Holaaas!
Recomendación: Say Anything, de Civil Twilight. Escúchenla durante el capi!
Lo Tienes
EPOV
Bella sale de la habitación, y yo aun sigo frunciendo el ceño. ¿Qué diablos ha sido eso? No se le ve así todos los días.
Me recuesto nuevamente sobre la cama y miro el techo; estuve a punto de besarla, Dios mío. Estuve tan malditamente cerca de poder besarla…pero no, no pude. No por que me echara para atrás, pero es que simplemente yo no soy así. Yo no ando besando a la gente como si nada, y el día en que bese a Bella, va a ser cuando ella me lo pida.
Teniendo eso en cuenta, probablemente no la bese nunca.
Me levanto con lentitud, despeinándome el ya de por si despeinado cabello, y salgo de la habitación hacia el salón principal, donde Alice esta paseándose de un lado a otro, mordiéndose el labio.
- ¿Por qué tan nerviosa, duende? – le pregunto, dirigiéndome a la mesa de centro para leer el pequeño menú.
- ¡EDWARD! – Se abalanza sobre mi espalda y se apega a ella como una pequeña y muy rebelde garrapata - ¿Qué paso? ¡Por el amo de Dios, cuéntame ya!
- ¡Baja la voz! Bella puede oírte – ella se suelta de mi y yo me giro, sin quitar la vista del menú que tengo en mis manos.
- Esta dándose una ducha. Salio roja como un tomate de la habitación así que maldita sea, ¡dime que paso de una vez! – me zamarrea con fuerza, y yo la miro, temeroso.
- Okey, te digo, pero relájate – Alice respira varias veces seguidas – No paso nada.
Frunce el ceño.
- Estas mintiéndome, Eddie – yo gruño – Algo pasó.
- De verdad, no fue nada – me echo como saco de papas en el pequeño sillón que esta detrás de mí Iba a besarla, pero no pude.
Ella se tapa la cara con sus manitos.
- ¿Por qué no puedes ser más "hombre duro" y menos "hombre caballero"? – Pregunta, mirándome tiernamente – No te entiendo.
- No espero que lo entiendas, Alice. Bella es mi mundo, ella es mi alma, mi corazón, mi vida. No puedo pensar en lastimarla, o forzarla, o hacer algo de lo que después ella se pueda arrepentir. No se si entiendes de que desesperada y ardiente forma la amo.
Ella tuerce la boca y toma uno de sus mechones azabache entre sus dedos.
- Supongo que no puedo entenderlo, por que nunca me ha pasado.
- ¿Aun quieres ayudarme? – le pregunto tímidamente.
Ella me sonríe con alegría.
- Claro que si, ñoño – me toma de la mano y me hace levantarme – No se que harías con Bella sin mi.
Pongo los ojos en blanco, y la abrazo.
- Gracias, duende.
- De nada, ñoño.
De repente una enojada Bella entra en la sala, solo con una toalla cubriendo su cuerpo. Me mira ceñuda, fulminándome con la mirada.
Carraspeo con fuerza, y Alice se da la vuelta.
- ¡Oh, Bella! Al fin has salido del baño – le sonríe y sale dando saltitos de la sala – Voy a tomar una ducha yo también, ¿vale?
- Claro – le respondo, haciendo que Bella me fulmine aun más, y el color de sus mejillas ya sonrosadas aumente.
Alice cierra la puerta del baño, y los dos nos quedamos solos en la sala, mirándonos directamente. Ella cierra los ojos y los aprieta con fuerza, para volver a abrirlos y caminar hacia su habitación, dándome la espalda.
No se que le pasa, pero definitivamente voy a hacer que me lo diga.
Camino detrás de ella y la tomo del brazo, justo en la entrada de la habitación grande.
- ¿Qué es lo que te pasa? – le pregunto, tratando de no mostrarme molesto.
- Nada. Suéltame – me pide, sin siquiera mirarme
- No voy a soltarte hasta que me digas.
- Edward, suéltame.
- No.
- ¡Maldita sea, Edward, ya suéltame! – grita, mirándome a los ojos.
Pareciera que los suyos arden en fuego. No recuerdo haberla visto tan enojada desde la vez que rompí su juguete de Batman cuando teníamos 9 años.
- Dime lo que te pasa, y yo prometo que te suelto. Es así de fácil – alzo una ceja inconcientemente.
Sus ojos brillan, no se si es de rabia, o si están llorosos.
- ¿Te cae bien Alice, no? – pregunta, sonriendo débilmente.
- ¿Qué? – frunzo el ceño, desconcertado.
- Se ven bien juntos. De seguro que le gustas.
- ¿De que…? – La ampolleta de mi cabeza se enciende – Espera, espera. ¿Dices que a mi me gusta Alice?
- Es obvio, cualquier tonto podría notarlo – se encoje de hombros, probablemente tratando de quitarle peso al asunto.
Pero sus ojos siguen con ese destello de fuego.
- Yo diría que solo un tonto podría pensar eso. No me gusta Alice, Bella.
