Yo no escribí esto y bla bla bla...
Enjoy.
— Rin –la chica gimió y sacudió el puño cubriéndose la cara con un cojín mullido– ¡Ay! –reprimió una sonrisa cuando sintió que su mano hacía contacto con algo– ¡Me pegaste!
La rubia bajó la almohada lo suficiente para ver a su peliaqua amiga y dijo:
— Soy un poco agresiva cuando me despiertan. –antes de volver a acomodarse como estaba, pero el cojín se detuvo abruptamente y Rin se quejó debajo de él mirando el reloj– Miku, no tenemos que levantarnos para ir a la escuela por al menos una hora más. ¿Qué quieres?
– Preguntarte algo.
Rin rodó los ojos.
— Si es sobre el helado, te recuerdo que nos lo comimos todo.
— ¡No es eso!
— ¿Entonces?
Miku jugó con las puntas de su cabello, que estaban barriendo el suelo.
— Es sobre tu... Relación con Kamui sensei.
La chica que seguía recostada en el suelo suspiró pesadamente y se sentó haciendo una mueca de dolor. La próxima vez yo me quedo en el sofá.
— De verdad me gustaría que sólo lo llamaras Gakupo. De verdad. Se siente raro que le digas sensei. –la expresión de Miku era retadora pero ella se encogió de hombros– Como sea. ¿Qué es lo que quieres saber?
— Primero que nada –comenzó Miku negando con la cabeza– No lo llamaré Gakupo. Apenas lo conozco y eso sí sería raro. –Rin se quejó por lo bajo– Pero no importa. Lo que quería preguntarte es, bueno, ¿cómo terminaron juntos?
— ¿No podías haberlo preguntado anoche cuando estaba más despierta por mis niveles de azúcar? –Miku volvió a negar– Bien.
Rin se volvió a acomodar quedando sentada frente a su amiga con las piernas cruzadas.
— Lo mantendrás todo en secreto, ¿verdad? Todo lo que te diga.
— ¡Por supuesto!
Rin pareció prepararse para dar un discurso y luego comenzó a hablar en voz baja.
— ¿Recuerdas la fiesta de Halloween? ¿Cuando me fui sin que se dieran cuenta?
Y le contó todo, incluyendo lo que pasó con Len. Le habló sobre sus sesiones de estudio y tuvo que taparle la boca a Miku cuando se empezó a reír porque le contó de cuando lo golpeó, ignorando el "¡Entonces era eso!". Una vez que terminó, Miku se quedó pensando un momento.
— Suena romántico.
— Es complicado.
— Lo imaginé.
Hubo un silencio cómodo entre ellas.
— ¿Le vas a decir que me dijiste? –Rin se mordió el labio y luego negó con la cabeza.
— No, no creo. Al menos no por ahora. Eso sólo lo asustaría y lo haría querer irse otra vez. –volvió a suspirar– Pero lo haré. Algún día lo conocerás como se debe. Hasta entonces por favor no lo confrontes ni nada, ¿si?
Miku hizo un puchero.
— Creí que cuando por fin tuvieras novio iba a poder molestarlos con canciones cursis y esas cosas. –Rin sonrió– Pero está bien. No diré nada. Pero lo vigilaré muy de cerca.
La más pequeña se encogió de hombros una vez más y luego se levantó, estirándose y mirando el reloj.
— Creo que ya tenemos que arreglarnos. Me siento tan cansada y la última vez que estuve así me quedé dormida en la clase de Gakupo y él me castigó.
— Eso suena tan pervertido.
— Cállate.
Más tarde ese día, Rin vio a Luka en los pasillos en su receso. Tuvo que correr pero pudo alcanzarla y caminar junto a ella.
— Oye –dijo con la voz un poco cortada. Luka bajó la mirada sorprendida.
— Oh, hola Rin. ¿Ya te sientes mejor?
Rin se dio cuenta de que la última vez que había hablado con Luka había estado llorando a moco tendido y asintió sonrojada.
— Mucho. Todo está saliendo de maravilla –la mayor parte–. Quiero hablar contigo.
