Hola!

Uf…he vuelto!!! Muajajaja!

Aviso: OTRO ERROR xD EN EL CAP. ANTERIOR, ES 2008, NO 2009.


Abriéndose a la verdad.

EPOV

Estoy tratando de despejar mi mente, pero no es nada fácil. ¿Por qué? Pues por Bella, claro. Lo que nos ha ocurrido en el restaurante me dejo marcando ocupado. Primero, la reacción de Bella al ver a la camarera tratando de ligar conmigo. Segundo, la forma en que entrelazo su mano con la mía, y como nos trato aquella señora llamada "Isabella". Y tercero…nuestros nombres que Bella escribió en aquel diario, que hicieron que miles de hermosos y felices pensamientos cruzaran mi mente.

Probablemente estoy delirando…que se yo, pero siento que las mariposas me recorren el estomago de solo pensar en todo lo que nos espera. ¿Y si consigo conquistarla? Eso seria…lo mejor que podría ocurrirme en la vida. Pero prefiero no hacerme esperanzas. Digo, las guardo y todo eso, pero…no quiero ilusionarme. Si lo hago, la espanto y ella se aleja. ¡No! Eso si que seria malo…muy malo.

- ¿Cuánto falta? – pregunta Bella, algo que hace a cada minuto.

- Pues…casi lo mismo que faltaba hace un minuto – ella se sonroja – Relájate, llegaremos en unos 45 minutos.

- ¿Tan poco? – dice sorprendida.

- ¡Dios, Bella! – le digo, con una desesperación finjida, pero que trato de que no sea obvia – Me tienes al borde de la desesperación.

- Lo siento, gruñón – dice, besándome la frente.

Me sonrojo furiosamente.

Bella me observa fijamente. No se por que, nunca lo había hecho de esa manera…y me pone sumamente nervioso.

Ahora si que no finjo desesperación: lo estoy al 100%.

- ¿Quieres dejar de mirarme así? – le pregunto – Me harás chocar en cualquier momento.

- Eso lo harás por conducir tan rápido, no por que yo te este examinando – me responde con concentración.

- ¿Me estas examinando?

- Eh…pues… - Bella se pone nerviosa – em… ¿Cuánto falta?

- ¡Dios!

- ¡Muajajaja!

- Eres la oveja más insoportable que conozco.

- Y tu el león mas gruñón, bebe y perfecto que he encontrado.

BPOV

Veo el letrero que nos da la bienvenida a Salem. Jamás he visitado un pueblo así…en realidad, jamás he visitado nada que este lejos de Washington… y es de lo más fascinante.

Deben ser aproximadamente las nueve de la noche. No creo tener sueño… pero dudo que Edward quiera recorrer este lugar de noche. Es un bebe.

Maneja con rapidez y de repente se detiene en seco.

- ¿Qué pasa? – le pregunto.

- Nada – responde – Llegamos.

- ¿Llegamos?

- Al hotel – me responde con suavidad.

Miro por la ventana y veo un enorme, brillante y lujoso hotel, con el nombre "Best Western Mill Creek Inn". Valla que largo…

- ¿Te gusta? – me pregunta Edward, interesado por mi respuesta.

- Es…lujoso, muy lujoso – me giro y lo encaro – No dejare que gastes todo este dinero en mi persona.

- Bueno…lo hago por los dos… - me responde, dándome esa sonrisa torcida tan especial suya. Mi favorita.

Sin dejarme protestar, se baja del coche y abre la puerta de mi lado. Tomo la mano que me ha tendido y bajamos.

Hace frió, y corre un viento que me cala los huesos, aun estando con el suéter de Edward.

Dentro del hotel, veo una recepción enorme y lujosa para ser la de un hotel en un pueblo como este. Tiene sillones y sofás color verde y rojo, muebles que parecieran ser de oro y gente. Mas halla se ven mesas y claro, es un restaurante en que aun se ve algo de gente cenando y charlando. Nos acercamos a la recepcionista, una chica de cabello rubio y ojos azul cielo, tez blanca e infinitamente bella. Eso…me hace sentir la cosa más insignificante del mundo.

- Buenas noches – le saluda Edward.

La mujer levanta la vista y se queda embobada mirándole.

- Necesitamos una habitación – le digo.

Ella ni me mira, simplemente me ignora y le sonríe a mi amigo, que parece estar incomodo.

- Buenas noches, señor – le dice esta, mordiéndose el labio - ¿En que puedo ayudarle?

¡Perra!

- Necesitamos una habitación para pasar la noche – le responde Edward.

Ella me mira y levanta una ceja, observándome como si fuera un bicho asqueroso al que quiere pisar.