Sus ojos brillan de una forma distinta.
- ¿No?
- ¡Claro que no! Somos amigos, nada más. Nos llevamos bien – de repente, una idea cruza por mi mente - ¿Estas celosa, Bells?
Ella abre sus hermosos ojitos marrones.
- ¡No, por supuesto que no! – Ríe nerviosamente – Que cosas dices…
- Estas celosa, ¡admítelo! – Sonrío de felicidad - ¡Uy, Bella esta celosa!
Entierro mis dedos en su estomago a la vez que sigo con los "Uy", y los "celosa".
- ¡Edward, para ya! – Ella trata de quitar mis manos - ¡No estoy celosa!
- Vamos Bells, solo admítelo, no me voy a molestar – sigo enterrando mis dedos en su estomago – Solo dilo.
- ¡Para! – Ordena, tratando de cubrirse - ¡Edward, ya! ¡Esta bien, si estoy celosa! ¡Estoy muy celosa, así que detente!
Yo me detengo de inmediato, y sonrío torcidamente, bailando de felicidad por dentro.
- No era tan difícil, ¿a que no? – La tomo por los hombros suavemente – No tienes por que estar celosa, Bella. Alice es solo mi amiga, nuestra amiga. No estoy interesado en ella "de esa forma".
Sus ojitos marrones brillan de nuevo.
- ¿Lo dices en serio? – pregunta con voz aguda.
- Claro que si, boba.
Ella sonríe y me abraza con fuerza por el cuello, apretujándome.
No puedo evitar apretujarla yo también.
- Te quiero mucho – me dice.
Yo me sonrojo levemente, pero sonrío.
- Yo también, Bella. No más celos, ¿si?
Ella asiente.
Mi sonrisa se hace más grande. No recuerdo haber visto a Bella celosa de esa manera, pero de alguna forma me gusta.
BPOV
Ese enfrentamiento con Edward fue de lo más…extraño. Digo, ¿acabo de admitir que estoy celosa? Ni siquiera me lo había dicho a mi misma. De todos modos, es la verdad, así que ya no importa; no tengo de que preocuparme. A Edward no le gusta Alice.
Espera. ¿Y que si le gusta? Digo, el tiene todo el derecho del mundo…es un hombre libre, y la pequeña duende es una buna persona. ¿La habré cagado con lo que dije?
- ¡Bella! – Hablando de la reina de roma… - Vamos a salir.
- ¿Tienes que anunciármelo? – le pregunto, riéndome – Es obvio que vamos a salir. No tendrías por que habérmelo dicho. ¡Estamos en Las Vegas!
Ella salta alegremente.
- ¡Edward! , dirigiéndose al salón, donde seguramente esta él viendo televisión.
Algo se remueve nuevamente dentro de mí.
Celos.
Sacudo mi cabeza y cojo mi maleta, para ponerla sobre la cama matrimonial, donde dormiremos Alice y yo. Edward va a dormir en la pieza del otro lado de la habitación.
Revuelvo entre la ropa, tratando de buscar algo apropiado, pero lamentablemente lo único que tengo dentro es ropa de invierno.
Definitivamente tengo que salir de compras, por mucho que no me guste.
Revuelvo mi cabello, tratando en vano de encontrar algo apropiado para salir en Las Vegas. ¡No puedo ponerme unos simples jeans, por el amor de Dios!
- Pierdes tu tiempo revisando allí, Bella – Alice entra alegremente a la habitación, con sus dos maletas en mano – Yo te voy a ayudar.
- No es necesario…
- ¡Caro que lo es! Esta es como una emergencia de la moda. Y yo conseguí traerme la mitad de mi exclusivo guardarropa, así que vas a ponerte algo mío, ¡y se acabo la discusión! Ahora saca tu desastrosa maleta de la cama.
Pongo los ojos en blanco, pero hago lo que me dice. Ella deja sus dos maletas gigantes donde antes había estado la mía, y comienza por la rosada, revolviendo la ropa como si supiera exactamente donde esta lo que necesita.
- ¡Aquí esta! – Saca algo rosa doblado – Este es mío. ¿Te gusta?
Lo estira y lo coloca sobre su cuerpo, como si lo tuviera puesto.
- Es muy tú – digo la verdad – Me gusta para ti.
- Y el tuyo…hum…haber… ¿Qué te puedo poner? – Rebusca en la misma maleta, revolviendo todo otra vez - ¡Ya se! ¿Cómo no se me ocurrió antes?
Abre la otra maleta, y comienza a escarbar hasta el fondo, desde donde saca una bolsa de esas en las que meten los trajes para que no se ensucien. La abre, y saca un hermoso vestido morado perfectamente doblado.
- ¿Y eso? – le pregunto, señalando la prenda.
- Lo compre para año nuevo hace un mes, pero de seguro que a ti te va a quedar perfecto – comienza a dar saltitos alrededor de mi – Vamos, ¡póntelo!
