ÚLTIMA PALABRA

Capítulo B

Sus manos sostenían fuertemente el volante, su pie pisando con fuerza el acelerador. Su expresión estrangulada. Todo se había ido a la mierda nuevamente. El negocio había fracasado y todo había sido su culpa. Lo que era peor para Sasuke fue que el salvador del día había sido su hermano Itachi, cuando a duras penas él había conseguido arrebatarle el puesto de presidente de sus manos con ese plan de trabajo. No había que ser un genio para saber que le despedirían tan pronto como terminara la junta urgente de accionistas a la que su padre había convocado y de la cual había sido excluido.

Harto de su vida, Sasuke condujo hasta los suburbios sin tener un rumbo específico. Cuando estuvo cansado de hacerlo y se sintió consciente del peligro que representaba para sí mismo, paró en un viejo bar. El lugar tenía toda la fachada de ser ilegal y un agujero de desesperados. Y justamente Sasuke se encontraba desesperado ese día.

Entró sin mucha ceremonia, inmediatamente las miradas se posaron en él y Sasuke no les culpó. Desentonaba con todos y cada uno de los presentes. Un hombre con su porte, su ropa y su carácter no encajaba en ese sucio lugar. Se sentó en una mesa del fondo sin hablarle a nadie. Solo pidió unas cuantas cervezas y observó a las meseras del burdel. Para su sorpresa, las chicas eran bastante jóvenes y bonitas, pero en sus rasgos se notaba el cansancio que les provocaba desempeñar su trabajo. Las sonrisas forzadas, los gestos marchitos, la piel deslucida. Parecían cadáveres de funeraria.

Se marchó del lugar una hora después, consciente de que no podía evadir más su realidad. Si comparaba su vida con la suerte de esas jovencitas, él no la pasaba tan mal.

Una semana fue el tiempo que pasó antes de que decidiera regresar. Su despido había sido efectivo y una caja de cartón con sus pertenencias se encontraba en la cajuela de su auto. Nuevamente se sentó al fondo con aire taciturno y esperó a que alguien fuera tomar su pedido. A diferencia de su primera vez ahí donde una joven rubia trató de ofrecerle sus servicios sin mucho éxito, quien le atendió fue una jovencita con cabellos rosados cortos, ojos verdes y mirada desesperada. Sakura Haruno, se llamaba. Le pidió que ordenara casi con urgencia, como queriendo deshacerse de él lo más pronto posible. Él se decidió por whisky y se dedicó a mirarla el resto de la noche.

Si Sasuke no supiera que era una prostituta, le habría cortejado en ese mismo momento con la finalidad de obtener algo más de ella. Empero, llevar a la cama a una mujer que cobraba por ello no le producía ninguna clase de satisfacción. Observarla, en cambio, era algo más interesante. Su manera de hablar cambiaba a una más apretada cuando un hombre la tocaba íntimamente a cambio de dinero. Su rostro se ponía un tono ligeramente más pálido y su sonrisa titubeaba; cuando estaba agarrando algo, sus nudillos se tornaban blancos. Sus ojos verdes denotaban su desesperanza, la resignación total y el conformismo. ¿Qué sería de ella si su vida no hubiera acabado en ese lugar? Esa fue la pregunta que Sasuke se hizo el resto de la semana.

Pasaron los días lentamente y él seguía pensando en la camarera. No habían cruzado más palabras que una orden y aun así recordaba a la perfección su voz.

Una tarde su pregunta cambió de dirección, ya no cuestionaba acerca de un futuro inexistente, sino de un presente que podría ser cambiado. Se encontraban en el supermercado los dos. Ella trataba de alcanzar una caja de cereal de un estante alto y él le miró a escasos metros. Así, parada de puntitas y con el brazo estirado, cualquiera pensaría que era una chica corriente, con un padre, una madre, un par de hermanos y un trabajo decente. Con esos jeans gastados y su playera blanca sin estampados no parecía la prostituta que era. Sasuke le pasó la caja del cereal sin miramientos y se marchó. Qué era ella o qué dejara de ser no era de su incumbencia.

Tres noches después, se encontraron en el burdel nuevamente. Él pedía licor caro, del más fino que podía ofrecer ese sucio lugar, y el resto de la velada se dedicó a mirarla nuevamente. Su interés por ella creciendo.