- Con gusto – le responde esta - ¿A nombre de quien?

- Edward Cullen, por favor.

Ella revisa en su computadora, mas pendiente de su huésped que de esta misma.

- Oh, por cierto: que sean dos, y que estén cerca – rectifica él.

- ¿Dos? – pregunto yo, frunciendo el ceño.

- Claro, una para ti y otra para mí.

- ¿Y para que? – le digo yo – Con una basta, no tienes por que gastar mas dinero.

Edward palidece de una forma extraña y con rapidez. Me mira con los ojos abiertos como sapo.

- De ninguna manera – responde – Necesitas privacidad.

- Somos amigos, no creo que necesitemos "privacidad" – digo, haciendo las comillas con los dedos.

- No, Bella – me contradice con voz seria y a la vez nerviosa.

- Pero Ed…

- Eeh…disculpen – nos dice aquella perra de recepcionista que nos atiende – El hotel esta prácticamente lleno. No me quedan habitaciones disponibles a no ser… - revisa de nuevo, visiblemente molesta con lo que lee – La de recién casados y la suite imperial.

Edward se estremece y de la nada vuelve a un color rojo sangre. Se mete las manos en los bolsillos y traga saliva con fuerza.

- ¿Cuál es la mas costosa? – pregunta al fin.

- La Suite Imperial – le responde la chica, quien se muerde el labio con fuerza, llena de frustración.

- Dénos esa, por favor – le pide este, rindiéndose.

Luego de unos minutos, la chica esa nos entrega dos tarjetas con las cuales podemos abrir la puerta. Llama a un chico y le pide que nos conduzca hacia la habitación y que nos lleve las maletas. Yo insisto en llevar mi bolso, y la chica me mira con repugnancia.

Subimos por el ascensor hasta el último piso…el piso 30…

Nos conduce hacia nuestro cuarto y pide con mucho respeto y educación mi tarjeta. Se la entrego y pasándola por el borde de la puerta, esta se abre y nos deja la entrada a una habitación…de lujo.

Vemos un hermoso saloncito con tres sofás grandes, una televisión de lujo, mesas y miles de utensilios más. Al fondo se ve una puerta abierta, por la cual veo una enorme cama con cubrecama que parece ser de plumas, blanco, y miles de cojines dorados, rojos y color crema.

El chico nos deja para que nos instalemos y yo corro hacia la cama. Me lanzo sobre esta de espaldas y caigo con los brazos abiertos.

- ¡Ven, Ed! – le llamo a mi amigo - ¡Es muy suave!

Veo como se acerca y se lanza. No se como, pero termina cayendo encima mió. No pesa tanto como creía, pero me hace toser. Se levanta un poco y apoya su peso en sus brazos, que tiene apoyados uno a cada lado de mi cabeza.

- ¡Lo siento! – exclama, viéndome con cara de perro llorón.

- No te preocupes – le aseguro, viéndole a los ojos.

Me observa fijamente, con ese mar verde esmeralda, y me quedo observándolo fijamente. Su respiración es suave y me llena el rostro de un olor dulce, exquisito. Veo cada centímetro de su perfecta cara, las pocas pecas que tiene, sus pestañas largas, sus cejas y sus delgados y carnosos labios, de un tono rosado. Los tiene algo entreabiertos, quizás inconcientemente. No se por que, pero se me acerca un poco mas, hasta el punto de separarnos tan solo unos centímetros que mi cabeza no es capaz de contar de lo nerviosa que estoy.

Jamás me había pasado algo así.

Digo, con nadie y tampoco con él. No entiendo que me ocurre…siento un impulso de acercarme más y más, ver que ocurre si mis labios acarician los suyos y me impregno de su olor…

¿Qué…? ¡No! Dios, ¡Es mi mejor amigo!

Pestañeo algunas veces y me estremezco. Edward se levanta con rapidez y mira hacia otro lado, tan nervioso que no puede estarse quieto ningún segundo.

- Yo…yo bajare a comer algo… - murmura, mirando hacia todos lados.

Y desaparece. Escucho sus pisadas suaves y como cierra la puerta de salida.

El cuarto se queda en un silencio de muerte, tanto así, que respiro con fuerza solo para oir algo que no sea…la nada.

¿Qué fue eso, exactamente? No entiendo nada…por que se acerco tanto…por que sentí aquel impulso… Bueno, él es lindo, en algún momento me sentiría atraída de alguna forma, estaba segura que algún día ocurriría…solo eso, nada más. Atracción física, ¡es de lo mas normal si tienes un amigo así de perfecto!