El vestido parecía estar hecho a mi medida, a pesar de ser de Alice. Al cabo de un rato las dos ya estamos listas, y Edward nos esperaba sentado en el sillón, viendo televisión
- ¿Tu haces otra cosa aparte de ver Disney Chanel? – le pregunto, arrebatándole el control y apagando el plasma.
Él se gira hacia mi con la intención de rebatir lo que he dicho, pero cuando me ve no dice nada, simplemente se me queda viendo. Un suave sonrojo cubre mis mejillas, y bajo la cabeza, con una leve sonrisa en los labios. No es como si llevara puesto el traje mas lindo del mundo.
Alice me obligo a colocarme el vestido morado que había sacado de la bolsa. Era a tiras, ajustado al cuerpo, con un hermoso lazo en uno de los costados, y a penas me tapaba el trasero.
- ¡Vámonos ya! – Alice comienza a saltar de nuevo – Quiero bailar y beber y pasarla bien.
Ella se puso un simple vestido rosado, strapless e igual que corto que el mío, unos tacones rosados con negro.
Edward sonríe y se levanta del sillón. De alguna forma me molesta que le haya sonreído a la duende y no a mí.
- Vamos Bells – mi amigo me toma del brazo suavemente, sonriéndome de todos modos. Siento que mi corazón se derrite lentamente por alguna extraña razón en el momento en que Edward me susurra al oído: - Estas hermosa, Bella.
- Eh…si…gracias – trato de sonreírle de forma normal – Tu también te vez bien.
Edward se veía estupendo; llevaba puesta una remera negra con cuello en V, unos pantalones pitillos cuadrille grises y unas converse negras sin caña.
Se veía sexy. Dios, ¡se veía muy sexy!
- Oh, esperen un poco – corro de vuelta a la habitación grande y tomo mi bolso - ¿Podrías guardarme algunas cosas, Ed? Es que mi vestido es tan corto y ajustado que no tiene bolsillos. Mira.
Doy una vuelta delante de él, y noto que se queda mirando fijamente mi figura, mas concretamente mi parte trasera.
- Hum…si, veo que tienes razón – esta sonrojado, otra vez – Pásame lo que necesites que guarde.
Le entrego mi celular, mi sobre con el dinero, los audífonos de mi celular, mis gafas de sol, la tarjeta de la habitación, un pinché por si me da calor…
- ¿No crees que es mucho? – me pregunta el, mirándose los bolsillos que ahora parecen dos tumores en sus muslos – Yo creo que las gafas y los audífonos están de más…
Me los entrega, y luego de acomodar mis cosas en sus bolsillos y en la cartera de Alice, bajamos por el ascensor.
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Las Vegas es mejor de lo que me llegue a imaginar. Las luces brillan por todas partes, las limusinas pasan a cada momento y la música llega de todas direcciones, mezclándose. En pocas palabras, ¡es fantástica!
- Esto es como estar en el centro del Universo – dice Edward desde la parte de atrás del coche de Alice, mirando fascinado por la ventanilla - ¿Habrán clubs de strippers por aquí?
Alice y yo lo golpeamos simultáneamente por decir eso.
- ¡Hey! Solo era una broma, ¿si? Cálmense – nos sonríe a ambas mientras se sujeta el brazo – Ustedes son mis únicas chicas.
Gruño. ¿No puedo ser yo su única chica? Apenas conoce a Alice. Hace unos días, solo era yo.
- ¡Miren eso! – chilla la duende, señalando cinco enormes torres-edificios con tres piletas enormes a la entrada.
Es hermoso…
Alice dobla rudamente y entra por una estrecha calle que se dirige hacia el hotel. En la parte superior de todos los edificios se lee "Caesars Palace" con letras brillantes. Entra en uno de los estacionamientos, toma un ticket y comienza a buscar un espacio libre.
Al rato después, ya estamos nuevamente afuera, cerca de las enormes piletas.
- Wow – es todo lo que sale de mi boca.
- Doble wow – dice Alice a mi lado.
- Triple wow – Edward parece maravillado con la vista, y sonríe como bobo.
Los tres reímos juntos
- ¿Por qué estamos aquí? – le pregunto a Alice – Es un hotel.
- Es un hotel con casino, restaurantes, bares y una discoteca que los va a matar – responde ella, sonriendo alegremente – Si, lo se: soy un genio.
Edward y yo reímos.
&&&&&&&&
- Disculpe, señor. ¿Dónde se encuentra Pure? – pregunta Alice, cuando ya estamos en la entrada principal del hotel.
- En la ultima Torre, señorita – le responde el recepcionista, regalándonos una radiante sonrisa – Que lo disfruten
- ¡Gracias!
Alice nos conduce hasta la última Torre, y tras caminar un poco más, llegamos a lo que ella llama "Pure", un edificio redondo y no muy alto, en donde se lee Pure en letras brillantes, a la entrada de la discoteca.
- ¡Esta genial! – digo, agarrando el brazo de Edward con emoción.
- ¿Segura que nos dejaran entrar? – pregunta este, mirando el lugar con el ceño fruncido.
