¡Hola, hola, hola soy Noah!

Un capítulo de V de Virgen.

Por fin vamos a tener el primer capítulo donde se mostrará que sucede y que pasa alrededor de nuestra querida Sucrette, al parecer no todo es un camino de rosas. Definitivamente, empecemos.


I

"Por eso te dije que solo fijarás tus ojos en mí"

El invierno había azotado las calles invadiéndolas de finas capas de nieve. Las brisas congelaban a cualquiera que llevase una camiseta de manga corta en aquella época, dejándolas temblando como una hoja en otoño intentando caer. Las personas iban totalmente abrigadas, cubriéndose con bufandas que parecían mantas y con abrigos de lana que los protegían del frío invernal.

Yo no era la excepción de aquel clima, estaba cubierta de telas, unos vaqueros ajustados, un abrigo negro y una bufanda enorme que me cubría el cuello de jersey. Mi mano era sujetada por la de mi novio, el chico que me había cautivado desde que le conocí.

Tras acompañarme hasta casa y subir hasta mi puerta en el piso, depositó un beso suave en mi sien, dejándome embriagada por él, creo que cada día me gusta más Dimitry. Se fue, dejándome allí, estancada en la puerta, suspire como idiota y recibí una carcajada tras de mí.

- ¡Tu madre!- grité, sobresaltándome.

Castiel había salido del interior de nuestro piso. Sí, vivo con Castiel desde hace dos años, ambos decidimos independizarnos y quedamos en vivir juntos porque nos llevamos bien y a mí me importaba muy poco cuantas tías viniesen a su cama con tal de que se fueran al día siguiente, algunas eran siniestras.

- Qué romántico - se rió. –Es tan patético que casi vomito.

Fruncí el ceño y me cruce de brazos.

- ¡No es patético!

Este chico era increíblemente molesto.

Estaba a punto de empujarle para apartarlo de la puerta, entrar en el piso y encerrarme en mi cuarto. Sin embargo, él ya se movilizó a fuera, tomando mi mano con mucha fuerza y tirando de mí.

No le detuve, Castiel era mi mejor amigo y siempre me había apoyado en todo, confiaba en él, a pesar de su temperamento extraño y malhumorado, nunca me haría daño y jamás haría algo que me hiciese sufrir demasiado.

- ¿A dónde me llevas?

Siempre había sido una persona curiosa.

No importaba que, siempre entrometo mi nariz donde no me llamaban porque no podía aguantar el no saber las cosas. Sobre todo si Castiel estaba de por medio. Era mi mejor amigo, hasta el punto de vivir juntos. Me importaba mucho y siempre me preocupaba por él, por ello no podía pasar sin saber que chicas traía a casa y si su relación iba bien o mal.

- Solo espera, quiero que veas algo-

Sonrió maliciosamente.

Castiel era horrible en algunas situaciones, sobre todo cuando se empeñaba en ver mis expresiones de ansiedad total. Parecía un sádico deseando verme perder la cabeza, en este caso con nada sexual, pero a veces parecía que lo disfrutaba a un nivel que yo no lo entendería jamás.

- Pero…

- No seas impaciente-

Su voz se escuchaba maliciosa y ronca, en un momento dado yo me encontraba siendo arrastrada con muchísima rapidez, ya no caminaba, parecía que tenía prisa. Termine por dejarme llevar y confiar en que iba a ser algo bueno.

Las calles estaban heladas y sabía perfectamente que Castiel lo sabía y aun así, estaba en manga corta, que lindo, mañana seguro se despertaba con fiebre y yo tendría que cuidarlo.

- Al menos deberías haber cogido una chaqueta- replique, incorporándome a su paso.

Dio una carcajada.

La risa le sentaba bien, a pesar de que es una persona seria, me gusta oírlo reir, en muchas ocasiones decía tonterías o le reñía solo para escucharle así, por ello, Leia en muchas ocasiones hablaba de que probablemente no me daba cuenta de mis sentimientos por él. Pero no siento eso por él, no lo hago, ¿no? Por supuesto que no.