Los días pasaron y aquello se convirtió en una rutina. Él iba, ella o alguna otra chica tomaban su orden, y luego le miraba hasta que llegara su hora de partir, historias, fantasías y preguntas acerca de ella arremolinándose en su mente. ¿Quién era? ¿Qué le había llevado ahí? ¿Cómo vivía fuera de ese lugar? ¿Veía a alguien o es que acaso los hombres le causaban repulsión? Y su cuerpo, ¿cómo era debajo de esa ropa?

Dispuesto a resolver sus preguntas, Sasuke solicitó a Sakura una noche de lluvia. Ella tembló cuando su patrón la envió "al fondo" mientras él guardaba dinero en su cartera. Entraron a la habitación, un cuarto vulgar como todo allí con una simple cama y unas sábanas de apariencia limpia. A Sasuke le dio asco pensar en la cantidad de hombres libidinosos que debieron ocupar esa habitación antes que él. Al cerrar la puerta, la chica comenzó bajando los tirantes de su pequeña blusa roja. Y la manera en que lo hacía le confirmó a Sasuke lo mucho que repudiaba acostarse con alguien, no con él, sino con cualquiera. Su necesidad de terminar con todo de forma rápida era casi palpable. La detuvo a medio camino con una simple palabra, entonces ella le miró con confusión.

—Dime algo sobre ti.

—¿Qué? —había gesticulado ella, casi asustada.

—Voy a pagarte. Simplemente hazlo.

Ella comenzó a hablar atropelladamente de forma inmediata. Dijo que tenía veintidós años, que había abandonado la secundaria y que era huérfana. Esa fue toda la información personal veraz que obtuvo de ella porque él pudo notar cuando mentía. Su sonrisa falsa se ensanchaba aún más. Luego compartió un par de vivencias irrelevantes con él antes de que Sasuke decidiera que era suficiente y se marchara dejándole dinero a ella también.

Con esa simple charla, Sasuke supo que ella era más que un cascarón vacío. Que quería cosas, que protegía lo poco que le quedaba, que no esperaba ganarse la lotería de la noche a la mañana para abandonar la vida que llevaba porque sabía imposible para ella esa ilusión, que hacía lo que hacía porque se sentía inútil y acorralada para cualquier otra cosa y que sabía más de la vida incluso que él mismo. Supo que todavía había un ser humano que pensaba, sentía, sufría y sonreía debajo de la careta que presentaba.

La sensación que le causó conocerla de esa manera, mucho más íntima que verla desnuda y haberla poseído con la fuerza que el dinero le otorgaba, le asustó de una manera que le fue desconocida. Deseaba estar cerca de ella y precisamente ese deseo fue el que lo motivó a alejarse de ella sin lograr marcharse del todo. Prueba de ello era su puntual asistencia al prostíbulo día tras día.

Enloqueciendo lentamente al encontrarla en sus pensamientos todos los días, decidió hacer algo al respecto. Cualquier cosa. Se enfrascó en su trabajo, tragándose el mal sabor que le otorgaba ayudar a su hermano a reparar el daño que él mismo le había causado a la empresa; salió con sus amigos, se emborrachó con licor caro, gastó el dinero de su tarjeta como si fuera agua. Empero, al final, siempre terminaba regresando al burdel, deseándola más cerca y rechazándola con todos sus sentidos. En medio de su torbellino de sentimientos, Sasuke se acostó con las otras chicas del lugar. Las poseyó salvajemente, sin cuidado, como debía tratarse a una puta como ellas. Les arrojó el dinero en la cara y no sintió ninguna clase de remordimiento por ello. Si debían culpar a alguien, esa debería ser Sakura.

Pero Hinata, Ino, Konan y las otras chicas no eran lo que él deseaba, y era ella a quien deseaba tener en esa y muchas otras formas. Sustituirla con otras mujeres no era una solución. Todas ellas eran cascarones vacíos, con almas rotas y cuerpos remachados. No necesitaba nada de eso, necesitaba a Sakura. La pidió entonces, ya no iba a esperar más. Ella entró a la habitación con él esperando su señal. Probablemente pensaba que quería charlar de nueva cuenta. Qué imbécil.

Uchiha la tomó por los hombros, la arrojó contra la pared y casi le desgarró la ropa; la penetró sin cuidado, sin importarle si estaba lista o no. Martilleó una y otra vez, cediendo a su instinto primario, perdiendo completamente la cabeza. Si disfrutaba o no ella, no era de su incumbencia, se repetía. Sakura era una simple prostituta, disfrutar de sus servicios era lo que hacía, como cualquier otro hombre. Si le dolió o no la forma en que la trató, ella no lo dijo ni lo demostró, sólo se dejó hacer sin emitir queja alguna. Era su trabajo. ¿Qué podría decir?