Alice se aleja de nosotros, y se acerca a un muchacho que esta haciendo la fila de hombres para entrar. Ella le dice algo, y el niega con la cabeza, respondiéndole algo más. La duende se devuelve hacia nosotros con una mueca.
- Es para mayores de 21… - nos dice, suspirando - ¡Yo quiero entrar!
Pega una patada al piso, como una niña berrinchuda.
- ¿Edward? – pregunto, pues el siempre soluciona todos mis problemas y responde a todas mis dudas.
Se encoje de hombros.
- No se – me responde, pasándome un brazo por los hombros.
Me apego a su cuerpo, pues de pronto me ha entrado frío.
- ¿Edward? – pregunta alguien detrás de nosotros.
Los tres nos giramos hacia un hombre alto, que debe rondar los treinta y muchos y los cuarenta y pocos.
- ¿Edward Cullen, cierto? – Pregunta, mirando a mi amigo con una sonrisa – Soy Aro, Aro Vulturi, el amigo de tu padre.
- ¡Oh, claro! – Los dos se estrechan la mano y se dan un abrazo de hombre – Ya decía yo que te conocía de alguna parte, hombre.
- ¿Cómo esta Carlisle? – Pregunta el hombre de cabellos negros y rulientos, sonriendo amablemente – Hace mucho que no nos vemos.
- Esta en el hotel donde nos hospedamos – le responde Edward, mintiendo – Nos dejaron venir, pero nos acabamos de enterar que es para mayores de 21…
- ¿Son mayores de edad? – Los tres asentimos - ¡Entonce son hay problema! Vengan conmigo, soy amigo del jefe, no habrá problema si tu novia y su amiga entran conmigo.
Edward le sonríe, apretando el agarre sobre mis hombros.
- Gracias, Aro. Nos has salvado la noche – dice Edward, caminando junto a él.
- No es nada, hijo. ¿Cómo esta Esme?
- Feliz, esta prosperando con su tienda de decorados de interior.
- ¿Y Emmett?
- Igual de grande.
Los dos ríen como si se conocieran de toda la vida, mientras cruzamos la entrada de Pure.
Solo hay una palabra para describirla: IMPRESIONANTE.
La música se escucha de inmediato, y retumba en mi pecho el sonido de Candy Shop. Las luces rosadas dan contra las murallas blancas, y una pantalla gigante pasa imágenes sicodélicas. La gente se mueve y se distorsiona, y en la barra los bármanes hacen sus trucos y tienen maravillada a las chicas.
Repito: IMPRESIONANTE.
- Vengan, les conseguiré una mesa VIP – dice Aro, guiándonos a todos entre ese mar de gente – Pure cuenta con tres salas de diferentes estilos, en una de ellas se encuentra la sala VIP, con terrazas y sillones, y a parte contamos con un salón de bailarinas profesionales.
Quedo asombrada con su descripción, y me dejo guiar por el brazo de Edward, hasta que llegamos a la parte VIP.
- Aquí tienen – nos sube a unas terrazas donde hay gente sentada en sillones alrededor de mesas pequeñas – Pónganse cómodos, pidan lo que quieran, todo corre por cuenta de la casa.
- ¡Muchas gracias, señor! – dice Alice, abrazándolo.
Aro ríe.
- De nada. Disfruten – estrecha la mano de Edward – Mándale saludos a tu padre, Edward.
- Lo haré, no se preocupe. Y muchas gracias por todo.
Él asiente, y me mira con una gran sonrisa.
- Me alegro de verte con una señorita tan linda, hijo. Nos vemos por ahí.
Se da la vuelta, y desaparece.
Edward y yo nos quedamos rígidos. Nos miramos de reojo, y veo que esta muy, muy sonrojado.
- ¡Siéntense! Parecen estatuas – Alice ya esta acomodada en uno de los sillones, mirando la vista que hay desde allí - ¡Que bueno que nos encontramos con tu amigo, Edward!
Me siento al lado de él y lo miro.
- ¿De donde lo conoces?
- Ni idea – se encoje de hombros – No se ni siquiera quien es.
Los tres nos reímos a carcajadas.
EPOV
- Creo que quiero bailar – dice Bella, dejando la copa de Whisky en la mesa - ¿Vamos, Allie?
- Yo paso, quiero pasar a ver a los bedetos… - le responde con emoción - ¿Vienes conmigo?
- No, yo quiero bailar – me mira, sonriéndome - ¿Vamos, Ed?
Le sonrío.
- Claro, Bells – le tomo la mano para ayudarla a ponerse de pie - ¿Vas a estar en el salón de Strippers?
- Si – responde Alice, poniéndose de pie – Nos juntamos aquí en un rato más, ¿vale?
Yo asiento, y con Bella bajamos las escaleras de la Red Room para dirigirnos a alguna otra sala con música bailable.
Después de un par de horas, los tragos bajan y bajan por mi garganta. Es bueno ser resistente al alcohol, supongo, por que si así no fuera ahora mismo no podría ni caminar.
Bella se ha tomado solo unas cuantas copas, pues se niega a volver a sufrir una resaca como la de hoy en la mañana. Es comprensible, y además, yo odio que se emborrache hasta no recordar que es lo que dice.
