El recorrido por el Barrio Francés, las ostentosas tiendas de ropa y los bosques de los alrededores de Nueva Orléans, fue el mismo de dos años atrás pero con una gran diferencia, cargada entre los amorosos brazos de Rosalie, había una pequeña rubia cuyo segundo cumpleaños había sido hermoso y agotador. Todo fue perfecto para Emma, desde su despertar con la típica canción de "Feliz cumpleaños", hasta los juegos con sus padres y tíos. Si algo había claro es que los Cullen no podían negarle absolutamente nada a la niña.

Toda la familia reía y festejaba, para ellos era realmente refrescante tener con ellos a alguien para proteger, amar y ver crecer, los hacía sentir casi normales. El volver al lugar en el que encontraron a Emma era una forma de confirmarse que todo era real y también de celebrar uno de los mejores momentos de sus largas vidas.

Terminaron la fiesta en la misma cabaña en la que se hubieron instalado en el pasado, cantaron a modo karaoke, representaron pequeñas obras cómicas, todo para divertir a la "princesa rubia", apodo que le había puesto Jacob, hasta que cayó, irremediablemente, rendida por el cansancio entre los brazos de su madre. Por varios instantes todos se quedaron estupefactos admirando su sueño, algo que la mayoría de los presentes jamás podría volver a tener. Rosalie comenzó, sin percatarse siquiera, a tararear la nana favorita de su hija y todos volvieron su atención hacia ella. La maternidad le sentaba de maravilla, la había convertido en el ser más amoroso y lleno de luz que habían visto, Emmett era el más feliz, por fin su amada esposa era tan feliz como siempre había deseado que fuera, además, él también se sentía volar con su nuevo rol de padre, no podía esperar por ver a Emma crecer más y enseñarle todas las cosas que quería, hacer bromas con ella, solaparla en sus travesuras y espantar a cualquier tonto que se le ocurriera pretender a su pequeña.

La velada era tan hogareña como siempre, la tranquilidad se había vuelto el pan de cada día para ellos, y estaban felices de que así fuera, de dejar en el pasado la vida de caos y constantes enfrentamientos que llevaban. Por fin estaban completos y tenían todo lo que necesitaban. Pero debieron saber que nada es para siempre y que a los seres sobrenaturales la normalidad les dura poco. Emma despertó de golpe y comenzó a revolverse desesperada, como si algo le estuviera haciendo daño, todos se acercaron, Carlisle la revisó tratando de encontrar el origen del dolor pero no halló nada. Rosalie no sabía qué hacer y se sentía impotente al igual que los demás. De pronto, almohadas, adornos, comida, cosas que había en la cabaña, comenzaron a flotar.

Los Cullen se quedaron boquiabiertos, aún más cuando los ojos de la bebé de dos años quedaron completamente blancos y su pequeño cuerpo resplandeció con una luz cegadora. Cuando el brillo se apagó y la niña volvió a la normalidad, sólo dijo una palabra antes de volverse a dormir: Hope.

Demasiado cerca de la cabaña, en el cementerio de Nueva Orléans, una recién revivida Celeste trataba de robarle sus poderes a la pequeña niña de dos años de la familia Mikaelson. Los hechizos que usaba eran poderosos, trataba de lograr su objetivo antes de que los padres y la demás familia de Hope la alcanzaran y estuvo a punto de hacerlo, su fuerza resultaba descomunal ante una bebé pero justo cuando los poderes de Hope empezaban a ceder, una potente luz se apoderó de su cuerpecito, sus ojos se pusieron blancos y una ola de poder emanó de su interior para noquear por completo a la bruja.

Los originales, Caroline y sus amigos llegaron justo a tiempo para ver a la bebé dejar fuera de batalla a Celeste, la madre de la niña corrió a tomarla entre sus brazos y no encontró gritos ni lágrimas, sólo una palabra que salió de los labios de su agotada hija: Emma.