cuando la profesora estaba distraída explicándole al lento de la clase" pensaba el rubio al analizar con mayor detenimiento sus sentimientos. Emociones guardadas desde que Marcel les había anunciado que ese año iba a tomar un rumbo distinto para estudiar en una institución diferente.

-Marcel es una pieza faltante en nuestro grupo -insistía Berthold al ver el rostro apagado de Reiner -. ¿No lo ves de esa manera?

-Sí… -respondió algo agotado el rubio, tratando de alejar esos pensamientos tristes de su mente para entrar de lleno en concentración para aquella prueba que debía enfrentar dentro de unos minutos.

-Quizá deberíamos invitarlo a comer algo -indicó en un tono alegre el chico de cabellos oscuros -. O podemos llamarlo antes de entrar a la última parte de las pruebas -incrementando el tono de su voz al sentirse feliz tras recordar a su amigo -. También podemos…

-Basta -gruñó Reiner, interrumpiendo las palabras de su compañero de clase -. Basta… -murmuró.

Fulminándolo con la mirada, el rubio tragó algo de saliva antes de continuar con sus palabras.

-No llamaremos, visitaremos ni haremos nada con respecto a Marcel. ¿Olvidas dónde está? ¿Olvidas por qué no está aquí con nosotros? -preguntó en un tono seco -Él, mejor que nosotros necesita concentrarse en sus estudios y en ganar dinero. La vida de Porko depende del éxito de su hermano. ¿Olvidas los sueños de ese pelirrojo?

-Reiner… Yo… -murmuró, sintiéndose apenado por haber olvidado tras la emoción, la situación de los hermanos Galliard.

-Marcel no sólo está becado, sino que recibe una compensación económica por estudiar en tan prestigiosa institución. Así que deja de pensar que vivimos en los viejos tiempos, y mejor apresurémonos a terminar de comer antes que nuestras prácticas den inicio.

Comiendo sin decir una palabra, escuchándose únicamente el masticar de cada uno; Berthold pensó en la manera más sencilla para terminar la tensión entre ellos antes de tener que retirarse para entrenar.

-Lo siento… -murmuró, bajando el emparedado a la altura de su pecho con un poco de mostaza alrededor de su labio superior -. No quise… verás…

Reiner detestaba esa sensación.

-Mierda -expuso, apretando lo poco que quedaba del emparedado con todas sus fuerzas, haciendo que algo de jamón, queso y una parte del tomate cayesen al suelo -. Detesto cuando te disculpas en ese tono, me siento culpable; Bert.

-Lo siento… -susurró, tragando saliva al no saber si sus palabras comenzaban a enojar más a su amigo o estaban calmándolo.

Un leve suspiro salió de los labios de ese joven con apariencia musculosa.

-No estoy enojado, para que quede claro -indicó, girando sus ojos en dirección de un sorprendido Berthold -. Estoy algo…. Si quedo como mariscal de campo, quiere decir que tendré una beca y eso quiere decir que…

-Ya entendí -interrumpió su amigo, posando su mano izquierda sobre el hombro de Reiner -. No debes de preocuparte por tu madre, la beca está asegurada. Los caza talentos te han visto y estoy seguro que esta vez tendrás el contrato. No sólo serás una estrella, sino que vas a jugar con los profesionales una vez salgas del colegio.

-Marcel estuvo ganando esos contratos desde que iniciamos el colegio, Bert -indicó, poniéndose en pie -. Y sabes que la sangre es algo poderosa.

-¿Sangre? -preguntó algo confundido -. No comprendo…

-Si los rumores son ciertos, Porko estará compitiendo hoy por el puesto de quaterback. ¿Sabes lo que eso se significa? Ahora que no está Marcel, ese puesto será tomado por su hermano menor.


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