Me siento en la cama y me rasco la cabeza, revolviendo algo mi cabello.

¡Yo también tengo hambre! ¿Por qué no salí con Edward?

Me pongo de pie y salgo de la habitación. Bajo por el ascensor hasta llegar al lobby y camino hacia el pequeño restaurante, en el cual aun veo a gente. Logro descubrir de inmediato a Edward, que esta sentado viendo la nada, revolviéndose el cabello y haciendo sonar los dedos sobre la mesa.

Me acerco y me siento frente a él. Edward levanta la vista y se sobresalta al verme.

- Uh, ¿tan fea soy? – le digo de broma.

Él pone los ojos en blanco.

- Eres hermosa, no sea ridícula.

En ese momento, llega un camarero.

- Buenas noches, ¿desean algo? – pregunta amablemente.

- Yo quiero una hamburguesa – respondo - ¿Edward?

Él ríe.

- Un café, nada mas – responde – Gracias.

El caballero asiente y se retira.

- ¿Nada mas? Yo muero de hambre.

- Eso es por que eres una cerda.

A los pocos segundos, una chica de cabello castaño y ojos del mismo color se nos acerca con una bandeja. Nos deja nuestro pedido y se retira sonriente.

Cuando hemos terminado, la chica se nos acerca y se dispone a retirar los platos.

- Disculpa – le digo, sonriéndole - ¿Tienes unos segundos?

Ella frunce el ceño pero sigue sonriendo.

- Claro – deja la bandeja sobre la mesa y nos observa.

- ¿Cómo te llamas? – le pregunto.

- Angela – me responde – Angela Webber.

- ¡Un gusto, Angela! – me pongo de pie y la abrazo.

La chica se tensa y luego ríe. Al separarme, veo que Edward también se pone de pie.

- Él es Edward y yo soy Bella – nos presento - ¿Vives aquí?

Edward pone los ojos en blanco ante tan estupida pregunta.

- Desde pequeña – me cuenta.

- ¿Y solo trabajas aquí?

Ella se ríe.

- Pues…es mi trabajo nocturno, más bien – nos cuenta.

Edward y yo nos miramos.

- ¿Y cual es tu otro trabajo? – pregunta él.

Angela mira hacia los lados y acerca su cabeza.

- La verdad…pues soy…bruja.

Siento a Edward tensarse y, acto seguido, se esconde detrás de mi, tomándome por los brazos y asomando la vista por encima de mi hombro.

- ¡Una bruja! – murmura – Te lo dije, Bells. No me gusta Salem.

Angela me mira y nos reímos a carcajada limpia. Es tanto que ella comienza a llorar de la risa y yo me tengo que afirmar con fuerza el estomago.

- Eres… ¡eres un bebito, Ed! – le digo, tomándole una de las manos que tiene en mi brazo – Por Dios, ¿de verdad te asustan?

- Tengo malas experiencias, eso es todo – dice él, mirando a Angela.

- No te asuste, chico – le dice Angela – No soy bruja ni nada que se le parezca. Solo lo hago por asustar.

Edward se queda en silencio y luego suspira con alivio.

- Casi me matas de un susto – le dice.

- ¡Eres la primera que lo hace! – chillo yo – Nadie a logrado asustarlo tanto así para llegar a esconderse detrás de alguien.

Angela ríe con más fuerza.

Cuando estamos ya en el cuarto, decido acostarme de inmediato, ya que debemos madrugar. Me pongo mi pijama en el baño, un pantalón de raso color crema y una remera manga corta de color azul. Cepillo mi cabello, lavo mis dientes y vuelvo al cuarto.

No veo a mi amigo.

- ¿Edward? – pregunto en voz alta.

- Aquí – dice desde el saloncito.

Camino hasta él y lo veo recostado en el sillón, con unos pantalones de pijama negros, sin camisa, viendo TV y comienzo cheerios de la misma caja.

- Eres un cerdo de primera – le digo sonriendo, mientras me acerco.

- Ja, miren quien habla, doña cara de hamburguesa – me responde él, haciéndose a un lado para que yo pueda sentarme.

Se endereza, y yo me recuesto, apoyando mi cabeza en sus piernas y las mías las dejo colgando sobre el brazo del sofá.

- ¿Estas cómoda? – dice con sarcasmo.

- Claro, tus piernas son blandas – le digo de broma

Edward ríe de una forma nerviosa.

Nos quedamos un rato viendo South Park y Phineas y Ferb.

- ¿Has visto niños mas extraños que ellos? – me dice Edward cuando terminamos de ver esta ultima caricatura.

- Claro – le digo – Tú.

- ¿Yo?