La pelirrosa se miró las manos, que llevaban sus libros.
— Tengo que ir a clase.
— Vamos, estoy segura de que esta vez puedes llegar tarde.
Luka se encogió de hombros y ambas se quedaron ahí paradas hasta que Rin la jaló para salir del tráfico de estudiantes que iban pasando.
— Supongo que Miku te dijo lo que pasó. –Rin asintió pero Luka no se atrevió a mirarla a los ojos– Yo... No quería que las cosas terminaran así pero ¿qué más podía hacer? No quiero que la vida de Miku se complique por mi culpa, no...
— Uh... Oigan –una voz nerviosa las interrumpió. Ambas se giraron para ver que la campana ya había sonado y había un chico de cabello rojo y lentes parado frente a ellas– ¿Me dejan abrir mi casillero?
— Gomen. –se disculpó Rin y se hizo a un lado, mirándolo mejor– Me pareces familiar. –comentó.
Él le sonrió de manera educada.
— Debes conocer a mi prima Teto. Acaban de transferirme aquí.
Oh, eso explicaba mucho.
— Bienvenido al colegio.
Rin se giró, volviendo a centrar su atención en Luka.
— No digo que hiciste algo malo, Luka. Sólo digo que sé que quieres mucho a Miku y no deberías rendirte así nada más. ¿Recuerdas lo que me dijiste?
Luka sonrió levemente.
— Lo sé. Pero tal vez sea lo mejor, ¿sabes? De todas formas, mejor ya me voy a clase. Kamui sensei es muy estricto con los retrasos y probablemente me meteré en problemas si sigo aquí.
Rin palideció un poco. Genial. La distraje de esa clase. Se despidió de Luka cuando ésta se fue.
— Hum... –dijo el chico, que seguía ahí. Había olvidado preguntarle su nombre.
— Disculpa, ¿sabes dónde queda el aula 50?
— Está en el primer piso.
Él parecía incrédulo y ella sólo sonrió y negó con la cabeza.
— Vamos, te acompaño. Por cierto me llamo Rin.
El chico sonrió un poco incómodo –al parecer era muy tímido– y la siguió, diciéndole que su nombre era Ted y había sido transferido de Bakure y que esa era la quinta clase a la que llegaba tarde debido a su terrible sentido de la orientación con las direcciones. Rin sonrió al darse cuenta de que tenían algo en común y que, posiblemente, acababa de hacer un nuevo amigo.
~.~.~
Cuando sonó la última campana, Gakupo se sentía ansioso. Hatsune Miku se había alejado del asiento que le había asignado junto a Megurine Luka y se pasó la clase entera lanzándole miradas subrepticias haciéndolo sentir como si fuera sospechoso de algo.
Diez minutos después estaba caminando por los pasillos y notó que estaban casi vacíos. Era viernes, supuso que era por eso. A los estudiantes no les gustaba quedarse por ahí esos días.
Hablando de estudiantes... Se preguntó si Rin iría a verlo esa noche.
Como si lo hubiera pensado en voz alta, escuchó risas al acercarse a la escalera. Bajó la mirada y notó que la rubia que había aquejado sus pensamientos se estaba riendo con un pelirrojo que estaba demasiado cerca de ella.
Una oleada de celos atravesó a Gakupo y él tuvo que aguantarse las ganas de ir a separarlos. Siempre había sido muy territorial, muy celoso pero sabía que haría más daño que bien interrumpir lo que fuera que ellos estuvieran haciendo, así que se acomodó para ver lo que pasaba.
No podía oír lo que decían pero al ver que el chico le pasaba un brazo por los hombros en un gesto aparentemente amable, él no pudo soportarlo. Estaba listo para ir, con consecuencias o sin ellas.
Pero al parecer no tenía que hacerlo.
En ese momento vio a Len entrar en escena y no parecía feliz. Jaló furiosamente a Rin por la cintura y la arrastró hasta la puerta dejando muy confundidos al chico y al mismo Gakupo.
Él decidió que no podía salir nada bueno de eso. Esa noche esperaría a Rin. Y si ella no iba, él iría a buscarla.
