—Rose ¿quieres relajarte un poco, por favor?
La rubia no disminuyó su paso ni un ápice, quería hundirle los dientes a algo, destrozarlo y causarle tanto daño para, por un momento, poder olvidarse de la ira que la invadía pero su grandullón amante tenía otras ideas para contentarla. Aceleró su paso y logró alcanzarla lo suficiente como para tomarla de la cintura, con un brusco movimiento la pegó contra la pared y, a pesar de la renuencia presentada en un inicio, la besó apasionadamente.
Tardaron un largo rato en separarse, parecía mentira pero aún después de todas las décadas juntos seguían amándose y deseándose como la primera vez. Emmett le dio esa sonrisa tan juguetona y engreída que lo caracterizaba mientras que Rosalie lo veía con excitación, ferocidad y desaprobación, moría de ganas de estar con él pero aún sentía el regusto a enfado en cada una de sus terminaciones nerviosas.
—No funcionará esta vez.
—Claro que sí, ven aquí y déjame hacerte feliz.
Emmett intentó volver a besar a Rosalie pero esta se alejó bruscamente y empezó a caminar hacia el bosque, donde pretendía encontrar una buena presa. A él no le quedó más que seguirla.
—Lo siento pero no estoy de humor.
—Lo sé pero, bueno, esperaba poder mejorar eso.
La voz de Rosalie subió un par de octavas, se sentía decepcionada y muy frustrada.
—Lo haces, Emmett. Tú mejoras mi vida cada día, eres la única razón por la que he podido seguir adelante pero...
—...pero no soy Renesmee.
Rosalie se detuvo por completo y pasó sus brazos sobre su pecho, como si se abrazara a sí misma, sus ojos le picaban, si pudiera llorar seguramente lo estaría haciendo pero tenía que conformarse lo que tenía. Emmett la cubrió con sus brazos en un abrir y cerrar de ojos, odiaba verla así.
—Lo lamento, Rose, lamento tanto no haber podido darte lo que tanto deseabas. Si estuviera en mis manos, yo haría lo que fuera por hacerte feliz. Hablaré con ella, tal vez pueda pasar la mitad de las vacaciones sólo con nosotros, planearemos un gran viaje, será grandioso.
Hacía menos de una hora que Renesmee les había comunicado que iría a estudiar la universidad a Los Ángeles, mientras que ellos estaban en Alaska con las Denali. Todos se habían emocionado por ella, iría con el perro, por supuesto, lo que haría que estuviera completamente segura, al menos Jacob podía protegerla si algo malo se presentaba pero eso no significaba que Rosalie pudiera compartir el sentimiento de felicidad que al parecer había invadido a los demás. Renesmee había crecido lo suficiente como para estudiar una carrera y lo que fuera pero, para la rubia, seguía siendo la niña pequeña que iluminó su vida y que le dio lo más parecido que podía tener a una familia real, el que se fuera tan pronto sólo era un recordatorio más de lo inexistente del sueño que siempre había tenido.
—No es tu culpa, no es la culpa de nadie, aunque sigo pensando que fue el maldito perro quien la convenció de hacerlo. Como sea, sólo queda aceptarlo, como siempre.
Emmett se alejó un poco y con gesto de falsamente ofendido y voz de divertido reproche trató de hacerla sonreír.
—Así que ¿eso es lo que hiciste conmigo? ¿sólo me aceptaste porque no te quedaba de otra? Mi corazón, me va a dar un infarto por esta noticia, siempre pensé que significaba algo más en tu vida y ahora descubro que sólo he sido un objeto sexual con el que pasas el rato.
Lo consiguió, Rosalie comenzó a reír.
—Basta, no te burles más de mí rubia, ha sido suficiente dolor por una noche.
Rosalie lo jaló hacía ella y lo besó con todo el amor y agradecimiento que había en su corazón porque sin importar el tiempo, el lugar ni lo que pasara, él siempre conseguía aliviar sus penas y calentar su corazón. Emmett había sido la mejor elección que había hecho tanto viva como muerta, ese hombre fuerte y travieso era su motivación, su fuerza y su todo; sin embargo y aunque no le gustaba hacerlo sentir mal, no podía evitar sentirse como se sentía, a pesar de todo lo que lo quería, seguía habiendo un vacío en su corazón. Emmett juntó las frentes de ambos y sonrió franca y deslumbrantemente.
—Vas a matarme mujer.
—Ya estás muerto.
—No me siento de esa manera cuando estoy junto a ti.
Rosalie sonrió, todo lo demás pasó a segundo plano.
—Te amo.
—Lo sé, por eso es tan increíble el sexo. Bueno, por eso y porque yo también te amo.
Rosalie negó con la cabeza, divertida, nunca cambiaría y tampoco quería que lo hiciera. Lo amaba tal cómo era. En medio de su tercer beso de la noche, más romántico que los anteriores, los finos oídos de los vampiros captaron un sonido que no podía confundirse con ningún otro y que provenía de un cementerio cercano. Se separaron e intercambiaron una mirada a modo de pregunta, en un parpadeo estuvieron en el cementerio de New Orleans, buscaron entre las tumbas y justo en un extremo medio oculto en uno de los mausoleos del lugar encontraron la fuente del sonido.
—No puede ser, Emmett, es un bebé.
Rosalie se apresuró a inspeccionar al bebé, estaba desnudo, o más bien desnuda, salvo por una fina sábana que la medio cubría. Era tan pequeña que seguramente no tenía demasiado tiempo de nacida, lloraba tal vez por hambre, tal vez por frío, tal vez por miedo, probablemente por todo lo anterior, lo único seguro fue el sentimiento de afecto y protección que Rosalie sintió en cuanto la tomó en brazos. Emmett dio una rápida inspección por todo el lugar y alrededores pero no encontró nada.
—No hay nadie.
—La abandonaron.
—Eso no lo sabemos.
—Es de madrugada, estamos en el cementerio, estaba sola en una canasta y con nada más que una sábana.
Rosalie quería gritar y asesinar a quien haya sido tan desgraciado de abandonar a una bebé de esa manera, en cambio, su voz salió como un susurro para no asustar al pequeño bulto, ahora adormilado, de entre sus brazos.
—De acuerdo, la abandonaron, ¿y ahora qué?
—Vámonos a la cabaña, Carlisle debe revisarla. No, mejor yo la llevaré con Carlisle, debes ir a comprar pañales, ropa, cobijas, comida, todo lo que Emma necesita.
—¿Emma?
—Sí, ese es su nombre. Es una bebé muy fuerte y estoy segura que será una mujer de gran fortaleza, tal como lo dice su nombre.
A Emmett inmediatamente le dio miedo que se encariñara tan deprisa con la bebé, ¿y si no podían conservarla? eso le rompería el corazón.
—Bien, no tardes y no olvides llevar leche y fórmula, no sé lo que preferirá.
Y sin darle tiempo para responder, emprendió camino a la cabaña dónde el resto de su familia estaba instalada por las vacaciones. Se llevó consigo a Emma, su ilusión hecha carne y hueso, el principio de su nueva familia, el inicio de una aventura que no tenía idea hasta dónde la llevaría a ella y a todos los que la rodeaban.
*Nota: Emma en germánico significa "Mujer de gran fortaleza".
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