¡Hola, hola, hola soy Noah!

Un capítulo nuevo de V de Virgen.

Después de todo, estoy aquí con esta pareja tan hermosa. Ya que son mis favoritos, Castiel y Sucrette me enternecen, sobre todo la fachada que pone Castiel a los ojos de los demás. Sobre todo porque, por muy rudo que sea el personaje, es increíblemente dulce y se comporta genial con Sucrette, aunque cuando pierde los estribos termina hiriendo pero termina como un perrito abandonado y pidiendo perdón, a veces a su manera.


III

"Te perdiste esto por no aceptarme, pero ahora… ahora no te vas a escapar."

Su expresión facial está impasible y aun así, es hermoso.

Debo admitirlo, Castiel es atractivo, muy atractivo. Y debo decir que siempre me ha atraído, quizás no tanto como para tirarme a él, porque siempre lo había visto en el plan de "somos amigos y nada más", pero ahora que me proponía esto, me daba cuenta de las muchas feromonas que desprendía y de lo deseable que podía llegar a ser.

Alzó una ceja.

- ¿Estás hablando en serio?

Mis mejillas se colorean de rojo, lo sé porque mi cara se siente caliente. Además, puedo asegurar con total fiabilidad que ya soy un tomate o que mi cara está más roja que su cabello, que, curiosamente, está atado en una coleta, mientras mantiene un cigarrillo en su boca y escribe en partituras con la guitarra entre sus piernas.

Asiento nerviosa y doy pasos torpes hacia él.

Claramente haciendo el ridículo en el camino y chocándome contra el pie de madera de la cama, para dos segundos más tarde, volver a tropezar, pero esta vez con uno de sus tenis. Emprendí mi camino maldiciendo por lo bajo y acercándome a la suave superficie de su cama, sentándome a su lado y encarándolo ahora de cerca.

Su rostro está muy serio y no se ríe de mi torpeza.

Por primera vez soy consciente de que Castiel está siendo sereno y consciente de que hablo totalmente firme y segura, que no puede tomárselo a risa. Que estoy hablando totalmente en serio.

- Quiero hacerlo- me siento avergonzada. Torpe. –Yo… me dijiste que te pidiese lo que quisiese y quiero esto.

- ¿Completamente segura? ¿No llorarás? ¿No protestarás mañana? ¿Eres consciente de lo que me estás pidiendo?

Asiento nerviosamente.

No podría llorar por mi decisión, bueno, podría, pero no sería por Castiel, sería por mi comportamiento de niña pequeña, por utilizar a Castiel para satisfacer mi odio y jugar al mismo juego de Dimitry, por el rencor que salía ahora de mí. Lloraría por Castiel y porque soy idiota. Pero ahora no era tiempo de pensar en esto.

Quería hacerlo. Con Castiel, además, estaba segura de que no podría arrepentirme.

- Es mi primera vez y…

- Suficiente, espero que no te arrepientas porque no puedo contenerme ahora que me has dicho eso y con esa cara-

Retiró la guitarra, las partituras y apagó el cigarro a medias. No había nada que nos separase ahora, solo la posición incómoda en la que me encontraba, nuestros ojos chocaban entre ellos. Una lucha constante de mirada segura contra tímida.

- Acércate más…

Me quité los zapatos. Acomodándome otra vez sobre su colchón, Castiel se desesperó y me colocó totalmente en la cama, para luego, abrir las piernas totalmente dejando un enorme espacio.

- Aquí- susurró, señalando el hueco entre sus piernas.

No lo dude ni un segundo y me coloque en el medio de él. Rodeada por sus piernas firmes y torneadas.

Él ni siquiera me otorga una sonrisa, en ningún momento, permanece serio y tranquilo, me trasmite calma y seguridad entre su cuerpo y la cama. Me hace sentir cómoda y me dice, con sus gestos que él va completamente en serio, que es real.

Sus manos se colocan, directamente, en mis mejillas.

Las caricias más suaves e imperceptibles se propagan por los poros de mi piel, muy dulces, como si no quisiera dañarme, como si su roce fuera a contaminarme y romperme en trozos que cortarían y dañarían a aquel que se acercase a mí.

