Disclaimer: Crepúsculo es de Meyer.

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Despertar

Alice no puede recordar su vida humana. Tampoco es que le importa de todas formas. Para ella, su vida comienza en el momento en que despertó como vampira.

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El despertar. El abrir los ojos a la oscuridad. La oscuridad fría, silenciosa, oscura, que aprisiona y aplasta. La oscuridad que rodea el cuarto en el que se está. Un cuarto que huele a enfermedad, a remedio, a detergente.

El despertar. Obligar a los párpados a moverse, a abrirse y mostrar los ojos. Ojos que están cansados y aburridos de ver siempre lo mismo, día tras día, año tras año. No pienses en ello, no pienses en ello. Y su memoria borró esos recuerdos.

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Abrió los ojos. Blanco. Todo era blanco. Las paredes. El techo. El piso. Las sabanas. Incluso la ropa que cargaba puesta. Cerró los ojos. Y lo vio:

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Estaban frente a frente. Mirándose. Sonriéndose. Eran felices, eran dichosos.

- ¿Cómo te llamas?

- Soy Jasper, Alice.

- Jasper…

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Alice sonrió. Tenía que encontrarlo.

Susurros. Risas ahogadas. Un grito desesperado. Alice cerró los ojos. Comezón. Sentía como mil fuegos en su garganta. Entonces lo olió. Era lo más rico que había olido en mucho tiempo. Era delicioso. Era magnífico. Lo quería. Se levantó de un salto y corrió.

- Mary… - le susurró alguien.

Pero ella no lo escuchó. Estaba concentrada en el olor… en el movimiento… en el sabor. Un segundo después bebía de aquel líquido milagroso. Gruñó cuando se acabó. Gruñó cuando ya no quedó más. Y lanzó la fuente hacia el piso. Luego miró. Era una chica, vestida con la misma ropa de ella, con una mueca de terror en su pálido rostro.

Alice había cazado por primera vez. Pero no sería la última.

Cuando salió del sanatorio St. McClane, Alice estaba completamente llena. Atrás dejaba un montón de cadáveres inertes. Adelante le aguardaba una nueva vida.

- Te encontraré, Jasper - susurró al viento.

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- No sabía lo que era hasta que te vi en mis visiones. No sabía lo que podía hacer o lo que no podía hacer. Nadie me explicó nada. Si pude sobrevivir sin que los Vulturis me dieran alcance fue por causa tuya. Tú hiciste que me refrenara. Tú me diste esperanza, Jasper.

- Gracias por esperarme.

- Lo volvería a hacer. Una y otra vez.

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El momento es cumbre. El primer encuentro entre una pareja siempre es digno de recordar. El primer encuentro entre dos almas gemelas queda grabado para siempre en sus memorias.

- Un café caliente, por favor - le pide al cantinero mientras saca el pago.

- Aquí tiene.

- Gracias.

No lo toma. Ni siquiera le da un sorbo. Sólo lo mira. Mira como las volutas de humo ascienden, ascienden cada vez más, hasta desaparecer…

Tiene que llegar antes que el café se enfríe. Tiene que llegar para resguardarse de la lluvia, no porque lo necesite sino porque levantaría muchas miradas sospechosas. Tiene que llegar.

El café se enfría. Los minutos pasan. Él no llega. Alice siente crecer la desazón. Esa noche tampoco lo verá cara a cara. Suspira. Pero cuando está a punto de tomar la decisión, la puerta de la cafetería se abre. Alice levanta la vista. El olor a lluvia inunda sus fosas nasales, el olor de la tierra mojada también. Sonríe. Alice se voltea.

Es ahí cuando lo ve. Cuando lo ve frente a frente. De un vistazo puede distinguir las cicatrices, las marcas, los vestigios de un siglo de guerras. De un vistazo puede distinguir la tristeza, la desesperanza, la soledad, que carga sobre sus hombros aquel vampiro de cabello rubio. Y sonríe aún más. Sonríe incluso cuando él se percata de su presencia, cuando se tensa, cuando se prepara para destruirla.

Alice salta de la silla y se acerca a él con pasos de bailarina. Ella puede ver que él está sorprendido, confundido, anonadado. Y ella se propone hacerlo despertar:

- Me has hecho esperar mucho tiempo - le susurra con su voz de soprano.

- Lo siento, señorita.

Ella le ofrece su mano, y él la acepta. Ese era el principio de su historia.


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