- A los nueve ya tocabas el piano, Edward – le digo, observándole desde abajo – Eso le gana a dos niños que construyen montañas rusas y hacen una playa de verdad en el patio.

- Que graciosa, Bella – dice el, convidándome Cheerios - ¿Vamos a dormir? Ya son las doce y tenemos que partir antes del amanecer.

Frunzo el ceño.

- ¿Por qué tan temprano? – le pregunto.

- Tengo una sorpresa para ti – me dice, tocándome la punta de la nariz con su dedo – Además, quiero que el 23 ya estemos en California. Se acerca Navidad, ya sabes.

- ¡Oh, cierto! – grito yo – Renée me va a…

Cierro la boca.

Renée no estará, así de simple.

- Deberías llamarla al menos ese día – me dice Edward – Yo llamare a Esme.

- Lo pensare. Ahora, por favor vamos a dormir.

E pongo de pie y Edward me sigue, apagando la TV.

- Tú duermes en la cama y yo aquí – dice él.

- No seas ridículo, ¿quieres? Si vas a empezar con eso, yo duermo en el sofa y tú en la cama.

- ¿Puedes dejar de ser tan cabezota?

- No. Ahora, mueve tu culo a la cama si no quieres que tenga que hacerlo yo misma.

Edward da un salto y corre a la habitación.

No puedo evitar reír de lo ridículo que puede llegar a hacer.

Él ya esta bajo las mantas, tapándose hasta la mandíbula.

Me acerco y me meto junto a él, quedando exactamente igual: tapada hasta la mandíbula y mirándole. Él también me mira.

- Me gustan tus ojos – le digo de repente.

¡Lo estaba pensando! ¿Por qué tenia que pensar siempre en voz alta?

- A mi me gustan los tuyos – me dice él.

No se quien se sonroja mas; si él, que tiene hasta las orejas rojas, o yo, que tengo calor en la nariz y las mejillas.

- Buenas noches, Edward – le digo, cerrando los ojos.

- Dulces sueños, Bella.

Pego un bostezo y el sueño me baja de golpe, haciéndome caer en la inconciencia.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

No se en que momento, pero despierto sollozando y con las mejillas bañadas en lagrimas. Mis ojos se abren de golpe y veo el cuello y el cabello revuelto de Edward. Esta de espaldas a mí, y su respiración es suave y tranquila.

De tan solo verlo, me calmo un poco, dejando de sollozar.

Me pongo en pie con cuidado, intentando no despertar a aquel ángel que duerme. Llego al saloncito y tomo la cajetilla de cigarros y el encendedor que tengo sobre la mesa. Abro el enorme ventanal y salgo al balcón que tiene vista al horizonte. Solo se ven árboles y algunas casas, nada más. Ya esta amaneciendo. Veo el cielo claro, pero el sol aun no asoma por las montañas

Me apoyo en la baranda de metal y enciendo el cigarro. No soy de fumar demasiado, solo lo hago cuando los nervios me comen por dentro…Como ahora.

Me siento la persona mas débil, estupida e indefensa de toda la tierra. Aquel maldito recuerdo no deja de aparecerse en mis sueños, no deja de rondar por mi mente, de perseguirme como si quisiera decir lo poca cosa que fui, lo tonta y transparente…

Los sollozos vuelven y presionan mi pecho. Los ojos se me ponen llorosos y en un pestañeo salen dos lágrimas que terminan en mis labios, seguidas por más y más. Siento que no puedo controlar lo que hago, no puedo dejar de reprimirme por todo aquello. Las piernas me tiemblan y hacen que caiga al piso con las rodillas dobladas. El cigarro se me cae de las manos, ya apagado. Me tiembla el cuerpo, siento un frió atroz cuando el viento me llega en el rostro y enfría las lágrimas que siguen cayendo.

- ¡Bella! – escucho gritar a Edward, pero no soy capaz de volverme para verlo.

No es necesario. Siento como me coge de los brazos y me ayuda a levantarme. Mis piernas no funcionan, son como plastilina. Consigue ponerse frente a mí y lo abrazo con fuerza, sosteniéndome solo con los brazos.

Edward me sujeta con fuerza y me estrecha, dejándome llorar sin decir nada. Y eso se lo agradezco, pues no soportaría escuchar consuelos estupidos ni preguntas a las cuales de seguro no podré responder.

Estamos así por algunos minutos…quizás por unas cuantas horas… no, minutos, pues el sol aun no aparece.

Los sollozos se calman y dejan de caer lágrimas. Edward es capaz de llevarse toda la tristeza cuando se acerca.

- ¿Puedes hablar? – me pregunta, acariciando mi espalda con sus manos.