No produje sonido y menos movimiento, para mí, el simple tacto me deleitaba de forma que no entendía y me enternecía la forma en la que me tocaba y depositaba pequeños toques por ellas. Cambiaba lentamente de zona, acariciando mi cabello y mis mejillas, mi frente y mis labios. Con sus dedos, con sus manos y con el deseo contenido desde hacía años.

- Tu piel es tan suave-

Lo miro a los ojos fijamente, sin decir nada, solo ruborizándome.

- Probablemente he deseado esto desde que te conocí.

- Castiel…

- Sh, calla, déjame disfrutarlo.

Se acerca a mí, colocando sus manos en mi nuca y avanza con su rostro, cierro los ojos nerviosa y con fuerza, para sentir su aliento chocar directo contra mi cara. Huele a cigarrillos. Cuando espero algún contacto, me doy cuenta de que no sucede nada.

Castiel me mira con los ojos fieros.

- ¿Qué?- susurro.

- Déjame besarte. Pídemelo. No quiero hacer nada que no me pidas.

Sus ojos rezuman cariño, y al mismo tiempo, su semblante era tan tranquilo y tan lleno de dudas que casi me hace llorar de felicidad. Se notaba que me apreciaba demasiado.

- Hazlo, no me pidas que te lo pida, haz lo que desees…

- Eso es tan peligroso- sonríe de lado, pero retira su sonrisa para cerrar la distancia entre nosotros.

Y me besa.

Me besa de una forma tan distinta a él, tan romántica y tan dulce, que siento que mi corazón palpita de una forma nueva, de un modo que nunca lo ha hecho antes. Sus labios chocan contra los míos, como si fueran seda chocando contra tu cuerpo. Aunque sus labios están rotos por el frío, y son más ásperos que los de Dimitry, me gusta la sensación que producen, y sobre todo, la experta lengua y el movimiento tan dulce que realiza, tan hechizante y tan placentero.

Jamás me había sentido así, tan… valorada y querida. Me trataba como una muñeca de porcelana, una dulce y delicada muñeca. Me tocaba con delicadeza y me hacía sentir hermosa.

Se separa para mirarme y abro los ojos para verle también. Un hilillo de saliva colgaba y nos unía a pesar de estar no tocándonos más que con las piernas. Me mira fijamente y lame sus labios cortando el hilo que ahora cuelga de mis labios. Mis mejillas, ante ese gesto, se recalientan de vergüenza.

- Castiel…- gimo al verle sonreír con perversión.

- Hm… incómodo.

Castiel, me tumba en la cama, con la cabeza contra el pie de la cama.

Siento la suavidad y lo mullido de su colchón y mis sentidos detectan la sensación del roce de mi piel contra sus sábanas de franela. Nos miramos fijamente y el aparta un mechón de mi pelo que se ha colado delante de mi cara.

Me besa de nuevo, esta vez de forma más salvaje, más lujuriosa y poderosa, como si quisiera comprobar que es real, como si quisiera que todos se enterasen de que su boca invade la mía y que, sus movimientos agiles, me hacen sentir en el cielo. Es un experto, sobre todo cuando sus manos se pasean por mi cuerpo, pero solo de pierna a cadera, es exquisito y pequeños gemidos se me escapan de la boca.

- Castiel…- gimo suavemente cuando se separa.

- ¿Hm?- se separa para verme en el momento que decido aferrarlo a mí.

- Eres… wow- mis mejillas se encienden y Castiel desciende.

- Hm- sonríe contra mi cuello, puedo sentirlo. –Te perdiste esto por no aceptarme, pero ahora… ahora no te vas a escapar.

Me beso de nuevo, impidiendo que protestase a su arrogancia.

Mordiendo levemente mi cuello, gemí. Sus marcas, quería dejar sus marcas sobre mí y yo, ahora mismo, me dejaba hacer, confiaba en él y sabía que me gustaría cualquier cosa que hiciese sobre mi cuerpo. Me removía incómoda con cada roce, pues quería más. Mucho más.

- Dios…- susurre cuando sentí su mano juguetear con mis pantalones.

Intentaba a ciegas bajarlos y, al mismo tiempo, trataba de no hacerlo. Jugaba con mi sensibilidad debido a que me movía, de un lado para otro, pidiendo más de los besos húmedos en el cuello, trasladándose a mi parte superior del valle de los pechos.