Los dos estamos apegados, contorsionándonos en la pista de baile como si el mundo se fuera a acabar en un segundo. Bella mueve sus caderas junto a las mías, presiona su espalda contra mi pecho y yo la tomo por la cintura con firmeza, apegándonos para que no pase aire por entre nosotros. Nos agachamos juntos al ritmo de la música, hipnotizados. A ella se le sube el vestido, dejándome ver un par de bragas grises con encaje negro.
Mi amigo de abajo cobra vida al instante, pero eso no me impide seguir bailando. No me molesta que Bella sepa lo que me provoca, no esta noche.
- Debemos ir a buscar a Alice – le susurro al oído, haciendo que ella se estremezca.
Se gira a mi encuentro y me mira seriamente, pero sin dejar de moverse y de rodear mi cuello con sus brazos.
- ¿Estas seguro de que no sientes nada por Alice? – me pregunta, mirándome fijamente a los ojos.
- ¿Por qué sigues pensando eso? ¿Qué motivos te he dado?
- Siempre estas pendiente de ella, siempre consultas las cosas con ella, siempre pides su opinión antes que la mía…
- ¡Eso no es cierto! Le pregunto a ella por que tú nunca me respondes, Bella. Y si, estoy pendiente de ella por que ahora también es mi responsabilidad, al igual que tú. No tienes por que estar celosa…
Bella hace un puchero adorable, se afirma de mis hombros y se pone en puntas de pie, acercándose a mi oído.
- Quiero que solo seas mío, Edward. No quiero que estés con nadie, solo conmigo – me susurra.
Mi corazón comienza a latir a mil por hora, calentando mi cuerpo y enviando una extraña sensación a mí estomago. Mis mejillas se encienden, aunque eso ya no es novedad.
Trato de decirme que lo hace por puro egoísmo de amiga, pero pequeñas gotas de esperanza caen en mi corazón, acelerándolo más.
- Creo que has tomado demasiado – declaro, sonriéndole – Vamos.
Justo en ese momento, el móvil en mi bolsillo derecho vibra. Tomo a Bella de la mano para que no se vaya y lo contesto.
- ¿Si?
- ¡Edward! – Lavoz de Alice se escucha a pesar de todo el bullicio a mí alrededor – Estoy fuera del ascensor que lleva al Penthouse, pero no tengo la tarjeta. ¿Podrían venir y dármela?
- ¿Qué haces tú allí? Se supone que nos juntaríamos en la Red Room – pregunto, extrañado.
- Es una larga historia, te la cuento cuando lleguen. ¿Pueden venir, o no?
- Claro, claro. ¿Pasan taxis por aquí afuera? – Bella a mi lado frunce el ceño y sujeta con más fuerza mi mano.
- Obviamente. Solo dale la dirección al chofer. ¡Te espero!
Cierro el móvil y miro a Bella.
- Alice esta en el Palms y no tiene la tarjeta para subir al ascensor. Vamos – tiro de ella suavemente y me sigue entre la multitud.
Ya en la calle, los coches pasan y pasan. Los adolescentes y adultos se mueven por las calles y ríen, como si la fiesta siguiera aquí afuera.
Hago parar un taxi y nos subimos en la parte de atrás, acomodándonos.
- Buenas noches. Llévenos a 4321 W. Flamingo Rd., por favor – le pido al chofer.
Él arranca, y Bella se acurruca a mi lado. Paso un brazo por sus hombros y dejo que se apoye en mi pecho.
- Quiero que me digas que fue lo que dije la otra noche – murmura, mirando fijamente sus manos – Cuando me emborraché.
Me tenso.
- No creo que sea buena idea…
- No puede haber sido tan malo, ¿no?
¿De verdad piensa eso?
- Bella, si te lo digo, lo único que voy a provocar es que te avergüences de ti misma – digo, acariciando su cabello.
Ella se lo piensa un poco.
- No me importa, solo quiero saberlo – responde con seguridad.
Suspiro. ¿Cómo voy a decírselo?
- Solo suéltalo, Ed.
Paso una mano por mi cabello, despeinándolo más.
- Me preguntaste si yo me acostaría contigo.
Ella deja de verme y mira sus manos otra vez, sonrojándose adorablemente.
- ¿Qué mas?
- Dijiste que yo era malditamente guapo – las palabras ahora fluían de mi boca – Qué te querías acostar conmigo. Que estabas confundida.
- ¿Confundida?
- Si – me quedo pensando un poco - ¿Qué tan confundida?
- ¿Disculpa?
- ¿Qué tan confundida estas por mi?
- ¡¿Qué tan confundida crees que puedo estar si te pedí que te acostaras conmigo?!
Los dos guardamos silencio. El chofer nos mira por el retrovisor con el ceño fruncido.
- también dijiste que Jacob no era virgen ni por detrás – le susurro, aguantando una carcajada.
Ella ríe.
- Eso es cierto – Bella se sonroja.
Nos quedamos en silencio, dando por terminada la conversación. No fue tan malo como pensé, supongo.