- ¿No vas a cuidarme?

- Por supuesto que no, paso de comprarte medicinas y hacerte sopa de pollo, tengo una cita mañana.

Sonrió más horriblemente, mis nervios se crisparon.

- ¿Por qué diablos sonríes?

Pero por mucho que espere su respuesta no llego. Las personas que nos miraban eran mayoritariamente mujeres, señoras mayores y adolescentes hormonadas, algunas centraban su mirada en mí, casi era odio lo que sentía irradiar de esas personas, envidiosas de que Castiel tomase mi mano con ese modo posesivo.

Que estúpidas, sonreí de forma más burlesca y me acerque a él más. Eran unas superficiales, vale que fuera demasiado atractivo pero él tenía muchas capas, capas que solo yo conocía.

Y un amor a primera vista no permitiría que llegara a él, no quería que nadie más le hiciese daño solo por ser una belleza.

- Quizás porque cierta tonta se abraza a mí para darles envidia a esas que me observan.

- Oh, solo callate.

La verdad es que era demasiado protectora con Castiel, era demasiado importante para mí y no lo vería, por tercera vez, sufrir por una mujer.

La nieve comenzaría a caer en nada, mientras mis pensamientos se acumulaban, la emoción de lo desconocido, las ganas de saber que me deparaba, las mujeres que nos observaban y las ganas que tenía de ver a mi amigo feliz, con alguien que jamás le haga daño.

- Despierta, aquí es.

- ¿Aquí es q…?

Y ante mis ojos, Dimitry se encontraba besando apasionadamente a una chica desconocida, hermosa, más hermosa de lo que yo sería nunca.

Mis ojos se llenaron de lágrimas con la sonrisa de mi acompañante que se me acompasaba de manera sádica. ¿Cómo podía haberme hecho algo así a mí?

- Por eso te dije que solo deberías mirarme a mí.

Me abrazo entre sus grandes brazos y me llevó con él, la forma en la que me tomó me dio tiempo a esconderme y dejarme llevar lejos de esos dos que intercambian saliva, quería moverme pero, mi cuerpo, no reaccionaba. Quería gritar, quería golpearle, quería llorar, pero lo único que era capaz a hacer era silenciosamente dejarme abrazar mientras las lágrimas caían lentamente de mis ojos.

- ¿Por qué…?-

Solloce e hipee.

Castiel me llevó de allí. Sus fuertes y protectores brazos tapaban cualquier imagen que pudieran captar mis llorosos ojos. Estaba protegida con los ojos, pero no con el corazón.

- Porque necesitabas saberlo- sonrió, sabía que sonreía. –Yo puedo ser lo que quieras, solo tienes que pedírmelo.

- No lo entiendo…-

No entendía sus palabras, solo podía quedarme mirando fijamente hacia él.

- Pídeme lo que deseas- susurro sensualmente cerca de mí. –Dime que buscabas en ese idiota. ¿Qué buscabas de él? Porque estoy segura de que no lo amabas.

Sabía que no lo quería, que me gustaba simplemente y que cada día, con sus gestos me atraía más hacia él. Su sonrisa, su forma de besarme, Dimitry sabía lo que hacía.

- Yo, quería un novio- tartamudeaba entre las lágrimas. –Quería alguien que me hiciese sentir placer, quería dejar de ser virgen…

Castiel sonrió y se inclinó hacia mí.

- Pídeme que lo sustituya, pídeme que te quiera. Haré que sientas y experimentes lo que deseas, solo… fija tus ojos en mí, yo soy el único que puede hacerte feliz.


Bueno, espero que os haya gustado el capítulo. Es solo un principio, donde muestro una personalidad posesiva y arrogante de Castiel, probablemente resulte molesto, pues no me gusta este aire de "mío, mío" en una relación, pero bueno, solo es el principio y todo se irá desarrollando.

Así que, allá vamos.

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Más comentarios, más capítulos subidos.

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