El comportamiento sumiso que Sakura demostró fue aquello que hizo rabiar a Sasuke. ¿Así era con todos? ¿Acaso no tenía respeto por sí misma? La ira invadió su cuerpo al abandonar la habitación, despreciándola por la manera en que se comportaba. Más aún, estaba molesto de saber que cualquier otro fulano podría poseerla de la misma manera en que él acababa de hacerlo.

Sasuke regresó al burdel día tras día después de esa noche. Algunas ocasiones solamente se quedaba mirándole, como antaño, pero en otras dejaba que su necesidad de hombre se apoderara de él y la llevaba al sucio cuarto que comenzaba a volverse familiar para él con cada nueva visita que realizaba. Las veces que la hizo suya fueron numerosas y, con cada nuevo encuentro sexual que tenía, Sasuke se encontraba con menos fuerza para maltratarla, para recordarse que ella no era una chica cualquiera, sino una simple puta de prostíbulo. Al final de todo y sin que el mismo Sasuke se diera cuenta, acabó haciéndole el amor, disfrutando del tacto de su piel, del sabor de sus labios y de los suaves sonidos que emitía su garganta; acariciándole suavemente, con cuidado, asustado de no tratarle como ella se merecía.

Cuando se dio cuenta de lo mucho que habían mutado sus sentimientos y acciones a lo largo de los últimos meses, Sasuke dejó de estar asustado de lo que sentía. Él, desde hacía tiempo, lo había visto venir aunque se negaba a ello. Amaba a Sakura, a esa prostituta de los suburbios, a la chica que era tan frágil que podía romper con una sola palabra mal dicha, a la joven que soñaba sin ella misma darse cuenta. Y pensó proponérsele tan pronto como descubrió sus sentimientos, anteponiéndola ante todo dentro de su vida, pues sabía que sería rechazada en cuanto su familia y conocidos la vieran, pero se acobardó al final. ¿Podría ella creer en su sinceridad? ¿Estaría feliz viviendo de esa forma?

Pero una mañana su mundo se desmoronó nuevamente, su familia queriendo arrebatarle lo último que le quedaba: su libertad. ¿No es que había hecho ya lo que querían con su vida profesional? ¿No le habían convertido en un pelele que caminaba a la sobra de Itachi sin ostentar puesto alguno en la empresa? ¿No le había obligado ya su padre a estudiar negocios cuando él deseaba ser un simple profesor de universidad? Al parecer, los Uchiha no estaban satisfechos con su desempeño en la familia y querían controlar el último aspecto de su futuro que él guardaba para sí mismo, sin importar el final.

Temari Sabaku le fue presentada como su futura esposa. Ella provenía de una rica familia con un historial económico importante para Fugaku Uchiha. La fecha del casamiento se había fijado tres meses después de ese día. Era inteligente, refinada, bonita y capaz. No había una sola objeción con ella.

Pero Sasuke sí la tenía. Él no deseaba casarse con ella. No quería atar su futuro a esa mujer deseando otra y, por sobre todas las cosas, anhelaba dejar de cumplir los deseos de su padre y realizar los suyos propios. Se reveló a su progenitor esa misma noche y dejó en claro sus intenciones. No mencionó a Sakura una sola vez. No iba a utilizarla a ella como excusa, además, sabía lo que su padre podría hacer para deshacerse del obstáculo que ella le representaría.

La discusión terminó con un Sasuke expulsado de su familia, su padre furioso a rabiar, su madre llorando copiosamente y su hermano tratando de hacerle entrar en razón. ¿Razón? ¿Qué razón? No había ninguna lógica en la manera en que sus padres deseaban controlar su vida.

La decisión de abandonar el país vino a Sasuke de manera súbita. Quería estar lejos de toda esa gente que pretendía saber qué era lo mejor para él. No había mucho tiempo para ello. Si podían jactarse de conocer a su padre, sabía que tenía los minutos contados. Cancelaría sus tarjetas con el banco, le echaría de su departamento y llamaría a sus amigos del gobierno, esos hombres corruptos que le debían favores cuando su padre les financió la campaña política que les había llevado a la cima para que le impidieran dejar el país.

Fue al cajero y sacó cuanto efectivo pudo. Él tenía negocios fuera de su familia, pensando en comenzar su propia empresa tarde o temprano, cuentas que le sería imposible a su padre rastrear o congelar porque estaban fuera del país; podía sobrevivir con su propio dinero cómodamente el tiempo que se necesitara, pero no había desperdiciado veintiocho años de su vida sirviéndoles para que le dejaran en la calle tan pronto como desobedecía una orden.