- Yo si me hubiera acostado contigo – le susurro al oído.
Ella se estremece, pero no dice nada.
El taxi se detiene. Pago al chofer y nos dirigimos hacia la entrada de la primera torre de The Palms, caminando lentamente. Lo dos vamos metidos en nuestro propios pensamientos, y lo único que ahora puedo escuchar, es el sonido de los tacones de Bella contra el suelo.
- Te propongo un trato.
Miro fijamente a Bella, extrañado por que ella allá roto el silencio.
- ¿Qué trato?
- Tengamos sexo.
Freno de golpe.
- ¿Qué cosa has dicho? – le pregunto, estupefacto.
- Ya lo has escuchado: Tengamos sexo esta noche. Solo esta noche, Edward.
La miro fijamente, tratando de encontrar algo en su rostro que me diga que es solo una broma.
- ¿Por qué? – pregunto, comenzando a caminar de nuevo.
- No me preguntes eso, no importa; solo respóndeme.
Entramos al lobby del enorme edificio y nos dirigimos hacia el ascensor que da a nuestro Penthouse.
- Acepto.
Por el rabillo del ojo, noto que Bella sonríe disimuladamente.
- Sin preguntas posteriores ni nada, esto se queda aquí – dice.
- De acuerdo – le tiendo mi mano y ella la estrecha con firmeza.
Cuando llegamos al ascensor, no hay rastro de Alice.
- ¿Dónde se habrá metido? – pregunta Bella, mirando a su alrededor.
El móvil en mi bolsillo vibra una vez.
Mensaje.
E-
Te mentí. Sigo en Pure, te dejo a Bella solo para ti. ¡Disfrútala! Y no me agradezcas. ¡Se que soy genial!
A-
Mi quedo mirando el mensaje fijamente, hasta que Bella se acerca para leer.
- ¡No! – Guardo el móvil en mi bolsillo – Alice nos mintió, ella sigue en Pure.
Bella lo medita unos segundos, pensativa.
- Bueno… - me sonríe de una forma que jamás había visto – Es mejor para nosotros. Vamos.
Toma mi mano y pasa la tarjeta por la ranura. El ascensor se abre y ella me mete dentro.
Cuando las puertas se cierran, solo quedamos ella y yo, solos. Nos miramos fijamente, cada uno en un extremo del ascensor. Sus labios me tientan, pues se por su mirada que quiere que la bese, que todo empiece aquí.
Me acerco lentamente a ella sin dejar de verla a los ojos. Cuando quedamos solo a unos cuantos centímetros, igual que hoy en la cama, rozo su nariz con la mía, jugando con ella. Su respiración se acelera, sus ojos miran mis labios como mis ojos los suyos. Acerco mi mano a su mejilla, tocándola levemente, a la vez que mis labios se acercan cada vez más a los suyos. Nuestras narices se rozan por los lados, y veo como Bella cierra los ojos lentamente.
Esta decidida a besarme, y yo ya no puedo detenerme. Me acerco a su boca y junto nuestros labios, presionándolos levemente pero a la vez con firmeza.
Los labios de Bella saben a gloria.
Ella enrosca sus brazos en mi cuello y me acerca más a ella, presionando más nuestros labios. Acaricio su labio inferior y entro en su boca, saboreando su lengua.
Bella se estremece con ese simple contacto, y gime contra mis labios.
¡No puedo creer que esto me este pasando a mi!
Sujeto sus caderas con fuerza y la apretó contra mi cuerpo, besándola vorazmente, con vehemencia. Su pecho se pega al mío, puedo sentir sus firmes pechos contra mi camiseta, y sus caderas restregándose contra las mías.
Un gruñido sale de lo más profundo de mí ser.
Las puertas del ascensor se abren de par en par y Bella me arrastra hacia el sillón de la sala principal. Me empuja hasta que caigo sobre el y se pone a horcajadas sobre mi.
- ¿Eres virgen, Ed? – me pregunta, con un bello sonrojo en sus pómulos.
Mis mejillas se prenden.
- Eh…bueno…si tú quieres que no lo sea, no lo soy. Se bastante sobre todo esto.
Ella ríe bajito.
- Me gusta que seas virgen – se acerca a mi rostro y roza mis labios con los suyos – así puedo marcarte.
Me besa apasionadamente, y comienza a moverse sobre mí, restregándose sobre mí ya bastante erecto miembro.
Un gemido escapa de mis labios por el placer que me hace sentir. Mis manos se dirigen a sus pechos y comienzo a moverlos, a tocarlos, a apretarlos con fuerza. Son rellenitos y perfectos, encajan en mis manos como si hubieran estado hechos para eso.
Bella me ayuda a quitarme la remera, dejando mi pecho descubierto. Lo acaricia lentamente con sus dedos, mandando corrientes eléctricas a mi vientre y a todas las partes de mi cuerpo. Se inclina hacia mí y besa mi cuello, haciéndome gemir suavemente. Besa mi pecho, mi abdomen, mis pezones, y me vuelve loco cada vez que se restriega de nuevo sobre mí.