Deseo que jamás deje de hacerlo. Me gusta, es tranquilizador…

- S-s-s… - me aclaro la garganta y respiro, para dejar de tartamudear – Si.

- ¿Quieres charlar sobre esto? – me pregunta con suavidad.

Es…todo un caballero.

Se que no me obligara a decir nada, pero ya estoy cansada de guardármelo. No se que consigo…quizás así se pasen todas las pesadillas.

Me suelto de él y apoyo mis brazos en la baranda, mirando el horizonte. El crepúsculo del amanecer.

- El día en que llegamos a Forks – comienzo, hablando en apenas un susurro –, decidí ir a ver a Jacob…para saber como había llegado a su casa. Sabes que queda cerca, así que fui a pie. Cuando llegue a su calle, camine hacia su casa…y al llegar…vi a Leah… - las lagrimas volvieron a mi rostro, pero ya no sollozaba - ¡A Leah! La vi a ella…besándose con…él…abrazados como una pareja…y el le dijo que amaba…

Mi voz se rompe en la última palabra, y tengo que tomar aire y secarme las lágrimas para continuar.

- En ese momento, y no se como, grite…ni idea si fue de furia o de dolor…no sabia que se pudiera lanzar un grito cuando vez algo así. Ellos se separaron y me miraron… - reí amargamente – no se cual de los dos estaba mas horrorizado al verme allí. Él…trato de darme una "explicación", como lo quieren hacer todos en esos casos…Leah solo me miraba con pena. Sus ojos mostraban que lo sentía. Pero él…él solo quería decirme mentiras. No fui capaz de acercarme lo suficiente. Simplemente, le grite cosas que ya no recuerdo…de seguro fueron groserías – me reí de nuevo con nerviosismo – Y luego me aleje…llegue a mi casa y llore…cerré mi cuarto con llave y caí al piso. Grite, solloce y bote lágrimas hasta formas un charco en el suelo. Renée y Charlie trataron de que los dejara entrar…y fue entonces donde decidí, entre miles de cosas tontas, irme. Probablemente piensas que fue una estupidez, que me seguiste por algo sin sentido y ahora me odias y quieres irte por que yo no valgo la más mínima pena para nada y solo…

- Calla – me dice Edward, poniendo uno de sus dedos en mis labios – Haz comenzado a decir una sarta de estupideces. No pienso irme, ni ahora ni nunca, por que aunque hubieras decidido irte por que en tu casa había una plaga de mosquitos o por que odias el verde, te seguiría. Te seguiría hasta le fin del mundo, ¡hasta la Antártica!...Donde sea, Bella. Y no pienso que fuera una estupidez…es una razón bastante razonable aunque precipitada. Te rompió el corazón, y es…algo que comprendo.

Nos observamos fijamente por varios segundos. Él me acaricia la mejilla y seca una lagrima que aun tengo con su dedo.

Enrosco mis brazos en su cintura y aprieto mi cara en su pecho desnudo, suave y fuerte.

- Te quiero, Edward – le susurro, besando esta parte de su anatomía – Eres el mejor amigo que una persona podría tener. Y yo no merezco tenerte.

Siento como respira con fuerza, y me cubre con sus brazos, besándome la cabeza.

- No digas esas cosas – murmura – No te merezco mas que tu a mi, pero nos tenemos, y es por algo. – hace una pausa y suspira – Y yo también te quiero, Bella. Ni te imaginas cuanto.

Sus palabras hacen que toda la pena que ahogaba a mi cuerpo volara, como si la aspiraran con rapidez y saliera.

No se como tomar eso. No se como tomar los "te quiero" que acabamos de decirnos. Y la verdad, no quiero analizarlos. Nos queremos, como amigos o como más, pero nos queremos, y eso es todo lo que yo necesito para olvidar todo.

Por que Jacob Black, Leah o quien sea han quedado atrás.

Edward, por alguna extraña razón, es todo lo que necesito para sobrevivir. Nada más.


Y…les gusto?? Fue lindo?? Que les pareció??

A mi me encanto. Es un capitulo divertido, amoroso y sufrido xD la mejor combinación!!!

Para las que querían más interacción "romántica", pues desde aquí la tendrán!!! :D

Me partí de la risa con lo de Angela!!!! Jjujuj, nuestro Eddie es un cobarde!!!

En fin, mil gracias a todos los que leen, a los que dejan reviews, a los que opinan y alegan a todos!!!!!

Besos, y nos leemos pronto!!!!

El próximo capi…revela un destino más diferente…y se presentan más celos de parte de Ed!

Sammy Black de Rathbone!