De su departamento solamente tomó lo indispensable para el viaje, una maleta y ya estaba. No se molestó en doblar correctamente las camisas o los pantalones, mas sí se esforzó en poner en orden todos sus documentos personales. Ahora quedaba una última cosa que hacer antes de marcharse, sólo esperaba obtener un sí. No estaba de ánimos ni de humor para negociarlo.

Arribo al burdel a altas horas de la noche, sumamente alterado. Pidió a Sakura con una orden inmediata y la llevó hasta la habitación de siempre, la mejor del lugar, aunque igual de miserable que las otras al final.

—¿Sucede algo malo? —Sakura preguntó ajena a todos los problemas que él estaba atravesando.

Él no respondió en seguida, sólo la miró fijamente mientras se debatía interiormente acerca de explicarle cosas que ella no alcanzaría a comprender.

—Vámonos —dijo finalmente, la ansiedad reprimida en su voz.

—No te entiendo.

—Vámonos de aquí, deja este lugar viciado y márchate conmigo —propuso. No era así como se lo había imaginado en su mente, pero la situación ameritaba actuar con rapidez.

Para Sasuke, decir que Sakura se había quedado impactada ante su propuesta era poco; de cualquier manera, aún en su incrédulo estado se las arregló para responderle.

—¿Me estás pidiendo alguna clase de relación? —él no le contesto a eso. Sus palabras llevaban implícitas ese punto.

—Es absurdo —siseó Sakura, algún mal recuerdo se le había cruzado por la cabeza, Uchiha podía notarlo.

—¿Qué?

—Que es absurdo. No voy a moverme de este lugar.

—¿Te sucede algo? ¿Estoy solucionándote la vida y así es como me respondes? —vociferó, completamente impresionado y a punto de salirse de sus casillas.

—No te he pedido que me soluciones la vida —replicó—. Además, aun si no fuera absurdo, está en contra de mis principios mantener una relación con alguno de mis clientes.

—¿Principios? —Sasuke repitió incrédulo. Estaba harto de todo el mundo en ese mismo instante, de las absurdas palabras de Sakura, de lo poco que entendía su desesperación y sus sentimientos—. Ahora hasta las prostitutas tienen principios —escupió con desdén, alterado porque ella había rechazado su propuesta. No había querido decir eso, pero en ese instante tampoco se arrepentía.

La mirada de Sakura se endureció más tras sus palabras y, algo en el interior del hombre, le dijo que la había lastimado, pero él, ciego de ira y desesperación, se negó a escuchar.

—Yo los tengo —respondió Sakura después de un tiempo.

Sasuke se acercó a ella furtivamente, como un depredador a una presa y ella se quedó estoica, sin agredirle de ninguna forma. Como un último ruego angustioso, Sasuke posó el dorso de su mano en la mejilla rosada de ella. Ese gesto era su recurso final para demostrarle que estaba siendo honesto, que no la usaría, que no la maltrataría y que no la estaba engañando porque esas eran las cosas que, con seguridad, ella estaba pensando en ese momento. Pero no podía gastar más tiempo, la puerta de su libertad se cerraba un poco más a cada segundo que pasaba y él se marcharía de allí con Sakura o sin ella.

—No pretendo hacerte daño. Sin embargo, ¿'no' pretende ser tu última palabra? —le dijo. La voz le salió en el tono más suave y gentil que podía hacer, sin apartar la mano de su rostro.

—Es mi última palabra —dijo ella con convicción y Sasuke supo que, en cuanto cruzara la puerta, su oportunidad de verla otra vez no regresaría jamás.


Seh, tanta espera para esto. Mas deseo que haya resuelto alguna de sus dudas.

He decido que esta historia termina aquí y, en realidad, pienso que fue un horrible error el siquiera haber escrito este capítulo. Lo siento para aquellos que esperaban más de ella, de verdad.

Muchas gracias a las 45 personas que comentaron. Me gustaría escribir sus nombres, pero si escribo sus nombres me veré en la necesidad de contestarles a algunos y si le contesto a algunos, mi deber moral me obligará a contestarles a todos y esto será más respuesta que fanfic. Espero que me entiendan y que eso no les desanime a dejar comentario, que a mí me gusta leer sus opiniones y sentirme cerca de ustedes.

¡Besos embarrados de Nutella para todos!