Me siento sumiso bajo ella, y eso no me gusta.
Dirijo mis manos a sus níveas piernas, acariciándolas de arriba abajo, maravillándome con el tacto suave y cremoso. Subo lentamente hasta sus muslos, levantando el vestido ajustado, hasta llegar a su firme trasero. Lo aprieto delicadamente, luego con fuerza, y luego lo acaricio con la yema de mis dedos.
Me esta volviendo loco.
Agarro el cierre del vestido y lo bajo con rapidez. Las tiras caen de sus hombros, los cuales me dedico a besar y acariciar, apoyando mi espalda en el respaldo del sofá. Recorro su columna a la vez que sigo besando sus hombros, su clavícula, bajando lentamente el vestido hasta destapar sus pechos…
…sus hermosos pechos. Redondos, sus pezones rosados, blancos al igual que toda su piel. Los toco sin dejar de observarlos. Acerco mi boca hacia uno de ellos, y encierro su pezón con mis labios, succionando.
- ¡Dios! – gime Bella, echando la cabeza hacia atrás.
Dejo su pecho y la miro fijamente.
- Voy a hacerte gemir como nunca, Bella. Puede que sea virgen, pero no inexperto, y vas a sudar y gemir tanto que mañana no vas a poder moverte.
BPOV
Sus palabras me recorren por completo, haciendo humedecer aun más mis bragas, que ya ni siquiera logran tapar mi excitación. Beso sus labios ferozmente, enredando mi lengua con la suya, restregándome nuevamente sobre su miembro duro. Él levanta sus caderas, presionando aun más, y un fuerte grito de placer sale de mi garganta.
Sus labios siguen trabajando mis pechos. Su lengua húmeda se siente increíblemente bien, al igual que sus manos paseándose por mi espalda y mis piernas.
El placer en mi cuerpo es diferente a lo que me hacia sentir Jacob. Me llena por completo, me consume, sube y baja por mi cuerpo repetidas veces sin cesar.
Mi corazón late a mil por hora, zumbando en mis orejas, mientras mi entrepierna no puede dejar de restregarse una y otra a vez a la par de los movimientos de su boca.
- Bella…para ya, me estas matando… - ruega debajo de mi, tratando de controlar mis insistentes caderas.
Continúo moviéndome sobre él, levantando su rostro y besándolo apasionadamente, intentando contener mis gemidos. Sus manos sujetan mis caderas con el propósito de detenerlas, y con una fuerza extraordinaria me levanta como si mi peso fuera el de una pluma. Se pone de pie junto a mí, tomándome desde el trasero, sujetándome contra él. Mis piernas se enroscan en su cintura, juntando nuestras partes intimas nuevamente.
Sus labios vuelven a succionar mis pechos, enviando corrientes enormes de placer nuevamente por todo mi cuerpo, mientras nos guía hacia la habitación grande. Me arroja sobre la cama, saltando inmediatamente sobre mí, abriendo mis piernas para acomodarse entre ellas. Comienza a deslizar el vestido, destapando lo poco que no dejaba a la vista. Besa mi abdomen delicadamente, pasando su lengua por toda la piel descubierta, lanzando al vestido a algún lugar que no alcanzo a ver.
Sus zapatillas desaparecen, al igual que sus pantalones. Mis piernas se envuelven en su cintura otra vez, acercándolo, deseando tenerlo más cerca. Sus manos recorren mi cuerpo lentamente, acariciando los rincones más desconocidos de mi anatomía, dejando escapar pequeños grititos de mi garganta. Su boca se sumerge en mi cuello, haciendo arquear mi espalda, mientras sus dedos masajean mis pechos, apretándolos de la forma exacta. Mis caderas vuelven a levantarse, buscando fricción, más contacto con su maravilloso cuerpo. Agarro sus cabellos dorados, tirando de ellos cuando él tira de mis pezones, jugueteando con mi cuerpo y mis reacciones.
Me esta volviendo loca.
- Baja – logro murmurar entre gemidos.
Despega su boca de mi cuello y sube a mi oído, mordisqueando mi lóbulo.
- ¿Qué dices? – susurra sensualmente, enviando otra corriente eléctrica por mi columna.
- ¡Baja! – ruego, restregándome contra su protuberancia.
Se queda pasmado unos momentos, sin entender lo que quiero decir. Una sonrisa se expande por mis labios al darme cuenta de que realmente es inexperto, algo que lo hace aun más dulce.
Cojo una de sus manos, retirándola de mi pecho. Sin despegarla de mi piel, la guío hacia abajo, hasta llegar al lugar que tantas caricias necesita.
No duda en continuar cuando suelto su mano. Retira la pequeña braga – cortesía de Alice – del camino y sus dedos comienzan a jugar con mi intimidad. Un sonrojo aparece en sus mejillas, pero no se detiene hasta que dos de sus dedos entran en mí.
Mi espalda y mis dedos se arquean de tal manera que llega a doler.
