Disclaimer: Todo lo que reconozcan es de Meyer.

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Rojo

Hace meses que están juntos. Jasper puede decir sin equivocarse cuántas veces al día sonríe Alice. Unas quinientas como mínimo. Cuando le pregunta el porqué, Alice contesta:

- Por nada.

Alice sonríe por nada y por todo al mismo tiempo. Jasper lo sabe porque cada vez que sonríe, él mismo sonríe. Porque la sonrisa de Alice es contagiosa.

Jasper sabe cuántas veces al día le toma de la mano. Unas mil como mínimo. Porque siente algo cálido en el pecho. Porque siente que un día de estos va a admitir que los vampiros sí tienen corazón.

Por sobre todas las cosas, Jasper sabe cuándo Alice está brillantemente feliz, o profundamente emocionada, o inevitable entusiasmada. Casi siempre, por cierto. Porque se siente vivo. Porque siente que no es un solo un vampiro.

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- ¿Por qué está todo rojo?

Jasper lo ve. Rojo. Rojo como la sangre. Como la sangre de sus compañeros de armas. Como la sangre de sus víctimas. Rojo como el color del pecado.

- Porque es San Valentín, tonto - dice Alice sonriente.

- ¿San Valentín?

- Ajá.

Y Jasper intenta recordar un San Valentín memorable. Pero no puede.

Cuando vivía con sus padres no lo celebraban. Su padre sólo aceptaba celebrar la Navidad, todas las otras celebraciones (Halloween, Año Nuevo, el mismo San Valentín…) eran superfluas. En el Ejercito, no había mucha disposición para celebrar.

Aunque uno de sus compañeros, Baldwin, siguiendo la costumbre que originó el día de San Valentín, se casó con su esposa un 14 de febrero. Baldwin había perdido una pierna y los médicos no le daban mucho tiempo de vida, eso contribuyó a la decisión de joven por el matrimonio. El 15 de febrero amaneció muerto.

Ya junto a María, Jasper se da cuenta que ni siquiera supo cuando fue San Valentín. Más tarde, Jasper tuvo que ver como Peter y Charlotte se alejaban de él cada 14 de Febrero, y volvían más enamorados y unidos que nunca si es que eso era posible.

Así pues, San Valentín había perdido desde siempre su gracia. Pero Jasper sospechaba que Alice se empezaría en celebrarlo.

- Es el día del Amor y la Amistad, Jasper. Hay que celebrarlo.

- Si tú lo dices…

Pero no estaba convencido. Alice lo miró con esos ojos, esos ojos de cachorro abandonado. Jasper suspiró y asintió. Le era imposible decir que no a esa mirada. Le era imposible decir que no a Alice.

Su recién adquirida amiga, lo hizo caminar por todas las tiendas. En cada una compró y regateó con el vendedor. Al salir lucía entusiasmada cada uno de los objetos obtenidos. Alice compró dulces en forma de corazón, peluches con inmensos corazones en sus regazos, y chocolates también en forma de corazón.

- Alice, una pregunta.

- Dime Jasper.

- ¿Qué vas a hacer con estos dulces?

- ¿De qué hablas?

- No te los vas a comer, ¿cierto?

A estas alturas podía creer cualquier cosa de Alice.

- No, Jasper, por supuesto que no.

- ¿Y entonces?

Alice los llevó hasta un callejón. Allí, algunos vagabundos intentaban cubrirse al mismo tiempo que deseaban a los transeúntes un Feliz San Valentín. Los mismos que en ese momento se habían tensado por la presencia de dos vampiros. Jasper suspiró y utilizó sus poderes para tranquilizarlos. Alice sonrió y empezó a repartir los dulces, los chocolates y los peluches.

En varios callejones sucedió la misma escena.

- ¿Por qué lo haces?

- ¿Por qué hago qué?

- Eso, entregarle lo que compraste. ¿Por qué?

- Bien lo dijiste, no nos vamos a comer eso.

- Sí, pero… ¿Entonces por qué compras chocolates y dulces?

- Sígueme, y sabrás la respuesta.

Pero Jasper no entendía. No comprendía el entusiasmo de Alice por regalar dulces. No entendía el entusiasmo de los vagabundos por los dulces que obtenían. Era como si tuvieran una fiesta privada, a la que Jasper no podía asistir.

Hasta que por fin lo supo. Vio a Alice y a los vagabundos bajo una nueva luz. Y los entendió. No eran los dulces. No eran los corazones. Era simple y llanamente el detalle. El detalle que decía: No estás solo. A alguien le importas. Jasper supo que en ese momento Alice era el San Valentín de ellos, el Espíritu que venía a darles un poco de felicidad. Y sonrió.

Cuando salieron del callejón, Alice advirtió la sonrisa de Jasper.

- ¿Y eso?

- ¿Qué cosa?

- Esa sonrisa. ¿A qué se debe?

- Estoy feliz.

- Oh. Me alegro.

Jasper extendió un brazo y abrazó los hombros de Alice. Sorprendida, Alice tardó medio segundo en rodear la cintura de Jasper con un brazo, con su mano libre asió una de las manos de Jasper.

- Feliz San Valentín, Alice - le susurró Jasper al oído.

- Feliz San Valentín, Jasper - murmuró Alice mientras sentía un cosquilleo por todo su cuerpo. Jasper sonrió ampliamente.


¡FELIZ SAN VALENTÍN!

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