Su boca era, como había dicho antes y diría a partir de ahora, una experta en besos salvajes, en excitación. Hacía marcas y surcaba con su boca mi parte delantera. Eran besos bastante dulces y suaves, correctamente circulantes y seguros, su lengua a veces se paseaba por mi piel, pero más bien, eran succiones lentas que terminaban con rapidez, dejando marcas alrededor de zonas íntimas que temía que no fuesen tocadas.

Era claro que llevaba practicando mucho, sobre todo para ejercer tales caricias y la forma tan marcada que lo hacía, para hacer sentir a una mujer como me estaba haciendo sentir a mí. Desesperada por obtener más y más.

Sus manos dejaron de jugar con mi pantalón y de rozar y frotar mi zona intima, por encima de los pantalones, para pasar a subirme la camiseta, dejándome en sujetador. Plenamente consciente era de que, ahora, empezaría a desnudarme comencé a ponerme nerviosa, no sabía qué hacer, donde poner mis manos, si acariciarlo o dejarme hacer sin moverme. Me sentía injusta.

Le detuve, colocando mis manos en su pecho. Él se detuvo por completo.

- ¿Qué?- masculló con voz ronca.

- Yo… ¿qué hago?

- ¿Cómo que, qué haces?

Se separó por completo, dejándome helada y tumbada, era como si mis palabras hubiesen cortado su seguridad y sus ganas. Se notaba la tensión en el ambiente y mi corazón latía demasiado fuerte en el pecho.

- Yo… no sé dónde tener las manos, estoy tan… nerviosa.

Me levante a la par de él, quedando de rodillas en la cama, enfrente de él. Suspiró y me miró fijamente a los ojos. Parecía aliviado.

- No seas idiota- sonrió. –Ponlas donde quieras y haz lo que quieras con ellas.

- Tengo reparo.

- Idiota, vas a tener más cuando acabe contigo.

Se lanzó a mí de nuevo, tumbándome, haciéndome chocar contra la madera del pie de cama, haciendo que mi risa saliese cuando me di cuenta de que ahora íbamos en serio, aunque debería pensar en que, me había dolido bastante, mi sonrisa permanente sellaba mis labios, estaba feliz.

Mis manos circularon por su espalda menos nerviosa con la situación en la que nos encontrábamos.

Castiel me besaba, por el cuello y los pechos, aun tapados por el sujetador de topos que tenía puesto, me besaba con ferocidad, haciéndome un abrigo de saliva y besos, prácticamente estaba sintiendo sus labios posarse y mordisquearme, mientras la lengua traviesa del pelirrojo me cubre de lametazos.

Me uno a la lucha, tiro de su cabeza a la cima, para besarle yo, esta vez quiero dar un paso, prefiero atreverme con él a no atreverme nunca. Mis labios se cierran por encima de los suyos y mi lengua lucha contra la suya. Adorable y dulce, atrevido y duro, nos peleamos por el control, pero termina ganando él, como siempre.

Sus manos se sitúan a mis costados y se dedica a deslizarlas hasta llegar a mi espalda, al broche del sujetador, para quitarlo con rapidez y mucha prisa. Arqueo mi espalda para dejarle espacio y retirarlo, nuestros labios no se separan y quiero observarlo mientras se entrega.

Abro los ojos en el beso.

Él los mantiene abiertos también, es fiero en su mirada, un alma sin dominar que parece dañarse cada vez que acepto uno de sus besos. Parece que me desea hasta que no puede parar de observarme, algo demasiado egocéntrico por mi parte, pero no puedo evitar sonreír como una idiota por pensarlo así.

Nos separamos y me observa fijamente, mi sujetador ya no estorba. Acaricia mi pecho derecho con uno de sus dedos y me observa fijamente, mientras mis labios se entreabren de la sensación tan extraña que me recorre.

- Eres preciosa.

No pude pronunciar palabra.

Siguió besándome y pasando sus manos por todo mi cuerpo, jugando conmigo y haciéndome perder la conciencia de la realidad.


Lo sé, debéis de estar odiándome.

Pero a mi me encanta este capítulo, es increíblemente dulce a mis ojos y el sexo... Bueno, ya veréis lo que planeo.

¡Dejen reviews!