Siento sus ojos observarme atentamente, analizando mis expresiones, disfrutando de mis gemidos y mis muecas de placer. Sus inexpertos dedos ya no parecen tan inexpertos, y empieza a deslizarlos rápidamente, logrando que mis dedos aprieten las sabanas con fuerza y mis pies no dejen de moverse.
- Ya…ya no más… ¡Oh! Dios, por favor…
Las palabras que salen de mi boca ya ni siquiera son coherentes. Mis ruegos no tienen sentido, y mis gritos podrían ensordecer a cualquier persona.
De repente, él para. Sube por mi cuerpo hasta que sus labios acarician los míos y me mira directamente a los ojos.
- ¿Estas segura? – Pregunta, su voz ronca y sus ojos eclipsados de placer – Por que si dices que si, ya no podré detenerme.
Mis piernas vuelves a envolverse en su cintura.
- No quiero que te detengas.
Una sonrisa se forma en sus labios, a la vez que toma mis piernas y las sube hasta sus hombros.
Mientras nuestros ojos se pierden en los del otro, entra en mí.
El gemido que suena en la habitación es el más fuerte que he escuchado nunca, y proviene de él. Sus ojos esmeralda ardientes y su boca entreabierta me parecen la imagen más erótica que jamás he visto. Sus estocadas no se hacen esperar, rápidas y profundas, fuertes y precisas.
Yo grito. Grito de placer, un placer indescriptible, a la vez que trato de agarrarme de la piel de su cintura.
Mis uñas dejan marcas en su piel, y su espalda se arquea débilmente. Nuestros gemidos parecen uno solos, mientras su vaivén no se detiene, solo aumenta, sigue, hasta que pareciera que voy a desmayarme de tanto aporreo y placer.
- Oh…Dios, Dios… - mi boca se abre y mis ojos se cierran.
- Di…mi nombre, Bella – murmura él, con voz entrecortada y ronca.
No. No puedo. Si lo digo, me sentiré una depravada.
- Bella, dilo.
Niego con la cabeza, y sus embestidas se vuelven brutales, llegando hasta el fondo, sacándome un grito gutural y profundo, un gemido de placer impresionante.
- Necesito…escucharlo… - abro mis ojos y veo su rostro sudoroso – Dilo…Bella, ya no puedo más…voy…a…
- ¡¡¡Edward!!!
Se convulsiona, y el gemido de su clímax parece venir de otro mundo. Mi nombre escapa de sus labios, e inevitablemente sigo sus pasos.
Mi cuerpo se arquea, mis uñas se entierran en su cintura, los dedos de mis pies se aprietan y mi boca se abre. Mi cabeza se echa hacia atrás, mientras el nudo en mi vientre bajo crece y crece, hasta explotar de una forma impresionante.
El mejor orgasmo de mi vida.
Al abrir mis ojos, el rostro de Edward me parece el de un ángel. El cabello se le ha pegado al rostro, sus labios están entreabiertos y parece botar agotamiento y olor a sexo por todos los poros de su cuerpo.
Bajo mis piernas y lo atraigo hacia mi, acomodando su cabeza en mi pecho, mientras intentamos calmar nuestras agitadas respiraciones.
Me niego a pensar cualquier cosa, a cuestionarme lo que sea con respecto al maravilloso sexo que acabo de tener con mi mejor amigo.
Lo que sucede en Las Vegas, se queda en Las Vegas.
Woha!!!! Que les pareció?? Deben amarme! Oh, si, yo se que me aman :D
Me fascino escribir este capitulo, entero, todo. Encuentro que se ve otra faceta, la faceta de "Bella celosa", la de "Alice pervertida" y la "Edward maquina de sexo", no les parece?
Se que prometí actualizar más pronto de lo que ya lo he hecho, pero tuve complicaciones. Me fui de vacaciones el lunes pasado ha un lugar donde la única civilizacion eran las vacas, y el celular ni siquiera me agarraba. Después, como supongo que saben, mi querido país fue victima de un terrible y catastrófico terremoto grado 8.8.
Yo estaba en Villarica, un pueblito hermoso que queda en el sur, y puedo decir que me aterro. El sismo afecto a toda la parte centro-sur de Chile. Las carreteras están en muy mal estado, así que el camino de regreso fue espantoso, pero gracias a Dios llegamos bien, mi casita estaba intacta, y todos mis familiares y amigos están bien. Lo único extraño, fue que el espejo de mano que estaba en el baño, cuando volvimos estaba en el comedor (?)
En fin, el caso es que aquí estoy, y que ya he cumplido mi promesa de los tres capítulos :D Ahora me voy a concentrar únicamente en terminar los minifics que tengo, ya que este lunes entro al colegio, y bueno, mis ratos de "no estudio" ocurren casi durante todas las clases, así que tengo bastante tiempo :D Espero que apoyen mi decisión, necesito terminar los cortos para avanzar con los largos, y con todas las otras historias que tengo en cuadernos en proceso en mi cabecita.
Cuídense mucho! Y muchas, muchísimas gracias por todos sus reviews! Son un amor :D
Sammy!
